El Sirenito
Serie: Yu Gi Oh! (Universo Alterno)
Yakumo Kaiba Eiri
Nota: Los personajes de Yu Gi Oh! no me pertenecen. Solo los utilizo como forma de entretención para mí y para las personas que leerán esto. La historia está completamente inspirada tanto en el cuento de Hans Christian Andersen "La Sirenita" como en la adaptación cinematográfica de Disney. Esta es la re adaptación de un fic antiguo escrito por mi misma, por lo que, a pesar de estar un poco mejor redactado, es lo más ñoño y predecible del mundo. Ojalá les guste de todas formas. Sin más preámbulo, el capítulo.
El Sirenito
Capítulo 12
Cuando, dando concluido el paseo, Joey y Ryou entraron al palacio luego de que un sirviente les abriese las enormes puertas, se encontraron al pie de las escaleras con Atemu y Yugi, ambos pareciendo aliviados de pronto al verles.
—Príncipes, que bueno verlos. Nos tenían preocupados, el príncipe Yugi temía por su ausencia —indicó el Duque acariciando la mano pequeña del sireno tricolor quien sonrió ampliamente hacia sus hermanos. Sonrojado pero claramente feliz.
Joey pareció sorprendido por la confianza entre esos dos, parpadeando con un poco de confusión, por lo que Ryou fue el que explicó que habían solo salido a pasear.
—Quizás no pude ver los jardines, pero mi hermano me los describió y parecían hermosos. El aroma de las flores en la noche es sinceramente delicioso —sonrió el menor de los sirenos, cuando una voz le hizo voltear, feliz.
—Me alegro mucho de que le hayan gustado los jardines, príncipe Ryou. Confío en que el día de mañana me permitirá a mí ser quien le acompañe a recorrerlos —pidió el príncipe Bakura mientras llegaba al lado del pequeño peliblanco, tomando su mano y besando su dorso, sin tener ojos para nadie más por un momento. Pronto observó a los demás, sonriendo—. En unos minutos se servirá la cena, por favor acompáñenos, príncipes —solicitó mientras Ryou soltaba la mano de su hermano mayor, asintiendo.
—Por supuesto, príncipe Bakura —susurró con adoración el peliblanco, dejándose llevar mientras Joey solo negaba con una suave sonrisa.
Yugi parecía feliz y Atemu sonreía ampliamente también, por lo que pronto siguieron a la otra pareja rumbo al comedor real.
Se estaban sentando en la mesa en compañía del Rey y la Reina cuando los príncipes tritones notaron la ausencia de uno de los suyos. Yugi se encogió de hombros ante la mirada cuestionadora de Joey, siendo la Reina Fleir la que puso en voz alta la cuestión.
—¿Y el apuesto príncipe Marik? ¿No cenará con nosotros? —preguntó sentándose a un lado de su marido, con Bakura frente suyo.
Joey le sonrió nerviosamente y luego miró alrededor —La verdad, su majestad, no sé dónde se podrá encontrar. ¿Quizás en el cuarto?
—El príncipe Marik se encuentra un poco ocupado en este momento —indicó de pronto el guardia real Devlin de pie a un lado de una de las puertas, sorprendiendo a los comensales.
—¿En qué? Si se puede saber, Duke —preguntó el príncipe Bakura alzando una ceja, mientras el guardia pelinegro apretaba sus labios para no sonreír burlonamente como acostumbraba. No era aconsejable con el Rey allí.
—Pues…
Pero antes de que el guardia tuviese tiempo u oportunidad de decir nada, a través de una de las puertas apareció el príncipe desaparecido, con el ceño profundamente fruncido y tras él el otro guardia que sonreía ampliamente, para preocupación de aquellos que le conocían. Malik se acercó a su compañero mientras el príncipe se acercaba a la mesa.
—Lamento mucho el retraso —se disculpó de forma algo seca, haciendo una venia a los reyes— ¿Puedo acompañarles?
—Por supuesto, dulzura, aún no comenzamos a comer. Nos preguntábamos por tu ausencia —indicó la reina con una sonrisa, aunque sus ojos observaban al muchacho de forma inquisitiva.
Sentándose en una de las posiciones libres, al lado de su hermano mayor, Marik observó tercamente hacia el mantel, antes de levantar los ojos y fruncirle el ceño a los presentes de su edad que parecían algo desconcertados. Casi iba a espetarles un «¿Qué diablos miran?» cuando la voz del Rey vocalizó lo que todos pensaban.
—¿Qué le ocurrió a su cabello, príncipe Marik? ¿Decidió cortarlo?
Los otros tres sirenos tenían sus rostros volteados en su dirección, Ryou con una mueca al no poder observar nada, perdiéndose el espectáculo. Tendría que tocar la cabeza de su hermano más tarde. Marik simplemente respiró profundo antes de mirar hacia el rey.
—Digamos que fue… necesidad —el príncipe de cabellos rubios cenizos intentó sonreír, pero a nadie la pasó desapercibida la mirada de odio que le dirigió al guardia Ishtar, quien no dejaba de sonreír.
Los sirvientes comenzaron a servir la cena, por lo que momentáneamente el tema fue olvidado, disfrutando todos de la deliciosa comida.
—Por cierto, príncipes —llamó la atención de los sirenos la Reina—, antes de ir a dormir nuestra modista pasará por su cuarto para tomarles medidas. Para un traje para la fiesta de navidad, como regalo de nosotros.
—No es necesario que se moleste, su majestad —se adelantó de inmediato Joey, pero la mirada en la mujer le indicó que era una batalla perdida—, pero muchísimas gracias de todas formas.
—Seguro se verán encantadores bailando en la fiesta —sonrió Fleir antes beber un poco de vino—, las muchachas se los disputarán para bailar una pieza con ustedes.
Los príncipes sirenos solo sonrieron, pero en la mente de todos estaba el cuestionamiento de cómo, si apenas podían caminar correctamente, iban a poder bailar en una fiesta. Y después de todo, a ninguno de ellos le interesaba demasiado sociabilizar con las jóvenes damas de la alcurnia de ese país.
Estaban sirviéndose el postre cuando la voz de Bakura indicó otro anuncio, un poco más divertido.
—Cómo pasado mañana estaremos todo el día muy ocupados con la fiesta, he solicitado a mi padre permiso para mañana salir con los príncipes todo el día. Por supuesto, si estos lo desean —sonrió con tranquilidad mientras se giraba hacia Ryou que estaba sentado a su lado y sonreía también—. Hay muchos lugares cercanos al palacio de gran belleza, pensaba que podríamos llevar a los príncipes al lago… bueno, podemos discutirlo.
—Eso… sería un honor —sonrió Joey mientras palmeaba la mano de Marik quien solo asintió algo desinteresado.
—Y un placer —indicó Ryou mientras Yugi sonreía en aceptación, con Atemu mirándole profundamente del otro lado de la mesa.
Fue en ese momento en que entró en el comedor el mayordomo real, quien con una reverencia entregó al príncipe Bakura una pequeña carta urgente. Ante la mirada de los demás, el príncipe rasgó el sobre, identificando la letra y sonriendo mientras la leía.
—Es de Seto —el corazón del mayor de los sirenos se aceleró inconscientemente, mientras se aferraba a la mesa con los ojos muy abiertos—, dice que Mokuba desea venir mañana para sacar a pasear a los príncipes… vaya, las grandes mentes piensan iguales —bromeó sacando algunas risas de la mesa—. Y, por supuesto, indica que Moky es demasiado pequeño para venir solo, ahahaha.
—Bakura, compórtate —le regañó el rey sorbiendo de su copa de vino, pero sonriendo divertido.
—Esa es la sutil forma de nuestro primo de indicar que él también viene —les explicó Atemu a los sirenos, los que sonrieron de inmediato.
Joey mantenía su mirada clavada en el mantel frente a él con las mejillas encendidas, pero luego sonrió algo triste. Quizás seguirían peleando cuando estuviesen cerca, pero al menos estaría allí. El sireno no podía calmar su corazón y en verdad no le importaba.
Iba a ver a Seto una vez más. Se encontró con la mirada de Yugi y solo pudo sonreírle, mientras este le correspondía la sonrisa, feliz por él.
La noche pareció infinitamente larga para Joey, quien pese a la cómoda cama y al cansancio del día anterior, estuvo plagado de pesadillas.
En ellas veía a Seto abrazando a una sombra con cuerpo de mujer, la que le sonreía malvadamente mientras parecía decir con cada movimiento «Él es mío» llenando de desolación el corazón del tritón. En sus sueños podía ver a Seto con los ojos más tristes y solitarios que jamás hubiese podido imaginar, extendiendo su mano hacia él; sin embargo la mujer no le permitía a Joey cogerla, cobijarle entre sus brazos. En sus sueños Joey era incapaz de alcanzar a su amado y solo quedaba desmadejado en el suelo mientras veía como esa sombra se comía el corazón y el alma de su hombre frente a sus ojos.
Acosado por sus temores, Joey despertó por enésima vez en aquella noche, sorprendiéndose esta vez al notar que el sol ya comenzaba a desplegar sus rayos, iluminando la estancia. Y contra una ventana, una figura era perfilada por la luz solar. Su corazón enamorado alcanzó a hacerle susurrar inaudiblemente «¿Seto?» antes de notar que eran unos ojos violetas los que le observaban, reconociendo la figura.
—Marik…
—Hnn —el otro sireno simplemente miró hacia la ventana, mientras Joey se levantaba de la cama que esta vez solo compartía con Ryou. Un poco más allá en la otra cama seguía durmiendo Yugi con tranquilidad, el que había estado durmiendo con el rubio cenizo.
El mayor caminó hacia su hermano, extrañando su espíritu bromista y alegre. Su corazón dolió mientras llegaba a su lado, pasando una mano por sus cabellos mucho más cortos de los que lo había tenido, ahora llegando hasta sus hombros. Igual seguían siendo más largos que los suyos propios, que ni siquiera cubrían sus orejas.
—¿Estás bien? ¿Pasa algo?
—No pasa nada. Como si fuese a pasar algo.
Joey apretó los dientes mientras cerraba los ojos intentando calmarse. Intentando ser comprensivo, porque no era la culpa de Marik, no era su culpa haber entregado su espíritu, su corazón noble, su dulce personalidad, dejando atrás a ese serio y amargado príncipe.
—Maldición, Marik. ¿Puedes tratar de estar menos a la defensiva? Soy tu hermano… ¿lo recuerdas?
El más bajo observó hacia el de ojos marrones, parpadeando un momento antes de volver a mirar hacia la ventana. Un ligero peso pareció removerse de sus hombros, mientras suspiraba.
—Lo sé. Lo siento.
Joey se paró tras su hermano y lo abrazó por la espalda, hundiendo su rostro en sus cabellos. Marik se dejó abrazar, aliviado de que el otro no viese su rostro, suspirando una vez más. Eso era tan condenamente difícil. Su estómago dolía y apenas había podido dormir por la preocupación, por la ira recorriendo sus venas. Necesitaba sacarse eso de encima, pero no sabía cómo. Y entonces pensó en que hablarlo quizás ayudase.
—¿Es cierto eso que dicen que "Del Odio al Amor hay un Paso"? —preguntó de pronto sorprendiendo a su hermano mayor quien aflojó un poco el abrazo.
Joey sintió como sus mejillas se acaloraban un poco, recordando las múltiples discusiones y peleas con cierto castaño de ojos azules y avergonzándose. Jamás había escuchado eso que decía su hermano, pero si fuese verdad… si lo fuese…
—No lo sé ¿por qué lo preguntas? —murmuró intentando cambiar el tema, sintiendo como el cuerpo entre sus brazos se ponía un poco más alerta— Soy Joey, Marik… —insistió suavecito besando su nuca, sintiéndole relajarse una vez más.
Por un momento ninguno dijo nada, simplemente quedándose allí abrazados con los rayos del sol al amanecer calentándoles, hasta que Marik comenzó a hablar en un susurro.
—Ayer me dirigí a las cocinas para comer algo y para curiosear en la preparación. Sabes que siempre me ha gustado la cocina, por lo que… me pareció conveniente. Me recibieron con escándalo pero luego me estaban ayudando a aprender… cuando sentí como ese tipo me estaba mirando.
No fue necesario que Marik indicase quien era "ese tipo". Joey podía deducirlo, y solo sonrió, aliviado de que su hermano no lo notase. Un apretón de su abrazo animó al menor a continuar.
—El muy… no dejaba de verme. Me distrajo, naturalmente —gruñó el sireno para luego suspirar—. Me quemé el cabello en un descuido, fue una suerte que no me hiriese más.
—Poseidón santísimo —gimió Joey, volteándole para mirar con más atención su rostro, pero Marik le restó importancia.
—De hecho fue algo gracioso, supongo, rápidamente me echaron un balde con agua. Pero ese sujeto no se rió. Por el contrario, se preocupó y… me tranquilizó. Yo estaba muy asustado, el fuego es aterrador, Joey —susurró mirando a su hermano mayor al rostro, quien asintió comprendiéndolo—… y después de eso buscó unas tijeras para arreglarme el desastre… por suerte solo fueron las puntas —gruñó.
Joey sabía que debería agradecerle más tarde a ese guardia, pero aún no comprendía del todo eso. Mirando a los ojos a su hermano intentó descifrar el misterio, pero era imposible. Acariciando su mejilla suspiró.
—¿Y por qué pareces tan molesto? ¿Te ayudó, no? Lamento lo de tu cabello, pero ese guardia…
—¡Porque es su culpa! Porque me anda mirando todo el día, me acosa y… y no importa que se haya mostrado amable o preocupado después… ¡no tiene nada que ver! —exclamó Marik con ira, girándose y cruzando sus brazos mirando nuevamente por la ventana, mientras Joey solo negaba con la cabeza.
—Sigo sin entender el motivo de tu pregunta —indicó haciendo que el menor se tambalease un poco, mirándolo de reojo con algo que parecía un sonrojo en sus mejillas, maravillando a Joey.
—Eso es… es porque… —pero no parecía con fuerzas para continuar.
El tritón mayor simplemente acarició sus cabellos mientras Marik cerraba sus ojos rememorando lo que había sucedido, sabiendo que no podría confesarlo en voz alta.
Mientras el guardia Malik le había estado recortando el cabello, el sireno no había perdido oportunidad de indicar cuanto le detestaba, porque por su culpa se había quemado el cabello. Por su mirada depravada y perturbadora. Malik, naturalmente, solo había reído, e indicado que todo ese odio no era más que una demostración de amor, dando esa frase por la que el sireno había preguntado a su hermano.
Marik había gritado que era imposible porque él lo odiaba más que a nada en el mundo en esos momentos, y entonces el guardia había tenido el descaro de sonreír brillantemente y susurrar en su oído «Eso significa que pronto me amarás más que nada en el mundo» estremeciendo todo el mundo del tritón cuando había agregado que él sabía que el amor ya era mutuo.
—Lo odio tanto —siseó con ira el de cabellos rubio cenizos, mientras Joey simplemente acariciaba su espalda de forma consoladora.
—Si la frase es correcta ¿no significa que lo amas? —preguntó de pronto la voz de Ryou, sobresaltando a los otros dos hermanos— ¿Hablas del guardia Malik, no? —preguntó el menor con todo conspirador.
—¡Ryou! ¡Estabas escuchando! —Marik sintió sus mejillas arder, mientras veía como Yugi sonreía ampliamente de su cama, obviamente habiendo oído todo también.
Joey solo pudo reír un poco, mientras el rubio cenizo apretaba los dientes, maldiciendo y metiéndose al cuarto de baño con una muda de ropa de su tamaño, mientras dejaba a los otros sirenos con el corazón alegre. De alguna forma sabían que ese hombre era el adecuado para su hermanito y tenían fe de que él también lo comprendiese pronto.
Continuará...
Este capítulo va dedicado a mi Danny, que me dijo que estaba leyéndolo. Déjame algún comentario, ingrata -besito-
¡Muchas gracias por seguir leyendo! Especialmente por sus reviews a Simsfans y a Lrivaille26, ¡aquí hay otro cap! para que no se te rompa el corazón, linda.
¡En el próximo capítulo vuelve Seto! Yo sé que lo están esperando~
¡Nos vemos pronto!
(Si hay muchos reviews quizás empiece a subir dos caps por semana, ahora que ando de vacaciones :)
