Capítulo XII


Severus relató todo lo que consideró pertinente a Sirius y si bien este preguntó varias cosas para recordar; no dudó de la veracidad de la historia del pocionista. El profesor dejó el sillón y la compañía del animago para preparar algo de té y al hacerlo, vio que el amanecer ya había llegado.

Sirius suspiró y siguió a Severus a la pequeña cocina.

–A veces me preguntó si todos fuimos su peones. –dijo con molestia el animago.

Severus no negó lo dicho por Sirius y en cambio agregó…

–Le debía que me quitara un poco la culpa.

El Black bufó.

–No hiciste bien; sin embargo no era como si en el colegio tus ideas no fueran influenciadas por esas amistades y nosotros… no ayudamos al molestarte. Es lógico que siguieras a ese monstruo. –Sirius suspiró abatido– Será que no recuerdo el odio, pero considero que si no tu hubieras enterado tú, alguien más lo haría y el resultado sería el mismo… James y Lily muertos… No es algo que quiera recordar.

–Debí hacer más…

–Hiciste lo que creíste pertinente y también has hecho mucho por mi ahijado.

–…

Severus no respondió, pero el animago supuso lo que pasaba por su cabeza.

–No. no creas que se lo diré.

Snape llevó el servicio de té con su varita y la dejó en una mesita. Sirius le siguió y ambos se sentaron de nuevo.

–Toma tu té y vete, seguro que ya deben estar buscándote.

–Remus sabe que salí, pero no a donde… por cierto no creo que me busque.

–No comprendo.

–Oh ¿entonces no lo sabes?

–¿El qué?

El heredero Black sonrió como gato Cheshire.

–Remus y Lucius Malfoy son… más que colaboradores.

Snape se quedó mudo y luego vio con suspicacia al animago.

–No te creo.

–Oh si, ellos se quedaron en Grimmauld Place. Lucius llegó cuando yo salía.

–Eso no significa nada. Lucius es el encargado de llevar las noticias a la Orden y ahora conmigo siendo un non grato…

–No, no, ellos parecían muy sospechosos. Así que me quedaré un poco, acompañándote un rato más, no quiero llegar y ver algo que me traume de por vida.

–Eres un exagerado.

Severus se removió y extendió sus brazos…

–Merlín, estoy cansado.

–Si eso es una invitación a dormir contigo… ¡Acepto!

–¡No! –chilló indignado y muy sonrojado Snape.

Sirius sonrió de lado y negó…

–Nuestra edad, una guerra, Yōmas y un futuro incierto… ¿Qué esperas Severus?

–…

–No fui muy amable y mi boca siempre fue un incordio para ti, mas antes de… desaparecer ya me… atraías y quiero creer que yo a ti también.

Snape se quedó mirando al mago frente a él y si bien detestaba darle la razón, al Gryffindor engreído…

–...

El pocionista se dio la vuelta y se encamino a la pequeña recamara atiborrada de libros y donde una cama sencilla –era el único mueble que no tenía pergaminos sobre ella–, destacaba.

Sirius le siguió y es que no era tan tonto para no aceptar, en ese gesto del impávido profesor, una invitación.

El lugar no era importante, solo el deseo que ambos magos sentían. El animago se acercó a Severus y este no se alejó.

Los magos se quitaron los zapatos y se recostaron… tal vez solo era dormir juntos para muchos, pero era un acto muy íntimo que solo alguien como esos hombres, que vivían arriesgando su vida y sin poder confiar casi en nadie, entenderían; que el dormir juntos era un acto de total confianza.

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En La Madriguera. Harry sintió como Ginny se apartaba y esta miraba a Ron con molestia, previniendo que este le reclamaría; sin embargo el pelirrojo bufó resignado.

–Siempre creí que ustedes no podrían dejar… bueno, ya saben.

Harry, esperó por una explicación más elocuente de su amigo, en cambio este concluyó.

–Después de todo, compañero; te ves mejor con mi hermana a tu lado y no con ese rubio engreído.

Los ojos verdes de Harry parpadearon y Ginny, agregó:

–Ron, todos sabemos que Harry lo tuvo que hacer por el bien de todos. No lo molestes. ¿Verdad Harry?

–Sí, el plan era lo más importante. –concluyó el moreno.

Los tres fueron interrumpidos cuando la visita de Rufus Scrimgeur, fue anunciada por Arthur.

El Ministro entregó lo dejado por Albus en su testamento, por supuesto a excepción de la espada de Godric.

Con los objetos en sus manos y al retirarse el Ministro; el trio dorado se concentró –a pesar de las protesta de Potter–, en hacer los planes para su búsqueda.

Hermione y Ron demostraron ser excelentes amigos.

Harry al quedarse un momento a solas, se dijo que, debía estar agradecido por tenerlos.

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Las dos hermanas, se sometieron al tratamiento, que si bien no era tan severo como el haberse convertido en Claymores, si era un preludio de un esfuerzo más que impresionante.

Rafaela fue la elegida para detener la conciencia humana de Luciela y esta la que despertaría.

Dae sonrió al ver llegar a Rimt y a sus colegas a su lugar de trabajo.

–Ellas lo han logrado, su conciencia está unida.

–Resultados en batalla, Dae –exigió Rimt.

El hombre con rostro desfigurado, sonrió.

–Un poblado cercano ha reportado un Yōma, atacando en las últimas noches.

–Me parece bien, para la primera prueba –aceptó el jefe de Inefables.

Rafaela escuchaba la conversación entre los magos y sintió temor de no ser lo suficientemente fuerte para retener la humanidad de su hermana, rogando a Merlín por lograrlo, pues Luciela era la única familia que le quedaba.

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Lucius dejó Grimmauld Place y a su amante, al amanecer y regresó a la Mansión, esperando que Draco no lo hubiese buscado durante su ausencia.

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Ya era medio día. Draco, con un pase de varita, incendió el pergamino –el mismo que había mandado– y algo en él se resquebrajó, deseando que sus peores temores no se hicieran realidad y Harry no se hubiera asustado o peor… que no lo hubiera creído; lo que temía más, pues si él no fuera el afectado, tampoco lo creería.

Un par de palabras que el rubio no comprendió, no eran la respuesta que deseaba ¿o sí?

Una de ellas la conocía, por el pasado del moreno, la otra no…

James... Teresa...

¿Que significaban?

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Era algo que Riful notó un par de días después de su primera aparición; y si bien no era algo que le afectara, si había algo de curiosidad por saber el motivo de esas reacciones…

Los magos y brujas del mundo mágico la veían como si fuese una criatura peligrosa y no una guerrera trabajando por su bien.

La joven Claymore no compartió sus dudas con las otras, sin embargo por algunas frases sueltas, escuchadas de estas, supo que no era solo ella el foco de desconfianza, sino todas las Claymore

Y si Riful aun tuviera su vieja personalidad, se hubiera reído de la tontería de llamarlas… Las Brujas de ojos Plateados…, pues de brujas, solo tenían los recuerdos.

Riful dejó ese tren de pensamientos, al sentir esa diminuta huella de Yōki despertado; era fantasmal, pero ahí estaba. Se acercaba a su objetivo.

La llamada a la mansión Nott y todos los Mortífagos reunidos en ella, era anuncio de malas noticias.

¡Hoy es el día en el que el Ministerio caerá a mis pies! ¡Y con ellos esos estúpidos de la Orden!

Severus tembló imperceptiblemente. Lucius tragó saliva y ambos magos, escucharon como una sentencia, la orden del Señor Oscuro.

Después de todo Remus y Sirius estarían en la boda de uno de los hijos de los Weasley. Uno de los principales blancos para el Señor Oscuro.

El par de amigos, rogó –dentro de ellos– porque los ex leones no fueran blanco fáciles, no después de que no podrían avisarles sin ser vistos con sospecha.

Eran Slytherin y si sabían que el otro estaba con un alguien de la Orden… no lo mencionarían, ni a ellos mismos.

Las volutas oscuras de humo, fueron surcando el cielo con dirección al Wizengamot.

No hubo mucho que se pudiera hacer y pronto cayó este. Sin embargo para disgusto de Voldemort, en la sala de Misterios solo quedaba el nombre, pues no logró encontrar nada de lo que deseaba… el cómo habían creado a los guerreros.

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En uno de los salones de Malfoy Manior; Theo se acomodó en el sillón y bebió un poco de su jugo; retomó su lectura, mas era algo inútil que su atención se centrara en las líneas, pues una sensación de incertidumbre atenazaba su corazón.

Draco –si bien no lo dijo– se notaba también tenso. El motivo del rubio era que Lucius estaba en algún ataque que el Lord ordenó y si Theo se libró de ir, fue por mera suerte de que se le considerara muy inexperto y un estorbo en lugar de ayuda.

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La reunión se notaba animada y Sirius se acercó al primo Barney que solo se sonrojó al ver a un castaño de barba, decirle.

–Creo que el ébano te queda mejor, pero…

–No te burles.

–No lo hago. Yo también tuve que renunciar a mi azabache… casi azul –se rió el castaño.

Harry se unió a las risas del Black.

Ahijado y Padrino se unieron a la charla con Ron y Hermione. Fue en ese instante cuando el Patronus de Kingsley arribó, advirtiendo del inminente ataque.

Todo se descontroló y las varitas salieron a ristre para defender.

Harry fue jalado por Hermione y con ellos iba Ron. Estaban por desaparecer, más el de ojos verdes se negaba...

–¡No! ¡Yo me quedaré con Sirius!

El animago, negó y empujó a su ahijado en dirección de Hermione y Ron.

–¡Llévenselo!

Harry ya no pudo resistirse y el trio se desapareció, dejando atrás el combate…

Los tres jóvenes arribaron a su destino y con ellos sus seguidores; dos mortífagos que lograron evadir.

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El combate en La Madriguera no siguió por mucho tiempo, pues los invitados a la boda, consideraron más viable y seguro, huir del lugar; dejando con un palmo de narices a los mortífagos.

Sin embargo el siguiente paso del Lord Oscuro; fue mandar a sus mortífagos a las casas de los conocidos miembros de la Orden, mas ni con ello logró mucho.

Voldemort estaba furioso al no haber encontrado algo que le sirviera en contra de los cazadores de sus mascotas en el Ministerio, aunado el hecho de que Harry Potter no fue hallado en ninguno de los lugares atacados y ni las torturas de algunos magos pudieron darle el paradero de este, su furia estaba al borde.

Severus y Lucius estuvieron agradecidos de no ser los destinatarios de la furia de su Lord y a pesar de que Rowl salió muy mal librado de ello, no hubo compasión para este, de parte de sus compañeros mortífagos.

Los subordinados de Voldemort fueron liberados poco después y solo con la advertencia de estar listos en cualquier momento, para regresar y ser asignados a su nuevo lugar de trabajo en el Ministerio o en el lugar que le sirvieran a los intereses de la causa.

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Rafaela y Luciela iban por delante seguidas de Dae y Ermita, este último sustituyendo a Rimt que se había quedado cerca del Ministerio, pero resguardado para saber las novedades del ataque. Que si bien lo esperaban, no creyeron que sería tan pronto.

Dae observaba el silencio cómplice de las Claymore sin que la conversación de Ermita lo distrajera:

–… Ese crédulo de Rufus Scrimgeur, hizo caso omiso a la advertencia de Rimt. Es lógico que el Innombrable no se quedaría con los brazos cruzados. Y nosotros éramos uno de sus principales objetivos...

–Nosotros no, nuestras soldados.

El de capucha asintió dándole la razón a Dae.

–Cierto. Como sea, veamos que tan bueno es que ellas logren tu Enlace de Almas.

–No estuviste en su primera prueba, pero fue un éxito y su eficacia se triplicó.

Ermita se encogió de hombros…

–No es como si no tuviéramos más para experimentar. –Mirando alrededor, Ermita comentó– ¿Y por qué este lugar? está muy alejado de todo, ¿seguro que habrá Yōmas por aquí?

Dae asintió y llamó a detenerse a las hermanas.

–Rafaela, busca el Yōki más cercano.

La mencionada, se quedó un instante en silencio, quieta y después de unos segundos, señaló a unas montañas más adelante; estas poseían varias cuevas…

–En ese lugar… más de dos y dos más que vienen llegando por el otro lado... uno más, pero...

–Ya, ya comprendemos. –cortó Ermita.

Dae frunció el ceño, pues no esperaba que hubiese tantos Yōmas reunidos, sin embargo no se preocupó, porque consideraba que era mejor para el experimento, poner más presión en las Claymore.

Rafaela no pudo aclarar que uno de los Yōki, correspondía a una de sus compañeras, pero al parecer a los Inefables no les hubiese interesado saberlo.

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Riful sintió a sus presas cerca y apuró el pasó.

Desde la cuesta que iban subiendo; Isley se giró a ver hacia las faldas de la montaña.

–Ellos han enviado a una. –mencionó el de cabello claro.

–No es extraño que las enviaran a cazarnos. –Opinó sin mucho interés Rigardo– Igual la mataremos.

Isley no respondió, pues a pesar de estar consciente de lo que eran ahora y el peligro que representaban, aun sentía un poco de camaradería hacia los Inefables y el mundo mágico y si bien no conocía a las nuevas guerreras, también las consideraba compañeras.

Rigardo por su parte, abrazó con más libertad su nueva forma y manera de vivir, matando para alimentarse y sin dejar que las culpas o arrepentimientos le impidieran seguir adelante; eran Abisales, Devoradores Voraces, Kakuseishas o como quisieran llamarlos, mas como cualquier mago o bruja, se sentía con derecho de vivir y si para ello debía luchar y acabar con otros guerreros… no dudara en hacerlo.

–Vamos Isley.

El de cabello claro siguió a su compañero.

Riful corrió veloz; era el momento y el lugar donde su misión comenzaba y terminaba, no importaba el desenlace, aunque para ella era mejor matar a esos dos a cualquier precio; no en vano era la numero uno entre las guerreras.

Las figuras se encontraron a pocos metros de distancia…

Riful desenvainó su Claymore, corrió saltando y sosteniéndola; el golpe cortó más que la tierra donde el tajo llegó –al ser evitado por Rigardo e Isley.

Los movimientos de la gran hoja de la guerrera no se detenían y solo el ruido del aire al ser cortados lo delataban, pues estos eran tan veloces que no se veían.

Rigardo se fastidió de esquivar a la guerrera y transformó sus piernas y brazos para atacar. Isley se mantuvo lejos de la espada de Riful.

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Por azares del destino, cerca de esa gran batalla que se llevaba a cabo; Rafaela detenía la conciencia de Luciela que estaba matando a los últimos Yōmas. Rafaela se removió nerviosa al sentir como la atención del ser despertado –su hermana– era llamada por los Yōkis poderosos que se hallaban del otro lado de la montaña.

La menor de las parientas, jadeó y llamó con angustia a Luciela…

–¡Regresa Luciela! regresa ya… nosotras ya hemos terminado…

Dae frunció el ceño y Ermita negó alejándose discretamente, de donde se encontraban las dos guerreras.

El ser Despertado gruñó y no se molestó en escuchar a Rafaela; esta luchó con todas sus fuerzas para que su voz llegara a la conciencia humana dormida, de su hermana…

El feroz gruñido fue lo único que se escuchó, al momento de que Rafaela cayó herida por Luciela Despertada.

… Otro Abisal, uno recién nacido, se dirigió en trayectoria a Riful, Rigardo e Isley.

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Las dudas existenciales de Isley quedaron lejos y se unió al contrataque.

Riful ya había transformado sus manos y piernas para que estas fueran tan largas y fuertes para defenderse de los dos Devoradores.

Isley ya poseía su arco y las saetas, iban sin mucho fallo en busca de la joven Claymore. Rigardo ya era un León monstruoso que junto con su enorme velocidad poseía una fuerza que usaba en su garras, deseando destrozar a Riful.

La joven cazadora, temió que su fuerza no fuera suficiente y poco a poco, por instinto dejó que su transformación avanzara más y más… y más… hasta que...

La extraña cabeza con cuerpo de cabello negro, se inclinó al ver a esos dos frente a si…

–¿Que hago aquí?

Isley y Rigardo no respondieron, mas notaron como el nuevo Devorador Voraz los olió…

–Tengo mucha hambre, pero… ustedes no huelen bien… creo que…

El Ser ignoró a los antiguos Inefables y se retiró del lugar, balbuceando algo acerca de comer… intestinos.

Isley volvió a su forma humana y miró la ida del Abisal

–Ella sobrepasó su límite por desear con tanta desesperación, vencernos.

Rigardo asintió y se giró de espaldas y exclamó:

–¡No puedo creerlo… en esa dirección viene otro!

Isley no se movió, pero respondió:

–Un día terrible para el mundo mágico… para el mundo en general. Han perdido a dos Claymore y han surgido dos Kakuseishas más.

El ex inefable de cabello negro se encogió de hombros, al agregar…

–También ese ha cambiado de dirección.

–En ese caso nosotros iremos al Norte; dejemos que ellas busquen su propio coto de caza. –determinó Isley.

Isley siguió su camino al Norte, seguido de Rigardo. La Kakuseisha Luciela se dirigió al Sur y por ultimo Riful… que su destino era el Oeste.

Así se dividieron por cosa del destino, los lugares que esos Abisales morarían.

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Theo dejó su libro y se levantó del sillón, yendo hasta la gran ventana, de la salita…

Miró hacia el cielo y sus labios se movieron y las palabras de una canción fueron susurradas…

*Every little memory resting calm in me…

Resting in a dream…

Smiling back at me…

The faces of the past keep calling me to come back home…

To caress the river with awe…

La canción que le cantaba a Riful para dormir.

Draco dejó las cartas que revisaba y observó a su amigo, deseando que los seres queridos de ambos, estuvieran a salvo.

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El trio dorado, después de deshacerse de sus perseguidores, pensaban a donde dirigirse…

–A Grimmauld Place con Sirius. –dijo Harry.

Hermione lo pensó un poco y mencionó.

–Pero seguro que es el primer lugar donde te buscarán.

Ron asintió, mas agregó:

–Pero con Sirius siendo el legítimo heredero de sangre Black; la casa debe estar más protegida.

Hermione cedió y el grupo desapareció en esa dirección.

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Dae y Ermita recogieron a una Rafaela herida y regresaron a la base de la Organización.

–Rimt estará furioso por este fracaso, perdiste una guerrera y se convirtió en Abisal. –advirtió Ermita.

Dae chasqueó la lengua.

–No es como si uno más de esos seres hiciera gran diferencia. Puedes ver que el Lord, ha hecho más daño que esos tres juntos.

–Y tú sabes, que a nosotros nos corresponde el problema de los Yōmas, no el de mortífagos.

–Una profecía no cambiara nada.

–Somos Inefables y les hemos dado lo que consideramos les ayudaría, más no podemos hacer.

Dae no agregó nada ya, era muy cierto que ellos debían estar enfocados en los Yōmas, Kakuseishas y Claymores que combatieran a los anteriores.

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Lucius estaría dando los pormenores a los jóvenes en su Mansión; mientras Severus llegaba a su casa con inmensas ganas de quitarse esa suciedad que le quemaba hasta el alma, esa sangre que sentía en las manos y que no se iría con un hechizo o con agua y jabón…

El pocionista abrió la puerta y entró en la oscura sala; la luz iluminó el recinto, con un pase de varita y una silueta parada en el lugar, se aclaró…

–¡¿Qué…?!

El animago no dijo nada, solo llegó hasta Severus y lo estrechó entre sus brazos. Ambos eran combatientes, que deseaban un ancla que los atara a la cordura, entre todo ese caos.

Sin palabras, sin reproches… sin preguntas.

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El trio arribó a su destino sin percances y para su sorpresa, los recibió Remus en Grimmauld Place.

–¿Cómo lograron escapar?

Preguntó el licántropo ya que revisó a los chicos de pies a cabeza. Hermione estaba por relatar todo, cuando Harry, preguntó:

–¿Y Sirius? Remus.

El rubio trigo suspiró molesto:

–Fue a hacerse cargo de un asunto. No está herido, ni mucho menos, salimos antes que la batalla se pusiera en nuestra contra. No se preocupen, la casa es más que segura, un… conocido ayudó a Sirius recordándole algunos hechizo ancestrales de sangre.

Por supuesto que Remus no les dijo que ese conocido, no fue otro más que Lucius.

–¿Y ustedes?

Preguntó el licántropo y los chicos relataron todas sus acciones para escapar.

Con todo aclarado, el mayor envió a los tres jóvenes a descansar, prometiéndoles que les avisaría si Sirius regresaba… aunque Remus lo dudaba y es que su amigo no le había confesado nada, pero sospechaba de esas salidas de hasta la noche completa, sin embargo no había enfrentado al animago, pues esta sacaría a colación lo suyo con Lucius.

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Draco y Theodoro no estuvieron muy tranquilos con las malas noticias del Lord controlando todo, sin embargo de los males el menor y estar del lado de este, por el momento, era lo mejor.

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Sirius besó el camino por el cuello de Severus, frotando la cara a lo largo de la piel de este, al mismo tiempo. Snape se estremeció, sabiendo que Sirius estaba tratando de dejar su esencia en él. Era su manera de dejar que todos los otros magos supieran que el profesor era suyo y que no lo debían tocar.

Aunque para Severus que alguien más se fijara en él, no le parecía ni remotamente probable, más por el momento y con todo lo que sucedía en el mundo mágico; las prioridades del espía ya no eran tan cuadradas y dejarse llevar por esa pasión, le era necesario.

Sirius besó el pecho del pocionista, prestando especial atención a los pezones. Cuando el ex Slytherin dio un grito de asombro; el animago sonrió para sus adentros. Sirius podía apostar a que Severus nunca comprobó que estos eran unas de sus zonas más erógenas.

–¡Oh Merlín, esto es tan bueno! –exclamó el profesor, lo que confirmó las sospechas de Sirius.

El Black se abrió camino por el cuerpo de Severus, hacia abajo hasta que estuvo en la cintura de este.

Una vez que estuvo allí, bajó la cremallera de los pantalones de Severus, luego los deslizó hacia abajo, junto con la ropa interior de este. Sirius se apresuró un poco y desapreció el resto de ropa de ambos. Snape agradeció que esos destalles no los hubiera olvidado el ex león.

Severus permitió todas las maniobras del animago y eso le gustó a este, por la confianza que significaba, le tenía Severus.

Sirius sintiendo un poco más de seguridad en sus acciones, pidió:

–Sube a la cama y recuéstate sobre tu espalda. Será más fácil si puedo ver tu rostro por primera vez. De esta manera puedo saber si tienes demasiado dolor.

Severus se sonrojó hasta la punta de las orejas y estaba por gritarle al Black por esas frases demasiado cursis, sin embargo optó por girarse y obedecer.

Sirius apunto a la intimidad del profesor y susurró un hechizo lubricante. El pocionista siseó al sentir trabajar el hechizo en él, pero no retrocedió.

Sirius no pudo resistirse a darle un beso profundo a su amante en lo que un par de dedos se introducían en este y lo relajaban. El Black –sin dejar de besar a Snape–, torció la muñeca hasta encontrar ese lugar especial. Severus dejó escapar un gemido de placer al sentirlo.

Entonces Sirius agarró su pene y lo alineó con el orificio de Snape. En lo que pareció una eternidad, el animago se fue empujando en el profesor hasta que estuvo totalmente dentro de este; ya así, se detuvo un momento para que Severus se acostumbrara. Cuando este asintió el heredero Black se comenzó a mover.

Fue lento, teniendo en cuenta que deseaba disfrutar de esa primera ocasión con su némesis; además no estaba loco para preguntarle a este si era si primera vez como pasivo –se notaba que si–, pero deseaba conservar su hombría en su lugar… gracias.

Afortunadamente y a pesar del ritmo lento, ambos sintieron el clímax acercándose.

Cuando el orgasmo los alcanzó; los dos notaron esa conexión que les dijo que el otro era su parte faltante del alma maltrecha, que poseían.

Con las respiraciones nivelándose los magos se recostaron sintiendo el cuerpo del otro como un bálsamo a esa soledad que los dejaba, desde esa noche.

Pasaron las semanas y el mundo mágico bajo el mando de Voldemort se removió haciendo creer que estaban cayendo en el infierno, guiado por la mano de los seres Abisales que dejaban pueblos enteros sin brujas, mago o… muggles vivos.

Voldemort no tenía la intención de que su Ministro títere, diera alguna pista a los muggles de lo que ocurría y estos daban palos de ciego en busca de la causa de esas terribles masacres.

Ahora las Claymore se movían en ambos mundos para combatir a los Yōmas, más en el mundo Muggle no podían mostrarse.

Aunque en opinión de algunas de ellas, no había diferencia, pues en el mundo mágico crecía cada vez más el desagrado hacia ellas y su invulnerabilidad a la magia.

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El joven moreno dejó su taza en la mesa y enfrentó al adulto.

–Ya hemos discutido esto, Remus.

–¿Lo hemos hecho? No lo creo, ustedes no dicen nada y la única explicación es que Dumbledore no nos dijo porque tenía sus motivos… –estaba a punto de gritar Remus.

Sirius entró en ese momento a la cocina y vio el intercambio entre los dos.

–Su motivo es, que estaba senil.

–¡Sirius! –exclamó ofendido Harry.

El animago fue a la estufa y se sirvió agua para té; no le agradaba pedirle muchas cosas a Kreacher y es que a pesar de que Hermione trató de convencerlo de que el elfo tenia motivo para no ser amable, Sirius aun desconfiaba de este.

–No discutas Moony. –El animago se sentó frente a Harry y bebió su té antes de decir– Agradezco no haber sido uno de sus amados hijos, por lo que he visto, eso significaba seguir sus ordenes sin cuestionar y con nula información, de preferencia solo y aceptando todas las consecuencias sin que él moviera un dedo por ti…

–¡Estás siendo injusto! –reclamó Harry.

–¿Realmente lo soy?

Preguntó con frialdad Sirius. El menor se levantó y molesto salió de ahí. Remus vio al chico irse y negó…

–Sé que te sientes con un incarcerus porque Harry no nos permite ayudarle, pero siento que hay algo más.

El Black bebió más té, pero no dijo nada al respecto, en cambio agregó...

–Tengo una idea de lo que Harry tiene que hacer.

–¡¿Cómo lo averiguaste?!

–Eso no importa. Lo que interesa es ayudarle aunque sea un cabeza de Troll que se niegue. –El rubio trigo estuvo de acuerdo– ¡Kreacher!

El elfo apareció y sus ojillos vieron con desconfianza al heredero Black, sin embargo respondió:

–En que puedo ayudarle al señor.

–En hablarme de… Regulus.

Que Severus había tenido que ser persuadido para ayudare a Sirius sería decir una mentira. El profesor no deseaba cargar con más de lo que Dumbledore le dejó con su muerte y por supuesto anhelaba que sus seres queridos y él, salieran vivos de todo eso y que mejor forma de ayudar con todo lo que pudieran, al atolondrado elegido.

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En la Mansión Malfoy; Draco se plantó erguido y sin amilanarse o por lo menos fingió no hacerlo.

La magia furiosa de Lucius Malfoy estaba a punto de hacer volar los cristales de la sala.

Los ojos acerados miraron al menor, escaneándolo.

–¡¿Cómo Dementores lo permitiste?!

Exclamó en dirección de su hijo.

–Como si se me hubiese ocurrido pensar, que yo entre… ¡no sé, un millón! podría heredar ese estúpido gen.

Lucius apretó los dientes al sopesar las palabras dichas por Draco.

–Y de ese… idiota.

–¡No es idi…!

Draco ya no terminó la frase al ver el ceño furioso de su padre.

Lucius caminó hasta uno de los sillones y recargó una mano en este; sin girarse ni mirar a Draco, acotó:

–No es tarde, para evitarlo. –El rubio menor jadeó asombrado, sin embargo Lucius no lo dejó hablar y siguió haciéndolo él– Los tiempos que vivimos son muy peligrosos; eres solo un niño, y el otro responsable no tiene ni una posibilidad de sobrevivir a esta guerra.

–No solo, pero si lo ayudamos.

–Eso no cambiara nada.

–Lo hará, estoy seguro. Si ya los has ayudado todo este tiempo…

–Draco ni siquiera pienses en seguir con esto, no es un capricho que puedas obtener, ni un juguete, me atrevo a decir que pondrías en peligro tu vida. Imagina si el Lord se llegase a enterar. Por si fuera poco, sería extraño incluso en nuestro mundo. No he sabido de muchos que llegasen a término.

–No quiero matarlo.

–No uses las palabras sin su connotación real…, no existe aún.

Draco se removió pavoroso; si bien no se sentía listo para lo que venía, tampoco deseaba cortar todo de raíz…, sin embargo ¿Qué hacer? Si estaba luchando solo esa batalla.

Lucius se sintió culpable por acorralar de ese modo a su hijo, mas era eso o perderlo por cualquiera de los peligros que todo conllevaba.

–¿Él lo sabe?

–Si…

El patriarca Malfoy se giró a ver el motivo de la respuesta titubeante del menor.

–No está interesado.

–…

–¿Siquiera te creyó?

–Yo… –Draco exhaló– no lo sé.

–Draco, ya tienes la mayoría de edad y no puedo obligarte, más por mi parte no considero ni remotamente que sigas adelante con esto. Todavía eres dependiente de mí, no has concluido tus estudios y hasta ayer, solicitabas caprichos como cualquier otro adolecente.

El rubio menor inhaló y sin dejar de apretar los puños, respondió.

–Solo…, déjame pensarlo esta noche.

–Draco ¿Qué vas a pensar?

Por fin el menor exclamó.

–¡No es tan fácil!

Lucius bufó furioso…

–Por lo menos uno de ustedes fue más sensato y lo ignoró, desafortunadamente ese no fuiste tú, hijo mío.

Terminó el patriarca y salió de la sala, dejando solo a su hijo.

Draco sintió como todo caía por su propio peso y lo que en un principio consideró una señal de que las cosas se veían esperanzadoras y que Harry y él tendrían un futuro no tan oscuro; la situación fue revelada como una gran desventaja y un peligro mayor para su familia y él.

Con la crudeza de la realidad aplastándolo, Draco se dirigió a su habitación; preguntándose ¿Qué más ignoraría Harry?


*Cada pequeño recuerdo descansa tranquilo en mí

Descansando en un sueño

Sonriendo de regreso a mí

Los rostros del pasado me siguen llamando para volver a casa

Para acariciar el río con asombro.

Fragmento de la canción Rest Calm de Nightwish.


Muchísimas gracias: Ying Fa Malfoy de Potter y Gabycha.