Ludwig se agachó y lo zarandeó con cuidado. -¿Arthur? ¿Estás bien? ¿Me oyes?- le dio una leve bofetada en la mejilla, pero permaneció con los ojos cerrados y respirando lentamente sin inmutarse. Con mucho cuidado, lo cogió y acomodó entre sus brazos. –Debo volver. Mañana volveremos a salir, ¿de acuerdo?- miró a la pequeña sonriendo, la cual empezaba a verlo más como un amigo.

-Puedo llevar… agua…- dijo con su débil voz. –Ayudar a tu amigo…-

-Puede que lo más sensato sea llevarlo a un sitio fresco con sombra y agua, ¿podrías llevarnos, por favor?-

-Está bien, pero… tu amigo…- miraba a Arthur aún con hostilidad.

-No te preocupes, lo controlaré si trata de hacerte, ¿de acuerdo?-

Miró de nuevo a Arthur y Ludwig para después asentir y ponerse delante de ellos para guiarlos hasta un lugar justo como el alemán le describió.

Estuvieron andando por un buen rato por sitios recónditos de la selva que ninguno de los dos nunca vieron ni Ludwig pensó que pudieran estar en esa "pequeña" isla, la cual cada vez empezaba a ver más grande. Durante la búsqueda de un sitio para descansar, Arthur acabó recobrando lentamente el sentido, siendo lo primero que veía los fuertes brazos de amigo entrelazados alrededor de su frágil y delgado cuerpo. Después dirigió su mirada al suelo y vio a la pequeña indígena, a la cual seguían.

-Ludwig… ¿Por qué la sigues? ¿A dónde vamos?- le miraba con alivio tras haberle encontrado.

-¿Ya has despertado? ¿Te encuentras bien?-

-Aún estoy algo desorientado… pero eso no importa, ¿dónde estabas? Cuando me he despertado todo estaba muy callado.-

-Me desperté antes que tú y comí. Tras eso, salí a tratar de buscarla.- miraba a la niña, la cual no hacía otra cosa si no andar hacia adelante sin interrumpirles en nada.

-¿Por qué? ¿Por qué no me despertaste y avisaste?-

-¿Acaso estabas preocupado por mi?- le miraba fijamente extrañado.

-Yo…- permaneció callado. Era increíble la vergüenza que sentía, pero sería mucha más la que sentiría si le dijera la verdad.

Suspiró. –Salí a buscarla porque quiero aprender más de ella, de cómo vive, cómo se mantiene. Por ahora sé que se niega a ir tapada o con algo cubriéndole el cuerpo a no ser que sean esa especie de cinturones donde lleva las armas. Supongo que será como un símbolo de pureza o una obligación de su religión o cultura.-

-Sí, sí, muy bien. ¿Te está llevando hacia un tesoro?-

-No. Ahora mismo me estaba guiando a un sitio para que descansaras y recobraras el conocimiento.-

-Ah... Bueno, creo que ya no hace falta. ¿Por qué no volvemos al barco?-

-Vuelve tú si quieres, yo quiero seguir observándola. ¿Crees que puedes andar?-

En ese momento, Arthur estaba a punto de coger un berrinche como si se tratara de un crío pequeño. Después de todo lo que sufrió para encontrarlo, sólo quería volver con él al barco y salir de esa condenada isla, la cual empezaba ya a cansarle. –Pero está oscureciendo, ¿no crees que es mejor irnos ya?-

-Bueno, aún no se ha puesto del todo el Sol, me quedaré un poco más con ella. ¿Quieres que te acompañe al barco?-

-Agh, está bien.- dijo ya molesto. – Voy con vosotros, joder.-

-No te pongas así, no te estoy obligando. Ahora mismo puedo dar media vuelta y llevarte al barco.-

-No, déjalo, me da igual.- se acurrucó molesto entre sus brazos. Si no podía ir al barco con Ludwig, se quedaría con él pasase lo que pasase.

-Entonces no te enfades, que no te estoy obligando.-

La pequeña paró en seco y se giró hacia ellos.-¿Te vas?-

-No, no.- le sonrió. –Sigamos a donde quieres llevarme.-

-Pero…- volvió a mirar a Arthur preocupada.

-No te preocupes, te prometeré que no causaremos problemas. ¿Tan importante es el sitio al que vamos?-

La chiquitina asintió con la cabeza y de nuevo prosiguió con su camino. Parecía que cada vez confiaba más en Ludwig, pero no pasaba lo mismo con el inglés.

Tras unos minutos, llegaron a una zona despejada rodeada de numerosos árboles y con una pequeña casita instalada. A un lado de ella corría un pequeño riachuelo rodeado de árboles que proyectaban su sombra sobre él. El suelo estaba labrado como si hubiera sido tratado con un animal, y de él brotaban pequeñas hojas.

-Es mi casa.- dijo la indígena cuando llegaron.

-¿Aquí es donde vives con tu mamá?-

-Sí.- corrió la cortina que actuaba como puerta y entró.

Con sumo respeto, Ludwig entró después que ella y la siguió. Los dos miraban todo curioso; las paredes estaban decoradas con objetos exóticos como máscaras, extraños instrumentos y herramientas fabricadas a mano. Las ventanas estaban tapadas con finos paneles que parecían estar elaborados con finas tiras de hojas de palmeras. El suelo estaba empedrado como el del cualquier calle de Londres, así que no era cómodo para caminar descalzo, como iba esa niña.

Ludwig bajó a Arthur con cuidado. -¿No hagas nada raro?- le susurró serio.

-¿Qué quieres que haga aquí, robar una lanza? ¿Para qué? Tsk.-

La niña volvió a ellos con dos cuencos y se acercó a Ludwig estirando sus brazos para que lo cogiera.

-Ah, gracias.- lo cogió sonriendo y bebió un poco del agua que contenía.

Se acercó a Arthur y le ofreció otro.

-Gracias…- lo cogió y miró el su contenido.

Los tres se sentaron sobre una especie de piedra alargada con pieles sobre ella, la cual parecía actuar como un sofá, aunque incómodo.

-¿Dónde está tu mamá?- preguntó Ludwig tras acabar con su agua y dejar el cuenco sobre la piedra.

-Ahí.- señaló una puerta frente a ellos.

-¿Puedes llevarnos a ella? Me gustaría conocerla y hablar con ella.-

-Bueno… pero cuidado.- miró a Arthur de nuevo.

-Vale, vale, joder, si tan poco te fías de mi me voy. Esto no tiene sentido.- se levantó.

Ludwig suspiró mirándole. –Haz lo que quieras, pero lo más seguro es que te pierdas. Lo creas o no, esta selva es muy grande y estamos en un lugar desconocido donde podría haber animales salvajes y hostiles. Además, estás recogiendo lo que sembraste.- se levantó.

Se quedó pensativo. –De acuerdo, pero después nos vamos.-

Asintió seriamente y fue con la niña.

La pequeña miró a los dos y fue hacia el cuarto de su madre con Ludwig.