12º- ¿QUIÉN ERES?

A la mañana siguiente de la visita muy confusa de los chicos a la enfermería, los merodeadores volvieron al hospital albergando la esperanza de que, lo pasado la noche anterior, hubiera sido sólo una mal pesadilla. Sin embargo, al abrir las puertas de la enfermaría, descubrieron a un desconcertado James, sentado en su cama, mirando a Lily (quien ya se había recuperado y estaba levantada con una nueva túnica del colegio puesta), que parecía muy enfadada y le gritaba cosas que sólo ellos dos entendían.

-¿Qué pasa, Lily?-preguntó Remus.

Antes de contestar Lily se sobresaltó porque, al parecer, en medio de los gritos, no había escuchado que ellos habían entrado a la enfermería.

-Potter, como siempre, ha colmado mi paciencia, Remus... sólo eso...-acto seguido recogió sus cosas y comenzó a caminar hacia la salida.

-¿Qué ha hecho?-inquirió Sirius.

-¡Ah, lo de siempre!-exclamó Lily con un dejo de exasperación y dándose vuelta-. Escuchen, chicos-añadió en voz baja y se dirigió a Peter, Remus y Sirius-, yo no me trago el cuento de que haya perdido la memoria ni nada de eso... En mi opinión es pura mentira...

Dicho esto se dio la media vuelta y se dirigió con paso decidido a la puerta de la enfermería. James, aún estupefacto y sin darse cuenta quien había entrado, dijo:

-Me encanta esa chica.

-Lo siento por ti, Jimmy, pero ella...-empezó Sirius.

-¿Qué hacen ustedes aquí?-preguntó James, de pronto enojado.

-Sólo veníamos a verte-contestó Remus, sorprendido por el cambio de humor repentino de su amigo.

-Pues yo no quiero que ningún tonto como ustedes venga a verme-declaró James, enojado-. No soporto la compañía de las personas que hacen que esté en este estado...

-¿La culpa?-inquirió Peter.

-Sí, la culpa, tonto-respondió James en tono frío y cortante-. Ustedes me golpearon y ahora vienen a hacerse mis amiguitos, pero no lo voy a permitir, no mientras viva.

-¡¡¡LO MATO!!!-gritó Sirius, sin poder contenerse se tiró a la cama para empezar a golpear a James. Gracias a Dios, los reflejos de Remus y Peter estaban atentos y tomaron a Sirius al vuelo. Este decía cosas ininteligibles mientras forcejaba, pero algunas palabras entendían como "Lo mataré" y "Suéltenme, para que reconozca a Sirius Orion Black".

De repente la puerta se abrió y entró Madame Pomfrey:

-¡Señor Black! ¿Pero qué demonios está haciendo otra vez?

-Nada, Poppy-contestó Sirius, obediente, mientras que Peter y Remus lo soltaban.

-Black, compórtate-aclaró Madame Pomfrey, que odiaba que Sirius la llamase por su nombre-. Ahora deja a Potter en paz y vengan los tres que debo explicarles algo...

Se dirigieron al despacho de la enfermera. El lugar estaba pintado de blanco perlado y lleno de cuadros vivientes sobre enfermeras. Había un fuerte olor poción curativa y un escritorio en medio de la sala.

-Escuchen-dijo madame Pomfrey, tomando asiento en su silla-. El señor Potter padece amnesia...

-¡Qué novedad!-expresó Sirius con sarcasmo.

-... pero al parecer-siguió Madame Pomfrey, como si no hubiera interrumpido Sirius-, se acuerda de cosas en las que ustedes lo cuelgan de los pies y lo humillan... cosas así... Así que les sugiero que dejen a Potter solo hasta que pueda recordar todo como es debido. Lo cual será en una semana aproximadamente. Luego, el señor Potter podrá hacer vida normal; eso si el señor Black no lo mata.

Sirius se ruborizó un poco, pero no dijo nada. Se despidieron de la enfermera y bajaron al Gran Salón. No hablaron hasta llegar allí. Por suerte, no había casi nadie, ya que se habían levantado muy temprano ese día.

-¡Es increíble!-exclamó Sirius, irónico, entrando al Gran Salón-. Prongs se acuerda de lo que le conviene y encima de todo, mal.

-Comprende, Padfoot-dijo Remus, cuando se sentaron en la mesa de Gryffindor-. James no está en sus cabales...

-No puedo creer que se acuerde de lo que él le hace a Quejicus como si fuera victima y de nosotros como los que le hacemos eso-declaró Peter.

-¿Cómo hiciste para entender eso, Pete?-preguntó asombrado Sirius-. ¿Salió de tu cabecita?

-No me molestes, Sirius-dijo Peter de mal humor-. Varias veces ni tú ni Remus ni James ni nadie me explican las cosas y eso quiere decir que no soy tan estúpido como piensas...

Luego miró a Sirius con un gesto amenazador y se dedicó a comer los huevos cocidos.

-Es la primera vez que Peter me contesta así-le detalló Sirius a la oreja de Remus-. Creo que tiene carácter.

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Lily caminaba sola hasta la torre de Gryffindor, muy enfadada. ¿Quién diablos se creía James me-las-creo-todas Potter? Ya había perdido la cuenta en cuantas veces la había invitado a salir y todas con la misma respuesta... Sin embargo, esta vez, no parecía el mismo... "Seguro que lo hace para que salga con él" pensó Lily, mientras llegaba al retrato de William "Pero Lillian Rose Evans no es ninguna tonta... Que no crea que me como el cuento como todos los demás..."

-¡William!-llamó Lily al retrato, que obviamente, dormía.

-¡Ah, Lily!-exclamó el mago somnoliento-. ¿Contraseña?

-Travesura realizada.

-Entra, querida.

Ella entró directamente a su dormitorio y se dispuso a ordenar las cosas para su primera clase del viernes: Defensa Contra las Artes Oscuras, impartida por una profesora insignificante; la de ese año era mediocre, pero, por suerte y a pesar del cambio de profesor de todos los años, siempre habían tenido muy buenos maestros.

Al llegar al segundo piso, aula once, Lily encontró el aula vacía. Se sentó en los primeros bancos, como siempre, sacó su ejemplar de "Defensa y Práctica en Artes Oscuras" de Jake Brooks y se puso a leer. Estaba tan metida en como explicaba el libro cómo defenderse de los Dementores, que no escuchó llegar a alguien.

-¿Aún sigues enojada conmigo?-preguntó una voz amable, que hizo sobresaltar a Lily tanto que su libro salió volando.

Era James, que gentilmente agarró su libro y lo puso en el pupitre nuevamente.

-Casi me das un infarto, Potter-declaró Lily.

-Perdón-dijo James-. No debí hacerlo.

Lily se quedó anonadada. ¿James Potter pidiendo su perdón?.

-¿Te pasa algo?-inquirió atentamente James. Ella no sabía como reaccionar; James volvía a ser el chico dulce y amable que había sido esa mañana, pero Lily creía que James se hacía el bobo sólo para llamar la atención.

-No-contestó Lily sin mirar a aquellos ojos castaños almendrados. ¿Qué diablos le pasaba?. Le gustaba, pero tampoco para ponerse como estaba.

-Por lo visto ya no me gritarás...-apuntó James- Eso es un comienzo... ¿Te he hecho algo durante el tiempo que te conozco?

-Mucho-respondió Lily, tratando de no mirarlo-. Pero eso ahora no importa...

-Me alegro-dijo James-. Quiero pedirte perdón por lo que hice... ¿Me perdonas, Lily?

-Sí-reveló ella sin pensar-. Pero no lo vuelvas hacer...

-No se me olvidará-declaró James-. ¿Puedo sentarme contigo en clase?

-¿Y los chicos?

-No son mis amigos-aclaró James, de pronto enfadado-; no me gusta hablar del tema...

-Está bien-aceptó Lily, recordando como habían sido los chicos cuando ella estaba peleada con sus amigas-; puedes sentarte conmigo...

-Gracias; por cierto aún no entiendo nada sobre la magia...

-Entonces, te ayudo-expresó Lily, sin saber porqué-; menos mal que la profesora de esta materia es boba...

Sin ninguna otra interrupción, Lily comenzó a explicarle a James sobre magia, hechizos, criaturas y otras cosas. Básicamente, le explicaba más ó menos lo que Lucy le había explicado cuando la conoció en el tren. James le dijo que Madame Pomfrey le había dicho que estaban en una escuela de magia, pero cuando él le preguntó porqué, ella le contestó que lo averigüe.

-Bueno, ahora lo sabes-dijo Lily, sonriendo.

-Sí-afirmó James-. Gracias, Lily.

Lily sonrió nuevamente y la piel se le puso como gallina. ¿Qué diablos le pasaba? ¿Empezaba a sentir nuevos sentimientos por James? Sin embargo, la oleada de preguntas se cortó cuando una voz detrás de ellos dijo:

-Por fin se llevan bien.

-¡Alice!-la reprendió otra voz.

Alice, Louren y Lucy ya habían llegado a el aula.

-¿Cómo te sientes, James?-preguntó Alice.

-Bien, Alicia-contestó él.

-Es Alice, James-le aclaró la chica-. Pero ya sé que no eres bueno con los nombres, así que dime Ali...

-Está bien-aceptó James.

-¿Dónde están Black, Remus y Peter?-inquirió Lucy, al ver que no estaban.

-No lo sé-respondió James con disgusto-. No son mis amigos.

-¿Ah, no?-preguntó Louren, pero la mirada que Lily le dio a las tres ("Luego les cuento") la cortó. Por lo que agregó-: Si tienes razón, James...

-Gracias, Laura-dijo él.

-Es Louren, pero me puedes decir Lau.

-Genial.

-¿Ya sabes que es la magia?-indagó Lucy.

-Sí, dulzura-contestó James, haciendo que ella se sonroje mientras las demás se partían de la risa-. Quiero decir, sí, Lunnette...

-Soy Lucy, James-aclaró Lucy, aún sonrojada y con un poco de enfado- y ya aprende los nombres de una vez que me estás hartando...

Los cinco se rieron (las chicas se sentaron detrás de Lily y James), mientras la campana sonaba y entraban los demás compañeros de séptimo año y la profesora Jane Brooks (que era la esposa del escritor del libro que usaban sus alumnos). La maestra era bajita, rechoncha, de mediana edad y tenía el pelo color ámbar muy enmarañado; daba el aspecto de una roca (debido a su piel curtida) con peluca rubia.

-Buenos días-saludó la profesora Brooks.

-Buenos días, profesora-corearon y luego se sumergieron en el habitual descontrol de la clase.

-El trabajo de hoy es en la pagina...

Pero nadie se enteró cual era la pagina porque en ese momento un avioncito con una bengala doctor Filibuster, obra de Sirius, le pasó rozando la cabeza y luego explotó. La profesora se sentó en su escritorio y se dispuso a leer el diario, resignada.

-Es muy boba...-dijo James.

-Sí-afirmaron las cuatro.

-¿Pero nadie...?

-El profesor Dumbledore ya sabe como es-le aclaró Lily, contestando la pregunta que James que no había terminado de formular-. Pero ella está reemplazando a un tipo que ahora no puede enseñar, pero lo hará a partir del segundo trimestre.

-Oh-exclamó James, entendiendo.

Después le contaron cosas a James sobre sus travesuras y lo que había pagado por ellas.

-¡¡¡Seguro debes tener un cajón lleno en el despacho del celador!!!-dijo Lucy, riendo.

Luego de esa clase llenas de risas, se dirigieron a la clase de Pociones con el profesor Slughorn.

-Hoy haremos una poción llamada Felix Felicis, busquen en el libro pagina treinta y tienen media hora-dijo contento el profesor, pronto se dedicó a repasar las mesas y cuando llegó a la de Lily con las chicas y James, dijo:-. A ver como me sorprendes hoy, Lily...

Lily rió y comenzó a cortar los tallos del anapelo que tenía.

-Clase, -llamó Slughorn luego de media hora-¿Alguien puede decir que diferencia hay entre el áconito y la luparia?

Las manos de Lily, Remus y Snape se elevaron en el aire.

-Severus...

-El áconito y la luparia son la misma planta que también se conoce como anapelo-contestó Snape.

-Muy bien, diez puntos para Slytherin.

-No me cae bien ese pelo grasiento-susurró James entre el humo de colores de los calderos; él no hacía nada porque Slughorn no se lo permitió, por miedo a que haga estallar algo.

-Ya empiezas a ser el mismo-dijo Alice, sonriente.

-Gracias, corazón-respondió James y las cuatro tuvieron que ahogar las risitas.

La clase transcurrió normalmente hasta que finalizó y entregaron las botellas de Felix Felicis. La de Lily era de color amarillo, como especificaba el libro, al igual que la Snape y Sirius y la de los demás era naranja; excepto la de Peter que era de color negro y olía a caca. Lily siempre se preguntaba cómo había aprobado Pociones.

La tarde transcurrió normalmente; después de Pociones tuvieron dos horas libres antes de que empiece Encantamientos y cuando volvieron a la sala común se pusieron a hacer la tarea.

Era agradable estar con James Potter, pensaba Lily. Pero el hecho de ver a Sirius, Remus y Peter alicaídos por la falta de James era horrible. Parecían almas en pena: no hacían bromas, no estallaban cosas, ni nada; el avioncito, según Lily creía y estaba segura, era una maniobra para que pensaran que estaban bien. Decidió acercárseles cuando James estaba distraído.

-Hola chicos.

-Hola Lily-corearon con desanimo.

-¿Qué pasa?

En secreto, los merodeadores le contaron lo que Madame Pomfrey les había dicho y cómo James los había tratado.

-Es sólo cuestión de tiempo, entonces...-comprendió Lily.

-Eso parece-dijo Sirius-. Ahora vuelve con James porque nosotros no queremos que se pelee contigo...

-Está bien.

Lily volvió; cuando llegó las chicas reían porque a James, en un intento desperado de hacer volar una pluma (McGonagall dijo que era conveniente que empezara de cero por un tiempo), estaba levitando él. Lily se rió y bajó a James a tiempo que los curiosos se reían.

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A/N: Holas! ¿Cómo están?¿Les gustó el capi? A mi me gusta pero ya se que le falta acción, pero tiempo al tiempo... Bueno, los dejo, opinen, plis...

Besos, Anna Diggory