Capítulo 12 Actualizado.
Disclaimer: Los personajes y algunos pasajes de esta historia son de exclusiva propiedad de Estephenie Meyer.
Aclaraciones: Más adelante habrá escenas de sexo, si usted no es mayor de 18 años o no tiene la mínima idea de lo que estaría a punto de leer, por favor abstenerse de la lectura.
Historia dedicada a mi querida amiga Belkis n.n
Capítulo 12
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El aire fresco, el pulular de unas solitarias aves, el manso y retraído juego de miradas y el palpitar acelerado de su tierno corazón.
La verdad es que había perdido la noción del tiempo, ni cuándo ni cómo es que terminamos así, yo seguía despertando en ella cosas que quizás no había sentido jamás, a pesar de estar en plena batalla de no caer derrotado ante las opresiones más viles como lo era la lujuria y el descontrol.
¿Qué tan grave podía ser aquello?
Sin duda muy grave, pero todo ya estaba consumado.
Acariciaba su tierno y enrojecido rostro, sus manos delicadas y sutiles me masajeaban la espalda. Una batalla de miradas intensas se propició de pronto y todo lo que yo quería se hizo realidad.
La emancipadora y tortuosa línea delgada que me separaba de ella fue descubierta, su trusa salió volando hacia quien sabe dónde. Me miró con una notable vergüenza e intentó en vano tapar su desnudez.
Mi sonrisa apareció tan seductora y mis orbes dorados la distrajeron un momento, aproveché el tiempo para poder jugar descaradamente con su centro.
El auto se movió con el sobresalto de Bella, pareciera que a él también le encantaba este tipo de detalles y hemos de saber que jamás lo había hecho en un auto y para adicionar las cosas clandestinamente.
Mi querido mercedes, mi testigo silencioso de mi clandestina pasión.
El mar gritaba a lo lejos ante los gemidos de Bella, empecé a jugar con mis dedos dentro de ella. Uno, dos. Veía como un líquido diáfano empezaba a caer y manchar la parte trasera del asiento, acerqué mi rostro y mis labios a su centro, empecé a succionar su líquido y a lamer con frescura su órgano.
Ella se arqueó, que perenne amigo me fastidiaba, intenté quitarme los pantalones, desabrochar mi cremallera rápidamente y mis bóxer para poder estar más cómodo. No sabían cuanto me calentaba aquello.
−Carlisle…− Gimió y arañó abruptamente mi espalda, con gran fuerza como una tigresa al que no dejan que le arranquen las entrañas. Así es como se sentía ella y estaba fuera de sí, se arqueaba, mandaba maldiciones y se lamía los labios con lujuria.
Con placer.
Una brisa vespertina ingresó de nuevo al auto, disipó un poco el ambiente e intentó enfriar nuestros agitados cuerpos, nuestra calentura interna y nuestra falta de pudor.
Seguí lamiendo su sentido.
Estaba seguro que la volvería loca, abrí un poco más sus piernas y rocé mi miembro con el suyo. Nada más me causaba placer que aquello, y no saben cuánto me costó evitar penetrarla en ese instante. Algo me decía, me gritaba por dentro que no lo hiciera. Por lo menos aún no.
Volví a ver su rostro, su vista café estaba perdida. Mis manos recorrían su silueta adolescente mientras que mi olfato se deleitaba con su delicioso manjar carmesí. ! Qué bien se sentiría consumirlo!
Lamí su cuello y el lóbulo de su oreja, ella gimió de nuevo y me abrazó. Se dejaba llevar por mi cadena de besos y de vez en cuando intentaba morder su delicado cuello albino.
Definitivamente si seguíamos, podría a ver una cierta posibilidad de terminar mordiéndola.
Me acerqué a su oído y le pregunté.
− ¿Te gusta?
Ella dirigió su vista brillosa hacia mi rostro, con sus dedos alargados y tibios recorrió la comisura de mis labios y me besó de nuevo, con una cierta necesidad de cuando se está enamorado.
Cerré mis ojos para disfrutar el momento y me adentré a su boca para explorar su cavidad.
−Eso me pareció un sí.
Ella sonrió, más no agregó nada, seguimos besándonos hasta que la incomodidad y la duda me invadieron.
−Bella…− Le susurré casi inaudible.
Ella cerraba sus párpados. Estaba notablemente hipnotizada.
Debía terminar lo que había comenzado, quería complacerla, eso sí.
Estimulé a mi cerebro, pensar en movimientos precisos para llevar al orgasmo a mi amada.
La besé de nuevo y comencé a rozar mi miembro con el suyo, aún más rápido, moviendo al carro en vaivén. Quizás algunos viajeros furtivos ya se habrían dado cuenta de nuestro hecho y por lo que a mí respecta ni me había enterado.
Ella gritó, descargó todo lo que se tenía guardado, el orgasmo mermó en ella, y un poco después me paralizó a mí. Gruñí con fuerza.
Intenté hacer un espacio para caber los dos en la parte trasera del auto, la rodeé por completo con mi brazo mientras que fugazmente le daba besos en su rostro.
Ella respiró profundo y escondió su rostro en mi pecho.
Las horas pasaban, la noche hizo acto de presencia. El cantar de los grillos envolvían el ambiente y el sonido de los autos al pasar hicieron que Bella diera un sobresalto.
Era luna llena, exactamente no podía describir cuan hermosa se veía mientras que miraba por la ventana semi abierta del auto.
Unas prematuras estrellas se acercaban y danzaban alrededor de la luna como si estuviesen celebrando la aparición de un nuevo amor, como si se alegraran de saber que una nueva aventura excitante de dos amantes fugitivos había comenzado y que sin duda les gustaba por que empezaron a brillar con mayor intensidad.
Yo sólo pedía, un tiempo más, un pedazo de espacio para seguir con este sueño, tan atrayente e hipnotizante…
Me aferré más a ella…
…Mi Bella
…
¿Desde hace cuántos años que no se sentía así?
Decepcionado consigo mismo, ofuscado y frustrado.
Miraba a su familia. Jasper era el que más se sentía identificado con él. No sólo porque podía sentir claramente su estado de ánimo, si no que también se habían burlado descaradamente de ellos y que a vista y paciencia de todos se habían llevado a Esme.
Y ellos no pudieron hacer absolutamente nada. ¡Tenían un poema en la cara!
Ya estaban allí y era lo única oportunidad para rectificarse. Con la desesperación que embargaba a todos era casi imposible concentrarse a estas alturas del partido.
Los lobos estaban en guardia e hicieron un círculo para poder resguardar la estancia. Sus miradas llenas de fuego y sus hocicos que derramaban un líquido viscoso, intimidaban, sí, pero de igual manera el grupo de hematófagos que se escurrían entre la maleza.
El olfato experimentado de Sam los alertó, de igual manera el campo de visión de Alice.
Rosalie estaba inquieta, abrazaba con necesidad a Emmet y podía sentir a Jasper también inquieto, intentando quizás disipar a todos los fantasmas del temor, embargando a cada uno de nosotros con su oportuno don.
Esperábamos con una cierta incertidumbre, se movían demasiado rápido y era más que obvio que no se esforzaban para pasar desapercibidos. Comprendí entonces que nos estaban provocando.
−Manténganse concentrados – Susurré – No debemos descuidarnos en ningún momento, cada minuto es vital para nosotros y creo que lo saben.
Los ojos de Alice miraban inquisitivamente hacia los lados y sus facciones se mostraban preocupadas, sus ojos destilaban una profunda tristeza y si tuviera el privilegio de derramar lágrimas, lo haría.
Una cortina blancuzca empezó a llenar el ambiente que de por sí ya se encontraba tenso. La profundidad del bosque y el grosor de la maleza empeoraban la situación. La noche empezó a oscurecerse aún más y dejaba claro que no querían dejar alguna ventaja en lo que iba del día.
Quería gritarles, mandarles improperios pero me contuve. ¿Cuándo darían la cara? ¿! Cuándo lo harían!
El carmesí de sus ojos resaltaban entre la oscuridad, intentaban acorralarnos pero no se los permitiría. Miré de soslayo a Jasper y él asintió serio.
Saltamos hacia la frondosidad de los árboles más altos y en menos de un minuto descuartizamos a dos neófitos, estos eran nuevos. Definitivamente eran carnada, una distracción para poder aparecerse con airosidad.
De pronto aparecieron los demás, 10 vampiros descontrolados se abalanzaron contra nosotros, quité a unos 3 de mi encima mientras que Jasper evitaba acercarse a los demás. Alice empezó a ayudar y de la misma manera los lobos, Emmet y Rosalie que actuaban en conjunto.
Y mientras asesinábamos sin piedad a los nefastos hematófagos, vi la silueta desairada de Riley, sonriendo desvergonzadamente, con los brazos cruzados, disfrutando de nuestro desafortunado momento.
Por último Jasper me agarró del brazo y empezó a lanzarme ágilmente hacia los aires mientras que en mi encuentro desgarraba a los vampiros que osaban con interceptarme. Aterricé de nuevo e hice una pirueta encima de la espalda de Jasper, a la misma vez ambos arrancamos la cabeza de dos desafortunados neófitos.
Por otro lado, Alice con una gracia imponente hacia lo suyo y la pareja de Emmet y Rosalie terminaron con los últimos. Los lobos terminaban de despedazar las piernas de los últimos y así en un abrir y cerrar de ojos acabábamos de realizar una matanza, que para nada nos sirvió, porque el verdadero peligro estaba en frente de nosotros, sonriendo de nuevo y aplaudiendo gustoso.
− ¡Bravo! – Carcajeaba sarcásticamente − ¡Qué excelente espectáculo! – Se reincorporó del árbol y se acercó a nosotros, cada uno se puso en guardia y los lobos llenos de ira rabiaban.
Por lo que respectaba a mí y a mis hermanos, no pude si no gruñir y mostrar agresividad. Podía leer perfectamente la mente de Riley, los Vulturi deambulaban por aquí y eso era muy pérfido para todos nosotros.
Alzó sus brazos y seguía sonriendo, ofreciéndose de por sí, tan pretensioso y pendenciero, que llenaba de ira cada rincón de mi cuerpo.
Jasper intentó calmarme.
−No nos sorprende tu falta de pudor y de concentración – Espetó Jasper acercándose a mí y apretando mi hombro para que me calmara.
El carcajeó maquiavélicamente, sus ojos carmesí brillaban mostrando una falta total de sentimientos, tan hueco y vacío estaba que no nos era novedad.
Los grillos deambulaban y cantaban la canción de la muerte, los árboles se mecían al compás y la corriente arrolladora de aire nos daba un mal augurio, como quien anunciando una batalla que definiría nuestra suerte.
−A decir verdad – Prosiguió – Ella no exageró, quizás los subestimé y claro, no se equivocó al decirme que tuviera cuidado.
−Es Victoria ¿Verdad? – Pregunté con vehemencia – Ella está detrás de todo esto, ¡Lo sé!
El suspiró fingiendo inocencia.
− ¿Y qué si es ella? – Preguntó – De aquí no saldrán vivos. Y ve informando a tu queridísimo padre que le fallaste, tiraste al tacho su confianza y no pudiste cuidar a su amadísima esposa.
Apreté mis puños con fuerza, quizás el tenía razón, intenté respirar profundo y perder la cordura.
−Tú. No puedes solo, sin los Vulturi deambulando por aquí no puedes si no provocarnos. – Jasper intervino intentando calmarme y distraerme por un momento.
−Quizás tengas razón. – Prosiguió con ánimo y de una manera distinta portándose con nosotros – Pero ellos no intervendrán ahora, quizás porque no pueden llegar a ningún acuerdo si no está el líder de su aquelarre entre sus filas.
Lo miré fijamente, penetrando en sus pensamientos. El decía la verdad mientras que los lobos retrocedieron, los Vulturi eran peligrosos para ellos.
¿Qué haría ahora?
Continuará….
