1 semana antes.

Empujó la tumba del padre Mills y bajó las escaleras de la fría bóveda de Regina. Estaba bastante nerviosa, lo admitía, pero prefirió ignorarlo. Necesitaba a su amiga y tal vez todo terminaría bien y consiguiría hacer lo correcto.

Dobló de la entrada hacia la izquierda, pasando bajo el arco de piedra, encontrándose con Regina, en la zona de la bóveda en que siempre estaba. No sabía qué tenía ese lugar de especial, pero allí podía ver a la morena leer, practicar magia, la veía ir cuando quería estar sola. Pero nunca en las otras salas que tenía allí.

Regina estaba leyendo, de todos los libros, el mismísimo libro Once Upon a Time. Ese que fue su perdición, que ayudó a romper su maldición, que le hizo creer que perdió su oportunidad de un final feliz, pero no parecía triste, sino emocionada. Se preguntaba qué historia estaba hojeando.

Entonces la ex reina levantó la vista al sentir una presencia cerca a ella. La miró con neutralidad y luego bajó la mirada al libro otra vez, dejando ir una pequeña carcajada.

«¿Qué lees?».

La mujer se limitó a mostrarle las páginas del libro. Vió la gran imagen de el príncipe despertando a Blancanieves. Emma, confundida, frunció la frente.

«¿Qué tiene eso de divertido?».

«¿Qué no tiene de divertido?» replicó con tono juguetón. «Quiero decir, ¿'siempre te encontraré'? Son tan enfermizamente cursis que no sé como Snow y Charming ganaron la guerra sin distraerse con la mera presencia del otro».

«Ok...». Realmente no sabía que decir, o de qué estaba hablando.

«Entonces, ¿vas a decirme que haces aquí, rubia?».

«¿Puedes no llamarme rubia? Me irrita».

«Más razón para hacerlo».

Emma dejó salir un gruñido. «¿Puedes, por favor, dejar que Regina hable conmigo? La necesito, Gin».

La morena sonrió picara. «Apuesto que sí» murmuró sugerente.

«¡Basta! Estoy en medio de un desastre, necesito su ayuda».

«Oh, así que solo la vas a utilizar, como siempre lo haces» dijo con amargura.

«¿Qué?».

«Esta es exactamente la razón por la que bebimos esa poción. Regina necesitaba a alguien que no se sienta así contigo. Ella no puede negarse a ti, ¿sabes? Robin era el único, además de Henry, que la buscaba simplemente porque quería estar con ella, ¡y no porque necesitaba un maldito favor!» estalló en cólera.

«¿De qué hablas? ¿Así es como te sientes?».

«¡Todos son unos malditos egoístas! Hicimos todo por este pueblo olvidado de Dios. Con más razón bebí eso, sin duda necesitaba un cambio. Dejar de importarme todo y todos».

«¿Regina?».

«¡Y después estás tú! ¿Tienes idea que que tan rechazada me hiciste sentir? Por suerte, ahora no me importa. Pero eso no quita el pasado. Siempre diciendo que éramos amigas... Por un momento lo creí, ¿sabes? Pero solo venías cuando querías algo. "Regina, ¿me enseñas magia?", "Regina, me acompañas al infierno"» espetó haciendo una mala imitación de su voz. «Y yo te ayude, porque eso es lo que hacen las amigas. Entonces, Robin murió, ¡pero la perfecta Emma Swan estaba muy ocupada con su novio para preocuparse por mí!».

«Eso... no es cierto» murmuró hundida.

«Oh, pero lo es. Es tan cierto que duele, ¿verdad?» dijo con un tono cruel y no esperó una respuesta, ya estaba dibujada en la expresión de la rubia. «Bien. No diré que quiero que sufras porque no es verdad. Hay una parte de mí a la que todavía le importas... por más ridículo que sea. Pero ya no puedes herirme».

«No sabía que te hice sentir así» susurró con voz afectada. «Lo siento».

«Deberías».

«¿Gin?» llamó y la mujer le dirigió una mirada expectante. «Cuando dijiste todo eso, ¿fuiste tú... o Regina?».

«Ambas. Tal vez no lo notes, pero todo este tiempo fuimos ambas. Yo soy parte de ella y ella es parte de mí, somos una. Solo que cuando tomó esa poción ella me dejó a cargo de todo».

«¿Por qué haría eso?».

«¿Acaso no escuchaste? ¡Estaba cansada, de todo! Era esto, o suicidio. Pero si algo aprendí con todos las maldiciones, saltos en el tiempo y corazones aplastados es que... ¡no quiero morir!» exclamó con dramatismo. «Esa poción fue mi segunda oportunidad».

«Gold dijo que se iría» recordó en voz alta.

«¿De qué diablos hablas?».

«Hablé con Gold, para saber si había una forma de revertirla. Pero solo me dijo que era temporal».

Regina rió un poco malvada y seca. «Ese diablillo no sabe nada. No usé la poción que él cree. La modifiqué, para que sea permanente. Sólo la contra poción podrá revertirla. Y, sorpresa, sólo yo se hacerla».

«Sí... lo sospechaba» dijo casual.

«¿En serio?».

«Ajam» asintió. «Es por eso que traje esto» y sacó de su bolsillo una botellita con un líquido azul.

«¿Qué es eso?».

«Gatorade» bromeó y luego tiró la botella a los pies de la morena, rompiéndola, pero no había ningún cristal en el suelo.

Una nube de humo azul rodeó a Regina, que no pudo escapar de la magia. Unos segundos más tarde, la mujer seguía allí, con una expresión pérdida y asustada.

«¿Emma?» dijo con la voz temblorosa. «¿Qué me hiciste?».

«Te extrañé tanto, Regina» dijo emocionada, corriendo a abrazarla.

-OUAT-

Actualidad.

La camilla era arrastrada por múltiples médicos y enfermeras mientras Emma la seguía por detrás muy cercana.

Le repetían que se aleje y se mantenga fuera de su camino pero ella no podía. No podía dejarla. Después de todo, era su culpa. Ella dejó a Killian y lo rechazó, y si no fuera por eso él nunca hubiera atacado a Regina.

Se sentó en la sala de espera, pensando que Regina iba a estar bien, debía estar bien. Eliminaba la imagen de Hook de su cabeza cada vez que aparecía para evitar paredes golpeadas o piratas muertos en la comisaría. Por ahora, su padre se encargaba de él.

De un momento a otro, su madre había aparecido en la silla de al lado. Ni siquiera notó su presencia hasta que la mujer empezó a intentar consolarla. Sabía que a Emma le importaba Regina, era su mejor y única amiga. Y para ser justos, a ella también le preocupaba, siempre. Regina era una figura maternal, su familia, nunca dejó de amarla, incluso después de los variados intentos de ella para terminar con su existencia.

No tardó en llegar Henry, acompañado por Zelena. El muchacho saltó hasta su madre con todo tipo de preguntas que Emma no se sentía en humor para contestar. La morena lo notó y le dió una mirada a la bruja, que rodó los ojos y se llevó a Henry para buscar algo de comer, dejando a madre e hija solas.

«¿Emma?» preguntó Snow ante el extraño silencio.

«Es mi culpa» murmuró contra las palmas de sus manos, que cubrían su rostro.

«¿Qué? Por supuesto que no».

«Killian la atacó por mi culpa».

«¿Fue Killian?» dijo sorprendida.

«Creí que papá te lo dijo, él fue el que lo llevó a la comisaría».

«No, no mencionó nada...» musitó. «De todos modos, no es tu culpa».

«¿Llegaste a ver el cuerpo?» soltó Emma, y a pesar de la confusión, Snow negó con la cabeza. «Estaba inconsciente, apenas respiraba. Tan pálida. Como si cada gota de vida dentro de ella se esfumó, así como así. Por un momento creí que... creí que... la perdí» susurro, su voz se rompía. «Su hermosa cara estaba llena de golpes, pude ver sangre salir de su pierna, sangre en el estómago manchando su vestido, y puedo asegurarte que ella debe tener alguna costilla rota... ¡Voy a matarlo!» estalló en rabia y frustración.

«Cariño, tranquilízate» Snow intentó calmarla.

«¡No puedo calmarme! Mientras ese bastardo está en una celda, vivito y coleando, Regina está allí,» dijo exasperada, señalando la puerta a su derecha, «siendo operada, y ni siquiera sabemos si va a vivir».

«Estará bien, ya verás. Ten fe en que va a sobrevivir esto» dijo dulce y Emma reprimió el rodar de ojos ante la charla motivacional. «Y deja de culparte por esto, no tienes nada que ver en lo que Killian hizo» agregó con un tono más firme.

«Tengo todo que ver con ello» dijo decaída de nuevo.

«¿Por qué crees eso?».

«Lo dejé» dijo como si fuera obvio.

«¿Y eso que tiene que ver?» frunció las cejas, confundida.

«Regina es la razón por la que decidí terminar todo de una vez».

«¿Cómo?».

Emma suspiró. Su mamá sí que era lenta, Regina tenía razón a veces sobre ella. Tal vez era momento de hablar de eso, de admitirlo en voz alta. Necesitaba hacerlo, y necesitaba a su madre en ese momento. Ya no le importaba si la iba a juzgar, o regañar. No cuando Regina estaba en riesgo, no había nada más importante. Mucho menos un estúpido secreto.

«Mamá... Me acosté con Regina» confesó.

-OUAT-

1 semana antes.

«¿Cómo, en todos los reinos, fuiste capaz de revertir la poción?» dijo incrédula, separándose de ese agarre que ya tanto extrañaba.

«¡Ey! ¿Esa es forma de recibir a tu amiga después de tus largas vacaciones?» reprochó, aunque sonreía por dentro.

Esa es la Regina que recuerdo. La extrañé tanto.

«Lo siento. Y no me fui por tanto tiempo».

«Trata de pasar una semana con Gin y verás que tan rápido pasa el tiempo».

«¡Ey! Yo soy ella, ¿recuerdas?».

«No, tú eres tú. Y no quisiera que fueras nadie más» confesó clavando los ojos verdes en los chocolate.

«Ok...» dijo desviando la mirada. «¿Por qué me trajiste de vuelta?».

«¿Acaso no querías?» preguntó un poco inquieta.

«Estaba bien como Gin. Era divertido, no me preocupaba nada...».

«Oh» musitó bajo su aliento, decepcionada. «Entonces supongo que es algo bueno que sea temporal. Tienes un día antes de que la poción vuelva a surgir efecto».

Regina levantó una ceja. «Ya me preguntaba como lograste revertir la poción...» murmuró. «¿Entonces por qué la revertiste?».

«¿Gin no me cae bien?» ofreció dudosa con una sonrisa torpe. «Bien...» se resignó. «Te necesitaba».

«Por supuesto que sí» dijo entre dientes. Su sonrisa era casi una mueca y su expresión reflejaba rechazo. «¿Qué quieres?».

Emma leyó lo que Regina sentía, y se arrepintió al instante por su elección de palabras. Lo último que quería era causar ese dolor en la morena. La apreciaba demasiado para hacerla sentir rechazada o usada.

«¿Es cierto?» preguntó, olvidando lo que iba a decir. «Lo que dijo Gin. ¿Es cierto que te hice sentir así?».

«¿Eso es todo lo que quieres saber?» dudó con escepticismo.

«Solo responde la pregunta».

«Sí... Aunque también fue porque estaba sintiendo demasiado, con lo de Robin. Él era el único que no estaba conmigo porque quería algo. Me amaba, sin condiciones, y realmente necesitaba eso. Y tú... siempre parecía que solo me buscabas cuando se trataba de un problema de pueblo, o querías ayuda con algo. Duele» hizo una pausa, tragando saliva y cambiando su tono a uno menos emocional.

«Lo siento, lo siento tanto» dijo con tono rogador. No fue conciente de lo que causó y ahora se sentía tan estúpida.

«No se supone que debías saberlo. Mi otra personalidad actuó por voluntad propia» agregó a su discurso, ignorando lo que dijo Emma.

«¿Eso es posible?».

«No lo creía, hasta que me encontré diciendo que tome la poción porque me sentía usada». Regina se encogió de hombros, restándole importancia.

«Entonces... ¿yo te importo?».

«Por supuesto que me importas, Emma» dijo con ternura hacia la mujer. «Ese era exactamente el problema» agregó con un tono amargo.

«¿Eh?».

Regina dió unos cuantos pasos más cerca hasta ella. Tomó sus manos y le sonrió con pena en sus ojos. Entendió que era el momento... y su última oportunidad.

«Lo que siento por ti... Es demasiado fuerte y confuso. Pero está muy presente».

«¿Por qué recién ahora me entero de esto?» preguntó en confusión, sacudiendo la cabeza, pero nunca rompiendo el contacto visual.

«Porque no habrá más oportunidades» cambió su tono a uno más duro. «Una vez que vuelva Gin, ella nunca dirá lo que siento, prefiere ignorarlo...» tomó aire profundamente, cerró los ojos y no los abrió hasta que se sintió preparada. «Emma, te amo. Sé que es raro, sé que no es el momento, y sé que da maldito miedo» rió suavemente. «Pero es la verdad. Te amo tanto que duele».

Muda, la rubia tenía mil dudas en su cabeza. ¿Regina me ama? ¿Salté a otro universo y no me dí cuenta? Eso sin duda no era lo que esperaba cuando planeaba usar la poción para tener a su Regina por aunque sea un rato. Debía estar jugando con ella, debía ser eso. Pero al escuchar esas palabras saliendo de esa boca, no pudo evitar sentir alivio.

«¿Emma?» la voz de la morena la volvió a la realidad.

«¿De verdad me amas?».

«Sí» dijo bajando la mirada, pero Emma tomó su barbilla y la levantó, atrayendo la vista de Regina a la suya.

«No creí que podía ser verdad» dijo con una voz más aguda de lo normal, casi rota.

«¿Eh?».

«A mí nunca me gustaron las mujeres» confesó y por una fracción de segundo un flechazo de dolor atravesó los ojos oscuros. «Hasta que llegaste tú», Regina frunció el ceño. «No puedo quitarte de mi cabeza» dijo riendo.

«¿De- de verdad?» balbuceó Regina con una sonrisa casi infantil y la rubia asintió.

«Es cruel, ¿sabes? ¿Cómo puedes ser tan malditamente sexy?» exclamó arrancando una risa de la alcaldesa.

«Oh, querida, aún no has visto nada» sugirió con una voz ronca.

«Hay varios outfits de Gin que aún no puedo sacar de mi cabeza...» comentó, y la sonrisa de Regina se amplió aún más.

«Tecnicamente, fueron mis atuendos. Yo soy Gin, ¿recuerdas?»

«Cómo olvidarlo...» murmuró.

Se quedaron en un corto silencio cómodo, ambas reflexionando sus opciones ahora que habían dicho lo que tenían que decir.

«Así que... ¿te gusto?» Regina rompió el silencio.

«Me encantas» respondió con una sonrisa tonta.

Eso le dió la confianza que necesitaba. Después de tanto tiempo, al fin llegaba ese día. Respiró profundamente y se dejó llevar con su natural sensualidad que consiguió en sus momentos oscuros.

«Oh, bien» susurró antes de tomar el cuello de la chaqueta roja.

La tiró suavemente hacia ella, deteniéndola a medio de centímetro del encuentro de sus labios. Miró profundamente los ojos verdes, pidiendo permiso. En respuesta, la Salvadora se abalanzó a ella, rodeando su cintura con los brazos y empezando aquel deseado beso con la pasión que merecía.

Al beso se le unieron toques cada segundo menos inocentes, prendas caídas, gritos... Regina rodeaba sus piernas en la cintura de Emma y se negaba a separarse de ella, aún incrédula que esto no sea alguno de sus sueños.

No se detuvieron a preguntarse qué significaba eso, en ese momento era lo peor que podían hacer. Ellas solo actuaron, y se dejaron llevar.

Sí, eso era lo mejor que podía hacer. Porque esa era Regina. La Regina que extrañó como a nadie durante esas semanas, la Regina que la volvía pasional, y completamente loca. Su Regina. Y ella la amaba. Eso era más que suficiente.