Disclaimer: Los personajes de Inuyasha desgraciadamente no me pertenecen, son propiedad íntegramente de su creadora Rumiko Takahashi. Esta historia se trata únicamente de un medio de entretenimiento, y no de lucro.
Preparándose para la llegada
—¡Chicos!, ¡les tenemos una noticia enorme!, ¡del tamaño del mundo!—chillé súper emocionada, irrumpiendo cual huracán en la cabaña, causando un grito de sobresalto a todos los presentes en el proceso. La pequeña Rin dio un salto de miedo, y se escondió detrás de Sesshomaru…un momento…¿Qué carajos estaba haciendo Sesshomaru ahí?
La verdad, no me sorprendió en lo absoluto que todos se me quedaran viendo como si me hubiera salido una segunda cabeza. Y como no, si me fui de aquí echa una ruina emocional, y ahora vengo echa un remolino de emociones, era una noticia del tamaño del mundo, aunque parece ser que la que se va a poner de ese tamaño seré yo.
—Que…¿Qué sucede Kag?—preguntó dubitativa mi amiga castaña, sumamente contrariada mirándome con sorpresa.
—Inuyasha y yo les tenemos una noticia muy importante, que cambiará nuestras vidas para siempre…—adelanté, percibiendo como Inuyasha se colocaba detrás de mí, y me abrazaba con cuidado por atrás, sin importarle que todos lo estuvieran viendo.
—¿Qué puede ser tan importante?—preguntó intrigado el monje, tomando asiento en el piso, haciendo que tanto Inuyasha como yo repitiéramos su acción.
—Pues…—
—Inuyasha…embarazaste a tu humana—interrumpió sin emoción alguna dejando a todos mudos de la impresión y de la falta de tacto del youkai.
—¡Carajo Sesshomaru!, ¡al menos déjanos terminar de decirlo!—berreó Inuyasha detrás de mí, poniéndose de pie de inmediato, haciéndole frente al daiyoukai.
—Y encima la embarazaste de una camada, muy bien Inuyasha debo decir que ahora si me has dejado sorprendido—completó con un tono sarcástico, ciertamente feliz de arrebatarle de las manos a Inuyasha la oportunidad de decirlo.
—¡Maldito!, me aguaste la noticia infeliz…—respondió Inuyasha haciendo algo parecido a n berrinche, sin darse cuenta del verdadero ridículo que hacía.
Un momento…¡¿acaso dijo camada?!
¡Santo Dios!
—Oh por Dios, Oh por Dios, ¡Oh por Dios!—chilló Sango reaccionando por fin después de su ausentismo temporal, se levantó como resorte y se lanzó a mis brazos, otorgándome un abrazo extremadamente efusivo y cariñoso—¡no puedo creerlo aún!—completó sin soltarme.
—Vaya Inuyasha…a eso es a lo que yo le llamo efectividad…—señaló con un tono lascivo perfectamente notorio, desencadenando que Inuyasha rojo como su traje, le propinara un buen golpe en la cabeza, por avergonzarlo de esa manera con sus comentarios.
—Inuyasha…—murmuró Shippo subiendo al hombro del albino, logrando que todos nos giráramos a verlo, el pequeño adoptó una pose seria y muy madura para su edad que nos dejó intrigados—al fin has comenzado a madurar…me siento orgulloso—declaró el zorro con actitud solemne, haciendo que todos nos fuéramos para atrás de la impresión.
—¡Cállate zorro adelantado!—bramó Inuyasha tomándolo de la cola y dejándolo caer al piso.
—Inuyasha…—pronuncié aquella palabras con un tinte tan siniestro, que no solo el aludido se estremeció, si no que todos los presentes, haciendo que todos se giraran a verme.
—¡Kagome!, ¡no le hice nada al mocoso!, ¡cálmate!—gritó completamente nervioso, retrocediendo ante mi acercamiento lento.
—No es por eso torpe, ¡me embarazaste de una camada!, ¿Qué significa eso?, ¿tres, cuatro o cinco?—exigí saber con un tono cada vez más desesperado.
—Maldito Sesshomaru—musitó entre dientes, mirando al aludido con ganas de asesinarlo—este, Kagome…la verdad es que no sé, yo calculo que unos tres o cuatro—mencionó inseguro, lo cual no me tranquilizó para nada.
—Estúpido, serán cinco—aseguró el youkai, acercándose a ambos, mirándome penetrantemente—Inuyasha, me sorprende lo retrasado que eres, ¿Cómo pudiste embarazarla de una camada, siendo que ella es solo una humana?—agregó con tono ligeramente molesto, ahora mirándolo a él.
—¿A que te refieres con eso?—preguntó dudoso el ambarino, exteriorizando justo lo que yo pensaba también.
—Que va a ser un embarazo de muy alto riesgo, ni siquiera padre, se había aventurado a engendrar más de un hijo con sus mujeres, si puedes darte cuenta, yo soy hijo único de Irasue, y tú de Izayoi; sobretodo con la humana, mi padre tomó muchas precauciones, un embarazo youkai nunca es fácil, ya que el no-nato, viene equipado con garras desde antes de nacer—explicó seriamente Sesshomaru, manteniéndose impávido.
Inuyasha abrió los ojos como platos, sin darle crédito a lo que había escuchado, los chicos dejaron escapar un alarido de sorpresa y miedo; y yo, yo sentí que me ponía azul.
—Ga…garras, en mi tiempo ya es difícil dar a luz a cinco niños, pero el que sea un demonio lo complica mucho más—murmuré, con voz tan baja que solo me escucharon los youkai. Inuyasha me miró con arrepentimiento, y se acercó a mí abrazándome protectoramente, tenía miedo, tanto o más como yo.
—Inuyasha, Kagome; lo mejor es que busques ayuda en tu época, seguro que en ella tienen una mejor manera para tratar esto—sugirió la anciana Kaede hablando por primera vez en este rato.
Ambos nos giramos a verla, tenía razón, sin embargo…en mi época no era para nada normal que una mujer diera a luz a niños con rasgos demoniacos.
—Se…Sesshomaru, lo…los bebés, ¿pueden nacer con rasgos demoniacos?—formulé con dificultad, observando intensamente al albino, él se giró y pareció quedarse pensativo por un momento.
—En definitiva sí, pueden pensar que por tratarse de hijos de un medio demonio, serán de bajo poder demoniaco, pero, el que la madre sea una sacerdotisa de alto poder influye mucho también, es como si completara el poder con el suyo, por lo tanto los cachorros pueden nacer siendo un poco más fuertes que un medio demonio, y sobretodo inmunes a los poderes sagrados—aseveró entrecerrando ligeramente los ojos.
Al instante el alma se nos cayó a Inuyasha y a mí a los pies. Se les notaría su herencia demoniaca, no era un problema para mí, pero si para los de mi época, no puedo ir con un doctor.
—Sesshomaru…¿no hay manera de ocultar sus características?, ¿no sé con un objeto o con un hechizo?—preguntó Miroku con precaución.
—Puede ser, quizás la bruja del bien y el mal, en la montaña más alta de mis territorios, tenga algo que sirva, pero tendrán que pagarle mucho…—expresó cerrando los ojos, para después abrirlos y mirarnos de nuevo—por cierto, les aviso por si no saben, que el embarazo de cachorros youkai, dura menos tiempo que el de un humano—agregó.
—¡¿Cuánto?!—pregunté mostrándome asustada.
—Seis meses…quizás menos en tu caso, pero aproximadamente eso—aseguró girándose a ver a Rin y a su sirviente—debo irme, Rin, después volveré; Jaken, muévete—expresó retirándose de la cabaña, sin mirar atrás.
Mierda…
Esto que se me venía encima era peor de lo que había imaginado, y no por los bebés, porque aún no han nacido y los amo más que a nada en este mundo, si no por los problemas que se vendrán para tenerlos.
—Tenemos que ir a ver a esa bruja cuanto antes Kagome, después iremos a tu época a decirle a tu familia—declaró Inuyasha sumamente serio caminando hacia la salida, yo asentí y lo seguí. Afuera nos encontramos con Sesshomaru, el cual se giró apenas un poco para observarnos.
—Yo voy hacia allá, podría mostrarles donde vive esa hechicera—propuso Sesshomaru sin imprimir demasiadas emociones en sus palabras. Sin embargo tanto yo como Inuyasha se lo agradecimos muchísimo, Sesshomaru había sido de gran ayuda, primero me evitó que Inuyasha se suicidara, luego me regresaba a mí a la vida, y ahora salvaba la de nuestros pequeños.
—Sesshomaru, muchas gracias, nunca nos alcanzará la vida para pagarte todo lo que has hecho por nosotros—agradecí sumamente conmovida, con algunas lágrimas rodando por mi rostro, era verdad, nadie lo hubiera hecho como él.
—Es cierto Sesshomaru, te juramos que siempre nos tendrás para lo que necesites, no importa que sea—aseguró Inuyasha, con el sentimiento a flor de piel, casi podía ver las lágrimas que se asomaban en sus orbes doradas.
Él solo se limitó a observarnos de reojo, y sin mediar palabra, levantó su mirada al cielo, comenzando a levitar, llevando a su sirviente con él. De la cabaña salió rápidamente Kirara, transformándose al instante en su forma demoniaca. Le agradecimos con una sonrisa y ella solo profirió un suave gruñido, subimos a su lomo y ella se dio prisa en seguir al youkai.
Se podría decir que era un viaje largo, realmente desconocía en que lugar se encontraban las mencionadas tierras del oeste, pero supongo que no se encuentran tan cerca como imaginaba. Cuando por fin pensaba preguntarle a Inuyasha, Sesshomaru giró hacia la izquierda, cambiando de rumbo. Sin decir nada continuamos siguiéndolo, y al fin logramos ver unas enormes montañas que se alzaban frente a nuestros ojos.
Estaban completamente pobladas de vegetación, no había un solo lugar que estuviera árido, Sesshomaru siguió volando hasta la punta, donde aterrizó con su elegancia acostumbrada.
Cuando Kirara también se posó en tierra firme, pudimos notar la lujosa casa que se encontraba ahí, no era demasiado aparatosa, pero era de buen ver. Sin mediar palabra Sesshomaru se dirigió a la puerta de aquella casa, donde tocó con suavidad la puerta, aunque con firmeza.
No tardaron demasiado en abrirla, se trataba de una mujer de cabello violeta de al menos cuarenta años, de baja estatura; bastante guapa aún. Se podía notar lo contrariada que se encontraba por el encuentro con el albino, sin embargo no pareció durar mucho su turbación.
—Lord Sesshomaru—saludó haciendo una respetuosa reverencia—¿Qué le trae por aquí?—preguntó amablemente, recuperando su erguida postura.
Sesshomaru no respondió nada, solo se giró levemente, permitiendo que la mujer pudiera vernos a nosotros. Kirara había vuelto a su compacta forma, y se encontraba en mis brazos. La mujer nos observó ligeramente sorprendida, pero después permitió que una sonrisa se generara en su rostro.
—¿Es su hermano no es así señor Sesshomaru?—preguntó, a sabiendas que no le respondería—¡no se queden ahí!, ¡por favor pasen!—invitó la mujer, haciéndose a un lado para que el lord entrara en su humilde morada.
—Yo ya me retiro—avisó el youkai, caminando hasta el borde del precipicio, donde se volvió a elevar, llevando junto a él, al sapo verde que por primera vez en mucho tiempo no había dicho nada en mucho rato.
Cuando el youkai pasó al lado de Inuyasha, éste lo observó con una mirada infinitamente agradecida, y nosotros sabemos, que Sesshomaru lo notó.
Obedecimos la amable invitación de la mujer, y entramos a la casa, donde ella nos guio hacia una pequeña sala, donde nos invitó a sentarnos.
—¿Puedo saber que les trae por aquí?, señores…—preguntó sin saber bien como dirigirse a nosotros.
—Yo soy Inuyasha, y ella es Kagome—presentó con agilidad mi esposo abrazándome por la cintura.
—Muy bien señor Inuyasha, mi nombre es Kitai, ¿En que les puedo ayudar?—indagó la mujer con interés, tomando una tetera que se encontraba en la mesa, sirviendo un par de vasos, que antes podría haber jurado que no se encontraban. No los entregó con cordialidad, acto que yo agradecí ya que tenía bastante sed.
—Sesshomaru nos dijo que usted es una hechicera muy poderosa, y queremos saber si usted puede hacer un amuleto o algo que pueda anular la vista de rasgos demoniacos—expliqué dejando el té sobre la mesita, observando con súplica a la mujer.
Esta pareció sorprenderse por la petición, y se puso en actitud pensativa. Después de algunos segundos, demostró haber encontrado la solución.
—La verdad es que si tengo lo que buscan, pero no será barato, además necesito saber, ¿para que lo necesitan?, ¿es para usted señor?—preguntó la hechicera entrecerrando ligeramente los ojos.
—No son para mí, si no para mi esposa, si puede notar, ella se encuentra encinta, y necesito que mis vástagos no sean notados como hanyou, ya que en el lugar donde ella vive, podría ser peligroso; aunque la verdad es que si me interesaría que creara uno para mí—declaró el ambarino con porte serio.
—¿Cuántos cachorros serán?, para saber que materiales necesitaré…—indagó con un tono un poco más confianzudo y amable.
—Cinco...—murmuré algo avergonzada, debe de pensar que soy una especie de coneja.
—Muy bien—respondió sin mostrarse en ningún momento sorprendida—pero…¿eres una sacerdotisa no es así?, puedo notar una fuerte aura sagrada a tu alrededor—aseguró Kitai, bastante intrigada, tomando su taza de té, dando un ligero sorbo.
—Sí—respondí con las mejillas algo sonrojadas.
—Entonces…les diré lo que necesitaré para mi hechizo, vayan con el viejo Toutosai, y pídanle que les forje seis brazaletes en platino, si pueden colocarle piedras preciosas mejor aún, puedo imaginar que piensan que será sumamente caro, pero necesito que sea de esos materiales, para que pueda contener al hechizo—explicó la mujer con seriedad—una vez que los tengan, regresen conmigo, y les diré lo que quiero como pago por el trabajo—hace una pausa—y para poder probar en el señor Inuyasha su efectividad—finalizó sin perder la sonrisa en ningún momento, pasando su mirada por mí y por Inuyasha, seguramente estudiando nuestras reacciones.
—De acuerdo, cuando tengamos eso, regresaremos lo mas pronto posible—respondió Inuyasha poniéndose de pie, dándome la mano para ayudarme a mí.
—Muchas gracias por recibirnos señorita Kitai—me despedí, otorgándole una de mis mejores sonrisas, ella negó y se dirigió a nosotros.
—Los acompaño—murmuró, escoltándonos a la puerta, donde nos despidió con la mano.
Kirara volvió a transformarse, tomando rumbo esta vez hacia donde sabía se encontraba el viejo Toutosai. Después de un largo camino, visualizamos el volcán donde vivía el anciano.
—¡Viejo!—bramó Inuyasha al sentir que Kirara aterrizó, me ayudó a bajar y se introdujo en la cueva. Escuché algo parecido a un golpe, y unos reproches diciendo algo de muchacho grosero e irrespetuoso; cuando Inuyasha por fin salió con el viejo tras él.
—¡Señor Toutosai!—saludé con alegría, agitando mi mano, y corriendo hacia ellos.
—Oh Kagome…—se quedó mudo, dejándonos confundidos—¿está preñada?—preguntó el anciano sin delicadeza, logrando que a Inuyasha y a mí se nos subieran los colores al rostro; hasta que Inuyasha le propinó un coscorrón en la cabeza al viejo.
—Hay perdón—se disculpó el anciano al saber que nos había avergonzado.
—¡Amo Inuyasha que excelente noticia!—se escuchó, hasta que Inuyasha se golpeó la nariz, mostrando al dueño de esa voz.
—Myoga—murmuró Inuyasha conteniendo a la pulga en su mano—¡no tenemos tiempo que perder!, ¡Toutosai!, necesito que nos hagas un trabajo…—explicó Inuyasha ignorando a la pulga durante un momento.
El viejo pareció ponerle seriedad al asunto, ya que sentó en el suelo, esperando que nosotros hiciéramos lo mismo.
—¿En que puedo ser útil?—preguntó conciliadoramente el anciano.
—Necesitamos que nos hagas seis brazaletes de platino, y te daré diamantes para que los incrustes en ellos—soltó Inuyasha inclinándose hacia adelante.
—De acuerdo, pero no será gratis, tengo el platino, pero quiero que me traigan la comida que les pediré, y un diamante de Tetsusaiga, para empotrar los trozos en los brazaletes—contestó el viejo, hurgándose en el oído, seguramente limpiándolo.
—Amo Inuyasha, eso se lo mandó la bruja Kitai, ¿no es así?, quiere hacer un hechizo de ilusión…—indagó la pulga sentándose en la palma del albino. Este solo asintió, y Myoga se levantó de golpe, saltando como loco.
—¡Tendremos seis herederos más!, ¡que alegría!—chilló la pulga dando saltos de allá para acá. Inuyasha solamente amenazó con aplastarlo de nuevo con su dedo; por lo que decidió callarse.
—Sólo serán cinco…el otro es para mí—aclaró el ambarino, con las cejas notablemente fruncidas.
Yo solo alcé la ceja con cansancio, ¿Sólo?, ¡pues cuantos quería!
—De acuerdo, puedo imaginarme para que los quieres muchacho, los tendré lo más pronto posible—aseguró el viejo sonriendo ligeramente.
Permanecimos un rato dándoles los detalles de la noticia, lloraron un poco he incluso no abrazaron. Sin embargo, no se nos olvidaba que aún nos quedaba algo muy importante por hacer…
Faltaba mí familia por enterarse.
¡Santo Dios!, que dirán al saber que su niña de quince años está embarazada…¡y de quintillizos!
—Inuyasha…—musité altamente preocupada, éste se giró a verme para intentar averiguar que me sucedía; al instante comprendió y tocamos retirada.
—Nos tenemos que ir…tenemos asuntos importantes que resolver—se excusó Inuyasha sin mucha delicadeza, haciéndole la muda petición a Kirara para que se transformara. Ésta captó la indirecta, y se transformó en la gran gata de fuego que era.
Los ancianos asintieron con energía y se despidieron de nosotros, Inuyasha me levantó con cuidado por la cintura, y me sentó en el suave lomo de la gata; para después subirse él.
—Kirara…por favor llévanos al pozo—pidió el albino acariciando con delicadeza su cabeza, ella profirió un ronroneo de placer, y simplemente tomó camino hacia allá. Yo me incliné sobre Inuyasha para quedar cerca de la oreja izquierda de la gata, con la intención de que me escuchara.
—Kirara…prometo que te traeré mucha comida como agradecimiento, eres una excelente amiga—aseguré repitiendo la acción de mi amado, pero poniendo especial énfasis en las negras orejas. La gata únicamente se limitó a ronronear con más potencia, pero sin perder de vista el camino.
Una vez que nos dejó ahí, le di un pequeño beso en su suave frente, escuchando el manso silbido que genera el animalito, sonriendo al acto.
Inuyasha me afianzó por la cintura, y sin más dilación saltamos al pozo. La luz violeta nos recibió con los brazos abiertos, suerte que aún conservo un fragmento de la perla…
Hablando de la perla…¿Dónde había quedado?
—Inuyasha…¿Dónde está la perla de Shikón?—pregunté inquieta, sumamente preocupada por su paradero. Inuyasha pareció sorprenderse por la pregunta, pero su rostro turbado me dio un mal presentimiento.
—La verdad es que no lo sé, Naraku no la llevaba consigo, o por lo menos…no me di cuenta—respondió con voz apenada, pero sin dejar atrás su porte preocupado.
—Descuida, nos encargaremos de ello una vez que regresemos—murmuré conciliadoramente, la verdad es que ahorita no estaba ni de humor como para andarme preocupando por eso.
Cuando tocamos el suelo firme del otro lado del pozo, Inuyasha saltó fuera de él, conmigo en brazos. Una vez fuera, nos dirigimos a paso decidido hacia mi hogar.
Vaya que será difícil, pero no podemos seguir postergando esto…además, necesito todas las opciones para atender lo de mi embarazo, necesito forzosamente a un doctor de esta época.
Al abrir la puerta y tomar camino a la sala, nos dimos cuenta que todos se encontraban en la cocina, por lo que sin más dilación nos dirigimos ahí.
—¡Kagome!, ¡Inuyasha!, que alegría verlos por aquí, por favor siéntense a comer—saludó mi madre, corriendo a abrazarme con fervor, llegando incluso a hacer lo mismo con Inuyasha que se mostró bastante apenado por su acción.
—¡Hermanita!, que bueno que has vuelto, ¡Orejas de perro!, ¿quieres jugar videojuegos después de comer?—invitó alegremente el niño, queriendo levantarse de la mesa.
—Kagome…¿me trajiste algún trozo de youkai?—preguntó el abuelo, mostrándose sumamente emocionado. Sin embargo ante su pregunta todos nos le quedamos viendo raro—¿Qué?, ¿acaso no le puedo preguntar?—se defendió el anciano, cruzando los brazos aparentándose ofendido.
Mi madre solo sonreía con nerviosismo y Souta simplemente lo observaba con cara, de no querer ser reconocido como familiar de él. Inuyasha carraspeó ligeramente, logrando que toda mi familia lo observara interrogante.
—Este…mamá—empecé sumamente nerviosa, sentía que el sudor escurría por mi frente, y que las manos se me ponían frías. Ella por su parte tomó asiento en la mesa, invitándonos a que nosotros también lo hiciéramos.
—¿Si hija?—apoyó mi progenitora, sonriéndome con dulzura.
Sin una idea de como decirlo, recorrí con la vista la cocina, acogedora, con tantos recuerdos, con las sillas exactas para todos nosotros.
—Mamá…creo que tendremos que comprar un comedor más grande—declaré sonriendo con calidez, recibiendo en respuesta las expresiones confundidas del resto de la familia, he incluso de Inuyasha. Debe de estar pensando, ¿Qué carajos tiene que ver eso con el tema?
—No veo ningún problema con este comedor, es perfecto para nosotros—respondió mi madre sin poder entender de que estaba hablando. Mucho menos los varones de la casa.
—Lo digo porque pronto, necesitaremos más sillas para poder estar juntos—finalicé envolviéndome en un marcado sonrojo. Mi madre abrió los ojos como platos, llevándose las manos a la boca.
Temí lo peor, mientras que mi abuelo y hermano solo intercambiaban miradas entre mi madre y yo, intentando encontrar la explicación al extraño comportamiento de ambas. Pero Inuyasha ya había captado y se encontraba tan tenso como una tabla.
De pronto mi madre se levantó de la silla de golpe, y con una sonrisa enorme, se lanzó sobre mí, abrazándome con fervor, gritando en repetidas ocasiones.
—¡Hija estoy tan feliz!—chilló mi progenitora, permitiendo que me levantara para poder abrazarme mucho mejor. Comenzamos a llorar ambas como magdalenas, disfrutando de la atmósfera de amor y comprensión.
—Si mamá, estoy embarazada—confirmé las dudas de mi madre, percibiendo como el abrazo maternal redobló su fuerza.
—¡Santo Dios seré bisabuelo!—exclamó llorando como loco mi anciano abuelo.
—¡Y yo tío!—secundó mi hermano saltando sobre su silla.
—Cuantas—hizo una pausa, secándose las lágrimas—¿Cuántas sillas deberé de agregar al comedor?—preguntó mi madre con la palabra emoción escrita por toda la cara.
—Cinco—respondí apenándome de pronto, recibiendo un alarido de incredulidad de parte de mi familia, y los ojos casi desorbitados.
—Hija…creo que deberemos de hacerle una visita a tu prima Nozomi—acotó seriamente mi madre, cambiando su rostro feliz por uno preocupado.
—¿Nozomi?—repetí dudosa, la verdad es que no recordaba tener alguna prima con ese nombre. Inuyasha se acercó a mí, y me rodeó con sus brazos protectoramente, apoyando su mentón en mi cabeza.
—Nozomi, la hija mayor de tu tía Kanari—explicó mi madre con una delicada sonrisa, dejando pasar mi olvido.
—¡Cierto!, ¡Nozomi!, pero…hace años que no los vemos, quizás desde que tenía tres años..—agregué, esperando que mi madre me diera la respuesta del porque deberíamos visitarla.
—Cierto, pero hace algunos meses, llamó para avisarme que ella regresaba de Kyushu, para establecerse acá en Tokyo, con la clínica que ella y sus dos hermanas Tora y Hanon, han establecido—completó mi progenitora, por fin dando a entender a lo que quería llegar.
—¿Qué especialidad tienen las tres?—indagué sintiéndome esperanzada.
—Hanon Obstetricia, Tora Anestesióloga, y Nozomi Ginecología…las tres fundaron la clínica para el cuidado de la mujer—explicó mi madre asumiendo seriedad.
—Sí madre, habremos de ir a hacerles una visita—finalicé abrazándome a Inuyasha, que ni siquiera había entendido eso que habíamos dicho anteriormente.
Mi familia sonrió, abrazándose a mí también, Souta se abrazó a mi estómago, y murmuró algo como seré tío, y el abuelo lloriqueaba que sería el bisabuelo más joven. Mi madre nos abrazaba con cariño a mí y a Inuyasha, me encantaba pensar, que mi mamá le daba el apoyo de una madre que le faltaba a Inuyasha.
Tengo mucha suerte, mi familia es un amor.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
¡Hola!
Ok…sé que deben de pensar que ahora si tienen visiones, pero…no sé ya lo que quería era terminar este capítulo.
Oficial, a esta historia le queda solo un par de capítulos más, y no habrá epílogo; me encargaré de hacer completo el final.
Por favor no duden en dejarme comentarios.
En realidad quería ser algo mala…quería llegar hasta "Por ti volveré a vivir", y creo que en ese me tardaré un poco, ya que el capítulo que se viene, ya son mayores, y tienen unas situaciones medio complicadas por ahí.
Así que…veamos cuanto me tardaré en publicarlo, puede que una semana, dos o simplemente unos días.
Espero que nos leamos pronto.
Besos…
