-¿Y ahora qué hacemos? - preguntó May de vuelta al universo compuesto únicamente por un pasillo.
-"Nada es lo que parece "- citó Ward a la demacrada skye de quince años. Se acercó al extremo del pasillo, al punto exacto en el que habían aparecido, y dejó su pie colgando por el precipicio, como si quisiera comprobar la temperatura del agua de una piscina, y de repente otra luz apareció-. ¡Aquí hay algo! - exclamó.
Los otros dos agentes se acercaron y los tres se quedaron mirando aquella luz.
-¿Cómo llegaremos hasta allí?- preguntó Coulson.
-¿Saltando?- propuso Ward.
May rodó los ojos y comenzó a bajar por una de esas escaleras que parecen espalderas. Los dos hombres, sintiéndose unos completos idiotas, la siguieron.
Cómo pasó con la sala anterior tuvieron que entornar los ojos para adaptarse a la nueva luz.
Dentro había una Skye físicamente muy parecida a la Skye que ellos conocían.
-No es ella- les avisó Ward.
-No, no lo soy. Aún no habéis llegado a ese basurero, créeme- le contestó-. Yo fui ella, y me conocisteis. Soy la hacktivista. Yo soy la que guarda los recuerdos que estáis viendo... ósea, todos.
De repente aparecieron unas especies de burbujas de gran tamaño que emitían luces blancas, rojas y combinaciones de ambas.
-¿Eso son sus recuerdos?- preguntó Ward.
-Así es- dijo-. Los blancos son los buenos o los neutros y los rojos son los malos o los que asustan...
Los tres agentes sintieron como se les formaba un nudo en la garganta cuando vieron la cantidad de rojo que inundaba la sala.
-¿Ella está aquí?- preguntó Coulson.
-Sé que os habrán dicho que ella está pérdida en sus recuerdos pero no es cierto, no está aquí. Los recuerdos va a ella aleatoriamente, ella no viene a los recuerdos. Si así fuera no estaría en el que está ahora mismo, creedme.
-¿Uno rojo?- preguntó May en un susurro.
-Uno de los más rojos.
-Ayúdanos a encontrarla- le pidió Ward-, por favor.
-Me encantaría, pero no puedo. Si dejo esta sala sin protección ellas podrían entrar.
-¿Ellas?
-Esas a las que teméis, esas de las que os han advertido. Esas que él parece poder reconocer- dijo señalando a Ward.
-Y... ¿qué ocurriría si ellas entrasen aquí?- preguntó Coulson.
-Alterarían sus recuerdos para convertirse en la original. Los recuerdos te hacen quien eres. Nadie nace con un destino fijado, tus experiencias, tus recuerdos, te van formando. Si alguna de ellas lograse llegar hasta aquí seria un desastre.
Ward se adelantó y se acercó a un recuerdo que emitía una luz blanca y brillante. La Skye que vigilaba esa sala se acercó a él.
-Es un buen recuerdo- le dijo-. Y muy nuevo.
-Lo sé- le dijo-. Seguramente sea blanco brillante en mi cabeza también.
-Cada banco de recuerdos es distinto, quizás tus buenos recuerdos sean negro kevlar- bromeó.
En el interior de la burbuja se podía ver a Skye y a Ward caminando por una calle repleta de gente. La guardiana alargó su mano y tocó levemente el recuerdo, formando unas pequeñas ondas que trajeron consigo el sonido.
-Gracias por acompañarme- se escuchó la voz de Skye por toda la sala.
-No hay problema- esta era la voz de Ward.
-Estoy segura de que tenías mil cosas mejores que hacer que acompañarme al hospital a conocer a mi sobrina- iban de vuelta al avión desde donde Alice, una compañera de orfanato de Skye, acababa de dar a luz.
-Ha sido divertido- rebatió él.
-Mientes- le contestó ella con una sonrisa acusadora mientras andaba unos segundos de espaldas para poder mirarle a la cara-, no para tí.
El Ward que observaba el recuerdo recordó lo bien que le quedaba esa preciosa bebé en brazos. Para él era un recuerdo feliz con toques amargos. No eran nada, pero él deseaba que lo fueran, y esa escena era algo que él jamás podría darle, no con su trabajo, al menos.
-No ha sido tan terrible- dijeron los dos Wards a la vez-. No ha sido una mala tarde.
Continuaron andando en silencio mientras sus manos se rezaban, pero en ningún momento se u unieron, y eso era algo de lo que los dos se arrepentían.
El sonido paro cuando el recuerdo volvió a empezar.
-Es un recuerdo tonto- dijo la guardiana- pero para ella es uno de los más buenos. Sois un par de idiotas- rio ella-. Podríais haberlo hecho, podríais haberos cogido de la mano, haberle propuesto cenar fuera, haber vuelto tarde al avión y haberla besado en la puerta de su cuarto cono despedida.
-Gracias por el consejo.
-Aunque no lo parezca, es una romántica- le dijo con una sonrisa-. Le gustan las flores y los bombones. Llévala a pasear bajo las estrellas o cualquier otra cursilería que se te ocurra cuando despertéis. Es una chica que no puedes dar por sentada, supongo que siempre lo hemos sido. Yo creo que es porque estamos acostumbradas a perderlo todo siempre, así que ya lo damos por hecho. Si ves que se encierra en un coche o en su habitación, dala espacio, no es que le pase nada es que estamos acostumbradas a estar solas.
-Ese recuerdo- dijo May señalando a lo lejos, a varios metros de altura- ¿Qué es? Es rojo, pero brilla.
La guardiana hizo un movimiento con sus brazos y como si los recuerdos estuviesen en una cinta transportadora estos comenzaron a moverse hasta que el recuerdo estuvo cerca.
-Es un recuerdo feliz dentro de un mal momento.
Dentro pudieron ver a la Skye de la primera sala y al chico que estaba en esa misma camilla de hospital.
-¿Por qué esta tan demacrada?- preguntó Coulson.
-Su hermano estaba enfermo y el orfanato no tenía dinero para el tratamiento. Dejó los estudios y se puso a trabajar. Se levantaba a las cinco de la mañana porque a las seis paseaba perros hasta las nueve. A las diez entraba de camarera en un restaurante/bar hasta las ocho de la tarde y a las diez de la noche entraba a trabajar de camarera en un bar/discoteca hasta las tres y media de la mañana. Se iba al hospital y dormía una hora y media en un incómodo sofá. Siete días a la semana con dos días de descanso al mes por trabajo, días que no solían coincidir. Pago el tratamiento de su hermano hasta que este murió.
En la esfera se podía ver a los dos chicos reír, mirándose a los ojos.
-Ella tiene peor pinta que él- dijo Coulson.
-No se preocupaba mucho por ella misma- dijo la guardiana-. Le costó un año recuperarse, volver a su peso, ser capaz de dormir más de dos horas seguidas... No os sintáis culpables- continuó ella mirándoles las caras.
-Ella siempre está preocupada por mí, asegurándole que está ahí para mí y yo nunca me he preocupado de preguntarle- dijo Ward.
-A ella le da igual. Su pasado no es algo que la persiga, ya no. Pero a ti si, ella te quiere, por eso quiere ayudarte.
-¿Cómo lo logró?
-Hablándolo- le contestó ella haciéndole comprender por qué ella insistía tanto en intentar hablar con el sobre su pasado-. Miles estuvo allí para ella, me creo a mí al igual que vosotros habéis creado a la original actual. Bueno, no exactamente vosotros o él, sino las experiencias vividas. Miles la animó a hablar con él, la escuchó y poco a poco fui naciendo. Ella te está cambiando, está consiguiendo que dejes atrás a tu "yo" depresivo. Puedo verlo a través de sus ojos porque yo lo viví.
-Nos habéis dicho que él era su hermano, pero Skye nunca ha tenido hermanos- cambió de tema May.
-El día que la dejaron en el orfanato, junto a ella, envueltos en la misma manta, dejaron a otro bebé. No supieron si de verdad eran hermanos biológicos hasta que él cayó enfermo. Todo el mundo, incluido ellos, asumía que lo eran, por su parecido y la forma en la que llegaron. Pero hasta él cayó enfermo y necesitó un trasplante de médula y ella se hizo las pruebas no supieron seguro que lo eran.
-Hay mucho rojo aquí- comentó la especialista.
-En la época en la que su hermano estuvo enfermo no hay ninguna esfera blanca, lo más parecido es el rojo brillante, como este- dijo señalando la esfera, la cual ya había repetido el recuerdo por tercera vez desde que apareció a su lado.
-Dinos como encontrarla- pidió May.
-Tenéis que cruzar este lugar, hay una puerta al otro lado- dijo ella-. Pero estaréis en un mal lugar. Ese sitio es de donde ellas vienen.
-¿Y el resto de las Skyes que han sido originales?
-Son personalidades de infancia, ellas desaparecen periódicamente en la adolescencia mientras aparecemos las personalidades adultas. Las que viven ahí, intentaran engañaros para que os las llevéis con vosotros, y algunas intentaran mataros si no lo logran.
-Tenemos entrenamiento- dijo Ward.
La guardiana rio con suficiencia.
-Sois conciencias en un lugar que no es el vuestro, aquí no tenéis más poder que un simple humano, pero ellas están en su habitad, todas lo estamos, y una mente propia tiene mucho poder. Yo controlo esta sala, di quisiera que explote, lo hará y acabara con todos nosotros. Si quiero mataros solo tengo que hacer que la sala os mate, y solo tendría que imaginarlo. No tenéis ni idea del peligro que correréis cuando crucéis esa puerta.
-Tenemos que hacerlo.
-Tened cuidado. Si la original sabe que estáis aquí, desde donde quiera que este, intentara protegeros. Pero si no lo sabe o está sumida en un recuerdo estaréis solos.
-¿Qué ocurrió?- preguntó Ward-. ¿Cómo acabó como está ahora?
-No lo sé, no hay recuerdos de ello- movió de nuevo las esferas hasta que una grisácea y opaca apareció a su lado-. Apareció esto, pero estaba vacía. Jamás lo recordará, si existiese esa posibilidad la esfera seria grisácea, sí, pero tendría un brillo tenue y se verían imágenes en blanco y negro, pero en esta no hay nada.
-¿Nos guías hasta la puerta?- preguntó Coulson a la chica al darse cuenta de que no era capaz de ver el final de la sala.
De repente se desaparecieron y aparecieron de nuevo en otro lugar, al otro lado de la sala, junto a una esfera como la que la chica acababa de describir: grisácea, en blanco y negro con una luz tenue. En ella se podía ver a un niño y una niña de no más de un par de años, ambos muy parecidos riendo y corriendo en una especie de jardín.
Se quedaron mirando la escena con ternura hasta que la guardiana carraspeo.
-Chicos, la puerta- dijo señalándola y ellos salieron de su ensoñación.
-Gracias- dijeron y cruzaron.
Al fondo vieron a una Skye vestida de negro, con expresión de alegría pero ojos fríos.
-¡Chicos! Estáis aquí, habéis venido a por mí. Dios, no puedo salir de aquí, no encuentro la salida- dijo mientras sus fríos ojos se encharcaban-. Ayudadme, por favor.
-Tú no eres ella- dijo Ward.
-¿Qué? Claro que soy yo. Por favor- dijo colgándose del brazo de Ward-. Por favor- aunque su voz era suplicante y rota, y le dolía ver a cualquier forma de ella en ese estado, sacudió el brazo para deshacerse de ella. Esa versión de Skye estaba mintiendo, estaba intentando manipularles.
-No, no lo eres- dijo Coulson, que también se había percatado de la frialdad de sus ojos.
Ella cayó de rodillas junto al especialista.
-Si soy yo, si lo soy. Por favor, por favor.
-¡No!- exclamó May.
De golpe la chica dejó de llorar y desapareció para volver a aparecer de pie frente a May.
-¡No!- repitió en su mismo tono y luego sonrió, aún con los ojos rojos de su actuación-. Dime algo, Mulán, sea lo que fuese que ocurriera en ese lugar... ¿Crees que ella te perdonará cuando lo sepa? ¡Si no eres capaz ni de hacerlo tú misma!
-Apartate de nuestro camino- le advirtió Coulson y ella se apreció tras él.
Los tres la buscaron con la mirada hasta encontrarla
-¿Dejaros seguir vuestro camino? Dime algo ¿Qué se siente cuando eres el culpable de que ella casi muriera? ¿¡Cuándo convertiste en sus problemas personales los tuyos propios y por eso la dispararon!? Tú más que nadie deberías saber lo que puede llegar a doler eso ¿No eras tú el que debería de estar muerto? Llévame contigo y yo te ayudaré a encontrar esas respuestas que tan desesperadamente buscas.
-No- le cortó Ward.
-¿Crees que me he olvidado de ti?- dijo acercándose hasta quedar a apenas unos centímetros y puso la mano juguetonamente sobre su pecho- ¿De verdad crees que eres lo mejor que ella puede encontrar? Eres una cara bonita y un cuerpo bien formado. Alguien para mostrar a los amigos mientras la boca no la uses para hablar. Eres demasiado aburrido para ella, poco espontaneo. Lo único que tienes de interesante es justo lo que ella más teme, tu trabajo ¿Crees que ella no se preocupa por que un día te maten?
-Déjanos continuar nuestro camino- le advirtió May amenazante.
-¿O qué, me mataréis? Aunque yo no sea una conciencia principal y ella no me haya dejado nunca salir a la luz no significa que algunos de sus sentimientos no estén ligados a mí. Si acabáis conmigo mataréis una parte de ella, nunca más podrá sentir lo que yo guardo.
May empujó a la chica y ellos comenzaron a correr hacia la puerta que lograban ver al fondo, pero ella fue más rápida y se apareció delante de su objetivo.
-O me lleváis con vosotros o esta es vuestra última parada- y con eso de la nada salieron cuerdas que les inmovilizaron por completo.
