Disclaimer: Ninguno de los personajes de Maze Runner me pertenece. Todo es obra de James Dashner.

XII

Minho abrió los ojos cuando su reloj comenzó a sonar con ese molesto pitido agudo. Bostezó cansado tratando de estirar suavemente su cuerpo y se fijó en la joven que yacía sobre su pecho. Ellie estaba completamente dormida. La observó unos largos minutos recordando todo lo que había pasado la noche anterior y se fijó especialmente en su rostro sereno. Normalmente ella solía tener una variedad enorme de expresiones durante el día, pero solo cuando estaba dormida podía distinguir esa expresión. Se sentía feliz y agradecido. Amaba tenerla a su lado, de esa forma física e incluso sentimental. Amaba que ella se hubiese entregado de esa manera a él. Amaba… la amaba.

— ¿Qué tanto miras? —la escuchó decir cuando despertó con su famosa expresión de recién despierta.

—A ti, Shank —respondió. Ella medio sonrió.

— ¿Y qué tanto me ves?

—Es que eres jodidamente hermosa —admitió. Ellie se ruborizó bobamente pero no pudo evitar poner una mueca de felicidad.

— ¿Es hora de levantarnos? —Minho asintió y ella pareció maldecir en voz baja— Quiero quedarme así para siempre…

—Lo mismo digo. Pero tengo un laberinto que recorrer y tu gente que atender.

—Dudo que alguien tenga problemas hoy de todas formas —dijo—. Definitivamente tu trabajo es mejor que el mío —se quejó mientras acariciaba su pecho con los dedos finos y delgados.

—Bueno… pero al menos hoy llega el novato. Tu reemplazo —rio—. Será interesante.

—Sí, supongo —alegó con la mirada perdida—. A lo mejor me divierto sin contestar sus preguntas como es de costumbre aquí —bromeó.

—No es que sea divertido, es que es difícil explicarle a los novatos todo de un tirón —expuso.

—Lo sé, lo sé. Siempre dices eso —Minho le sonrió.

—Vamos, Larcha… Tendrás un buen día —ella se fijó en sus ojos y apretó los labios.

—De acuerdo —se recostó de nuevo en su pecho y lanzó un suspiro—. Pero definitivamente quiero quedarme un rato más aquí —el chico se lo concedió y acarició su pelo—. Anoche… ¿Te gustó? —preguntó al fin. Parecía que estaba guardando esa cuestión desde hace rato.

— ¿Qué dices, Ellie? ¡Me encantó! —repuso algo sonrojado. Pero era verdad; jamás se había sentido así y sentirse así con ella era único. La chica lo miró a los ojos una vez más, apenada y contenta por la respuesta— Me encantó haber sentido eso contigo —agregó—. ¿Y a ti?

—También… A pesar de que apenas voy a poder caminar, me has hecho sentir como nunca —rio—. Nunca te pregunté si lo hiciste antes —reparó por un momento—, pero supongo que de todas formas no lo recuerdas —el chico negó. Si lo hubiese hecho o no, él no lo sabía.

— ¿A qué viene esa curiosidad? —ella no supo qué contestar y simplemente calló— De todas formas, como no sé nada de mi vida desde hace dos años, contigo fue mi primera vez —afirmó—. Definitivamente —ella sonrió.

—Eso es tierno.

Ellie se acercó al joven asiático y le plató un beso suave. Luego de permanecer un rato recostados, decidieron que era momento de levantarse. Ellie se incorporó con un poco de vergüenza ya que su cuerpo se veía perfectamente con la luz del sol entrando. Se tapó con la sabana los pechos, indecisa de si debía ponerse de pie o no.

—No tengas vergüenza —dijo Minho notando su incomodidad—. No conmigo —ella lo miró impasible y él sujetó la sabana para deslizarla lentamente. El cuerpo de Ellie quedó a su vista y él esbozó una sonrisa—. Eres hermosa, Shank —la chica se sonrojó y volvió a tirar de la sabana para taparse.

—Deja de decir esas cosas —apartó la mirada y con una gran sonrisa alcanzó su ropa. Luego de un rato se dio por vencida y comprendió que para vestirse tenía que sacarse la sabana de encima. Ellie terminó de colocarse toda la ropa con la vista de Minho fija en ella y, aunque por momentos resultaba incomodo, creyó que también podría acostumbrarse a eso. Una vez vestida, se paró y rodeó el catre. Tomó el bóxer de Minho y se los lanzó a la cara.

—Gracias, princesa —los tomó y se los puso. Se puso de pie y se acercó a la joven para poder tomarla por los brazos y besarla— ¿Lista?

Una vez que la pareja estuvo preparada, salieron en busca del desayuno. Minho tenía que estar listo para salir al laberinto una hora después. Por alguna razón, si bien era evidente, ninguno de los dos quería ir y anunciar a los habitantes que ellos mantenían una especie de relación así que, de camino al comedor, mantuvieron una distancia prudente y hablaron de temas poco importantes.

Ellie tomó un sorbo de café y después se llevó un pedazo de tocino a la boca. Estaba mirando a Minho de reojo quien desayunaba con el resto de los Corredores. No había muchos habitantes despiertos pero pronto comenzarían a aparecer. Ellie se puso a pensar en su relación con Minho y cayó en que, si bien se querían —y se lo había confirmado la noche anterior—, nunca dijeron algo respecto a ponerle un título oficial. Y es que el único título que se le ocurría para nombrar a su relación era la palabra amantes. Volvió la mirada a su plato sin embargo los pensamientos sobre Minho y ella no dejaron de aparecer. Definitivamente no se sentía lo suficientemente cómoda como para contarles a todos de su extraña relación. Percibió una nueva mirada de Minho y se la devolvió. El chico le sonrió pícaramente y ella trató de ocultar la suya. Al voltear, Newt estaba sentándose a su lado.

—Buenos días, princesa —saludó— ¿Qué tal?

—Bien, Newt. ¿Cómo dormiste?

—Bien —dijo—, solo que escuché unos ruidos en la habitación de al lado ¿sabes? —la miró maliciosamente.

— ¿A-a-ah s-s-si? —tartamudeó.

—Ellie, ¿te diste cuenta de que cada vez que te pones nerviosa tartamudeas? —le hizo notar. La chica se puso más nerviosa.

— ¿Q-qué clase de ruidos? —preguntó sin poder mirarlo a la cara.

—Pues… eran unos sonidos que sonaban como si la pareja vecina estuviera teniendo relaciones —dijo directamente. Ellie se ruborizó terriblemente y Newt estalló en carcajadas—. Descuida, solo se escuchaba desde mi habitación. —intentó apaciguar sus nervios pero el hecho de que Alby dormía ahí también la puso peor.

—Esto… Me siento muy incómoda —dijo mientras se tomaba las manos y agachaba la cabeza. Newt le dio unas palmadas en la espalda.

—Tranquila, Larcha… ustedes están juntos ahora ¿no? Supongo que es normal que las parejas hagan eso.

—Sí, bueno… no sé bien qué somos pero supongo que estamos juntos —atinó a decir.

— ¿Quieres decir que no te pidió ser novios? —ella asintió—. Bueno, no me sorprende… No sé si los noviazgos sean el estilo de Minho.

—Yo tampoco —se encogió de hombros—. De todas formas creo que es mejor… Ya sabes, no etiquetar las relaciones —Newt movió la cabeza estando de acuerdo.

—Bueno, Larcha, espérame que voy a buscar de comer.

—Seguro —al cabo de tres minutos, Newt volvió con un plato y un vaso de jugo. Se sentó a su lado nuevamente y empezó a comer. Ellie ya estaba por terminar cuando vio que todo el grupo de Corredores, excepto el asiático, salía en dirección a diferentes puertas. Una vez que Minho quedó solo se encaminó hasta ella y Newt. El chico sabía bien que Newt estaba al tanto de su relación por lo cual no se molestó en ser discreto cuando se acercó al oído de Ellie.

—Te veo en la noche, nena —la joven se removió con suavidad y reprimió un suspiro ante lo cálido de su aliento. Minho se alejó, sonrió a Newt quien puso los ojos en blanco, y se fue.

—Vaya… qué Garlopo —dijo Newt—. ¡Mira cómo te pusiste, Shank! —se burló al verla toda roja y con algunos pelos de sus brazos en punta.

— ¡Ya cállate, Shukface! —Newt terminó de comer al cabo de diez minutos.

El comedor comenzó a llenarse por los habitantes. Newt le hizo un ademán a su compañera para que salieran. Ella lo siguió y caminaron por el Área juntos admirando la poca cantidad de chicos que amanecía para otro día de trabajo.

—Suerte con los docs hoy —dijo—. Yo tengo cosas que hacer así que aquí nos separamos —frenó cerca de la choza principal y luego señaló a Alby quien se encontraba a lo lejos junto a los Constructores.

Ella asintió y se fue a la enfermería. Ellie divisó al entrar a sus dos compañeros de trabajo y los saludó animadamente. Al parecer, tanto Jeff como Clint decidieron desayunar en la enfermería.

— ¿Cómo va Ellie? ¿Desayunaste? —cuestionó Clint.

—Sí… me estoy acostumbrando a hacerlo seguido.

—Esa es mi chica —animó—. El desayuno es la comida más importante de día. No te olvides de eso.

—Lo sé —dijo cansada—, me lo repiten todos los santos días —reprochó—. ¿Tenemos algo hoy? —quiso saber mientras se acomodaba cerca de Jeff. Clint negó.

—Nada importante. Supongo que el chico de ayer vendrá a que le desinfectemos el dedo. ¿Cómo se llamaba? —se dirigió a Jeff.

—Joseph —le recordó—. Es el novato anterior a Ellie.

— ¿De veras? —preguntó ella.

—Sí… no se hizo notar mucho por el Área —comentó—, pero terminó con los Constructores.

—De todas formas, qué suerte la de él. Solo estuvo aquí dos meses y ya pierde un dedo —rio Clint.

—Como sea —interrumpió Jeff—. Hoy oficialmente Ellie deja de ser la novata —festejó.

—Gracias a Dios —levantó las manos en señal de victoria—. ¿Creen que podrá ser una chica?

—Quizá… quién sabe qué mierteras planean los Creadores —contestó Clint.

—Yo digo que será varoncito —repuso su amigo.

— ¿Quieren apostar? —insinuó ella sonriendo de lado. Los chicos levantaron una ceja al mismo tiempo y luego compartieron una mirada.

—Eso sería interesante —alegó Jeff—. ¿Qué podemos apostar? —los tres jóvenes se quedaron con mueca pensativa sin que ningún idea iluminara sus cabezas. De repente Clint hizo un gesto bufón y miró a Ellie.

— ¡Ya sé una prenda para Ellie!

— ¿Y para ustedes? —preguntó ella sin fiarse.

—Luego la pensamos —aseguró Clint—. Pero para ti la prenda será que debes dedicarle una canción al novato en su fiesta de bienvenida —propuso. Jeff pareció estar de acuerdo.

— ¿Cantar?

—Te hemos escuchado cuando ordenas la enfermería —explicó Jeff—. Tienes una linda voz. No será un problema para ti.

—Mmmm… —pensó— Bien pero si es una chica ustedes tendrán que darse un beso —soltó de repente.

— ¿¡Qué!? —preguntaron ambos al unísono. Ellie rio.

—Es eso o no hay trato —insistió.

—Ni loco beso a este Garlopo —negó Jeff.

—Tampoco estoy hablando de un beso de lengua —aclaró la chica—. Vamos, es solo un beso… un mínimo roce.

Jeff y Clint volvieron a intercambiar miradas y parecieron llegar a un acuerdo.

—Hecho —volvieron a hablar al mismo tiempo.

—Vaya… qué rápido cedieron. ¿Acaso tienen una atracción secreta entre ustedes?

— ¡Cállate! —y nuevamente hablaron a la vez.