Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer yo soy dueña del resto de la trama y me divierto haciéndolos sufrir como villana de telenovela barata, separándolos, juntándolos, haciendo que se insulten, que se reconcilien…en fin, haciendo que hagan lo que a mi se me de la gana xD

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Por favor, lean la nota de autor, es importante :D

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En memoria de todos esos sueños e ilusiones que algún día fueron el motor de una vida, la esperanza que alentaba al corazón a latir y hoy ya no serán, para bien o para mal…

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Capítulo 12: Learn to say good bye…

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Duró como 5 minutos. Esa fue toda la incomodidad que pude soportar.

Había quedado junto a Alice y nadie tuvo la delicadeza de advertirme lo mucho que manoteaba y pataleaba dormida.

Esquivé como 10 de sus 500 golpes y mi cuerpo ya me estaba empezando a reclamar por los lugares golpeados.

-Ay...—escuché un susurro por encima de mi cabeza y fruncí el ceño ¿No Edward estaba dormido ya? Ese sonido no era propio de los que se entregan a los brazos de Morfeo.

Con sumo cuidado, levanté mi cara. La barbilla de Edward aún estaba en mi coronilla, si me movía bruscamente, lo despertaría, y si tenía un carácter como el mío al despertar… bueno, yo no quería ver eso.

Divisé primero su mandíbula, su barbilla, sus labios entreabiertos y tentadores, su nariz perfecta… hasta que llegué a sus ojos, que para mi sorpresa, estaban abiertos, escaneándome.

Le intenté sonreír, pero su sonrisa fue mejor que la mía, como era de esperar.

-¡Hey!—su voz era un susurro muy bajo, creo que si no hubiera estado pegada a él, no lo hubiera oído-¿Qué haces despierta aún? Hace un rato te estabas cayendo de sueño.

-Hum…-no sabía si decirle la verdad, pero al final cedí—No estoy muy cómoda que digamos—torcí el gesto y luego lo miré con los ojos entrecerrados-¿Porqué no me dijiste que tu hermana se movía tanto?—Se rió bajito.

-Bueno, creí que hoy no lo haría, Jasper la está abrazando y según él, ella casi no se mueve cuando duermen juntos. No es que me interese saberlo…

-Pfff…pues lo hace, no creo que mi cuerpo soporte un golpe…-y el brazo de Alice cayó bruscamente sobre mi cintura, haciéndome sisear de dolor, no era el primero que me propinaba ahí—más…

-¿Estás bien?—preguntó Edward con tono preocupado

-Eso creo—alcé mi mano para sobarme, dolía más de lo que podría admitir…

-Así que por eso no estás durmiendo

-Si… ¿Pero qué hay de ti? También deberías estar mínimo en el 4to sueño

-Oh, bueno, mi excusa no es tan diferente de la tuya. Rose da unas patadas de mula increíbles…-solté una risita.

-Ya veo, ¿Por eso te quejabas, no es así?

-Oh, si… Me disculpo si esto te despertó—negué contra su pecho, sonriendo aún.

-Ya te he dicho que no fue por eso. Otra Cullen fue la causante—entonces se recargó en el tope de mi cabeza de nuevo, sofocando sus risas en mi cabello.

Suspiré, inhalando de nuevo mi fragancia preferida, frotando mi nariz en sus bien formados músculos. El agarre en mi cintura se hizo más fuerte e imitó mi acción; frotó su nariz en mi cabello.

Alice rompió el momento pateando una de mis piernas, y creo, por el sonido que salió de la boca de Edward, que Rosalie hizo lo propio.

-Creo que nunca vamos a conseguir dormir aquí, ¿No?—le pregunté.

-Yo creo que me leíste el pensamiento—se llevó una mano a la cintura para sobarse.

-¿Te parecería bien salir de aquí?

Se quedó en completo silencio un largo rato. Estaba a punto de retirar mi oferta cuando habló.

-Claro ¿Porqué no?

Muy cautelosamente, se puso de pie, con una agilidad y elegancia que estaba segura que nunca vería en mí, Estiró una mano hacia mi persona y me ayudó a levantar.

El espacio era muy reducido y enseguida de que nosotros nos quitamos de nuestro sitio, las chicas rodaron a la cancha vacía, llevándose a Emm y a Jasper con ellas. Unas risas se oyeron de nuestra parte.

-Andando—le susurré. Me jaló de la mano que ya tenía sujeta y salimos de la casa de campaña.

Afuera se quedó quieto, incómodo, como dudando de que hacer. Carraspeé para hacerme notar un poco.

-Alice me ha espantado el sueño por completo, así que… Creo que me gustaría ir a la piscina un rato…No estás obligado a seguirme—me apresuré a añadir—Puedes ir a tu habitación a dormir con Tanya.

-Cielos, no. Estás loca si crees que te voy a dejar salir sola, y menos así vestida—replicó, señalando mi vestimenta con su dedo índice y escaneándome con sus ojos. Le fruncí el ceño.

-¿Tan mal estoy? Las chicas me dijeron que me veía genial.

-Y ese es exactamente el problema, te ves asombrosa con eso, ¿Y si a algún huésped se le ocurre salir y quiere llevarte a su habitación?

-¿Cuál es el problema? ¿Y si está guapo? Mejor aún, si es alguien como… Ian Somerhalder…-sugerí.

-No estoy jugando, no es una broma Isabella—estaba totalmente serio, unas arruguitas surcaban su frente y parecía que si me acercaba un paso más a él, me iba a morder.

-¡Lo se! ¡No juego! Es mi oportunidad perfecta para conseguir un novio del otro lado del mundo—ironicé, pero creo que no lo notó. Gruñó. Literalmente.

-Iré contigo, y esa es mi última palabra—le rodé los ojos.

-De acuerdo, de acuerdo chico protector, iremos juntos—entonces volvió a su posición incómoda

-Si, yo… es algo que también hubiera hecho por Alice y por Rose…

-Si, estoy segura, sobre todo teniendo el novio y el esposo que ya tienen… Andando.

Me calcé las pantuflas y algo llamó mi atención en la cama. Titubeé, y al final decidí tomarlo.

-¿Qué haces? ¿Llevarás a esa… cosa?—me giré muy rápido a verlo.

-Oye, no llames "cosa" a Eddie. Él es mucho más lindo que tú

-¿Más lindo que yo, dices? ¡Por Dios! ¡Nadie es más lindo que Edward Cullen!—gritó, abrí los ojos como platos y él se tapó la boca lo más rápido que pudo.

Alguien se removió en la casa de campaña y nos quedamos quietísimos, como en pausa. Estiraron los brazos, las piernas… uno golpeó a otro y ese otro devolvió el golpe, y después…nada en absoluto. Ellos siguieron inmersos en el mundo de los sueños.

Suspiré de alivio mirando a Edward, que también soltó el aire de golpe.

-Tenemos que salir de aquí—asintió y nos dirigimos al pasillo.

Yo salí primero y él cerró la puerta con una delicadeza extrema. Otra vez nos quedamos como idiotas, yo abrazando a mi vampirito y él mirándome con odio.

-¿Qué te pasa?—le pregunté.

-Es infantil tu fijación por esa cosa de trapo—le entrecerré los ojos.

-A ver a ver a ver, no te metas con Eddie…-me detuve abruptamente. ¿Otra vez?—Ok, no vamos a pelear ahora, ¿Vale? Si crees que soy tonta e infantil, bien por ti—me sonrió, estiró los brazos hacia mí, tomó mi cintura y me abrazó, riendo entre dientes.

-No eres tonta, creo que es parte de tu encanto ser un poco infantil aún. Así estás perfecta—me separé de él, con delicadeza, sonriendo y sonrojada.

-Gracias…supongo—froté mi nariz con el dorso de la mano en la que sostenía a Eddie y rió de nuevo. Luego me arrebató a mi bebé.

-¡Hey! No le hagas nada malo—le dije mientras me empujaba con un solo brazo.

-Cálmate, no le voy a hacer nada—le examinó minuciosamente y luego sonrió—Creo que hasta tiene su… toque especial.

-¿Lo ves?—me alejé de él—Solo era cosa de que dejaras tus prejuicios a una lado.

-Vale—observó unos segundos más a Eddie y suspiró— ¿Vamos a la piscina entonces?

-Claro

Caminamos juntos por el pasillo y pude notar como se le quedaba viendo a la puerta de su habitación.

-Te lo repito Edward, no te sientas obligado a acompañarme. Puedes entrar ahora a tu habitación y disfrutar de tu tibia y cómoda cama.

-No no, no es eso. Es que yo… esto… bueno, me preguntaba que es lo que estaría haciendo Tanya… mi novia—corrigió—en estos momentos.

Me detuve frente al ascensor, su pregunta me descolocó.

-Oh, bueno, pues… lo obvio a las… ¿3? ¿4 de la mañana?—especulé—Dormir.

Él negó con aspecto triste.

-No lo creo, ni siquiera creo que esté ahí adentro.

Le fruncí el ceño. ¿De que estaba hablando? ¿Sería posible que…? No, Tanya era muy cuidadosa en ese punto. Además lo tenía todo lelo enamorado y por eso confiaba en ella ¿No?

-¿De qué estás hablando?—dejé fluir mi pregunta tal cual la estaba pensando, presioné el botón que llamaría al ascensor mientras esperaba una respuesta.

-No es nada en especial. Hay cosas que se conocen y… te hacen sentir como idiota… o liberado…-¿Cómo? ¿Cómo se supone que debería interpretar eso?

-A ver, a mí no me hables en clave Cullen. Si necesitas decirme algo, dímelo. Si necesitas que te aconseje, que te apoye, que te regañe, que golpee a alguien por ti… bueno, aquí estoy.

Me sonrió, pero esta vez, no había sinceridad en sus ojos, fue simple compromiso.

Sonó el timbrecito del elevador, las puertas se abrieron y ambos ingresamos en silencio. Presioné el botón más alto y se cerraron las puertas para comenzar a subir.

Me recargué en la pared más próxima y lo observé, jugando distraídamente con mi peluche, con la cara que solo ponen las personas que están carburando bastante.

Insistirle para que hablara conmigo de eso que le molestaba no serviría de mucho, podía verlo, aún sin intentarlo. ¿Cómo podría hacer que ese mal episodio pasara?

Agggghhh… y luego estaba esa estúpida música de elevador que no me dejaba pensar… ¡Bingo!

-Odio la música de elevador—mencioné en un tono más alto del normal. Llamando de inmediato su atención. Me miró como si hubiera roto el hilo de sus pensamientos.

-¿Eh?

-No me gusta, quiero decir. Es tan… desesperante, tan… horrible. No se como explicarlo…-comencé a hacerme bolas yo sola.

-Lo se. Tampoco me gusta. Podrían poner algo de… The Killers o yo que se—sonreí ante su apoyo.

-Read My Mind estaría bien—eché mi cabeza hacia atrás, cerrando los ojos y pensando en la canción.

-The stars are blazing like rebel diamonds, cut out of the sun…-cantó

-…When you read my mind…-le complete. Abrí los ojos y tenía una sonrisa increíblemente grande en su cara.

-Wow, cantas precioso.

Me sonrojé y desvié la mirada, riendo de nervios.

-Por favor, fueron solo unas 5 palabras… no es para tanto.

-Claro que si. Tienes una voz hermosa ¿Qué importa el número de palabras?

-Se que mientes, mamá siempre me dijo que canto horrorosamente mal—admití soltando una risilla por aquella vez en que me lo dijo. Fue un golpe fuerte, pero nada que no pudiera sobrellevar.

-Pues ella fue la que te mintió, no yo.

-¿Llamas mentirosa a mi madre?—dije fingiendo sentirme ofendida y sorprendida.

-¡No! Claro que no, pero… bueno, el caso es que a mi me gusta tu voz.

Se sonrojó como yo y se cruzó se brazos. Me dio mucha risa la imagen y me carcajeé, con él haciéndome segunda.

Cuando acabamos de reir, el ascensor estaba por llegar.

-¿Seguro que estás bien?—la preocupación estaba tatuada en mi tono.

Se giró a mí y sonrió ampliamente. Sus ojos volvían a brillar y supe que esta vez si era genuina su felicidad.

-Por supuesto. Siempre debes recordar, Bella, que lo que no te mata…

-…Te hace más fuerte—completé por él. Negó con su cabeza.

-No, te vuelve paranoico—volvimos a reir y llegamos a nuestro piso deseado.

-¿Paranoico? ¿Qué es ser paranoico?—jugué y se puso en una pose muy filosófica.

-Bueno, desde mi punto de vista…-se rascó la babilla como si de verdad estuviera reflexionándolo. Si, aha…-Creo que un paranoico es alguien que tiene un leve indicio de lo que se está cociendo…-me reí escandalosamente,

-En serio… ¿De dónde lo sacaste? ¿De detrás de una caja de cereal?

Me frunció el ceño pero seguía sonriendo, ya en su postura normal.

-No, no lo saqué de una caja de cereal, viene en un libro—le hice un gesto con la mano mientras reía aún y las puertas nos dejaban salir.

Como todo un caballero, me dejó salir a mi primero y le agradecí agachando mi cabeza.

Caminé por el pasillo, todo estaba silencioso y las luces eran muy tenues.

La piscina estaba iluminada, las estrellas brillaban en todo su esplendor la calma reinaba en el lugar.

Me senté en una silla de playa cercana a la piscina y al barandal y Edward hizo lo propio en la siguiente.

Suspiré y miré de nuevo el lugar, sintiéndome repentinamente nostálgica.

-Será difícil disfrutar algo así al regresar a Londres—susurré para mi misma, pero claro que mi acompañante y su oído biónico me alcanzaron a oír.

-¿A qué te refieres?

-Hmm bueno, Londres no es exactamente el lugar más soleado y caluroso del mundo. No puedo recostarme así y disfrutar del sol o la temperatura todos los días. No es que me haya importado mucho anteriormente, adoro la lluvia. Además, tengo un trabajo un poco estresante; clases con universitarios, editar revistas, viajes, tu sabes… no suelo tener muchos tiempos de descanso, por eso mis hábitos del sueño son tan malos. A Emmett le gusta reprenderme por eso, pero ya estoy acostumbrada—me miraba entre fascinado y melancólico—Pero supongo que siendo tú un doctor, sabes de esas cosas. Con lo de las guardias nocturnas y eso…

Asintió levemente.

-Mas o menos, si.

Nos quedamos en silencio otra vez. Me distraje viendo las ondas del agua que se movían suavemente con el viento.

-Entonces…-empezó y centré mi atención en él—Estás muy feliz de regresar a casa ¿No? Después de todas las locuras que viviste aquí, quieres olvidarte de todo.

-No precisamente. Regresar a casa si me hace feliz, pero… no quiero olvidarme de todo Edward, claro que no.

-No es necesario que mientas Isabella, se que no hemos sido muy de tu gracia…

-No no no no no, a ver. Edward, todo lo que viví aquí fue una locura, si. Nunca había encontrado gente tan especial y se han ganado un lugar en mi corazón. Son tal y como Emmett me los describió; Completamente desquiciados y anormales pero adorables. Me dio gusto ver a mi hermanote después de tanto tiempo y lo amo más que antes, si eso es posible. Amo a mi nueva cuñada, Rose, porque se que no puede haber mejor mujer en el mundo para Emmett, amo a Jasper por su forma de controlar a su novia y por ser tan tranquilo, el más normal de todos, me atrevo a decir. Amo a la enana de Alice por toda esa energía que tiene, por su positivismo y por ser tan linda conmigo, y claro que te amo a ti Edward…-no a ver, eso ya se oía muy directo…- como amigo, claro, aunque no hayamos muy amables desde el principio, se que tus motivos tendrás para hacer lo que hiciste. Eres muy inteligente, y muy lindo. Me gusta platicar contigo de x o y cosa. Se que todos serán mis amigos aún después de que me vaya.

Sus ojos brillaban aún más que antes, su sonrisa torcida era preciosa y me empecé a preguntar si no me había pasado con mi discurso. Lo dije todo tal y como lo sentía.

-Gracias Bella—fue todo lo que dijo. Se levantó de su silla, se acercó a mí y me envolvió en sus brazos.

-No hay por que. Gracias a ti—le devolví el abrazo y él enterró su cara en el hueco de mi cuello.

Estar con él, así, era una sensación increíble, me sentía segura y protegida. Cálida.

Unos segundos después, nos separamos y yo temblé violentamente. Hacía más frío del que pensaba. Me rodeé el cuerpo con los brazos y me froté para darme calor.

-Brrrr…-susurré y Edward rio divertido.

-¿La chica súper poderosa tiene frío?—se burló y le entrecerré los ojos.

-Ha ha, muy gracioso. Burlándote de la desgracia ajena… No debería hacer tanto frío en California.

Cerré mis ojos. Cálmate Bella, recuerda, el frío es mental, si no piensas en él, desaparecerá…

-Bueno, dicen que la comedia es una tragedia que le sucede a otro—dijo. Su voz se oía más cerca, detrás de mí para ser exactos. No abrí los ojos.

-No me digas, otra metáfora de caja de cereal

-No precisamente, pero si viene del mismo libro…-más cerca, mucho más cerca. Podía sentir su aliento en mi oído, me dieron más escalofríos y entonces, algo cayó sobre mis hombros.

Abrí rápidamente mis ojos, girándome hacia atrás.

Lo que estaba en mis hombros era algo azul, cálido por haber sido usado muy muy recientemente, Edward estaba ahora solo con una camiseta blanca pegadísima a su torso, exhibiendo libremente todos y cada uno de sus músculos. Uniendo cabos, Edward se había quitado su sudadera para que yo no pasara frío.

Quise hacer un "awwwww" por lo tierna que era la acción, pero luego me fijé de nuevo en la muy ajustada camiseta y preferí morder fuertemente mi labio para no terminar babeando.

-¿Mejor así?—preguntó con su sonrisa torcida que me estaba atontando más. ¡Maldición Edward! ¿Podrías dejar de ser tan tentador solo un momento para que pueda contestarte?

Carraspeé para volver a obtener el control de mi cuerpo. Estúpidas hormonas…

-Si, muchas… muchas gracias, pero… Ahora tu tendrás frío, eso no me parece muy justo—era cierto.

-Oh, vamos—dijo con un gesto— ¿Crees que esto—movió la mano para señalar el aire—dañará de muerte a Spider Cullen? Psh… no me conoces—me reí como loca de nuevo.

-¡Spider Cullen! Esa es buena, jamás la había oído—sonrió y se volvió a sentar.

-Ya lo se—hmmm… modesto sobre todo…

Suspiré y me relajé de nuevo, observando el cielo, recordando. Cuando chica, mi madre solía sacarme al jardín para dormir en casas de campaña por la noche. Nunca entendí su afán, pero ella decía que era por si el fin del mundo se acercaba, aprendiera a sobrevivir en el exterior o algo así. Siempre pensé: "Hey mamá ¿Si sabes lo que el fin del mundo significa? ¿Osea que moriremos todos?" Perno nuca dije nada, en ves de eso, le proponía ver las estrellas y aprender las constelaciones.

-Así, que… ¿Piensas volver alguna vez o… las experiencias de esta vez ya te asustaron para siempre?—preguntó Edward como quien no quiere la cosa. Ni siquiera me estaba mirando, las ondas del agua se volvieron muy interesantes.

-No me han asustado, pero… quien sabe. Igual y me gustaría que fuera Emmett a visitarme la próxima vez…

-Oh… si—se oía decepcionado por algo y me arrepentí.

-Pero-pero podrían venir ustedes también, digo, Londres es enorme, y ya se que Emmett también, pero no creo que pueda abarcarlo todo—bromeé y el soltó una risita forzada.

El silencio incómodo se hizo presente de nuevo.

-Y… ¿Cuánto tiempo llevas con Tanya?—ahora fui yo la preguntona mal disimulada.

-Oh… no se, unos… ¿10, 11 meses?

-No estás seguro—no era una pregunta.

-No, el tiempo va rápido y yo ni me he dado cuenta.

-Si, dicen que cuando te enamoras, los meses parecen minutos…-asintió. Pero por algún motivo no se veía feliz.

-Y… ¿La quieres mucho?—Dios, juro que no pude evitar preguntar. Esa pregunta me estaba carcomiendo.

-Hum, si, creo, oye, ¿Podemos volver? Creo que el sueño está regresando—se puso de pie de un brinco

-Ah, claro, si—pensé en dejarlo ir, en quedarme a ver el amanecer, sola, con mis pensamientos, pero algo en mi decidió rechazar la idea.

Yo me paré más lento, me puse bien la sudadera para poder usar libremente mis brazos, la medio remangué porque me quedaba enorme y comencé a caminar, otra vez con él siguiéndome los pasos.

Hicimos todo el camino de regreso, con el silencio incómodo de regalo. Ahora no miró la puerta de su habitación.

Al llegar a la mía, me golpee la frente con la palma de mi mano.

-¡Diablos! Olvidé traer la tarjeta… que torpe—Edward rio a mis espaldas. Si, le parecía muy gracioso, el podía despertar a su noviecita y yo dormiría en el pasillo. Estaba segura de que ni con una banda de guerra despertaría a los 4 individuos de adentro.

-Ya sabía yo que la olvidarías. Mete tu mano en el bolsillo derecho—señaló la sudadera y enarqué una ceja.

Hice lo que me pidió y mi mano tocó un rectángulo de plástico, al sacarlo, comprobé que era la tarjeta.

-Genial Edward—le felicité-¿Cómo la tomaste?

-Estaba en un buró sobrante, la tomé cuando agarraste a esta cosa de trapo—dijo mostrándome a Eddie. Ya hasta me había olvidado de él.

-No sabes cuanto agradezco que vengas conmigo, de no ser así, seguro hubiera dormido en el pasillo.

-¿En serio? ¿No se te pudo ocurrir bajar a recepción para que te dieran otra?

Deslicé la tarjeta y lo miré desorientada.

-Uh… no.

Su carcajada me demostró que su alegría volvía.

En el interior todo estaba igual. Suaves ronquidos se oían, todo en calma.

Edward cerró la puerta detrás de mí y una duda me asaltó.

-Ah… ¿Edward?

-Dime

-No se tu, pero no creo que dormir en ese lugar sea la mejor idea. Tantos golpes me van a noquear…

-También lo creo así, de todos modos, no creo que haya espacio ya.

Analizamos el panorama en silencio.

¿Entonces?—preguntó.

Y una idea me llegó.

-Bueno, tengo una idea, pero no se si te agrade.

-Dispara

-Ok, creo… creo que ambos podríamos dormir en mi cama, pero solo si te parece bien.

Escaneé su cara y estaba tan tranquila como al principio.

-Claro, por mi está perfecto ¿Qué lado de la cama te gusta más?—dijo caminado al sitio mencionado.

Yo solo pude abrir mi boca como pez por sus palabras…

-El… el izquierdo… o como sea.

-Está bien, dormiré en el derecho—acomodó las almohadas y las mantas.

Cielos, de verdad tenía que estar muy cansado.

Me encogí de hombros y fui a mi sitio, él ya estaba adentro, recostado muy cómodamente.

Hice lo propio, sintiéndome incómoda.

-Creo que tengo algo tuyo—susurró, y me tendió a Eddie.

-Gracias—agarré a mi pequeño y lo abracé.

Buenas noches Edward, descansa—murmuré cerrando mis ojos que se ponían cada vez más pesados.

-¿Bella?

-¿Hmm…?—los abrí de golpe.

-Yo… me estaba preguntando… bueno, si podría… abrazarte. No suelo dormir muy cómodo solo y…

-Está bien Edward, yo tampoco suelo hacerlo—le sonreí y recargué mi espalda en su pecho. Sus brazos rodearon mi cintura y su cabeza se enterró en mis cabellos, aspirando con delicadeza.

-¿Edward?

-¿Si?

-Perdona por incomodarte con lo de Tanya…-ya estaba más dormida que despierta, pero tenía que decirlo. Una débil risa sonó por su parte.

-Está bien Bells, no te preocupes por eso. Que descanses preciosa…

-Igual tu…

Besó mis cabellos y suspiré antes de caer rendida.

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-Aww... mira que lindos se ven...

-Él está babeando, ¿Cómo se puede ver lindo?

-Cállate Emmett, ella se refería al plural.

-Oh...

-¿Estarán muy cansados?

-Quizá no durmieron muy bien anoche...

-...Ya que pateas como mula, ¿Eso quieres decir Alice?

Se oyeron unas risitas, un golpe y un "ouch". Luego, un gruñido.

-Por amor de Dios, ¿No pueden dejarme dormir?

-Vamos Eddie, son las 7 de la mañana, a tu amada se le va a hacer tarde.

-¿De que hablas? ¿Cual amada?

-Pfff... ¿Pues cual? ¿Tanya? Si, seguro ¿A quién tienes entre tus brazos?

Entonces decidí que era hora de despertar

Intenté que se viera real, estirándome y pestañeando mucho.

Los chicos estaban alrededor de la cama, sonriendo ampliamente, yo aún sentía el brazo de Edward en mi cintura y su mejilla en mi cabeza.

Me giré con una sonrisa, ya que hoy me sentía muy bien y lo miré. Él también me sonreía, estaba más despeinado de lo normal, sus ojos brillaban y sus mejillas estaban sonrojadas.

-Hey... Buen día-me susurró

-Buen día para ti-susurré de vuelta.

Nuestros rostros estaban muy cerca, nunca lo había visto más claro. Esta si era una buena manera de despertar.

-Awwww, que bueno que estamos aquí para presenciar este momento tan perfecto...-me giré para ver a Alice, que ahora estaba recargada al pie de la cama con expresión soñadora.

-Si Al, un momento tan perfecto que haz arruinado-le dijo Edward y ella lo asesinó con la mirada.

-No me retes Edward Cullen

Edward se rió burlándose de su hermana.

-Este si... bueno-interrumpió Rosalie-¿Podrían explicarnos qué hacen aquí? Que yo, y los demás presentes recordemos, ustedes estaban la noche anterior en esa misma posición pero en ese lugar-señaló la casa de campaña.

-Oh... pues, verás, es una historia graciosa y... larga... muy larga...

Por supuesto que nadie me creyó nada...

-Lo que pasó es que Bella no tenía ni la más mínima idea de lo agresivas que son al dormir, Alice se la pasó golpeándola y Rose a mi, quisimos alejarnos de ustedes por nuestro bienestar físico y para poder dormir bien, eso es todo.

En las caras de los chicos ya había rastros de que creían en las palabras de Edward. Él les decía la verdad, en parte. No mencionó el momento de la piscina y secretamente me pregunté si lo hacía por ahorrar tiempo, o porque no quería que se enteraran.

-¿Bella?—me llamó Emmett, rompiendo el hilo de mis pensamientos

-¿Si?

-Nada en especial, te desconectaste un momento, ¿Qué pensabas?

-No, nada importante… ¿Qué hora es?

-Hmm… las 7:15—respondió Jasper-¿A qué hora sale tu vuelo?

-A las 12:00

-Bueno, si no quieres perder tiempo, será mejor que te apresures—recomendó Rose.

Asentí y me paré de la cama, donde aún estaba Edward.

-Creo que lo mejor será que todos vayamos a nuestras habitaciones a tomar una ducha y nos veamos para desayunar—sugirió la enana.

Todos estuvimos de acuerdo, quedamos en vernos a las 8:30.

Salieron despidiéndose como si nunca me fueran a ver de nuevo y cerré la puerta.

Edward aún estaba recostado en mi cama con todo su esplendor, mirando a la ventana que los chicos debieron de abrir, donde se apenas se asomaba el sol.

-Hey—le llamé-¿Tu no piensas ir a ducharte?

Me sonrió torcidamente y mi corazón saltó.

-¿Me estás corriendo acaso?—su tono era de broma

-No, me agrada que estés conmigo, pero a tu hermana no le gustará que llegues tarde al desayuno.

Se rascó la barbilla, simulando pensar.

-Es un buen punto, no quiero ser mutilado hoy…-nos reímos porque ambos sabíamos que era cierto—Ok, creo que es hora de ir a ducharme.

-Claro.

Se paró con toda la gracia del mundo y sentí envidia, pero eso no me evitó admirarlo.

Ya de pie, se estiró, mostrándome sus estupendos músculos y haciéndome babear. Que usara esa camiseta debería ser un delito…

Camiseta…

Edward ya se acercaba a mí con una sonrisa. Tomó el porno de la puerta y reaccioné

-Oh, Edward. Tengo tu sudadera. Muchas gracias por habérmela prestado cuando lo necesité…-comencé a quitármela, aunque eso no era lo que yo quería.

-Espera ahí—me quedé quieta, intentando bajar el cierre-¿Sabes que esa es mi sudadera favorita?

-Ah… ¿No?

-Bueno, lo es. La amo como a mi vida.

-Te la regresaré—volví a la labor de quitármela.

-No, no la quiero ya-otra vez me quedé quieta ¿De qué estaba hablando?

-Hum, si es porque la usé, no te preocupes, puedo lavarla y asunto resuelto…-sugerí.

-No, no— ¿Tanto amor por una sudadera? Wow.

-Yo no…-y se rió.

-Déjame terminar Bella. Ya no la quiero, no quiero que me la regreses. Quiero que te la quedes tú como… hmm… bueno…-de repente, se puso rojo tomate—como un recuerdo de mí. De que me conociste y… bueno, tú sabes. Quédatela.

Me quedé de piedra. ¿Él de verdad había dicho eso? Lo único que se oía en mi mente era: Awwwwww… Dios, es tan dulce y adorable… Y entonces los papeles cambiaron. Yo era la sonrojada a morir.

-Oh… no tienes que hacerlo Edward…

-De verdad. Quiero hacerlo… pero, si tu no quieres recibirla…

-¡No!—grité unas octavas más alto de lo normal, sobresaltándolo—Por supuesto que quiero, es… es muy dulce de tu parte, gracias.

Y me dio una de sus súper sonrisas aturdidoras, dejándome, por supuesto, anonadada.

-Genial, entonces… te veo en un rato—se acercó y besó mi mejilla. No se si fue mi imaginación, pero lo sentí inhalar y suspirar. Como siempre que se acercaba a mí.

-Adieu…-se despidió con un perfecto acento francés.

Cerró la puerta y yo me recargué en ella, aspirando sin vergüenza alguna su chamarra.

Él me había dado no solo su sudadera, si no su sudadera favorita. Suspiré como tonta y luego mi conciencia me dio un golpe mental para que dejara de soñar despierta. Así, con una sonrisa de boba, tomé una relajante y feliz ducha.

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A las 8:25 llegué al restaurante del hotel. Ya había varias personas ahí, desayunando muy felizmente. Mi estómago gruñó de nuevo, asustando a un niño que pasaba. Solo me reí.

-Ya va, ya va…-le susurré.

Me acerqué de nuevo al mostrador y la chica de unos días antes, estaba de nuevo.

-Ah Señorita Swan ¿No es así? Amiga de los Cullen.

-Ah… si, creo. ¿Ellos están ya aquí?

-No, no todos. Solo la señorita Cullen y su novio. Están esperando a su hermano y su pareja, al señor Swan y su esposa y por supuesto a usted.

-Si, gracias. ¿En qué mesa se encuentran?

-En la 12, ¿Necesita que le solicite a un mesero que la lleve?

-No, gracias. Muchas gracias, pero no se moleste.

Me sonrió agradablemente y asintió.

-De acuerdo, que tenga un lindo día.

-Igual para ti—me despedí haciendo un gesto con la mano.

Divisé la melena de Alice que estaba comiendo un pan con mermelada y Jasper a su lado con una taza de café.

-Hola de nuevo chicos—saludé y di un bostezo.

-Hola Bells, toma asiento.

-Gracias.

Me senté a la derecha de Alice y un nuevo bostezo salió de mi boca.

-Estás muy cansada, ¿No es así?—preguntó Jasper.

-Hmm, si, me temo que si.

-¿A qué hora se han dormido Edward y tú?—inquirió la enana.

-No estoy muy segura, a las 5, tal vez. No he dormido más que 2 horas.

-Bueno, ya tendrás el vuelo para descansar.

-Si, claro…-el vuelo. No había pensado muy detenidamente en ello y la realidad me cayó de golpe. Yo me iba en unas horas, y no volvería a ver a todas estas personas después de mucho, mucho tiempo. Repentinamente me entristecí.

No, no puedes hacer eso Bella. Tú sabías que después de la boda de Emmett tenías que regresar a Londres.

Lo sabía, pero lo que nadie pudo prever, es que me encontraría con personas tan maravillosas como estas.

¿Quién podría saber que un viaje cambiaría tantas cosas?

Un chasquido de dedos ante mis ojos me hizo regresar de mis pensamientos.

-¿Beeeeellaaaaa? ¿Sigues ahí?

-Oh, yo, si, perdón.

-¿Estás bien? Desde que nos despertamos haz estado un poco… ida, y no creo que sea a causa del cansancio.

-No es nada Alice. Cosas sin importancia.

Como una buena Cullen, examinó mi rostro, pero se dio por vencida.

-Hmm… si, bueno, como sea—dijo-¿Quieres algo para desayunar?

-Solo una taza de café. Preferiría esperar a los demás.

Alice llamó al mesero, que era muy lindo, por cierto para que me diera mi taza de café.

A las 8:35, las 4 personas faltantes, llegaron a la mesa mientras el mesero—que descubrí que se llamaba Dylan—me servía mi tercera taza de café. Por supuesto que no pasé por alto la mirada lujuriosa que le daba Tanya. Y Alice tampoco.

-Vaya vaya vaya, impuntual e imprudente—dijo mirándola. Tanya le frunció el ceño, Alice mantuvo su expresión y los demás se veían confundidos.

-¿Lo ves Emmett? ¡Te dije que esa sudadera no era apropiada!—gritó mi cuñada pegándole en la cabeza a mi hermano. Alice y yo soltamos una risita.

-No lo decía por eso, pero ya mencionado el asunto; Emmett, te ves igualito a un marinerito con esa sudadera—y era cierto. Era de rayas blancas y azul marino.

Mi hermano solo se encogió de hombros, movió la silla para que su esposa se sentara, se sentó él y luego tomó un pan del centro de la mesa.

Tanya y Edward también tomaron asiento. Ella vestía una minifalda negra con una blusa roja. Edward estaba tan guapo como siempre en sus jeans y su camisa azul marino.

Me sonrió al sentarse y me sonrojé.

-Te ves muy linda Isabella—dijo y todos me miraron. Mi color aumentó y bajé la mirada a mi ropa. No veía como un vestido veraniego azul marino—si, como su camisa—podría hacerme ver linda.

-Gr-gracias—alisé arrugas invisibles en mi vestido por puro nerviosismo.

-Si me lo preguntan, creo que eso es algo muy pasado de moda—dijo Tanya.

-No es como si alguien haya pedido tu opinión querida—le respondió Rosalie de inmediato—Pero si quieres mi opinión…- la escaneó totalmente, con mayor facilidad ya que estaba a su lado—Eres tú quien necesita una pasada urgente por Rodeo Drive. Solo se que si Alexander McQueen reviviera, hubiera regresado derechito a la tumba solo con verte.

Tayna se puso roja del coraje, porque casi todos en la mesa se rieron muy fuerte. Edward entre ellos. Tanya se giró a verlo.

-¿No les vas a decir nada?—Edward paró de reir y la miró con una sonrisa.

-Es que no es como si estuvieran mintiendo—Tanya dejó salir un gritito de furia, frustración y sorpresa y salió a grandes zancadas del lugar.

Nosotros reímos un poco más.

-Rodeo Drive ¿Cómo no se me ocurrió a mí?—dijo Alice y chocó los 5 con Rose.

Desayunamos en relativa calma, platicando de x y y cosa hasta que pasó algo que ninguno de nosotros de imaginaba…

-Hmm… chicos—dijo Alice con la boca llena. Pasó bocado y volvió a hablar—Nosotros también estamos pasando nuestros últimos momentos en California, y para ser sincera, ahora que mencionamos Rodeo Drive, no podría perdonarme si no doy una pasada por ahí.

Rose asintió solemnemente y rodé los ojos.

-No podría estar más de acuerdo Al—dijo mi cuñada—Propongo que después de que todos vayamos al aeropuerto a despedir a Bells pasemos por ahí…

-No—la interrumpió Emm ganándose todas las miradas.

-¿No, qué?—le preguntó su esposa con dulzura.

-Escuchen, he estado pensando en esto toda la mañana. Nadie va a ir a despedir a Bella. Solo yo voy a ir con ella.

-Emmett, ¿De qué estás hablando?—le pregunté. Todos lo veían entre enojados y confundidos. Suspiró.

-Bella, no he pasado todo el tiempo que quiero contigo. Te vas en unas horas y me siento mal por eso. Quiero que tu despedida sea algo personal, algo entre nosotros hermanita.

Me puso ojos de cachorro y por una parte lo entendí. También yo me lamentaba del poco tiempo juntos, pero los chicos también eran importantes y… Pfff… que difícil es la vida.

-Emmett, no puedes hacer eso—dijo Alice en voz muy fría.

-No es una pregunta Alice. Yo la llevaré.

Entonces la técnica de Alice cambió.

-Emm, por favor—comenzó a rogar—Queremos ir, nosotros…

-Calma Alice—le susurró Jasper y guardó silencio en el instante.

-No cambiaré de idea—Emmett desvió la mirada y se cruzó de brazos.

Toda la mesa se quedó en silencio, mirando a mi hermano.

Carraspeé para llamar la atención.

-Chicos, no se preocupen, de todas maneras podemos despedirnos aquí, ¿No? No veo la diferencia de lugares. Siempre y cuando me pueda despedir de ustedes, todo está bien—les sonreí y ellos me regresaron la sonrisa no muy convencidos. En especial Edward.

-Si, Bella tiene razón. Creo que…-y un ruido interrumpió a Jasper.

Una señora había resbalado porque una jarra de leche se había derramado en el suelo.

Ella estaba cerca de nuestra mesa y los chicos se pararon rápido para ayudarla.

Nosotras también nos pusimos de pie para ver que podíamos hacer.

Jasper y Emmett la ayudaron a levantar y las chicas vigilaban que estuviera bien haciéndole preguntas.

-Creo que necesitamos ir por un anuncio de piso mojado y un trapeador—sugerí a Edward, ya que ambos solo mirábamos.

-Claro.

Él lideró la marcha, pasamos por varias mesas y llegamos a una puerta que rezaba "Equipo de limpieza" en la parte superior y que estaba algo alejada.

Unos ruidos extraños me hicieron dudar, pero antes de que pusiera pensar mejor en las cosas, Edward abrió la puerta y un jadeo de sorpresa salió de su boca.

Mis ojos se abrieron como platos cuando él susurró

-Tanya…

Y Si, en persona estaba la mismísima Tanya, con Dylan, el mesero guapo—creo que ya ni tanto…-. Ambos se estaban manoseando, la blusa de ella estaba arriba, él ya no tenía ni su chaleco ni su camisa y los pantalones estaban desabrochados.

-¡E-e-e-Eddie!—gritó ella intentando arreglarse—Qué bueno que llegas, este chico quería propasarse conmigo—gimió falsamente.

El mesero estaba como confundido y rojo de la vergüenza.

-No me digas… ¿Y lo estabas disfrutando, verdad?

-¡No! Claro que no, yo solo…

-¿Sabes qué Tanya? No necesito tus explicaciones. Debía haberlo sabido. Todos me lo insinuaban pero nunca les hice caso. Que equivocado estuve al creerte una buena mujer. Ahora te veo tal y como eras, una zorra.

Edward dio media vuelta y salió del lugar, empujándome un poco a su paso. Tanya se arregló la ropa y me miró con odio.

-¡Seguro tu fuiste la desgraciada que le avisó de esto! Ya te lo he dicho, puedo ver como lo miras, pero te diré algo Swan, tú vives en otro continente y él no dejará todo por ti. Sabe que no vales la pena—iba a contestarle, lo juro, pero mi brazo actuó más rápido que mi boca y le solté una cachetada tan fuerte que hasta a mi me dolió.

-Ni se te ocurra meterme en tus asuntos…-siseé llena de veneno. Con la mano en la mejilla salió del lugar diciendo:

-¡Esto no se queda aquí Swan!—yo solo me quedé ahí unos segundos. Después vi al mesero que seguía anonadado.

-¿Me podrías pasar un trapeador y un letrero amarillo?—él asintió y me lo pasó lo más rápido que pudo. Cuando ya lo tenía, lo miré bien

-Será mejor que te arregles bien. Nadie dirá nada de esto—me sonrió avergonzado y salí el lugar.

Cuando llegué al lugar de las mesas, Alice le estaba gritando a Edward, Tanya iba detrás de él y la gente observaba el espectáculo.

Los que trabajaban en el lugar ya estaban revisando a la señora. Y le entregué lo que había tomado del armario de limpieza a un mesero que pasaba por ahí. Alice se me acercó corriendo.

-Bella, ¿Qué ha pasado?

-¿Cómo que qué ha pasado?—me hice la tonta.

-No quieras engañarme Bella, se que algo malo pasó. Edward salió con una cara de ira pura y Tanya arreglándose la ropa y rogando y tú con cara de no entender nada… No me digas que él al fin…-asentí bajando la cabeza-¿En serio? Pero… ¿Cómo?

-No lo se en realidad, solo fuimos por cosas para limpiar el desastre y… todo pasó muy rápido. Tanya estaba… manoseándose con el mesero de nuestra mesa.

El rostro de Alice se enrojeció de coraje y apretó los puños.

-Esa maldita zorra… Se lo dije y nunca me quiso hacer caso…

-Alice, él no tiene la culpa. Cuando uno está enamorado, hace cosas sin pensar…

-Ya se, pero ¿Sabes qué? Ni siquiera creo que estuviera tan enamorada de ella, yo…

-La verdad—le interrumpí—No creo que sea asunto nuestro.

Observé como intentó calmarse y asintió a regañadientes.

-Voy a subir a mi habitación—le dije—Ya es algo tarde y tengo que terminar de empacar. ¿Te parece si nos vemos aquí a las 10:30 para despedirnos?

-Si, si. Claro. Yo les digo.

-Ok, te veo luego—me despedí.

Subí al elevador caminando lentamente. Pensaba en Edward, por supuesto. No quería ni imaginar cómo la estaría pasando.

Tanya merecía el peor castigo que pudiere existir y si Edward le perdonaba eso, sería un estúpido…

Cuando me di cuenta, ya estaba en mi habitación, cerrando mi última maleta y observando el panorama, que me parecía de lo más triste.

Suspiré profundamente y tomé mi iPod que estaba en la mesita de noche. Los de limpieza del hotel, ya habían limpiado la habitación y acomodado las cosas como antes. Las telas y cojines de las chicas estaban en mi cama. Llamará a un botones para que cuando me fuera, llevara todo a su habitación.

Me puse los audífonos y noté que eran 10:20. Una canción no me haría mal.

Pulsé la opción de aleatorio y empezó a sonar Starlight de Muse. Mi canción favorita.

Escucharla fue algo increíble. Derramé unas lágrimas y la canté a todo pulmón.

No quería irme, pero tenía que hacerlo.

Cuando acabó, llamé a recepción para que vinieran por mis maletas y las demás cosas.

Llegaron muy pronto y les di todas las instrucciones. Eran gente muy amable y aceptaron de buena gana.

Bajé al lobby solo con una pequeña bolsa de artículos personales.

Todos estaban ahí. Todos menos Edward. Mi corazón se estrujó un poco.

Calma, es un poco temprano, quizá se le hizo tarde…

Los chicos no tenían sonrisas en sus rostros, parecían a punto de echarse a llorar. Igual que yo.

A Alice le tembló el labio cuando me vio y de inmediato empezó a sollozar en el hombro de Jasper.

Emmett carraspeó incómodo.

-Yo… bueno, acaban de traer tus maletas, así que las iré a meter a mi Jeep. Ya vuelvo.

Asentí mordiendo mi labio para no llorar. Cuando pasó a mi lado, besó mi cabeza y revolvió mis cabellos.

-Oh, Bella…-dijo Alice y se arrojó a mis brazos unos segundos después.

La abracé lo más fuerte que pude y ella a mí. Tenía mucha fuerza y me estaba costando respirar, pero no me importaba. Esto era el cariño.

Cuando se levantó, su rostro estaba lleno de lágrimas, pero sonreía.

-Lo lamento, ya te mojé toda.

-Está bien, no me interesa en lo más mínimo.

Se alejó un poco y fue el turno de Rosalie para abrazarme. Ella se mantenía más seria.

-Por favor Bella. Intenta regresar pronto. A todos nosotros nos gustaría verte, y ni hablar de Emmett—la voz ya se le estaba quebrando.

-Lo se Rose, nada me gustaría más que quedarme. Cuídalo bien, por lo que más quieras.

Se rió en mi oído.

-Eso está de sobra.

Al separarse, un poco de agua en sus ojos azules.

El siguiente fue Jasper.

-Fue un placer conocerte Bella. Eres aún más estupenda de lo que tu hermano nos comentó—reí.

-El placer es todo mío Jazz, eres una persona muy especial.

Cuando se separó, los 3 me veían con tristeza, yo empecé a buscar por todo el lugar.

-Oh, Bells, creo que sabrás disculpar a Edward, ya sabes, subió a su habitación a pelear con Tanya y dudo que las cosas hayan terminado ya…-Alice se veía apenada y no pude más que sonreír falsamente.

-Cl-cla-claro que si…-No, no es cierto. Ahora estaba un poco resentida.

-¿Estás lista Bells?—me llamó mi hermano. Alice volvió a llorar.

-Yo… si, eso creo—no más Edward. Él no vendría.

-Bien. Chicos, volveré en un rato—anunció mi hermano.

-¡Bella!—gritó Alice—Se, se que quizá suena un poco tonto pero… me gustaría un abrazo grupal antes de que te marches ¿Por favor?—dijo entre sollozos, haciendo un puchero que resultaba aún más convincente con su cara empapada.

-¿Cómo negarme Al? ¡Claro que sí!—me arrojé a sus brazos y de repente sentí más en mi persona. Todos juntos y llorando. Creo que incluso Jasper.

Unos minutos después, nos separamos.

Yo no estaba lista para irme…

-Fue un gran placer conocerlos chicos. Jamás hubiera imaginado encontrar a personas tan geniales. Sepan que nunca, nunca los voy a olvidar y que ocupan un gran espacio en mi corazón…-y eso fue todo lo que pude decir, la voz ya no me ayudaba para nada y seguí llorando como magdalena.

-Es hora hermanita. Se nos está haciendo tarde—Emmett se me había acercado y me rodeaba el hombro con el brazo.

-Hasta luego…-mi hermano me giró y empezamos a caminar a la salida.

Todavía podía oír los sollozos de Alice al salir…

.

El camino fue totalmente en silencio, a excepción de la música.

Emmett había hecho las cosas especiales con una gran parte de mis canciones favoritas:

When You Where Young, Starlight, Island In The Sun, Almost Lover…

Todavía estaba derramando algunas lágrimas, y Emmett tomaba mi mano en la palanca de cambios para darme un poco de apoyo.

Lo agradecí.

También estaba pensando en Edward. ¿Tan graves estuvieron las cosas como para no poder bajar unos momentos al Lobby?

En menos de lo que pensé, ya estábamos en el aeropuerto.

¿Sería que el tiempo estaba avanzando más rápido?

Yo lo sentía así…

No tuve percepción de cuando me bajé del auto, ni cuando conseguimos mi boleto, ni cuando caminamos a la sala de espera. Regresé a la realidad, al momento de ver el reloj

11:15.

Unos minutos más y yo ya estaría de camino a Londres…

Ahora que repasaba los hechos, ni siquiera me había despedido de Jason. Hmm… pero creo que estaba enojado conmigo.

Suspiré.

-¿Tienes hambre o algo...?—me preguntó Emmett.

-No, no en realidad.

-Bien…

El tablero de vuelos seguía avanzando conforme los aviones despegaban, y cada vez se veía más cerca el de Londres.

11:20

11:25

11:30

A mí ya me estaba dando un ataque…

11:35

11:40

11:45

La resignación me empezaba a llegar y entonces…

-¡Bella!—gritó alguien entre la multitud.

Sería imposible no reconocer esa aterciopelada voz…

Como si tuviera un resorte en el trasero, me paré ante la mirada de Emmett.

-¿Qué pasa?

-Creo que alguien…

-¡Bella!—gritaron de nuevo, ¿Podría ser mi imaginación?-¡Isabella Swan!—creo que no.

Emmett también se puso de pie, gruñendo.

-Les dije que esto era entre los Swan…

Caminé lentamente, como insegura de mis pasos. Estaba buscando una mata de cabello cobrizo…

…y lo encontré…

La cara de Edward aún me buscaba, sus ojos verdes resplandecían y se veía preocupado. Hermoso sin duda alguna.

-¿Edward?—dije y me escuchó, porque se giró y sonrió con alivio.

Corrió hacia mí. Ya la gente nos empezaba a ver.

Tomó mis manos al llegar, su sonrisa amplificada y preciosa.

-Edward, ¿qué haces aquí?—pregunté confundida.

-Si, ¿Qué haces aquí? Creí que había quedado claro que esto era entre hermanos—le gruñó Emmett.

-Emm…-le regañé. Estaba tan feliz de verlo aunque sea una vez más que no me importaba lo que mi hermano dijera.

-Lo se, lo siento. Pero tenía que llegar. Tenía que verte…-me susurró.

Emmett lo veía feo.

-Uh, ¿Sabes qué Emmett? Ya me dio hambre. Podrías ir a la cafetería a comprarme un café en lata y un… mm… no se ¿Un sándwich?

Me miró por unos segundos, dudoso.

-Está bien. No se que pasa entre ustedes 2, pero cuando vuelva, ya tienes que estar lista para abordar Isabella—advirtió. ¿Tenía que recordármelo?

Asentí. El tiempo estaba corriendo.

Se fue a grandes zancadas.

-No lo culpes—me dijo Edward—está de mal humor porque ya te vas.

-Lo se

Nadie dijo nada por un rato. Él seguía tomando mis manos y observé el reloj, de nuevo

11:50.

-¿A qué viniste Edward? No es que no esté feliz de verte.

-Yo… bueno, es que, no tuve la oportunidad de despedirme en el hotel. Yo estaba…

-Conversando con Tanya, está bien. No merezco explicaciones.

-Si, esto… creo que te debo más de una disculpa, y se que eso no será suficiente. Tú tenías razón con respecto a ella. Yo nunca lo quise ver y cuando me arrepiento ahora…

-¿De qué hablas?—pregunté como tonta.

-Ella… ella admitió todo lo que hizo, y aún así me pidió que la perdonara y eso… o no puedo Bella. Ella traicionó mi confianza y ¿Quién me garantiza que ahora si va a ser fiel?—rió sombríamente—De todos modos, creo que ya no siento absolutamente nada por ella.

-Oh… Edward, no se que decir. ¿Felicidades?

Se rió de mi frase.

-Si, supongo que es buena.

-Espero que ahora si puedas encontrar a la correcta

-No, el problema es que creo que ya la encontré, pero ella ya se va…-fruncí el ceño.

-No… no entiendo.

-Podría hacer algo para que comprendas mejor.

Y sin previo aviso, sin algo que pudiera hacerme verlo venir, estrelló sus labios con los míos.

Se movían intentando obtener una respuesta de mi parte, y yo solo pude corresponder a su acto.

Sus labios eran dulces y suaves, su aliento de siempre se sentía mil veces mejor y mi piel estaba como de gallina.

Era la experiencia más maravillosa del mundo.

No intentó profundizar el beso. Así, lleno de dulzura era perfecto…

-¿Qué están haciendo?—dijo Emmett y nos separamos de inmediato.

Lo miré. Estaba totalmente confundido, no enojado y con lo que le pedí.

Pasajeros del vuelo 467 con destino a Londres, favor de abordar lo más pronto posible por la puerta 2.

Esto era todo. Aquí se acababa mi sueño…

Emmett me tomó del brazo y me alejó de Edward.

Me enterró en un abrazo de oso.

-Por favor hermanita. Vuelve pronto. Te lo ruego…-susurró en mi oído.

-Lo intentaré Emm, si que lo haré, pero estaremos en contacto, ¿No?

Asintió.

Me separé de él.

Ultima llamada para los pasajeros del vuelo 467 con destino a Londres…

¿Por qué tan rápido?

Como si mi hermano no quisiera que hablara más con Edward, me entregó mi boleto y me empujó a la zona de abordaje.

-¿Edward?—pregunté.

-¡Bella! Promete que regresaras. ¿Lo harás?—rogó mientras yo me veía alejada de él por la gente que me empujaba.

-¡Edward!

-¡Bella!...

Él estaba diciendo más cosas, pero ya no podía entenderlo

-¡No te oigo!

-¡Te amo Bella! ¿Me oyes? ¡Te amo!

La chica de la entrada, tomó mi boleto casi arrancándomelo y supe que ya no había marcha atrás.

A pesar de todo lo que Edward me dijo, a pesar de la gente que conocí, a pesar de todas las experiencias, a pesar de mi hermano, yo tenía que volver a casa.

No había más…

.

¡Ya! Ahí nos quedamos, hehehe, ¿Qué tal? ¿Les gustó? Oh, yo se que sí :D Les dije que iba a estar bueno :) wiiiiiiiii

¡Yei! ¿Qué pasará ahora? ¡Solo yo lo se!

Ahora chicas, este es el final de la primera parte. Y les quiero preguntar algo, ¿Quieren que empiece la secuela por aparte o lo sigo en este mismo fic?

Porque les digo, un cap más, y voy a empezar desde el punto de vista de Edward :)

Hehehehe, les va a gustar.

Quiero que sepan que este fic, pero por supuesto que tendrá un final feliz! No sería capáz de dejarlos separados, no no no no.

Llegamos a los 100 reviews! No saben lo feliz que me hacen :) Y hoy no tengo tanto tiempo para agradecimientos por individual pero les juro que cada uno de los reviews los leo y los amo! Perdonen si no los contesto todos, pero les juro, que es la última vez. Los siguientes, si voy a contestarlos por completo.

Prometo estar aquí antes de navidad, lo juro.

Las amo!

Muchos muchos besos!

A Vampire You Can't Sweat Out :D

PD: Quiero oir sus opinions ya!