—Will you still need me Will you still feed me When I'm sixty-four —canta apoyando la barbilla sobre el hombro del galo y mirando lo que hace cuando sale de la ducha.
Oh... Y a Francia le da un paro cardiaco y sonríe mucho con esa canción, mirándole de reojo, desbordado un poco el jugo de naranja del vaso por embobarse.
—Tienes que ponerle menta al zumo de naranja —le indica tomando con los dedos un poco de queso cortado y llevándoselo a la boca.
—¿¡Cómo sabes eso?!
—Porque soy un cocinero excelente —sonríe con orgullo.
—¡Esa es mi receta secreta!
—Lo ERA —se ríe—. Yo sé muchos secretos tuyos.
—¡Eso no es justo! ¿Cómo los sabes?
—Ja! Porque soy muy listo —responde.
—Eso no se sabe de ser muy listo.
—Of course se sabe, la menta huele y le da sabor, se nota en el zumo —responde con aire académico. Francia frunce el ceño un poco tenso.
—Tú no tienes paladar para eso... ¡Me has estado espiando!
—¿Cuándo fue la última vez que hiciste zumo de naranja para mí? ¡Claro que no te he espiado! —replica sonriendo.
El francés abre la poca para contestar y la cierra, tratando de recordar cuando fue la última vez que hizo jugó de naranja para él.
—¿Entonces como sabes que te pongo menta en el jugo?
—Sé muchas cosas sobre ti —sonríe más.
—Claro que sabes muchas cosas, en dos mil años hasta tú y tu tonta cabeza pudieron aprender algo... —sonríe.
—Me refiero a secretos, git! —protesta y le mordisquea un poco en el hombro, en la base del cuello, provocándole un escalofrío.
—Que secretos vas a saber… —tono aparentemente desinteresado.
—Pues que pones menta en el zumo de naranja... Que conoces perfectamente el texto de Romeo y Julieta, que te gusta la cerveza inglesa, que When I'm sixty-four es tu canción favorita de los Beatles...
Francia se detiene de lo que está haciendo y le mira con la boca completamente abierta, él sonríe más.
—A MI NO ME GUSTA LA CERVEZA INGLESA! —chilla con voz aguda.
—Oh, ¿qué pasó con el pacto de la verdad?
El francés frunce el ceño, aun con la boca abierta. El inglés se ríe.
—¿Cómo sabes esas cosas? —susurra mirándole a los ojos, porque lo de la cerveza inglesa ha sido un golpe bajo... ¡Uno de sus mejores secretos!
—Y sé aún más —sigue de buen humor.
El galo traga saliva y el británico le hace un cariño en la mejilla.
—Pero no voy a enseñarte todas mis cartas —se encoge de hombros separándose y empezando a preparar la mesa.
Francia frunce el ceño y le mira unos instantes más, luego sonríe, pensando que en el fondo no le molesta del todo que sepa algunas cosas... Aunque lo de la cerveza inglesa...
—Te gusta MUCHO mi comida —comenta de repente, Inglaterra se sonroja.
—¡No es verdad!
—El paaaactoooo... —canturrea.
—¡Es que no es verdad! ¡Odio el escargot! ¡Y muchas otras cosas!
—Pero adoras otras, mon petit, como la Bouillabaisse.
—Pues... Tú... —vacila—. Me respetas. Serías capaz de dormir en una silla mientras yo duermo solo en una cama de matrimonio si estuviera enfermo —añade.
Francia se pasa una mano por el pelo y le mira, el inglés sonríe vencedor.
—Claro que no, ¿qué te puede pasar por compartir la cama conmigo aunque estés enfermo? Dormiría en una silla para no contagiarme
—Aunque fuera una enfermedad no contagiosa, lo harías —sentencia—. Y supongo que no es un secreto tan vergonzoso como sorprendente, casi nadie podría esperarlo —sigue mientras come lo que Francia ha preparado y ya ha puesto en la mesa.
—¿Y cómo es que crees que lo haría, eh? Pareces muy seguro... ¿En qué te basas? —sigue mirándole sentándosele en frente.
—Pues lo sé, simplemente... También sé que el día del Entente Cordiale es tu día favorito del año, más que tu cumpleaños, San Valentín o Navidad —le sonríe de nuevo.
El galo suelta los cubiertos y cruza los dedos de las manos, apoyando los codos en la mesa. Le mira serio. Los ojos verdes le miran también mientras sigue comiendo.
—Me estas... ¿Cómo sabes eso?
Inglaterra se ríe.
—¿Sigo?
—No es verdad que el día del Entente Cordiale es mi día favorito del año —susurra y mira su plato.
—También sé que te gustan los niños y que eres completamente confiable con ellos... A pesar de todo... —susurra—. Sé que Canadá es tu favorito y que odias cuando los demás le juzgan en base a ti.
El galo mueve incomodo en su lugar, no tanto porque le gusten los niños y eso que es más lógico que lo sepa, sino por cosas más de criterio como el que odie en verdad que juzguen a Canadá en base a él.
—¿Has estado observándome? —pregunta en otro tono, menos histérico. Inglaterra suspira.
—En fin...
—Yo también sé cosas —declara y sonríe un poco. El británico le mira un poco incrédulo, con una sonrisilla confiada.
—Yes, of course... —responde con ironía.
—¡Claro que sí! —se mete un bocado a la boca.
—¿Sabes que sé hacer los mejores coches del mundo?
—Non, ese es Allemagne.
—¡No es cierto!
—Sé que aunque te quejas mucho de mi comida, te gusta verme cocinar.
Vuelve a sonrojarse.
—Y sé que te robas la comida de mi refrigerador cuando supones que no te veo.
—Eso es porque cuando estás cocinando estas concentrado y no me mole... —se queda helado con eso.
Francia sonríe
—¡YO NO SOY UN LADRÓN!
—De mi comida, Oui... No me molesta.
—¡NO TIENES PRUEBAS!
—Eres también sumamente dulce con los que quieres, siempre a sus espaldas, cuando crees que no te ven, aun en los peores momentos.
—¡No soy dulce! me confundes con Spain —se ríe nervioso.
—Volviste por mí después de dejarme en el mar... Sé que quieres a América más que a nadie en el mundo aunque vas a negarlo siempre...
Inglaterra se sonroja mucho más, intentando pegarse contra la pared.
—Shut up!
Francia le sonríe.
—También sé que te atrae, digas lo que digas, aunque no sé si pienses con claridad que rol ocupa en tu vida. Él te mira como a un padre, aunque le gustas también
—¡Vo-volví por que los guardacostas vinieron a por mí antes de ir a por ti y tuve que inventarme algo! —se defiende—. O no se habrían id... Me invitó al comicon y le dije que no —sentencia mirando el plato. Francia parpadea
—Por?
—¿Cómo que por? —le mira.
El francés se muerde el labio sin poder evitar sonreír como imbécil. El inglés frunce el ceño y se sonroja al notarle sonreír.
—¡NO ES POR ESO! —chilla muy nervioso.
Francia se ríe un poco, idiotamente.
—Bloody hell! —protesta levantándose de la mesa y yéndose a comandar el barco. El galo le sigue, claro.
—¿Qué pasa? —pregunta sentándose junto a él.
—Nothing... ve a vestirte, vamos a bajar a tierra hoy o a ducharte o a lo que sea —añade recordando que no tienen ropa.
—Sí pasa algo, no puedes decir mentiras... —levanta una mano y le peina
—Solo no sé qué hacer con él, OK? por eso le dije que no, no quiero que... —se queda callado.
—¿Que qué?
—Hacerle daño.
—¿Por qué habrías de hacerle daño?
—Ve a arreglarte, France.
—Cuéntame, ¿por qué crees que podrías lastimarle por ir a comiton?
—No por ir a la bloody comicon, of course... Iban a ir Canada and Japan too.
—El chico está enamorado de ti desde siempre, cher —sonríe.
—What? —se sonroja.
—¡Pues claro que sí!
—No... —replica apartando la cara.
—Non? ¿Cómo que non?
—He... Él no sabe que puñetas quiere.
Francia pone los ojos en blanco mientras Inglaterra hace un giro brusco con el timón, entrando al puerto.
—Pero tú sí sabes lo que quieres, ¡le quieres a él! —insiste.
Los ojos verdes le miran de reojo y él traga saliva pensando que no necesariamente quiere que le quiera a él.
—Olvida este asunto, OK? Y aun así me prometiste no meterte con America y yo.
Francia se gira a él y le pasa una mano por el brazo, de la muñeca al cuello.
—¿Qué vamos a hacer cuando regresemos? —pregunta.
—Solo vamos a comprar un poco de ropa y más provisiones —explica pensando que se refiere a que atracan en tierra.
—Non... Hablo de luego. Cuando volvamos a la realidad...
—¿Qué vamos a hacer de qué? —le mira, él traga saliva porque sabe exactamente lo que está preguntando
—¿Vas a salir con Amerique?
Inglaterra aparta la vista y se sonroja.
—No... No lo sé. No, seguramente no.
—Podría ayudarte —ofrece.
—No! —le mira fijamente—. Lo prometiste —le señala con el dedo. Francia sonríe
—Lo sé, lo sé... No he dicho que lo vaya a hacer —levanta las manos. El inglés se relaja un poco volviéndose a los instrumentos.
Francia se le acerca un poco y le besa la mejilla abrazándole de la cintura, a lo que él tiembla un poquito, pero no puede evitar sonreír.
—No dejo de estar impresionado...
—¿Con qué? —pregunta haciendo atracar el barco.
—¿Te dije de la cerveza un día que estaba muuuuuy borracho?
Inglaterra se ríe.
—¿Es que es algo que no me veo admitiendo, sabes?
—Hay cosas peores —le mira de reojo sonriendito.
—¿Cosas peores?
—¿Quieres saberlas? —sonríe maligno.
—Oui. Oui!
—Algo que siempre quisiste hacer es presentarte a la puerta del palacio de Westminster montado en un caballo blanco, con un traje de época como si fueras un príncipe mientras todo el personal me acompaña en la espera y flipan en colores al verte y llevarme. Y podrías pasar más de tres meses organizando y planeándolo.
El francés levanta las cejas y abre la boca absolutamente sorprendido porque ha pensado hacer eso desde hace varios años y siempre empieza a prepararlo tarde.
—¡NOESVERDAAAD! ¡¿CÓMO SABES ESO!? —le deja de abrazar, incomodillo y sonrojadillo.
Inglaterra se ríe, deteniendo el barco.
—Anda, ve a prepararte para bajar.
—¡Exijo en este momento que me digas como es que lo sabes!
—¿Nervioso? —se burla. Le mira a los ojos poniéndose un poco a la defensiva.
—¿Me estás dando algo en la comida?
—Suero de la verdad para que hables dormido —se ríe.
Francia parpadea, haciéndose para atrás.
—Cálmate, please —pide.
—Explícame.
—Solo estoy bromeando.
—Aun así, sabes muchas cosas —se levanta mientras le sigue sosteniendo la mirada
Él no responde nada, sonriendo un poco. Francia le mete una mano al pelo y le despeina.
—Eh! —protesta pero se ríe un poco
El francés le toma un mechón grande de pelo con el puño y le echa la cabeza hacia arriba.
—Voy a averiguar cómo lo sabes... —le señala con un dedo.
—Te desafío a ello —sonríe retador.
Le borra la sonrisa con un beso, a lo que cierra los ojos y se lo devuelve, claro.
—¿Insinúas que no puedo lograr averiguarlo? —le mira relamiéndose incluso obscenamente cuando se separan. Inglaterra parpadea mirándole y se sonroja por la forma en que se relame.
—No.
—Me subestimas —muy seguro de sí mismo
—Lo que insinúo es que eres demasiado vago y descuidado para darte cuenta de lo obvio —le pica sonriendito—. Un latino loco del sur tenías que ser.
—¿Vago y descuidado?
—Lo sé, lo sé, no es tu culpa, es por el vino. Si admitieras más abiertamente lo de la cerveza no te pasarían estas cosas —le coquetea/se burla dándole un par de golpecitos en la mejilla con la mano.
Francia hace los ojos en blanco cerrándole un ojo y dándose la vuelta. Inglaterra se emboba un poquito mirándole y no puede evitar mirarle el culo.
El francés sonríe mirándole de reojo y entrando al camarote. En cuanto nota que le está mirando, el inglés sacude la cabeza con violencia, sonrojándose mucho más y saliendo nervioso a recoger las cosas que hay por fuera para cerrar el barco y que puedan irse.
Francia se tarda como una hora y vuelve con una toalla amarrada a la cintura, peinado y perfumado como de anuncio de lacoste
Inglaterra a esas alturas ha recogido la vela, puesto en orden la cocina, lavado los platos, recogido la mesa y la parte de fuera, hablado con el encargado del puerto, alquilado el amarre por el día...
Francia le toma del culo mientras esta de espaldas. Da un salto acabado de atar los cabos del bote hinchable, dándose la vuelta y sonrojándose otra vez al verle, pensando en cómo él se ve como un bloody pordiosero y el francés parece haber salido de la piscina del club de polo, porque además ayer el dio el sol y está un poco morenito, así que se ve con la piel con ese aura dorada... (y acaba de darse cuenta)
—¿Me veo bien? —sonríe al verle la cara de bobo
—Wha-wha... NOO! —chilla en la misma reacción que si le hubiera preguntado "te gusto?". Francia se ríe.
—Ya veo —le da un beso en la mejilla.
El británico refunfuña algo, muy nervioso y sonrojado, alejándose, yendo a por la cartera y las llaves y todo eso.
—Come on.
Los ojos azules le miran de arriba a abajo
—Interesante atuendo, monsieur... Casi tan genial como el mío —comenta al notar que lleva una sábana como si fuera un Kilt.
—Shut up! vamos a comprar ropa nueva —contesta bajándose del barco y esperando en el muelle de madera a que se baje.
Extiende una mano hacia él para que le ayude a bajar, a lo que el inglés hace los ojos en blanco pero sonríe un poquito extendiéndole la mano. Francia se la toma y se baja elegantemente.
—¿Traes dinero?
—Pounds —responde. Suspira haciendo los ojos en banco y entrelazando sus dedos en la mano para que no se suelte.
—Entonces, mon amour, vamos a pasear por aquí como MARIDOS —sonríe maligno.
—Ma... WHAT? —le mira nervioso, sin darse cuenta de la mano, pero sin soltarle.
—Tú lo dijiste, yo no —sonrisita
—E-era... I-I mean... I... era... es... una... algo te-tenía que decir... los... los guardacostas... I mean... —vacila muy nervioso.
—Marido... Se lo creyeron ¿sabes?
—Well, son franceses tontos, como no iban a creérselo —responde con la boca pequeña mirando el suelo.
—Hey! ¿¡Cómo que franceses tontos!?
Inglaterra sonríe un poco al notar que se ofende.
—Aaaaall the french are dumb.
Los ojos azules ruedan.
—¡Ya quisieras!
—Of course lo son, da igual que me pongas los ojos en blanco —sigue con su sonrisilla, cerrando los ojos, en aire académico.
—Pero como puedes decirme semejante ridiculez... Los ingleses son estúpidos.
—¡Solo un tonto francés podría pensar eso! —replica—. Esa es la prueba de que son tontos
Francia le empuja hombro con hombro, Inglaterra se ríe.
—¿Vas a seguirme contando la historia o no?
—Yes, ¿dónde lo dejamos?
—Ennn...
—Que volvió a Paris por ella.
—¡Es verdad! —levanta la mano y le da un beso en el dorso. Se sonroja mirando la mano donde le ha besado y aprieta un poco con los dedos.
—Well, pues el problema es que ella tenía ahí a dos de sus amigos que también iban a tomar el avión, pero no con ellos. Así que tuvieron que comer juntos a pesar que cuando llegaran a Moscow Hans tendría que irse con Frida como si nada hubiera pasado.
—Oh... Lo cual no era nada conveniente... ¿Sabes? No me gustan las relaciones ocultas —le mira de reojo.
—Por suerte no eras tú, si no Jeanne.
—Ja-ja.
—No hagas ja-ja que es verdad. El caso es que ella estaba con una terrible predisposición para hacer sonrojar a Hans.
—Entiendo —le da un beso en la mejilla y luego uno en la mandíbula
—Y pasaron toda la comida molestándole hasta que Hans se fue primero y le dijo que se verían en la puerta de embarque.
Francia le susurra al cuello que se ve muy atractivo provocándole un súper escalofrío, sonrojándose mucho e intentando apartarle de forma pobre.
—¡Ja! Yo también tengo poderes.
—¿Poderes?
—Mira cómo estás sonrojado.
—¡NO ESTOY SONROJADO! —se sonroja más.
—Pareces el foco de un semáforo mon amour...
—Shut Up! —le agarra del brazo y le mete a una tienda.
—Oh... Una tienda de trajes de baño. Buena idea
—Yes, yes lo que sea —tira de él aun, en cuanto se acerca una dependienta a preguntarles que quieren, Francia le toma del cuello y le besa en los labios.
Inglaterra se muere del sonrojo demasiado paralizado para apartarle, tenso como una tabla, el francés le toma de la cintura dándose gusto y se le olvida el mundo cerrando los ojos.
La dependienta levanta las cejas y carraspea
Inglaterra como si oyera llover, con el cerebro fundido. Francia se separa después de un rato, acariciándole la mejilla y sonriendo.
El británico no abre los ojos, con la respiración coordinada con la de Francia.
—Esto me gusta...
—Ah? —pregunta enajenado perdido. Francia se gira con la dependienta.
—Allò.
En cuanto Inglaterra nota la dependienta le da un infarto pero Francia le abraza de la cintura y le sonríe a la dependienta.
—¿En qué puedo ayudarles, monsieurs? —pregunta ella sin dejar pasar el tema toallas, sábanas y por supuesto el beso, mientras Inglaterra sigue en modo estatua de sal, súper sonrojado y con los ojos muy abiertos.
—Queremos un par de trajes de baño a juego y unas sandalias
—¿Por supuesto, querrán unos de slip o de bermuda? ¿Alguna marca en concreto o color?
—Mmmm... ¿Alguna preferencia?
—Bermudas! —chilla Inglaterra.
—Mi esposo quiere Bermudas...
—No so... —frunce el ceño y se va a mirar que hay mientras la chica asiente con una sonrisita.
—Veamos... Tenemos... —ella empieza a sacar algunos. Francia sonríe mirando unos anaranjados, Inglaterra toma unos marrones de cuadros.
—NO —sentencia Francia arrancándole los marrones de la mano. Toma unos speedos
—¿Estos?
—¡No!
—¿Por qué nooo? Se te marcaría el paquete perfectamente —Francia mira a la mujer y sonríe—, non?
—Oui —asiente ella.
—No! No! No! —Inglaterra se los quita de las manos.
—Argh... Entonces?
—Estos —muestra unos blancos con una raya roja.
—Oui, claro... Unos con la bandera anglaise
—La bandera es con la cruz de San Jorge, no una raya! —son los que les dibujo Himaruya. Francia sonríe un poco.
—Vale... Estos
Inglaterra asiente con la cabeza, sonríe y se lo lleva al probador. Francia se acerca a la mujer y le mira a los ojos con una sonrisa.
—¿Cuánto me cuesta que me deje tranquilo en ese probador unos diez minutos?
—No puede... —vacila ella.
—Oh, sí puedo, solo tiene usted que salirse a fumar un cigarrillo
Ella se rasca tras el oído nerviosa, mirando que no tiene más clientes...
—Mi padre me matara si se entera —pero asiente. Él le cierra un ojo y se ríe.
—Pero no va a enterarse.
—Hay una... nada.
—Una quoi?
Ella sonríe, niega con la cabeza y se va al mostrador doblando los bañadores que ha sacado antes.
—Puede escuchar todo lo que quiera, solo no le diga nada —sonríe caminando hasta el probador.
Asiente pensando que de hecho hay una cámara.
Francia abre la puerta del probador con sonrisa maliciosa mientras Inglaterra se mira no muy convencido en el espejo y luego mira a al francés a través de él.
—¿Es que no sabes golpear las puertas? —protesta un poco—. No sé si estaría más cómodo en una talla menos.
Francia le mira inclinando la cabeza y sonríe con aire analítico.
—Gira un poco.
El británico lo hace llevándose las manos al culo para ver si hace arrugas.
—¿Y tú qué, ya has ligado con la dependienta?
El galo le mira al culo con aire crítico e inclina la cabeza. Sonríe con el comentario y le mira a la cara.
—Mmmm... Digamos que llegue a un acuerdo con ella —le sonríe. Él le mira también esperando un veredicto y levanta una ceja con eso.
—No hace falta que llegues a acuerdos, tenemos dinero para pagarle —responde.
—Creo que se te ven bien aunque... —le mira y levanta las cejas, ligeramente ofendido por el comentario.
—Aunque... —le insta a hablar sin notar la ofensa.
—Date la vuelta hacia el espejo —pide, decidiendo dejar pasar el comentario, lo hace mirándole a través otra vez (Inglaterra no estaba pensando en un acuerdo sexual propiamente si no más bien el tipo de acuerdo que haría él del estilo "soy tal y ahora no llevo dinero, pero te compensaré tres veces más si me dejas llevarme")
Francia entendió lo del acuerdo sexual... ya se lo aclarara... No ahora, ahora tiene otras cosas en que pensar. Le abraza por la espalda metiéndole los dedos gordos en el resorte de la cintura. Inglaterra parpadea tensándose.
—What are you doing?
El francés gira la cabeza y le besa el cuello empujándole hacia el espejo.
—¿Decías que en el probador no había pasado nada?
El inglés se sonroja mucho poniendo las manos sobre el espejo.
—No! Nonononono... —vacila hiper-nervioso cuando nota que le mete lentamente las manos al traje de baño, se pone más nervioso proporcionalmente a medida que disminuye la distancia con la zona de peligro, mirando las manos con terror—. La... La chica sabe que... Estamos aquí y... Puede... Puede venir y...
—Deja de pensar en la chica —ordena besándole el cuello. El británico tiembla volviéndose gelatina entre sus manos, mientras el francés le baja el traje de baño directamente empezando a desnudarse la toalla.
—Aah... Please... —pide muriéndose de vergüenza cuando se lo baja y se ve desnudo en el espejo frente a él. Francia le pasa una mano por la espalda hasta el culo.
—¿Quieres darte la vuelta? —pregunta con voz suave, suponiendo el problema.
Aprieta los ojos verdes sin saber que cojones quiere, de hecho, así que Francia decide que entonces va a tener que soportar que sea de frente al espejo, tirando la toalla al suelo y jalándole el pelo para que gire la cabeza y pueda besarle.
Bueeeno, pues en cuanto le gira la cabeza ya no se ve, pero ese beso hace que el big ben dé la hora en punto de tal forma que si vuelva a verse no sea capaz de mirar a Francia a la cara por el resto del día.
Francia termina por soltarle la cabeza y la chica debe tener un extraordinario concierto y toda una película porno. Pues viendo a Inglaterra en todo su esplendor.
