Este capítulo es un poco apresurado, pero sentía que si me entretenía mucho en el camino la aventura se iba a ser más bien pesada. Espero que haya funcionado.
-Ya ha escampado y empieza a clarear- comentó Jade sacando la mano por la pequeña abertura de la cueva que habían usado para guarecerse-. Ahora hay que adivinar hacia dónde se llega a la playa.
-¿Y si lo preguntamos?
-¿Qué?
Tori sacó la radio de la alforja para enseñársela.
-¿En serio, Vega?- espetó Jade con molestia- ¿Has tenido eso todo el tiempo y me he tenido que pasar la noche escondiéndome aquí contigo y preguntándome cómo demonios íbamos a volver?
-¡No lo había pensado!- se defendió levantando los hombros.- La vi cuando estaba demasiado ocupada buscando algo que me sirviera para sacarte de allí anoche.
-¡Eres idiota!- gritó arrebatándole el aparto de las manos.
-¿Pero se puede saber qué te pasa?- estalló por fin Tori.- Llevas toda la maldita noche de mala leche, soltando puyas y gritándome cuando te viene en gana. ¿Se puede saber qué coño he hecho? ¡Me he jugado el cuello para salvarte la vida! ¡He matado a esos hombres, Jade! ¡Le disparé a…!- se cayó, porque no iba decirle que había disparado a Foster, para Jade eso sería una buena noticia.
-¡Precisamente! ¡No necesito que te juegues nada por mí! ¿Cómo crees que me habría sentido yo si hubieras muerto por mi maldita culpa?
Tori se quedó muda, con la boca muy abierta mientras el corazón se empeñaba en darle un vuelco. Y la cara de Jade se estaba tornando en una de inmensa ira al darse cuenta de que le había dicho a Vega que se preocupaba por ella y que sentía algo tan estúpido como los remordimientos, o que se hubiera sentido culpable si le hubiera pasado algo. Después un súbito arrebato de furia le subió por la columna y le hizo cosquillas en la nuca.
-¡No lo sé, Jade! ¿Dar saltitos de alegría? ¡Al fin y al cabo todo lo que has hecho desde que nos conocemos es intentar hacerme daño! ¿Por qué iba a importarte ahora?
Por suerte, la inmensa tensión que crecía entre ellas fue cortada por el sonido del walkie-talkie.
-"¿Tori? ¿Tori eres tú?"
-¡Sí soy yo, capitán Rodríguez!
-"¡Menos mal, niña! Si hubieras muerto nos habrías condenado a todos. ¿Se puede saber en qué estabas pensando? Ha sido un movimiento muy estúpido por tu parte."
-¿Qué, por qué?- preguntó sorprendida.
-"En el bolso que te dio el idiota de Dirk"- contestó el capitán- "tienes el amplificador de señal que íbamos a llevar a la torre de radio."
-¡Pero yo no lo sabía, Foster me lo dio!- se defendió.
-"Lo sé, lo sé. En fin, eso no quita que me alegre de saber que estás bien, por ti y no por el aparatejo ese. ¿Y la otra chica? ¿Conseguiste encontrarla?"
A Tori se le escapó una sonrisa, aliviada aún por haber conseguido salvarla. La sola idea de que hubiera muerto la aterraba a pesar de todo.
-Sí. Jade está aquí conmigo. Está bien.
-"¡Vaya!"- exclamó el aparato con auténtica sorpresa y entusiasmo.- "¡Resulta que eres una verdadera caja de sorpresas, Tori!"
-¡Por supuesto!- exclamó Jade por detrás con ironía.
Tori se tragó el 'yo no hablo así' en pos de continuar con su más importante conversación con el hombre. Cuando este le preguntó por su situación y localización Tori les dio sus coordenadas lo mejor que pudo y le hizo saber que ninguna había sufrido ningún daño mayor, y por alguna razón todo aquello a Jade le dio muy mala espina. Muy pocas veces le fallaba su instinto.
-"Escucha, Tori, necesitamos pedirte algo"- comenzó a explicar el capitán, haciendo que Jade pusiera los ojos en blanco lamentándose de tener razón.- "Estás más cerca de la torre de radio de lo que llegó el equipo de comunicaciones. Además, por otra ruta, por lo que no deberías toparte con ningún grupo de esos malditos sectarios."
-¡Ni de coña!- saltó Jade.
-Jade- reprochó Tori, aunque en el fondo pensaba exactamente lo mismo que ella.
-"Chicas, escuchad. Yo soy el primero en oponerme a la idea de enviar a dos muchachas a hacer algo como eso, pero confiad en mí, no os lo pediría si no pensara que es nuestra mejor opción. Sé que estáis asustadas, pero nadie aquí ha conseguido sobrevivir tanto tiempo ahí fuera como vosotras dos. Y, de verdad, Tori, no lo haría si no pensara que puedes lograrlo."
-¡No, Tori, de verdad, no puedes estar pensando en aceptar!
-"Sólo tenéis que llegar a la sala de comunicaciones, tiene que estar cerca del pie de la torre. Sólo hasta allí y creemos que no hay ningún campamento de esos locos cerca."
-¡Ni hablar! ¡Tori!
-"Una vez que lleguéis allí enviaremos a un equipo a traeros de vuelta."
Las voces se mezclaban en su cabeza, incluso la suya propia. Las ignoró todas.
-Lo haré.
Jade exclamó indignada y se llevó las manos a la cabeza. El capitán le dio un par de indicaciones, después de agradecérselo e indicarle lo importante que era aquel gesto para todos, a las que Tori respondió de forma automática.
-¿En qué demonios estás pensando, Vega?- le gritó Jade una vez hubo colgado.- ¿De verdad tienes tantos deseos de morir? ¿Acaso has perdido la cabeza?
-Jade…
-¡No! ¡Ni Jade ni leches! ¿Qué se supone que voy a hacer ahora?
-No tienes que venir conmigo. He sido yo la que ha aceptado, tú puedes volver.
Jade se quedó con la boca abierta, boqueando como un pez con completa incredulidad.
-¿Lo dices enserio? ¿Y qué se supone que voy a hacer, volver sola al campamento? Porque resulta que has arriesgado tu estúpida vida para salvarme para después dejarme volver sola por un camino plagado de esos locos.
Fue el turno de Tori de mostrar su indecisión. Jade tenía razón, no estaban seguras estando las dos juntas, menos lo iban a estar por separado, fuera cual fuera el camino que eligieran, si volver al campamento o ir hacia la torre.
-Lo siento- murmuró al suelo con culpabilidad.
-Con un lo siento no me vale, Vega- le escupió con dureza.
-Quédate aquí. Quédate con la comida que me dio Foster. Yo iré sola, tú solo tienes que procurar pasar desapercibida. Si quieres puedes quedarte con la radio. Llegaré a la torre, activaré el equipo de comunicaciones y volveré a por ti. Y podremos volver al campamento.
-No seas idiota. Como si supieras encender un equipo de comunicaciones sin que nadie te diga cómo.
Tori notó las mejillas arderle. ¿Por qué tenía que ser Jade tan difícil? No quería que la salvara, no quería acompañarla, no quería volver al campamento…
-No seas idiota- repitió Jade apretando los puños con rabia-. ¿Cómo voy a dejarte sola?
Levantó la vista con sorpresa, mirando a la que declaraba no ser su amiga, que parecía temblar de la ira debatiéndose con lo que debía decir a continuación. Y Tori se permitió engañarse una vez más y pensar que tal vez la chica la quisiera de verdad y que no quería perderla. Que, en el fondo, la infame Jade West se preocupaba por ella.
-¿Cómo crees que me mirarían todos si después de que me salvaras yo te dejara atrás? No es que no fuera algo que yo no haría, pero estarían molestándome todo el tiempo. Cat no me dejaría olvidarlo nunca y me daría la tabarra día tras día hasta la saciedad.
Después cogió la mochila del suelo, metió dentro la radio que previamente le había arrebatado con violencia a Vega de las manos y se la lanzó con fuerza al estómago. La chica la cogió justo a tiempo para no dejarla caer, mirándola atónita, todavía no entendía a Jade West. ¿Quién podía? Se la cruzó al pecho y se quedó helada, mirando embelesada cuando la gótica se agachó para recoger la pistola que le habían quitado a los hombres de anoche, agitó la cabeza para detener su lívido. Jade la miró con una ceja levantada y la boca fruncida con un aspecto agresivo, le quitó el seguro y la guardó en la banda de sus pantalones. Tori tragó saliva, y dejó de respirar.
-Cierra esa boca, quita esa cara de idiota y pongámonos en marcha- le espetó comenzando a caminar hacia la torre de radio-. Cuanto antes acabemos con tu estúpida misión suicida antes volveremos al campamento.
Tori volvió a deglutir. No pudo más que obedecer.
-Bueno. ¿No querías ir a un campamento?- bromeó Tori jadeando con urgencia, con la espalda apoyada en puerta de acero del búnker que acababan de cerrar a la desesperada.
Jade le dio un golpe en la nuca, con la mano bien abierta.
Habían llegado a un campamento, a un campamento de sectarios. Al principio habían conseguido avanzar por él casi inadvertidas. Poco a poco, lentamente, aguzando la vista y el oído tanto como podían. Tori había tenido que acabar con algún hombre solitario con esa técnica de sigilo que había desarrollado con el arco. Lo odiaba. Pero tenían que sobrevivir.
Y casi lo habían conseguido. Casi habían atravesado el conjunto de edificios de hormigón armado que en algún momento de la historia el ejército había olvidado en esa isla. Casi. Pero en algún momento alguien había gritado y Jade había tenido que disparar su pistola. Después de eso sólo recordaba correr, esquivar disparos, el polvo levantándose del suelo, el viento helado azotándole las mejillas. El pico de escalada que había salido de la nada en la cabaña del bosque donde tenían a Jade le había resultado más útil de lo que creía, pero la sensación de violencia le gustaba todavía menos que matar de un disparo.
Encontraron, entre toda aquella maraña de gritos, sangre y miedo, la entrada a uno de esos búnkeres enormes y consiguieron doblar una esquina y cerrar la puerta antes de que alguien pudiera alcanzarlas. El grosor del metal cortaba el paso a las balas, y la cerradura interna las mantenía a salvo, encerradas dentro. Ahora sólo les cabía esperar que existiera otra salida, lo que parecía más bien poco probable si tenías en cuenta el aspecto ruinoso y los suelos inundados que las rodeaban.
Pero Jade no entendía su humor.
-Ya estoy lo bastante cabreada como para que alimentes mis intenciones homicidas hacia tu persona- amenazó Jade recuperando el aliento.
-Bueno, acabamos de burlar a la muerte. Otra vez. Creo que esta es mi semana de la suerte- tentó al destino con una sonrisilla traviesa, como si su cuerpo comenzara a acostumbrarse a no sentir miedo cuando respondía al instinto de huida.
Jade levantó una ceja irónica. Por mucho que no hubieran muerto ella no hubiera llamado suerte a que un barco de última generación se hubiera topado con una tormenta capaz de partirlo en dos, hubieran sido arrastradas a una isla, ocupada por una especie de secta satánica, en la que, por algún azar del desino o como burla del campo magnético de la tierra que tan irónicamente protegía la vida en el planeta, no funcionaba ningún tipo de señal de móvil o radio, y que ellas, por encima de todo, parecieran ser las que más aventuras peligrosas y descabelladas se habían visto forzadas a vivir.
-Vale- admitió Vega- puede que suerte no sea la palabra. Pero estamos vivas, ¿no?
-Si no encontramos una salida de aquí eso no será por mucho tiempo.
Miraron a su alrededor, al aspecto fangoso y ruinoso del búnker cuyas paredes habían cedido en algunas zonas como si una enorme fuerza las hubiera derribado en el pasado, la humedad enmohecía las paredes y formaba grandes charcos sobre el suelo, en sus zonas en declive, e inundaba el aire de un olor rancio a agua estancada y vegetación muerta.
-Tiene pinta de abandonado.
-Espero que eso no signifique que no tiene más accesos- espetó Jade levantándose-. Y que si los tiene esos hombres no los conozcan.
Se empaparon los pantalones con más reticencia esta vez, en comparación con el agua salada de la cueva que estaba tan helada como esta pero que se había renovado con cada marea. Al poco descubrieron que también el hedor del azufre cubría algunas estancias, y con un breve vistazo se dieron cuenta de que procedía de una serie de tuberías que se habían abierto por la herrumbre, tenían que ser gases probablemente procedentes del origen volcánico de la isla, pero cuyo uso militar, fuera el que fuere en el pasado, desconocían por completo, pero las inquietaba todavía más. Lo que les faltaba era enfrentarse a una erupción o algo peor. Tori tenía que andarse con pies de plomo, tanto como para no doblarse un tobillo entre los escombros esparcidos bajo el agua opaca como para no seguir cabreando a Jade que refunfuñaba a su lado todo el tiempo. Se sentía culpable por haberla arrastrado con ella, y Jade, en efecto, parecía culparla por ello.
-¿Y si morimos aquí dentro?
-Entonces todo el mundo estará perdido porque tenemos el único transmisor que parece funcionar en toda esta maldita isla.
Jade la miró con algo menos de dureza, como si tuviera algo que decir pero prefiriera morderse la lengua a decir algo bueno de ella, así que guardó silencio.
-Calla- susurró de pronto Tori, aunque nadie estuviera hablando.
Los murmullos de las voces les llegaron a los oídos.
-Mierda.
-Al menos hay una entrada- animó inesperadamente Jade.
Tori la miró incrédula y la otra chica se limitó a sonreírle con esa falsa inocencia que tan bien le quedaba. Después decidió centrarse en el presente y observar la escena. Ellas se encontraban en un pasillo y, a través de un grueso cristal que el tiempo y el polvo habían convertido en translúcido, se adivinaban las figuras de un par de hombres que hablaban en ese idioma extraño.
-¿Y bien?
-¿Qué?- preguntó apartando la vista del cristal hacia su amiga.
-Bueno, tú eres a la que se le da bien improvisar. En todo esto de la supervivencia, claro, actuando eres malísima- explicó con una mueca de desdén antes de continuar-. Anoche te las ideaste para pasar por encima de todos esos tíos para...
…rescatarme. Pero no lo iba a decir en voz alta.
-Eso fue… casualidad. No es tan fácil, ¿sabes? Además, anoche estaba desesperada.
Pero sus ojos subieron por la superficie vidriosa, las voces sonaban apagadas, como si algo las amortiguara, y en la esquina superior, por donde la pared había cedido un poco y arrancado un cacho del cristal, aparecía flotando un atisbo brumoso que teñía el aire de ocre.
-¿Y hoy no? El objetivo es el mismo. Puede…
-Tengo una idea- la cortó mordiéndose el labio-. Pero es arriesgada. Las posibilidades están al cincuenta, cincuenta. ¿Lo tomas o lo dejas?
-Espero que sea bueno, Vega- cedió.
-Yo también.
La explosión las impulsó contra la pared contraria, y eso que Tori había tenido la precaución de alejarse lo máximo posible antes de colar la flecha por el hueco. Se incorporó con dificultad, agarrándose un punto en el dorso de la cabeza que, por el dolor, recordaba haberse golpeado contra un árbol el día anterior.
La sala tenía un escape de gas, el suficiente para hacerse notar, pero no si sabía el necesario para explotar, aunque confiaba en que las voces amortiguadas fueran indicativo de que llevaban algún tipo de prenda delante para no respirarlo. Además, existía la posibilidad de que el gas no fuera inflamable. Pero había funcionado.
Ahora sólo tenía que lidiar con la culpa de haber hecho volar a dos hombres por los aires. Pero parecía que cada vez que un pecado más se sumaba a la lista se rebajaba otro tanto la carga de sus remordimientos.
Jade hundió la mano en el agua empantanada para recuperar el mechero que se había escurrido de su agarre al caer al suelo, con la esperanza de que volviera a encender después de aquello. Era un buen encendedor y hasta el momento les había sido muy útil, no iba a perderlo de forma deliberada. Con una gran sonrisa se levantó.
-¡Brillante, Vega!- dijo atrapando la mano de la chica y poniéndola en pie de un tirón.
Por instinto se acercó a ella, para recompensarla con un beso, como se había convertido en costumbre desde esa noche en las ruinas, pero esta vez Tori se apartó. No fue de forma brusca, pero estaba claro que lo había hecho con toda la intención. Porque el óbito de la muerte rondándole la cabeza parecía haberle aclarado las ideas aunque fuera de forma involuntaria.
No quería que Jade la besara, estaba enfadada con ella, lo recordaba ahora, no quería su pena, ni formar parte de su juego macabro. Anoche había sido distinto, porque de verdad había llegado a pensar que podía haberla perdido para siempre, pero hoy recordaba que sólo estaba jugando con ella. Y, por encima de todo, no quería que la recompensara por haber matado.
Cuando entraron en la sala en la que habían muerto los hombres el hedor del gas no se había disipado del todo, pero estaba enmascarado por el fuerte olor a fuego y ceniza y a carne quemada. Puede que se lo estuviera imaginando, pero también le olía a sangre.
Un gemido lastimero las obligó a mirar a un lado de la habitación, donde la pared había cedido por la explosión y tenía aprisionado el cuerpo de uno de los hombres. Este, al contrario que el cadáver calcinado que ardía todavía en la esquina contraria, aún albergaba un rastro de vida, y el rostro del hombre, casi intacto, las miraba en busca de compasión. La forma en que los inmensos bloques de hormigón deformaban sus vísceras y el enorme charco que se estaba formando bajo él con rapidez pasmosa predecía una muerte inminente.
Tori le disparó en la cabeza. Apretó el gatillo en un instante, sin dudarlo. Y su conciencia no estaba tranquila a pesar de todo, el problema no era haberlo matado, era que no sabía si estaba siendo compasiva al gastar una bala más en él cuando cada recurso era importante, o si de verdad matar le era cada vez más fácil. Sospechaba que, en el fondo, era un poco de ambas cosas.
Jade levantó un brazo, por costumbre, para demostrarle a la chica que no era su amiga que estaba allí para ella si la necesitaba, como había hecho cada vez que Tori había disparado un arma, pero el recuerdo de esta alejándose con una expresión helada y peligrosa en el rostro, tan diferente a la muchacha que recordaba cantando y bailando sobre un escenario, hizo que retirara la mano antes de llegar a su destino. Jade no le tenía miedo a ella, pero le tenía miedo al rechazo, algo que muy poca gente había descubierto a lo largo de su vida.
-Dios mío, Jade, lo hemos conseguido- exclamó Tori con su primera sonrisa en lo que a Jade le parecía una eternidad.
Ante ellas, bien metido en un edificio igual de abandonado que el resto de las estructuras de la isla, se extendían los mandos de lo que antaño fue la sala de comunicaciones de una base militar. Contra todo pronóstico, y después de sólo cuatro situaciones de peligro mortal, habían llegado a su objetivo, y la emoción y felicidad del momento les hizo olvidar por completo que todavía les quedaba volver a la playa.
-No cantes victoria, Vega- dijo Jade tirando de una palanca del demacrado tablero que, en efecto, se soltó sin el más mínimo esfuerzo.
-¡Mierda!- le dio un puñetazo a la mesa antes de sacer la radio de su bolsa-. ¿Capitán Rodríguez? ¿Alguien? ¿Me recibe?
-'Si'- respondió una voz nueva-'¿Hablo con Tori Vega?'
-Sí.
-'Soy Kilian Hessler, operador de radio. El capitán Rodríguez me indicó que ibas a encargarte de la torre de radio. ¿Conseguiste llegar a ella?
-Sí, pero la consola está rota.
El suspiro atragantado que sonó al otro lado de la línea no les gustó nada.
-'Pues, a menos que encuentres una tienda de radios tendrás que conectarlo manualmente a través del panel de mantenimiento'.
-Vale. Eso parece sencillo.
-'Ya, bueno, primero tienes que encontrarlo. En las torres antiguas instalaban los paneles arriba. Y… quiero decir, bien arriba'
Tori miró a su alrededor y por una ventana vio a lo lejos la enorme estructura de la torre de metal que servía como transmisora y receptora de señales. Y a juzgar por las escaleras que subían hasta su cima, la cabina y el pequeño y dudoso atisbo de un cajetín de mandos, era bastante probable que lo hubiera encontrado.
-¡Joder!- Jade pateó el suelo.
-¿Cómo en la cima de la torre?
-'Exacto'.
Apretó los ojos y tomó aire muy lentamente antes de pulsar el botón para dar su respuesta.
-Otra tarea fácil. Genial.
Acabó la transmisión y se tiró al suelo, apoyando la espalda en la mesa de control con cansancio. De pronto le dolían todos los músculos y cada uno de los golpes que había recibido. Que eran muchos.
-¡Tienes que estar de broma!
-Ahora no, Jade- suplicó con un suspiro cansado, cubriéndose la cara con las manos.
-¡No puedes subir ahí arriba! ¿Estás loca? ¿Has visto el estado de esa cosa? Por si no fueras ya lo suficientemente patosa la mitad de esas agarraderas se caerían con sólo rozarlas. ¡No voy a dejar que te mates!
-¡¿Y desde cuándo te importa a ti lo que me pase?!
Jade tan solo parpadeó sorprendida, boqueando como una idiota, como lo haría Vega, así que apretó los labios y retomó su mirada indignada.
-¿Qué?- fue todo lo que dijo, aunque con un tono peligroso.
-¡No te ha importado hacerme daño nunca! ¿Verdad?
-¡No mezcles cosas, Tori! ¡Que yo sea una idiota no significa que no me importes!
…
Por un momento no se escuchó ni el ruido de sus respiraciones, hasta el agudo silbido del viento que soplaba con fuerza e insistencia a través de las paredes pareció callar por unos instantes.
¿Qué le podía decir a eso? Seguía enfadada, pero las palabras de Cat le daban vueltas en la cabeza, jugando con ella, con su cordura y su determinación, como burlándose, haciéndole más fácil a Jade la tarea de jugar con ella.
No está asustada de lo que hay fuera. Sino de lo que lleva dentro.
Agitó la cabeza y Jade, con las mejillas atípicamente sonrosadas, se apoyó a su lado, mirando el suelo, reposando los antebrazos sobre las rodillas.
-Eres una persona fuerte- admitió Jade a duras penas-. Admirable. Y no me refiero a lo que has demostrado estos últimos días, que es mucho más de lo que esperaba descubrir de ti, sino de antes. Siempre alegre, siempre optimista. Me dabas asco, pero asco del bueno, al menos para ti, supongo. Siempre has confiado tanto en ti misma y en el mundo, de una forma que ni tú te dabas cuenta. Y esa actitud dulce y brillante te ha abierto tantas puertas que a mí me constaron tanto abrir. Y te abrirá muchas más, créeme- "mierda, pensó Jade, estoy divagando, igual que Vega. ¡Y encima la estoy alabando! Ya ni siquiera me acuerdo de qué estaba intentando decir"- Lo que quiero decir es que siempre… te he admirado y envidiado… En cierta forma, muy pequeña, claro, pero… en el fondo…- "y ahora se me traba la lengua. No sé qué es peor"-. Aunque me divierta hacerte daño, o reírme de ti, o aunque me comporte como una idiota integral… bueno… no quiero que te pase nada.
En el fondo no le había explicado nada. Jade no había dicho ni una décima parte de lo que quería decirle de verdad. O de lo que no quería decirle pero guardaba dentro. Pero a Torim de alguna forma, pareció bastarle. A Tori, quien la miró con una tonta ilusión en el pecho, que no superaba todavía a la incertidumbre ni al dolor ni a la traición, pero que se hacía notar con trémula insistencia, pero la chica de negro no levantó la vista, demasiado cohibida y centrada en sus propios dedos.
-¿Por qué lo hiciste?- preguntó al fin apoyando la cabeza en la mesa de mandos.
Jade sólo se encogió de hombros. No dijo a qué se refería exactamente, pero ambas sabían que habían vuelto a la noche en el barco, y a la confesión de Beck de lo ocurrido dos noches después de aquella.
-Porque quería- susurró apenas.
-¿Sientes… algo por mí?
No respondió, sólo bufó en silencio, casi con ironía.
-¿Sientes algo por Beck?- siguió ella frunciendo el ceño.
No dijo nada.
-Joder, Jade- gimió-. ¿Cómo supiste lo que yo sentía? ¿Tan obvia he sido?
Bueno, tenía la impresión de que Cat se había dado cuenta, así que era algo bastante probable.
-No tanto.
-¿Entonces?- le preguntó sorprendida, volviendo a mirarla.
Y esta vez Jade si levantó la vista hacia ella.
-Puede que yo quisiera verlo- respondió después de una silencio inquietante, en vilo, con la sinceridad atragantada en la garganta y una pizca de lo que parecía miedo en los ojos.
Tori se echó hacia un lado, apoyó una mano en el suelo y la otra en su mejilla y, antes de conseguir pensar siquiera en reprimir ese instinto, estaba sobre sus labios y mientras los acariciaba con fuerza e insistencia, de una forma casi desesperada, sintiendo las manos de Jade sujetar su mandíbula con la misma entrega, no pudo evitar darse cuenta de que aquel era, muy probablemente, el primer beso que iniciaba ella. Al menos después de los compartidos en aquella cama, algunos de los cuales había sido inmensamente culpable.
-Joder, Jade, ¿qué estoy haciendo?- gimió al separarse con un jadeo.
-¿Dejarte llevar?
Se separó con calma hasta volver a estar apoyada contra la consola.
-Ya he pagado lo suficiente las consecuencias de haberme dejado llevar antes como para aprender la lección.
-Lo siento, Tori- admitió Jade en un momento de debilidad, copiando la posición de su compañera.
-No lo sientes- declaró sin ningún atisbo de reproche.
-…no.
Pero no sabía si no lo sentía porque no se arrepentía o porque había querido hacerlo de todos modos.
-Ahora tenemos cosas más importantes- se resignó Tori, recordando que el problema que tenían entre manos era mucho más importante que el desastre de su vida sentimental.
-No vas a subir a esa torre, Vega- le espetó con decisión, después sonrió-. ¿O te olvidas de que le tenías pánico a sólo tres metros de nada?
¡Mierda! Era verdad. ¡Tenía vértigo! Pero no de ese que hacía que te recorriera un escalofrío por la nuca, sino del que te obligaba a agarrarte con uñas y dientes al soporte más cercano y lloriquear y patalear hasta que alguien viniera a rescatarte y bajarte de cualquier cosa más alta que una mesa. ¿Cómo iba a subir los, al menos, treinta metros de aquella dichosa torre?
-Tienes razón- gimió restregándose la cara con las palmas-. ¡No puedo hacerlo! Pero todo el mundo depende de que suba a esa maldita cosa. ¡Todos dependen de mí!
-De nosotras- dijo Jade, y Tori levantó la cabeza tan rápidamente que le crujió el cuello-. Yo subiré.
-¿Qué?- de pronto el miedo a verla caerse parecía ser peor a la idea de encontrarse a sí misma allá arriba- ¡Ni de coña, no voy a dejar que subas tú!
-Osea- sonrió con malicia-, ¿Qué tú puedes sacrificarte pero no puedes permitir que yo lo haga?
Tori boqueó de forma estúpida y Jade le apretó el mentón con un dedo hasta obligarla a cerrar la mandíbula. Después se echó para delante y acarició sus labios, sintiendo las pestañas de Tori acariciarle la mejilla al cerrar los ojos, un segundo. Antes de alejarse y volverla a mirar de esa forma amenazadora.
-No hay más que hablar, Vega. Pero será mañana. Que la noche me pille a medio camino sí que es un riesgo que no pienso correr.
Bueno, después de releer este capítulo ha resultado ser mucho más empalagoso de lo que pretendía que fuera, espero que eso no sea necesariamente malo. Pero así tiene que ser si quiero actualizar antes de que nadie comience a trazar planes para atentar contra mi persona, y que la historia se desarrolle con la celeridad que debe para justificar todo lo que tengo pensado.
Muchas gracias por todos los reviews, son siempre un motor para animarse a continuar con ganas.
ZR
