¿Enamorada de Link? ¡eso ni que decirlo! Si el amor no era ese querer vivir y morir a su lado, ese querer cuidarlo y ser cuidada por él, esa felicidad de saber que él existía... si no era eso: ¿Qué era el amor entonces? Por ese amor se había dejado atrapar por el deseo y habían unido sus cuerpos una vez y muchas veces más.

Por ese amor se había olvidado de todo, de sus leyes, de su situación, de su reino, habían dado vuelta las cosas hasta que ese amor fue posible. Por ese amor había delirado y al final había hecho algo irremediable. Claro que estaba enamorada, ni que decirlo, no hacía falta decirlo ahora como no hizo falta decirlo ni una vez de todas las veces que estuvieron juntos.

Una de esas veces... ¿tenía que recordarlo? ¿Recordarlo pensando que estaba condenada a no verlo nunca más? ¡No...!

Miró por la ventana. Llovía. ¡Qué demonios! No quería recordar más nada pero los recuerdos la invadieron forzosamente, así llovía esa tarde o noche en Nichya. Llovía y ellos miraban por una ventana, claro que no era una ventana bonita con vidrios como esa del hotel sino un hueco hecho en la piedra de su improvisado y poco lujoso palacio.


Bueno, sí, lujos era imposible tener pero a fuerza de amontonar piedras y cueros de animales habían hecho un espacio habitable, tenían cocina, o sea un lugar donde asaban las presas, un comedor, o sea un lugar donde podían comer, y baños con agua y todo. También tenían una enorme sala para dormir llena de pieles tiradas en el piso y en la que permanentemente ardía un fuego, ya que el clima de ese planeta, deshelado y todo, seguía frío.

Mashi estaba sentada de espaldas a Link vestida apenas con su short ya bastante roto. Él, que, solamente llevaba puesta algo de ropa interior, también en pésimas condiciones, la tenía abrazada. Ella apoyaba la espalda contra su pecho. Miraban el agua que caía, como si la echaran a baldazos. Entraba un poco por el hueco que pretendía ser ventana, pero a ellos no les moletaba, allí adentro hacía bastante calor.

En un rincón de la sala dormían dos niños a los que estaban entrenando, eran los dos muy pequeños y se habían cansado enseguida. A su lado dormía una de las sayumis que esperaba otro bebé, un hijo de Char. Ni la reina ni el capitán se preocupaban por ellos.

Las manos de Link recorrieron el cuerpo de Mashi. Le acariciaron los hombros y la espalda. Luego se deslizaron hacia sus caderas, pasaron hacia adelante y se detuvieron debajo de su cintura abrazándole la panza. Él la acarició debajo de ombligo y le preguntó:

— ¿Y...? ¿Para cuándo nuestro bebé?

—No lo sé Link... —Le dijo ella melancólicamente —Tal vez la radiación de algún planeta me haya dejado estéril.

—¿Radiación? No lo creo, nos habría afectado a todos.

—No sé. Es una teoría. Sabes que las guerreras no nos quedamos embarazadas con facilidad. A veces creo que me preocupa tanto el hijo que dejé en mi planeta que nunca podré tener otro. Pero podemos seguir intentándolo... ¿no?

Mashi sintió como él empezaba a besarle la espalda mientras le apretaba la cintura con fuerza y llevaba una de sus manos a su entrepierna. Movió la cadera hacia atrás y suspiró al sentir su órgano masculino contra ella, ya bastante duro. Suspiró y gimió, excitándose por lo que ocurriría.

El agua seguía cayendo y unos terribles truenos hacían retumbar la tierra. Con ese clima lo menos que podían imaginarse era que alguien podía aparecerse por allí. Aunque no les importaba demasiado que los vieran así, se cubrieron un poco con los cueros que estaban desparramados por el suelo, cuándo se dieron cuenta que había entrado Dhate.

La saiyana, empapada y helada, se acercó al fuego y se sacudió echándole tanta agua que casi lo apaga.

—Escuchen—Les dijo después de sacudirse un rato —Vengo de la nave. Ya saben que hice andar los rastreadores ¿no?

—Si— respondió Mashi —¡pero sírvete un poco de bebida antes que te congeles!

—Si, bueno, pero escuchen bien los dos: hacía mucho que los rastreadores no mostraban nada en absoluto. Estamos en un lugar totalmente desconocido y aislado, es lógico. Pero hoy he visto señales. Una nave... una gran nave atravesó el túnel del tiempo y apareció en la pantalla. Por el tipo de señal que se muestra es una nave Freeza.

—¿Estás segura? — preguntó Link —Bueno ¡si se acercan por aquí los liquidaremos!

—Claro, pero yo creo que, ya que no tenemos en que salir del planeta, que ya que no tenemos en que regresar, podemos esperarlos, matarlos y quedarnos con la nave usándola para nosotros. Char y yo nos iremos. regresaremos a Vegetasei y diremos que ustedes han muerto en la misión que nos encargaron para Freezer.

—Gracias Dhate— dijo Mashi conmovida —Sabes que nosotros, si regresamos, estaremos muertos realmente. Pero bueno hay que planear muy bien todo, no quiero perder a nadie ¿Por donde anda esa nave?

—Por ahora parece lejana pero se acerca muy rápido, hay muy pocos soles por aquí y el único planeta habitable es éste.

—No los vamos a dejar que se acerquen donde están los niños— dijo Link —Cuando estén cerca, como para aterrizar, nos iremos al otro lado del planeta, elevaremos nuestro poder de pelea y ellos tendrán que sentirlo. Así vendrán a nosotros ¡y ahí los mataremos!

—¡Perfecto! — respondió Dhate y Mashi asintió —Iré a avisarle a Char. Pero ustedes... capitán... reina... ¿ya no tienen ropa?

Ellos se empezaron a reír aunque a Dhate no le hacía gracia verlos así, casi desnudos, tapándose apenas con unos cueros. Aunque no los juzgaba, se sentía un poco avergonzada.

—No podemos pelear contra los Freeza sin nuestros uniformes y armaduras — Añadió la chica —Iré a la nave a ver qué consigo. Tal vez la ropa de Avoc te quede, Link.

—Gracias compañera— dijo él sonriendo— Pero con o sin uniformes somos saiyanos y nuestra fuerza no está en ni los uniformes ni en las armaduras. Ahora, por lo pronto, tengamos vigilados a esos lagartos yendo a ver los rastreadores.

Link se levantó y se puso las capas de pieles, que era lo único de lo que disponían allí, mientras Mashi hacía lo mismo. Antes de partir hacia la nave, aún bajo una lluvia bastante espesa, Link exclamó:

—¡Lamento tanto haber perdido a Avoc! ¡Nos vendría tan bien ahora! Era un gran guerrero ¿Por qué tuvo que ser tan idiota? ¡Lo lamento en serio!

—También yo— dijo Mashi mientras se le cruzaba el recuerdo del bravo, aunque irascible guerrero, al que su hombre había matado.

No sabían cuantos venían en esa nave, ni que tan fuertes eran. Ellos eran cuatro solamente, ya que con las mujeres y los niños no se contaba. Aunque tal vez Lúa hubiese servido.

La nave estaba, realmente, en pésimas condiciones. Sólo quedaba la mitad de ella: la partes del rastreo y de las bases de datos. Dhate había sellado las roturas para que continuaran funcionando. Cuando se fijaron en las pantallas de rastreo vieron a la nave que la pantalla mostraba con el distintivo "Freeza". Se iba acercando.

Una punzada atravesó el corazón de Mashi. Algo no iba bien. No era la primera vez que enfrentaban a los reptilianos pero los reptilianos de Freezer eran otra cosa. Eran poderosos y peligrosos guerreros mutantes, seleccionados genéticamente por su ferocidad y poder de pelea. Se decía que Freezer era uno de esos engendros y no se sabía cuantos más podía haber.

¿Y si el mismísimo Freezer estuviera viniendo en esa nave? Bueno, buena ocasión para liquidarlo. Así no seguiría sometiendo a servidumbre a su gente ¡el maldito!

En un compartimento de la nave que no había sido destruido quedaba algo de ropa, algunas armaduras y una capa azul con la insignia real.

—¡Vaya con Dhate!— Dijo Mashi riendo un poco —Nos quiere ver de nuevo con nuestros uniformes. Bueno, tiene razón. La verdad que últimamente parecemos salvajes, así que le daremos el gusto. Pero esta insignia, ya no sé si usarla. Es la insignia de Vegeta.

— ¿Tienes idea de lo que significa verdaderamente?— le preguntó Link que se estaba poniendo una armadura y trataba de ajustarla bien sobre su camiseta.

—Sangre real saiyana. Pura sangre… ¡No! ¡Sangre guerrera!

—Bien, póntela entonces. No hay en la galaxia sangre más guerrera que la tuya.

—Sí. Mira como se acercan los lagartos ¡Si tuviéramos la nave para enfrentarlos en el espacio! ¡Pero eso es imposible ahora! Vamos a cumplir el plan, entonces.

Pero algo no andaba bien, a Mashi el pecho no paraba de darle pequeñas punzadas mientras el corazón le latía demasiado rápido. Nunca, ni en las peores batallas se había sentido así. ¡Tenía que superarlo! Y lo superó, o al menos, lo ignoró.

Después de un rato llegaron los otros dos guerreros que se pusieron los uniformes y las armaduras y esperaron, no fue mucho, ya que la nave se acercaba a toda velocidad. Iban a volar a la otra mitad del planeta para cumplir el plan de elevar su ki y atraerlos hacia allí cuando recibieron una transmisión en el rastreador.

Desapareció la imagen del mapa estelar y en su lugar apareció la cara de un ser muy parecido a Freezer, pero más oscuro.

—No sabía que el rastreador hacia eso— dijo Dhate —Pero bueno ¡Es la tecnología que nos vendió el mismo Freezer!

El ser con el rostro violáceo, muy parecido a una máscara de cera, habló. Y se escuchó muy claro.

—Repórtense sirvientes. Mega Cold les habla. Digan que han encontrado en este planeta.

—Detectaron la nave— murmuró Char —Sólo podemos hacer una cosa.

—Apagar todo— dijo Mashi.

—No se puede—Respondió Dhate —Esta nave está equipada con energía continua. Cuando los lagartos de Freezer nos la instalaron en Vegetasei lo deben haber hecho pensando en eso, poder detectarla por muy arruinada que esté.

—Llevémosla a la otra mitad del planeta— dijo Link —Bien. Entre los cuatro podemos ¡vamos! Tenemos que interceptar a ese tipo antes que ataque a las mujeres y a los niños.

Así lo hicieron aunque no sin esfuerzo, la nave era muy densa y pesadísima de mover pero estaba demasiado cerca de los lugares donde estaban las sayumis con sus niños. Una batalla los pondría en peligro y querían alejar ese peligro lo más posible. Recién cuando lograron trasladarla se comunicaron con el lagarto.

Como no esperaban esa visita no tenían realmente un plan: por más que hubieran intentado diseñar uno la verdad era que improvisaban sobre la marcha, bastante desesperadamente. Estaban esperando el momento de poder hacer lo único que realmente sabían: enfrentar al enemigo peleando.

—Mega Cold o quien seas— dijo Mashi hablando a la pantalla —No somos tus sirvientes pero si quieres saber que hay aquí ven y nosotros te lo diremos.

En la cara de la pantalla se dibujó una mueca retorcida.

—Tomare nota de lo que hay y cuando salgamos de este agujero vendrán las fuerzas Freeza. Y no me interesa verlos a ustedes, sirvientes.

—¡Maldita sea! — Rugió Mashi —¡Este tipo va a traer a los reptilianos de Freezer aquí!

—La nave esta casi encima nuestro. El rastreador la muestra. Ahí a un costado ¡Vean! —Indicó Char.

Los cuatro saiyanos se elevaron en el aire muchísimo. Ya sabían que hacer: apenas vislumbraron la nave flotando en la estratósfera la atacaron con rayos de energía sin detenerse ni por un segundo. La nave que era muy grande descendió y aterrizó en una llanura echando un poco de humo pero sin mayores daños. Los saiyanos la rodearon.

Después de un rato empezaron a descender los soldados, serían cien, más o menos, los saiyajins los fueron matando a medida que se hacían visibles con ráfagas incesantes de energía. Cuando ya los tuvieron demasiado cerca los atacaron con golpes directos. Pero no solamente eran muchos. También eran muy fuertes. Dhate y Char cayeron muy heridos y quedaron fuera de combate. Mashi y Link continuaron hasta que no quedó ni un soldado, los mataron a todos pero faltaba Mega Cold: no podían dejar ir a ese pariente o lo que fuera de Freezer.

Entraron a la nave y miraron por todos lados. Había un espacio enorme inmediatamente después de la entrada, lleno de máquinas y pantallas, pero el monstruo cornudo no se veía por ningún lado.

En el aire se escuchó una voz siniestra riéndose a carcajadas. Entonces apareció el mutante flotando en el aire por encima de sus cabezas. Les arrojó rayos de energía destructiva con un dedo. Mashi y Link la esquivaron y lo atacaron moviéndose, intentando que permaneciera allí dentro, lejos de sus compañeros heridos.

Lo siguieron atacando con todas sus fuerzas pero Mega Cold parecía indestructible.

—Así que ustedes son los saiyajins que contrató el idiota de Freezer— Dijo el monstruo mientras peleaba casi con indiferencia —Ya veo. Son demasiado fuertes para ser mamíferos, pero no dejan de ser monos idiotas.

El monstruo soltó una carcajada y agregó:

— Ah, ya basta. Estoy harto de pelear con ustedes. Ríndanse y servirán para mi colección. Me divertirán un poco, monitos.

—¡Mierda! ¡Basura! ¡No te callas! — gritó Mashi furiosísima y le arrojó una gigantesca bola de energía.

— ¡Ríndete tú! — Gritó ella aún más furiosa y lo volvió a atacar mientras Link hacía lo mismo. Entonces, con los dos ataques lanzados exactamente al mismo tiempo, Cold quedó en el piso ¡Parecía que lo habían derrotado! Sucedía que, al aumentar sus emociones, habían también aumentado sus poderes.

Todo pasó muy rápido. Se mezcló todo: el lagarto levantó un dedo y que arrojó una bola mortal de energía sobre Mashi, quien, al frente suyo y casi segura de su victoria estaba a punto de rematarlo.

Link se movió a toda velocidad mientras dos palabras resonaban entre las paredes.

"Escudo cósmico"

Pero el campo de ki envolvió a Mashi. No a él.

Él se paró frente a Mega Cold mientras éste levantaba de vuelta su dedo e intentaba arrojar otra bola de energía.

Pero Link, antes de eso, ya había lanzado un ataque en el que había utilizado todas sus energías. Era un ataque que pulverizó, literalmente: pulverizó a Mega Cold.

El campo de ki que rodeaba a Mashi se desvaneció.

Mashi iba a gritar de felicidad. Nunca hubiera imaginado que Link tuviera semejante poder: el poder de volver cenizas y menos que cenizas a un ser tan poderoso y destructivo con solo un golpe.

Iba a gritar de felicidad pero lo que vio la hizo gritar de horror.

Link no se había protegido él también para poder destruir a Mega Cold y había recibido el ataque destinado a ella con su pecho. Estaba en el suelo con la armadura destruida y el tórax completamente destrozado. Un hueco del tamaño de una gran piedra lo atravesaba de lado a lado, mostrando a su alrededor una masa informe de carne y sangre carbonizadas.

Y mucha más sangre brotaba de su corazón hecho pedazos que ya no latía.

Pero la fuerza de los saiyanos era tan extraordinaria que, aún con un último resto de sangre en las venas, Link se aferró un segundo más a la existencia para poder despedirse de la mujer que amaba.

Y así se despidió de la mujer cuyo amor le había dado las fuerzas para derrotar al enemigo. A la que había protegido con su técnica especial en lugar de protegerse él. Por la que había dado su vida.

Esa mujer, Mashi, la orgullosa reina de los saiyajins, estaba arrodillada a su lado apagando con sus lágrimas el fuego y el dolor de sus heridas mortales.

—Mira el cielo— Dijo Link con sus últimas fuerzas —Mira... allá... mas allá... de las estrellas... te estaré esperando...

Era cierto: ya había estrellas en el cielo, empezaba la noche en Nichya y empezó algo mucho más oscuro que la noche en el corazón de la reina.

Mashi dirigió su vista al cielo por un segundo. Cuando la volvió hacia Link, y vio que ya no había mirada en los ojos del guerrero, gritó.

Gritó y gritó desesperada, maldiciendo a todos, maldiciendo al universo y a su destino, mientras el mundo entero se le deformaba en una eterna mueca de dolor.


Mashi se llevó el cuerpo sin vida de su amado a las montañas y lo puso en un hueco profundísimo, que hizo arrojando descargas furiosas de energía. Después lo cubrió de rocas que iba fundiendo, también con energía. Puso muchas más rocas de las necesarias en un hueco mucho más hondo de lo que hubiera hecho falta.

Y regresó a auxiliar a sus compañeros heridos. Al menos Dhate y Char no habían muerto, estaban muy lastimados e inconscientes, eso sí, pero no habían muerto. En la nave de Cold había un tanque de recuperación de un tamaño apropiado. Mashi intentó entender su funcionamiento y metió allí a Dhate y luego, cuando ésta se recuperó, entre las dos metieron a Char.

—Lo siento tanto Mashi— Fue lo primero que su compañera dijo cuando la reina anunció bruscamente que Link estaba muerto —¿y Cold?

—Link lo desintegró antes de morir. Usó esa técnica especial suya, la misma que usó contra Avoc, pero esta vez para protegerme...

Al decir esto Mashi comenzó a llorar desesperadamente.

—¡Maldición! —Gritó tratando de recuperarse —¡Link tenía un poder que nunca antes le habíamos visto! ¡Estaba herido de muerte cuando destrozó a esa mierda de lagarto! ¡Ahhh! ¡Ese es el poder que tenemos los saiyanos! ¡Nuestras pasiones!

Dhate miró a Mashi sorprendida: la reina tenía los ojos ya secos y vidriosos, y una expresión furiosa.

—Todos debemos irnos de aquí— agregó — ¡no le permitiré a estos lagartos asquerosos seguir dando órdenes en nuestro mundo! ¡Los mataremos a todos!

Char salió del tanque ya recuperado y empezaron a planear el regreso.

Ellos sabrían manejar la nave de Cold porque era la misma tecnología que la suya o sea la misma que Freezer y los reptilianos les habían vendido, pero creyeron que no les convendría irse en la gran nave ya que llamarían demasiado la atención. En ella había varias pequeños vehículos espaciales en forma de esfera, los que usaban los Freeza para trasladar a los guerreros. Pensaron que ellos podrían viajar en esas esferas. Atravesarían el túnel del tiempo, se reencontrarían con su mundo pasando desapercibidos como guerreros comunes y regresarían a su planeta. Allí verían que hacer. Ninguno de los dos soldados veía como muy posible el que ellos solos fueran a acabar con Freezer y toda su gente pero no le dijeron nada a Mashi que tenía una determinación terrible.

Antes de partir fueron con la nave de Cold hacia donde estaban las mujeres y los niños para despedirse de ellos y darles las últimas noticias e instrucciones. Antes de que bajaran Mashi le habló a Dhate y a Char.

—Sobre lo que pasó entre Link y yo... cuando lleguemos a Vegetasei, se los pido como un favor: no hablen. Pondrían a mi hijo en peligro.

—Quédese tranquila, no diremos nada —Respondieron ambos.

Mashi se acomodó su armadura, su ropa y ubicó la insignia de la casa real bien sobre su pecho. Cuando llegaron a las casas de las mujeres con muy pocas frases les comunicó lo sucedido y les dijo que se irían.

Muchas empezaron a llorar pero Mashi les ordenó callar de inmediato.

—¡Escuchen! — les gritó —Nos vamos de aquí para que ustedes sigan vivas ¡vamos a liquidar a Freezer del otro lado del espacio! En la nave tienen cosas que pueden aprovechar, arréglense como puedan ¡Y sean dignas de sus hijos saiyanos!

Luego se dirigió a Lúa que se sacaba los ojos con una mano y con la otra sostenía abrazado a Tao, el hijo de Link.

—Y tú Lúa, de Sayumi— Le dijo mientras se quitaba la capa con la insignia real —Tú serás la nueva reina de este planeta y tu hijo, el hijo del hombre que dio su vida para protegerlo será su príncipe ¡Ustedes son la nueva sangre real en este mundo!

Y diciendo eso colocó la capa sobre los hombros de la pelirroja que tragándose las lágrimas se inclinó frente a la reina saiyana mientras el niño, que no entendía nada, jugueteaba con su cabello.

Mashi indicó a las otras que se inclinaran frente a Lúa, todas lo hicieron. La nueva reina sayumi intentó adoptar una expresión digna, abrazó a su hijo y dijo intentando no llorar: "sobreviviremos"

—¡Bien, suficiente, nos vamos! — Gritó Mashi y acto seguido entraron a las pequeñas naves esféricas que habían dispuesto al lado de la nave grande, las programaron con destino a Vegetasei y partieron dejando atrás a Nichya y su sistema solar.

No se volvieron ni una vez para ver lo que dejaban atrás. Era mejor olvidarlo. Eso era lo quería la reina: olvidar. Si no olvidaba el dolor iba a matarla y una guerrera saiyana no podía morirse de pena. Podía morirse en una batalla, destrozada por las manos enemigas, pero no de pena.

"No diremos nada" habían dicho Dhate y Char. Y esas palabras eran suficientes para considerar a todo lo ocurrido en Nichya como sepultado en el remoto pasado.

O mejor: como si nunca hubiera sucedido.

Las pequeñas naves tenían equipos de hibernación así que el viaje se les hizo muy corto, solamente temblaron cuando atravesaron el túnel de tiempo: la deformación en el tejido del universo que los había enviado a una dimensión diferente.

Llegaron a otro tiempo. Regresaron luego de más de tres años pasados en Nichya pero en un tiempo tan semejante al que habían partido que era casi siniestro: cuando despertaron y aterrizaron en Vegetasei vieron todo tan parecido a como lo habían dejado que se sintieron como fantasmas.

Dos soldados del rey aparecieron para recibirlos, mejor dicho para comprobar si eran amigos o enemigos, ya que en esas naves esféricas llegaba toda clase de gente. Cuándo vieron a la reina la saludaron con respeto pero se quedaron sorprendidos frente al extraño aspecto de ella. Mashi tenía la piel como quemada, enormes ojeras, la ropa muy gastada y en vez de su capa real llevaba una manta de pieles.

—Vengan urgente ante el rey— Dijo un soldado —Tendrán que dar explicaciones. Han venido sin la nave y no dijeron nada sobre la misión.

—¡Quien te crees que eres para hablarle así a tu reina! — Gritó Mashi y lo aturdió de un golpe. ¡Un soldado le decía a ella que tenía que dar explicaciones! ¿Qué estaba pasando allí? ¿Estaban todos locos? Pero Mashi tenía que ver al rey para averiguar sobre su hijo.

—¡Llévanos con el rey que esperas!— le gritó al soldado haciendo señas a Dhate y Char de que la siguieran.

El rey estaba en el palacio rodeado por varios consejeros. Inclinado sobre una gran mesa examinaba unos mapas con expresión furiosa y cuando vio entrar a Mashi seguida de Dhate y Char su expresión empeoró aun más.

—¡Así que aquí estás, inútil mujer! ¡Así que te dignas aparecer después de arruinar tu misión destruyendo ese planeta tan valioso por sus minas! ¡Dime donde está la nave y el resto de la tripulación y adonde están los diamantes que sacaron de ese planeta! Me imagino que algo habrán sacado antes de destruirlo ¡Freezer está furioso y no te convendrá que lo esté! ¡Habla!

—Al planeta ese lo destruyo un meteorito y no pudimos sacar nada— Respondió Mashi aparentando tranquilidad —Perdí mi nave y dos de mis hombres en un enfrentamiento con unos rebeldes. Los derrotamos al fin y vinimos en las naves auxiliares de una nave de Freezer.

—¡¿Un meteorito?! ¡¿Rebeldes?! —Rugió el rey —¡Vete a otro idiota con ese cuento!

—Es la verdad, si no me crees, allá tú. Ahora quiero ver a mi hijo.

—¡Dirás mi hijo! ¡Pues no podrás! — Siguió gritando el rey —¡Nuestro hijo está al servicio de Freezer!

—¡¿Queeeeee?! ¡¿al servicio de ... Freezer?!... ¡Vegeta! ¡Hijo de puta! ¿Cómo pudiste poner a mi hijo al servicio de Freezer?

Mashi estuvo a punto de saltar encima del rey para golpearlo pero recordó que no le convenía. Vegeta había decidido sobre su hijo.

—¡La puta que te parió Vegeta! ¡Rey de mierda! ¿Como hiciste para darle nuestro hijo a Freezer? ¡A ese lagarto asqueroso... asesino...!

Mashi ya no sabía que otro insulto proferir. Estaba liquidada ¿Qué iba a hacer ahora?

Estaba sola y Freezer tenía a su hijo. Si lo atacaban lo mataría.

Fue un golpe mortal a su alma. Mashi que venía de perder a su amor ahora perdía a su hijo justamente en manos del enemigo. Eso era monstruoso.

Vageta reaccionó a su insulto y le cruzó la cara de una cachetada. Mashi saltó dispuesta a matarlo pero todos los del consejo se le fueron encima y la sujetaron.

Al final los dos se calmaron. Ya estaba hecho. No se podía arreglar más nada.

El rey le explicó que Freezer los tenía en sus manos dominados por su poder superior, un poder demasiado grande como para que pudieran intentar nada. Lo único que les quedaba por hacer era cumplir sus misiones, intentar conseguir más tecnología y más armas, hacerse más fuertes y enfrentarlo recién cuando estuvieran ya seguros de ganar.

Estaba claro que el príncipe Vegeta en manos de Freezer era un rehén: si los saiyanos se rebelaban el niño pagaría las consecuencias.

El rey envió a Dhate y a Char a que volvieran con sus familias y a que hicieran lo que quisieran. Les dijo que ya no eran soldados de la casa real. Los degradó por su derrota y su desobediencia. Luego le ordenó a Mashi que se bañara y se cambiara de ropa, no podía entender que hacía vestida de esa forma que parecía más propia de una pordiosera que de una reina.

Mashi hizo lo que el rey le dijo como si ya nada le importara, se bañó, se vistió con una túnica corta y comieron, los dos solos

¿Tenía hambre? Tal vez. Después de todo, aún moralmente destruida, seguía siendo una saiyana.

Y aún comiendo no dejó de insultar a Vegeta.

—Cómo pudiste entregar a nuestro hijo... eres un monstruo mas monstruo que los reptilianos—dijo Mashi ¡Yo ya no te debo ningún respeto!

Vegeta se paró a su lado e hizo un además como para golpearla, pero después se arrepintió y la agarró del pelo.

—Yo tampoco me alegro de eso— dijo —Pero respeto me debes, eres mi esposa. Y ahora vendrás conmigo a la cama.

Y diciendo esto le intentó sacar la túnica que llevaba puesta arrancando las cintas que la sujetaban a sus hombros. Mashi no permitió que avanzara más: saltó furiosa hacia atrás y lo miró con tanta fiereza que el mismo rey se asustó.

—¡No vuelvas a tocarme! ¡Te di un hijo y se lo entregaste a Freezer! Nunca ¡nunca volverás a tocarme, hijo de puta! ¡Antes tendrás que matarme!

Mashi se encerró en una habitación y se quedó temblando de odio. Una puerta no era un límite para la fuerza de un saiyano. Sabía que si el rey quería podría romperla y entrar. Bien: allí la mataría, porque ella nunca volvería a tener relaciones sexuales con él mientras estuviera viva. Le debía eso a Link.

Pero Vegeta no intentó acercarse de nuevo.

Después de aquello la enviaron a Tara, sola, con la orden de limpiar el planeta.

Y tenía que hacerlo, los saiyajins eran sirvientes de Freezer y Freezer tenía a su hijo.

"Mi fin y mi principio" pensó Mashi y miró otro atardecer en ese planeta del Otro Mundo adonde la habían enviado para esperar su destino.


NOTA GATTARA: Gracias a todos los que me siguen, y mucho más a los que me sigan en esta reedición.

Prometo no decepcionarlos.

Muchas gracias a los que dejaron reviews, y al hermoso foro de "por los que leemos fanfics de dragon ball" que me permite publicitar el fic

¡Muchas gracias a todos!