XII

CAMINOS AFORTUNADOS

Suerte... El extraño elemento que todos tenemos en común. Excepcional para unos, caprichosa para todos.

Proverbio de Baltimare.

Cuando hay hambre, es buena hasta la carne de perro.

Proverbio semk.


Era de Madrugada.

Aun así, había demasiada actividad. Había momentos donde la luz entraba por las ventanas, acompañada de sonidos mecánicos y muchos cascos corriendo. Si no era en la ventana, entonces era en la puerta, donde el mismo escenario se repetía. Aunque con la puerta podía saber el porqué: heridos. El resonar de las botas le hacía difícil el descanso. Pero eran los gritos de dolor, de agonía, el sonido de hombros que eran acomodados, gritos de ponis en crisis. Gritos, gritos, gritos.

Por supuesto, a Mind no le importaba, el alcohol la había puesto a roncar incluso en una posición incómoda como la que tenía: con el vientre abajo, la cabeza a un lado de la almohada y un par de cascos afuera. Pero no era el caso del resto. Apenas habían dormido un par de horas antes de que el alboroto empezara. Y para complicar las cosas la nenita se había convertido en un problema. EL clamor de afuera la había despertado en un par de ocasiones, y su llanto a veces eclipsaba los gritos de afuera. A diferencia de la unicornio, lo que era Compass y Kristin se cubrían sus cabezas con las almohadas.

Nyota intentaba de todo para calmarla. Se había aventurado en busca de más leche, sin mucho éxito por la falta de atención de los cocineros, pensando que el alimento la relajaría lo bastante para dormir. La meció entre sus cascos, cantó y arrulló algunas canciones imesebelen y por último intentó hacer gestos, nada de lo cual tuvo resultado.

— ¡Agh, ya callen a esa potra! — Dijo Kristin, levantando solo la mitad del cuerpo y señalando con rabia a la pequeña. Sus ojos estaban enrojecidos y lo que iba a ser el primer descanso en una cama decente después de mucho, se había arruinado.

Su grito hizo el efecto contrario. La pequeña unicornio lloraba más. Solo un leve quejido del poni gris se hizo audible por un instante, pues la nenita acaparaba la atención.

—¡Kristin, la asustas! —gritó Nyota molesta mientras arropaba a la pequeña potranca, quien la cubrió con su cuerpo mientras le respondía a la grifa.

— ¡¿Acaso yo recogí a una huérfana llorona?! — Le contestó la grifa de manera desafiante, haciendo gestos violentos con las garras, moviéndolos en el aire para apuntar, con violencia, a la potranca. Otra vez, sus gritos hizo que la pequeña subiera el volumen.

—¡Más respeto con esta bebé! —gritó molesta Nyota— ¡Mejor es que cierres el pico!

Kristin no podía creer lo que dijo ella, el clásico pero doloroso insulto para los suyos. Se quedó con la boca abierta y miro con rabia a la cebra. Pensaba en abalanzarse sobre ella, defender su honor como lo hacía al principio del viaje, pero tenía a la nenita y Compass se levantó de manera preventiva, frustrando cualquier intento. Simplemente, ella volvió a acostarse refunfuñando.

No era algo en un solo sentido, no. Pues, Nyota de inmediato se sintió mal por Kristin, su leal y avariciosa compañera emplumada, pero ella había comenzado insultando a la bebé. A decir verdad, ella ya estaba desesperada. Sus opciones se le habían agotado y, con la potranca entre sus cascos, miraba a sus alrededores por alguna solución. Había lavado el trapito morado para prevenir alguna infección en la bebé. Fue a ver si ya se había secado. Pero se detuvo, pués se encontró con un Compass con los ojos enrojecidos y cansado. Incluso un plagado parecía más animado que el poni gris.

— Dame a la bebita. — Dijo Compass.

—Ten, sostenla con cuidado —dijo la cebra, igualmente agotada. Dio un gran suspiro y se sentó en la orilla de la cama, con un casco sobre su frente. Ansiaba la cama, y ese lapso de concentración le llevó un susto.

Antes de que Nyota se diera cuenta, Compass se fue al baño de la habitación y se encerró con la pequeña. Aún se oían los llantos. Se había movido con agilidad, para estar tan animado como un muerto. Y en cuanto alzó de nuevo la cabeza, oyó la puerta cerrarse.

—¡Compass! —gritó alarmada Nyota, corriendo para ver qué pensaba hacer el poni. Acercó su oreja a la madera de la puerta.

Luego oyó agua, y los llantos de la potranca. Un rato después la potra se calmó, pero todavía se oía agua. La pequeña, que parecía una sirena de bomberos, se había callado. Nyota se alarmó y derribó la puerta para entrar, un golpe limpio y directo a la madera con uno de sus cascos traseros. Temía que Compass hubiese ahogado a la bebé, que su amado se hubiera convertido en un cambio, encontró a Compass bañando a la potranca en el lavacascos, quien se veía más relajada aunque hacía un puchero y algunas lágrimas se asomaban en sus ojos. Aplicaba jabón con suavidad y la restregaba, luego de tomar un poco de agua y mojar la cabeza de la pequeña. Lo hacía con lentitud y con ojos cansados. Nyota pestañeó, un par de veces. Luego comenzó a ponerse colorada, y retrocedió, pero se alegraba.

—Creo que necesito dormir —dijo avergonzada.

— Te lo mereces, Ny. — Dijo Compass, mirándola por un momento y dándole una débil sonrisa.

Él mientras, seguían bañando a la pequeña. Le echaba agua con un casco y con el otro le restregaba la misma zona donde lavo.

Compass termino de lavar a la pequeña, aplico aceites aromáticos, en el botiquín del baño se encontraban algunas muestras, y la cubrió en un paño nuevo. Ya en la habitación, se sentó en un asiento y puso a la pequeña en su pecho. La nenita parpadeo antes de quedarse dormida.

Nyota sonrió al verlos, y cuando se durmió en sus sueños aún podía ver a Compass y a la bebé juntos. En sus sueños, ellos dos podrían ser los padres de la pequeña.

Pasaron las horas, y cuando esta se despertó, encontró a Compass tendido en el suelo, dormido, y la potranca gateando a sus alrededores. Compass murmuraba con ternura cuando la nenita le chupaba la melena o se recostaba de uno de sus cascos.

Nyota sonrió y se levantó, para buscar la leche que darle a la bebé. Antes de salir, miró a Compass y la bebé con ternura. El futuro padre de sus hijos, con la primera potranca en mucho tiempo. Ella se internó a otro mundo que el que escuchaba en la madrugada. Todo tenía un silencio digno de una cripta. Mientras más caminaba o se internaba en la mansión, más callado parecía todo.

Hubiese parecido surreal si no hubiese visto a una pareja de médicos dirigiéndose a una habitación. Luego la vida volvió en los corredores y las habitaciones.

Nyota se asomó por una puerta y logró ver durmiendo a una pegaso de varios tonos de rosado.

Cuando alzó la vista, pudo ver que ella compartía el cuarto con muchos heridos y médicos atendiendolos. ponis con cortes severos, médicos atendiendo, enfermeras asistiendo, incluso capellanes militares dando las últimas oraciones a los que estaban a punto de partir.

— La desgraciada tuvo suerte. — Dijo una enfermera a su lado, revisando su expediente.

— Ella es así, por es la cargó encima. — Dijo la misma unicornio que ella y el grupo encontraron en la sala con el coronel. La enfermera dio un susto por la sorpresa.

Nyota también se sorprendió. Tuvo la sensación de que no debería estar allí, aunque tenía muchas ganas de ayudar a curar a los heridos.

Sólo necesitaba hierba de brujo y podría curar a varios... pero sabía que eso la expondría a la muerte.

— Está bien, siempre pasa enfermera. Yo me quedaré con ella. — Dijo la unicornio, sentándose a un lado y murmurando hacia la pegaso herida. Incluso reía junto a ella, pero la trataba con sumo cuidado, incluso con cariño.

Nyota asintió, y salió triste de la habitación. Le dolía ver tanto sufrimiento.

Volvió a buscar la cocina

Más ponis a sus alrededores caminaban sin prestarle atención. Ayudar a los heridos y cargar suministros era más importante que la cebra. Aunque los grupos ociosos si le dirigían miradas lascivas.

No tardó en encontrar la cocina. Los trabajadores de la misma se veían tan cansados como ella. Llevaban grandes ollas de sopa y comida enlatada al patio y al interior de la mansión. Vestían de blanco con una red en la melena.

Nyota se sentía incómoda con las miradas de los otros soldados. Se acercó a uno de los trabajadores y le pidió un poco —sólo un poco— de leche para la bebé.

— ¡Oi' Salt! ¡Cebra bonita en la puerta! ¡Ve a ver que quiere! — Dijo uno de los cocineros, golpeando una olla con el cucharón y señalando a Nyota.

Una yegua, vestida como los cocineros, y con profundas ojeras debajo de sus cuencas oculares, le hizo un gesto con la cabeza a la cebra para que hablase. Todo eso mientras atendía una olla con guisado.

Parecía vómito marrón, si no fuera por los trozos de verduras que le daban color y vida a la olla.

—Necesito un poco de leche, para un bebé —dijo ella, mirando el guisado. También podría haber ayudado con eso, pero necesitaba varios tipos de hierba que no estaba segura de poder hallar en esa zona.

Por otra parte, no sabía cuántos soldados estarían dispuestos a comer alimentos cocinados por una bruja.

— ¡Sauce! ¡La favorita del coronel quiere leche para una bebé! ¡Mueve ese culo! — Dijo la cocinera de manera regañona. Un joven fue a traerle la leche.

— ¡No fui a la maldita escuela de cocina para esto! — Dijo el joven, tirándole la leche a la cebra y volviendo a su puesto.

— ¡Cierra la maldita boca y prepara los panes para el desayuno! — Le gritó el jefe de la cocina, dejando al joven con sus quejas.

Nyota se sintió mal al ver semejante presión en los cocineros. Quiso ayudar, pero decidió regresar con Compass.

—Muchas gracias —dijo ella antes de irse.

Nyota emprendió el camino de vuelta sin problemas. Cuando entró a la habitación, encontró a Compass en el mismo sitio, pero a la pequeña acurrucada cerca de él.

Ella sonrió alegre y se acercó a Compass. Besó su frente

Pudo ver como este formaba una ligera sonrisa, aún dormido en el suelo. Cuando levanto la vista, solo encontró al resto igual de agotados y durmiendo. Bajo la vista y el poni gris se enroscaba como un perro.

La cebra sonrió, tomó a la bebé en brazos y procedió a darle de comer


Conmoción.

Aun Mind seguía dormida, efectos del alcohol (y era preocupante). Pero el resto, ya despierto, sintió mucha actividad y cascos galopando a las afueras, así como el sonido de una multitud trabajando en la ventana.

Nyota procedió a alimentar a la bebé, sentada lejos de la puerta.

— Acabo de hablar con un soldado, parece que el general viene a la mansión. — Dijo Compass, estaba algo sudado por la conmoción, incluso parecía agitado. — Casi podía moverme por los pasillos.

— Mind, levántate. — Dijo Kristin, meciendo a la unicornio con su garra. La respuesta de ella fue gruñir y tratar de apartarla con su casco, aun dormida.

—Nada de esto me gusta —dijo preocupada Nyota—. Estar en medio de la guerra, casi en el fuego cruzado.

— Sé que suena aterrador, pero ese oficial y sus tropas nos han abrigado y cuidado. — Dijo Compass, rascándose una oreja, pero hablando de manera preocupada.

—Lo sé, pero ¿hasta cuándo lo harán? —dijo preocupada Nyota. No podía relajarse en ese lugar: tenía la impresión de que en cualquier momento llegarían soldados para llevarlos a una celda.

Compass le dio lastima su gesto, quería reconfortarla, decirle que todo estaría bien. Pero no tenía la base para hacerlo.

— SI te hace sentir mejor, puedo salir y tratar de hablar con él. Hacerme responsable de todo. — Dijo de manera tranquila.

—No quiero que te expongas —dijo ella mirándolo—. Si vas a enfrentarse a alguien,deja que te acompañe.

— ¡Hey! ¡No se olviden de mí! ¿Quieren? Empezamos este camino juntos y así tenemos que terminarlos. Y me encantaría decir lo mismo de la nueva. — Dijo Kristin, de manera divertida y rodeando con sus patas a ambos, señaló de manera divertida a Mind.

Nyota se rió por el comentario de Kristin, y dejó que ella la abrazara

—Tienes razón, quizás desde ahora viajemos los cuatro juntos.

Compass les sonrió a ambas, de manera sincera y amable. Fue el primero en abrir la puerta y las invito a salir.

— Buen chico. — Le dijo Kristin, incluso acariciándolo como una mascota, ganándose un gruñido del poni gris. — Rayitas, controla a Fido.

—¿Dejaremos a Mind durmiendo aquí?

— NO parece que vaya a responder en un buen rato. Y cuando lo haga, la resaca la tumbara. Créeme, lo hará. — Dijo Kristin, con una garra en su boca mientras miraba a la unicornio.

—Entonces salgamos —dijo riendo Nyota., acercándose a Compass

El grupo, con Mind ausente, empezó a dirigirse a los patios de la Mansión. A medida que se acercaban, encontraban más soldados, listos para recibir a su general. Incluso tropas heridas, como el poni que tenían al frente, estaban si podían mantenerse sobre sus cascos. El soldado tenía su cabeza casi cubierta por vendas, donde una leve mancha roja estaba en su sien.

Todos estaban formados, presentando sus armas, luego el sonido lejano de un camión se hizo presente.

—¿Qué esperamos? —se atrevió a preguntar Nyota a Compass

Compass señaló la respuesta.

Camiones militares, con la parte trasera cubierta con lona, entraron en la mansión y se estacionaron. Varios soldados, con armaduras especiales, hicieron dos líneas paralelas, listos para recibir.

En otros camiones se bajaron los oficiales y los soldados, formándose como el resto. Del camión donde los guardias estaban formados, salió un poni terrestre de crin naranja y melena marrón, usando el uniforme pardo como el resto. Tenía un semblante serio y una mirada agresiva que se dirigía a sus alrededores, más no portaba armas.

— Ese debe ser el general ¿No, Compi? — Dijo Kristin, sosteniéndose el mentón con la garra, mirando de manera inquisitiva.

— Imposible, el general debe estar entrando en los sesenta ¡Este apenas llega a los cuarenta! — Dijo Compass, se tapó la boca por su imprudencia, menos mal que a nadie le importo.

—Tal vez es un coronel, o una sombra —dijo Nyota.

Una sombra. Entre los reyes y generales importantes de las Tribus, era bastante común que tuviesen a su servicio otros ponis o cebras que fuesen sus dobles exactos, para evitar ser víctimas de emboscadas.

Nyota hizo una mueca al pensar eso. Cada vez estaba menos de acuerdo con las tradiciones de las Tribus

Luego, bajo la coronel Thirsty, con sus pinturas tribales y su mirada aterradora. SE puso a un lado del otro oficial.

—Ella sí es una coronel —dijo Nyota, contemplando sus tatuajes. En algunas tribus cada marca tenía un significado, pero no sabía si la tribu de Thirsty seguiría esa tradición.

Por último, se bajó un poni terrestre. De crin verde oliva, cabeza calva, y la poca melena que tenía estaba encanecido, pues gran parte de su cabeza era calva. La cara tenía tres cicatrices. Era musculoso, para su edad, y tenía una postura erguida y digna. Labios apretados. Todos los soldados los saludaron al unísono. EL Coronel Watch se acercó a saludarlo, luego se oyó su risa.

Nyota sintió un escalofrío recorrer su espalda cuando los soldados saludaron. Fue tal su conmoción que la bebé casi cayó de sus cascos.

El general caminó hasta llegar al centro del patio, donde las miradas austeras de los soldados estaban fijas en él. Incluso los heridos trataban de mantener la compostura y la posición, a pesar de sus heridas. Dio una bocanada de aire profunda y hablo.

SU voz parecía retumbar hasta los cimientos de la casa.

— ¡SOLDADOS! ¡Aunque nuestra emperatriz éste en la capital, en el sagrado Palacio de los Espejos, lejos de aquí, estaría orgullosa de cada uno de ustedes! ¡Ustedes han enfrentado la fuerza de una vanguardia de la Legión y sus densas formaciones, así como luchar sin desfallecer contra el Pueblo del carro más importante entre ellos! ¡Y es por eso, en el que estoy orgulloso de dirigirlos!

Los soldados empezaron a ovacionarlo, a golpear sus armas contra los escudos. Luego se callaron para permitir que él terminase.

— ¡Pero nuestra tarea todavía continúa! ¡La batalla por el Paso apenas está en su fase más cruda! ¡Nuestros hermanos en los demás regimientos y las guarniciones locales necesitarán nuestra ayuda! ¡Nuestra labor, ESTÁ LEJOS DE TERMINAR!

Aun después de ese final, la ovación fue más fuerte que la anterior. SE veía la disposición de los soldados a luchar y a ganar en esta guerra. La ovación también alcanzó el corazón de Nyota. Miró al general, y se preguntó cómo una sola criatura sería capaz de inspirar a tantos ponis.

— No me importa si voy al Tártaro, si ese general me dirige, entonces lo seguiré hasta la muerte. — Dijo Kristin, se quedó anonadada por el evento, mirando con ojos como platos.

— Él es un héroe entre las tropas de Baltimare, ahora saben el porqué. — Dijo Compass, sin dejar de quitarle la vista al general. — Vengan, vamos a la oficina.

—Tú nos guías —dijo Nyota algo preocupada, sosteniendo a la bebé con fuerza

El aire hasta se había vuelto más agradable. Los soldados, que antes se quejaban de ellos, ahora los saludaban con cordialidad. Incluso los heridos, cuando pasaron a la enfermería, se estaban recobrando. Tenían el espíritu renovado. No tardaron en llegar a la puerta de la sala de operaciones, ahí se detuvieron.

—Ese general inspira muchísimo a sus tropas —dijo impresionada Nyota—. Mi tío también sabía reanimar a los guerreros del poblado, pero nunca a tantos ponis.

Compass sonrió por el comentario su comentario.

— Ante tantos peligros y tantos enemigos, hay ocasiones que, aun con su tamaño, el ejército de Baltimare no da abasto para tanto territorio. Por eso piden que los oficiales de alto rango tengan carisma o inspiren a sus tropas, pues muchos son ponis comunes ante los peligros del yermo o facciones civilizadas. Sé que el alto mando de Baltimare quiere que sus oficiales den el ejemplo o, al menos, se conviertan en uno. Y este general es la expresión misma de esa máxima. — Dijo Compass, llenándose de un poco de orgullo.

Fue Compass el primero en abrir la puerta, permitiendo el paso a las chicas. La sala de operaciones estaba carente de vida, contrario a la primera vez.

— Por aquí. — Dijo una gruesa voz desde los extremos de la habitación. — Por favor, cierren esa puerta, gracias.

Cuando se voltearon, encontraron a tres figuras conocidas: la Coronel Thirsty, mirándolos con ojos carentes de parpadeo, el Coronel Watch, dedicándoles una vista paternal, y la unicornio de mirada conspirativa, fija en una ventana. Junto a estos, estaban el general Biest y el otro coronel, el poni terrestre de color naranja.

— Por favor, acérquense. — Dijo el general de una manera paternal, haciendo un gesto con el casco para invitarlos.

Nyota tragó nerviosa y avanzó. Sentía un extraño respeto hacia el general, nacido de la admiración que le profesaban sus soldados. Compass fue el que avanzó hacia él, cada paso hacía que temblara como un perro con frío. La coronel alzó una ceja, pero el general se rió de manera sincera.

— No teman, si quería sus muertes, la hubiese pedido hace mucho. — Dijo el general de manera tranquila. Podían verlo con detalle, era un anciano, a mediados de sus sesenta, musculoso y con tres cicatrices que cruzaban por su cara. — ¿Quieren comer algo? ¿O quizás comer?

Nyota miró a Compass un momento. No se dio cuenta hasta ese momento cuánta hambre tenía.

—Pues, sí, aceptamos su generosidad —dijo Kristin sin tapujos

El general hizo una seña y el coronel Watch les levito, a cada uno, una lata de frutas en almíbar. Se las abrió. Compass empezó a comer como siempre, devorándolo todo. Kristin no se quedó atrás y comía como una verdadera ave de presa. Nyota se sonrojo, avergonzada por las reacciones de ambos. Miró primero su lata y luego miró al general, indecisa.

— Come tranquila. — Le replicó el general con tranquilidad, tratando de sonreír con sus labios apretados.

—Muchas gracias —dijo la cebra, y comenzó a comer con toda la educación que pudo.

Pero el sabor de las frutas la tentaban a dar cuenta de ellas al estilo de Compass o Kristin

— Debes preguntarte por qué los he cuidado y tratado bien, a pesar de su historial. — Le dijo el General, rompiendo el hielo. Sus coroneles intercambiaban miradas. — Para las autoridades, no eras más que una bruja y criminal.

—Para ser sincera, yo sí pensé sobre eso —dijo Nyota—. Sobre todo, me sorprende la generosidad que han tenido conmigo.

Compass dejó de comer y miró a ambos con interés.

— ¿Sabes de la unión de las tribus para acabar a las ciudades-estado? — Dijo El general, de manera neutra y levantándose de su asiento.

—Sí, conozco esa guerra —dijo ella con tacto—. Casi lo logran de no ser por la traición de los khundryl.

— ¿Sabes de la participación de tu tío en ella? — Dijo, acercándose a la cebra con lentitud y hablando de manera neutra. Se detuvo cuando estuvo en frente de ella, la superaba en tamaño, quizás el doble.

Aquella noticia la sorprendió por completo. Miró al general con sorpresa e interés, pero con mucha mayor sorpresa.

—Me habían contado que ocurrió hace docenas de generaciones en el pasado.

Él se quedó en frente de ella, callado. Mirándola desde arriba. Compass se sentía nervioso por el comportamiento del general. Nyota también se sentía nerviosa e insegura. Temía alguna reacción repentina por parte del general, así que entregó la bebé a Kristin.

La grifa parecía no saber muy bien cómo sujetar a la criatura

Su reacción fue inesperada que incluso algunos coroneles se llevaron los cascos a la boca: el general se arrodillo ante la cebra. A Compass se le cayó la mandíbula por este gesto. Biest Grimming, general del 5to. Regimiento Motorizado, conocido como el Tigre de Baltimare o El Comecorazones, estaba arrodillado ante ella, sonriéndole y diciendo de manera baja:

— Gracias.

Si los coroneles se asombraron, Nyota literalmente no sabía qué estaba pasando. Pensó en retroceder, pero no pudo hacer más que mirar al general con sus ojos abiertos como platos.

—¿P-por qué? —preguntó tartamudeando—. ¿Por qué gracias?

— Gracias a tu tío, y a su noble acción, al menos un centenar de ponis, incluidos mi hija y mi nieta, se salvaron. No tendrían más que tu edad y la de esa bebé. Estaba con el corazón congelado cuando la invasión sucedió y yo estaba en el Sur, mientras que ellas estaban en el Este. — Le dijo con total sinceridad y manteniendo la sonrisa. — Este acto es mi agradecimiento a tu tío.

Nyota se sonrojó un poco, y luego su expresión cambió a una de tristeza. En realidad, estaba siendo golpeada por toda clase de sensaciones: le parecía estar en otro universo.

—Mi tío se habría sentido honrado, muy honrado. Nunca pensó en los habitantes de las ciudades como enemigos —dijo ella mirando al general. Pensó en arrodillarse para estar a su nivel, según la costumbre de los imesebelen, pero no estaba segura de qué hacer

— Me encantaría hacer más por ustedes, y eso lo haré. Esa unicornio de ahí, los va a ayudar con lo que necesiten. Y dado a dónde van, sé que irás más lejos que yo. — Dijo el general con una sonrisa. — No estés triste, Nyota.

—No sé qué decir —dijo ella emocionada—. Es..., es demasiado. Me gustaría poder ayudar en algo más, poder ser útil en su batalla.

— No. — Le dijo el general de manera seca. Aunque mantenía el tono paternal —. Hay algo más importante y déjanos la batalla a nosotros. Ahorita mismo, necesito que se vayan y sean útiles en otros lados. Ya llegará el momento en el que debían ayudar a Baltimare. Y, vuelvo a repetir, gracias.

Compass se acercó a la oreja de ella y le susurró:

— Ahora eres famosa, pero hay algo más importante que debes tratar.

—¿La bebé? —le preguntó Nyota a Compass, una vez consiguió reaccionar. —General, hay un asunto del que quisiera hablarle —dijo con respeto Nyota

— Adelante. — Le replicó este, mientras volvía a su asiento.

—Es sobre esta bebé —dijo ella, Kristin avanzó unos pasos hasta quedar junto a Nyota—. Necesita a alguien que pueda cuidarla.

De todos, fue el coronel Watch quien se levantó y se acercó a ella, no sin antes la aprobación de su superior.

— A ver si con la pequeña maduras, aristócrata. — Le dijo el coronel anaranjado, solo hizo que este riese por el comentario.

— Me encantaría adoptar a esta pequeña. — Le dijo el unicornio, con una sonrisa en su boca.

— Cuídala bien —dijo Nyota—. También cuida ese trapito morado, le encanta.

— Tendré mucho cuidado con ella. — Dijo el coronel, levitándola a su pecho y meciéndola.

La bebé parecía cómoda, tranquila. Pero tan pronto vio que estaba lejos de la cebra, alzó sus pequeños cascos en dirección a Nyota, y ponía una cara triste. Parecía que iba a llorar, pero hizo otra cosa.

— Ma-ma — Dijo la nenita, con un tono triste. El coronel Watch se conmovió y le besó la frente, empezando a mecerla.

Nyota se sorprendió, abrió la boca para hablar y no pudo decir nada. Su mandíbula inferior tembló. No quería llorar, pero no podía evitarlo. Oculto sus ojos tras sus cascos.

Compass se apresuró en abrazarla, en sobarle el lomo, tratando de consolarla. Era difícil, y quería saber cómo se sentía, pero sería imposible. Lo mejor que pudo hacer es llevarla a la puerta mientras la reconfortaba.

—Me..., me llamó mamá —susurró ella antes de que la voz se le quebrara.

No era fuerte. No era como su tío o aquel general. Bastaba una palabra para que se viniera abajo.


El silencio.

Podía dormir ante el ruido de afuera, con un potro en cascos llorando, con una discusión en marcha. Miles de ruidos naturales, el movimiento de tantos cascos, las tropas detrás de las paredes, insectos miserables, roedores comiendo basura, gemidos, gritos de órdenes, los bufidos de los iyanrines, de los motores de tantas máquinas. Pero falto la ausencia de todo ruido para que Mind empezase a despertarse.

— Carajo, mi cabeza. — Susurró, con un casco en su cabeza y la melena alborotada. Hacer un acto sencillo le costaba.

Miro a los alrededores, estaba a oscuras, con las cortinas sobre las ventanas y una extraña luz de vela. No era muy normal, ¿Qué hora era? Parecía ser de día pero el ambiente, el aire era eminentemente nocturno. Tanta quietud, no le parecía sana. No era común, con tantas tropas era imposible que hubiera una ausencia total de ruido; en el cruel Yermo a veces se desea algo de quietud, pero esa quietud era como la de un mausoleo.

Luego, lo vio.

EL mismo mayordomo de ayer, en una especie de ritual que jamás había visto, aunque jamás había visto uno. Pintaba una figura extraña con un líquido escarlata, susurrando en un idioma extraño, que jamás había oído ni en labios de la Garra, y con una mirada enloquecida en su cara. Lo peor fue ver aquella expresión… Si el mal tuviese rostro sería como el que el mayordomo presentaba en esos momentos.

Le heló el corazón.

Por las ventanas parecía que afuera hacía calor, sin embargo, adentro hacía mucho frío, tanto así que Mind soltaba vapor al respirar.

El mundo al interior pareció cubrirse con una fría luz azulada.

Mind se hizo la dormida, pero estaba atenta. Era peligroso que aquel animal supiera que estaba despierta, no quería tener que enfrentarse a él. No sin Kristin, Compass y Nyota cerca. Miraba con atención lo que hacía el mayordomo. Por unos segundos qué eran realmente eternos, él seguía recitando. A veces, la Rueda lograba capturar a un sectario de la Garra y éste los maldecía con furia, en aquel idioma que aquella Secta usa, el shem-varsi. Era como el ruido del agua-nieve golpeando con furia el cristal de sus ventanas.

No se parecía en nada a los conjuros de aquel poni.

Entonces, pasó algo.

Pudo ver cómo las marcas rojas, un arabesque extraño y enrevesado como un calendario ahuizotl, se encendían con un fuego de color azul brillante, como si un niño hubiera coloreado por encima con sus lápices más chillones. Un fuego borroso como acuarela, brillante como una estrella.

Mind no podía creer este acto tan irracional, fuera de su alcance. Con ojos como platos, ella negaba con la cabeza.

Parecía que la realidad fuese solo una fotografía sobre la cual tétricos cascos infantiles dibujaban lo que ellos imaginaban sería una hoguera. Las marcas de fuego azul comenzaron a moverse lentamente, como una fila de organizadas hormigas, como una serpiente buscando enrollarse sobre sí misma. Se ordenaron como una constelación para formar algo vagamente similar a un rostro de equino.

Un rostro que no quería contemplar.

—DIME, ¿QUÉ VES? —preguntó una voz hecha de miles de sonidos de insectos, que pareció nacer desde dentro de su cabeza.

Ante la voz, ella gritó. Tiró las sábanas y se puso sobre sus cascos, empezando a correr hacia la puerta. Fue interceptada por el mayordomo, enloquecido. Demasiado afectado para hacer un ataque coordinado.

Y el rostro seguía ahí.

Aun así, era más fuerte que la unicornio y la tacleó. Ella usó su brazo mecánico para luchar contra el mayordomo mientras gritaba a todo pulmón.

—NECESITO SABER QUE VES —volvió a repetir la voz en una cascada de grillos y ulular de búhos. La temperatura pareció disminuir aún más, al punto de que su aliento cargaba vapor de sus pulmones. Los objetos como la cama, las mesas y la lámpara, no proyectaban sombra alguna. Por las ventanas veía el cielo invertido, ocupando el lugar de la tierra. Oyó golpes en la puerta, húmedos y gomosos como su fueran hechos por un apéndice viscoso en vez de un casco.

Caos total.

Ella seguía gritando, y luchando contra el mayordomo en el suelo. Cada vez que ella lo apartaba con su brazo, este se abalanzaba cuando ella se levantaba. Como un depredador de la Estepa cazando al Maqqar. Ella daba vueltas, lo golpeaba con sus débiles cascos y su brazo; trataba de alcanzar la puerta.

—DIME, CLEAR MIND, ¿DONDE ESTOY? —preguntó la voz como canto de cigarras en su mente. Era doloroso, como vidrio molido en su cerebro.

La puerta pareció alejarse al otro extremo de la habitación. Ya no era un pequeño cuarto: era inmenso, infinito como una cancha de futbol.

Ella no podía creer lo que estaba viendo. Motivada por la desesperación, dio un gran golpe a la cabeza del mayordomo antes de empezar a galopar hacia la puerta.

La habitación parecía girar en mil direcciones. Como si fuera estuviera en el interior de un diamante, las paredes se llenaron de ángulos extraños. Las baldosas en el suelo intercambiaban sus colores a tal velocidad que hacían doler sus ojos. Unos torbellinos de escarabajos azules brotaban de las paredes y se esfumaban al tocar el suelo. No quería voltear, pero estaba convencida de que aquel rostro sanguíneo estaría observándola.

Ella sentía que se le acaba el aire de los pulmones, pero aun así seguía gritando. Si sus cascos no podían sacarla, entonces uso la magia. Se teletransporto en dirección a la puerta.

—¡DIME QUÉ VES! —gritó con furia la voz y fue como si alguien rasguñara pizarrones justo al lado de sus oídos. Podía jurar que sangre caía de sus orejas.

Ella embistió la puerta, volviendo al plano real. Miro como una loca a sus alrededores y dio una bocanada de aire antes de que su voz resonara por el lugar.

— ¡TENEBRARUM!

Su grito provocó un segundo de silencio. Luego una profusión de cascos corriendo hacia allá.

Ella se recostó de una pared, se acurruco y empezó a temblar como un perro con frio. Luego sintió un casco encima de ella. Mind reaccionó gritando y dando golpes ciegamente.

— ¡CLEAR MIND! — Vino una voz proveniente de la habitación. EL mayordomo, como acto de desafío, tiro un hacha hacia ella.

Mind tuvo poco tiempo para reaccionar de manera completa. SI, se pudo agachar y sentir el filo rozar su melena.

Pero su brazo. El hacha cortó su brazo de raíz.

Nyota se horrorizó al ver el brazo arrancado de Mind, pero reaccionó deprisa. Tomó el hacha y se la arrojó al mayordomo, con intención de cortarle un brazo.

—¡Mind, cálmate! —gritó la cebra, sosteniéndola— ¡Soy yo Nyota!

El hacha dio en el blanco. El mayordomo cayó herido y luego fue rematado por los soldados. Estos empezaron a traer cosas inflamables y sacras antes de ingresar a la habitación.

Pero Mind seguía en estado de shock: seguía gritando y mirado enloquecía sus alrededores. Pronto Compass se unió a Nyota, luego Kristin; y miraron con terror a la unicornio.

—Retrocedan —dijo Nyota—. Está aterrada. Necesitamos un sedante.

— ¿Quieren mi ayuda? — Dijo la unicornio que encontraron en la sala de operaciones, con su mirada conspirativa. Ella sacó una cerbatana y un dardo.

—Por favor —dijo Nyota, echando una mirada a la habitación maldita.

Esta, en un momento, disparó contra la unicornio. Mind se quedó quieta por un momento, antes de desplomarse en el suelo. SU mirada enloquecida desapareció, dando paso a una más relajada antes de cerrar los párpados.

Los soldados empezaron a incendiar la habitación, tirando objetos santos y algo de comida a esta.

—Tenebrarum —susurró asustada Nyota—. Menos mal no logró traerlos a este mundo.

La unicornio miró la habitación, ya la estaban sellando. Podían oír el crepitar de las llamas detrás de la puerta.

— Adiós a nuestras cosas. — Se limitó a decir Compass, mirando decepcionado la puerta. Luego Kristin le enseñó sus alforjas. Había salvado algo.

— ¿Les invito un trago? — Se limitó a decir la unicornio de mirada conspirativa.

—Preferiría quedarme con Mind —dijo Nyota, recogiendo el brazo mecánico roto— ¿Alguien sabe cómo curar esto?


La luz penetró con fuerza a través de los cristales. Nyota se aseguró de estar totalmente sola para sacar su hierba de brujo y masticarla.

Bueno, toleraba la compañía de Compass y Kristin

Contempló a Mind, aún dormida, pero la cebra presentía que seguía sufriendo. Miró el trozo de metal que conformaba su brazo. Pensó que tal vez podría soldarlo..., pero desechó aquella idea.

— Ahora sí que el yermo la abrumó. — Compass vio a la unicornio. Sentía el terror que presenció, y parecía contagiarlo. Nadie quiere un encuentro con un Tenebrarum.

—Era un Tenebrarum mayor —dijo Nyota comprobando el pulso de Mind—. Tuvo suerte de que la invocación fuese parcial.

— ¿Hay clases entre ellos? — Dijo Compass, con una mirada llena de miedo.

—Hay rangos, como en un ejército —explicó la cebra—. Hay Tenebrarum débiles, comunes, fuertes y mayores.

Sus ojos brillaban con colores violetas, por momentos de un modo tan intenso que parecían antorchas.

— Ahora, resulta que los demonios están organizados ¡Qué maravilloso! — Dijo Compass, golpeando sus cascos en modo de queja y apartando la mirada.

— ¿Cómo sabes tanto de ellos? — Dijo Kristin, mirándola a los ojos.

— Es porque es una sacerdotisa. — Dijo una voz detrás de ella. Vio como la misma unicornio de mirada conspirativa se sentaba a su lado, con una bolsa de frituras caseras. — O como dicen por acá: una bruja. — Como un favor, ella dijo aquello en un susurro.

Nyota se sorprendió, y bajó la cabeza, en un inútil intento de hacer que la unicornio no viera sus ojos.

—Bueno, es algo que mi madre me enseñó

La unicornio se sentó, mirando a la cebra de arriba hacia abajo. De a ratos, comía una fritura, parecía chicharrón de puerco frito.

El único ruido que había era el de los bocados de la yegua.

Nyota miró a Compass y luego a Kristin, algo preocupada. ¿Acaso la unicornio pensaba quedarse a mirar?

Por los bocadillos que llevaba, era muy posible que sí

— ¿Les incomodó? — Dijo la unicornio de manera divertida.

— Bastante. No sé tú, pero en cualquier grupo en donde estoy, me presento. — Dijo Compass, algo irritado por el comportamiento de la yegua, quien se reía a ratos.

— Soy. — Ella se quedó quieta, con un casco en la boca antes de hablar. — Mint Leaf, Soy una mercenaria, pero no luchó; obtengo información.

—¿Qué clase de información? —pregunto Nyota con desconfianza

— La que necesiten. — Dijo, encogiéndose de hombros antes de dar un bocado. Hablaba con la boca llena. — Movimientos militares, estados de finanzas, lugares sin descubrir, información antigua. Ese tipo de cosas.

— Eres una espía. — Dijo Compass, la yegua tragó antes de responderle.

— Un espía trabaja para un grupo en concreto. Yo no hago eso. — Lo último lo dijo con lentitud. Leaf empezó a mirarse el casco. — Busco, encuentro, me pagan y listo.

—¿Por qué nos vigilas? ¿Vas a cobrar la recompensa? —preguntó con cautela la cebra

Ella rió.

— Dije obtener información, no tomar decisiones con respecto a estas. De paso, no sabía que tenías una recompensa. — La unicornio le guiñó el ojo.

Nyota se sonrojó mucho y retrocedió unos pasos.

Ella rió.

La unicornio seguía viendo a todos, pero se centró en Mind. Sobre todo, miró su pata metálica.

— No se ve a un desertor de la Rueda tan seguido. Pero sus conocimientos son invaluables. — Se calló para verla mejor. — Si es que mantiene la cordura.

—Intento ver qué puedo hacer por ella —dijo Nyota—. Estoy segura de que siente dolor, pero no sé cómo curar piezas de metal

— Más que todo debe ser la costumbre ¿Ya sabes? El problema que tienen alguien cuando le cercenan una extremidad. — Dijo mientras jugueteaba con una fritura. Le ofreció a Compass, quien las rechazó. — Cómo quieras. Sería como ayudar a un mocho a caminar.

—Eso es lo que temo —dijo preocupada la cebra—. No tiene mayor daño en su cuerpo, no sé cómo estará su mente hasta que despierte. Tal vez aún el Tenebrarum le hable.

— Tal vez deban deshacerse de ella como lo hacen las hermanas. Parece un eslabón débil. — Dijo Mint, haciendo una mueca con la boca.

— ¿Cómo te atreves a decirle así? Quizás esta unicornio no tenga una semana en el yermo, pero ha demostrado valentía. Solo que teme a las cosas que no puede entender. — Dijo Compass, mostrándole los dientes y gruñéndole.

— Santas diosas, deberían calmar a Fido. Sacarlo a pasear de vez en cuando. — Dijo Mint, sonriéndole al poni gris, pero manteniendo sus cascos al frente para mantener la distancia.

—Basta —dijo seria Nyota, mirando a Mint—. Nadie está preparado para hacer frente a un Tenebrarum y mucho menos a un Tenebrarum mayor.

Mint Leaf se quedó mirando a Nyota. Luego le sonrió de manera tierna.

— Tienes razón. Y por eso, me gustaría saber más de los Tenebrarum. — Dijo Leaf con la misma sonrisa. — De donde vengo no son muy habituales.

—Es mejor que se mantengan así —dijo la cebra—. No sabes lo afortunados que son

Leaf se quedó quieta, mirándola por un rato. Luego se encogió de hombros y se dedicó a comer.

Nyota, con mucho cuidado, abrió los párpados de Mind y revisó sus pupilas

Mind empezó a moverse, se quejaba mientras que la cebra la revisaba. Incluso trató de apartar su casco con un movimiento débil.

—Kristin, tráeme agua y vendas —pidió Nyota retirando sus cascos—. También trae algo de alimento.

—De inmediato, doctora —dijo riendo la grifo mientras salía de la habitación.

La cebra, con muchísimo más cuidado, se atrevió a tocar la base de metal que tenía Mind en la espalda.

Al hacerlo, Mind tuvo un espasmo en una de sus patas. Por suerte, nadie estaba cerca para recibir el golpe.

Ella retiró rápidamente el casco, y pensó que sería útil. Descartó de inmediato la hierba de brujo

— ¿Sabes algo de autómatas y de ingeniería? — Dijo Leaf, algo preocupado y mirando que estaba haciendo la cebra.

—No tengo ni la más mínima idea de eso —dijo Nyota—. Ni siquiera sé forjar metales.

Mint Leaf se quedó mirando el brazo metálico, lo tomo y su casco empezó a brillar. El brazo se encogió al tamaño de una de sus frituras.

— Hay gente que sí sabe. Desde ingenieros de Mane a magias del Norte, lugar donde tengo un pelo de influencia. — Leaf guardo el mini brazo en un bolsillo.

— ¿Influencia? — Compass siguió con la vista a al unicornio, con una ceja levantada. — No me convences.

— Allá arriba, hay cosas que los puede sorprender. — Se limitó a responder.

— No conozco tu región —dijo Nyota—. ¿Cómo es el Norte?

— Oh, bueno. NO soy de allá, pase mucho tiempo allá. Pero la región es blanca, muy blanca. — Dijo Leaf, con un tono encantador. — Lo sabrás cuando lo sepas.

La unicornio verde se sentó y cruzó los cascos.

— Este es el trato. Llévenme con ustedes, intentaré que mis socios reparen el brazo de la yegua y ustedes me cuentan todo sobre los Tenebrarum, aparte de que me llevan con ustedes.

—¿Por qué quieres saber sobre los Tenebrarum? —preguntó desconfiada Nyota— ¿Qué quieres hacer con esa información?

— Hace alrededor de cinco años, una legión del Caos independiente, llamada la Escarcha Sangrienta, le hizo la guerra al Reino del Norte. Su señor del Caos, Daud el Blanco, utilizaba alguna clase de encantamiento o invocación que provocaba que los cadáveres se convirtieran en bestias ferales, llamados Wendaemons. Afortunadamente, el Norte ganó la guerra, pero ese señor del Caos sobrevivió. Me contrataron para saber más de los Tenebrarum, para que la gente que toma decisiones sepa qué hacer. — Dijo Leaf, hablando con lentitud.

—Es diferente —dijo Nyota al escuchar el relato de Mint—. Si es para defenderse de los seguidores del Caos, puedo enseñarte algunas cosas

— No a mí, sino a quienes toman las decisiones en el Norte. También había oído de un grupo de emisarios con los Caminantes. Me pregunto quiénes son. — Mint Leaf dirigió una mirada conspirativa al grupo. Compass apartó la mirada. — El Reino del Norte no tiene acceso a los caminantes. No por problemas, sino por lo remoto.

—Espera, ¿Quieres que viaje al Norte? —preguntó sorprendida Nyota

— No pensé que ustedes fueran los Emisarios. — Dijo ella entre risas, guiñandole un ojo. — Pero si aceptan, el Norte les puede pagar por sus servicios.

Compass se acercó a Nyota para susurrarle a la oreja.

— No me gusta esta yegua. Es muy evasiva y tiene una sonrisa engañosa. Además, estamos con Mind para buscar tecnología antigua y destruirla; o al menos hacerla desaparecer. — Le dijo Compass.

Mind se levantó, miró a la otra unicornio y frunció el ceño.

—Mind, mírame, ¿Me reconoces? —preguntó Nyota desentendiendose un momento de Compass

— Hola Nyota, Compass, Kristin, extraña. — Dijo Mind, de manera seca y mirando a cada quien.

—Es una buena señal que nos reconozcas —dijo Nyota—. ¿Cómo te sientes?

— Tuve una extraña pesadilla. Un loco me perseguía y había una especie de entidad en la habitación. Todo estaba de cabeza. — Dijo Mind, un tanto alterada.

—Tranquila, tranquila Mind. Bebiste demasiado alcohol —dijo la cebra— ¿No sientes nada raro en tu cuerpo?

Ella empezó a mover todos sus miembros, luego notó algo extraño. Su cara primero fue de sorpresa, luego de angustia hasta llegar al terror. Mind era de color gris pálido, pero en ese momento, estaba del color de una hoja de papel. Temblaba, y trataba de decir algo, pero solo balbuceaba.

Nyota le ofreció agua a Mind, esperando poder tranquilizarla un poco. No conocía los efectos que podría tener esa herida en su salud.

Mind levitó el vaso de agua, parecía relajarla más. Miró a la nueva, quien le dedicaba una pequeña sonrisa.

—Esa herida escapa a mis conocimientos —dijo la cebra—. Necesito que me digas cómo puedo curarte

— Necesitas instalaciones de la Rueda para poder reinstalarlo. Pero como me salí de la misma, no me lo van a conceder. Pronto, todo tecnosacerdote e instalación sabrá de mi deserción. — Dijo ella con un toque de miedo.

—¿Y si les pagamos para que lo intenten? —preguntó la cebra algo desanimada al oír eso

— ¿Puedes pagarle a tu tribu para que vuelvas a entrar? — Dijo Mint, con una sonrisa cínica. Pero Mind asintió respecto al comentario.

—Comprendo —dijo frustrada Nyota al ver una herida que no era capaz de curar

— Existe una posibilidad. El Reino del Norte tiene una base, en acuerdo recíproco, con la Rueda. Y los tienen muy dominados. Si nos ayudan, el brazo vuelve.

—Estoy dispuesto a ayudarte —dijo la cebra casi sin pensar


— Quiero presentarles a la mercenaria más dura, cabeza hueca y suertuda de todos los yermos: Lucky Clover. — Dijo La unicornio verde, señalando a la pegaso y sonriéndole. — ¿Cómo estas, encanto?

Lucky le dio un rudo golpe en el hombre.

— Bien, pero no me llames cabeza hueca. — dijo con cierta confianza

Mientras sonríe, aunque sus alas están algo adoloridas, por lo que decide caminar

— Cómo digas, encanto. — Dijo Mint, sobándose la parte afectada, pero sonriéndole. — Esta cuerda de locos son nuestros nuevos socios: Nyota, Compass, Kristin y la que camina raro se llama Mind. — Mint Leaf señaló a cada uno.

A Mind le costaba un mundo mantener el equilibrio. Se apoyaba de la grifa para poder caminar bien.

—Es un honor conocerte —dijo Nyota a Lucky

—El gusto es mío, es bueno conocer nuevos camaradas, si necesitan suerte yo soy su yegua. Conmigo tendrás más fortunas que desgracias— Afirma señalando su cutiemark de trébol de cuatro hojas Con orgullo

—No creo que eso sea posible —dijo incrédula Nyota

— Cuéntales un poco de tu suerte, encanto. Se quedarán locos con alguna de nuestras historias. — Dijo Leaf Mint, dándole unos codazos amigables.

—No me crees? Bien les apuesto a que puedo esquivar cuchillos con los ojos vendados sin recibir un solo rasguño — asegura mientras se venda los ojos

—Estás loca —dijo Nyota sorprendida—. No vamos a lanzarte cuchillos.

—No te preocupes estaré bien. Confía en mi vida hice cosas más arriesgadas. — ella está emocionada le da su espada a Mind para hacerles la demostración y vuelve a vendarse los ojos

Mint se encogió de hombros. Se preparó para lanzar el cuchillo. Todos se quedaron quietos, viendo el acto tan irracional.

—Esta pegaso está loca —susurró Nyota a Compass

Ella está frente a Mind con una sonrisa en su rostro, porque ya sabe que no importa lo que pase siempre sale ilesa

Mint Leaf lanzó la daga, Compass tuvo que ahogar un grito.

Lucky la esquiva sin problemas y sale ilesa

—¿lo ven? No importa lo que pase la suerte siempre está de mi lado, por eso mis padres nunca logran capturarme no importa cuantos cazarrecompensas envíen —alardea altiva su victoria, mientras va a buscar su arma

— Estas locas. — Dijo Compass con simpleza, viendo con terror la daga clavada. — Esa es la única explicación.

—¿Qué demonios? ¿Cómo lo esquivaste? —preguntó sorprendida Kristin

—es el poder de la suerte, nunca me ha fallado y eso se los juro en nombre de la familia Clover. — dice con cierta educación y haciendo una reverencia marcial

—¿De qué región es tu familia? —preguntó Nyota, intrigada.

—Apuesto a que es de Cloudsdale, rayitas —dijo Kristin

—Sí, soy de Cloudsdale — Afirma con algo de pesar poniendo su espada en la funda

— ¿Cloudsdale? ¿Esa ciudad que solo le interesa matar a todo lo que se mueve? — Dijo una soldado en el pasillo, recostada en una pared mientras veía al grupo pasar. Mint Leaf le sonrió.

— Esa misma.

La soldado escupió al suelo y le hizo un gesto despectivo con el casco. Luego se retiró, pero saludando y dejando pasar a un oficial, al Capitán Bein. Este no perdió el tiempo y tomó a Nyota del Casco.

— Tienes que venir, ahora. — Dijo el capitán, jalando a la cebra. Pero parecía más una súplica que una orden.

— ¡Cálmate! ¡No la trates así! — Dijo Compass, separando a ambos y protegiendo a la cebra del capitán. — ¿Qué está pasando?

— Las hermanas.

—¡Las hermanas! —exclamó asustada Nyota

—Mierda, esto se pondrá feo —dijo Kristin mirando hacia el pasillo, pensando en ver aparecer a las Hermanas en cualquier momento. Miró a Lucky—. Bien, ahora necesitamos tu suerte.

— no les fallare, te apuesto una bolsa de oro a que salimos vivos y con heridas leves

Ella desenfunda su espada lista para pelear

— El General te quiere AFUERA. Pero el capítulo de las hermanas que viene son las Batmares. Tengo una idea. — Dijo el Capitán, arrastrando a la cebra hasta la cocina, cerca de una habitación oscura. Bein la deja frente a la puerta abierta.

— ¿Qué piensas hacer? — Dijo Compass.

Luego se aterrorizó cuando el capitán empujó a la cebra a la habitación. Cuando cayó, lo hizo sobre un montón de piedras negras, y cuando vio su casco, estaba ennegrecido.

— ¡Guarda esa mierda! ¡Atacas a las hermanas, tendremos que atacarte! — Le dijo el capitán, golpeándole de manera que la espada cayese al suelo. — Si no es que las Hermanas te matan primero.

Nyota al salir estaba completamente oscura, como si se hubiese bañado en tinta. Aun así, se veía lo aterrada que estaba.

—¿Hacia dónde podemos huir? —preguntó nerviosa

—El norte es una buena opción, el camino es un tanto estrecho para ellas no podrán seguirnos el paso —Sugiere Lucky

— Vengan. — Dijo el capitán. haciendo que caminasen hasta el patio. Se detuvieron para ocultarse.

Entre formaciones cerradas que esperaban a las Hermanas Nobles, a soldados trabajando con los camiones, ya sea con suministros, tropas al frente o desembarco de heridos, el ambiente era tenso; y pronto se vio el porqué.

Eran alrededor de ciento cincuenta yeguas, todas con alas de murciélago y las orejas peludas fuera de sus sombreros. Uniformes negros con decoraciones azul claro y doradas, cintos de cuero que portaban dagas arrojadizas, grebas de colores oscuros con líneas doradas, incluso sus sombreros tenían en el ala varios picos de menor tamaño hechos de metal. Con miradas aterradoras, listas para matar. Portaban dos banderas: el perfil de un equino, con colmillos afilados resaltando en su boca y un ala de murciélago, el emblema del capítulo; el otro eran dos Alicornios, una blanca y otra azulada, con armaduras y colores de fondo vivos

—Hermanas Nobles —susurró asustada Kristin—. Vámonos pronto de aquí.

—No tienes que decirlo — dice Lucky a paso sigiloso "no volveré a casa" piensa asustada

Una hermana resaltaba, con ojos felinos de color amarillo, mirando todo de manera analítica, lista para matar. Pronto sus ojos se posaron en el corpulento y mayor General.

— Es un verdadero honor tenerlas de visita. — Dijo el general Biest con Cortesía, podían oír su gruesa voz. — En el nombre de nuestra santa emperatriz, Bella Rex III, el Quinto Regimiento Motorizado les da la bienvenida.

— Déjate de formalidades, Biest. — Dijo la Batmare con hostilidad. Tenía la voz cortante como una daga, evito mirarlo y empezó a inspeccionar con la vista sus alrededores. — Los enemigos de nuestra majestad están por doquier, y veo soldados rondando en vez de luchar ¿Qué está pasando aquí? No querrás que la Suma Inquisidora se entere de esto.

Mientras, Bien los internaban al patio. Al otro extremo de donde estaban, había un camión. Pronto vieron a uno de los Coroneles de Biest, el bajo fortachón, haciéndoles señas.

— Te ves bien así. — Dijo Compass, tratando de amenizar la situación. En verdad tenía el corazón en el cuello.

— Creo que este no es el momento. — Dijo Mint que, aunque sonriente, también estaba tensa.

Lucky se pone un casco para cubrir su rostro por completo, para no ser reconocida. Cubre su cutiemark también

—Dime eso cuando estemos lejos de las Hermanas —dijo aterrada Nyota.

—Lucky, si tu suerte no nos salva de esta... —amenazó Kristin, pero no tuvo ánimos para completar su amenaza

—cállate, me conviene menos que a ustedes la presencia de las hermanas significa mi ruina - - le contesta molesta

— De seguro. — Dijo el General, hablando con gentileza, incluso mostrándole una sonrisa. — Mándale saludos a la suma inquisidora cuando puedas.

— Como me gustaría que te hubiesen declarado culpable en aquel juicio. Eres la primera maldita excepción que se salva de la luz de nuestras santas Diosas. — Dijo la Batmare, apretándole los dientes y mostrándole los colmillos; era fiera, a pesar de que era una enana en comparación del General. — Disfrutaría el solo recordar una ejecución que no se efectuó.

— No les daré ese gusto. — Dijo el general, sonriéndole. La hermana le gruñó más fuerte. — ¿Vinieron a recordar el pasado o a ayudar a defender El Paso?

El grupo había tomado cobertura en un seto mediando, necesitaban agacharse, casi pegar el vientre al suelo para que no fueran vistos.

— Eso lo hablaremos luego, sobre todo en la gobernación. — Pudieron escuchar a la Hermana hablar con más delicadeza. — Pero Primero, nuestras fuentes indican que se intentó invocar a un Tenebrarum, y la ventana quemada que veo lo comprueba ¿Qué pasó Biest? ¿Dejaste de Confiar en tus soldados y te estás entregando al Caos?

— Eso Nunca. — Le dijo el general, molestó, pero manteniendo la compostura. — La gente de Baltimare es el recurso más precioso que tiene.

— Déjate de sentimentalismos.

—Esto está feo, tal vez nos logren rastrear —susurró Nyota asustada.

—¡No pienses en eso ahora! —la regañó Kristin

—Silencio, hay una recompensa gorda por mí para ellas, si me descubren estoy frita

— Cállense allá atrás. — Dijo el capitán. El empezó a arrastrarse hacia el camión.

— Oh, Sacerdotisa Mayor. Acabas de despreciarte a ti misma, a ti capítulo e incluso a tu Orden. — Dijo el General, con un tono molesto de sarcasmo.

— También estoy cazando a una cebra. A una tal Nyota ¿Sabes algo al respecto? — Dijo la Hermana, ronroneando.

Lucky está ahora preocupada por Nyota y se pregunta ¿porque la buscan?

Nyota sintió el corazón golpeando su pecho. Estaba demasiado aterrada. Sintió que iba a desmayarse o a gritar en cualquier momento.

— No la he visto por los alrededores. — Dijo el General, de manera tranquila. Compass sintió un alivio en su corazón. — Aparte, no debería ser mi obligación capturar a una criminal, eso es obligación de los grupos penales del Dominio.

— Tu falta de fe me molesta. MU-CHO. — Dijo la hermana, tan intimidante que a Compass se le erizó la crin. Pronto estuvieron cerca del camión y pudieron montarse. ayudados por el capitán Bein y un Coronel Anaranjado de melena castaña.

Una de las hermanas se acerca a ella preguntando si aún buscan a la prófuga de la familia noble que buscan

Nyota suspiró aliviada y buscó a Compass, abrazándose a él.

—Sentí tanto miedo —dijo ella, aún temblaba un poco

—yo también, ¿que tienen con ellas? - - pregunta angustiada Lucky porque seguro es algo serio

— Arranca. — Dijo el coronel, que, sin gritar, tenía una potente voz. El Conductor empezó a acomodarse para salir del Chateau; cuando un grito de lo hizo detenerse.

— ¡PAREN AHÍ! ¡Si hubo un Tenebrarum, todos deben ser inspeccionados. — Dijo la Hermana, de manera hostil y acercándose al camión. El corazón volvía a acelerarse para cada quién.

— Ese Camión lleva suministros al frente. Si lo detienes y mis tropas no aguantan un ataque por falta de suministros, te meterás en grandes problemas. — Dijo el general, hablando de manera oportuna. Sintieron que la hermana daba un último vistazo al camión e hizo una seña para continuasen.

A salvo, por fin.

—Las Hermanas Nobles son como depredadores, perseguirán a sus presas donde puedan —dijo Nyota.

Lucky espera a estar lejos para quitarse el casco

— me lo dices a mí, me han perseguido diez años -

— Tu suerte, sirve, preciosa. De verdad que sirve. — Dijo Mint, dándole un codazo amigable a la pegaso, luego de suspirar aliviada.

—Sí, ahora lo mío con ustedes es personal si ellas los buscan

— Quiero que las tropas se preparen para el plan. — Dijo el coronel Lead Way, a uno de sus subalternos.

Llevaban un buen rato en la carretera. Siendo sacudidos por los baches o cuando esquivaban una roca. Aparte de ellos, el oficial de Baltimare y su ayudante, sólo había un par de soldados junto a los conductores. El camión, de hecho, tenía bastantes cajas y suministros.

— Que el tercer y el cuarto batallón se preparen y desplieguen reconocimientos cuanto antes. — El coronel, aún hablando con tranquilidad, sonaba severo.

— Él es el Coronel Lead Way, Ny. Huérfano desde una temprana edad, tuvo que sobrevivir en un orfanato hasta que llegó a su adolescencia. De ahí tuvo que trabajar en varios lugares, pero se destacó como peleador callejero. Y es por él por lo que te sugerí que no dieras a la bebé a un orfanato. — Le susurró Compass a la cebra. — No por sí mismo, sino por lo malo que son. De hecho, este poni es querido por sus tropas.

Mind cabeceaba a ratos. Se encontraba mareada y mirando al techo, balbuceando a ratos.

—Comprendo —dijo la cebra—. Menos mal encontró una buena familia. ¿Crees que le contarán de nosotros?

Lucky trata de ayudar a Mind con sus mareos poniendo una de sus hombreras en el suelo y la recuesta. Se conmueve al oír las palabras de Nyota y Compass

— Lo suficiente. — Dijo Compass, sonriéndole.

La cebra sonrió y se abrazó a Compass, buscando sujetar con sus cascos delanteros los cascos de Compass.

—Sabes bastante acerca de los comandantes de este ejército —dijo ella

— Baltimare es el país que más he viajado. Alguna que otra entrega fue a una base militar y, bueno, tengo un buen oído para los chismes. — Dijo Compass, sonrojándose un poco por lo último.

— ¡Ja! ¡No sabes nada de chismear! Lo que sabes está en los libros. — Dijo Mint, riéndose a carcajadas después de hablar.

—¿Alguno tiene idea de hacia dónde vamos? —preguntó el grifo, mirando a los demás. Tenía muchas ganas de beber: el pánico sufrido en el escape aún no se disipaba del todo.

—No me miren a mí, yo estoy en la misma posición que ustedes. — Dice Lucky encogiéndose de hombros

— Los dejaremos en el Sur del Paso. De ahí en adelante, ya dejan de ser nuestro problema. — Dijo el coronel con su severa voz.

—Es justo, es justo —dijo la grifo, mirando al techo mientras pensaba—. ¿Qué tan rápido puede volar... lo que sea que son esas inquisidoras?

— Ya nos hubiesen alcanzado si los hubieran descubierto. Entrenan para ser veloces, imperceptibles y letales. — Dijo el coronel con severidad.

Aquello fue cortante. La grifo se calló, asustada. Nyota tenía rayas blancas alternando sus líneas grises, pero a todos le pareció que se ponía pálida.

— Le deben sus traseros al General Biest. El muy desgraciado es un poni de honor. — Dijo el coronel, dando una leve sonrisa.

—Lo sabemos —dijo la grifo, y pensó en aliviar la tensión con una broma, pero no se le ocurrió qué decir.

Tenía miedo.

— ¡Conductor! ¡Informe! — El Coronel rugió, su voz eclipsaba el motor del camión.

—¡Tres horas más de viaje, señor! — Se limitó a responder el mismo.

— Bien, informé a mis tropas que llegaré cuanto antes. Mientras, ustedes, tienen tres horas para preguntar lo que sea o solo verse las caras. — Les dijo el coronel con severidad, escupió a una lata.

—¿A dónde piensan ir ustedes? —Pregunta Lucky ya que seguro es una gran oportunidad para ella de cumplir su sueño y ayudar a otros

— Tenemos un largo viaje que hacer. Íbamos a Manehattan, ahora vamos al Norte. — Dijo Compass, de manera divertida y haciendo un gesto con el casco.

—Fascinante ¿puedo acompañarlos? — Pregunta alentada

—Yo no tengo ningún problema —dijo Nyota—. Tu suerte puede servirnos.

—Sí, vamos a necesitar mucha suerte —dijo Kristin

— Ya estas metidas en esto. — Dijo Compass, sonriéndole de manera amable.

— Gracias a mí, preciosa. Como siempre, tu suerte es nada sin alguien que sepa manejarte. — Dijo Mint, quien estaba recostada en el camión. Levantó el casco e hizo un gesto con el mismo.

—Sí, sí Mind todo es por ti. Creo que deberías dormir o algo escuche que es bueno para los mareos—

El camino seguía su curso. En ocasiones se detenían para refrescar el motor. El calor se hacía evidente mientras más se alejaban de las montañas.

La tranquilidad se fue cuando escucharon violencia. A lo lejos, se oía el choque del metal, el rugir de los cañones y los gritos de los soldados.

— ¡Conductor, informe! — Dijo el coronel con mucha severidad. Mirando hacia la dirección de la batalla.

— La tercera y cuarta compañía están atrapadas en un fuego cruzado. Parece ser que Cloudsdale y otro grupo están peleando. Su bandera es un par de espadas cruzadas. — Dijo el conductor.

— Twinblade. — Se limitó a decir el coronel, con asco. — El muy desgraciado no está perdiendo el tiempo con su reciente adquisición. De seguro sabe de la guerra con la Horda y está cayendo como ave de rapiña. Y las intenciones de Cloudsdale son desconocidas ¡Fijen rumbo a la batalla! ¡Nadie se queda atrás!

—esto tiene que ser una broma - - dice molesta Lucky

—¡¿Vamos a la batalla?! —gritó asustada Kristin.

—Eso parece —dijo Nyota, enfurecida al reconocer el nombre de Twinblade.

—Bien alas no me fallen ahora - - dice Lucky aleteando un poco se pone el casco otra vez y vuelve a cubrir su marca. Para evitar que los suyos la reconozcan

— Envíen un mensaje al General. — Dijo el coronel, haciendo sonar su cuello. — ¿Tiempo de llegada?

— Alrededor de cuarto de hora.

—¿Necesita que nosotros luchemos? —preguntó Nyota.

—Eso depende ¿Saben pelear? — Pregunta algo incrédula Lucky, porque supone que Nyota y Compass no son aptos.

—Claro que podemos pelear —dijo algo molesta Nyota

— Todo casco es necesario para esta lucha. — Dijo el Coronel.

— Se ven tan escuálidos que parecen que no dan la talla ¿Han pasado problemas últimamente? — Dijo Mint, de manera divertida.

—¿Nos hablas a nosotros de problemas? —dijo Kristin riendo un poco

—Démosles una oportunidad, a mí me la dieron y ganamos. —Dice orgullosa Lucky

— El Coronel Watch confirma que se movilizará dentro de poco. — Dijo uno de los conductores. — ¡Prepararse para la batalla!

— ¡Quiero que los echen! ¡SIN CUARTEL! — Rugió el coronel, colocándose para desembarcar cuando llegase el momento. La batalla se hacía cercana.

—Necesito una ballesta —dijo Kristin, comenzando a darse cuenta de que iban a estar expuestos, seguramente en primera línea

Lucky prepara su espada para la pelea y ajusta su casco

— Abre alguna de las cajas a ver si tienes suerte. — Dijo Mint, quien solo seguía recostada, luego bostezo.

— ¡Diez minutos! — Dijo el conductor, la violencia se hacía más cercana

—¿Porque tú no estás preocupada? —preguntó Nyota a Mint

Mint se encogió de hombros y le sonrió de manera amable. Luego se acomodó en su sitio.

— Pedazo de vaga. — Le dijo Compass, solo hizo que la unicornio se riera.

—Déjenla, nosotros podremos con esto chicos ¡A la carga! — Grita Lucky saliendo del vehículo y se va volando a la batalla con la espada en ambos cascos

— Alguien se debe quedar a cuidar a la enferma. — Dijo Mint, haciéndole una seña hacia Mind.

La unicornio gris estaba en un estado deplorable. Apenas podía mantenerse sobre sus cascos. Tenía una mirada extraña y perturbadora. Y cualquier ruido la alteraba.

—Kristin podría quedarse, no la veo muy convencida de luchar —dijo Nyota.

—Bendita seas —dijo agradecida la grifo y la abrazó.

Lucky por su parte goza noqueando y cortando a los enemigos

Pronto se hizo evidente la batalla. Cuando el Coronel salió y se reunió con Lucky, pudieron verla de cerca.

Pegasos acorazados luchando contra ponis de todo tipo, con apariencia violenta y cruel, luchando alrededor de un círculo de camiones, donde las tropas de Baltimare repelían a quienes se acercaban con lanzas y fuego de mosquetes. El sonido de huesos quebrándose, carne atravesada, la sangre fluir y el acero chocar era la música imperante del lugar.

El coronel luchaba junto a Lucky, usando sus cascos y diversas poses de batalla para atacar a quien se acercase. Quería llegar al círculo para abrir una ruta de escape.

—Con un poco de suerte, podré eliminar a Khopat —dijo Nyota a Compass, preparándose para atacar

Lucky trata de abrir el paso lo mejor que puede procurando no ser descubierta por sus paisanos. Ya que sabe que la entregarán a sus sanguinarios padres

Nyota se adentró en la batalla, golpeando a los saqueadores con armaduras erizadas de pinchos

Eran bastantes, alrededor de quinientos entre ambos atacantes, los baltimalteses estaban en desventaja numérica. Al menos habían fortificado su posición y parecía una fortaleza.

Una asaltante intentó atacar a la cebra, pero Compass se abalanzó sobre esta y le desgarró el cuello de una mordida.

—Vaya y yo pensé que era la sanguinaria.—Comenta Lucky divertida al ver eso. Pero sin distraerse en la masacre

—Gracias —dijo Nyota recogiendo una lanza y se lanzó contra los otros saqueadores, logrando atravesar a uno.

El Coronel iba rompiendo huesos, quebrando cuellos o tumbando con sus cascos. Peleaba con furia, y al mismo tiempo con gracia. Sus tropas lo acompañaban, luchando como una sola unidad.

—Khopat! —gritó Nyota, como si quisiera invocar a su odiado enemigo— ¡Khopat, maldito perro!

Lucky sigue peleando, hace lo posible por no retroceder. Aunque sus alas siguen cansadas

— ¡Sin cuartel! — Dijo el Coronel, haciendo una seña para que abrieran paso hacia los camiones. Una lanza le hizo un rasguño en la cara.

Era Khopat, con su sonrisa psicópata y los ojos bien abiertos. En un rato, ambos empezaron a luchar como un par de perros callejeros..

—Khopat! —gritó Nyota corriendo hacia él— ¡Ven a por mí si puedes!

Esa pequeña distracción le costó caro. El Coronel Lead le dio una patada giratoria que lo mandó, volando y girando, unos metros. El intento de levantarse era su única señal de vida. Sus tropas pronto se encargaron de retirarlo.

Lucky puede ver que el camino se despeja un poco y da una señal para avanzar

—Maldición, otra vez se me escapa —gruñó molesta Nyota refiriéndose a Khopat

— ¡Puedes echarme un casco! ¡Alguien! — Compass estaba en el suelo, evitando que un pegaso lo ensartase con su lanza.

Lucky se apresura y atraviesa con su espada al pegado

—de nada - - dice tosca

Nyota arrojó la lanza contra un saqueador, y luego recogió otra que lanzó a un grifo en pleno vuelo.

— ¡Hay una apertura! ¡Todos, hacia ella! — Dijo el Coronel Lead, haciendo señas para que las pocas unidades de Baltimare afuera del cerco se dirigieran hacia los camiones. Todos se dirigieron para allá.

Compass noto que, alrededor de la herida que le hicieron al Coronel, la piel se estaba volviendo negra, así como las venas. Después se volvió hacia la refriega

Nyota miró al coronel, y reconoció de inmediato el tipo de herida.

—¡Coronel! —gritó corriendo hacia él

Este se detuvo. Fue apuñalado por un costado, pero desvió el golpe y luego le rompió el cuello a un soldado pegaso.

—¡Lucky, cúbrenos! —gritó la cebra de modo autoritario

Ella no lo piensa dos veces trata de despejarles el camino

Nyota puede ver como las manchas negras empiezan a expandirse de su herida. EL coronel tose, y escupe sangre entre sus colmillos.

—Recuéstese —dijo la cebra, y sacó hierba de brujo de su melena. Comenzó a masticarla frenéticamente.

Así hizo el, dejándose atender por la cebra. Compass y los guardaespaldas del coronel se encargaban de cubrirlos en medio de la refriega, a pocos metros de los camiones.

Los aparatos, de la división del coronel Lead, tenían polybolos montados en las partes traseras, así que pudieron cubrir a su superior con facilidad.

Nyota escupió la pasta de hierba de brujo sobre la herida del coronel, y presionó con el casco. Cerró los ojos, parecía sentir un tremendo dolor.

Este no hizo mueca alguna, ni siquiera expresión de dolor. Se le veía acostumbrado al mismo.

Lucky trata de cargarlo con cuidado

Nyota escupió un líquido negro, como tinta, y cayó al suelo casi aturdida. El coronel pudo ver que su herida se había cerrado.

— ¡Usted! ¡Cargue a la cebra a una zona segura! — Ordenó el coronel, con severidad. Uno de sus guardaespaldas hizo lo que ordenó.

Compass estaba ayudando al soldado con la cebra. Pronto, estuvieron en el círculo de camiones.

Soldados cargando munición, mosquetes y saetas para el perímetro, mientras retiraban los heridos y las armas quebradas.

Nyota abrió los ojos, sólo para volver a vomitar el líquido negro. Entonces se retorció de dolor.

—Mi estómago... —susurró ella.

— ¡Traigan un médico! — Dijo Compass, gritando a sus alrededores. Pronto fue atendido.

EL joven era tan joven como Mind, cargaba sus alforjas con hierbas medicinales, pócimas y ungüentos. Pero Compass se preocupó. EL boticario se quedó ahí, mirando a la cebra, con cara pálida y ojos como platos.

Luego, el sonido del martillo de un mosquete listo para disparar sorprendió al poni gris. Cuando volteo, vio a un oficial menor, con uniforme penal de Baltimare, apuntándole a la cebra.

Era Grey. EL Ex-capitán Grey Harsh de los Jaggers de Baltimare. Tenía cara de demonio, pero ojos indecisos. EL tiempo se congeló a sus alrededores.

—G-Grey —susurró Nyota, asustada. Intentó incorporarse, pero su cuerpo temblaba como si tuviera fiebre.

— Buenas tardes, Nyota. — Dijo el capitán, pronunciando el nombre con asco. — Qué bueno que me recuerdes.

— C-capitán. Nosotros. — Compass trato de hablar, pero fue callado cuando Grey le apuntó con su mosquete.

— Calladito te ves más bonito. — Le dijo de manera cínica, sonriéndole. Luego se centró en la cebra. — No llegue hasta Filly, combatiendo saqueadores, miembros de la Garra y a una infestación de Parasprites para volver a encontrarte en El Paso. Pero como dicen las Hermanas: Lo que las Diosas te quitan, las Diosas te lo devuelven.

—Sólo me quieres a mí, deja que él se vaya —dijo la cebra mirándolo con desafío. Con un gran esfuerzo, logró levantarse y sostuvo la mirada de Grey.

Lucky está preocupada, pero no sabe qué hacer ya que esta con el coronel y no sabe si podrá atacarlo

— Esto es por las muertes que causaste. — Dijo el Capitán, preparándose para disparar.

— Detente. — Dijo el coronel con calma, interponiéndose entre ambos. Grey estaba impactado por lo que veía.

Nyota también se sorprendió al ver la reacción del coronel.

— No puedo permitir que esta cebra muera. — Dijo el Coronel con simpleza. — Ha sido vital para el esfuerzo de Baltimare.

— ¿Vital? ¡¿Vital?! ¡Ella ha matado soldados del Dominio! ¡Todos buenos ponis y fervientes por la causa de esta nación! ¡NO puedo permitir que ella escape! — dijo Grey, a punto de darle un ataque de rabia. Se aferró a su mosquete con dureza.

— Señor Grey, el deber de un soldado es de morir y matar por su país. Y como oficial se mejor que nadie que no debo temer la muerte de mis soldados, sino garantizar la supervivencia y continuidad de nuestro amado Imperio. Como dice el bastardo amigo mío de Watch, no tengo miedo en gastar soldados, si con ellos puedo asegurar que el Dominio y la Ponidad continúe viviendo. — Dijo el coronel con absoluta calma. — Y esta cebra es vital para el futuro de toda forma. No sé cómo llegué a esa conclusión, pero sé que no estoy equivocado.

Nyota está asombrada, contemplaba al coronel con los ojos abiertos como platos. Quiso decir algo, pero no pudo articular palabra alguna.

Grey estaba igual de impactado, y con el efecto contrario a la cebra. Quería desplomarse, se le veía en la cara la tristeza. El coronel se mostró más paternal hacia el mismo.

— Sé que eres un poni leal a sus subordinados. Y que quieres lo mejor para ellos. Por eso te propongo este trato. Únete al 5to motorizado, a mi división con el rango de mayor y recompensas para tus soldados a tu mando. Saldrás de ese agujero que son los batallones penales y tendrás un mejor futuro en el ejército. — EL coronel se calló por un rato. — Rechaza mi oferta y te juzgare por insubordinación.

Nyota miró asombrada a Compass, como buscando una explicación a lo que ocurría. No comprendía, no entendía nada.

— Y-yo. — Grey estaba sudando, temblando como perro con frio. — Y-yo, acepto el trato. — dijo el capitán, dando una última mirada de recelo a la cebra.

Lucky suspira aliviada, pero tiene una duda - - ¿qué demonios pasa entre ustedes? - -

Una pegaso azulada aterrizó al lado de Lucky, miro la escena y luego miró a la pegaso rosada.

— Hola. — Se limitó a decir con seriedad. — Espero que haya un ascenso y un aumento de sueldo, Mayor.

La pegaso ronroneo eso último. Vio como Grey caía sobre sus rodillas, abatido y confundido, limitándose a mover tierra con sus cascos.

—No entiendo nada de lo que está pasando ahora —dijo Nyota a Compass.

—Yo menos, mejor no hablen o empeoraran las cosas - - les advierte Lucky

— Un soldado penal, por recomendación de un oficial del ejército regular o de los Jaggers, puede salir del agujero de las tropas penales si hace algo que lo merece. — Le explico Compass. — También, como las tropas penales son las más bajas del escalafón, sufren de abusos por el resto, así como deslegitimación. La palabra de un raso del ejército regular vale más que diez rasos penales.

— O aceptaba dejar de perseguirte, o las cosas se pondrían feas para mí. — Concluyó Grey de manera áspera. — Lo que acabas de ver, es un mínimo de corrupción y abuso de poder en el ejército de Baltimare.

— Pero una oportunidad de redimirte. — Le replicó el Coronel. — Regocíjense, yeguas y sementales, porque los refuerzos de ese aristócrata acaban de llegar.

—Espero que tengas mucha suerte, Grey —dijo Nyota, sonriendo un poco.


—No puedo creer que Grey haya detenido su venganza contra mí —dijo la cebra, ya más recuperada, caminando con Compass.

El cielo está azul y no se veía ninguna nube, sin embargo, no hacía calor.

— Te salvó el coronel. — Le dijo Compass, a su lado y caminando a su ritmo.

—oigan ¿porque tienen tantos enemigos? - - pregunta algo preocupada Lucky ya que supone que se meten con tipos peores

— Larga Corta historia. — Le dijo Compass, mirándola. — Estuvimos siendo perseguidos por esclavistas, mafiosos, militares y demases.

—No sé por qué pasa —dijo riendo Nyota—. Simplemente ocurren cosas, reaccionamos y alguien jura venganza.

—Si no han muerto es que tal vez tengan un dos por ciento de suerte. - - dice riendo más relajada al saber que son coincidencias

—Pues contigo tendremos aún más suerte —dijo Nyota riendo—. Tal vez gracias a ti sobreviví hoy.

— Oigan, yo no creo en la suerte. — Dijo Mind, sosteniéndose en Kristin. — Me parece algo absurda.

—Estás equivocada la suerte es real - - Afirma Lucky con una gran seriedad

—Creo que Lucky tiene razón, hemos sobrevivido a mucho

— Cómo quieran. — Dijo Mind, de manera apática y apartando la mirada.

—Si hay veces que no es necesario ver las cosas para creer en ellas - - dice con un tono firme

—Ella tiene razón Mind —dijo Nyota—. Aprende a aceptar conceptos metafísicos sin cuestionarlos.

—tú si sabes de lo que habló amiga! Y esa cosa de mezclar hierbas ¿dónde lo aprendiste? - - pregunta fascinada

—Lo aprendí en mi tribu —dijo Nyota encantada—. Tardé muchos años en aprender.

— Si no consume su juguito de hierbas, Ny es nadie. — Dijo Compass en tono burlón.

—Me gustaría saber algo de eso en caso de que bueno, en algunas circunstancias podríamos separarnos en un ataque y alguno de nosotros podría resultar herido –

Nyota se rió, tanto por el comentario de Compass que por el comentario de Lucky.

—Será un honor enseñarte, Lucky.

—eso es fantástico! Me encanta aprender cosas nuevas. Mind me enseñó algunas cosas también, gracias por cierto - -

— Esa es área de Nyota. Yo solo se guiarme. — Dijo Compass, encogiéndose de hombros y caminando en punta

—eso ya lo sé, ustedes me caen bien. Al menos no me molestan con que sólo me falta un cuerno para ser una princesa. - - dice ella con cierto desdén ya que realmente no se considera una princesa, su aspecto delicado la avergüenza

—Lucky ¿Quieres contarnos tu historia? —pregunto Nyota

—Pues no hay mucho que contar, mi familia es muy influyente y estoy huyendo de ella porque me quieren casar con un unicornio por territorio, es todo - -

—¿Por eso huyes de ellos? —preguntó Kristin

—Porque están locos por eso, a parte que también mandaron a las hermanas a buscarme así que ya tengo algo en común con ustedes - -

—Así veo —dijo Nyota mirándola comprensiva—. Si permaneces con nosotros, lucharemos para impedir que te capturen.

—gracias, ustedes me entienden yo huí por un propósito y ese es crear mi propia fortuna y con ella ayudar a todos los desposeídos construyendo un reino de paz y armonía. - - dice soñadora

—Eso suena hermoso —dijo Nyota alegre.

—Y muy imposible —dijo Kristin riendo un poco

—Aunque no lo logre, me basta con ser libre y tomar mis propias decisiones. - -

Habían dejado todo rastro de la civilización. Llegaron a campos vírgenes del Yermo y volvieron a pisar la tierra rojiza. EN el horizonte vieron como un gran bosque se alzaba. A su derecha encontraron las viejas montañas de Canterlot.

—¿Qué región es esa? —preguntó Kristin señalando el Bosque

— Everfree. — Dijo Mint. Se acercó por detrás de ellos, a pesar de que fue a explorar. Venía con su actitud relajada. — Y dentro de Everfree, ponyville.

—Dicen que solía ser un lindo lugar. - - comenta Lucky

—Eso debió ser hace siglos —dijo Nyota sombría

— ponyville es un lugar un tanto interesante. Las historias de los ancianos relatan de cosas atroces durante la Gran Guerra. — Dijo Mint, con confianza.

— ¿Ancianas? — Dijo Compass, algo extrañado. Mint se quedó mirándolo con cara de boba.

— Ya sabes, cuando te arrugas más que una pasa y los huesos te duelen. — LE dijo Mint Leaf con sarcasmo.

Compass se sonrojo y se disculpó con un susurro.

—hay que tener respeto, pocos llegan a esa edad estos días. A penas conocí a mi abuela me contaba historias sobre ponyville y la necesidad que tuvo su abuela de volver a Cloudsdale - -

—Ponyville es un lugar maldito. Tus pesadillas se hacen reales en ese sitio.

— ¿Por qué? — SE limitó a decir Mind, apoyándose en Kristin para mantenerse sobre sus cascos.

—yo tampoco sé, pero supuestamente dicen que se echó a perder. - -

—Ha habido mucho horror ahí —dijo Nyota—. Cosas tan horribles que hace que ni la Garra ni la Horda se atrevan a ingresar.

—¿y cómo lo sabes? ¿Estuviste allí? - -

—Mi tribu tiene una gran memoria —explicó Nyota—. Han contado historias por generaciones

—¿al menos el bosque es seguro? - 1

—Ningún bosque lo es —dijo Nyota, y se rió aunque hablaba en serio

—igual no se preocupen los protegeré, es una ventaja crecer en una cultura donde tienes que pelear a temprana edad - - dice orgullosa Lucky

—No creo que nos sirva si debemos pelear contra Tenebrarum, pero tu suerte sí que nos será útil

— ¿Por qué Las pegasus empezaron a moverse? — Dijo Compass, mirando a los lados.

Todo estaba normal, y le daba miedo. La calma antes de que nubes de pegasos entraran y atacaran.

Se detuvieron. Pisando la tierra rojiza, donde un grupo de hormigas libaax cargaban restos de un jaki a lo lejos, quedando algo de carne y los huesos del ciervo. El bosque de Everfree no era una opción alentadora, pero ¿Qué tenían?

No podían volver a Baltimare, era zona de guerra y estaban las Hermanas. Everfree, si antes de la Gehena era peligroso, ahora era insoportable. En dirección al desierto de Las Pegasus estaba el Clan Twinblade, nada bueno salía de ahí. Y aunque las montañas de Canterlot eran una buena opción, Estaba el detalle de las partidas guerreras de Cloudsdale, si no es que se trataba de una invasión.

—Hacia dónde podemos viajar? —preguntó Nyota

— Está difícil, rayitas. — Dijo Mint Leaf. Puso un casco en su mentón. — Está difícil.

—Ninguna opción es segura —dijo preocupada la cebra

— Intentemos irnos por Everfree. — Dijo Mint, encogiéndose de hombros. — De todas, es la que tenemos más chance de pasar.

— Ja, de todas, la más salvaje. — Dijo Mind, escéptica sobre el plan.

— Oye, de todas las opciones, esta es la que no tiene "seres inteligentes y racionales" tras nosotros. De paso, tenemos a Miss Suerte con nosotros. — Dijo Mint, con tono burlón y empezando a caminar.

—Bien, vamos —dijo Nyota—. No se separen cuando entremos al bosque, separarse equivale a morir

— Yo hago la primera guardia. — Dijo Compass, levantándose de la fogata y caminando al exterior.

Había anochecido, y aún les faltaba camino para llegar a los límites de Everfree. El grupo había tomado el sótano de una granja abandonada, y después de comprobar de que era segura (sin saqueadores o marcas para Tenebrarum) se asentaron. Montaron una fogata y pusieron una olla con sopa. Compass, tomando un manto oscuro, salió del sótano.

Mind estaba al lado de Kristin todo el tiempo, quejándose a ratos. La verdad es que tenía una mirada enfermiza, y le costaba mantenerse sobre sus cascos. Kristin tuvo mucho cuidado al dejarla en el suelo, vio cómo Mind intentaba alcanzar con sus cascos en donde estaba su brazo mecánico, como si le picara algo en la espalda. Lo hacía entre gruñidos y algunas quejas.

Mint solo se relajó. Puso sus cascos detrás de la cabeza y se recostó de una pared.

—¿puedo hacer la segunda guardia? - - pregunta emocionada Lucky

—Claro —dijo Nyota revolviendo la sopa. Miraba preocupada a Mind, como pensando qué hacer para ayudarla.

— ¿Cómo está quedando la sopa, rayitas? — Dijo Mint, en la misma postura.

— La verdad, no pruebo tu comida, Nyota ¿Cómo es? — Dijo Mind, tratando de sonreír. Temblaba como perro.

—Espero que queden bien —dijo la cebra sonriéndole—. ¿Cómo está la sopa? Eso lo juzgarás tú cuando la pruebes.

—comida es comida no importa mucho el sabor - - Lucky toma una nube y se recuesta en ella

- ¿Desde cuando tienes ese pedazo de nube contigo? ¿Y cómo lo sacaste? — Le preguntó Mind a la pegaso rosada.

—hay nubes en el cielo ¿no? —

— Bueno, sí. Pero como la sacaste tan de repente. — Dijo Mind, tratando de sonreír.

— Cosas de pegasos. — Dijo Mint,

—Hay cosas que simplemente ocurren —dice Nyota riendo

Ella baja para no causar más molestias

— Entonces ¿Alguien quiere tener una conversación? Ya saben, cosas de chicas o podemos hablar mal del pulgoso. — Dijo Mint, de manera animada y riéndose. — Solo es broma eso último.

— Claro. — Dijo Mind, escéptica. — ¿Por casualidad no tendran algo de licor?

— ¿Tan temprano y ya quieres darle? ¡Santas Diosas! Espera que se haga más oscuro por lo menos. — Mint se reía del comentario. Solo se ganó una mirada de odio de la unicornio.

—¿Te duele mucho? —preguntó preocupada Nyota acercándose a Mind—. Puedo anestesiar tu lomo si te molesta demasiado.

— ¡Si! — Dijo Ella, parecía desesperada. — ¡Opio! ¡Morfina! ¡Analgésicos! ¡Lo que sea! ¡PERO HAZ QUE ME OLVIDE DE MI ESPALDA! — Mind colapsó a los cascos de Nyota, le abrazó sus cascos delanteros. La reacción repentina de la unicornio gris dejó mudos a todos.

— ¿Todo bien por allá abajo? — Se limitó a decir Compass desde la puerta del sótano.

—S-sí, Compass —susurró sorprendida Nyota—. Subiré a buscar hierbas.

Kristin buscó algo dentro de su morral. Dudó un momento, miró a Mind, volvió a mirar el contenido del morral, y luego, emitiendo un largo suspiro, sacó una petaca y se la ofreció a Mind.

—Por mientras vuelve Nyota —dijo la grifa—. Sólo beber algunos tragos.

Mind le arrebató la petaca a Kristin con su magia. Se pegó la boquilla del mismo para empezar a beber con desesperación. Dio un par tragos y luego le devolvió el mismo con algo de licor adentro.

— Gracias. — Dijo ella, ya empezaba a notarse el tono de ebriedad. Mint Leaf reía al verla.

—Que yegua más débil para el alcohol —rio la grifa bebiendo un trago de su petaca antes de guardarla

Mind se limitó a recostarse de la pared y reír sola.

—Bueno, al menos se olvidó del dolor —dijo la grifa mirando a Lucky y a Mint

— A mí no me mires. — Dijo Mint de manera divertida —. Yo los conozco desde hace poco.

Jadeaba a ratos. Compass trataba de concentrarse para no aburrirse, pero en la noche, cerca de las ruinas de una granja, no había mucho que ver. Hacia un rato que Nyota había salido, pero tenía que quedarse en la puerta del sótano en su guardia. LE gustaría que tuviese algo con que entretenerse.

Pudo ver a Nyota salir de la oscuridad, masticando una ramita. Tenía sus ojos de color violeta, y parecían brillar en la oscuridad.

—Si quieres puedes acompañarme, Voyager —dijo sonriéndole

Compass la miró con interés. Luego señaló la puerta y su posición, haciendo énfasis en su guardia.

—Estoy seguro de que estarán bien —le dijo ella, acercándose—. Si te preocupa, puedo dejar más vigilantes.

— NO, no. — Compass le alzó los cascos y le sonrió —. Estarán bien.

El poni gris se levantó y se puso al lado de la cebra, Siempre sonriéndole.

—Buscaba hierbas para Mind —le dijo ella—. Sufre mucho por su espalda.

— ¿Tuviste suerte? Veo que aprovechaste el tiempo. — Dijo Compass, sonriéndole mientras le señalaba la ramita.

—Bueno, estas hierbas son para mí —dijo riendo la cebra—. Si quieres puedo darte una.

Compass se quedó pensando, observando la ramita que le ofreció la cebra. Dudo, por mucho tiempo.

Luego la tomó, con delicadeza de su casco, y empezó a masticarla.

—Casi parece ayer cuando encontramos a Kristin —dijo ella mirándolo, sus ojos brillaban cuando se topaban con los de Compass—. Ahora somos muchos.

— Éramos muchos, y la abuela parió. — Dijo Compass de manera de broma —. Esa carta, y todo lo demás. Y pensar que solo quería entregar y largarme.

—Todo por una carta —dijo ella riendo—. Y vaya que tuvimos problemas.

Sin previo aviso, lo abrazó.

La sorpresa lo consumió. Compass se sonrojo, en parte, pero era lo que quería después de lo que pasaron. Abrazo a la cebra, con delicadeza, y cerró sus ojos.

—¿Qué crees que nos espera? —preguntó ella, besando su mejilla— ¿Podremos vivir juntos en alguna parte, tener nuestros hijos?

— Prefiero el presente. Pero, yo apostaría a que sí. Me gustaría tener mis hijos contigo. Me encantaría tener tres. Una yegüita para mí, un potro para ti, y el tercero para desempatar. — El miro a la cebra a los ojos. — ¿Qué te parece?

Ella sonrió, sus ojos se iluminaron aún más. Se abrazó con más fuerza a él.

—Suena maravilloso —dijo feliz, ilusionada—. Tres hijos. Tres corazones.

— No tuviste el mejor pasado, pero tratare de hacer tu futuro uno maravilloso. — Dijo Compass, sonriéndole.

—Sea cual sea nuestro futuro, será perfecto si estás conmigo. Te amo.

Nyota lo abrazó con fuerza y le dio un beso apasionado.

— ¿Hay algún animal sagrado que represente el amor en tu tribu? — Dijo Compass, después del beso.

—No sé si lo conozcas. Se llama waraabin. Son como zorros de agua, y sólo toman una pareja con la que viven toda su vida. El sueño de cualquiera es hallar un amor así.

— Intentemos ser un par de waraabins, ¿sí? — Le dijo, sonriéndole.

—¿No lo éramos ya? —dijo ella, sonriendo feliz. Sus ojos brillaban de alegría, aun cuando era de noche.

Pronto las ramas empezaron a surtir efecto. Vio como los ojos de Compass pasaron del marrón al rojo, brillando como los de ella. SE atrevió a besar su cuello, a abrazarla, a olerle la melena.

— Busca un lugar. — Dijo, susurrándole en la oreja. Fue a donde hacía guardia. Toco la puerta varias veces, la abrió y dijo en voz clara y animada. — Cambio de guardia, ya vengo.

Antes de escuchar una respuesta,regresó con la cebra.

—Sígueme —susurró Nyota, acariciando el rostro de Compass con su cola. Comenzó a caminar hacia los árboles, y giró a mirarlo con una mirada coqueta.

Compass se apresuró para seguirle el paso, Siempre sonriéndole cuando ella volteaba, Sus ojos rojos brillaban.

Ella amaba estar con Compass.

Cuando él contestaba a su seducción, no era únicamente deseo lo que veía en sus ojos, cosa que conocía bien en las miradas de sus anteriores clientes.

Veía amor.

Ella no solo quería hacer el amor con Compass, quería entregarse a él.

Compass se acercó a ella, pensando cómo alguien tan hermosa y de tan buen corazón se enamoraría de alguien con complejo de perro. Al menos, le prometía fidelidad mientras viviera y estuviera cuerdo. Se acercó a Nyota y el beso de manera apasionada, la abrazaba, la quería.

Él, a sus ojos, era el centro del universo aquella noche. ¿Cuántos días pasaron desde aquella noche en donde decidieron ser pareja? Estaba segura de que fueron demasiados. Correspondió a los besos de Compass, abrazándolo mientras se recostaba en la hierba, atrayéndolo hacia ella mientras lo hacía.

La empezó a recostar en el suelo, siempre besándola. No separaba su hocico de su cuello, olfateaba su melena. Podía sentir olor vegetal de ramas, tierra fresca y corteza en la melena de Nyota, sin embargo no olía mal. Era como los perfumes que se usaban en las ciudades.

El perfume natural del cuerpo de Nyota, un aroma o un calor que comenzaba a hablar directamente a su cuerpo.

Notó que ella comenzaba a acariciar su lomo con cierta vehemencia.

No pudo soportarlo más. Empezaba a acariciarla por todo su cuerpo. Pero sin avisar, Compass ingreso en ella. Ya sea por la pasión o por el efecto de las ramas, él se coordinaba entre mover la cadera, sentir a ala cebra y besar su cuello.

Aquello no lo esperaba, sin embargo no le dolió. Tuvo un atisbo de momentos similares, a cascos de ponis que odiaba, sin embargo esos recuerdos no llegaron a invocarse cuando sintió los besos de Compass en su cuello. Sintió como si un escalofrío eléctrico recorriera todo su cuerpo.

No pudo evitar gemir.

— Si. te contenías en la posada. Ya no, por favor. Deja que tu cuerpo se exprese. — dijo Compass entre jadeos y besos.

Continuaba con lo mismo, la acariciaba por todo su cuerpo, sus flancos, su melena.Él, con uno de sus cascos, montó uno de sus muslos en su cadera. Le acariciaba el mismo y el flanco de la cebra, eso sin parar de besarla en el cuello y en la cara, y aumentando el ritmo en su cadera. A ella le gustaba. Por alguna razón, los cascos del poni terrestre en sus muslos la hicieron gritar con más fuerza.

—¡Compass! —gritó rodeando su cadera con sus patas traseras, al tiempo que lo abrazaba por su cuello. Buscó besarlo, su cuello, su rostro, esos labios. Y su vientre al respirar golpeaba y se frotaba con el abdomen de Compass.

— SI. — Susurro el, contrario a ella. Con sus cascos empezó a acariciar sus flancos. Cada grito lo aceleraba más, hasta que, mirándola a los ojos, soltó su semilla dentro de ella.

Pero no se detuvo. Esos ojos rojos, brillando, mostraban otra intención más. Con ella encima, se sentó en el suelo y continuó con lo mismo. La seguía acariciando, la seguía besando. Uno de sus cascos iba a sus muslos y a su flanco, mientras que otro iba por su espalda.

— Tu turno. — Dijo el, a su oreja.

No era la primera vez que tenía sexo. En su vida ya lo había experimentado varias veces y nunca por gusto, hasta conocer a Compass. Y sin embargo, aquel gesto, aquella oportunidad que él le entregaba, consiguió sorprenderla. La sorprendió, él la amaba, y comprender aquello fue tan placentero que sintió un clímax recorrer su cuerpo como una descarga eléctrica.

—¡Oh, Compass! —grito mientras comenzaba a mover sus caderas, y sus cascos recurrieron la geografía corporal de Compass, buscando puntos sensibles. ¿Acaso le gustaba más cuando acariciaba su pecho o cuando ella besaba su cuello?

Él se recostó en el suelo, esperando a la cebra.

El tacto de ella era como la seda en su agreste piel. De momentos, él sentía energía recorrer su cuerpo, jadeando en ocasiones.

Ella lo acarició por las partes más sensibles de Compass, lo besaba y comenzó a moverse, aumentando la velocidad pausadamente.

— Debiste sufrir mucho, más que todos. — Decía Compass entre jadeos, movió sus cascos a sus flancos. — Disfruta el amor que te negaron.

Ella llegó a tocarlo en su vientre, ahí parecía tener mayor agitación. Solo bastó unos cuantos toques, su melodiosa voz y el movimiento de su cadera encima de él para liberar su semilla, rebosándola esta vez. Compass estaba agotado.

—El amor..., Compass, nunca morirá nuestro amor —susurró ella besando sus labios mientras sentía un segundo clímax en su interior, y esperaba que Compass también lo sintiera.

Él también lo sintió, se quedó inmóvil antes de abrir los ojos y sonreírle con ternura a la cebra.

—No dejaré que nuestro amor se muera —dijo ella mirándolo a los ojos, y sonrió—. Lo prometo.


Mind sintió una sacudida.

Pero solo fue en su cabeza. Cuando levantó medio cuerpo, todo se encontraba normal. Y eso en el sentido de que estaba muy cerca de la grifa. Estaba ebria, pero no recordaba nada comprometedor hasta que se quedó dormida. Compass y Nyota estaban acurrucados, y Lucky quizás estaba afuera.

Pero Mint, no estaba ahí.

— ¿Me buscabas? — Dijo la yegua desde las sombras. Para tener un nombre tan fresco, se movía como una sombra. — Estaba revisando la casa cuando dormías, la grifa se embriagaba, la preciosa hacía guardia y los tortolos disfrutaban el momento.

La unicornio de color menta empezó a juguetear con unos sobres de cartas abiertos.

— ¿Y eso es? — Dijo Mind con algo de indiferencia. La verdad tenía una curiosidad que mataba.

— Relatos de la gran guerra. Hay todo un fajo con cartas, pero una me llama la atención. — Dijo Mint, mostrando una carta ordinaria. — Tiene una escritura diminuta en changeling.

Mind se levantó como el relámpago y se puso al lado de la unicornio. Empezó a leer el pedazo de papel, ciertamente era una carta cualquiera, con datos irrelevantes, pero Mint había descifrado la clave. Y eso significaba...

— Las cartas del Changpentai necesitaban un hechizo especial para verse. — Dijo Mind, tocando el papel con su cuerno brillando. De pronto, las letras empezaron a tomar otra forma. — Se necesita un alto grado de habilidad mágica para replicarlo.

— Mi jefe se aseguró de que, en mi misión, pudiese descubrir todo. Eso incluye ser formada en una Escuela Mágica de Mareleen. — Dijo Mint, de manera indiferente, aunque Mind notó una pequeña gota de sudor en su cara. — Son estrictos cuando no sabes hacer las cosas bien.

Nyota comenzó a moverse, como si quisiera despertar, aunque no tenía ningún apuro por hacerlo.

Al levantarse lo primero que hizo fue bostezar

— Lee esto con atención. — Dijo Mint, señalándole con el hocico cierta sección del papel.

Ella así lo hizo. Primero se mantuvo indiferente, pero luego cambió a sorpresa y luego a consternación. Al final estaba atónita.

— Los changelings sabían del Reliquus. — Dijo con un hilo de voz.

—¿Que hacen? —preguntó Nyota, medio adormilada, acercándose.

— Los changelings sabían del proyecto R. — Dijo Mind con un hilo de voz.

— Buenos días, dormilona. — Dijo Mint, sonriéndole de manera inocente. — Si sabían, pero los ponis lo ocultaron bien.

—¿Qué cosa sabían? ¿De qué hablan? —preguntó la cebra confundida

— Estamos desentrañando el pasado. — Dijo Mint Leaf como si fuera una broma. — El proyecto R debió ser algo grande si los changelings sabían del mismo.

— Debería destruirse. — Dijo Mind, un poco alterada.

— ¿Disculpa? ¿Vas a destruir algo que ni siquiera conoces? — Dijo Leaf, sonriéndole de manera inocente.

— ¡Puede ser peligroso! ¡Puede generar destrucción a futuro! ¡Debe eliminarse antes de que pueda usarse! — Dijo Mind, aún se mantenía alterada y encaró a la unicornio verde.

— ¿Y si estás equivocada? ¿Y si ese proyecto resulta ser algo que nos beneficie a todos? Que haga a la tierra más verde y llene los estómagos ¿Estarías en contra de ella? — Dijo Leaf, con elocuencia y sonriéndole de manera triunfal. Mind parecía alterarse.

—¿Alguna de las dos puede explicarme algo? —preguntó la cebra despertando del todo— ¿Que es el proyecto R?

— Era algo en lo que estaba trabajando el inventor de la EGRISIEWA, Steel Gears. Un genio para su momento. — Dijo Mind, de manera recelosa.

— Según, con lo poco que los selectivos interesados saben, era un proyecto que iba a cambiar el mundo. — Dijo Mint, más relajada y tranquila.

—Steel Gears..., he oído ese nombre muchas veces antes. ¿Está relacionado con Metal Gears?

— Creo. — Dijo Mint, con una sonrisa.

- Era algo en lo que estaba trabajando el inventor de la EGRISIEWA, Steel Gears. Un genio para su momento. — Dijo Mind, de manera recelosa.

— Según, con lo poco que los selectivos interesados saben, era un proyecto que iba a cambiar el mundo. — Dijo Mint, más relajada y tranquila.

—Steel Gears..., he oído ese nombre muchas veces antes. ¿Está relacionado con Metal Gears?

— Creo. — Dijo Mint, con una sonrisa.

—¿Cómo que crees? —preguntó Nyota algo molesta

— Los nombres ponis de seguro están relacionados con algo en específico. Por ejemplo, la que fue uno de los elementos de la armonía, Applejack, tenía parientes que, si no tenían algo con Apple, estaba relacionado con manzanas. — Dijo Mint, con una sonrisa. — Lo mismo, bajo la misma lógica, se puede aplicar. Aunque algo como una foto familiar identificable o alguna partida familiar, siempre ayuda.

—Estoy segura de que esos dos Gears estaban relacionados con la Dama Gris. ¿Has oído de ella?

— No, quizás un militar de carrera si sepa, porque lo que se da la misma respuesta: fue una figura militar de gran envergadura. — Dijo Mint, de manera relajada. Se lamió los labios y le sonrió a la cebra. — ¿Qué hay de comer? Quede con ganas de más sopa.

— La mitad se la comieron cuando estaba dormida. No comí bastante. — Dijo Mind, se tuvo que recostar, la resaca la tumbaba.

—Saldré a ver que hay en los alrededores. Por mientras, hagan una fogata y calienten agua

— Ya rugiste, matrona. — Dijo Mint Leaf en broma, empezando a apilar la leña, limpiando las cenizas.


— He visto un pequeño grupo de antílopes gashin cerca de aquí —dijo animada Nyota unos minutos después de haber salido—. Podemos cazar uno.

— Te vendría bien estirar las piernas y respirar aire fresco, Mind. Ya sabes. — Dijo Mint, guiñandole un ojo a la unicornio. Esta se limitó a mirarla mal.

— Quizás tú también podrías venir, Mint —dijo Nyota—. mientras más cazadores, mejor.

—Conmigo no cuentes, rayitas —dijo Kristin—. Prefiero cuidar el campamento.

— Bueno, estoy oxidada, pero no viene mal. — Dijo ella, estirándose y poniéndose a su lado.

—¡Yo iré será interesante ver cuantos antílopes podemos cazar! — Dice animada Lucky

—Tranquila, Lucky, sólo vamos a cazar uno o dos —dijo Nyota—. Síganme.

ella va caminando ya que no quiere desgastar sus alas

Mind estaba apoyándose con el unicornio verde. Hacia todo lo posible para no quejarse. Aunque, gracias a Mint, pudieron moverse con rapidez.

—Miren, fabriqué rudimentarias jabalinas usando unos trozos de madera —dijo ella mostrándoles unas toscas clavas de madera—. Servirán para cazar al ciervo gashin.

—Yo usaré mi espada y confiaré en la fuerza de mis patas, es una ventaja ser ligeramente más alta que otros ponis. — Dice Lucky algo orgullosa de eso

Mint levito las que les dio la cebra y las guardó en sus alforjas. Se mantuvo cerca de Nyota.

—Me gustaría ver una demostración de tú forma de cazar, sería interesante aprender un poco de tu país de origen también— Dice Lucky algo pensativa y mira a Nyota con cierta admiración

—El ciervo gashin es una presa deliciosa, aunque de difícil caza —comenzó a explicar Nyota—. Es capaz de dar saltos enormes y desaparece en unos segundos. Sólo hay una oportunidad para herirlo, y para eso hay que usar el sigilo para acercarse todo lo posible.

— Ágil como ardilla, feroz como león. — Dijo Mint de manera rápida.

Las criaturas del Yermo iniciaban sus actividades. Podían ver largas cadenas de hormigas libaax llevando los restos de un carnero dhogor, a un solitario chacal merodear cerca de un árbol seco, y a un inmenso pájaro, grande como una locomotora, cruzar el cielo en dirección opuesta al bosque.

—Exacto, Mint, así debes cazar —dijo feliz Nyota, extrañamente feliz al ver a la gigantesca águila de colores rojos, anaranjados, amarillos y blancos.

— Me tarde bastante para acostumbrarme aquí. EL frio allá arriba pone las cosas más difíciles, y la fauna no es amigable. — Dijo Mint, empezando a agacharse. Podía llevar a Mind en el lomo, quien se dedicaba a anotar lo que veía.

Siguieron avanzando, siguiendo un río que no era más ancho que una mesa, pero que soportaba una intensa vida vegetal. Cientos de libélulas aterrizaban y huían del agua, e incluso podían ver algunos peces

—La fauna es salvaje, por eso debes aprender a conocerla —dijo Nyota—. Algo importante que debes saber: cuando vuela el Uvamiz, todo el Yermo se queda quieto.

Se refería claramente a aquella águila colosal que había pasado hace poco.

—Interesante, en Cloudsdale casi no comemos cosas que no sean aves. es bueno variar y cazar algo terrestre—

— De donde vengo, cuesta cazar. — Dijo Mint. — La comida crece en cuevas, mas bien.

Mind se quedó pensativa, mirando lo que Mint dijo. Rumiaba sus pensamientos, tratando de enlazar lo que había dicho, que era anormal, con lo que conocía. Habían pocos lugares donde la caza era escasa. Pero, la evasibidad de la yegua no le daba ninguna pista. Solo una...

—¿Que criaturas habitan el Norte? —preguntó Nyota con curiosidad. Se detuvo, arrancó hojas de un arbusto y comenzó a comerlas—. Pruébenlas, son dulces.

— Winterwolves, que son como Timberwolves. Arañas-Roca, se hacen pasar por materia dura antes de atacar a su presa. Wyverns, dragones de proporciones pequeñas de hielo. Se dice que el Príncipe Coronado del Norte usa uno como Montura. Una variedad de iyarinne para el frio. — Empezó a masticar las ramas, daba un gesto de aprobación. — Están buenas.

Mind, con indiferencia, también comió algunas ramitas. Luego se le iluminó la cara. La gran cantidad de sensaciones que llenaban su paladar. Eran un sabor que le recordaba los buenos libros que había leído, cuando descubría algo en su búsqueda del conocimiento, cuando la alegría del licor empezaba a invadirla. Lentamente, sacaba una sonrisa… Una que, al verla, le sacó el mismo gesto a su compañera verde.

—Suena interesante —dijo Nyota, reanudando el avance—. Oye, Mind, ¿conoces estas criaturas o plantas?

— No mucho. — Le respondió de manera estoica. La unicornio sonrojo, parecía que se sentía ignorante.

—Creo que esas plantas son especias ¿me permites olerlas para estar segura?—Pregunta Lucky —. Ahora aprenderás todo lo que no conoce. Este arbusto es conocido entre los imesebelen como "hojas ilak".

—Vaya se parece mucho al cilantro.—Mint Leaf reía. Para ella, era un cambio agradable para tanta nieve que había visto. El calor y la gran variedad de colores le daban ánimo.

No tardaron en ver huellas alrededor del río, huellas de pezuñas triples. Ya estaban cerca.

—Dicen que es una mutación de aquel —dijo riendo Nyota, y señaló las huellas—. Miren, los ciervos gashin estuvieron aquí.

— EL legado de la Gehena. — Dijo Mint, se arrodillo y, con su casco, saboreo la tierra que había en la huella —.

—No perdamos el tiempo. —Dice un poco más animada Lucky

—Si no me equivoco, fueron hacia allá —dijo la cebra, señalando hacia un sector donde los arbustos y árboles crecían formando una barrera vegetal que cubría el río.

Y, aun así, como una estrella fugaz, pudieron ver a un ciervo saltar desde el otro lado de la alta maleza, unos tres metros de altura, y lo vieron aterrizar otra vez tras la muralla de hojas. Mind se agacho por la sorpresa. Pero se quedó maravillada por los pocos segundos que vio al animal. Le brillaban los ojos y quedó boquiabierta. Empezó a esbozar al animal en su libreta.

—¡¿Que esperan?! ¡Hay que seguirlo! — Grita Lucky atreviéndose a volar con sus alas cansadas para atraparlo

—Acerquémonos y podrás verlos mejor —dijo Nyota de manera casi maternal. Ella había reaccionado así cuando vio por primera vez a esos seres —.¡Lucky, espera! —dijo Nyota de un modo que quería parecer un grito pero a la vez no quería alzar la voz.

—¿Cómo quieres que los atrapemos? Ellos saltan y son más veloces—-

Mint fue tras él, pero más interesada en atrapar a Lucky que a uno de los antílopes. Su rapidez sorprendió a la cebra y a el otro unicornio.

Igualmente sorprendió a Nyota. El ambiente se puso tenso, y casi podían sentir a las criaturas alzando sus orejas.

—Aprovechemos la cobertura vegetal —dijo Nyota—. Sólo tenemos un tiro de lanza cada una, debe ser lo más preciso posible.

— S-sí, sí. — Se limitó a decir la unicornio gris, se puso detrás de Nyota. — Estoy contigo.

Lucky se queda callada observando la forma en que caza Nyota

La cebra y la unicornio se adelantaron, y con muchísimo cuidado atravesaron las hojas. Las ramitas estaban muy juntas, sin embargo se rompían con facilidad

Pudieron contemplar hacia el otro lado.

El pequeño río formaba un lago de mediano tamaño, que nutría abundante hierba, y alrededor se alimentaban pequeños grupos dispersos de tres o cinco ciervos. Uno pastaba tan cerca de Mind que ella sentía poder tocarlo si saltaba con fuerza.

Era un animal hermoso. El vientre, el cuello y las mejillas eran doradas, el resto de su cuerpo blanco. Un solitario cuerno rojo emergía de su frente y se enroscaba elegantemente hacia atrás. Sus ojos eran amarillos.

—Puedes saber la edad del ciervo por el color de sus cuernos —le dijo Nyota, sonriendo—. Nacen siendo de un fuerte color rojo, los jóvenes tienen cuernos naranjas, los adultos cuernos amarillos y los ancianos cuernos de color blanco.

—Fascinante, pero aun necesitamos cazarlo—" Dice Lucky seria ya que parece que la cacería no tiene fin

Casi quería tocarlo. SU llegada a la superficie había sido dura, y extraña. Pero encontrarse con esa maravilla de la naturaleza, le lleno el corazón de alegría. El mismo sentimiento que tenía con Insight, con Book Eater. Con el grupo.

No podía matar a ese animal. Lentamente, le dio su jabalina a Nyota y empezó a dibujar, a hacer anotaciones rápidas.

—No mataremos a ese, es muy joven —dijo Nyota—. Nuestra presa es ese —señaló a un ciervo de gran tamaño, que bebía agua del lago. Al alzar la cabeza, pudieron ver un cuerno blanco, como una nube.

— NO conmigo. Hay tanto que anotar y debo dibujar a este espécimen. — Dijo Mind, sonriéndole a Nyota. — Gracias.

— Ya te oí, rayitas. — Dijo Mint. — ¿Algún plan?

—Debe acercarse a nosotras, y sé cómo atraerlo —dijo esparciendo un puñado de aquellas hojas dulces fuera de su escondite.

El ciervo del cuerno rojo se acercó y las probó. El ciervo del cuerno blanco igual se acercó, y el resto de la manada parecía abrirle el paso.

El ciervo del cuerno rojo levantó la cabeza, y sus ojos se toparon con los de Mind. Se quedó completamente quieto.

Mind se quedó quieta, mirando a los ojos del animal. Se sentía extraña. Sentía...

Que se miraba a sí misma.

Nyota esperaba que su presa se acercara más, pero vio la reacción del joven ciervo y supo que no podía esperar más

Como un latigazo, el joven ciervo saltó hacia atrás, tan alto que parecía volar, suspenderse en el aire.

Nyota arrojó su arma contra el otro ciervo. De haber tenido una punta de metal, le habría atravesado el cuello, pero la madera afilada apenas logró rasgar la piel. Salía sangre, pero igualmente saltó, y como una reacción en cadena, las demás manadas comenzaron a huir en saltos imposiblemente altos.

Lucky se impresiona por la destreza de Nyota

Actuó con rapidez. Trato de buscar un blanco, vio a otro ciervo viejo, de cuerno blanco. Lanzo su jabalina, pero cuando iba a impactar, el animal dio otro salto imposible. La lanza se clavó en el suelo, y desde donde estaban, podían sentir la vibración del mismo.

—Está herido, no podrá saltar mucho tiempo —dijo Nyota corriendo hacia al lago. Hundió la cabeza en el agua, y comenzó a seguir el pequeño rastro de sangre, corriendo. Era rápida pero los saltos eran insultantemente más veloces.

Lucky la sigue, le es fácil seguirle el paso gracias a que sus patas son largar. Aunque correr la agota como a cualquier pegaso

Nyota mantenía una velocidad estable. De vez en cuando se detenía y luego volvía a correr.

Pudieron ver al ciervo echado bajo un árbol.

Estaba sentado de modo que su estómago reposaba sobre sus patas y estas sobre la tierra. La mitad del cuello estaba rojo y aún emanaba sangre. Los vio acercarse, pero no hizo ademán de moverse.

Es más, parecía que incluso los esperaba.

Mint, se movía con rapidez y agilidad. Los obstáculos la volvían más rápida, en cambio. Llego al ciervo.

Lucky la sigue, aunque no sabe qué hacer ya que quiere darle el honor a Nyota de terminar con su presa

El animal los miraba acercarse. Sus ojos transmitían una extraña tranquilidad. Un poni herido así miraría con odio, con miedo o con resignación. El ciervo simplemente esperaba.

Nyota sacó un cuchillo, y buscó el pecho del animal. El ciervo se dejó tocar, y pudieron ver que la cebra susurraba algo en su oído antes de hundir el cuchillo en el centro exacto de la unión de sus patas delanteras.

Mind fue la última en llegar, miró al animal con tristeza. Pero sonrió. Quizás su antílope favorito crecería y se volvería un anciano majestuoso como el que tenía en frente.

La sangre fluía como un arroyo y Nyota sostenía la cabeza del ciervo, hasta que la sangre dejó de fluir y la cabeza cayó como un peso muerto. La cebra al notar eso se movió para recostarlo horizontalmente

—Es triste pero era él o nosotros ¿alcanzara para todos?—Pregunta Lucky comenzando a levantar con cuidado al ciervo sobre su lomo

—Alcanzaremos todos, por tres días, creo —dijo ella. Que parecía, con su melena revuelta y su zona frontal llena de sangre.

—Eso es fantástico! ¡Nada mal para ser nuestra primera cacería aquí!—

—Diría que fue mi cacería —dijo la cebra riendo.

Compass y Kristin lograron ver al grupo de cazadoras. Nyota se había lavado en el río, mientras que Lucky cargaba sin problemas un enorme ciervo.

—Prepara el fuego, Voyager, tenemos que hacer un asado —rió Nyota.

Mint cargaba a Mind en su lomo, desde lejos, podían ver a la yegua verde sonreír.

Compass asintió y, con los restos de la leña de anoche, empezó a montar la fogata. Con fricción y algunas ramas secas, ya tenían fuego.

Nyota afiló el cuchillo y trató de calentar un poco de agua para quitarle el pelaje antes de abrirlo.

—Necesitare ayuda —dijo ella—. ¿Todos tienen un cuchillo?

Mint dejó a la unicornio gris antes de ir con la cebra. Saco una daga afilada y se puso a cortar junto a ella.

Mind, en cambio, arrugó la cara cuando vio como despellejaban al animal. Luego le mostro sus dibujos a Compass.

— ¡Es idéntico! ¡Tienes talento! — Dijo Compass, dándole un golpe amigable al unicornio y sonriéndole. Mind se sonrojo.

Tardaron cerca de tres horas para separar las piezas del animal. Nyota llevó las entrañas varios metros lejos del campamento y las dejó a merced de los carroñeros.

—Este cuerno puede valer mucho —dijo Kristin admirando el cuerno blanco, tan largo como una flecha—. Valdría más si fuera rojo.

— Nadie matara a un antílope de cuernos rojos en mi presencia. — Dijo Mind de manera intimidante. Ella rodeo con su aura a la grifa y la trajo a centímetros de su cara. — Sobre todo con ese motivo tan vacío.

Tenía una cara intimidante.

—S-solo decía... —susurró asustada la grifa, sumamente intimidada por la repentina ira de Mind.

Dejó caer el cuerno, y levantó una nube de polvo al chocar contra el suelo.

— Véndelos, pero no me des el dinero. — Dijo Mind, son una sonrisa súbita.

— Al parecer, nuestra pequeña neófita se va a volver una ecologista y ebria. — Dijo Mint, parecía que la yegua se tomaba todo como un chiste.

—¿Una ecologista ebria? —rió Nyota, regresando—. Suena como alguien de las tribus.

Mind se limitó a mirarla feo.

—No lo decía con mala intención —dijo Nyota—. Es más, me gusta que quieras seguir esa filosofía.

— Mind, cálmate. — Dijo Compass, sonriéndole.

— Bien, lo hare. — Dijo ella, tranquila. — Pero nada de carne. Al menos un buen plato de vegetales.

—Está bien —dijo Nyota—. Acompáñame, te enseñaré cuales plantas son comestibles y cuales son venenosas.

—Está loca —susurro Kristin cuando ambas se alejaron. Recogió el cuerno.

— He estado revisando nuestras cosas. Tenemos comida para una semana de viaje. Equipo para viajar. — Dijo Compass, revisando una lista.

—¿En dónde podríamos estar en una semana de viaje? —pregunto Kristin

— Tendríamos para medio viaje en el Bosque. — Dijo Compass. — Eso si no tomamos en cuenta a la fauna y los habitantes del mismo. Quizás encontremos a una tribu amigable.

— Sigue soñando. — Dijo Mint, luego rio.

—¿En el Everfree? ¿No oíste a Nyota? Ahí están todos locos.

—es una lástima que nadie aquí sepa el famoso hechizo para caminar sobre las nubes. Así podría llevarlos a todos sobre una nube. - - dice Lucky

Todos miraron a Mind por un gran rato. Ella suspiro.

— No, no lo sé. Nunca vimos la necesidad de usar las nubes, porque teníamos nuestras maquinas. — Dijo Mind.

—entonces no se puede a menos que... — dice Lucky algo pensativa— ¿y si improvisamos un globo aerostático?

—Eso suena fácil —dijo Kristin—. Nosotros improvisamos algo similar.

—Preferiría no volar —dijo Nyota con aprehensión.

—Ahora será más seguro, somos dos voladoras —dijo Lucky.

— ¿Con que? No hay materiales. Necesitamos lona, como elemento principal. — Dijo Compass. Mind lo señalo y asintió.

— Necesitamos materiales mecánicos, algo para el aire y mantener el globo en aire. Yo solo veo una granja abandonada y muchos árboles. — Dijo Mind, señalando todo.

—tienen razón, fue una idea precipitada

— Encontremos una fuente de agua. Tomemos la ruta larga, Encontremos un cuerpo de agua que vaya al mar, de ahí, al oeste y luego al Norte. Si tenemos suerte, encontraremos una embarcación mercantil de Mane. Eso o tomar la ruta de la Estepa. — Dijo Compass.

— Ahí sí que sudaremos como cerdos. — Dijo Mint, riendo.

—La Estepa es muy peligrosa, mejor arriesguémonos en el mar —dijo Nyota

—Si creen que es lo mejor — dijo Lucky

— El único problema es el siguiente: la única fuente de agua cercana es el rio Ponyville. — Dijo Mint, era la primera vez que lo vieron serios.

—Quizás podamos seguir algún arroyo —dijo Nyota algo asustada

— SI va un río principal, no Tego problemas. — Dijo Mint, con su gran sonrisa.

—Todos los arroyos llevan a algún río o alguna otra fuente de agua —dijo Nyota—. Quién sabe, tal vez alguno nos lleve al propio mar.

— Esto parece no tener solución — dice frustrada Lucky

A medida que entraban en el bosque, se hacía más espeso. Costaba moverse a cada paso, pero ese no era el problema. Habían trampas cazabobos, para osos ocultos en la maleza, trampas ahuecadas con puntas afiladas en el final. Hasta complejos sistemas donde, al pisar un cable, un tronco aparecía y golpeaba como un ariete.

Estaban obligados a caminar con prudencia.

—¿Porque hay tantas trampas? —preguntó asustada Kristin

—por eso siempre hay que llevar un palo - - dice Lucky poniendo un palo frente a ella para detectar trampas

—Buena idea, Lucky —dijo Nyota tomando otra rama.

— Me imagino que tienen que comer. Cualquier cosa que agarren vendría bien. Sugeriría que me acompañaran con salsa de mayonesa con perejil, pero soy demasiado bonita y buena para para ello. — Dijo Mint, riéndose. Compass le secundo, le parecía gracioso.

Compass tomó otra rama. AL rato, la misma activo una trampa para osos. Se detuvo helado.

—Había oído rumores sobre caníbales en esta zona —dijo Nyota—. Al parecer son ciertas.

— Que repugnante. — Se limitó a decir Mind, era la más cubierta por el grupo, en el medio de todos.

— Recuerden el plan: encontremos una fuente de agua y vayamos hacia el mar. — Dijo Compass, recomponiéndose del susto.

Tomo otra vara y empezó a tantear en el suelo.

—¿Qué hacemos si nos atacan? —preguntó Nyota

—podríamos reciclar sus trampas —sugirió Lucky

Repentinamente escucharon un ruido de ramas siendo pisadas.

—Eso es malo —dijo Nyota alzando su cabeza. Sus orejas se levantaron

Ella escucho el sonido de las plantas siendo despejadas a la distancia, lo que fuera que lo estaba provocando se diría hacia ellos.

—Se están acercando —dijo Nyota alarmada, buscando su cuchillo

— Mierda, tengo hambre — dijo una voz, parecía que se trataba de un corcel joven, probablemente adolescente.

—Solo díganme y los mató con mi espada - -le susurra a Nyota

— Claro, porque las trampas que pones nunca atrapan nada, hasta un puto estúpido como tu vería esa mierda — la otra voz sonaba mucho más grave.

—Esos dos en cualquier momento atacarán, debes estar lista —dijo la cebra

— Si, pero mamá me quiere más — respondió el más joven.

Ella desenfunda y usa una de sus alas para sostenerla mientras espera

— ¡Cierra esa estúpida boca, todo el puto bosque te escuchara! — escucharon lo que sin duda era un golpe a la cabeza.

— ¡Mierda!, ¡le diré a mamá! —

—parecen ser un par de idiotas, será fácil vencerlos

— Ya deja esa cosa de potras y ayúdame a revisar las trampas, no sé cómo papá tolera tu estupidez, mira¡, pusiste las trampas mal de nuevo, parece que alguien uso un jodido palo para encontrarlas a tiempo — otra vez escucharon un golpe en la cabeza del más joven.

—Aún no nos ven —dijo Nyota—. Si nos movemos rápido no nos verán.

— No es mi..., ¡mira eso! — escucharon como los dos se alejaron rápidamente, — ¡esa tiene algo!, ¡alguien cayo en la trampa! — el joven parecía bastante emocionado.

Lucky se prepara por si intentan atacarlos

— Pero el cabrón de mierda se cortó su propia pata, debe de ser alguien rudo, pero mira ese rastro de sangre, su cuerpo debe de estar en alguna parte —

—¡Aprovechemos! —susurro con fuerza Nyota, comenzando a avanzar por el bosque

Lucky aletea con suavidad para no alertar los

— ¡vamos hermano!, ¡usa esa nariz tuya y búscalo!, ¡esto es ahora una cacería! — escucharon el grito de emoción de ambos hermanos.

— ¡Lo huelo!, ¡aún está vivo!, ¡hoy cenara toda la familia! —

— Ahora no. No vaya a ser que tengamos que escapar y caigamos en las mismas trampas que hemos montado. — Dijo Mint. Iba con cautela, casi parecía que no tocaba el suelo.

Pronto se encontraron con algunos arbustos de Okan, con sus frutos, parecidos al corazón de una bestia, verdes. Atraía a la fauna local, y Compass que empezaba a babearse.

—Busquemos entonces un sitio donde ocultarnos —dijo Nyota preocupada

—tengo una idea - - dice Lucky cargando a Mind y la sube a un árbol

— Gracias, pero podía levitarme. — Dijo Mind, trataba de sonreír, pero sonaba algo altanera. Se aferró al árbol.

Compass se acercó al arbusto de Okan. Cuidaba de no pisar a un pelotón de hormigas libaax que estaban cerca. Vio como los bichitos marchaban en formación hacia el arbusto, y el poni gris iba tras de ellos. Casi parecía divertirlo.

Tomo uno de los frutos, pero cuando los sintió con su casco, noto que todavía estaban duros. Gruño y dejo al mismo sin cortarlo. Casi le dio un infarto cuando, al voltearse, vio a Mint al lado de él.

— No hay de estos de dónde vengo. — Dijo ella, con una sonrisa. Corto un okan y lo guardo entre sus cosas. — Quizás el Jardín Botánico de Mareleen se interese en este arbusto.

—Lo siento, es el único lugar seguro que se me ocurre

—Todos al árbol —dijo Nyota tratando de saltar arriba del mismo

Lucky decide subirlos uno por uno, aunque le cuesta trabajo

Compass e Mint se ayudaron mutuamente. El primero hizo como base para que la segunda diera un salto alto. Ya arriba, el poni gris dio una carrera, saltando e impulsándose del tronco para alcanzar el casco del unicornio verde. Los Dos compartieron la rama, mientras intentaban llegar más alto.

—¡Miren! —dijo Nyota señalando algo que sobresalía detrás del arbusto. Una pierna.

—seguro es el poni que cayó en la trampa.

Un ruido los alerto, algo corría hacia el árbol.

— ahí, justo ahí lo huelo hermanito — escucharon la voz del mayor.

Nyota se aferró a su rama, esperando que las hojas y sus rayas fueran suficiente para ocultarla

Lucky coloca más hojas sobre ellos para que no los vean

Todos estaban atentos de los visitantes inesperados.

Los arbustos se movieron bruscamente y de estos surgió un enrome poni, su aspecto era de lo más aterrador, no solo por su corpulento cuerpo, este estaba cubierto de perforaciones, las cuales estaban hechas con pequeños huesos, vestía lo que parecía ser una ligera armadura de hueso con pieles cosidas, no había duda que se trataba de piel de poni, el en silencio y mirando a sus alrededores, prosiguió a seguir el rastro de sangre casi invisible para el ojo no entrenado y llego hasta el cadáver.

— pequeño idiota, te dije que lo encontraría —, empezó a reír de forma maniática y alegre.

De entre los arbustos salió un adolescente, quien vestía su cuerpo con pieles de poni y tenía menos perforaciones. Compass odia sentir un nauseabundo hedor en ellos, el olor de la sangre y muerte.

Lucky igualmente se cubre la nariz como puede rezar porque no sean descubiertos, si el resto de ellos eran más grandes

Nyota se cubrió la boca. Había destripado a un ciervo, pero ni eso tenía tanta fetidez como esos dos. Kristin tuvo que cubrirse el pico para evitar hacer un ruido comprometedor

Incluso sentía que iba a vomitar, se obligó a tragar su desayuno con pesadez.

— A estos bichos les falta un buen baño con jabón. — Susurro la unicornio verde. Incluso con el peligro, parecía tomárselo como un chiste.

— Maldición, ya no está fresco — dijo el joven molesto y pateo el cadáver, — vamos a casa —, el mayor uso su magia para cargar el cadáver en su lomo.

Las filas de hormigas libaax, que comenzaban a dar cuenta del cadáver, se dispersaron y desorganizaron unos instantes al verse privados de él

— Que raro, yo olí que aún estaba vivo — dijo el grandullón desconcertado.

— Quizás esa nariz tuya ya se hizo mierda — dijo el joven de forma burlona.

— En serio, yo esperaba buscar a alguien vivo, además de que... este no tiene el mismo aroma — el empezó a olfatear con más fuerza, a mirar a sus alrededores.

Lucky vigila asomando un poco su cara por el follaje para ver si se van

Lo bastante lejos para relajarse

Una sonrisa se dibujó en su cara — huelo a coños —.

— ¿Qué cosas? — dijo el pequeño, sus ojos se abrieron como platos.

Aquello asustó a Kristin, y por alguna razón indignó profundamente a Nyota. Buscó el cuchillo.

Compass miró a su lado, y se le helo la sangre cuando no encontró a Mint junto a él. Quería gritar, quería avisarle al resto. Pero no con los saqueadores abajo.

Lucky se oculta y le horroriza la idea de ser violada

— Sí, estoy seguro que son más de una, y al menos una no le falta tanto para ponerse caliente — de inmediato soltó el cadáver, se le veía desesperado — tengo tiempo que no disfruto de unas deliciosas presas como esas — aspiro nuevamente — y esta huele delicioso —.

— ¿por qué te emocionas tanto hermano? — el pequeño se le veía un tanto nervioso.

— Hoy es el día que conocerás lo deliciosos placeres de una cacería de coños, ¡has sonar ese cuerno! — grito con emoción, el pequeño se asustó tanto que titubeo y con torpeza tomó un largo cuerno el cual con un poco de torpeza hizo sonar.

Lucky igualmente busca a Mind con la mirada angustiada. Ya que ese destino no se lo desea a nadie

— Les tomara un rato llegar al resto del clan, ¿qué hacemos? — el pequeño miraba a su hermano mayor, esperando que el supiera que hacer.

Lucky toma una fruta cerca y trata de disfrazar su olor con ella, se la pasa a Nyota

—¿Crees que resulte? —susurró ella

El seguía olfateando, mirando a sus alrededores, de repente se quedó inmóvil, escuchando, y movió su cabeza hacia arriba.

— ¡ya los vi! — de su boca surgió una riza de lo más aterradora — vamos, muéstrense, ya sé que están ahí arriba —.

El joven igual alzó su cabeza en silencio.

El hermanito vio cómo su guía era atravesado en el pecho por una espada negra con toques verdes. Con la misma rapidez fantasmal, vio como decapitaban a su hermano.

— Que incivilizados. — Dijo Mint, con una sonrisa tierna en su boca. La misma espada la arrojo contra el hermanito, decapitándolo en el acto. —

—tenemos que salir de aquí, vendrán más como ellos y seguro no serán fáciles

—¿Alguien quiere quedarse y convertirse en presa? — Dijo Mint, atrayendo su espada negra y limpiando su sangre con la cola del hermano mayor. Era de mango metálico, y muy adornado.

Compass fue el primero en bajarse y ponerse a su lado. Busco su daga, los nervios lo hacían titubear.

Nyota planeaba saltar y apuñalar al hermano mayor con el cuchillo, pero ver a Mind la sorprendió tanto que apenas atinó a bajar.

Lucky baja.

—¡vamos, Kristin!

—No quiero ser violada —dijo nerviosa Kristin, respirando agitadamente y con los ojos muy abiertos.

No quería pasar por eso otra vez.

—¡Si no quieres eso, tendremos que salir de este puto bosque ya!

Una flecha pazo muy cercas de una de sus alas, unos centímetros más y esta se hubiera incrustado.

De entre los arbustos salió una yegua, al igual que los otros las perforaciones de hueso cubrían varios puntos de su piel y estaba vestida con piel sin duda de sus víctimas, esta al ver los cadáveres grito.

—¡Corran! —gritó Nyota sosteniendo su cuchillo. Deseó tener una lanza.

— Hermanitos — grito ella corriendo hacia los cadáveres sin prestarle atención al grupo.

Clear Mind, el unicornio gris, se quedó atónita. Lo que dijo Kristin, los saqueadores. Quería ser como el antílope y empezar a dar saltos imposibles. Se teletransporto y uso un hechizo que levanto el polvo. SU grito fue suficiente motivación.

— ¡Corran! ¡Ya! ¡Ya! — Pero, contrario a otras veces, Mind sonó más decidida que asustada. Se le veía con la cabeza fría. Se limitó a levitar una piedra y arrojarla en dirección contraria al polvo.

Todos corren lo más que pueden

Nyota como un felino comenzó a correr entre los árboles, intentando mantener unido al grupo.

No le gustaba sentirse como una presa.

Un enorme poni apareció justo en frente de Nyota, este no había duda que se traba del líder del clan — quienes mierda son ustedes —.

Era incluso más grande que el que había matado Mint, pero tenía una particularidad, sus alas, era un pegaso.

Nyota retrocedió, asustada, pero no pensaba ser una presa. Cazarla sería como seguir a un león kalasha.

— Una puta rallada, esto sí que es raro — él sonrió, ella podía ver la perversión en su mirada, — ¿cómo sería un pegaso con rallas? — el trato de atraparla con sus gruesas patas.

EL gran poni sintió alguien a sus espaldas. Antes de que pudiera reaccionar, Mint, de nuevo, le clavo su espada en una de las rodillas. Compass, alejado de la cebra, galopo y se abalanzo contra el gran pegaso. Empezaba a dar dentadas salvajes en su hombro, en su lomo. Mientras que Mint perforaba los músculos con su espada.

—¡oye déjala en paz! - - grita Lucky se pone frente a ella

Ella como si fuera agua logró evadir su agarre, y saltó sobre su espalda, buscando apuñalar su nuca.

Una flecha impidió que pudieran apuñalarlo.

Nyota cayó, rodó y al hacerlo partió la flecha. Había impactado en la parte inferior de su hombro. Un poco más y le habría dado en un pulmón

Lucky avanza tratando de apoyar a Mind

A Compass casi lo alcanza una flecha de hueso. Incluso le marco la cara. Tuvo que soltar al pegaso grande para volver a correr. Le dio una mirada rápida a Mint, quien le asintió; le dio otro corte en la otra rodilla. Mind se unió a ellos y empezaron a correr juntos, con la distancia suficiente para poder flanquear a cualquier atacante.

Era una suerte que no hubiesen trampas en el camino.

— ¡Papá!, !ellos mataron a impulsivo y a escuálido! — grito la unicornio que no dejaba de disparar flechas.

— ¿¡Que mierda!? — el enorme pegaso grito con fura al verlos tratando de escapar.

Nyota como pudo se levantó, y trató de correr, pero su pata delantera herida le impedía pisar bien. Casi tenía que saltar.

Lucky nota eso y a su pesar retrocede y la ayuda a caminar, pero las heridas en sus patas le impidieron atrapar a Mind antes que esta se alejara. Podían escuchar a una multitud correr, parecía que venían de casi todas direcciones.

—Maldición —dijo molesta Nyota—. Lucky, olvídate de mí y protege al resto.

—No voy a dejarte aquí—dice sería luego piensa algo

La sube a un árbol y la cubre con hojas.

—Si no sobrevivo, dile a todos que hice mi mejor esfuerzo —dijo la pegaso.

Un flacucho poni terrestre salto y derribo a Lucky, este se veía especialmente enloquecido y en todo momento trataba de golpear salvajemente a la pegaso.

—¡plumas!, ¡plumas!, ¡quiero tus plumas! —chillaba la criatura.

Los tres corredores se detuvieron en un precipicio. Si Saltaban, rodarían entre maleza y tierra por unos momentos. Pero, por un breve instante, vieron en donde estaban.

Vieron edificios, complejos de apartamentos, antaño lujosos y comunes, en fila y abandonados, con la maleza tomando terreno. Encontraron secciones donde una ciudad abandonada y un bosque maldito se cubrían. Y a pesar de que era más allá del mediodía, una nube de color violeta, con momentáneos relámpagos púrpuras, cubrían la ciudad abandonada en una noche eterna. Vieron como algunas luce, seguramente fogatas, estaban a sus alrededores. Mientras más alejaban la mirada, veían un brillo púrpura en el centro de la ciudad.

Se quedaron mudos, y solo Mind pronunció una palabra con un hilo de voz. Una que le congeló la sangre.

— Poniville.

—Lucky —dijo preocupada Nyota. Rápidamente buscó algo en su melena. Una rama de hierba de brujo. La masticó con fuerza.

Bajó del árbol, caminando normalmente. Apartó al poni flacucho de un solo golpe.

Lucky lo patea con fuerza.

—¡nadie toca mis plumas!

Ella se eleva, primero para alejarse del caníbal, luego para realizar un poderoso ataque.

—¡Nyota aleja a los demás lo que haré es peligroso!

El enloquecido se tira al suelo y se retuerce cubriendo su nariz ensangrentada y desapareciendo entre la maleza.

Grita volando a toda prisa

Ella luego cae en picada tratando de hacer un Sonic Rainbow

—¡Déjame darte un casco! —gritó Nyota, sus ojos brillaban con un fuerte color violeta. Parecía que dicho color comenzaba a teñir también lo blanco de sus ojos

En eso ven a un joven pegaso de estatura normal, este viendo lo que iba a hacer Lucky y de inmediato se alejó.

— ¡corran!, todos corran!

Al verla volar, pensó en seguirla, pero dudó, y luego comenzó a correr en dirección al resto del grupo.

A lo lejos aulló un lobo de madera.

Ella al chocar con el suelo crea una onda expansiva gigante. Al acabar, esperaba que eso ahuyentara a los caníbales, estaba muy cansada.

A la distancia escucharon un gran y aterrador grito:

—¡ LOS JODERÉ A TODOS!, JODERÉ TODOS SUS MALDITOS AGUJEROS DE MIERDA!, LO JURO!

Un lobo de madera se acercó a Lucky, aunque no hizo ademán de atacarla. De todas formas, por precaución, ella se hizo la muerta.

El lobo de madera se arrodilla a su lado y trata de echarla sobre su lomo.

— ¡Chicas! — Era Compass quien gritaba, se oía más que trataba de llamar la atención que pedir ayuda. — ¡Vengan!

Ella espera a que el lobo se vaya, y luego se va a duras penas a buscar a Compass

Nyota saltó atravesando un arbusto, tan rápido que casi parecía un halcón cazando.

Lucky cojea ya que está muy cansada

Cuando levantó la vista, Kristin ahogó un grito: sus iris eran de un brillante color violeta mientras que la zona blanca era de un violeta más claro.

Al llegar a donde están ellos se deja caer - - ¿funciono?

—Lucky ya viene —dijo seria—. Debemos irnos y no acercarnos a la ciudad.

Nyota miró a Lucky tirada en el piso, preguntándose en donde estaba su lobo de madera.

—¿Acaso Kuni no fue a buscarte? —preguntó la cebra.

—¿Estás bien? —le preguntó Lucky débil a Nyota.

Compass aún se sentía atraído por la luz violeta del centro de la ciudad. Incluso, sintió un pequeño brillo purpura en el mismo. Sacudido la cabeza y fue con Nyota.

—Estoy bien, pero por poco tiempo —dijo la cebra—. Cuando la magia se haya completado, seré totalmente inútil por dos días.

Sin decir nada más, comenzó a caminar.

Un lobo de madera se acercó a Lucky y la golpeó suavemente con su hocico.

— Vámonos gente. Ya habrá tiempo para un lugar maldito como este. — Dijo Mint, empezó a caminar, buscando una salida.

—¿qué quieres? —le pregunta ya fastidiada al lobo, ya informándole poco si la mata

—chicos ¿alguien me ayuda? No puedo caminar más en este estado.

El lobo se arrodilló a su lado, haciendo un gesto con su hocico, como indicando que subiera.

Ella luego de ver que no hay malas intenciones, sube al lomo del lobo

Él comienza a caminar siguiendo la pista de Nyota. Parecía tenso.

—Lucky, déjame darte un casco —dijo Nyota mirándola con sus ojos en varios tonos de púrpura

—Si adelante, apenas puedo moverme en este estado

Nyota tocó a Lucky, y ella sintió algo extraño recorrer su cuerpo, como si el casco de Nyota fuera una jeringa derramando su contenido.

—¿que estás haciendo? — pregunta sorprendida

—Ya verás —dijo ella, retirando su casco. Entonces Lucky se dio cuenta de que se sentía bien.

—¿eso no te perjudica a ti?

—Me perjudicará más tarde —dijo ella—. Por ahora sólo vámonos.

—No debiste hacerlo, el grupo te necesita más a ti que a mí.

—Tú eres una guerrera, nos harás falta —dijo Nyota, vigilando los alrededores.

—pero tú puedes curar, eso es más útil —insistió Lucky.

— Parecen charla de novela. — Dijo Mint, estaba recostada, relajada, mirándolas con tranquilidad. Se levantó y escupió en el suelo. — Llegamos a donde no queríamos: Ponyville. Mejor encontremos un refugio antes de que esos locos vengan.

Ella continuo su caminata hacia el grupo. Mirando la ciudad fantasmal que se extendía en el horizonte.

—El mejor refugio es el mar —dijo la cebra, avanzando.