Segundos después, el director gritó "¡Corten! ¡A positivar!".
La escena estaba grabada, y por lo que parecía no íbamos a necesitar más tomas, cosa que agradecí por que no hubiera sido capaz de grabarla de nuevo, no ese día.
Escuchar esas palabras fue una especie de bálsamo para mí. Por fin pude dejar a un lado los sentimientos de Rapunzel y volver a ser yo y, aunque mi interior estaba tan destruido como el de ella, al menos podía fingir que solo había estado interpretando mi papel. Tomé una bocanada de aire para recomponerme de cara al público y forcé una cansada sonrisa en mis labios para dar la impresión de que todo no había sido más que una actuación por mi parte, sin embargo había demasiadas personas que me conocían perfectamente y que no se habían dejado engañar por mi sonrisa.
Megan abrazaba a Lacey por la espalda para evitar que esta viniese corriendo hacia mí, podía verla forcejear para soltarse desde lejos. Para ella mantuve mi mejor máscara de indiferencia cuando la miré. No merecía ni siquiera que me preocupase por ella, ni por los rastros de lágrimas de sus mejillas. Tan solo acaricié a Lacey con los nudillos en la mandíbula al pasar por su lado, susurrándole un "respira hondo, Lace. Todo va bien" Después alcé los ojos buscando los de su madre para dedicarle mi mejor mirada impersonal, dejándole claro así que ella ya no era nadie para mí.
Pude ver el dolor en sus ojos, pero ella no vio el mío pues me ocupé de no mostrarlo ni con mis gestos ni con mi expresión corporal. No fue hasta que Joe me rodeó la cintura con un brazo mientras volvíamos al pueblo para grabar la siguiente escena que no me permití derrumbarme de nuevo. Apoyé la cabeza en su hombro y sollocé en silencio mientras me conducía hasta el nuevo set en el que íbamos a grabar. Esa escena estaba ambientada en el interior de la cripta familiar de Regina.
- Hey pequeña. ¿Necesitas un momento a solas? Puedo decirles lo que quieras… -comentó en voz baja, con su barbilla sobre mi cabeza y sus fuertes brazos rodeando mis hombros.
- Eres un encanto, cachorrito, pero no. Creo que lo mejor que puedo hacer ahora es dejarlo todo salir de un tirón. Después en casa ya veré como lo contengo de nuevo… -dije con la cara escondida contra su pecho, ya que era un hombre muy alto.
- ¿Quieres que llame a Kristin o a Lana?
- No. –Sonreí ligeramente- me sirves tú. Ahora lo que necesito es que alguien me abrace, y tú lo haces muy bien…
- Eso está hecho. –sus brazos se apretaron un poco más en torno a mi cintura, llegando incluso a levantarme del suelo sin ningún problema, solo para que yo pudiera pasar mis brazos por su cuello y esconder la cara contra su garganta cómodamente.
Unos minutos después llegó Lana para anunciarnos que las cámaras estaban colocadas todas en sus lugares y que estaban todos listos para empezar a grabar. Con un suspiro, Joe me volvió a dejar en el suelo y me besó en la frente para darme ánimos. Lana volvía a estar vestida como la Alcaldesa para esta escena, con un traje negro de chaqueta y pantalón con una camisa blanca debajo. Yo mantenía la misma ropa que había llevado en el bosque por que desde allí me aparecía directamente en la cripta. Con un asentimiento, solté la mano de Joe para tomar la de mi madre y seguirla hasta donde me tocase colocarme.
Grabar esta parte fue rápido, y tampoco necesitamos repetir nada, por suerte.
Solo tenía que vérseme mirar fijamente dos pequeños ataúdes gemelos de color claro en cuyas placas de bronce estaban escritos los nombres "Cora Mills" "Daniel Mills" sin fechas, sin epitafios. Nada. Solo sus nombres, pues ya era demasiado duro para mí el haberlos perdido como para necesitar una prueba más de la temprana edad a la que habían muerto.
- No os preocupéis niños, la abuela Cora os cuidará hasta que mamá se reúna con vosotros. –murmuré con los labios contra la tapa de uno de los ataúdes.
Giré el cuello lentamente, buscando con la vista la pared de estanterías en las que Regina guardaba los cofres con sus corazones. Dicha pared estaba repleta de cajoncitos decorados con el mismo símbolo en el centro, símbolo que parpadeaba con una luz rojiza al ritmo de los diferentes latidos que cada corazón guardado dentro emitía.
Mi rostro no mostraba expresión alguna, salvo tal vez, la determinación de llevar a cabo aquello que me había propuesto. Con pasos lentos me acerqué hasta la pared en busca de un único corazón. El corazón de la única persona que estaría dispuesta a ayudarme con el plan que ya había decidido llevar a cabo, ya fuera por mis propias razones o por las suyas.
Una única caja se desplazó de su lugar conforme yo me acercaba. En su interior, el brillo del corazón era lento, constante, pero su brillo era ligeramente más oscuro que el del resto de los corazones atrapados en esa cripta.
- Maléfica… -tomé la caja en mis manos y la abrí, sacando de su interior un corazón que brillaba. Estaba bastante oscurecido, pero sin duda podía notar el brillo verdoso que emitía con cada latido. Este corazón era diferente, pues había sido hechizado para que su dueña no pudiera morir si no la asesinaba Regina o, en su defecto, alguien de su propia familia. Bueno, eso tenía fácil arreglo. Era parte del trato que pensaba hacer con ella al fin y al cabo.
Guardé de nuevo el corazón en su caja y con ella en las manos salí de la cripta en dirección a la Cueva escondida bajo la biblioteca.
.
Por fin había terminado el día. Esa era la última escena que debía grabar hoy y no podía estar más feliz por ello. Necesitaba llegar a casa, meterme en la bañera llena de espuma y tomarme una buena copa de vino en la cama, pero de pronto recordé que había venido en el coche con Lacey y Megan y se me cayó de nuevo el alma a los pies. No podría soportar un trayecto de una hora en coche con ellas dos. Tal vez con Lacey si, pero con Megan estaba segura de que iba a ser una tortura.
No podía dejar de pensar en ello mientras me desvestía en Vestuario.
No, definitivamente lo mejor que podría hacer era volver a Portland con Lana o Kristin o con quien quisiera llevarme, y que ellas volvieran juntas. Después de eso, ya vería que hacer.
Sombra fue con ellas en su coche, y yo acepté que Kristin me llevara.
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Esa noche volví al Local de Joey para cantar. Necesitaba desquitarme de alguna forma, y esa siempre me había funcionado de maravilla. Para la actuación escogí una canción perfecta para exteriorizar aquello que estaba sintiendo y que me devoraba por dentro.
Cuando las primeras notas del piano comenzaron pude ver una cabellera pelirroja y un vestido negro entre el público, pero no estaba segura de que fuera ella. De cualquier modo era demasiado tarde para arrepentirme, por lo que comencé a cantar Sally´s song, de Pesadilla antes de Navidad, pero con un par de ligeros cambios en la letra.
"I sense there´s something in the wind.
That feels the tragedy´s at hand
And though i´d like to stand by her
Can´t shake this feelings that i have
The worst is just around the bend"
Entrecerré los ojos para escapar del brillo cegador de los focos e intentar descubrir si esa mujer que había visto entrar y sentarse en la barra era realmente Megan y no un producto de mi imaginación.
"And does she notice… my feelings for her?
And will she see… how much she means to me?
I think it´s not to be
What will become of my dear friend
Where will her actions lead us then
Although i´d like to join the crowd,
In their enthusiastic cloud
Try as i may, it doesn´t last
And will we ever end up together…
Ohhh…"
Ahora si que estaba segura de que era ella quien se había sentado en la barra. Podía verla mirarme fijamente.
"And will we ever end up together
No, i think not.
it´s never to become
for i am not the one…"
Terminada la canción, hice una señal a los músicos para que preparasen la siguiente. Esta era ligeramente diferente de la anterior, pero sin duda era muy apropiada ahora que estaba segura de que Megan estaba prestándome toda su atención.
Tomé aire, y comencé a cantar, esta vez Running away, de midnight hour.
"Don´t lie and say that it´s Ok.
It´s alright if there´s nothing more to say.
So i´m running away.
I´m leaving this place.
Yeah, i´m running away,
I´m running away!"
Tenía los ojos clavados en ella, fijos en su expresión, en su cuerpo. Tenía las mejillas brillantes, pude verlo cuando la luz de los focos de reflejaban en ellas.
Prácticamente le estaba diciendo adiós delante de todo el local, por que estaba más que segura de que no podría decírselo a la cara.
"Don´t tell me i´m the one to blame.
It´s too late for you to make me stay.
No, won´t stay!
So i´m running away.
I´m leaving this place.
Yeah, i´m running away,
I´m running away!"
Cerré los ojos y dejé que la emoción que esta canción me provocaba se reflejase en mi voz. Era absurdamente perfecta para la situación, pues yo pensaba hacer exactamente eso: Huir.
"And faster than you can follow me
from this lonely place.
And farther than you can find me,
I´m leaving, yeah i´m leaving today.
And i, i´ll never let you find me,
I´m leaving you behind with the past.
No, i won´t look back.
And i, i don´t want to hear your reassons,
Don´t want to hear you tell me why i should stay.
And try, try to understand me,
And try to understand what i say
When i say, i can´t stay.
I, i´m moving on from this place,
I´m leaving and i won´t quit running away!
i´m running away.
I´m leaving this place.
Yeah, i´m running away,
I´m running away"
Terminada la canción abandoné el escenario sin agradecer los aplausos del público para poder ganar unos segundos extras que me permitieran alcanzar la puerta de "artistas" y con ella el ascensor que me llevase hasta mi piso. No pensé que ella hubiera pensado en hacer exactamente lo mismo y me estuviera esperando ante la puerta en cuestión.
Mierda.
Suspiré, tomé aire y me dispuse a enfrentarla. O mejor, a ignorarla perfectamente mientras pasaba a su lado para poder llegar a casa y dormir durante un par de días. El solo verla me provocaba un intenso dolor en el pecho que no estaba dispuesta a soportar por nada del mundo. Al día siguiente por la mañana había pensado en llamar a Fred y decirle que pensaba buscarme un nuevo apartamento, uno que estuviera más cerca de su casa y lejos de la de Megan Hunt. Necesitaba desesperadamente esa distancia, pero ella parecía poco dispuesta a permitirla. Me siguió pese a mis intentos por alejarla. Estaba dispuesta a hacer cualquier cosa menos agredirla, y sabía que ella haría lo mismo conmigo. Bueno, al menos sabía que no siempre era violenta.
- Megan, por favor márchate a casa. No tenemos nada de que hablar. Ya me has dejado claro hoy cuales son tus sentimientos por mí y de verdad que no necesito que vengas a decirme que quieres seguir siendo amiga mía, por que no me siento con fuerzas ni para fingir que aprecio el gesto. Vete. –dije ya desde la puerta de mi apartamento, antes aún de haberla abierto por temor a que ella consiguiera colarse dentro. Sabía que no habría forma humana de sacarla de allí, o a mí si es que tenía intenciones ocultas.
- Lara, quiero… necesito hablar contigo de lo que ha pasado hoy. Por favor –suplicó, pero cerré los ojos y mi corazón a su voz y a su rostro. No debía ceder. No quería. Dolería demasiado.
- No, Megan. Mañana tengo que coger un vuelo a Miami por trabajo. Pasaré allí las Navidades, y después tengo que encontrar un nuevo apartamento lejos de aquí. Tengo mucho trabajo, por favor, márchate.
- ¿Miami? ¿Nuevo apartamento? Pero, ¿Por que?
- ¿Tú me lo preguntas? – Estallé- ¿es que creías que después de lo que ha pasado hoy iba a quedarme a vivir justo en frente tuya? ¿Creías que todo iba a seguir como hasta ahora? ¿Qué podrías seguir usándome para satisfacer tus antojos de sexo sin que yo dijese nada? ¿Tan estúpida me crees?
Me alejé de la puerta para agarrarla por los hombros y clavar mis uñas dolorosamente en su carne. Necesitaba hacerle sentir la misma agonía que quemaba mi corazón desde hacía horas y que parecía no haberle hecho el más mínimo daño a ella. ¿Cómo podía ser tan insensible? ¿Acaso conocía realmente a esta mujer o solo me había estado auto engañando a mí misma todos estos meses?
Soltó un jadeo ahogado cuando mis uñas desgarraron su carne, pero no hizo el intento de apartarse de mí, al contrario. Me agarró de la cintura para mantenerme sujeta cerca de ella. Como si fuese a soltarla de todos modos.
- ¿Tienes la más mínima idea del daño que me has hecho hoy, Megan Hunt?
- Lara, cariño…
- ¡No! Nada de "Lara". Nada de "Cariño". No quiero oir tus excusas.
- Por favor…
Sus ojos eran dos estanques de un verde tan brillante e hipnótico como las esmeraldas. Me dolía en el alma ver el sufrimiento reflejado en ellos, pero más me dolían aún las palabras que me dijo horas antes.
- Esta es la última vez que viene aquí, Doctora Hunt. No quiero volver a verla, ¿Me ha entendido? –mi voz me sonaba hueca incluso a mí. Tal vez al final si que había conseguido extirparme el corazón sin necesidad de magia alguna, solo unas pocas palabras de la persona correcta eran más que suficientes.
Solté mi presa de sus hombros y volví de regreso a mi puerta, la abrí y la cerré en sus narices. Ignoré sus llamadas, pasé el cerrojo interior de la puerta y la atranqué. Serví una copa de vino y me llevé la botella al baño. Pensaba disfrutar de ese baño de burbujas y vino con el que había soñado toda la tarde, y después cerraría todas las persianas y amurallaría el apartamento para fingir que había cogido el dichoso vuelo a Miami, cuando en realidad mi intención era la de desaparecer para el mundo.
.
Se acercaba el día de Fin de Año, y Lana no dejaba de mandarme mensajes y llamadas al móvil desde hacía horas. Me preguntaba, de muy malas maneras, debajo de que maldita piedra me había escondido y por que diablos no aparecía por ninguna parte. En pocas palabras le respondí que estaba en España, visitando a mi familia ya que había sentido la necesidad de rodearme de los míos en esas fechas. Una mentira descarada. Lo que realmente necesitaba era que todos me dejasen en paz de una maldita vez para que mi alma pudiera morir en silencio.
De vez en cuando echaba un vistazo por la ventana al edificio de enfrente. A veces podía ver a Lacey, otras a Joan, pero pocas veces vi a Megan. Imaginé que se había mantenido ocupada jugando con sus cadáveres para… ¿para que? ¿Para no pensar en mí? Absurdo… Esa idea no me hacía ningún bien, menos en mi penoso estado. De seguir así, el próximo cadáver que Megan descubriría sobre su mesa sería el mío. Llevaba días sin comer apenas, durmiendo 18 horas diarias y casi sin salir de mi dormitorio. Podría protagonizar una peli de vampiros o de zombies, dado mi aspecto. Ni yo misma me reconocía en el espejo, por lo que evitaba mirar mi reflejo.
- Lara, estás hecha un asco, princesa… Sabías a lo que te exponías.
- "Eso no lo hace más fácil". –me respondí a mi misma.
- Oh, genial. Creo que por fin ha ocurrido. Has perdido el juicio.
Con un suspiro comencé la aburrida tarea de limpiar la casa. Esa espiral de autodestrucción debía terminarse. Ni siquiera Kieron me había dejado en tan lamentable estado, no podía permitir que el despecho por esa mujer me hundiese en la miseria más absoluta. Debía volver a empezar. Resurgir de mis cenizas como un ave fénix, comenzar a vivir y a amar la vida de nuevo.
Si lo hice una vez, ¿Por qué no hacerlo de nuevo?
