CAPÍTULO 11 PASEO POR LA QUINTA AVENIDA
Decir que los ánimos se fueron al sótano tras ese desgarrador y sincero discurso presidencial era quedarme corto.
Por todo lo sagrado…¿dónde cojones estaba ese magnífico presidente típico de las películas de desastres en las que animaba a la población a luchar contra las adversidades? ¿Ese hombre de estado que no se rendía ante nada ni nadie? ¿Ese que estaba al pie del cañón pasase lo que pasase? Bien, seguramente ese hombre se habrá quedado en un puto búnker acorazado y escoltado con comida y agua suficiente hasta que pasase esta especie de apocalipsis zombie de los cojones.
—Esto es una mierda —murmuró Bella sin despegarse de la ventana —A parte de una horda de esas cosas infrahumanas le tenemos que sumar un estado de rebeldía autoritaria y la ley de la calle. ¿Dónde demonios está el puto ejército y los antidisturbios?
—Los antidisturbios creo que llegaron a su total plenitud en el hospital —dijo Mike con ironía mal acertada —Y el ejército estará en los puntos seguros, lejos del peligro después de huir como alma que lleva el diablo con todos esos camiones cargados de supervivientes...Me arrepiento de veras de no haber subido a uno de esos —apenas terminó de hablar cuando unos disparos del exterior nos sobresaltaron a todos.
—La locura que se está desatando ahí fuera está alcanzando dimensiones gigantescas —murmuró Rosalie.
—Deberíamos bajar las persianas…o al menos apagar en gran parte las luces —propuse —En pocas horas amanecerá, pero ahora mismo somos como un jodido foco en medio de la oscuridad. Ahí fuera no se ven luces en las ventanas porque la red eléctrica se ha ido a la mierda…nosotros deberíamos de hacer lo mismo. Vamos a atraer a todo tipo de seres indeseables como mosquitos a la luz —Bella asintió.
—El pesado tiene razón…Dejemos sólo encendidas las luces de emergencia para intentar pasar inadvertidos. No queremos a vándalos aquí dentro —los chicos se pusieron manos a la obra. Las luces poco a poco se fueron apagando hasta dejarnos de nuevo sumidos en una jodida penumbra. Pude ver el contorno de Félix macabramente iluminado por una linterna cuando regresó a la sala.
—Hecho.
—¿Qué tipo de energía nos abastece? —preguntó Bella. Me puse a su lado intentando no tropezar por el camino en la oscuridad para no quedar como un gilipollas.
—Generadores eléctricos. De todos modos desde hace un par de años tenemos paneles solares instalados en el techo…nunca me imaginé lo necesarios que podían llegar a ser esas cosas de ahí arriba —Bella asintió.
—Bien….muy bien…—murmuró mientras se pasaba la mano por el pelo —¿Hay alguien probando suerte con la radio?
—Sí —dijo uno de los chicos —pero si no ha venido gritando como un loco por aquí es porque no ha encontrado nada bueno. Al paso que va terminará con una sobredosis de música de los ochenta….
—Claro, cómo no…Esperemos tener suerte con la radio. Es el único medio que tenemos para poder comunicarnos…si es que alguien puede oírnos. No somos los únicos supervivientes, eso es evidente….
Después de esa inquietante pero certera frase cada uno se hundió en sus propios pensamientos.
No sé cuánto tiempo estuvimos en silencio. Pudieron ser minutos u horas, no lo sé…el caso es que cada uno de nosotros se sumió en sus pensamientos evadiendo de cualquier manera el contacto visual. Lo más probable que es que cada uno de esos hombres y mujeres estuvieran pensando en sus familias, desesperados por saber noticias de ellos por cualquier medio posible…gritando en silencio por su bienestar y rezando por su vida.
Era la primera vez en muchos años que me alegraba de no tener a nadie.
Lamentablemente no tenía que preocuparme por la seguridad de un hermano o hermana…ni de mis padres o abuelos. La vida había cambiado tanto en dos días que lo malo se había convertido en bueno y viceversa.
Cuando dejé de pensar, el cansancio y el antibiótico confabularon contra mí para que mis ojos se cerraran. Evidentemente, no me dormí profundamente como solía pasar. Como una tenebrosa banda sonora escuchaba los murmullos apagados de las personas reunidas en la sala, los pinchazos de mi espalda martilleaban mi dolorida piel y los tiros furtivos que se perdían por las calles me sobresaltaban de vez en cuando. ¿Y esto pretendía ser un sueño reparador? Mis cojones.
—Me da exactamente igual lo que me digáis…¡Voy a salir de aquí! —las voces que estaba dando Emmet me sacaron de esa especie de letargo en la que me había sumido —Dijisteis que cuando amaneciera podría salir a buscar a Seth…¡perfecto, porque ya es de día! —¿en serio? Abrí un ojo casi con miedo para comprobar que lo que decía ese tipo era cierto. Me incorporé y observé la escena como hacía el resto del grupo.
—No puedes hacerlo. Ahora no —dijo Rosalie.
—Claro que puedo. Voy…voy a salir de aquí —dijo paseándose por la sala —Iré hasta la maldita Quinta Avenida. No…no sé cómo demonios lo voy a hacer…pero lo haré —Bella se pasó las manos por los ojos y suspiró cansada.
—¡Por el amor de Dios! —espetó la rubia —las calles ahora mismo están sumidas en una jodida guerra campal. ¿Acaso no has escuchado durante todas estas horas los disparos? Tienes dos opciones, acabar con una bala en el culo…o acabar con un mordisco en el mismo sitio. Tú eliges —Emmet apretó la mandíbula.
—Elijo ir a por mi hermano —murmuró.
—Señor…—susurré. Con todo este drama me había espabilado a la velocidad del rayo y más cuando lo vi ir en dirección a la puerta. La fuerte mano de Black detuvo a Emmet justo cuando iba a salir.
—Espera un momento, ¿quieres? —ambos se miraron —¿Tienes un plan? ¿Has pensado cómo coño vas a ir hasta allí? Tendrás que atravesar toda la ciudad…Si yo fuera tú pensaría muy bien cómo hacerlo…
—¡No tengo tiempo para pensar! —gritó —A cada momento que pasa más probabilidades hay de que le haya pasado algo a mi hermano. ¿Crees que voy a estar aquí planeando mi viaje a sabiendas de que hay grupo de vándalos y de infectados a partes iguales pululando por ahí? —negó con la cabeza mientras se zafaba de su brazo violentamente —Me voy —Black se apartó de su camino dándose rápidamente por vencido. Al menos lo había intentado…Todos observamos cómo ese hombre hundido salía por la puerta.
—Joder….¡espera! —gritó Bella. Emmet no se giró para mirarla; simplemente la observó por encima del hombro —Iré contigo.
Así se soltaba una bomba, joder.
Un murmullo generalizado alteró la tensa calma en la que estábamos. ¿En serio? ¿Estamos tontos o qué? No me jodas…No podía decir quien de todos nosotros tenía más cara de asombrado. Vi cómo mi poli rebuscaba en silencio algo en una de las mochilas que había traído de la comisaria….abrí los ojos como puñeteros platos cuando vi que sacaba otra pistola y un par de cargadores. Lo comprobó todo y luego se guardó su arsenal en los bolsillos.
—Iré contigo, pero se hará todo a mi manera. Vamos abajo —dijo con un movimiento de cabeza que en ese momento me pareció jodidamente sexy.
—Espera, espera…¿de verdad te vas? —Bella ladeó la cabeza y me miró.
—¿Tengo cara de estar bromeando?
—Oh, joder…¡no! Por eso mismo, nena…—ups —Bella, Bella…—suspiré —No puedes salir ahí fuera —se giró y me encaró.
—Lo que no puedo hacer es dejar a este hombre completamente solo en la puta calle. ¿Ves que tenga pinta de saber desenvolverse en un ambiente hostil como lo es ahora mismo el exterior? —miré lo poco que quedaba del caro traje del tipo, su reloj de oro y sus maneras refinadas.
—Pues no —dije completamente sincero —Pero eso no significa que te tengas que arriesgar de esta manera.
Bella resopló y pasó por delante de mí….e hice lo mismo que Black había con Emmet; la agarré por el brazo sintiendo por unos breves segundos la suavidad de su piel. Me olvidé de todo y de todos, ignoré las miradas que nos estaban dedicando los demás y me olvidé de la mierda que inundaba las calles. Ella miró el lugar por donde estábamos conectados y luego me miró a los ojos.
—Suéltame —susurró sin mucha convicción.
Ella tenía miedo.
Mi chica dura, mal hablada y con una puntería de la hostia tenía miedo. Lo veía en sus ojos…pero aún así esta rematada cabezota quería hacer lo correcto y acompañar al jodido Emmet. ¿Podría dejarla sola por esas calles junto a un hombre que no se había enfrentado en su jodida vida al peligro? No, evidentemente no. Cogí una camiseta que podría ser de cualquiera y que descansaba sobre una de las sillas y me la puse.
—Voy con vosotros.
—Otro menos….a este paso nos vamos a quedar sin gente en el grupo. Lástima…a pesar de todo el bombero me caía bien —murmuró Black desde su asiento mientras miraba la escena.
—No des por hecho que me van a morder, coño —espeté.
—No, no puedes venir —repuso Bella. Volví a mirarla.
—Sí, sí que puedo ir. De hecho voy a hacerlo…Tres mejor que dos, ¿no?
—Buena filosofía de vida, tío —me animó el jodido Black.
Me quedé con las malditas ganas de sacarle el dedo medio a ese puñetero delincuente, pero no lo hice porque tenía prisa por salir de una puta vez de ahí. Había decidido salir al exterior…mierda, ahora sabía lo que sentía un agorafóbico enfrentándose a la calle. Miedo, miedo y más miedo. De todos modos ya estaba decidido. Cuanto antes saliéramos antes volveríamos…al menos eso esperaba. Era consciente de que mis futuros compañeros de odisea me pisaban los talones así como el resto del grupo mientras bajaba las escaleras.
—Edward…¡Edward! —gritaba Bella a mis espaldas —¡Para, joder! —en cuanto llegué a la planta baja corrió para ponerse delante de mí y así impedirme el paso. En ese momento me di cuenta de lo pequeña que parecía a mi lado —La que sabe disparar soy yo, ¿entiendes? No puedo arriesgarme a salir de aquí con dos tipos como dos armarios y estar pensando en todo momento que les tengo que salvar el culo. Sólo serías una preocupación más —alcé la ceja.
—Oh, por favor….¿tengo pinta de no saber valerme por mi mismo? —su cara de Really? hirió mis jodidos sentimientos —Déjalo, no contestes….No, no sé disparar, pero me puedes dar una clase exprés. Aprendo enseguida —íbamos de mal en peor. La traducción de su nuevo gesto era algo así a lo What the fuck?
—Ni loca te dejaría una pistola —sacó la suya de su lugar y me la puso delante de las narices para que la viera bien —Una Glock 37 —murmuró —Retroceso suave y disparo limpio de munición de nueve milímetros. Sé hacer bastante pupita con esto, no hace falta que vengas. No necesito tu protección —se giró y arrastró condigo a Emmet mientras yo la miraba como un gilipollas. Eso es, nena...ignórame...
—Ed…—murmuró Félix —Yo en tu lugar cogería algo de ahí antes de que esa chica se largue sin ti —dijo señalando el armario en el que guardábamos nuestras herramientas.
Claro, idiota. Corrí hacia allí mientras Bella discutía con Emmet el procedimiento a seguir. Abrí el armario y repasé uno a uno los utensilios que normalmente usábamos…hasta que vi algo con lo que me sentía realmente cómodo. La agarré con fuerza corrí para alcanzar a Bella.
—¡Nena! —esta se giró sobresaltándose por mi efusividad —Te lo repito….voy con vosotros. Yo también tengo un arma….y sé cómo usarla —la alcé tal y como había hecho ella con su pistola —Hacha de seis libras. Peso justo y mango antideslizante. Acero inoxidable —dije como si fuera una tía de la tele tienda —Nunca he hecho pupita con esto…pero estoy seguro de que si me lo propongo podré hacerlo —bien…había logrado dejar a la poli sin palabras. Punto para el bombero. Aunque no sabía decir si eso era bueno o malo…
—Estás loco….estás jodidamente loco —susurró.
—Déjale que venga —dijo Emmet —Pero vámonos ya, por favor…
—Está bien, está bien….Tú —me señaló con el dedo —Desobedéceme en una sola orden y no tendrás ciudad para correr, ¿me has oído? —todos silbaron por las palabras de esa camionera disfrazada de policía. Habían formado un pequeño círculo a nuestro alrededor los muy cabrones.
—¿Has pensado cómo vais a hacer el viaje? Sin duda tendréis que ir en coche —opinó Mike.
—Sí. Creo que podremos ir en el mío…está hecho polvo, pero el motor aún funciona así que me vale. ¿A qué altura vives? —preguntó Bella a Emmet.
—Esquina con la sesenta y ocho. En realidad el viaje es sencillo. Salimos a la Sexta y luego es coser y cantar...creo que llegaremos bien —qué optimista el muchacho.
—¿Bien? —pregunté con ironía —No sabemos cómo estarán las calles ni cuantos elementos andantes hay ahí…—suspiré y luego miré a Bella —¿Cuál es el plan? Quiero decir…Evidentemente si vemos a un infectado lo matamos. Mejor dicho, lo rematamos. Eso no es un crimen, ¿no? Clínicamente están muertos…
—Evidentemente. No tendré remordimientos si tengo que acabar con más cosas de esas —asentí.
—Claro, por supuesto…Mi pregunta es…¿qué demonios haremos si nos cruzamos con gente….hostil? Te recuerdo que tu autoridad ha quedado a la altura de la suela de los zapatos por obra y gracia de nuestro gobierno. No puedes detenerlos, ¿qué haremos entonces? Si te soy sincero casi me preocupan más ellos que los infectados —Bella entrecerró los ojos.
—Como tu bien has dicho, ahora mismo no tengo ninguna autoridad, pero tampoco voy a dejar que me toquen los cojones…Si nos encontramos en esa situación ya pensaremos algo….Pongámonos en marcha de una vez.
Como si estuviéramos jugando a tonto el último corrí para sentarme en el asiento de copiloto de ese Volvo; no tenía ningún problema con los asientos traseros de los coches y menos si iba a acompañado por una mujer como la agente Swan, pero precisamente estos me habían jodido pero bien. Aún estaba mi sangre en la puerta de atrás. No, gracias. Coloqué en un lugar seguro pero accesible mi hacha y me ajusté el cinturón de seguridad hasta el punto de no respirar. Sólo por si acaso.
—Desde ahora perderemos la comunicación con vosotros —dijo Rosalie mirándonos por la través de la ventanilla rota —Eso me deja un poco intranquila.
—Evidentemente tenemos varios pares de walkies, pero ahora no tenemos tiempo de comprobar si ya funcionan o no. Encárgate de que los chicos hagan algo productivo, que los revisen. Estoy seguro de que a ti te van a hacer caso...—Rosalie me miró y asintió —Y…por cierto….cuida de mi amigo, ¿vale? —asintió de nuevo.
—Nos vamos —avisó Bella arrancando el coche…o lo que quedaba de él —Cerrad la puerta lo más rápido posible.
Félix chocó nuestras manos un segundo antes de que Bella moviera lentamente el coche. Se puso en la puerta y esperó a que se abriera. Metió primera, piso a fondo el acelerador y…dos segundos más tarde estábamos en la carretera. Me agarré al salpicadero arañándolo cual víctima de película de terror arañaría el suelo.
—¿Han cerrado ya la puerta? —me preguntó Bella completamente concentrada en la calle.
—¿Pretendes que ahora me gire? No jodas, nena. Debería de haberme tomado una puta Biodramina para el mareo —dije mirando cómo la aguja del cuentakilómetros subía peligrosamente.
—Sí, han cerrado —nos avisó Emmet.
—Agarraos bien…de momento la carretera está despejada...Debo aprovechar esto.
Cuando mi cabeza y mi estómago se acostumbraron a los violentos movimientos del coche me concentré en mirar el paisaje que se alzaba delante de nosotros. La imagen se podía asemejar a la calma tensa después del paso de un tornado; los coches que descansaban en el borde de las aceras tenían los cristales reventados, así como las ruedas. Papeleras destrozadas con su contenido rodando por las calles, bolsas de ropa y enseres personales de alguien que horas atrás huyó en un camión del ejército. No se si era mi mente pero me parecía ver movimiento detrás de algunas ventanas con las cortinas ondeando en el exterior. ¿Vivos o muertos? No podría saberlo…o sí. A parte de unas cuantas bosas de ropa y de porquería variada Bella tuvo que concentrarse en la asquerosa tarea de sortear cuerpos inertes tumbados en medio de la carretera. Era realmente vomitivo. Esa especie de matanza que había hecho el ejército había dejado un reguero de cuerpos mutilados y traicioneros; uno de ellos había sido el que había hecho que Jasper se hiriera…así que tendríamos que andar con ojo con esas manos cadavéricas. De todos modos no entraba en mis planes acercarme voluntariamente a esas cosas para comprobar su estado.
El viaje por la Sexta Avenida se estaba haciendo inusualmente rápido. Y extraño. Desde que salimos de la estación de bomberos no habíamos visto a nadie. Ni vivo ni muerto. Quizás los vivos estaban descansando después de una noche movida de celebración por la patada en el culo a las leyes y la bienvenida al vandalismo…y quizás los muertos aún no estaban del todo muertos; quizás simplemente estaban incubando el virus, preparándose para buscar su comida humana en pocas horas, cuando despertaran con su nueva condición de vida. Bella sorteó algún que otro coche mal cruzado en la carretera, pero no tuvo mayor problema. Si seguíamos así hacer este trabajo sería coser y cantar.
Giramos por la Cincuenta y nueve y cogimos por fin la Quinta Avenida. Mi gran sueño de hacer esto rápido se fue a tomar por el culo cuando vi lo que teníamos enfrente.
—Para, para…¡para! —grité. El frenazo que dio Bella casi me hizo chocar contra la única luna que aún conservaba el coche. El derrape que provocó la frenada nos dejó con un gran olor a goma quemada y atravesados en la calle —Mira…no podemos seguir con el coche.
Ya me parecía extraño que no nos encontráramos con ningún obstáculo en nuestro camino. Apenas nos quedaba una tercera parte del camino cuando nos encontramos con un accidente múltiple en medio de la Quinta Avenida esquina con la Sesenta y Tres. A tan sólo unas puta manzanas de nuestro destino….Una furgoneta de reparto y dos coches se habían chocado creando un macabro acordeón de hierro y aluminio en medio de la calzada obstruyendo nuestra única vía para seguir.
—Perfecto —espetó Bella —¿Y ahora qué cojones hacemos? No puedo ir por la maldita acera, el coche no lo aguantaría. Es imposible seguir.
—Vayamos a pie —Bella y yo nos giramos a la vez para mirar a Emmet haciendo que este se encogiera en su sitio —De…de momento no hemos visto a ningún infectado. Quizás han acabado ya con ellos, no sé…Mira esto como una forma de inspeccionar la zona…de este modo sabremos cómo están las cosas aquí fuera silencio por nuestra parte — ¿Qué vas a hacer? ¿Vas a dar la vuelta? Solo nos quedan unos metros…sólo unos pocos metros y llegaremos —la policía pareció pensárselo. Yo por mi parte no estaba nada seguro de todo esto.
—Vamos. Sacad vuestros culos de aquí antes de que me arrepienta de hacer esto.
Muy bien...a la puta calle.
Nunca lo reconocería delante de ella, pero decir que estaba acojonado era quedarme cortísimo. Si bien Emmet tenía razón en eso de que no habíamos visto a ningún infectado, pero eso no quería decir que no los hubiera. El tiempo de incubación del virus era de unas cuantas horas; no me quería ni imaginar la cantidad de gente infectada que tendría que estar pululando por una infinidad de lugares. Aún así me quité el cinturón de seguridad que gracias a Bella estaba incrustado en mi hígado, cogí mi hacha y me bajé del coche. Los tres nos miramos a los ojos antes de dar un paso hacia adelante. Desde fuera y en condiciones normales pareceríamos un trío de auténticos gilipollas, aunque quise inflar mi ego imaginándome que daría tanto miedo como el puto Jack Nicholson en El Resplandor con esta jodida hacha.
—Caminaremos por el medio de la carretera, desde ahí podemos ver bien todos los ángulos de la calle…evitaremos sustos innecesarios —Emmet y yo hicimos caso a Bella. Los tres nos pusimos en camino mientras mirábamos en todas direcciones intentando que no se nos pasara ningún detalle por alto.
—¿Qué crees que habrá pasado con los conductores de esos coches? —dije señalando el accidente.
—No lo sé…y tampoco voy a ir a averiguarlo—vale…al menos coincidíamos en las cosas más importantes.
—No queda nadie —murmuró Emmet —Nadie absolutamente. No...no sé si esto saldrá bien...no sé si el estará bien...—su nivel de devastación crecía con cada metro que avanzábamos.
—Si toda esta mierda no te hubiera pillado fuera de casa…¿qué habrías hecho? —le preguntó Bella —Habrías estado en casa, supongo…¿te habrías subido con tu hermano a uno de esos camiones?
—No….supongo que no…Me habría encerrado en casa y habría aguantado como fuera.
—Pues eso es lo que estará haciendo tu hermano. No te preocupes antes de tiempo…
Caminamos a buen paso durante unos minutos más. La anormal ausencia de sonido en esta calle me estaba poniendo de los nervios. Normalmente no iba mucho por esa parte de la ciudad porque me agobiaba la celeridad con la que se movían las personas y los coches por esa zona, pero este mutismo y quietud me estaban tocando los cojones. Tenía la puta sensación en la nuca de que alguien iba a cogerme por detrás y me iba a hacer una prueba de degustación en el cuello.
Eso tampoco entraba en mis planes.
Me acerqué a Bella ignorando mis pensamientos canibalistas, aunque eso era dificil teniendo en cuenta que de vez en cuando teníamos que sortear algún que otro cuerpo. Necesitaba alguna distracción como fuera.
—¿Y tú? — que no se note que te mueres de ganas por preguntar esto...—¿Tienes a alguien…en casa esperándote? —me miró de reojo.
—¿En serio estás preguntándome esto? —me dieron ganas de pegarme a mi mismo una colleja…—En realidad, sí…Frankie…no sé cómo demonios estará —corazón roto en tres, dos, uno…Que no se te note, Edward….que no se note que tu corazón está rodando por la jodida calle en mil trocitos….—Supongo que sobrevivirá…las iguanas pueden comen todo tipo de bichos —alcé una ceja.
—¿Una iguana? ¿Frankie es una jodida iguana?
—Sí, ¿tienes algún problema con eso? —me dieron ganas de sonreír como un idiota cuando sentí que mi corazón volvía a unirse con pegamento instantáneo.
—Ningún problema, morena….Una iguana…Sí, me gustan las iguanas…—miré a Bella de reojo —Estoy convencido de que tu hermosa iguana sobrevivirá.
—¿Estás intentando quedar bien conmigo?
—¿Quién? ¿Yo? —pregunté indignado. Al menos pretendí parecerlo.
Bella abrió la boca para contestarme, seguramente algo que me dejaría completamente fuera de la guerra de palabras en la que nos sumergíamos siempre…pero detrás de nosotros se oyó un sonoro "crack" que nos hizo girarnos lentamente. Había sido un ruido de una pisada, alguien o algo había plantado un pie sobre la infinidad de cristales rotos que había en la calzada.
Comprobamos con horror que a menos de tres metros teníamos a un infectado.
Bingo.
Esa cosa parecía ser el eco de un ser humano, un hombre; la ropa deportiva que aún conservaba en el cuerpo estaba toda manchada de sangre, sobre todo la camiseta. Le faltaba un trozo de carne del tamaño de una naranja en el cuello, justo en la unión con la mandíbula. A parte de varias contusiones y arañazos tenía una fractura abierta bastante horripilante en la pierna. Podía ver con cruda realidad el hueso desgarrando la carne a la altura de la tibia.
Y aún así esa jodida cosa seguía andando.
—¿Qué hacemos? —susurró Emmet.
—Schhh…calla…
A ese infectado le bastó ese mínimo susurro de mis compañeros. Alzó la cabeza e hizo el mismo gesto que haría alguien que olisqueaba el aire. Después enfocó sus ojos muertos, blancos y sin vida en nosotros.
—Madre del amor hermoso —susurré.
Me habría santiguado y habría rezado un par de padre nuestros, pero preferí empuñar el hacha con todas mis fuerzas cuando vi que esa cosa abría la boca. Un segundo después se abalanzó sobre nosotros lanzando dentelladas al aire.
—¡Joder! —Bella sacó una de sus pistolas rápidamente y apuntó a su objetivo.
El disparo resonó en el silencio de la calle comparando el estruendo con una bomba de hidrógeno. La bala impactó en el pecho del cadáver, pero no sirvió de mucho. Apenas se movió su cuerpo, siguió avanzando hacia nosotros….y lo peor de todo es que cada paso que daba era más y más rápido.
—¡Mierda! —la policía volvió a apuntar para descargar otro disparo certero en el mismo sitio pero con nulo resultado.
—¡A la cabeza! —gritó Emmet —¡Métele una bala en la cabeza!
El tercer disparo llegó en el último segundo, justo cuando ya me estaba preparando alzando el hacha para descargarla sobre esa cosa. Gracias a los cielos Bella acertó de lleno en la cabeza de ese infectado deshaciéndonos de ese gran problema. Y llenando la calle de sesos podridos, joder.
—Vamos…vámonos ya de aquí —dijo Bella desviando la mirada del cadáver —Si ha salido este espécimen seguramente habrá más.
—Sí…y parece que se han apuntado a la fiesta —murmuró Emmet. Bella y yo miramos en la misma dirección que él lo hacía. Al menos cinco engendros más nos miraban desde la lejanía olisqueando el aire —Creo que los han atraído los disparos —como si fueran un escuadrón de la puta muerte esos infectados se lanzaron hacia nosotros casi con precisión militar.
—¡Corred! ¡Corred, mierda! —gritó Bella.
No me lo pensé dos veces y ellos tampoco.
Corrimos como si fuéramos puñeteros profesionales, solamente nos faltaba el dorsal con el número pegado en nuestro pecho. No quería mirar hacia atrás más que nada porque no quería perder tiempo en asustarme, pero sabía que esos infectados nos habían ganado terreno.
Los oía.
A pesar de estar corriendo a más velocidad de la que mi maltratado cuerpo podía aguantar, a pesar de mi acelerada respiración y a pesar de estar escuchando mi corazón como si estuviera enganchado a un amplificador…a pesar de todo eso oía los gruñidos guturales que emitían, esas pisadas inseguras pero mortales de necesidad que los acercaban irremediablemente a nosotros…Estábamos nuevamente jodidos. Desvié la mirada un segundo para comprobar que Bella seguía perfectamente mi ritmo, era a Emmet al que le costaba un poco más seguir con la continuidad de la carrera.
—Están…están muy cerca —jadeó Bella —No….podremos.
—¡Por la acera! —grité.
Ambos me siguieron un segundo después. Mi intención era despistar a esas cosas, pero era difícil. Evidentemente siguieron nuestro rastro, nuestro perfume por el que se guiaban. En la trepidante carrera que estábamos llevando me di cuenta de que empezaban con movimientos torpes, les costaba un poco coger el ritmo…pero cuando lo cogían ya podías echar a correr porque irían a por tí y ni pararían hasta conseguirte.
—¿Por dónde coño vamos? —espeté.
—Ya…ya casi….El próximo edificio….una puerta acristalada —jadeó Emmet.
Dicho y hecho.
En cuanto la vi empujé la jodida puerta comiéndome el metacrilato en el intento, aunque no me importó porque al parecer habíamos llegado. Tiré del brazo de Bella en cuanto vi que asomaba por la puerta; Emmet llegó el último. En cuanto entró, cerramos la puerta haciendo que todas esas cosas que nos perseguían se chocaran contra el cristal dejando marcas de sangre y otros fluidos corporales indefinidos. Los tres nos miramos entre sí; todos estábamos sudando por haber corrido semejante carrera con el sol justiciero y mañanero de agosto. Bella jadeaba buscando aire y a Emmet le faltaba un trozo de camisa, aunque no tenía signos evidentes de haber sido atacado.
—¿Estáis bien? —ambos asintieron aún cogiendo aire.
—Esto…no es nada —suspiró Emmet —Estoy bien. Tercer…tercer piso…
—La hostia puta...Menos mal que no vives en el ático —murmuré recuperando el oxígeno poco a poco.
Ante nosotros se alzaba un majestuoso hall, mármol y unas enormes lámparas de araña nos dieron una bienvenida un tanto tétrica. Había rastros de lo que parecía ser un equipaje esparcido por el suelo. No nos recibió ningún conserje uniformado y con exquisitos modales. Pero tampoco nos saludó ningún infectado.
Silencio.
Sólo silencio y los murmullos y jadeos que se filtraban desde el exterior. En el interior del edificio no se oía absolutamente nada. Aquí vivía gente rica, todo era posible. Habitaciones del pánico o vete tú a saber. Tampoco iba a pararme a pensar en eso, sólo quería subir al tercer piso, agarrar a ese muchacho y salir corriendo de ahí de nuevo.
—Por las escaleras —murmuré.
Bella empuñó su arma y yo la mía. Emmet caminó detrás de nosotros escoltado por la pistola y el hacha. Lo bueno de avanzar hacia las escaleras era que poco a poco se iban apagando los gemidos de los infectados y los golpes que daban en los cristales. Lo malo era que con cada peldaño subido nos enfrentábamos a lo desconocido. De momento lo único que vimos era más ropa y objeto personales, era como si alguien hubiera entrado a robar y hubiera perdido su botín por el camino. Debía reconocer que con cada puerta que rebasábamos mi corazón se aceleraba preparándose para lo peor. Me imaginaba que en cualquier momento la puerta se abriría y saldría uno de esos cuerpos semi descompuestos.
De nuevo no.
De momento todas las puertas permanecieron cerradas.
Mi corazón se calmó un poquito cuando pasamos el cártel que anunciaba el segundo piso. Uno más. Abrir la puerta. Largarnos. Parecía fácil, ¿no?
—Oh, Dios mío…—susurró Emmet —¿Qué…qué es eso? Viene de la puerta de mi casa—señaló una sustancia viscosa de un color rojo oscuro…casi marrón.
Bella subió los pocos escalones que quedaban para llegar al tercer piso. La seguí de cerca para observar con horror una mano sangrienta estampada en sangre así como demás señales y salpicaduras por la pared forrada de lujoso papel creando un siniestro lienzo de sangre y sustancia viscosa.
Ahí no acababa todo.
El cuerpo de lo que parecía ser una mujer ensangrentada y semi descompuesta a la que la faltaban algunas extremidades descansaba en el rellano, justo frente a la puerta de Emmet…y lo peor de todo es que esa puerta super blindada que debía velar por la seguridad de su hermano estaba completamente abierta….
¿Qué os ha parecido el capítulo? ¿Qué pensáis sobre la salida de nuestros protagonistas?
Muchísimas gracias por todos vuestros comentarios, de verdad
Despatz, MineMichelle, Stewpattz, MonZe Pedroza, Angel Dark1313, Luzdeluna2012, Darlyn, Eve Runner, Denissevel, AlejandraZJofre, Chusrobissocute, Kriss21, ALEZANDRACAST, PekisLautner, Kjmima, Gretche CullenMasen, Gatita Swan, LauCullenBlackSwan, VaNeSaErR, Laura Katherine, Julie Black Lautner, IsAbElA M CuLlEn, Karina Masen, Guest, Ine Flores M, Maria Cullen, Javiitaah Hale D' Cullen, NekoCullenPattinson, Monikcullen009, Lil, Carloka, NBellaCullen, Lory24, Giorka Ramirez Montoya, Belangiesom16, LunaSPurple, Manligrez, EriM, Bellaen3D2, Amorgen Lestrange, Diana Prenze, Yekitab, Physmilla, JimeBellaCullenSalvatore, Ashleyswan, Laubellacullen94, Analiaapocaliptica 2012, Melyna Ortiz, LizieRossemary12, Helenagonzalez26 athos, Bella maru, Nia Masen, Freekeegirl2, Amy Swan, Nessi swan, Diana robles, Vampirekaro, Kimjim, Petit Chiharu y a todos los lectores anónimos.
Muchas gracias por seguir leyendo esta locura! Nos leemos en unos días, un besote a todos! Por cierto, como recibo muchas preguntas sobre Alice puedo decir como adelanto que tendremos noticias de ella muy pronto ;)
