Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia sí es mía.
Este fic va dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a mis Queens, a mi petita, a mi morena, a Irina, a amandis la tetis y por supuesto a mi manager adorada.
A mi hija Kath y sus locuras, a mi princesita Gen porque la adoro, a mi Alex porque es un pilar de mi vida, a Yohana porque es mi mejor sister, a mi esposa porque me mantiene con los pies en el suelo, a Bego porque la quiero, a mi Harley porque me estira de las orejas y a Natalia porque es la mejor.
En especial va dedicado a mi sobri/sister porque sus palabras me han animado a arrojar luz donde veía tinieblas, gracias sobri preferida.
Gracias a los que me leen y comentan, ayuda mucho saber vuestras opiniones. Sin más os dejo disfrutar del capítulo no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, MaryMontoya17, Erpmeis, Laura Brooks, El palacete, Mi pequeña Emma, en carrera y a esthefybautista.
Nota: Los diálogos que están en cursiva es porque los personajes hablan en griego clásico.
CAPÍTULO 12 PASADO
8 de junio 1944, Normandía
Solo hacía dos días que el ejército aliado desembarcó en la playa de Omaha dispuestos a terminar con la invasión alemana de Francia. Los estragos de la guerra llegaban a todos los rincones del antiguo continente, ciudades literalmente convertidas en escombros tras tantos años de crueldad, sangre, pólvora y dolor, demasiados años llorando amargas lágrimas por la humanidad sumida en una guerra sin precedentes donde cada familia del mundo sentía la pérdida de sus seres queridos por motivos que no alcanzaban a comprender.
El sonido de la batalla llegaba como un eco al que, desgraciadamente, ya se habían acostumbrado, buscando refugio donde seguir vivo mientras todo se derrumbaba alrededor, mientras el mundo sucumbía ante los bombardeos y el estruendoso sonido de los disparos, de los gritos desgarradores y suspiros que abandonaban las almas de los pobres soldados que luchaban sin un por qué…
Caminaba sumida en sus propios pensamientos, no temía a la muerte, nunca lo había hecho, solitaria y triste vagaba por la vida sin nada a lo que aferrarse, sin un ser querido al que llorar, sin familia a quien amar, la soledad era su huella y estaba dispuesta a asumirlo. Su hogar era una pequeña casa apartada del mundo y sobrevivía como podía, cultivando sus escasos alimentos ya que la escasez del mundo había llegado también a su hogar.
Una vieja radio retransmitía el avance de la guerra, no era ajena al dolor en el que se había sumido la humanidad y oraba incesantemente por el fin de la contienda, por la paz que se le antojaba lejana cuando el sonido de las armas se había vuelto más común que el sonido de los pájaros en el bosque.
Quizás aquel desembarco en las cercanas playas cambiara el rumbo de la historia mas ella no comprendía, su propia historia teñida de dolor, soledad y olvido estaba a punto de dar un giro completamente inesperado cuando en su caminar se topó sin quererlo con el cuerpo malherido de uno de los soldados, inconsciente sobre la tierra removida, la vida escapaba entre sus labios en forma de aliento entrecortado, su tez de color ceniciento, su extrema delgadez y la sangre manando sin descanso de una enorme herida en el costado… Un hombre herido, vestido con uniforme militar, respiraba a duras penas bajo sus pies mientras ella, estática, no sabía cómo proceder.
No pudo reconocer el uniforme que portaba, no sabía si era un aliado o un soldado alemán mas en esos momentos no encontró diferencia, solo era un hombre herido y ella debía socorrerlo. A duras penas consiguió cargar con él, escuchaba sus susurros como delirios, en una lengua que no pudo reconocer, mientras a rastras lo conducía a su pequeña morada sin saber realmente cómo proceder.
Una vez en su hogar, intentó curar la herida de su costado de forma rudimentaria, consiguiendo que dejase de sangras al cabo de unas horas, hecho que vio como un triunfo ya que, detenida la hemorragia, poco a poco su extraño invitado comenzó a recuperar el color de sus mejillas.
Durante días vigiló su sueño, lo alimentó como pudo ya que apenas rozaba la consciencia, mantuvo limpia su herida para evitar que una infección se llevase su vida y lo estuvo cuidando con ternura y cariño, sintiendo alivio cuando escuchaba el latir acompasado de su corazón.
De vez en cuando él hablaba en sueños, repetía una y otra vez un nombre, Lyana. Quizás el nombre de su amada, una mujer que le estaría esperando en casa, sufriendo sin saber qué había sido de él. Cuando se agitaba y sus sueños se volvían turbulentos, su mano acariciaba los negros cabellos del muchacho mientras le susurraba tiernas palabras, esperando, rogando por su recuperación.
Una mañana, igual a las demás, dejó al soldado para recoger algunas verduras de su pequeño huerto. Cuando tuvo lo necesario para preparar algo de comer, volvió a entrar en su casa, dejando caer al suelo todo cuanto llevaba en sus manos debido a la enorme impresión que sintió al ver los ojos azul eléctrico del muchacho, completamente abiertos y mirándola fijamente. Había despertado.
Sus ojos tenían un color muy peculiar y un magnetismo imposible de evitar, la llamaban a gritos. En silencio, aun completamente trastornada por la sorpresa de hallarlo despierto, se fue acercando a él y le escuchó susurrar con veneración
-"Me has encontrado…"
No pudo entenderlo, quizás aun deliraba o estaba confundido debido a su largo trance entre el mundo de los vivos y los muertos. Le regaló una sonrisa de aliento, acariciando su mejilla para recoger las lágrimas huidizas que el joven soldado había dejado escapar.
-Te encontré cerca de la playa, estabas herido, solo hice lo que tenía que hacer
-"¿Cuál es tu nombre muchacha?"
-Laura, me llamo laura
-"Yo soy Anthony, estaba en el ejército aliado, desembarcamos… La batalla fue cruda, no recuerdo cómo terminó…"
-Terminó contigo herido de muerte, menos más que te encontré
Ella le sonrió y él no pudo evitar estremecerse… El destino que tejía el hilo de sus vidas era demasiado enrevesado mas, esta vez, no tuvo que buscar a Lyana porque ella solita le había encontrado.
Nada más abrir los ojos y posarlos sobre ella lo supo, toda su alma grito jubilosa, Lyana estaba a su lado y, en esos instantes, toda guerra perdió el sentido pues volvía a estar junto a su amada.
Necesitó varios días para recuperarse completamente, el cariño y cuidado que Laura le dedicaba fueron más eficaces que cualquier tipo de medicina. La muchacha lo observaba más de la cuenta, hechizada por sus ojos tan azules y magníficos, por su sonrisa dulce, sus cabellos oscuros que, una vez limpios, caían grácilmente sobre su rostro, era un hombre apuesto, tenía que reconocerlo.
Durante el tiempo que compartieron juntos, Anthony se entretenía contándole historias de mundos pasados que lograban fascinarla, él la miraba con ese tono tan peculiar, como si ella fuese lo más maravilloso que existía en la tierra, estremeciéndola y haciéndole sentir como su alma vibraba en su interior, había estado sola toda su vida y en esos instantes, podía asegurar que ya comprendía aquella palabra desconocida para ella por la que millones de seres humanos eran capaces de morir, amor.
No deseaba que Anthony se marchara, a pesar de que había recuperado toda su fortaleza, quería que permaneciera a su lado escondidos los dos en esa cabaña, perdida del mundo, solos, juntos… No entendía la magnitud de lo que sentía, solo entendía que todo su interior gritaba que era lo correcto, que se estaba enamorando.
Una noche recogió el valor que no sabía poseer, una noche decidió pedirle que se quedara a su lado, escuchando una vez más sus historias junto al fuego se coló entre sus brazos buscando un calor que solo él era capaz de proporcionarle, sintiendo su cálido aliento acariciando su oído mientras recitaba hazañas de héroes de antaño se giró con cuidado aguantando su mirada, suspiró tomando fuerzas para hablar mas no fue necesario, el pequeño hueco entre ambos pronto quedó atrás cuando Anthony cortó el espacio uniendo sus labios en un beso, un gesto casto y tierno que, como un huracán, despertó en su mente los recuerdos olvidados, sus vidas, su amor inalterado en el tiempo.
Con una sonrisa se separaron sabiendo que por fin, una vez más, se habían encontrado.
El mundo desfallecía, moría a su alrededor, ellos que tanto habían visto, que tanto habían vivido, no podían imaginar el horror del que hizo gala el ser humano durante esa turbulenta época. Alessandro necesitaba luchar, necesitaba partir nuevamente al ejército para contribuir en poner fin a esa locura de guerra. Lyana le suplicó que permaneciera a su lado, que se quedara pero él no pudo hacerlo. Partió una mañana, tras besarla una vez más, tras susurrar su promesa una vez más, mil vidas para amarte.
Las lágrimas caían por sus mejillas, apenas habían tenido tiempo de reencontrarse pero sabía que él no iba a volver, su interior se lo gritaba mas no pudo detenerlo, Alessandro tenía el alma de un guerrero y el corazón más noble que existía, nunca se quedaría al margen de una guerra de semejante magnitud.
Una guerra de la que Hades se sentía completamente orgulloso, la contienda que más almas le había regalado, la misma que terminó con la vida de Alessandro en el campo de batalla provocando su mezquina sonrisa y el dulce sabor de la venganza en sus labios.
Con Alessandro fuera de combate, su furia se centró en Lyana, esa estúpida chiquilla que eludía sus intentos de poseerla sin descanso. No le resultó difícil hacer llegar a la Gestapo el chivatazo de que la muchacha había dado refugio a enemigos del Führer, el fanatismo hizo el resto… Lyana pereció sabiendo que no vería el final de esa guerra por la que Alessandro fielmente dio su vida, por la que el mundo entero sangraba, pereció sabiendo que en otra vida volverían a encontrarse y rogando a los dioses que esta vez fuese en un mundo nuevo lejos del odio, del miedo, del olor de la pólvora y los gritos de aquellos a los que la guerra todo se lo había arrebatado.
Boston, Actualidad.
Regina despertó con el sudor frío invadiendo todo su cuerpo. Desde su despertar, desde que abrazó la identidad de Lyana como la suya propia no dejaba de tener ese sueño, la segunda guerra mundial, la última vida que habían vivido tan cargada de dolor, rabia y sufrimiento.
Temblaba sin poder evitarlo, provocando que Emma estrechase su abrazo volviendo del mundo de los sueños. Suavemente besó su mejilla buscando reconfortarla, susurrándole al oído palabras de aliento.
-"¿Otra vez la misma pesadilla mi amor?"
-Sí, vuelven los recuerdos de esa época una y otra vez en sueños
-"Se pasará, está muy reciente en tu mente, pero recuerda que estás a salvo ahora, no dejaré que nadie te haga daño"
-Lo sé amor, lo sé
-"¿Necesitas algo para volver a dormir? ¿Un vaso de leche?"
-Sí, un vaso de leche por favor
Besando su frente con ternura, Emma abandonó el lecho en dirección a la cocina para cumplir el capricho nocturno de su amada, dejándola unos instantes enfrentarse a sus fantasmas.
Regina suspiró mientras se frotaba los ojos espantando los resquicios de su pesadilla, cuando vislumbró su teléfono y en él la parpadeante luz de un mensaje. Lo cogió perezosa mirando quién le había escrito provocando un molesto nudo en su estómago.
Robin: Regina tengo que hablar contigo, no voy a parar hasta que lo consiga, si quieres que te deje tranquila reúnete conmigo en la biblioteca de la facultad de historia el viernes, si no vienes te juro que nunca te desharás de mi.
Tragó saliva con dificultad, Robin podía ser una auténtica molestia si se lo proponía, no necesitaba a su ex pululando en su vida ahora que por fin recordaba quién era y vivía su historia de amor con Alessandro, se reuniría con él, necesitaba que la dejase en paz de una vez por todas.
