—Bien, chicos... —comenzó a decir Roger —He hecho venir a un experto en arqueología, antiguo amigo mío, para que examinara la máscara y... —abrió un cajón de su despacho y sacó un papel arrugado. Miró a ambos por encima de sus gafas y guardando silencio por un momento —...ha encontrado esto dentro.

Mello se echó hacia delante, cada vez más impaciente, y Near dejó de agitar el cubilete de dados, mirando a Roger detenidamente.

—¡¿Otro mensaje? —exclamó Mello —¡Estoy harto de mensajes! ¿Cuándo se acaba esto, joder? Se suponía que ésta era la última prueba y que dentro encontraríamos algo valioso.

—Más valioso que la máscara en sí... —puntualizó Near no muy convencido —Aunque no creo que el objetivo de L fuera que robásemos la máscara para luego venderla clandestinamente o algo así. Lo mejor será que leamos el mensaje y salgamos de dudas.

Mello resopló y se dejó caer de brazos cruzados en uno de los sillones que estaban en frente del escritorio, mirando por la ventana y mordiéndose el labio inferior, completamente frustrado.

El anciano les miró tristemente y les tendió el papel. Entendió la indirecta al ver que ninguno de ellos lo recogía. Lo desplegó, se ajustó las gafas y leyó en voz alta:

"Queridos Mello y Near:

Si estáis leyendo esto es porque habéis llegado al final del juego. Eso me habría hecho sentir muy orgulloso de vosotros.

Bien... éste es el final y, como podéis comprobar, no hay nada dentro de la máscara que os cubra de gloria y riquezas. Vosotros sabréis qué hacer con ella... Sé que esperábais algo al final: la recompansa de la que os hablé en el primer mensaje. Siento decepcionaros, sobre todo a ti, Mello, pero lo cierto es..."

El chasquido de la lengua de Mello interrumpió a Roger momentáneamente. Miró al muchacho y le vio negando con la cabeza. Se aclaró la garganta y volvió a leer:

"...sobre todo a ti, Mello, pero lo cierto es que sí habéis encontrado ese premio"

Los tres se miraron por un momento algo confusos. Mello se revolvió en su silla y miró a Near con el ceño fruncido. El niño se acercó y se sentó en el otro sillón cogiéndose un mechón de pelo, expectante y sin tener la menor idea de a qué podía referirse L.

Roger pasaba su mirada de uno a otro, buscando en sus expresiones alguna respuesta. Al ver que los chicos seguían sin entender nada, siguió leyendo:

"No ha sido al final, ni tampoco han sido riquezas para compraros un futuro lleno de lujos. Es algo que no se ve, que no se toca, pero es de un valor incalculable. No es algo que se pueda robar, porque lo llevaréis siempre con vosotros mismos. Ni se agotará con el tiempo porque se hace cada vez más fuerte..."

El anciano alzó la vista sólo para observarles, pero abrió mucho los ojos al ver lo que encontró en sus rostros, algo que no esperaba: Mello se tapaba la boca y la nariz con ambas manos, tenía la vista fija en algún punto de la pared de en frente y tenía la piel tan blanca como la cera. Roger se quitó las gafas confundido y miró a Near, quien mantenía los ojos cerrados y la cabeza hacia un lado, parecía decir algo inaudible, moviendo los labios sin pronunciar palabra.

El buen hombre guardó silencio por unos momentos, mirando a uno y a otro con expresión compungida.

—Muchachos... ¿sigo?

Mello suspiró y asintió con la cabeza, dispuesto a seguir escuchando las palabras de L con la mayor entereza que le fuera posible.

Roger suspiró y continuó:

"Eso es todo. Espero que los suplicios por los que os he hecho pasar hayan merecido la pena para que os diérais cuenta de 'aquello' que lleváis dentro.

No os preguntéis cómo yo sabía esto mientras que a vosotros mismos ni se os había pasado por la cabeza. Soy L, simplemente.

Con afecto:"

L

Hubo un gran silencio tras el punto y final, en el que sólo los truenos lejanos se dejaban oír. Mello respiraba pesadamente, sintiendo la increíble contradicción que reñían en su cabeza y en su corazón: La cabeza le decía que debía sentir cólera, frustracción y odio hacia L. Todo por lo que habían pasado sólo les había servido para escuchar al final toda esa bonita palabrería. Pero en su corazón sentía que esa "bonita palabrería"... era completamente cierta. Miró a Near , el cual mantenía los ojos cerrados, y sintió que sí, había merecido la pena.

Gruñó apartando todas esas ideas de la cabeza, clavó las uñas en el brazo del sillón y se levantó. Roger le miró por encima de las gafas, pero Near seguía con la vista al frente, aparentemente tranquilo. Mello guardaba silencio, todavía de pie, quieto y muy firme aunque respiraba agitado y cerraba las manos apretando los puños. Luego sacó una tableta de chocolate y le dio un pequeño mordisco.

Levantó el ceño y miró al anciano algo displicente.

—Me largo de aquí —sentenció y se dio media vuelta sin mirar a nadie.

Near agachó la cabeza y cerró los ojos. Había estado temiendo que su compañero pronunciara esas palabras pero no le detuvo, ni siquiera le miró al marcharse, pero el sonido de la puerta al cerrarse lo recibió como un golpe certero en el estómago. Al volver a abrir los ojos, se dio cuenta de que los había mantenido muy fuertemente cerrados. Miró a Roger, el cual tenía su habitual gesto de pesadumbre cada vez que Mello le daba un disgusto: las manos entrelazadas y su frente apoyada en ellas, mirando sin ver algún punto de su escritorio.

—No te preocupes, Roger... —dijo Near en un susurro —Mello sabe cuidarse.

El anciano asintió lentamente con la cabeza sin pronunciar palabra y luego empezó a ordenar unos papeles que tenía en el cajón del escritorio. Near le miró unos instantes y después se fue en silencio.

"Bien... Pues ya terminó todo" pensó mientras paseaba por los pasillos. La sensación que le había dejado el último mensaje de L todavía le pesaba como una losa y sabía que allí permanecería durante largo tiempo. Se dirigía a la habitación de Mello con pies de plomo. No tenía ninguna intención de pedirle que se quedara un día más, aunque su corazón se desvivía por ello, al menos, quería despedirle y desearle buena suerte.

Le encontró guardando el equipaje y se quedó unos segundos observándole, apoyado en el umbral de la puerta: se le veía nervioso, malhumorado y hasta incluso triste. Inspiró profundamente y se acercó a él hasta quedarse sentado en la cama.

Mello hizo como si no le viera y siguió a lo suyo sin variar el ritmo. Near mantenía un silencio prudencial mientras acariciaba las cuentas del rosario que había encima del colchón, pero apartó la mano cuando el joven lo cogió de un tirón y lo guardó en un bolsillo. Cerró la mochila, se la colgó al hombro y avazó hacia la puerta sin siquiera mirarle. Near no daba crédito.

—Espera, Mello —le pidió antes de que el muchacho abriera la puerta. Vio que se quedaba quieto, con la mano en el pomo pero sin mirar hacia atrás. Near suspiró —¿Por qué tanta prisa?

Mello tardó unos segundos en responder.

—Ya no tengo nada que hacer aquí —dijo recalcando bien las palabras, una a una.

El niño se mordió el labio inferior y tragó saliva. Intentó hablar varias veces pero no sabía ni qué decir, entonces cerró los ojos muy fuertemente y agachó la cabeza, sintiendo la impotencia de ver cómo Mello se le iba de las manos y no saber qué hacer para que se quedara aunque sólo fuera un minuto.

Mello refunfuñó algo y desesperó en tan sólo unos instantes al no escuchar la voz de Near replicándole, ni sentir su mano en el brazo para detener sus pasos. Cerró la mano en el pomo hasta hacerse daño y abrió la puerta de un golpe.

Near se levantó casi de un alto, como si hubiera sido un movimiento reflejo y miró la figura del joven de espaldas.

—¡No, espera! —suplicó de una manera que no tenía prevista, sorprendiéndose a sí mismo del tono de su voz —Te lo pediré sólo una vez, Mello, como ya lo hizo Roger en su día... —dijo ya con voz calmada —Sé L conmigo —y en su mente añadió "No te separes de mí"

Sacando todo el aire de sus pulmones, Mello, se dio la vuelta y miró a Near sin ninguna expresión aunque su corazón se encogió al ver el gesto de su compañero: triste, alarmado y urgente. Negó con la cabeza lentamente.

—No, Near... Puede que esa vida de esclavitud la puedas soportar tú, pero yo no. Sí, es cierto que antes quería ser L, pero tan sólo era para demostrarle al mundo, a ti e incluso a mí mismo, que podía superarte. Eso ya no me importa, ahora sé que puedo llegar a la cima del mundo sin necesidad de ser L, haciendo lo que quiero y siendo libre. No tengo ninguna intención de consumirme en una sala entre monitores, micrófonos y agentes estúpidos... Simplemente esa vida no es para mí.

Near aguantó el chaparrón de esas palabras con la mayor templanza que le fue posible. Sabía que Mello se negaría pero la idea de que se fuera pudo con su orgullo y no le quedó otra que intentarlo al menos. Asintió y cerró los ojos, volviéndose a sentar en la cama, sin poder ni querer reprimir la sensación de tristeza y pérdida, y dejó que su rostro así lo mostrara. Al cabo de unos segundos, notó las manos de Mello en sus rodillas y se giró. Ahí le tenía, agachado de cuclillas y mirándole desde abajo con los ojos muy vivos, con un brillo muy especial.

—Near... —empezó a decir con una leve sonrisa —Únete tú a mí.

Con un respingo, el niño le miró sin dar crédito a lo que estaba oyendo. Se inclinó un poco hacia él con los ojos muy abiertos.

—¿Qué acabas de decir...?

—¿Y por qué no? —preguntó Mello encogiéndose de hombros y dando otro mordisco al chocolate —Somos un gran equipo, ya lo has visto —su sonrisa se amplió —Imagínate... No habría absolutamente nada imposible de conseguir para nosotros. Seríamos invencibles.

Near le miró frunciendo el ceño y negando con la cabeza, incapaz de asimilar las palabras de su compañero.

—¿Cómo se te ocurre proponerme algo así... a mí? ¡¿Estás loco? —exclamó indignado. Se apartó y se incorporó, clavando las rodillas en el colchón —¡Lo que estás diciendo es una abobinación! ¡Soy el nuevo L! ¡¿Cómo se te ocurre...?

—Tienes razón —contestó el joven poniéndose en pie y mirándole impasible —Ha sido una tontería por mi parte. Pero entonces... —se acercó a Near y, con un rápido movimiento, le cogió de las solapas del pijama. Vio el rostro sorprendido del niño, juntó su frente a la de él y le miró con los dientes apretados y furia en los ojos —...¡¿Me quieres decir que tengo que estar muriéndome como la otra vez... —aflojó una de las manos y la deslizó algo temblorosa por el cuello de Near hasta llegar hasta su mejilla. Apretó los ojos y alzó la voz para deshacer el nudo que tenía en la garganta — ..para poder verte?

Near, que había estado aguantando el llanto, no pudo más y le abrazó con fuerza, hundiendo su rostro en el cuello de su compañero, mostrándole todos sus sentimientos en ese momento. Mello le abrazó bruscamente, dejando a Near sin respiración, y se tiró encima de él. No se dijeron nada más con palabras, pero se lo dijeron todo en un último beso de despedida.