...
12
Conducir
Kotaro se sorprendió cuando, en una entrevista de trabajo, le preguntaron si sabía conducir. Ante su negativa, las expresiones de las personas que tenía frente a él cambiaron y prometieron llamarle «más tarde».
Él sabía que ese «más tarde» había sido un rechazo indirecto. Era obvio que no le hablarían, pero la situación sirvió para que se animara a aprender a conducir. Sugawara había contestado su llamada y, tras comentarlo con Kuroo, ambos accedieron a enseñarle. Oikawa se había mostrado un poco reacio ante la idea, pero él, con aquellos poderes de persuasión que gustaba de presumir, le convenció para que le acompañara.
Se dirigieron hacia un lugar un tanto desolado; Kuroo había dicho en broma —Kotaro suponía que se había tratado de una broma— que no necesitaba terminar en alguna estación de policía como cómplice por haber asesinado con un auto a alguien, como en un cuento que recuerda haber leído.
En la primera ronda, Kotaro empezó a practicar con Kuroo. Era muy entretenido y Kuroo se encargaba de explicarle los cómo y los porqués; también le mencionó todo lo que no debía hacer. Dieron una vuelta y, aunque temió por unos instantes el no hacerlo de la manera apropiada —sus brazos llegaron a cruzarse por un momento—, sobrevivió hasta el final.
Si Kuroo se deshacía de ese lado que gustaba de provocar a los demás, sería un buen maestro. Después intentó con Sugawara como copiloto y, sin duda, admitiría ante quien fuera necesario que era un mejor maestro que Kuroo.
Mientras tomaba un descanso, Oikawa quiso aventurarse y aprender también. Para fines prácticos, había dicho con una sonrisa despreocupada. A diferencia de él, la primera vez le acompañó Sugawara; la segunda, Kuroo.
Kotaro no supo qué fue lo que sucedió, pero quedó muy claro para todos que su experiencia había sido muy diferente a la de Oikawa. Lo supo cuando le vio bajar del lado izquierdo, tan pronto como Kuroo se detuvo, con el ceño fruncido y una sonrisa forzada. Kotaro conocía ese gesto. Sabía que Oikawa trataba de tranquilizarse a pesar de estar molesto, muy molesto.
Sugawara se acercó a Kuroo, con una de las cejas alzadas y, a la distancia, podía ver cómo conversaban sobre algo. El que Oikawa se sentara junto a él le obligó a apartar la mirada.
—No preguntes —dijo.
—No iba a hacerlo, kawaii —respondió Kotaro.
Así fue. No lo hizo. Incluso cuando se quedaron solos después de que Sugawara anunciara que volverían en un rato. Incluso cuando el par regresó, lleno de sudor y con tierra por todos lados.
El camino a casa se hizo en silencio. A su lado, en el asiento trasero, Oikawa se había dormido.
