¡Capítulo número 12! Dios.. Tenemos que ponernos las piletas, escribimos desde el año pasado y recién el cap. 12... Si, una vergüenza. Luego regañaré a Kelsey (?)
¡Gracias por los comentarios! Nos alegra que sea adictivo el fic... si es que lo adictivo es bueno xDD En fin, acá está el décimo segundo capítulo.


- Maddie… - comenzó Nicholas.

- Nicholas, yo… - dije con un hilo de voz.

- Está Ben en línea, quiere hablar contigo.

- ¿Ah? – '¿Era sólo eso? Y yo que estaba carcomiéndome la cabeza para que no hablara sobre lo sucedido…'. - Pero es que ahora no puedo, debo terminar con estas cosas.

- Déjalo, luego lo hago yo. No debes hacer esperar a Ben – 'Menudo momento para llamarme… Esa no se me había ocurrido. Aun así, decido escapar y dejar esto para otro día. Le estoy tan agradecida a Ben'.

- Si tú lo dices… ¡Adiós! Te debo una – dije con algo de entusiasmo saliendo de la cocina.

Subí las escaleras y me dirigí a mi habitación para contestar el llamado. Cuando tomé el teléfono él estaba hablando sólo, como esos sujetos que hablan frente al espejo para ensayar sobre cómo va a hablarle a una persona. No pude evitar largar una risita lo cual hizo que Ben, que estaba del otro lado, callara de forma inmediata.

- Oh, no pensé que estuvieras escuchando – sonó como avergonzado.

- Pues, no pensé que estuvieras hablando solo – dije y esperé a que se escuchara alguna risa pero tal parece que eso no le pareció un buen chiste – Igual descuida, no escuché lo suficiente, solo 3 o 4 segundos de tu discurso – hablé riendo simpáticamente.

- Creo que es suficiente para que me avergüence involuntariamente.

- No, no debes.

- Me creerás intolerable, pero… me preguntaba si… - se escuchaba como si no estuviera decidido a hablar sobre lo que tenía para decirme.

- ..¿Si? – dije para que prosiguiera. Raramente se me vino a la mente lo que había dicho Kevin, sobre escuchar conversaciones telefónicas. '¿Lo estarán haciendo ahora? ¿Por qué fue que Nicholas esperó hasta que su madre se fuera para decírmelo si pudo haberlo dicho frente a ella sin problema alguno? Seguramente lo habrá hecho para ganar tiempo así Kevin y Joseph se ponían a escuchar. Aunque debo admitir, es una idea loca aquella'. Llevando el teléfono inalámbrico conmigo mientras escuchaba esa breve pausa donde se asomaban tartamudos de Ben, me dirigí silenciosamente hacia la puerta. La abrí delicadamente para que nadie escuchara y luego recorrí el pasillo hasta la habitación de Joseph ya que en la de Kevin no se encontraba nadie. Alejé ahora el teléfono de mi oído y asomé mi oreja al trozo de madera blanca para asegurarme de si estaban allí, se escuchaba como si alguien se estuviera aguantando la risa, esos leves suspiros y la garganta ronca. Me incorporé y toqué la puerta y aquellos ruidos cesaron. Solo el ruido que se pudo oír fue de alguien poniéndose de pie y los pasos que iban acercándose cada vez más. Joseph abrió la puerta y al ver de quien se trataba apagó su sonrisa burlona al igual que Kevin y Nicholas, quienes estaban sentados uno en el sillón y otro en la silla de ruedas del escritorio, con el teléfono en mano - ¿Cómo es que se atreven? ¿Acaso no saben que está mal escuchar y reírse de conversaciones telefónicas ajenas? – inquirí enfadada – Y realmente no puedo creerlo de ti – dije con angustia mirando a Nicholas, quien se encogió de hombros. Luego de aquello, lo último que se escuchó fue el ruido de la puerta al cerrarse. Al estar en mi habitación y respirar profundo, volví a llevar el teléfono a mi oído – Lo siento Ben, luego me dices lo que debías decirme, ¿sí? Ahora no estoy de ánimos.

- Pero si ya lo he…

- Adiós, lo siento – dije y tranqué sin esperar a que se despidiera.

¿Qué es lo que debo hacer? Justo cuando algo parece ir bien o está por aclararse todo vuelve a lo de antes. Obviamente estoy hablando sobre lo de Nicholas. Aunque nuestras peleas son leves, pero… nos la pasamos discutiendo y eso me quitan las ganas de quedarme aquí. O quizás esté exagerando las cosas por un simple enojo. Creo que lo mejor será dormir y dejar que todo pase.

Aquella mañana del martes -en la que no iba a asistir a la escuela- me desperté temprano por los llamados de Frankie quien estaba sentado sobre mi cama, mirando espectador, esperando a que abriera los ojos para comenzar a prepararme y desayunar ya que él nos acompañaría a mí y a Denisse a que me quitaran los puntos de la herida que había tenido por el incidente de las clases de manejo con Joe. Joseph no iría con nosotros, él ya había asistido el fin de semana a un médico fuera de la ciudad; fue por esa razón que la familia no estuvo en la mansión desde el viernes a la noche.
Llegamos al consultorio, y éste no tenía pacientes aún, estaba vacía. En cinco minutos ya estaba recostada en la silla con un equipo de lámparas alumbrando mi herida. Sentía nervios, mi corazón latía rápido, mis manos estaban inquietas al igual que sudosas, también sentía cómo la respiración se me acortaba. Si, tenía miedo. Claro, ¿Cómo no asustarme si me muestran aquellas tijeras filosas que usarían? y más aún, ¿Cómo no asustarme si nunca había tenido este tipo de heridas y nunca estuve sin mi madre o mi padre en un consultorio para tratarme? Pero por suerte tenía a mi lado a Denisse quien hizo el papel de madre a todo momento y Frankie, quien estuvo a mi lado tomándome de la mano para que me calmara, y sin olvidar, el buen doctor que me explicó lo que iban a hacerme y que no tenía que temer ya que solo sentiría un simple ardor por el líquido desinfectante que me pondrían antes de ponerme las vendas. Y así fue, no sentí nada más que el ardor. Luego de aquello me dieron las instrucciones que debía seguir para que mi herida sanara perfectamente y así no quedara una cicatriz. Después de salir del consultorio, con Denisse y Frankie fuimos a comer a un restaurante.

En verdad esa salida al médico fue como un respiro para mí; por un momento, logré dejar de pensar en él. Al menos por un momento, hasta que Denisse sacó el tema..

- ¿Sabes lo que le ocurre a Nick, Maddie? –preguntó cuando Frankie estaba jugando en un inflable.

- No tengo la menor idea –mentí, aunque no del todo. No sabía qué le ocurría a Nicholas, pero supongo que si está así fue por lo del beso. Seguramente se sienta culpable por haberle hecho eso a Samantha. – Quizás tuvo una discusión con su novia, usted sabe… -agregué por el silencio de Denisse.

- No lo sé… No creo que sea por ella, créeme. Lo que me parece raro, es que yo siempre sé lo que le ocurre a Nick y por alguna razón siento que tienes algo que ver.

- ¿Yo? –pregunté riéndome mientras los nervios me carcomían.

- Sí, tú, ¿cuál es el chiste? –preguntó sonriente, pero su sonrisa era algo maligna.
Parecía que a Denisse le estaban creciendo unos cuernos rojos en su hermoso cabello color negro y el fuego la rodeaba. De acuerdo, eso es producto de mi imaginación, pero realmente estaba que daba miedo.

– No lo sé, Denisse. Si quiere saber algo de lo que le sucede pregúnteselo a él, no a mí –contesté ofendida y ella se me quedó mirando suspicaz.
En el colegio la campana sería mi salvadora, en este caso lo fue Frankie que apareció como si lo hubiera llamado por telepatía.

- ¿Vamos a jugar, Maddie? –preguntó mientras me tomaba la mano para llevarme a la sala de juegos.

- Voy contigo adonde quieras si me sacas de este embrollo –susurré a medida que nos alejábamos de la madre del chico.

La sala de juegos estaba repleta por chicos y algunos adolescentes que jugaban a algunos juegos electrónicos (por los puntos que tenían, se notaba que no era la primera vez que jugaban, en otras palabras, eran los viciosos); en un momento me faltó el aire porque el lugar era cerrado, era bastante oscuro y sólo habían luces de colores, parecía una especie de disco pero para niños.

- ¿Puedes subirme al juego así emboco las pelotas? –preguntó Frankie cuando llegamos al frente de un juego donde tienes unos 5 hoyos colocados verticalmente, y claro, el más alto es el que más puntos te da si embocas la pelotita de básquet.

- ¿Qué? ¡Eso es ilegal! –dije riéndome, estaba exagerando.

- Joe lo hace… Bueno, en realidad, él no me sube a mí, sino que se sube él en el juego, pero logramos ganar bastantes tickets, ¿sabes? – contestó serio y eso me causó aún más gracia.

- No se puede, Frank.. A menos que quieras que te echen, claro.

- ¿Por favor? – dijo con ojos de cachorrito.

Largué un suspiro.
- ¿Cómo no resistirme a esa mirada? – dije sonriéndole y él pasó animado la tarjeta por el lector de tarjeta para que comenzara el juego.

Preferí subir yo a meter las pelotas, mirando a todos lados para asegurarme que nadie advirtiera lo que estaba haciendo. Frankie reía divertido, y exclamaba todo el tiempo, ¡apúrate! Estaba nerviosa, pero nadie notaba lo que estaba haciendo o no querían notarlo. Luego comencé a divertirme junto a Frank pero todavía guardaba algo de miedo de que alguien me descubriera. Al cabo de unos cinco minutos decidí dejar de hacer trampa y me bajé del juego.

- Creo que con todas las veces que atiné la pelota va a bastar para tener bastantes tickets, ¿no? –pregunté guiñándole un ojo. Miré hacia la máquina y sólo había lanzado 5 tickets. - ¡¿Qué?! ¿Sólo cinco? –El chico asintió con la cabeza. – ¿No han probado patear la máquina para que suelte más tickets?

- ¿Patear la máquina? – dijo alguien detrás de mí. Al girarme, no pude evitar sorprenderme.

- ¿Ben? ¿Qué haces aquí? – pregunté fingiendo una sonrisa.

- ¿No estás contenta por verme? – inquirió sin desdibujar su sonrisa.

- No… Quiero decir si, pero es raro que te encuentres aquí. ¿No fuiste hoy a la escuela?

- Maddie, salimos del colegio hace dos horas. Y déjame decirte que yo si estoy contento por verte – enrojecí – Oh, veo que estas con el Bonus Jonas – comentó pasando una mano por el cabello de Frankie quien lo miraba con cara de pocos amigos.

- ¿Qué si estoy con ella? – inquirió enfadado el pequeño. Nunca lo había visto así y no sé por qué es que reaccionó de esa forma. Ben no dijo nada que pudiera molestarlo. Al parecer yo no era la única sorprendida, también lo estaba Ben quien no sabía adónde esconderse.

- ¿Qué tal si vamos a jugar a otra cosa? ¿Quieres Frankie? – pregunté para cambiar de tema. El pequeño asintió - ¿Dónde quieres ir?

- Al pelotero – respondió aun mirando mal a Ben.

- De acuerdo. Iremos al pelotero – dije y lo llevé hasta allí. Frankie rápidamente se tiro sobre las pelotas de colores – Disculpa, no sé qué le ocurre. Él no suele comportarse así – comenté a Ben que se encontraba sentado a mi lado, en una banca.

- No hay problema. Ya sé que él no suele comportarse así, pero quizás es porque se trate de ti – habló sonriente.

- Y… ¿Qué haces aquí?

- Pues te vi entrar y quise venir a saludarte. Y de paso a preguntarte lo que no pude preguntarte ayer.

- Oh, lo siento – dije con una mueca de pena – Surgió un problema y…

- ¿Sigue en pie lo de la salida del jueves? – preguntó interrumpiéndome. '¿Salida? Lo había olvidado por completo. En realidad, olvidé todo desde aquel beso que hizo que me sintiera diferente, tan confundida, ya no podría ni hallarme a mí misma. ¡Detesto a Nicholas!'.

- Ahm… Sí, claro – sacudí la cabeza y Ben, sonriente comenzó a inclinarse hacia a mí. ¡Lo que me faltaba: que quiera besarme!
Él se acercaba y yo me corría hacia atrás hasta que advertí que estaba a punto de acostarme en la banca si seguía así. De repente, una pelota cayó en la cabeza de Ben, y luego fue seguida por unas cinco, o muchas más; perdí la cuenta de tantas que eran. Parecía que lo estaban bombardeando, y los causantes de ello eran tan sólo unos pequeños que estaban "jugando" con Frankie. ¿Era un complot? Reí por pensar eso.

Los niños seguían tomando pelotas y las lanzaban a Ben sin cesar. Mi "amigo" o lo que sea, maldecía por debajo de la campera con la que se tapaba la cara.

- ¿Vamos? –oí que preguntó pero me hice la tonta diciendo "Frankie, deja de hacer eso", mientras que por dentro estaba agradecida al Bonus por haberme salvado de nuevo.

- Creo que será mejor que Frankie y yo nos vayamos, antes de que use una máquina para lanzarte – comenté poniéndome de pie – ¡Frankie, detente! – ordenaba mientras esquivaba las pelotas de plástico y me dirigía hacia él.

- Pero yo puedo soportarlo.. – exclamaba Ben mientras que yo ayudaba al pequeño Jonas a ponerse las zapatillas. Los nenes ya habían dejado de lanzarle pelotas.

- Pero creo que yo no. Mejor dejémoslo para el jueves, ¿sí? - hablé mientras tomaba a Frankie de la mano – Hasta luego Ben - dije con una sonrisa y nos dirigimos hacia donde estaba Denisse, casi huyendo.

Antes de llegar a la mesa en donde se encontraba ubicada la señora Jonas paré en seco, debía agradecerle al pequeño.
- Gracias por salvarme dos veces hoy, Franks –dije en un murmuro y él me sonrió- Lo que me tendrás que explicar luego es por qué actuaste tan mal con Ben, él no te ha hecho nada –me encogí de hombros y él rodó los ojos como si estuviera aburrido.

- Maddie, soy un niño y créeme que no por eso yo no pueda darme cuenta de que él sólo te usa para causar molestias a Nicholas, y que además de eso aproveche de lo buena y linda que eres. Porque él sabe que… -comentó y casi ni pude entenderle a qué punto quería llegar con lo dicho. Para ser un pequeño, puede que piense más que Joseph.

- ¡Oh, chicos! Estaba a punto de irlos a buscar. Debemos irnos. Me acaban de dar aviso de que Joe está a poco tiempo de quemar la casa – interrumpió Denisse, quien estaba a un metro o dos de nosotros, poniéndose de pie – No entiendo por qué sigue comportándose como si fuera un niño pequeño.

- ¡Sí! – aceptó Frankie canturreando con emoción. La señora Jonas posó su mirada en mí a lo que yo asentí callada y, con la confusión presente en mi rostro, di pasos hacia ella al tiempo que seguía tomada de la mano del Bonus – Y con respecto a eso… ese chico sí que no se da por vencido – comentó negando la cabeza.

El viaje a la mansión fue algo silencioso por mi parte, los únicos que hablaban eran el pequeño y su madre. Intentaba comprender sobre lo que el chico de rizos quiso darme a entender hace unos momentos, pero no se me ocurría mucho. ¿Qué es lo que sabe Ben? ¿Por qué le causaría molestias a Nick? Preguntas como aquellas predominaban en mi cabeza pero no había respuesta alguna. Llegamos y nos recibió Joseph con una gran sonrisa. Yo lo miré sin comprender e intenté evadirlo para luego dirigirme a dar un baño. Pero supongo que era más el hecho de que seguía aún enfadada con los tres hermanos.

- ¡Maddie!, ¿Quieres Muffins? Los he hecho especialmente para ti – preguntó con una amplia sonrisa, acercando una bandeja con los panquecitos deformados y algo quemados. 'Ahora ya veo… Denisse se refería a que su hijo estaba cocinando'.
Sabía que aquello era para compensar lo que habían hecho la noche anterior. Largaría a reír si no estuviera enojada con él.

- No, gracias – respondí sin mirarle y caminé hacia la escalera. Realmente me hacía mal hablarle y tratarle así, pero no podía perdonarle por comportarse de ese modo. Detrás de mí, caminaban por la recepción otras personas además de Joseph.

- Creo que el chocolate que usaste para tapar las partes quemadas de los muffins no la convencieron – le dijo Nicholas en un suspiro al tiempo que le daba una palmada en la espalda.

- ¿Es que tienes que ser tan mala? –inquirió el mayor de los hermanos sonando estúpido- ¿Acaso no te da pena la cara de tonto que trae? Llorará si no los aceptas – habló dejando soltar risitas.

Volví mi cabeza hacia al frente y me adelanté a subir las escaleras con un paso acelerado. Pues, si corría, tendría el 95 por ciento de las probabilidades de que cayera al tropezarme con los escalones y más con el intento de llevar un enojo.
Llegué a mi cuarto y cerré la puerta dándole la espalda y largando al fin la risa que casi no pude sobrellevar. Mordí mi labio inferior, con el intento de dejar de reír. Volteé cuando las risas cesaron y me quedé atónita cuando advertí que un cartel gigantesco colgaba en la ventana diciendo: "¡Lo Centimos Mucho!". Claramente había un error de ortografía, estaba borroneado. Delante de la C había bien marcada una S aunque no lograba tapar el error del todo. Una pequeña carcajada se escapó de mis labios. Todo parecía estar en su lugar aparte de eso, solo que sobre la cama había una pequeña bolsa de papel crepé color rosa pastel y al lado de ésta había una tarjeta en la que decía: "Maddie, perdóname por favor. Lo ciento mucho. Con amor, Kevin".

- Con que Kevin había sido el de la falta, ¿eh? - me hablé a mí misma, negando con la cabeza, mientras que seguía observando la tarjeta y la misma falta de ortografía que había en ella.

Dejé el pedazo de papel en la cama para poder ver el regalo que me había hecho el susodicho. Tomé en manos la pequeña bolsita y tiré con suavidad de la cinta plateada. Dentro había gomitas de varios colores.

- Debería perdonarlos, tampoco fue tan grave que hayan escuchado mi conversación – dije algo apenada. Estaba cansada de que me hagan regalos o que alguien intentara cocinarme para que le disculpara.

Largué un suspiro y aún, con el paquete en la mano, me dirigí cansada al pasillo. Estaba decidida, tenía que hablar con ellos y hacer las pases para que no siguieran con esos regalos.

Bajé las escaleras con parsimonia, y los miré sin inmutarme a los tres que permanecían al pie de las escaleras expectantes. Podría jurar que tenían cara de cachorritos pidiéndote una galletita. Al pisar el último escalón quedé allí parada con los brazos cruzados y los miré a los tres durante unos cuantos segundos.

- No hacía falta que… -comencé pero fui interrumpida por el cabeza de virulana.

- Toma - me entregó un pequeño ramo de rosas blancas y lo tomé bastante sorprendida - Sabía que mi regalo sería mejor que el de ellos –dijo victorioso Nick sonriendo de lado. '¿Por qué sonríe de esa forma? ¿No se da cuenta que se ve tan lindo así?'. Seguramente tenía una sonrisa de idiota al mirarlo, por lo que lo miré con cara de pocos amigos, al igual que sus hermanos que se habían quejado con un "¡Oye!".

- ¿Estabas esperando que hable para interrumpirme? –pregunté alzando una ceja, y sonreí amigablemente mientras dirigía una mirada a las rosas – A lo que me refiero es que... miren, no hacía falta que hagan esos regalos para que los disculpara – comencé atropellando todas las palabras por lo nerviosa que estaba – Lo único que han hecho es malgastar dinero, bueno, excepto Joe que malgastó todo su día y casi la casa –dije largando una carcajada. El mencionado dejó escapar una sonrisa entre sus labios al igual que sus hermanos, lo cual me dejó algo cómoda frente a esta situación- Y, bueno, lamento haberme comportado como una histérica…

- Maddie, no fue así. Sabemos que lo que te molestó fue… - comenzó Kevin.

- …La forma en la que se comportaron. No fue el que hayan escuchado mi conversación – interrumpí para completar la frase del mayor de los hermanos.

- Pues, si. Lo comprendemos. Y también lo sentimos mucho, no volverá a pasar – comentó Nicholas.

- Lo sé – apunté con una amplia sonrisa.

- Entonces, ¿eso quiere decir que nos perdonas? – preguntó Kevin sin esconder la emoción.

- Vale, creo que sí.

- ¿Cómo que crees que sí? – preguntó Nicholas - ¿Acaso quieres que hagamos algo para compensarte?

- No se me había ocurrido hasta que lo mencionaste –hablé levantando una ceja. Ahora los tres abrieron los ojos como platos, esperando a que dijera algo- Tranquilos, sólo que pensaba conservar sus regalos. Hablo de las rosas y compartir las gomitas de colores con ustedes.

- Ahm, Maddie… Has olvidado mis muffins. Los he preparado para ti y también es un regalo aunque no lo parezca – dijo el del medio.

- ¿Tienen una mascota? -pregunté a los otros dos y éstos me miraron confundidos- Digo, para darles al menos eso de comida -dije con una sonrisa burlona.
Los tres rieron.

- Okay, haré como si no hubiera escuchado aquello – comentó divertido Joe y me dio un abrazo de costado, mientras que recostaba su cabeza en la mía. Yo acepté su abrazo a lo que luego se unieron aquellos dos que estaban observando esa escena mientras que decían un: "Aw".

- Veo que ya te has reconciliado con Madeline, Nicky – habló una voz chillona en una esquina de la habitación – Mi idea de regalarle unas simples rosas la ablandó – siguió hablando pero esta vez aún más cerca de donde nos encontrábamos.

Deshice el abrazo y me giré para poder verle. Pude notar cómo mi rostro cambió completamente al ver a Samantha a aquí, en la misma habitación. Era totalmente extraña aquella situación, ¿cómo es que ella le aconsejó a Nicholas sobre el regalo que él me haría para que yo le perdone, aún cuando ella no logra soportarme ni, mucho menos, verme en figuritas? Y, ¿cómo es que ella está aquí? ¿No se suponía que estaba de viaje?
Miré a Joseph y a Kevin, parecían sorprendidos de verla pero se podía notar en sus rostros que su presencia no parecía agradarles.

- En realidad no creo que fuera por las rosas o por los cuantos regalos que le hayamos hecho – comentó secamente el de cabello negro y lacio.

- Verás, Sam, no todos son iguales. Ella, con una simple palabra de disculpa, parece estar conforme – habló ahora el mayor de los hermanos.

Aunque ellos estuvieran recriminándole y estando a mi favor, me sentía bastante incómoda. Fijé la mirada en Nick, quien se encontraba absorto. Supongo que no esperaba a que me encontrara con ella, ni siquiera, que comentara aquello.
Debía ya mismo escaparme de allí y poder hablar con alguien, Amanda estaría a la escucha sin siquiera molestarle algún punto de descripción que le haría.

- Ahm, creo que voy a ver si Denisse necesita ayuda– mentí.

Sonreí a Kevin y Joe. Nick lucía apenado cuando lo miré. Hice una mueca en la comisura de mis labios, sin saber qué decir o qué cara poner. Me encogí de hombros y entré en la cocina.

Denisse estaba cocinando lo que parecían ser los muffins mal hechos de Joe.

- Lo sé, yo tampoco creí que volviera tan pronto –dijo y me quedé atónita por ello.
¿Cómo sabía lo que pensaba? ¿Había algo dentro de esos cabellos rizados color azabache? Una especie de antena que la conectara a mi conciencia parecía dictarle todos mis pensamientos. De acuerdo, es demasiado extremista, pero ¿cómo rayos lo hace?

- Bueno, Nick se siente mejor seguramente –contesté con voz suave, tratando de no demostrar mi enojo. Sí, estaba enojada. ¿Por qué tenía que arruinarlo todo? Estábamos haciendo las pases los tres y ella aparece de la nada echándolo todo a perder. Más aún rabia me dio el hecho de que se haya querido llevar los laureles por unas malditas flores. No tenía sentimientos, para ella todo era lo material, eso estaba más claro que el agua- ¿Necesita ayuda con algo? –pregunté luego de unos segundos de permanecer absorta en mis pensamientos.

- No, gracias, cielo. Tú no pareces estar muy contenta con Samantha, ¿cierto? –preguntó de forma incitante.
Genial, lo que me faltaba. ¡Otra vez relacionándome con su hijo! La pregunta traducida en palabras más concretas hubiera sido: "¿Estás celosa por Samantha, cierto?". ¿Qué si estaba celosa? ¿Qué si en realidad ese era mi enojo en realidad? Aunque no lo era así, claro que no.. Sólo son suposiciones.

- No mucho.. Quiero decir, ella no me cae muy bien que digamos… - carcajeé débilmente por lo bajo y me acerqué hacia donde permanecía ella cortando con un moldecito de muñequitos una masa de un color anaranjado.

- No eres la única, cariño – corroboró entre pequeñas risas, como si estuviera avergonzada por decir eso. Era muy probable que no sea fácil para ella aceptar la realidad que la novia de su hijo no era más que un reptil con piernas y brazos.

- Supongo que estoy.. ¿agradecida por eso? –contesté sonriendo confundida y ella sólo rió. De repente comenzó a sonar el teléfono de la casa, y Denisse asintió una vez cuando la miré con cara de "¿Lo atiendo?". Corrí hacia donde se encontraba el teléfono gris oscuro y me lo llevé hasta mi oreja derecha- Casa Jonas, ¿quién habla? –pregunté frunciendo el ceño esperando la respuesta.

- ¿Maddie? ¡Soy Amanda! Qué genial, hasta ya atiendes el teléfono tú, estás toda familiarizada en la casa –dijo riendo y yo rodé los ojos, sonriendo.

- ¿Sólo por atender el teléfono? Qué cosas dices.. ¿Querías algo? –inquirí y Denisse me miró con cara de incógnita preguntándome de quién se trataba- Amanda –dije con un débil tono de voz, para que me leyera los labios.

- ¿Qué dices? – preguntó con curiosidad mi amiga del otro lado del teléfono. Comprendí que se había hecho esa pregunta al no escuchar bien lo que dije en voz baja.

- Oh, ¡Mándale saludos! – intervino la señora Jonas con una espléndida sonrisa. Yo acerqué el tubo del teléfono para que Amanda pudiera escuchar lo que ella decía. Denisse se acercó un poco más al móvil y dijo con un tono de voz elevado:- Amanda, si quieres vente a cenar esta noche.

- Ay, ¡claro que iré! – respondió Amanda al escuchar la propuesta de Denisse. Ésta me miró con cara de "¿Qué dijo?"

- Vendrá, vendrá –contesté entre risas a Denisse y ésta me sonrió volviendo a lo suyo con sus galletas- Entonces.. te veo luego, Amy.

- ¡Adiós, Mad! ¡Recuerda que soy vegetariana!

- El otro día comiste hamburguesas en el colegio, ¿cómo puedes ser vegetariana?

- Pero es que también como verduras, ¡soy vegetariana! –rebatió y eso no tenía sentido.

- Las personas vegetarianas son las que sólo se alimentan de vegetales NO carnes –contesté obviándolo y me reí estrepitosamente.

- Maddie, era broma, claro que sé lo que es ser vegetariana –dijo y sonó bastante ofendida.

- Sí, cómo no.. No le diré a nadie que no sabías lo que significaba ser vegetariana, no te preocupes –aseguré entre risas. En el poco tiempo que había estado con ella, había bastado lo suficiente para notar cuándo mentía.

- De acuerdo, de acuerdo –aceptó enfadada y luego rió- ¡Adiós! ¡Dile a Joe que lo amo! O.. espera, mejor no lo hagas –comentó antes de colgar el teléfono y negué con la cabeza. En ese preciso momento, cuando corté el teléfono entraba Joe por la puerta de la cocina.

- ¿Amanda estaba en el teléfono? –preguntó y lucía realmente interesado.

- ¿Te importa? –rebatí con una ceja alzada, de forma inquisidora.

- Pues.. es mi amiga –se encogió de hombros y noté que su respiración se aceleraba. Estaba nervioso.

- ¿Esperas que te crea que no estabas detrás del teléfono oyendo la conversación? Joe, no te hagas el 'no sé nada' porque no te lo crees ni tú –me crucé de brazos y le sonreí con malicia.

- De acuerdo, ¿cómo lo notaste? –frunció el ceño.

- Ahm.. no lo sé, ¿quizás porque respirabas como psicópata detrás del teléfono y se oían algunos comentarios estúpidos tuyos por lo bajo? –inquirí farfullando.

- ¡Qué tonto soy! – se lamentó al tiempo que se daba un leve golpe con la mano derecha en la frente - ¿Se habrá dado cuenta? – preguntó algo apenado.

- No, no creo que lo haya notado– respondí para tranquilizarle. Aunque en realidad, aquello era la pura verdad, Amanda escucha poco y nada mientras, claro, no se trate de su chico especial.

- Hijo, no creo que esa sea la mejor forma de saber qué es lo que piensa Amanda de ti – habló Denisse que se acercó a él para hacerle una caricia en el rostro. Había olvidado que ella estaba aquí, con nosotros – Y déjame decirte que ya no debes hacer eso. No está bien.
El joven asintió.

- Ahm, Joe… ¿Hasta qué momento te quedaste escuchando la conversación? – inquirí con curiosidad mientras me sobaba el cuello. Si Amanda se enteraba de que él escucho su confesión se moriría de la vergüenza.

- Lo suficiente… - comenzó y se me abrieron los ojos como platos - … como para saber que vendría hoy –suspiré aliviada- ¿Por qué esa cara?

- P-porque creí que habías escuchado hablar que a Amanda le gustaba Mike –mentí aún con mis ojos abiertos y miré hacia otro lado.

- ¿Mikey? –preguntó horrorizado y bajó la vista al suelo pensativo. Luego de unos segundos volvió a mirarme- Ella me ha dicho que no le gustaba nadie –dijo ofendido.

- P-pues no lo sé.. a mi me ha dicho eso, pero debe ser broma, t-tú sabes –una risita nerviosa escapó de mis labios y me encaminé hacia la puerta de la cocina pero Joe me jaló del hombro hacia atrás. Lo miré asustada y él entrecerró sus ojos.

- ¿Hace cuánto le gusta Mike? –dijo con voz ronca.

- Hace.. ¿un d-día? –me encogí de hombros. No podía mentir, en definitiva, pero había abierto la boca al preguntar qué había escuchado y luego la embarré con la mentira más grande que una casa que le acababa de decir a Joseph.

Soltó su mano de mi hombro y sonrió de lado. Parecía estar apenado.

- Irá al baile contigo, no te preocupes –dije y lo abracé. Lucía tan tierno cuando estaba callado sin decir idioteces, al igual que cuando su mirada brillaba como si hubiera luces reflejándose en sus ojos.
Había olvidado lo atractivo que se me hacía Joseph, supongo que aquello sucedió cuando noté que a Amanda le gustaba.

- Entonces, no lo sé, trae películas o lo que sea que hay que tener en el caso de pijamadas –dije a Amanda.

- Maddie, dime que alguna vez has estado en una pijama –respondió incrédula.

- Eh.. en realidad, no –contesté sincera y con voz monocorde.

- Oh, genial, supongo que tendré que enseñarte todo sobre pijamadas –dijo detrás del teléfono riéndose.

- De acuerdo entonces, te veo luego, Amy.

Amanda estaba a minutos de llegar y todo en la casa estaba tranquilo, excepto por Joe que daba vueltas como loco mientras intentaba encontrar las entradas del baile que había comprado.

Kevin estaba junto a mí, mirando la televisión en el living de la casa mientras que conversábamos y comíamos las gomitas de colores que me había obsequiado. Nicholas, por otro lado, estaba junto a su novia sentado en un sillón algo apartados de nosotros. Podía notar cómo el cabeza de virulana le tomaba de la mano a Samantha y sonreía cada vez que ella le susurraba cosas al oído.
De vez en cuando el chico de rizos alborotados largaba vistazos para nuestra dirección, su novia le hacía desviar su mirada tomándole de la barbilla y acercándose a él para besarle. Cuando miraba aquella escena y los ojos de Nicholas vagabundeaban en busca de los míos, podía sentir un enorme dolor en el pecho, algo que no dejaba que respirara con la normalidad de siempre.
¿Qué es lo que me está sucediendo?, aquella pregunta rondaba por mi cabeza. No entiendo el por qué se me hacía difícil dejar de mirarle y por qué me molestaba que ella se encuentre tan cerca de él, tanto para besarle.

Largué un suspiro y me dediqué a forzarme a mirar la tele. Tenía unas ganas de huir de aquél lugar en donde me encontraba, no me sentía cómoda y cada vez me ponía de pésimo humor.

- Joe, ¿Ya te has fijado en tu habitación? – inquirí cansada. Él asintió sin siquiera mirarme - ¿En tu mochila? – volvió a asentir, esta vez agachado para observar por debajo del sillón en el que nos encontrábamos sentados Kevin y yo - ¿Y en tu peluche rosa? – pregunté burlándome de él.

El que estaba sentado a mi lado largó una carcajada y comentó animado un:
- ¡Ese es bueno! – mientras acercaba su mano que estaba cerrada en un puño para estrecharla conmigo. Yo hice lo mismo y la estreché con él mientras le sonreí sin ganas.

El de cabello lacio se levantó bruscamente y me dirigió una mirada fulminante.
- ¿Tú igual? No es rosa, ¡es violeta!. Y… no me he fijado aún – contestó al tiempo que salía corriendo del living. Reboleé los ojos y me incorporé.

- ¿Adónde vas? – preguntó Kevin.

- Iré a ver si puedo ayudarlo a encontrar sus malditas entradas. Me desquicia el pensar que está como loco buscando algo para Amanda – dije y mi compañero de dibujitos animados se rió.

Salí de allí. Nicholas no miró esta vez pero Samantha sí y no muy bien, debo admitir. Estaba por subir las escaleras cuando sonó el timbre. Me dirigí a la entrada preguntando quién era, la voz de Amanda se escuchó del otro lado de la puerta. Abrí ésta emocionada para recibir a mi amiga.

- ¡Maddie! ¿Por qué no has ido hoy a la escuela? Te he extrañado, eres una mala amiga, ¡me he aburrido como un hongo! –rezongó y se cruzó de brazos haciendo puchero y su entrecejo fruncido.

- ¡Amy! Oh, sí, yo también te he extrañado, ¿sabes? Es agradable tu presencia aquí, sobre todo el saludo con el que me.. saludas –dije con voz suave e irónica y ella sonrió aún con su pose y el ceño enojado.

- ¿Así son las amistades de los días de hoy? –dijo Kevin que se había asomado detrás de mí. Lo miré y le sonreí.

- Qué exagerado –murmuré rodando los ojos y Amanda rió.

- Mira quién habla, la ironía en persona… -rebatió él con una sonrisa pícara. Le dí un codazo en su estómago- Era… broma –dijo casi sin aire. Y cerró la puerta, yéndose hacia la cocina.

- Qué exagerado –repetí entre risas y él me miró con cara de pocos amigos. Tomé la mano de Amanda y la tironeé hasta las escaleras para que hablaramos tranquilas en mi habitación pero alguien se nos interpuso en el camino…

- Amy –sólo dijo con voz de idiota, por eso digo que es más lindo cuando calla. ¿Quién era? Pues quién más que Joe.

- Joe –respondió la otra en un suspiro.

- ¿Quieren que los deje sólos? –pregunté mirando a ambos y se sonrojaron. Joe se rascó la nuca y sonrió; Amanda miró al suelo con una sonrisa tímida.

- No/Sí –dijeron al unísono. Claro que mi amiga dijo no, se moría de vergüenza y el otro parecía tener algo que decirle a Amanda. Lo querría matar cuando se enterase que el otro perdió las entradas. O quizás no… Definitivamente no.

- Pero a quién tenemos aquí… -dijo con voz chillona Samantha, con esa ceja alzada que siempre tenía y su sonrisa que destilaba el egocentrismo que tenía encima- Nada más ni nada menos que a Amanda Wilson… Mhm, mejor conocida como la chica que tropieza en todos los actos –siseó. Mi amiga pareció no saber qué decir así que intervine, con gusto, claro.

- Samantha, ¿no tienes algo mejor que hacer que molestar a todo el mundo? ¿Por qué no vas y te cambias la piel, eh? Estoy segura que sabes de lo que hablo –espeté sin rodeos. Había entendido que la acababa de llamar víbora en palabras más discretas porque abrió la boca indignadísima.

- ¿Y tú quién te crees estúpida comelibros? ¿Por qué no…? –Nick interrumpió la escena con dos refrescos en sus manos. Le entregó uno a su novia y la tomó por el brazo.

- ¿Qué ocurre ahora? –preguntó con una dulce voz, o tal vez no fuera tan dulce pero había sonado así. Nos miró a las dos suspicaz y clavó la mirada en mí. Estaba de mi lado- ¿Por qué siempre andas insultando a mi novia? Ella no te ha hecho nada para que la trates de esa forma, ¿sabes? –dijo y cada palabra fue una especie de puñalada, bastante dolorosa cabe decir. No sé si había sido mi impresión o qué, pero él parecía dolido por haber dicho eso. Me quedé aturdida mirando cómo desaparecía Samantha sonriendo con suficiencia, acompañando a Nick quien estaba enfadado.


Malo Nick, muy malo. No, no lo odien (?), tiene sus razones.. creo.

Les dejo una propuesta, subiremos capítulo cuando lleguemos a los 200 comentarios, vamos, que no es difícil ;D Un click ahí en el botoncito verde y al menos un 'Me gustó' o 'Lo odie' toma menos de un minuto!

Besos!