Frigga mira desde la terraza del palacio cómo se desarrolla la batalla sin mucho interés. Se cruza de brazos, intentando detener el temblor de sus manos. Le vendría muy bien una copa, pero no es el momento. Debe mantenerse sobria para esperar a su marido. Necesita que sus reflejos estén bien despiertos.

Odin no tarda en llegar. Lentamente se acerca a ella por detrás y mira la escena por sobre su hombro.

-Parece que Asgard una vez más resultará vencedora.

-Parece.

-¿No vas a darme la bienvenida con un beso, esposa mía?

-No, si puedo evitarlo, querido.

-¿Pasaste un buen rato mientras dormía?

-Siempre lo hago.

-Ah, pero esta vez fue diferente, ¿verdad?

-¿Diferente?

-Esta vez no solo tú te has divertido en mi ausencia. Los chicos también estuvieron haciendo de las suyas. Han sido bastante traviesos. Merecen una buena tunda.

-¿En serio? ¿También Thor?

-Por más que me duela en el alma, sí. Su traición es imperdonable.

-Nunca te gustó pegarle a tu hijo favorito. Para eso preferías a Loki.

-No es cuestión de preferencias, mujer. Loki necesita más mano dura.

-Tu técnica de la mano dura no parece haber dado resultado. Loki se vuelve más pícaro a cada segundo.

-Mi técnica habría dado resultado si no lo hubieras malcriado y sobreprotegido, escondiéndolo bajo tus faldas.

-Prefiero tenerlo a él bajo mis faldas que a ti, mi rey. Él definitivamente sabe muy bien qué hacer entre las piernas de una mujer.

-Tsk, tsk, pero qué inmundos pensamientos tienes, amada mía. Me dan ganas de corregirlos a golpes.

-Me gustaría que lo intentaras. -Frigga se da la vuelta y mira a Odin a los ojos.

El rostro de Odin se contrae por un segundo, y da un paso atrás. Frigga es hija de poderosos asgardianos, bien versados en las artes mágicas, y siempre se dijo que ella poseía un inmenso poder, aunque Odin nunca se atrevió a ponerlo a prueba.

Hasta hoy.

Frigga se estremece al ver a su marido preparándose para la pelea. Nunca se atrevió a enfrentarlo, porque ¿quién en su sano juicio enfrentaría al rey de Asgard, el asgardiano más poderoso? Pero ella tiene años de odio y ansias de venganza contra Odin acumulados. Sólo ruega que eso sea suficiente para, al menos, dejarlo herido para que sus hijos puedan vencerlo.

La reina tiene solo una fracción de segundo para esquivar el golpe dirigido a su rostro, y es bastante rápida para esquivar un segundo golpe, pero no ve venir el rodillazo a su estómago, y se dobla en dos, partida de dolor. Odin la toma del cabello, pero ella rueda por entre sus piernas, dejándolo con un mechón dorado entre los dedos.

Frigga aprovecha la sorpresa de Odin para concentrar todo su poder en la punta de su dedo índice derecho. No tiene más que un instante para hacerlo, antes que su marido gire en redondo y le aseste otro golpe.

Odin vuelve el rostro hacia atrás, y antes de poder reaccionar ve por un segundo el dedo de Frigga echando chispas, apuntado a su ojo sano, y un rayo blanco estalla frente a él. Es lo último que ve.

Los átomos de su ojo pierden cohesión. Se separan, desparramándose por toda la habitación. La cabeza comienza a vibrarle dolorosamente. Odin está ciego. Pero aún tiene buenos reflejos. Antes de que la reina pueda moverse, la toma del cuello y aprieta. Está tan furioso que no mide bien la fuerza empleada, y en vez de estrangularla como desea, le revienta el delgado cuello, pulverizando sus vértebras y licuando sus músculos, separando la cabeza del resto del cuerpo.

Frigga no tiene mucho tiempo para sufrir; todo pasa tan rápido. Pero si Odin todavía tuviera su ojo sano, habría notado una pequeña sonrisa de satisfacción en el rostro de la reina: con Odin ciego, quizá sus hijos tengan una oportunidad.

Son pocos los guardias que han quedado custodiando el palacio, la mayoría está en el campo de batalla. Loki sonríe. Se encuentra a los tres guerreros y a Lady Sif en su camino, pero no pierde el tiempo con ellos: los fulmina con un solo rayo de su cetro, tomándolos por sorpresa. Ninguno tenía protección ante su magia.

Cuando entra al salón donde está su padre, la sonrisa de Loki se congela en su rostro.

La sangre de Frigga ha creado un pequeño charco en el suelo de mármol. Su retorcido cuerpo sin vida se refleja en la sangre, como en un espejo rojo, haciendo que la imagen sea doblemente espantosa.

-Loki, ¿eres tú? Que pena que hayas llegado tarde. Verás, la zorra de tu madre ya no está entre nosotros. Si hubieras llegado antes podrías haberte despedido de ella. -dice Odin con voz agitada.

Loki vuelve a sonreír; es una pena que su padre no pueda verlo. Rápido como un rayo se lanza contra él, golpeándolo con su cetro, para luego moverse fuera de su alcance y arremeter nuevamente. Loki logra asestar unos buenos golpes antes de recibir alguno.

Él no lo sabe, pero Odin está aterrado. El trauma de perder su ojo, allá lejos en su juventud, se repite en el presente, haciendo que su cuerpo se cubra de sudor frío, pero esta vez el horror es aún peor: quedarse ciego fue durante años su más profundo miedo. Los nervios y el terror vuelven a sus movimientos torpes y a sus golpes, imprecisos. Loki ríe a su alrededor, golpeándolo con su cetro, quemándolo con la energía que mana de él.

Pero la ira va ganándole al miedo, y Odin no tarda en recuperarse lo suficiente como para arrinconar a Loki contra una pared, y una vez allí no le cuesta mucho deducir la ubicación del cetro, y quitárselo de las manos.

Odin tira el arma de Loki a un costado, con tanta fuerza que se astilla y resquebraja. La energía que Loki vertiera en el arma se escurre por las grietas, y el cetro queda vacío e inservible.

Loki tiembla. El pánico se apodera de él. Odin sonríe mostrando los dientes, y le apoya sus dos manos sobre el pecho. Las manos comienzan a brillar, derritiendo su armadura y chamuscando la ropa que hay debajo. Loki siente el escozor de sus células estallando una a una.

El dios del engaño vuelca toda su concentración en mantener sus células unidas y frías contra el calor de las manos de su padre. El poder Jotun que vive en sus genes se libera. Loki pierde su apariencia asgardiana y se cubre de escarcha. El contacto con la piel del gigante de hielo duele terriblemente. La carne de las manos de Odin se pone de un color azul negruzco, y comienza a despegarse, cayendo a pedazos al suelo. El asgardiano aparta lo que queda de sus manos lanzando un alarido de dolor.

Loki respira aliviado, pero no es tan tonto como para pensar que ya está salvado. Aunque no pueda tocarlo, su padre sigue siendo peligroso, y cuenta con muchos hechizos que podría lanzarle, aún sin manos.

Pero antes de que pueda hacerlo, se suma Thor a la escena.