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-12-

Rosalie observaba a sus dos amores desde la ventana de la cocina mientras ambos se encontraban en el jardín trasero de la cabaña. Emmett cargando un par de troncos en forma de "V" para encastrarlos en unos agujeros que había hecho una hora antes, mientras el pequeño de tres años hacia todo el esfuerzo por ayudar.

-¡Estoy cargando todo el peso yo!- escuchó aquella acusación de boca de su marido y rio de manera encantada, observando como su hijo empujaba el tronco con todas sus fuerzas. No era que Emmett no pudiera con él, de hecho era bastante ligero pero le encantaba ver la manera en que su hijo intentaba darle una mano.

-Yo puedo.- le dijo, haciendo a su rostro convertirse en rojo por tratar de encajarlo él. Emmett lo movió un poco, como si él fuera el que lo hubiese hecho. -¿Viste papi?- lo soltó todo contento. La rubia negando con la cabeza cuando el moreno hizo ademan de que se estuviera cayendo por no tener el sostén del niño. -lo siento.- se disculpó rápidamente, volviendo a poner las manos en la madera.

-Eres un súper forzudo.- le festejó, empujando el tronco hasta que quedo encastrado en los agujeros. Sólo faltaba el tronco superior que era el soporte de los columpios para que estuviera listo. -¡Solo falta colocar el grande y podremos columpiarnos!.- le informó, caminando hacia donde descansaba la última pieza.

La mujer se distrajo mientras caminaba al refrigerador para tomar alguna bebida y llevárselas a sus hombres. Para cuándo estaba saliendo con una bandeja en mano ya Emmett se estaba encargando de colocar la última pieza y ajustar los tornillos y clavos.

-¡Mira mami!- gritó entusiasmado el pequeño, corriendo para tomarla de la mano y llevarla cerca del nuevo juguete. Ella le sonrió, apoyando la bandeja entre su antebrazo para tomar la mano insistente de su hijo. -Lo admamos- le dejó saber. Señalando el columpio. Emmett terminó de ajustar un tornillo con el aparato eléctrico y se acercó a su mujer, tomando uno de los vasos de frío té y besándole los labios al mismo tiempo.

-¡Ya veo!- le dijo la rubia. Tendiéndole otro de los vasos al pequeño quien bebió como si acabara de hacer el trabajo más duro de su corta vida. -Ahora solo deben probarlo.- ella no era que estaba demasiado convencida de la nueva adquisición de la casa. Cualquier cosa que involucrara altura y vuelo era algo que la ponía nerviosa.

-Tu primero, mami.- le dijo Ian. Dejando el vaso vacío apoyado en la grama y corriendo hacia el columpio. Sosteniéndolo para ella.

-¿Y yo por qué?- le preguntó horrorizada. Ella no quería ser el conejillo de indias del experimento de sus hombres.

-La reina de la casa va primero.- dijo como si fuera una cosa obvia. Emmett se rio de la expresión de su mujer. Estaba entre las ganas de comerse a su hijo por lo que había dicho y las ganas de salir corriendo.

Tomó la bandeja para que ella se sentará en la pequeña tabla de madera. Lo hizo rehacía, bajo la mirada expectante de su pequeño niño. Su marido aguantando las ganas de reír por su cara de pánico cuando se sentó, esperando que en cualquier comento le cayera encima toda aquella madera. No sucedió nada, para sorpresa de ambos adultos y sintió como su hijo intentaba empujarla hacia adelante con mucho esfuerzo. Ella lo ayudó, balanceándose un poco con sus mismos pies. -Te haré volar, mami- le dijo entusiasmado. Empujándola de la espalda. Emmett se rio, dejando la bandeja en el suelo y cargando a su hijo, sentándolo en las piernas de Rose que lo abrazó fuerte mientras el comenzaba a columpiarlos, cargándose de las risas de su pequeño niño y de su mujer

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Rosalie observaba como Alec Vulturi trataba de esquivar a su padre con manotazos mientras éste lo sostenía del rostro golpeándole las mejillas de forma brusca para que reaccionara de alguna manera. La gente se había comenzado a aglomerar en el lugar, curiosos como solo los italianos podían serlo, al pendiente de lo que estaba pasando mientras ella solo podía escuchar la voz llena de pánico del muchacho gritando la palabra "Demonio" y señalando a su hijo.

-¡Alec, Per favore! (!Alec, Por favor!)- gritó Aro con voz cargada de rabia y reprimenda hacia su hijo, mientras intentaba sin éxito cargarlo en hombros para sacarlo de lugar.

-¡E il diabolo! ¡Lui e un demonio! (¡Es el diablo! ¡Él es un demonio!)- continuaba a gritar, mientras cambiaba el objetivo visual directo a los ojos azules y desconcertados de la rubia, quien sintió todo su cuerpo erizarse, tomada por un terrorífico sentimiento. -¡Vai via! (¡Vete de aquí!)- vociferaba, con la mirada perdida. -¡VIA! (¡VETE!)

-¡Portatelo via! (¡Llévenselo de aquí!)- gritó Emmett, cargando al niño quien enterró el rostro en su cuello, asustado.

-!Tu non sei Ian! (¡Tu no eres Ian!)- apunto Alec histerico -!digli chi sei! (!Diles quien eres!)- gritaba. Rosalie sintió más que ver como Jane pasaba por su lado como una exhalación, saltando el mostrador y acercándose a su hermano rápidamente.

-!Alec, per favore! (¡Alec, por favor!)- le rogó la chica rubia, apartando a su padre de manera brusca y buscando con insistencia que el chico la mirase. –Guardami. (Mirame)- le pidió, sosteniéndole el rostro, moviéndolo para que sus ojos la enfocaran. El muchacho la miro, siendo víctima de algún tic nervioso que lo hacía mover el rostro de manera brusca de un lado a otro.

-Non e lui, Jane. (No es él, Jane)- decía, temblando.

-¿Che cosa stai dicendo? (¿Qué cosa estas diciendo?)- lo interrogo nerviosa.

-Non e lui…(No es èl…)

-Devi farla finita (Debe dejar el tema).- escuchó como Emmett lo interrumpía mientras caminaba a pasos rápidos directo a la salida, en dirección a ella que estaba solo de pie allí sin saber qué hacer o decir. ¿Qué estaba sucediendo?

-Lascialo stare, Emmett. Lo sai che non sta bene. (Déjalo en paz, Emmett. Sabes que no está bien)- lo cortó Aro con voz grave, mirándolo de manera intensa.

-¿Allora che cosa ci fa in un posto publico.? (Entonces que hace en un lugar público?) - Gruñó hacia el pálido hombre, mientras pasaba por el lado de su esposa como una bala con su hijo en brazos. Rosalie no se movió. Su mirada puesta en la de aquel joven que temblaba en brazos de su hermana menor. De sus labios aun salían palabras susurradas que eran inaudibles pero entendibles a la lectura de labios "demonio" "diablo" dejándola desconcertada y aterrorizada. Su cuerpo helándose por dentro ante los ojos grises de Alec fijos en los suyos, diciendo aquellas palabras "No es él"

-¡Che cazzo state a guardare partite di coglioni! (Que mierda están mirando partida de maricones!)- gritó el dueño hacia los espectadores, sobresaltándola. De a poco todos regresaron a lo que estaban haciendo o iniciaron a abandonar el lugar.

Sintió como unos brazos la empujaban fuera del caos. La media sonrisa de Charlie recibiéndola cuando se percató de que era él, acompañado de otros más de sus compañeros policías que seguramente habrían ido a tomar el café matutino, para su suerte.

-Te llevo a casa.- le dijo su suegro, un poco preocupado por la palidez que veía en el rostro de su nuera. Ella estaba en estado de shock cuando la ayudó a entrar a la patrulla, la vista pérdida y sus manos heladas. El auto en completo silencio mientras el policía arrancaba por la delgada carretera. La gente observándolos alejarse desde las calles. Él no sabía que era lo que había sucedido pero algo intuyó al ver a su hijo salir como un energúmeno a toda marcha en la camioneta -¿Qué sucedió?

-Alec…- pronuncio ella, sacudiendo de su cabeza la imagen de los ojos del chico penetrándola –Alec tuvo uno de sus ataques- dijo confundida –Al parecer cuando vio a Ian.

-¿Por qué tanto alboroto?- inquirió el hombre de bigote, girando en una curva hacia el camino arenoso. Rosalie se quedó un momento en silencio, tratando de que su mente le diera una conclusión lógica a todos los acontecimientos que estaban sucediendo desde que su hijo había aparecido, buscando la manera de encajar la actitud del chico en todo ello.

-No lo sé.- negó, iniciando a agitarse visiblemente –Solo sé que me miró a los ojos, convencido, diciéndome que ese niño no era mi hijo, Charlie. Que era un demonio.- Charlie piso el freno de manera violenta, haciendo a la rubia saltar hacia adelante mientras se sostenía del techo del auto. Su suegro mirándola como si le hubiese crecido una segunda cabeza.

-¿Qué?- ella se encogió en su puesto, recuperándose del susto por el frenazo de segundos antes. Charlie no podía creer lo que estaba escuchando -Todos conocemos al chico, Rosie. Sabemos que tiene problemas.- dejo salir, su cabeza no podía pensar en una cosa tan absurda. ¿Demonios? Ja. Bufó en su interior. Aquello no era más que leyendas de pueblo e historias de camino creadas por gente que no tenía manera de entretenerse. Rosalie que ya estaba más que turbada solo podía rememorar la mirada del chico, con la certeza en sus ojos.

-¿Por qué diría algo como eso sobre el niño?- inquiero ella, sintiéndose a la deriva.

-Está enfermo, Rose. Su cabeza crea historias extrañas.- le recordó, palmeándole la rodilla cuando ella no profirió ningún sonido. Su cuerpo tenso y la expresión de desconcierto grabada en el rostro -¿Estas bien?- le pregunto al verla ida. Él no era un hombre muy hablador pero sabía lo que su mente estaba maquinando. En cierto momento él había tenido las mismas dudas. Eran tantas cosas que no encajaban con la historia, lo sucedido, su nieto y los diferentes acontecimientos que se estaban presentando a su alrededor. Rex y ahora Alec. Tal vez solo fueran coincidencias que no tenían nada que ver y todos estaban demasiado nerviosos alrededor del niño. Tal vez solo necesitaban acostumbrarse de nuevo a tenerlo en sus vidas.

-Eso creo.- contesto al final. Tratando de pensar en todo menos en lo sucedido. Sus pies haciendo un sonido de crujido cuando se intentó sentar derecha. La mirada atrapando una pila de periódicos viejos arrugados a sus pies, tomando uno de manera distraída. Agradecida de tener algo en que pudiera ocupar la mente. -¿desde cuándo coleccionas diarios antiguos?- quiso saber, abriendo uno que tenía por título "La Piccola Cecilia scomparsa nel bosco della Vall di Fassa" (La pequeña Cecilia desaparecida en el bosque de Vall di fassa). Lo cual capto inmediatamente su atención.

-Estaba por llevarlos a la biblioteca pública. - dejo saber el hombre, poniendo el auto una vez más en marcha. No estaban muy lejos de casa -Lo que hacen es traerme ratas a la casa.- dijo medio divertido. Con toda la intención de cambiar el ánimo de su nuera. Cambió la marcha para detenerse en un cruce, esperando que otros autos pasaran -los saqué hace años porque quería informarme de lo acontecido cuando Ian desaprecio.

-¿No fue el único niño?- preguntó la rubia, abriendo el diario y ojeando la noticia de manera rápida. Ella debido a su estado de dolor por la pérdida de su bebe y la desaparición de su hijo no había nunca prestado atención a la prensa ni a los noticieros que hablaban de ello. Se había cansado de las falsas acusaciones hacia ella, Edward o Emmett así que prefirió ignorarlos a todos.

-Al parecer desde 1992 estaba sucediendo.- le respondió el hombre mirándola pensativo. Él había llegado a Vall di Fassa con solo la noticia de que su nieto había desaparecido. Lo demás era un agujero negro para todos. ¿Quien? ¿Por qué? Y ¿Cómo? Eran preguntas que flotaban sin respuesta en el frío y misterioso pueblo, así que había decidido investigar por su cuenta. Descubriendo que su nieto era solo el cuarto niño en 20 años en desaparecer sin rastro.

Rosalie leía en voz alta los títulos que él ya había repasado miles de veces con atención. "La piccola Cecilia scomparsa nell bosco di Fassa (La pequeña Cecilia desaparecida en el bosque de Fassa)" "il paese delle anime (El pueblo de las almas)" "Cecilia, Gabrielle, Tomasso e Ian" "La maledizione di fassa (La maldición de Fassa)"

-¿Ninguno de ellos apareció?- preguntó ella. Tomando los demás diarios para ojearlos también.

-No. Hasta ahora solo Ian lo ha hecho.

-¿Y los padres?

-Según lo que dice la prensa, se fueron del país sin dejar rastro unos meses después de que los niños desapareciera.- contó -Todos eran padres jóvenes con hijos entre la edad de Ian.- ella asintió, pidiéndole así que continuase -Sólo los padres de Tommaso se mataron en un accidente de auto bastante sospechoso unos meses después que el niño desapareciera.- dijo estacionándose fuera de la cabaña –Fue el más joven en desaparecer dos años antes de Ian.

-Esto suena a película de terror, Charlie.- le respondió su nuera con rostro afligido -¿Por qué sabiendo que suceden estas cosas nunca las autoridades han hecho algo?

-Jamás se consiguieron pruebas de nada.- se encogió este -Ninguno de los tres niños que habían desaparecido de la misma manera que Ian volvió con sus padres.

-No alimentes más mi locura, por favor- le rogo, sintiendo el camión de emociones volver a su cuerpo. Ya tenía suficiente con no saber dónde había quedado su instinto de madre y de sus argumentos al no sentir al niño su Ian para que le estuviera sumando mas dudas.

-Solo estoy diciendo que los padres de los niños nunca insistieron tanto en su búsqueda como nosotros con Ian.- intento explicar -La mayoría eran parejas jóvenes con problemas de dinero y un solo hijo que luego de lo sucedido desaparecían sin rastro.

-¿Y qué teorías manejas?- demando la mujer.

-No lo sé, tal vez venta de órganos por parte de los mismos padres.- dijo estremeciéndose. Rosalie dándole una mirada de ojos amplios.

-Pero ese no es nuestro caso- respondió horrorizada. Charlie negó con un movimiento marcado de cabeza.

-Obviamente no, pero no es que se pueda sacar muchas conclusiones siendo el único que ha regresado de los tres.- se rasco la cabeza, un gesto que la hizo fruncir el ceño.

-¿Por qué crees que Ian fue el único en aparecer?- quiso saber. Necesitaba información ahora que sabía que Charlie manejaba teorías que a ella jamás se le abrían ocurrido. Disimuladamente guardando los diarios bajo su brazo para estudiarlos a fondo más avanzado el día.

-Mi única teoría es que alguien quería solo dañarlos y al final su plan no salió como quería.- se encogió de hombros. No era una teoría que podía ser comprobada si le sumaba el hecho de que ellos no tenían enemigos de ningún tipo, o por lo menos alguien que él conociera.

-¿Tú lo sientes como tu nieto?- dejo salir la mujer, siendo atacada sin poder evitarlo nuevamente por las dudas y las ganas de llorar. Eran demasiadas coincidencias, demasiadas piezas sin encajar. Charlie le sonrió, tomando su mano para darle un apretón tranquilizador.

-No te voy a negar que aún no me acostumbro a que este entre nosotros.- se sinceró, ni el mismo sabia como actuar alrededor de su nieto, taciturno, callado y gruñón. –Pero imagino que solo es cuestión de retomar el camino que teníamos antes.

-Emmett me dice lo mismo.- dijo amargamente. –Que debemos darnos tiempo.

-Mi hijo es muy sabio- respondió muy pegado a sí mismo, sacándole una pequeña a Rose sonrisa por encima de sus ojos nublados. –Han pasado pocos días, dejémoslo todo en manos del tiempo.- le aconsejó. El auto quedando una vez más en silencio porque ya no sabía que más podía agregar. Rosalie dejó escapar un suspiro, mirándolo agradecida mientras se secaba una lagrima que no dejo correr por su rostro.

-¿Entras por un café?- propuso, tratando de sentirse algo más serena. No quería estar sola en casa. El hombre se iluminó por dentro, como si aquella fuera la pregunta que estaba esperando con más ansias.

-¡Pensé que nunca lo dirías!.- respondió efusivo, saliendo rápidamente de la patrulla. Ella se rio de la actitud infantil. Bajando del auto mientras el caminaba a saludar a Rex que estaba amarrado a su enorme casa de madera y saltaba y ladraba excitado por verlo. -¡Hola monstruo!

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Emmett estacionó el auto en un terreno baldío en el bosque. Era un lugar que lo relajaba ya que tenía la vista de postal de las montañas nevadas justo en frente de él y podría estar allí por horas.

Fue el primero en bajar del auto después de un viaje de casi quince minutos en los que sólo las respiraciones se escuchaban. Ni Ian ni él atreviéndose a decir algo acerca de lo sucedido en la cafetería.

Y es que en realidad no había nada que decir. Era la cosa más extraña que le había sucedido en toda su vida y solo quería borrar ese momento de su mente y que el niño también lo hiciera.

-Vieni (Ven)- lo alentó a bajar del auto, abriéndole la puerta del copiloto. El niño saltó fuera, algo inseguro, observándolo todo.

-¿Che cosa facciamo qui? (¿Que hacemos aquí?)- demandó cuando vio a su padre alejarse hasta un tronco caído donde se dejó caer.

-Questo e il mio posto segreto (este es mi lugar secreto)- le reveló, brindándole una sonrisa. -Mi piace venire qua quando va tutto storto (me gusta venir aquí cuando todo va mal.)

-¿oggi va tutto storto? (¿Hoy va todo mal?)- inquirió el pequeño, jugando a excavar con sus pies en la tierra húmeda.

-Piu o meno (más o menos)- se encogió Emmett, observándolo distraído y poco comunicativo lo cual no era una novedad desde su llegada pero ahora lo sentía diferente con él. -¿Vuoi chiedermi qualcosa? (¿quieres preguntarme algo?)- soltó cuando se dio cuenta que su hijo no era el que tiraría primero la piedra. El niño lo miró un momento, para luego regresar la atención a sus pies que ya habían creado una pequeña montaña de arena.

-¿Perche lui mi ha chiamato cosi? (Por que él me llamó así?)- quiso saber. Su ceño fruncido ante el desconcierto de la actuación de aquel chico que él no conocía. Emmett se enderezó. Apoyando ambas manos en el tronco y suspirando. Ni siquiera él tenía idea de porque lo había hecho pero no se podía permitir el que su hijo se quedara con ese mal sabor de boca al ser llamado demonio.

-Lui e il figlio del propietario del bar (Él es el hijo del dueño de bar)- respondió, abriendo su brazo como señal para que se sentara a su lado lo cual el niño hizo -E fratello di Jane (Es hermano de Jane)- continuó. -Lui non sta bene (él no está bien)

-¿Per che? (¿Por qué?)- demandó, haciendo a su padre encogerse de hombros ligeramente. No era que sabía a la perfección la vida de los habitantes del lugar. Mucho menos de los Vulturi, que eran dueños de la mayoría de los locales del pequeño pueblo. Lo poco que sabía era porque Jane le había contado un poco de su historia cuando ella llegaba a la casa para cuidar de Ian una noche y él le invitaba un café mientras esperaba que Rose se preparase o que llegara de algún lugar.

-Sembra di avere soferto qualche trauma da piccolo (Parece haber sufrido algún trauma de pequeño)- le dijo, no entrando en detalles de la historia ya que lo veía poco relevante. Ian asintió serio. Aun con el ceño fruncido señal de que estaba analizando la información. –Ogni tanto dici cose strane perche lui crede… (Cada tanto dice cosas extrañas porque él cree…)

-¿Nel diavolo? (¿En el diablo?)- inquirió unos minutos después. Haciendo a su padre bufar una risa debido a lo serio que estaba haciendo esa pregunta. Su mente de niño trabajando al tratar de encajar las piezas.

-Non lo so. (No lo sé)- se encogió una vez más, mirándolo con disculpa. Era cierto. Lo único que él sabía era que el chico había sido traumado de por vida por algún acontecimiento familiar según la historia de su hermana.

-¿Tu ci credi? (¿tu crees?)

-¿In cosa? (¿En qué?)- lo miró con el ceño fruncido.

-Nel diavolo- dijo de manera casual, mirándolo sereno. Emmett negó con la cabeza, un poco perdido por aquella pregunta.

-No.

-Dovresti crederci. (Deberías creer)- le dijo muy serio haciendo que le fuera imposible retener una risa. No era a modo de burla, simplemente por la seriedad con la que su hijo le estaba diciéndole aquello.

-¿Per ché? (¿por qué?)

-Beh, così come esiste dio può anche esistere lui ¿non lo pensi? (Bueno, así como existe dios puede también existir él. ¿No lo piensas?)

-Penso che sia tropo presto per questi domande sulle esistere. (Pienso que es muy temprano para estas preguntas sobre la existencia)- el niño rio ante la cara del moreno. Sus ojos muy abiertos, fingiendo estar espantado del tema que estaba tocando su hijo de siete años. Se dijo a si mismo que seguramente dichos temas eran causantes de curiosidad a esa edad. -Qua credono (aquí creen)- le dijo. -A dicembre hanno una festività dove tutti si vestono di diavoli e passeggiano per il paese (en diciembre tienen una festividad donde todos se visten de diablos y pasean por el pueblo.)- le contó de manera amarga. Lluvia de flashes regresando a su cabeza, dolor, lágrimas, rabia y muchos sentimientos más sintiéndolos a flor de piel.

-¿Per ché? (¿por qué?)

-E una cosa folklórica (es una cosa folklórica)- se encogió –Dicono che prendono a i bambini cativi ma San Nicolo lo caccio via (Dicen que se lleva a los niños malos pero San Nicolas lo desapareció)

-¿Via dove? (a dónde?)

-Al inferno (Al infierno)- dijo de manera obscura –Ma e tutto fantasia e tradizione (Pero todo es fantasía y tradición)

-¿Io mi vestivo di diavolo? (¿Yo me vestía de diablo?)- quiso saber el pequeño. Emmett le sonrió con tristeza. Era todo culpa de esa festividad que se había perdido tantos momentos como estos con su hijo.

-No, eri tropo piccolo e avevi paura (No, eras muy pequeño y le tenías miedo.)- le dijo alborotando su cabello.

-¿Tu ti vestivi di diavolo? (¿Tú te vestías de diablo?)- lo miró el niño con el ceño fruncido.

-Si, qualche volta l'ho fatto. Voleva essere parte delle sue tradizioni. (Si, algunas veces lo hice. Quería ser parte de sus tradiciones)

-¿Mi son perso in quella festa? (¿Me perdí en esa fiesta?)- él no fue capaz de afirmarle aquello. Recuerdos abrumándolo como si hubiese sido ayer. Le sonrió a medias, trayéndolo en un abrazo cálido que el niño acepto con la frente arrugada.

-Siamo andati tutte e quatro al festival. Tu, io, lo zio Edward e il tuo cugino Anthony. (Fuimos los cuatro al festiva. tú, yo, el tío Edward y tu primo Anthony)- relato –E successo un casino. La gente incominccio a correre da pertutto e qualcuno vi a presso a tutte e due. (Sucedio una locura. La gente comenzó a correr por todos lados y alguien los agarro a los dos)- un escalofrió lo recorrió. –Magari avrei dovuto fare caso a la mamma e non portarti a quel posto (Tal vez solo debía haberle hecho caso a tu madre y no llevarte a ese lugar)- nos habríamos ahorrado todo el sufrimiento gratuito. Se dijo para sus adentros.

-Lei non mi vuole. (Ella no me quiere)- lo sorprendió con aquella afirmación susurrada. Él se hinco frente al niño quien se agito por el movimiento brusco.

-Hey, non dire così. (Hey, no digas eso)- le dijo por lo bajo, acariciando su mejilla -Lei ti ama con tutta la sus vita. ¿capito? Solo è un po confusa come te adesso. (Ella te ama con su vida, ¿Ok?. Sólo esta confundida como tú ahora.- Ian desvió la mirada a sus dedos tejidos en su regazo, frunciendo el ceño un momento después, mirándolo acusadoramente.

-¿E se mi ama cosi tanto ¿perche a cercato de ucidermi quando ero piccolo.? (¿Y si me quiere tanto porque intentó matarme cuando era pequeño?)- Emmett retrocedió en su puesto siendo golpeado por una bola de demolición al oír aquello de la boca del niño. ¿Era posible que hubiese recordado algo de su infancia y precisamente debía ser aquel momento horrible?

-¿Come sai questo? (¿Cómo sabes esto?)- inquirió de manera brusca, siendo tomado por sorpresa sin saber que debía hacer o decir.

-Non lo so (No lo sé)- le contesto el niño, un poco asustado por la reacción de su padre. No sabía porque había dicho eso en voz alta. Emmett lo noto en su postura y en los ojos asustados que lo miraban directamente. Sacudió la cabeza para tranquilizarse lo último que quería era que su hijo se cerrara con él. Palmeándole la mejilla le brindo una pequeña sonrisa.

-Quello non e vero, piccolo (Eso no es cierto, pequeño)- le dijo, estirándose para besarle la frente. Necesitando mucho ese contacto e intuyendo que el niño también lo necesitaba. –Non volevo spaventarti (no quería asustarte)- se disculpó -Mamma solo ha bisogno di tempo, come te. (mamma solo necesita tiempo, como tu).- Ian le asintió, lanzándole los brazos alrededor del cuello. Él lo recibió gustoso, sorprendiéndose por el acto y envolviéndolo unos segundos después haciendo al niño sentirse seguro por primera vez en mucho tiempo. Convenciéndose de que solo necesitaba afecto.

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-No quiero- repetía Anthony una y otra vez mientras caminaba por el pasillo de la clínica de la mano de su agotada madre. Bella amaba a su hijo con locura pero la volvía loca el hecho de que cuando se fijaba algo en la cabeza nada en el mundo se lo podía quitar. Agradecía cada día el que hubiese vuelto a hablar con el tiempo pero había veces que le hubiese gustado tener un botón mágico para apagarlo unos pocos minutos.

-A mami tampoco le gustan los cambios, Tony. Pero es para nuestro bien.- le contestó por enésima vez esa mañana mientras lo tiraba literalmente de la mano y buscaba con la mirada el nombre del Psicólogo infantil en las pequeñas placas junto a las tantas puertas.

-¿No estamos bien?- le pregunto el pequeño de manera triste. Dejando de poner resistencia ante aquella revelación. Bella se detuvo, suspirando y poniéndose a la altura de su hijo. Se le olvidaba a veces que Anthony tomaba cada cosa que le decían al pie de la letra así que para él aquello significaba que estaban mal de alguna manera.

-Si estamos bien, cielo.- lo tranquilizó -Pero este señor te hará estar mejor. - le sonrió. Pasando la mano abierta por su frente, apartando así el cabello cobrizo liso de ella. -Él te ayudará a olvidar las cosas feas.- le dijo. Dándole un leve toque en la nariz que lo hizo reír.

-¿Es un mago?- demandó con entusiasmo. Caminando más seguro y entusiasmado después de que su madre le hubiese explicado.

-No lo sé.- se encogió ella. Regresando a una posición de pie y retomando el andar por el pasillo. Algunas personas que esperaban los estudiaban curiosos pero ella los ignoró. -¿Por qué no se lo preguntas tu cuando entremos?- le propuso, sonriendo cuando dio por fin con la puerta correcta. No había nadie en las sillas junto a ella así que entro en pánico por un momento al haber llegado demasiado tarde. Se acercó cautelosa a una mujer mayor sentada detrás del escritorio de recepción, parecía estar demasiado metida en el juego de gelatinas en su iPad. -Buenos días. Emm, tenemos una cita con el doctor Caius.

-¿Nombre?- le preguntó la mujer, nerviosamente, saliendo de su momento de distracción.

-Cullen.- le hizo saber Bella. Sus manos sosteniendo las de Tony que se escondía en su espalda. La mujer reviso de manera rápida una lista en el escritorio. Tachando uno de los tantos nombres.

-Cullen, sí. El paciente anterior no se presentó así que pueden pasar ahora si desean.- le sonrió la mujer, haciendo a Bella asentir de inmediato. -Toque dos veces y entre. No espere respuesta.- señaló la puerta, presionando un botón que ella imaginó sería algún timbre para anunciar su llegada.

-Buenos días.- ella saludó mientras asomaba la cabeza por la puerta luego de haber hecho lo que la mujer le había dicho. Un par de ojos miel bajo unas gafas de pasta gruesa atraparon su mirada mientras el hombre de incorporaba de pie y ella cerraba la puerta tras de si, con Anthony aun escondido a su espalda.

-Buenos días, adelante.- le respondió el hombre rubio detrás de un enorme escritorio de madera obscura, señalando el sofá de tres plazas en la habitación. Notó que su cabello era tanto o más dorado que el de su suegro, igual el acento extraño al hablar. -¿Tú debes de ser Anthony?- inquirió acercándose para estudiarlo de cerca. El pequeño asomándose por entré el espacio que causaba la silueta de su madre y el brazo de la misma.

-¿Es usted un mago?- fue lo que logró articular de manera tímida. Bella se preparó para brindarle una mirada de disculpas pero se sorprendió al ver que él se hincaba a su lado, sonriéndole al pequeño.

-¡Por supuesto que soy un mago!- le respondió, fingiendo haber sido herido en su ego por el simple hecho de habérselo preguntado. -Sólo que mis poderes no funcionan con mis nuevos pacientes.- aclaró cuando intuyó la pregunta que vendría luego, ya estaba acostumbrado a lidiar con niños que vivían en mundos de fantasías. Bella sonrió cuando Anthony salió de su escondite, en señal de que le había caído bien su nuevo psicólogo. -Debo verte muchas veces para que funcione mi magia.- se encogió Caius. Estirándole la mano para darle un apretón amigable al que Anthony correspondió.

-¡Entonces vendré todos los días!- dijo entusiasmado. Jugando con sus dedos enrollados entre sí. Caius rio de manera enérgica, alborotándole el cabello mientras se ponía de pie.

-Tampoco todos. Una vez a la semana estará bien para mis poderes.- aclaró. Estirando la mano hacia la mujer morena detrás del niño quien los miraba congeniar a gusto, sorprendida. Anthony no era uno de los que hacia amistad o clic con personas enseguida debido a la condición de asperger que le habían diagnosticado los médicos, la cual ella se negaba a aceptar porque ella sabía que su hijo actuaba de ese modo debido al trauma vivido, pero al parecer estaba equivocada o ese doctor de verdad era demasiado bueno.

-Isabella McCarty.- se presentó luego de salir de su asombro, apretando la mano levemente del hombre quien imitó su acción, estudiándola con la mirada de forma secreta. Como solo los psicólogos sabían hacerlo.

-Caius Vulturi.- pronunció amigable, haciendo una leve inclinación hacia ella que la hizo enrojecer. -Por favor, tomen asiento.

-¿Puedo esperar afuera?- ella esperaba que la hiciera salir como estaba ya acostumbrada con los demás psicólogos que habían seguido al niño y habían logrado pocos resultados en los tres años de terapia. El rubio hombre negó divertido, señalando la silla vacía frente a su escritorio. Ya Anthony ocupaba la de junto.

-No, hoy hablaremos los tres como viejos amigos.- le guiñó el ojo al niño quien se había distraído ya con un calendario en el escritorio, regresando a su modo taciturno. -¿Cuéntame Anthony, cuál es tu día favorito de la semana?- preguntó con interés, tratando de incorporar lo que el niño estaba haciendo. Bella de dio cuenta de ello, sentándose un poco aliviada. Tenía el presentimiento de que este hombre sería un ángel en la vida de Anthony.

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Emmett cargaba a un dormido Ian escaleras arriba mientras sostenía con su mano libre las bolsas de las compras que habían hecho esa mañana. El niño se había quedado dormido después de haber caminado un largo pedazo de bosque. No eran más que pasadas las cinco de la tarde pero se veía que estaba desmayado del cansancio. Ya la noche los rodeaba debido a que con el fin del verano llegaban los días más cortos y las horas sin luz de sol más prolongadas.

Apoyando todas las bolsas en la alfombra a los pies de la cama él la rodeó, apartando el cobertor y depositando al niño dentro, quitándole los zapatos con suavidad y arropando su cuerpo flácido. Incluso podía escucharlo roncar levemente lo cual lo hizo sonreír con nostalgia. Eran tantas cosas que se había perdido de él, tantos momentos vanos para la gente normal pero que eran tan importantes para un padre. Necesitaba recuperar el tiempo perdido y de su cuenta corría que así fuera.

Le acarició el cabello fuera de la frente y después de una última mirada salió de la habitación cerrando la puerta. Sólo las luces del pasillo estaban encendidas y se dijo a si mismo que Rosalie seguramente no estaba en casa. A ella no le gustaba estar a obscuras y muchísimo menos cuando estaba sola. Otro suspiro nostálgico abandonó sus labios, Rosalie era un tema aparte con el que tenía que lidiar y de su cuenta corría el que hablarán y se aclararan las cosas. Él estaba dispuesto a darle todo el tiempo que necesitaba pero tenía que estar seguro de que ella también pondría de su parte. De seguro estaba más que confundida con lo sucedido con Alec esa mañana.

Llegó a la cocina con paso tranquilo. Encendiendo las luces en el camino y pasando directamente al refrigerador por un poco de agua, aprovechando que no estaba siendo visto para beber de la jarra directamente mientras se acercaba al fregadero para volver a llenarla. Sus ojos espiaron sin interés fuera de la ventana que daba al jardín trasero, y luego regresaron al agua correr hasta que su cerebro hizo clic y volvió la vista, percatándose de la figura humana que estaba sentada en uno de los columpios, envuelta solo por la tenue luz amarilla de un pequeño farol, balanceados suavemente. Él cerró la llave, secándose las manos y caminando a su encuentro, la puerta corrediza haciendo un ruido metálico cuando la empujó abierta pero ella no se giró, estaba mirando el obscuro cielo estrellado que parecía una postal de constelaciones. Era un espectáculo y una ventaja vivir a las afueras de la ciudad.

-Hola reina.- dijo en un susurro, escondiendo las manos en los bolsillos de su pantalón y mirando también hacia arriba. Escuchó más que ver la sonrisa bufada que dejó escapar ella por como la había llamado y también se permitió sonreír interiormente. -¿Qué haces aquí?- quiso saber, caminando para sentarse en el columpio de junto. Rosalie lo siguió con los ojos, mientras respiraba la brisa de pino que pasaba.

-Es una hermosa tarde.- contestó con simpleza, cerrando los ojos y alzando el rostro al cielo, como si estuviera dejando que el aire la envolviera. Emmett se rio del gesto. Él esperaba encontrarla histérica o por lo menos afectada por lo sucedido con Alec pero parecía estar bastante tranquila.

-Sí, lo es.- concedió, estirando las piernas hacia adelante. El columpio haciendo un leve chirrido. Era muchísimo tiempo que nadie lo usaba.

-¿Cómo les fue?- él la miró sorprendido porque le estuviera preguntando. Su rostro impasible aun en dirección al cielo.

-Bien, compramos muchas cosas.- habló -Ya no le gustan los diseños de Disney ni los autos- dejo saber, nostálgico una vez más. -Ahora es todo Marvel- se rio del recuerdo de la cara de su hijo cuando le enseñaba las camisetas de muñequitos. Ya era un niño grande y tenían que aprender a lidiar con ello. -¿Estas bien?- demandó. Ella le asintió con un movimiento de cabeza. Había pasado toda la tarde repasando aquellos viejos diarios, eso y la conversación con Charlie sólo le habían hecho entender una cosa, ella debía estar agradecida de que su hijo hubiera aparecido, de que estuviera vivo y con ellos en vez de estar haciéndose ideas extrañas. Había leído el dolor de aquellos padres y podía imaginarse todo lo que esos niños, incluyendo el suyo, habían sufrido al ser separados de ellos. Simplemente necesitaba regresar a su modo madre, iniciar a involucrarse más con él, esperando que así regresara su instinto maternal. Era como si hubiera olvidado que alguna vez lo tuvo. -Jane llamó. Se disculpó por lo que sucedió con Alec esta mañana.- le hizo saber, imitando su postura.

-Qué bien.

-¿Por qué no viniste con nosotros?- inquirió el moreno, girando el torso hacia ella. Debía aprovechar el momento, estaban solos y ella parecía estar muy relajada. Por primera vez en todo ese rato ella lo miró, sintiéndose culpable y estúpida de algún modo.

-Lo siento.- se disculpó ella. -Estoy un poco nerviosa al rededor del niño.- se encogió ligeramente. Mirando sus pies estirados y clavados en la grama.

-Él también.- le hizo saber. Recordando lo que el pequeño le había dicho esa mañana. -Se dio cuenta que no lo quieres alrededor.

-¿De verdad?- él asintió, sintiendo su corazón arrugarse cuando vio el labio de ella temblar por lágrimas contenidas. Él sabía que no lo hacía con intención, que sólo necesitaba un pequeño empujón.

-Necesita de ti.- ella no sabía que contestar. ¿Qué clase de mujer olvidaba su instinto maternal? Era una cosa absurda que la hacía sentir la peor persona en el mundo.

-Es que no me viene natural.- pronunció, mirándolo perdida. Soltando las cadenas del columpio para abrazarse a sí misma. -No sé ya cómo se hace.- el moreno no soportó el verla de ese modo. Tirado de la cadena de su columpio para halarla cerca. Ella no esperó una segunda petición para ir a sentarse en sus piernas. Dejándose abrazar mientras hundía la cara en el cuello masculino.

-No te preocupes.- le susurró al oído. Besando el hueco bajo el mismo. -Un paso a la vez.- ella le asintió, manteniendo a raya las ganas de llorar. Era tanto tiempo que no estaba así. Necesitaba olvidarse de los fantasmas y los pensamientos raros hacia su hijo, darle la oportunidad y dársela a ella misma para conocerse, ya que técnicamente no tenían ni idea el uno del otro.

-¿Estamos bien?- quiso saber ella. Emmett sosteniéndola entre sus brazos, la frente apoyada en la suya.

-Estaremos bien.- le afirmó él, mirando sus labios tentadores, pero apoyando los suyos en la frente femenina castamente. Una vez más fue ella la que dio el primer paso. Dándole un beso casto en los labios que lo hizo sonreír contento. Iban a estar bien.

Se quedaron allí, abrazados, arrullados solo por el ruido de la noche y sus respiraciones por interminables minutos. Disfrutando como hacía mucho no lo hacían de estar en silencio, sólo haciéndose compañía. No fue hasta que escucharon a Rex ladrar de manera histérica que se separaron. Emmett palmeando las piernas de ella mirándola sereno.

-Voy a ver que le sucede a Rex- le informó, besándole la sien. -Nos vemos dentro, inicia a enfriar.- le sonrió, sosteniéndole la mano sin querer dejarla ir. Ella lo vio alejarse por el pequeño callejón que conectaba con el frente de la casa. Tratando de convencerse de que iban a estar bien. Sólo necesitaba poner un poco más de su parte.

Sintió su teléfono vibrar en el bolsillo de su chaqueta ligera. Estaba iniciando a enfriar como decía Emmett. Las noches otoñales iniciando a convertirse en heladas. Ojeo el mensaje que hacia titilar su móvil. Era Edward con un seco "Bella se fue" Emmett en el frente de la casa tratando de calmar al enorme rottweiler que parecía agitado por alguna razón mientras nadie se percataba de las manos que registraban el botiquín de las medicinas dentro de la casa.


Holaaaaaaaaaa, pido disculpas por no haber actualizado ayer, estaba en modo prima enamorada por el nacimiento de mi precioso bebe *-* y no tuve chance de usar el PC asi que aquí se los dejo. Gracias por sus RV y teorías y favoritos.

De verdad espero que la historia les esté atrapando =)

Nos leemos en el próximo cap =)

BESOS!