NOTAS DE AUTOR:

Hola queridos lectores. Antes de que prosigais con vuestra lectura, quiero comentaros que lamento la ausencia de capitulo durante estas pasadas. Las vacaciones de navidad, la falta de motivacion y el trabajo han hecho que sea dificil para mi traeros un capitulo hasta ahora.

A cambio, os traigo un capitulo mas largo de lo habitual para que lo disfruteis :) Espero poder retomar la rutina a partir de ahora y volver a escribiros pronto ^^ Un saludo, y feliz lectura

Capitulo 12: Truco y trato

La gracia del legendario Victini parecía sonreír al grupo formado por los equipos Corazones de Fuego y Ventisca Ardiente, pues no solo pudieron disfrutar de una noche tranquila y sin sorpresas, sino que el resto del trayecto hasta el pueblo Terra había transcurrido de manera normal y sin mayores contratiempos.

El Ventisca Ardiente resultó ser un equipo muy amable y atento, y durante el escaso tiempo que pasaron ambos equipos juntos, tuvieron ocasión de conocerse mutuamente como Pokémon. Sin embargo, sus caminos se separaban en el pueblo, pues Haru y sus compañeros tenían otra ruta en mente para continuar progresando en el torneo.

-Bueno, nosotros vamos a ir hacia el sur. El torneo de Ciudad Pleamar es más asequible para nosotros que el del Pueblo Arroyo. Os deseamos toda la suerte del mundo en vuestros partidos. Ojala tengamos ocasión de medirnos en el terreno de juego pronto. –Haru sonreía alegre a sus nuevos amigos.

-Nosotros nos quedaremos el día entero en el pueblo. Vamos con tiempo de sobra por ahora, no todo es correr. Entrenaremos mucho y duro para cuando nos toque enfrentarnos a vosotros. Mucha suerte a vosotros también. –Ember, como capitán, dio un paso adelante y estrechó el bracito del Cubchoo.

-¡Magno! ¡La próxima vez verás de lo que soy capaz! ¡Sentirás toda la fuerza de mis músculos en tu cuerpo! –Mussel había formado una especie de rivalidad con Magno. Sentía una fuerza interesante en él, y quería enfrentarse cuanto antes.

-Ardo en deseos de ello. Pero si no aumentas mucho tu fuerza, olvídate de ello. –Como siempre, y apenas expresivo, las palabras de Magno llegaron hondo en el corazón de Mussel, que se tomó aquello como un reto.

Agni apenas hablaba. No había hecho demasiada amistad con ellos. No porque no les cayese bien, sino por miedo. Eze habló en su lugar.

-No se lo tengáis en cuenta al pequeñín. Solo le hace falta algo más de confianza. ¿Verdad que sí, Agni?

-¿Eh? ¡Ah! Sí… Mucha suerte en vuestros partidos. Espero que volvamos a vernos pronto…

-¿Lo ves? Son buenos Pokémon Agni. No tienes que tener miedo de Pokémon como ellos. Ya has visto lo amables que han sido durante este día. –Eze daba explicaciones al joven Magby como si fuese su maestro. Algo que por algún motivo tranquilizaba y daba confianza al mismo.

Tras unas pocas palabras de despedida más, cada uno de los equipos se fue por una dirección diferente. Sabían que sus caminos volverían a cruzarse en un futuro. Aquello no era un adiós, sino un hasta luego, y todos lo sabían.

El pueblo que parecía pequeño visto desde lejos, resultó no serlo tanto una vez se dedicaron a recorrerlo. Presentaba una plaza central grande que, rodeada por casas y edificios con negocios de varios tipos separados por pequeños pero profundos callejones, parecía más una ciudad pequeña.

-¡Quién nos iba a decir que acabaríamos haciendo buenas migas con un equipo tan rápido! Me pregunto cuándo nos podremos enfrentar a ellos... -Mussel no podía pensar en más que en el momento de su duelo. No iba a permitir que Magno le desprestigiase.

-Seguro que serán unos rivales magníficos. Debemos de entrenarnos más duramente para estar a la altura. -Summy era ahora quien con unos saltos rápidos, adelantando al grupo, mostraba mucho entusiasmo. No obstante, entre su alegría, sus ojos parecieron vislumbrar una silueta en la lejanía, silueta que desapareció al poco entre los pocos Pokémon que paseaban las calles de aquel pueblo. -¿Eh? ¿Por qué me resulta tan familiar?

-¿De qué hablas Summy? -Ember miró en la misma dirección que Summy para ver a qué se refería. -¿Conoces alguno de estos Pokémon?

-No... No, claro que no. Lo siento. No me hagas caso. Habrá sido un reflejo instantáneo. -Le respondió al ver que en efecto no había nadie que pudiese reconocer.

-En cualquier caso, tienes razón. Debemos de entrenar mucho más fuerte para hacer frente a nuestros futuros rivales. Mussel solo no va a poder sacar adelante al equipo. -Dijo Air mientras con un tirabuzón se situó entre las orejas del pequeño Sentret.

-¿De verdad crees poder seguirme el ritmo? -La sonrisa burlona del Machop volvía a la carga contra la Taillow que le respondió henchida de orgullo y sin titubear.

-Teniendo en cuenta que sin mí en el campo, apenas tienes ocasión de recibir el balón, creo que dependes expresamente de mí, musculitos. No te las des de campeón tu solito.

-Bueno, de momento lleguemos al centro Pokémon de turno y descansemos. Tenemos tiempo aun para recorrer el pueblo y entrenar. Además... -Ember se giró hacia Lovaura, que respondió timidilla. -Hoy entrenaras poco a poco con nosotros. Ya veras, no será para tanto.

-Si... Capitán... Haré cuanto pueda... -Por más que se había prometido sonar convincente, no era capaz de mantener la fachada. Se la notaba súper nerviosa.

-Confía en nosotros. Debes darle al menos una oportunidad. Si no te gusta tras probarlo, no te obligaremos a jugar. -Summy había escuchado aquellas palabras con anterioridad y por propia experiencia, se lo recordó a Lovaura.

El centro Pokémon, a diferencia de la anterior ciudad, no estaba apenas frecuentado. No era un pueblo con torneo, ni mucho menos tan grande como Urdiz. En recepción no había tampoco ninguna Chansey, en aquel centro Pokémon parecía haber otra especie de Pokémon al cargo. De hecho, no se veía solo a una especie, sino a dos.

-Bienvenidos al Centro Pokémon de Pueblo Terra. ¿Qué deseáis? –Una Nidoqueen se presentó ante ellos mientras accedía a la parte interior del mostrador de recepción. Parecía estar algo cansada, pues no pudo evitar bostezar, aunque trató de cubrirse la boca para no dar un mal ejemplo.

-Buenos días, venimos buscando alojamiento para esta noche. ¿Queda alguna habitación libre? –Ember dirigía la conversación como capitán. Las reacciones de la hembra ante si le pillaban desprevenido en todas las ocasiones, y aquella respuesta no sería diferente.

-Todas están libres, no tendréis ningún problema para alojaros. Seguidme, os llevaré a una de cinco. –La voz de la Nidoqueen dejaba claro que por aquel pueblo no pasaban demasiados turistas pese a estar de camino hacia dos localidades con sede, pues ya más que cansancio, dejó claro para Ember que lo que tenía era aburrimiento.

-Disculpe. No veo demasiados Pokémon por aquí, ¿no hay ningún equipo que este de paso camino hacia algún torneo? –Ember trató de sonsacar alguna información a la enfermera que los guiaba de la manera más cautelosa que se le ocurrió. Sentía curiosidad.

-Alguno ha pasado por aquí en las últimas semanas, pero la verdad es que últimamente solo recibimos pequeñas peticiones de curación. En cuanto a alojamientos, poca cosa también. Va por temporadas. Hace ya bastante que empezó la nueva edición del torneo y los equipos más noveles de aquel momento, ya han pasado por este pueblo en busca de sus objetivos. Supongo que cuando llegue una nueva oleada de equipos volveremos a estar hasta arriba de trabajo. Y nada hace más feliz a una servidora, que conste en acta.

Las risas se adueñaron de los integrantes del equipo mientras caminaban por el pasillo superior hacia la habitación asignada. No esperaban aquella explicación tan desarrollada, pues para cuando terminó de hablar ya habían alcanzado la puerta de la habitación.

-Pues ya hemos llegado, disfrutad de la estancia. Si necesitáis cualquier cosa, sabéis donde encontrarme. Tened buen día. –Desde que había empezado a hablar hasta ese instante, su voz había recobrado fuerza y alegría, además, acabó mostrándoles una gran sonrisa mientras se despedía. Se notaba mucho que lo que quería era pasar un rato agradable con alguien para no aburrirse.

-Muchas gracias por todo señora. Tenga por seguro que acudiremos a usted si la necesitamos. –Las palabras de Ember eran muy formales, algo que por costumbre solía hacer ante Pokémon a los cuales debía pedir ayuda.

Poco después, y llena de alegría y gozo, la enfermera cerró la puerta. Momento en el cual empezaron a deshacer sus bolsas de viaje. Decidieron que primero descansarían un rato en la habitación, luego entrenarían y posteriormente darían un paseo por el pueblo.

Tras comer, se reunieron en el campo trasero del centro Pokémon para entrenar. Mussel iba a entrenar contra Air y Ember su fuerza de tiro. Summy, y dado que Lovaura se negaba a probar otras posiciones, fue el encargado de enseñarla a jugar de centrocampista defensiva.

-Escucha atentamente, ya verás que sencillo es una vez lo entiendas. Los centrocampistas defensivos son aquellos que se encargan de frenar el avance de los centrocampistas ofensivos y de evitar que los delanteros chuten a puerta. Pero aunque todo suena demasiado para un principiante, en realidad todo se puede resumir en interceptar la trayectoria lo mejor que puedas. Por ejemplo, yo uso mi cola para barrer a mí alrededor y cubrir un espacio circular. –Estaba intentando que sonara simple para la inexperimentada Audino que escuchaba atenta. Agitaba su cola para mostrar como defendía, aunque a la joven le había bastado verle en los partidos.

-Pero yo no tengo nada que me permita interceptar los pases y tiros como tú. –La timidez y desconfianza de Lovaura crecía con cada pensamiento que tenía sobre jugar.

-No te preocupes. Todos podemos sacar lo mejor de nosotros en el terreno de juego. Si bien es cierto que no tienes cola, sí puedes moverte por el terreno de juego, y eso es un buen inicio. Pero mejor vemos como te puedes desenvolver. Primero trata de quitarme el balón. No te preocupes, no correré como siempre hago. –Tras acabar, se alejó de ella y comenzó a correr directamente hacia su posición una vez más.

-¿Pero qué hago? ¿Cómo lo hago? –Lovaura era un manojo de nervios mientras veía acercarse a Summy. Se quedó congelada en el sitio.

-¡Intenta hacer que frene! ¡Tú puedes! ¡No tengas miedo! –Summy le gritaba para hacerla volver en si. A pesar de que a la primera había podido pasar por su lado sin absolutamente ninguna dificultad, lo volvió a intentar.

-Hacerte frenar… Quizás, si voy hacia ti… -Lovaura dio un par de pasos hacia delante en línea recta, haciendo otra vez nada en absoluto para evitar que Summy pasase por su lado desviándose ligeramente de la trayectoria recta que llevaba. -¡Ah! No…

-Un centrocampista defensivo tiene que saber leer lo que hará el rival. No esperes que nadie vaya directamente hacia ti, todos buscaran pasar por algún lado, encima o debajo de ti. –Summy volvió a dar media vuelta. –Voy a hacer lo mismo. Voy a pasar por al lado tuya. Intenta fijarte en mí y sal a bloquear sin miedo.

-Va… Vale. ¿Izquierda o derecha? Piensa. Céntrate… -Seguía estando muy nerviosa. Trataba de hacer todo lo que su compañero le decía, pero no podía centrarse. Cuando vio que Summy estaba lo suficientemente cerca de ella, dio unos pocos pasos hacia la izquierda, errando completamente en su deducción, pues el Sentret regateó hacia la derecha.

-Quizás debamos probar otra cosa… Quizás es demasiado pronto para ti intentar bloquear… -Summy se quedó muy sorprendido de la incapacidad de Lovaura para bloquear. –Veamos cómo te mueves por el campo y como realizas pases. Otra de las funciones básicas de un centrocampista defensivo, es moverse por el terreno propio y realizar pases a los demás jugadores de campo. Ya que no tenemos defensas, no tienes que preocuparte, seré tu compañero de juego en este ejercicio. –Pensó que quizás entrenar en otro apartado la haría sentirse mejor.

-Vale… Eso no debería ser muy difícil… -Recogió el balón que le cedió Summy y tras ponerlo en el suelo, le dio un toquecito. Posteriormente, comenzó a seguirlo mirándolo fijamente hasta darle otro toquecito y así sucesivamente.

-Sigue así. Poco a poco. Más constante. –Summy iba a su lado a una distancia moderada para no agobiarla. –A la derecha. Gira con el balón a la derecha. –Estaban llegando al otro terreno de juego y no querían molestar a sus otros compañeros.

-¡Voy! –Lovaura frenó el balón como pudo y giró lentamente hacia la derecha para darle más toquecitos. Lenta y progresivamente, logró dar un par de vueltas al campo. Acto que la alegró y aumentó su confianza un poco.

-¿Ves? Has empezado bastante patosa, pero al final no has perdido el balón. Tener posesión es muy importante. -¡Venga! Demos otra vuelta más. Esta vez quiero que no te pares tanto. Sé que puedes hacerlo. –Summy la sonreía y ella le sonreía de vuelta.

–Sí. Gracias. Haré lo que pueda… -Una vez más, comenzó a correr tras el balón, alcanzando cada vez un poco más de velocidad, pero sin excederse. Después de haberles visto jugar tantas veces, sabía que no debía de costarle demasiado, pero su miedo y temor la estaban nublando. El entrenamiento especial de Summy la estaba ayudando mucho.

-Creo que esto va a llevar más tiempo del que creía… -Decía Ember a sus compañeros desde el otro lado del campo. –Realmente no tiene nada de confianza en sí misma…

-También es cierto que no tiene nada de técnica. Me pregunto si será solo tema de concentración. Quizás es mejor de lo que parece, pero no sabe como centrarse… -Air barajaba más posibilidades.

-Summy hará un buen trabajo con ella. Dejémosle que se encargue de todo. Aunque ahora sea patosa, aun es pronto para juzgarla de verdad. –Mussel respondía sosegado. Sabía cuál era la situación, y no le quedaba más que ser paciente.

-Supongo que tienes razón… Summy al principio tampoco era precisamente el más atrevido después de todo. Bien, sigamos con el entrenamiento. Aun nos falta mucho por hacer. –Ember golpeando sus puños uno contra el otro, volvió a ponerse en posición de portero esperando una vez más la jugada de sus compañeros.

-¡Muy bien! ¡Así se hace! ¡Ahora ya sabes más o menos como llevar el balón! –Summy celebraba con saltitos alrededor de Lovaura, que esta había logrado tras más de una hora intentándolo y descansando, no solo dar un par de vueltas al campo a un ritmo lento pero constante, sino no frenar en seco al girar.

-La verdad es que esto no es tan difícil como pensaba… Pero no sé si podré con el resto. –Sonreía pese a la negatividad de sus palabras. Parecía muy contenta por su logro.

-Eso solo lo sabremos entrenando más. Apenas nos queda tiempo por ahora, pero aun podemos hacer unos pocos pases. Hasta ahora has corrido y mantenido el balón, ahora haremos pases. Yo te pasare el balón, tú lo tendrás que frenar en tus pies y después devolvérmelo. No te preocupes, no serán pases complicados, sino meros pases rasos. –Cogió el balón y se alejó unos pasos de ella. –Haremos primero unos pases cercanos, ya llegará el momento de alejarse.

-Vale. Creo que puedo. –Definitivamente se la veía más contenta, más capaz. Se había dejado contagiar del buen rollo de Summy y la sensación de haber logrado su primera meta personal.

-¡Allá va! –Summy chutó suave el balón de manera que llegase hasta ella lentamente, tan lento fue, que ella apenas tuvo que esforzarse en detenerlo. –Importa más la precisión que la potencia. Trata de dirigirlo hacia mí.

-De acuerdo. –El pase de Lovaura fue igual de lento, pero logró dirigirlo hacia donde debía. Summy lo recibió sin apenas moverse. Podía notarse en la cara de la Audino la alegría que sentía de hacer algo bien.

-Eso es. Ahora iremos alejándonos poco a poco y aumentaremos la potencia y la dificultad. No te apures. Lo estás haciendo genial. –La simpatía del joven defensa hacia su compañera era la clave para mantenerla fuera de un alto nivel de estrés y nervios.

Tras una larga sesión de entrenamiento, el grupo formado por Ember, Air y Mussel estaba ya descansando, mientras que Lovaura y Summy parecían disfrutar de su entrenamiento de pases. Sin embargo, un pase completamente desviado y elevado de Lovaura acabó entrando entre unos arbustos fuera del terreno del centro Pokémon provocando un grito de alguien en aquel mismo lugar.

Summy fue el que más cerca estaba del lugar, así que se adelantó para ver que había pasado. Lovaura fue tímidamente tras él, avergonzada y algo preocupada por si había hecho daño a algún Pokémon.

-¿Estás bien? Sentimos mucho haberte hecho daño. –A pesar de que ante él se encontraba un Pokémon fantasma tirado en el suelo, Summy apenas sentía pánico en aquel entonces. Su miedo a los fantasmas parecía surgir solo en lugares concretos y a horas concretas.

-¡Au! Mi cabeza… Todo me da vueltas. –Mientras se incorporaba flotando, su forma se volvía más identificable, era un Shuppet. Fue entonces cuando Lovaura llegó al lugar y se apresuró a pedir perdón.

-Lo siento mucho. Ha sido mi culpa… Lo siento… Déjame ayudarte. ¡Pulso Cura! –Colocándose de rodillas a su lado, le envolvió en un aura cálida y brillante que empezó a recuperar sus fuerzas.

-Um… Esto sienta tan bien… Si mi hermanito estuviera aquí… -El Shuppet empezaba a entrar en un estado de confort nunca antes vivido. Debía de estar tremendamente agotado o herido para que el Pulso Cura tuviese semejante efecto balsámico sobre él.

La cara de Summy empezaba a tornarse curiosa.

-Un momento… ¿Tienes un hermano? –Se quedó unos instantes pensativo. -¡Ah! Tú no serás… ¿Notte? –Se le abrieron los ojos como platos al pensar en aquella posibilidad. La verdad es que se le vino a la mente súbitamente la silueta y forma de hablar del pequeño ladrón de helados de Ciudad Urdiz al escucharle. La reacción del fantasma fue también repentina.

-¿Me conoces? Me conoce… Oh, oh... –Se alejó de Lovaura sin apartar la vista de Summy. -¡Tú eres aquel Sentret! Tengo que irme. Adiós. –Mientras veía por encima de un arbusto como el resto del equipo se aproximaba, le entró el pánico en el cuerpo y decidió darse media vuelta y huir. Sin embargo, en su preocupación, no reaccionó a tiempo para hacer que su cuerpo atravesase objetos y se estampó contra el árbol que tenía tras de sí cayendo de espaldas contra el suelo una vez más.

-¡Oh no! Pobrecito… -Lovaura volvió a usar Pulso Cura sobre él, aquel golpe parecía aun peor que el del balón. –No deberías de correr sin saber a dónde vas.

-¿Qué está pasando? Oímos gritos y vinimos a mirar si iba todo bien… ¿Y ese Pokémon? –Ember no comprendía nada. Había deducido que el golpe del balón había sido a ese Shuppet, pero el segundo grito le descolocó. No parecía recordar al Shuppet que tenía frente a él.

-Este Shuppet se ha asustado y ha tratado de huir cuando nos hemos acercado, pero se ha chocado con un árbol y bueno… Ahora esta así. -Respondía Summy recordando las palabras del hermano del pequeño Shuppet.

-¿Pero no acabas de decir que le reconoces? –Lovaura miró muy extrañado a Summy. Sabía que había oído bien.

-Bueno… La verdad es qué… -Sintiéndose acorralado, no sabía que excusa poner. No podía decir quién era en realidad, se lo prometió a Ombra.

-Da igual. Yo me encargo de esto. Después de todo es mi hermano el que está involucrado. –Un Banette apareció de entre los arbustos más cercanos a la calle peatonal lateral del campo de entrenamiento. Todo el equipo excepto Summy se sorprendió de aquellas palabras. Claramente prueba de la complicidad entre ambos.

Me llamo Ombra, y ese pequeño diablillo es mi hermano Notte. Suele dedicarse a dar vueltas y hacer trastadas. –Se rió amigablemente mientras se acercaba a su hermanito. –Fue él quien robó el helado a vuestro compañero, y ya solucionamos ese asunto la última vez. Es por eso que vuestro compañero le conoce. Pido disculpas frente a todos vosotros en su nombre.

-¿Es eso cierto Summy? ¿Fue este Shuppet quien te robó? –Ember aprovechó ese momento para aclarar sus dudas. -¿También te ayudó a salir de aquellos callejones?

-De hecho… -Summy estaba a punto de responder, pero fue interrumpido.

-No. No sé de que habláis. Tan pronto me enteré de lo de mi hermano, lo solucionamos y me fui. –Aquel acto sorprendió enormemente al joven defensa, pues no comprendía por qué quería ocultar aquel único acto de bondad que tuvo con él. Se fijó en que le echó una mirada amenazante. Supuso que era para que no dijese nada que le contradijese. –Ahora si no os importa, tenemos que irnos. Tenemos una cita urgente.

-¡Oye, espera! –Ember intentó frenar a Ombra, pero este estuvo a punto de atacarle con su Bola Sombra, con lo cual el Pignite se quedó estupefacto.

-Lo siento, pero no hay más que hablar. –Cogió a Notte entre sus brazos y levitó hasta la rama más cercana a su posición. –Hasta la vista Corazones de Fuego.

Acto seguido, desapareció sin dejar rastro. Tan sigilosamente como apareció, se esfumó dejando mudos a todos los miembros del equipo. Tardaron unos instantes en reaccionar y en decidir que deberían entrar en el centro Pokémon para descansar un poco. Aquello les había resultado extraño, que sumado al agotamiento del entrenamiento, era una mezcla bastante poco apetecible.

-Me pregunto dónde estarán… -Summy estaba preocupado por los hermanos mientras caminaba junto a sus compañeros a través de las calles principales del pueblo. Solo él sabía la verdad de lo ocurrido y le preocupaban. Ya desde Urdiz sentía la necesidad de hablar con ellos y solucionar sus problemas, pero al mismo tiempo, recordó las amenazas de Ombra y aunque le preguntaron, no dijo nada concreto.

-Pero Summy, ¿Por qué te preocupas tanto por ellos? Si para empezar uno de ellos te robó y el otro dijo que no tenía nada que ver con ayudarte. Ombra y Notte habían dicho, ¿no? –Air no comprendía a donde quería llegar su compañero.

-Es que… La verdad… ¿Sabéis qué? A la porra con lo prometido. –Dio unos pasos al frente y se giró para hablar. No podía ocultarlo más. –Ombra ha mentido. Y mucho. Para empezar, me intentó robar amenazándome, pero cuando vio que no tenía nada de nada, no solo no me agredió, sino que me dejo marchar. Más aun, en compensación por el helado, me ayudó a salir de los callejones guiándome por zonas más seguras. Aun no entiendo por qué no ha querido decir nada antes sobre esto último… Pero creo que no es malvado. Y me preocupan… -Ante la terrible verdad que asomaba por la boca del Sentret, el resto del equipo se quedó sin palabras.

-¿Y por qué nos ocultaste tú todo eso? No tenías motivos para ocultarlo. –Air le reprochó su forma de actuar. –Imagina que te hubiese hecho algo… Sería horrible.

-A cambio de la ayuda, me hizo prometer no decir nada a nadie sobre nuestro encuentro. Todo acabó bien, así que decidí cumplirlo. Por favor, no os enfadéis con él. Enfadaos conmigo si queréis, pero no con ellos.

-Eres demasiado permisivo Summy. -Recalcó Ember dando la razón a su compañera alada. –Demasiado bondadoso. Me gusta que seas amable, porque eso es bueno, pero esto no ha sido un simple robo de un helado, ha sido bastante más. No es comparable.

-Ya… Si os entiendo… Pero no sé. Fue raro. –Agachó su mirada una vez más.

-¡Socorro! ¡Qué alguien me ayude! ¡Por favor! -Una voz que Summy reconoció rápidamente, se elevó sobre todas las que se podían escuchar aquella tarde en aquella calle. Notte iba acercándose a cada Pokémon rogando ayuda. -¡Unos Pokémon malvados están atacando a mi hermanito! ¡Por favor!

Pese a pedir ayuda, los Pokémon le rechazaban el apoyo. Algunos ponían una cara de indiferencia, otros simplemente se mostraban temerosos, pero ninguno se mostraba dispuesto a ayudar.

-Por favor... Si no nos ayudáis... Mi hermanito... -Se giró triste y de mera casualidad, vio al equipo que conoció un rato antes. Voló rápidamente hacia ellos. -Vosotros sí. Menos mal que habéis aparecido. Por favor, ayudadme. Sé que sois Pokémon muy amables y no dejareis pasar esta situación. ¡Os lo ruego! –Poco le faltó para llorar. Fue flotando alrededor de ellos, poniéndose delante de todos y cada uno de los cinco miembros del equipo con algunas lagrimas aflorando por sus lagrimales.

-Notte, ¿Qué pasa? –Daba igual cuantas veces le dijese Ember que era demasiado amable con los demás, Summy reaccionó por impulso. Sentía cierto recelo hacia ellos, pero no podía olvidar el favor que le hicieron. –Cuéntanos detenidamente lo que ha sucedido.

-Gracias. Muchas gracias. Mi hermanito está siendo atacado en un callejón de esta ciudad, un par de Pokémon le están pegando… Por favor, ayudadle. Dicen que le van a matar… -Las palabras del Shuppet se empezaron a ahogar antes de acabar la frase. Claramente ocultaba algo, algo que estaba a punto de decir pero que no quería pensar.

-¿Pero por qué? –Ember dio un paso adelante. -¿Qué motivos tendría alguien para agredir a tu hermano? –Summy se mantuvo en silencio, creía tener una buena idea de cuál era el motivo de aquella amenaza.

-Os lo contare después, lo prometo. Pero ahora debéis ayudarme, por favor. Es mi hermano… No me abandonéis también, os lo suplico. –El Shuppet ya no aguantaba más. Cada segundo que pasaba, era un segundo más que sufría desde lo más profundo de su corazón hasta la última parte de su cuerpo.

El resto de los transeúntes de la zona parecían mirar con mucho recelo hacia Notte y los miembros del equipo. Algunos parecían sentir cierta lastima, pero nadie movió ni un solo musculo para ayudar. Todos se dieron cuenta. Algo no iba definitivamente bien allí. O bien no querían lidiar con los agresores, o bien no querían saber nada de los hermanos.

-¡Capitán! ¿A qué esperas? ¡Vamos! –El joven defensa miró a su compañero a los ojos con determinación. Parecía capaz de leerle la mente solo mirándole a los ojos. –Sé qué eres diferente al resto. Nunca has dejado a nadie de lado Ember. No lo hagas ahora.

Ember, echó la vista atrás para cruzarla con Air, Mussel y Lovaura. Ninguno parecía convencido del todo, pero era cierto. Jamás habían dejado a nadie de lado y no cumplir con la petición de aquel Shuppet sería faltar enormemente a aquello que defendían. A la actitud y esencia del equipo. –Está bien. Pero queremos una explicación extensa de todo lo que está sucediendo aquí. Y sin peros.

-¿De verdad? ¡Lo prometo! Tendréis vuestras respuestas. Seguidme. –Notte comenzó a flotar otra vez en dirección contraria a la que había venido. Indicando a viva voz el camino a seguir mientras los demás le seguían ante la atenta y preocupante mirada de los demás transeúntes, quienes algunos, se asomaban por detrás de ellos para saber que estaba sucediendo en realidad. Muy probablemente movidos por la curiosidad.

En el callejón, un Charmeleon y un Vigoroth estaban apalizando al Banette de nombre Ombra. El Charmeleon usaba el movimiento Garra Metal, mientras que el Vigoroth le agredía usando Finta mientras soltaban improperios al indefenso Banette que iban desde usurero y estafador hasta adjetivos mucho mas despectivos.

-¡Ya vale! ¡Dejadlo en paz! ¡Dos contra uno no es justo! –Según Notte llegaba con la ayuda, ambos Pokémon dejaron de ensañarse con el hermano mayor y se encararon con los Corazones de Fuego.

-Tú cierra la boca, canijo. Agradece que no vayas a correr la misma suerte que el estafador de tu hermano. No tenéis ningún derecho a decirnos que paremos después de robarnos y engañarnos a la cara. –El Charmeleon era quien dirigía aquellas palabras llenas de odio hacia Notte. Estaba enormemente enfadado.

-¿Robar? ¿Engañar? ¿Tu hermano es un ladrón? –Ember habría los ojos como platos ante la revelación. -¿Pero ladrón, ladrón? ¿Ladrón de los gordos?

-Por favor, no dejéis que eso os impida ayudarle. Os prometo que os explicare todo cuando acabemos. –Temiéndose quedarse solo de nuevo, Notte volvió a rogar ayuda al capitán del equipo, quien con el recelo de todos los anteriores Pokémon, era ahora algo más cauto. Entendía el motivo por el cual todos miraban por encima del hombro a ambos Pokémon.

-Ya que hemos llegado aquí, no nos vamos a marchar. Mussel, ayúdame. Lovaura, espera aquí con Summy… Air, ya sabes que debes hacer. –Finalmente, Ember movilizó a sus compañeros de equipo y los instó a tomar posiciones. Mussel y Ember iban a enfrentar a aquellos dos Pokémon.

-No sé si estamos haciendo lo correcto capitán, pero nunca me niego a un buen entrenamiento. Aunque no me guste este tipo de ejercicio. –Estirando sus brazos, se ponía en posición.

-Lograremos respuestas si ganamos. Solo debemos ganar tiempo. –Ember le respondía serio a su compañero.

-¿Qué vais a hacer vosotros? ¡Meteos en vuestros asuntos! ¡Nadie os ha dado vela en este entierro! Pero si insistís en querer caldo… Os daremos tres tazas a vosotros. –El vigoroth amenazaba aun más que su compañero Charmeleon, y con aquellas palabras se lanzó a por Mussel garra en alto.

Con facilidad, el Machop logró esquivar a tiempo de no recibir el golpe y contraatacar desde la espalda bajando el brazo enérgicamente sobre él, impactando bruscamente sobre la columna vertebral de su contrincante, forzándolo a quejarse. -¡Golpe Karate!

-Seréis… El Pokémon lagarto de fuego se aproximó a su compañero dispuesto a socorrerlo. Generó una pequeña cantidad de llamas en su boca y las escupió contra el Machop. -¡Ascuas!

En esta ocasión, Mussel no logró esquivarlo, siendo alcanzado en los brazos que había usado para protegerse la cara por las abrasivas y candentes llamas del Charmeleon. Ember sin embargo, no iba a consentirlo y envuelto en sus propias llamas, se lanzó en contra del Charmeleon para embestirle. -¡Deja a mi amigo! ¡Nitrocarga!

Pese a que el daño que recibió del impacto llameante fue poco eficaz, fue suficiente para desequilibrarlo y tropezar. Ambos Pokémon estaban ciegos de rabia y se levantaron en busca de más pelea, olvidándose por completo del maltrecho Banette.

-No te muevas ni un milímetro… Yo te sacaré de aquí. –Ombra escuchaba una vocecita aguda en el tono más reducido que podía escucharse a la par que sentía como sus brazos eran sostenidos mediante un par de garras justo antes de dejar de tocar el suelo y empezar a desplazarse suave por el cielo, cada vez más arriba. –¡Ember! ¡Ya estamos! ¡Vámonos!

El tono bajo de Air volvió a convertirse en su típico grito agudo para alertar a sus compañeros de que ya estaban en una posición segura. Un lugar donde aquellos dos Pokémon no podrían alcanzarlos. Los cuatro miraron al cielo y mientras Ember y Mussel se alegraban, los otros dos parecían sorprendidos y aun más enfadados si cabía.

Aquella distracción, fue el último factor que los amigos necesitaban de su lado. Aprovechando la confusión y la sorpresa, ejecutaron dos movimientos con los cuales mantener a raya a sus rivales. El Golpe Karate de Mussel, impactó en el pecho del Vigoroth a la par que el Empujón de Ember mandaba varios metros hacia atrás al Charmeleon.

-Ahora capitán. Vámonos rápido. –Brevemente, el delantero se puso de acuerdo con su pírico compañero para huir. Debían alejarse lo más rápido de allí antes de que les pudieran perseguir. Por suerte, tanto Summy como Notte ya habían huido hacia el centro Pokémon, así que les bastó correr hacia allí.

Una vez en el centro Pokémon, el equipo solicitó la cura del fantasma. Tanto la Nidoqueen encargada de la recepción como una Nidorina que estaba a su lado hablando en el momento que llegaron abrieron los ojos como platos al ver a ese Banette tan herido, sin embargo, se mostraron bastante enfadadas ambas.
No obstante, no podían negarle el tratamiento médico a un Pokémon herido. Su profesión de enfermera se lo impedía. Dejar a un Pokémon herido deliberadamente, era considerado negligencia, y muchas veces eso implicaba perder el puesto.

Llamaron a otra Nidoqueen para que trajese una camilla y se lo llevaron a la zona de cuidados intensivos. Acto seguido, las dos hembras se giraron para hacer unas preguntas al equipo. No parecían contentas.

-¿De qué conocéis vosotros a ese truhan? ¿Sabéis acaso quién es? –La encargada de la recepción empezó la conversación. Todos negaron con la cabeza, excepto el pequeño Shuppet, que se ganó la mirada de desconfianza de la Nidorina antes de continuar ella misma.

-En este pueblo no hay nadie que no lo conozca. Es un ladrón. Un estafador de las cercanías que se dedica a engañar a los demás Pokémon y a robarles sus pertenencias. Y asumo por las circunstancias que tú eres su hermano. –Hizo un pequeño silencio mientras le observaba fijamente hasta que soltó un ligero suspiro. –Al menos de ti no hay queja alguna.

-No es malvado… -Susurraba Notte lleno de pena. –No lo es…

-Pues es una larga historia. Bueno, o más bien corta pero caótica. –Comenzó a explicar Ember tras mirar a sus compañeros. –Estábamos entrenando en el campo trasero cuando por error golpeamos a este Shuppet que estaba en el exterior. Luego apareció su hermano y se lo llevó.

-Después escuchamos gritos por las calles al pasear y acabamos interviniendo en una pelea en la cual estaba metido. –Acabó Air. Simple, breve y concisa.

-¿Y por qué habéis decidido defender a alguien como él? Sinceramente. No diré que no deba atenderle, Arceus me lleve si fracaso en mi labor, pero ese Pokémon tiene lo que se merece por sus actos. ¿A qué nadie movió un dedo por defenderlo? –No parecía entender nada de nada. Aquella Nidoqueen no era malvada, pero parecía compartir el enfado del pueblo. Para ella, Pokémon como Ombra no merecían ni el más mínimo respeto.

-Bueno… sí que es cierto que nadie quiso ayudarle… Pero no podemos simplemente dejarle tirado. Nuestro equipo no deja a nadie de lado. Ayudamos a quien lo necesita. –Ember defendía la labor de su equipo. No estaba del todo seguro, pero sí que creía haber hecho lo correcto.

-No os comprendo. Parece que os de igual si alguien es un malvado ladrón o un buen samaritano. Ese Pokémon es conocido por todos los pueblos y ciudades de la zona sur de Isla Atea. No os conviene mezclaros con Pokémon malvados como él. –La Nidorina les escuchaba atentamente, pero pese a todo no parecía dispuesta a cambiar de parecer.
Ember lo entendía. Es lógico pensar que alguien te desagrade si sus actos van no solo contra ti como Pokémon, sino contra tus ideales.

-¡No es malvado! –Notte gritó con toda la fuerza que tenía. -¡Mi hermano no es un mal Pokémon! Siempre se preocupa por mí… Siempre hace todo lo que puede para que no esté mal… ¡Mi hermano no roba a los demás! Mi hermano solo coge prestadas las cosas de los demás para asegurarse de que yo estoy bien… ¡Mi hermano es un héroe! –A Notte le daba completamente igual como reaccionasen los demás Pokémon. Amaba a su hermano y sabía de primera mano que siempre se había entregado en cuerpo y alma a él. Sin embargo, sus palabras solo provocaron miradas de desaprobación y enfado en ambas enfermeras. Los cinco miembros del equipo también parecían muy confundidos. Habían escuchado las palabras altas y claras, y aunque les doliese reconocerlo, Notte había definido el acto de robar.

-¿Coger prestado? ¿Esa es la mentira que te cuenta? A eso se le llama robar. Nadie le ha dado el consentimiento de hacerlo. Nadie. –la Nidoqueen seguía enfadada. –Pregúntale a quien quieras.

-Pero… Pero yo… El… -Notte lloraba. No sabía que más decir. Había descargado todo lo que tenía en aquel arrebato. Summy en cambio, se le acercó y le abrazó.

-Ea, ea. No llores más. Pronto tu hermanito estará bien y podremos aclarar todo este lio.

-Sera mejor que vayamos a ver si necesitan asistencia médica. Tampoco podemos negarnos a ayudarle. Pero estaos atentos. Podría traicionaros en cualquier momento. –Fueron las últimas y contundentes palabras de la joven Nidorina antes de darse la vuelta y ser seguida por su compañera dejando la recepción completamente en silencio.

Al día siguiente, los miembros del Corazones de Fuego acompañados por Notte, que había dormido junto a ellos, bajaron a ver a Ombra. Aquella noche en cuidados intensivos le había sentado lo suficientemente bien como para levantarse y moverse un poco.

-¡Hermano! –Fue la primera palabra que exclamó el pequeño Shuppet al ver a su hermano despierto justo antes de lanzarse a por él. -¡Estas bien!

-Gracias Notte. Sin ti no estaría aquí ahora. –Le abrazó de vuelta al sentir como se lanzaba a su cabeza. Sentía sus cálidas lagrimas resbalar por sus mejillas.

-Ahora diles que no es verdad. Diles a ellos que tú no robas. Diles que todo es para ayudarme. –Les señaló a sus inesperados compañeros de habitación. –En el centro Pokémon y en toda la ciudad creen que tú eres malvado… pero yo se que no. Sé que eres un gran Pokémon que lo hace todo para que yo este feliz y bien.

Cuando Ombra levantó la vista, se topó con todo el equipo de los Corazones de fuego ante él. Le bastó cruzar la mirada con cada uno de los cinco miembros del equipo para entender que ya lo sabían. Miraban apenados, esperando la respuesta a aquella inocente pregunta.

-Por supuesto que no pequeñajo. Tu hermano jamás haría algo malo. Nunca haría nada que te causase problemas. –Sonriente, le acarició la cabeza con su mano, provocando la sonrisa y alegría en Notte.

-Te quiero, hermanito. Sabía que tu nunca me fallarías.

Aprovechando que Notte estaba con la cabeza apoyada en su pecho, levantó su mirada para ver las reacciones del resto. No eran de aprobación, tal y como lo esperaba, pero aquel no era el mejor lugar para hablar. Necesitaba aclarar todos sus asuntos en otro sitio.

-Vosotros. Dijisteis ser un equipo, ¿no? ¿Estáis hospedados en el centro Pokémon? Me gustaría hablar con vosotros en privado. Os agradecería que me dieras la oportunidad de daros las gracias y explicaros las cosas en un entorno más… amigable.

-¿Eh? Sí… Tenemos una habitación en la que quedarnos… -Ember miró a los demás en duda, pero Summy se adelanto en la respuesta.

-Claro que tenemos. Y nos encantaría escucharte. –Los otros cuatro miembros miraron sorprendidos y algo molestos hacia el Sentret. –Por favor chicos… Al menos dejémosle explicarse…

-Sinceramente, me gustaría oír su versión de los hechos. Hay mucho que quiero saber. –Air no se molestaba en esconder su interés en la historia de los hermanos. Tenía mucha curiosidad.

-Eres una cotilla de cuidado… Venga, te daré el gusto de oírla. Voto a favor también. –Mussel respondió levantando la mano y guiñando el ojo.
Lovaura asintió cuando Ember la miró. No quería ser descortés.

-De acuerdo pues. Síguenos a la habitación por favor. -Liderando la marcha, Ember y el grupo subió a la habitación, donde tras cerrar con pestillo la puerta y asegurarse de que nadie más estaba espiándolos, Ombra empezó a hablar.

-Ante todo, os doy las gracias por ayudarme ayer. No esperaba que nadie me socorriese. –Realizó una reverencia mientras su hermano estaba junto a él. –Y ahora… Dejadme contaros lo que aquí sucede.

Mi hermano y yo somos huérfanos. Nuestros padres se… fueron hace mucho, cuando Notte era aun un bebe. –Le abrazó mientras contaba su historia. Como si estuviese protegiéndole de las propias palabras que entristecían al pequeño Shuppet. –Nos hemos criado solos, sin ayuda de nadie desde entonces. Mi deseo es proteger a mi hermano. Ayudarle a que crezca lo más sano y de la mejor manera posible.

-Os dije que mi hermanito era un héroe. Y cuando nuestros padres vuelvan de su viaje, les voy a contar todo lo que mi hermanito ha hecho por mí. –Entre tristeza, el joven fantasma lograba sacar alguna sonrisa. Realmente idolatraba a su hermano. El resto de los allí presentes empezaban a entender la situación.

-Desde hace varios años, hemos tenido que buscarnos la vida por nuestra cuenta. Fue duro encontrar comida o alojamiento… pero siempre he contado con la inestimable… ayuda del resto de Pokémon cuando más lo necesitábamos. Así que, tenemos suerte.

-Y yo quiero ser igual de buen Pokémon que mi hermanito. Quiero ayudar y agradecer a todos los que nos ayudan. –Notte sonreía dando vueltas alrededor de Ombra, que forzaba una sonrisa mientras miraba avergonzado a los demás.

-Notte, no tienes que ser como tu hermano. Tienes que ser tú. ¿Cuántas veces tengo que repetírtelo?

-No me importa que me digas eso. Siempre te seguiré. –La dulce sonrisa del pequeño mostraba su tremenda inocencia.

-En fin, como iba diciendo… Ya habéis podido comprobar que las cosas a veces son difíciles… Pero es la vida que nos ha tocado llevar. Aunque si no fuese por vosotros, sinceramente… Quizás Notte se hubiese quedado solo. No os puedo agradecer lo suficiente lo que habéis hecho por mí.

Ember no sabía que responder. Nadie lo sabía. Aquella historia era dolorosa. Imaginar cómo debió ser la vida para ambos hermanos sin nadie que les cuidase era algo que dolía mucho en los corazones de todos. Más aun con las sutiles palabras utilizadas para ocultar la verdad absoluta al pequeño.

-Por supuesto, no os obligaré a creerme. Os han tenido que contar mil cosas horribles sobre mí. Es lógico que creáis a la mayoría. Así que, ahora que me he explicado, nos iremos. Una vez más, gracias. –Se dio la vuelta. –Notte, nos vamos.

-¿Ya? ¿Tan pronto? –Protestaba la decisión. –Pero se esta tan bien aquí…

-Venga, tenemos que ir a la siguiente ciudad. Aun tenemos cosas que hacer. Sin rechistar. –Ombra llamaba a su hermanito hasta que este a regañadientes aceptó.

-¡Espera! –Summy frenó el avance de los hermanos. –No te vayas aun Ombra.

-Tú eres el Sentret de Ciudad Urdiz, ¿verdad? Creo haberte dicho que no quería saber nada de vosotros. Esto ha sido una excepción. Me alegra que estés bien, no creas que no.

-Espera por favor… Hay una manera de arreglar todo esto… -Todos le miraron sin entenderle. Ni Ombra, que miraba con curiosidad y pasividad, ni Ember, que no entendía que era aquello que podía ayudar. -Capitán. Por favor, acepta que Ombra y Notte formen parte de nuestro equipo.

-¿Qué? Pero… ¿Qué? –Ember no daba crédito a lo que había oído. Le pilló desprevenido. Tanto a él, como al resto del equipo. Incluso Ombra se mostró curioso respecto al tema. –Eso no es algo que pueda decidirse tan fácilmente. Y menos en un equipo completo.

-Lo sé… Pero no podemos dejarles a su suerte otra vez, ¿no? Ombra puede ayudarnos como jugador, y mientras esté con nosotros no tendrá que sufrir con su hermano en las calles. Sé que es muy egoísta pedir esto, pero por favor… -Summy prácticamente rogó la admisión de los hermanos al equipo.

-No te molestes pequeñajo. Soy un "Ladrón". Nadie va a querer jugar conmigo. Además, no me interesa el Fútbol Pokémon. –Ombra ponía actitud dura y orgullosa.

-¿Air? ¿Qué opinas? –Ember no se quería pronunciar al respecto todavía. Cedió el turno a su compañera.

-¿Yo? Um… Bueno, no somos demasiados en el equipo… En esa parte nos beneficia, pero ¿Cómo podemos fiarnos de él? No sabemos siquiera si lo que nos ha dicho es la verdad. En nuestro equipo defendemos el apoyar y ayudar a quien lo necesite, sí… Pero todo tiene unos límites supongo.

-Entiendo tu actitud Air. Yo tampoco confiaría en alguien tachado por los demás de malvado ladrón. Pero es la verdad. Lo creas o no. Me da igual. –Ombra juraba decir la verdad, pero tampoco podía probarlo él, así que supuso que no había nada que decir.

-Si te aceptáramos en el equipo, ¿habría alguna garantía de que no mentirías más? –Mussel tomaba el relevo a su compañera.

-No creo poder prometer eso… Creo que ya ha quedado claro el motivo. –Miró de reojo a Notte mientras respondía. Acto que no pasó desapercibido para Mussel.

-Démosle una oportunidad. Yo le creo. Si nos ha contado todo eso ante su hermano, es probablemente porque es verdad. Él es testigo. Así que confió en él. –Levantó la mano una vez mas Mussel en aprobación.

Yo… Creo que es buena idea… Tal vez así pueda cambiar a mejor. Por intentarlo que no falte, ¿no? –Lovaura también daba su opinión al respecto. Además, era una ocasión ideal para ella de garantizar el puesto en el banquillo.

-Bueno, de acuerdo. Pero no digáis que no os he avisado. –Air aterrizaba dando su aprobación también.

-Je. ¿Y tú qué dices… capitán? –Ombra miraba sonriente malévolamente a Ember. La situación le estaba haciendo gracia.

-Si mi equipo quiere darte una oportunidad, yo no seré menos. Confió en mis compañeros, y por ello confió en ti. –Le tendió una pata. -¿Aceptaras nuestra oferta?

Ombra se quedó pensante un rato. Notte le insistía alegremente en aceptar. Dando vueltas alrededor de su cabeza y contando la cantidad de cosas buenas que podrían pasar.

-Parece que a mi hermano también le habéis caído bien… De acuerdo. Iremos juntos… como equipo. Pero yo soy un poco peculiar de tratar. –El Banette se daba aires de superioridad y misterio.

-Todo se puede corregir con tiempo. Te ayudaremos a ser mejor Pokémon. –Ember sonreía a su nuevo compañero mientras estrechaba la mano del Banette. Y este le invitaba a acercarse hasta el.

-Nada de decir la verdad a mi hermano. Es demasiado joven para saber estas cosas. ¿Queda claro? –Susurrando, el fantasma de risa perversa pareció amenazar a su capitán.

-Yo me encargare de decírselo al resto de miembros, no te preocupes. Pero no nos parece muy bien que ocultes estas cosas a tu hermano. Merece saber la verdad. –Ember devolvía el susurro al Banette.

-Eso será cuando yo decida que es buen momento. No ahora. –Tajante, dejó el tema de conversación en ese instante y se alejó. –Bueno, ¿y cuál es nuestro próximo destino?

-Vamos hacia una localidad montañosa llamada Pueblo Arroyo. Tenemos un torneo que ganar allí. –Summy respondía alegre a su nuevo compañero. Este, en respuesta, no pudo evitar soltar una carcajada.

-Cosas del destino… Teníamos pensado ir allí también. Esta vez por un asunto completamente diferente. –Ombra respondía, dando más misterio al asunto.

-En Pueblo Arroyo va a actuar una de las divas más populares del mundo Pokémon. O eso dice mi hermano. Vamos a intentar ver el espectáculo. Mi hermanito es muy fan de ella. –Notte revelaba una verdad vergonzosa sobre su hermano.

-¡Notte! ¡Esas cosas no se dicen! –Le regañó colorado.

-Bueno, tenemos torneo y además un espectáculo… Creo que será divertida nuestra estancia en Pueblo Arroyo. Pongámonos en marcha pues. Tenemos que registrarte cuanto antes como miembro del equipo, y eso no podrá ser hasta llegar allí. ¡Adelante equipo! –La energía de Ember se contagió a casi todos los miembros del equipo, pues Ombra aun se mostraba algo reacio. Y con aquella motivación grupal, pusieron rumbo hacia su siguiente destino.