Diamante en Bruto
Capítulo 11. Las mujeres de marfil.
Hermione reaccionó, pero inmediatamente se percató de que estaba atada de pies y manos a la cama de su departamento, trató de buscar una explicación… al pasear la mirada por la habitación para encontrarse con Malfoy sentado en una silla que estaba pegada a la puerta.
-¡Auxilio!- Comenzó la castaña rasgándose la garganta.
-Yo en tu lugar no lo haría Granger.- Dijo tranquilamente Draco. – Le puse un hechizo insonorizado a toda la habitación, aunque dejes tus pulmones esparcidos por todo el piso no te va a servir de nada.
-Eres la peor de las mierdas.- Refunfuñó Hermione cargada de ira.
-Quizá lo fui en un pasado.- Comenzó Draco sentado con las piernas cruzadas, viendo fijamente a Hermione. -Pero no me dejaste demostrarlo, ahora vas a conocer lo que es no tener piedad… porque nada me obliga a ser piadoso o amable contigo… en fin, no voy a discutir contigo. – Se acercó a la cama y recorrió los labios de Hermione con la varita. -Casarte conmigo solamente va a ser el comienzo Granger, no es tu vida la que cambia, no eres solamente tú la que va a perder algo-… también pierdo yo.- Al decir eso a Draco se le vino a la mente el rostro de Yanara, sus ojos, su paz, su sonrisa, su cuerpo, sus caricias, y su coraje a la castaña incrementó.
-¿Hay algo que valores lo suficiente como para lamentar su pérdida?- La castaña comenzaba a jalonearse de las manos, hasta que una de las cuerdas rasgó la piel de la muñeca izquierda, lo que provocó un quejido de dolor.
-No sigas levantando juicios a lo idiota Granger.- Ordenó Draco aun de pie junto a la cama. –Ahora, comencemos a planear lo que pasará en los próximos meses.- Tomó su varita y apuntó directamente al pecho de la Gryffindor. –OK. Ahora, no te vas a casar con Ronald, ¿Cierto? Eso cambia muchas cosas, no solamente vas a modificar mi status, yo voy a modificar completamente el tuyo, al casarte conmigo vas a ingresar a la cúspide de la sociedad mágica inglesa, ¿Me entiendes?- Draco tenía el impulso de matarla o por lo menos llenarla de crucios.
-¿Qué?- Preguntó Hermione consternada, o Draco era muy cínico, o era el único de los dos que estaba tomando en serio la boda. –Malfoy, no sé si te has dado cuenta, pero la sociedad mágica te odia, a ti y a los tuyos.- Hermione inyectó de veneno cada palabra que salía de sus labios, deseaba que ese prepotente platinado sufriera por lo menos la mitad de lo que ella estaba sufriendo en ese momento.
-Ese es el punto Granger… no eres tan inteligente como lo presumes… Hablame de la sociedad antigua.- En un solo movimiento, Draco ya estaba tomando la cara de Hermione con su mano izquierda, un horrible sentimiento de impotencia comenzaba a llenar el pecho del rubio, como pretendiendo que el simple contacto forzado fuera a transmitirle a la castaña las emociones que lo estaban embargando, ella pensaba que para él todo era sencillo, pero no era así, era nuestro amigo de nombre destino lo que iba a provocar que las cosas tomaran un orden cruel. –Los Malfoy son aristócratas por naturaleza, así que no te sorprenda que en cuanto nos casemos te veas envuelta por las mujeres más finas de Londres, ten presente que eres un Héroe de Guerra, amiga de Harry Potter, lo que nos lleva a lo siguiente: Todas las miradas estarán sobre ti…
-Ya entendí- Contestó enojada Hermione. -¿Qué tengo que hacer?- Escuchar las palabras de Draco para la chica fue demasiado, se dio cuenta en ese momento de que su vida cambiaría para siempre, entendió que el hecho de que tratara de poner resistencia solamente iba a derivar en maltratos físicos, como estaba sucediendo en ese momento.
-Simple… Volverte toda una dama.- Anunció Draco inyectado de crueldad. –Porque no eres el mejor ejemplo de comportamiento Granger.
-No es tan difícil, para ti dama significa total sumisión, simplemente ve la forma en la que conseguiste que me casara contigo…- Los ojos de la castaña se inyectaron de lágrimas.
-No me dejaste otra opción… Yo quise cambiar.- Contestó Draco. –Ahora, vamos a Malfoy Manor, allá te esperan.
Luego de una batalla de miradas Hermione cooperó con Draco para llegar finalmente a Malfoy Manor, pero llegó aun atada de sus manos, Draco tenía su varita resguardada aún en un bolsillo interior de su túnica color gris. Para sorpresa de la chica, fue Narcissa Black quien salió a recibirlos.
Narcissa llegó al recibidor acompañada de dos elfos domésticos como si fueran a una fiesta, Poky la elfina iba con un simpático vestido color rosa, y el elfo iba ataviado con un pequeño traje. Cuando la madre de Draco los vio llegar el alma se le hizo pedazos por dentro, ver a la chica atada de sus manos al frente, haciendo juego con la tristeza que pudo ver en sus ojos fue lo que acabó de comprobarle que Draco comenzaba a irse de sus manos.
-Bien.- Comenzó Narcissa haciendo acopio de toda la serenidad que le fue posible. -¿Ella es Hermione Jane Granger?- Preguntó acercándose a la entrada del recibidor.
-Ya nos conocemos señora, fui torturada al otro lado de esta habitación, usted fue una espectadora de primera fila.- Respondió la chica con rencor. Era cierto, Narcissa había visto aquella escena tiempo atrás, no hizo nada por impedirlo.
-Bien- Respondió Narcissa ignorando garrafalmente el comentario de la castaña. -Escuché que contraerás nupcias con mi hijo, tenemos que planear exactamente qué harán antes de eso. Deben contemplar que debe ser algo que se crea, muy bien actuado.- Por dentro Narcissa quería que la joven parada frente a ella se fuera, que dejara de lado todo, que no regresara y dejara de perturbar la calma con la que su único hijo había regresado a Londres.
-Lo sabemos.- Contestó al fin Draco. –Tengo contempladas las fechas para eso, no nos vamos a casar hasta que ella haya tomado la protesta frente a Wizengamot.-
-Es la boda lo que más me preocupa.- Argumentó Narcissa. –Va a ser un escándalo. ¿Iniciaste ya en cortejo?- Preguntó Narcissa.
-Obvio no.- Contestó Draco señalando la situación en que se encontraba Hermione. –Si de verdad quisiera cortejarla créeme que no la amarraría… Esta tipa es de lo peor, no me impulsa a cortejarla.- Concluyó Draco volteando a ver con desdén a Hermione.
-¡Te prohíbo volverte a referir así en mi presencia!- Sentenció firmemente Narcissa. –No estás frente a tu padre Draco, estás en presencia de una dama.- Los ojos de Narcissa no tardaron en reflejar la decepción que sentía.
-Granger.- Retomó Narcissa. –A partir de hoy seré, por lo menos de renombre, una segunda madre para ti. Y mi deber, es enseñarte todo lo referente a las tradiciones Malfoy – Black, dos familias milenarias que están llenas de lineamientos, ¿Me sigues?-Hermione asintió. –El cortejo debe comenzar lo más pronto posible…-Narcissa volteó a ver la mano de Hermione, no pasó desapercibido el pequeño anillo en el dedo de la chica.-Dame eso.- Ordenó extendiendo la mano.
-No.- Desafió la castaña.
-Accio anillo.- Conjuró la elegante bruja con un movimiento de su varita.
-¡Démelo!- Suplicó la Gryffindor. –Es de Ron…-La voz de Hermione se apagó mientras lloraba.
-Lo verás cuando termine todo, si haces lo que te pedimos vas a salir ganando… tus padres seguirán vivos y te doy esto.- Mostró el anillo.
-Lo haré.- Aceptó la castaña.
-Muy inteligente chica…- Fueron las palabras de Narcissa.
-A partir de mañana comenzaré a cortejarte.- Inició Draco. –Vas a parecer feliz, aceptarás mi cortejo, ¡Ojo! Solamente será en público, mi madre dará una o dos fiestas para que no vean, nos aseguraremos de que todo Londres crea que estamos enamorados.-
-Sí.- Contestó Hermione.-Quiero ver a mis padres.- Solicitó la chica.-
-Por cierto.- Respondió Draco.-Les pediré tu mano en un banquete.- Es la tradición.
-¿Puedo verlos?- Nada podía importarle ya a la chica.
-Poky.- Solicitó Narcissa, en cuanto apareció la elfina –Llévala con sus padres.- Ordenó la mujer mientras con un movimiento de la varita desataba las cuerdas de las muñecas de la chica.-Draco hijo, quiero hablar contigo.
Cuando Hermione desapareció rumbo a los pasillos, Narcissa dirigió una severa mirada a Draco, que se mantenía de pie con los brazos cruzados hacia atrás.
-A la biblioteca.- Ordenó la mujer caminando.
Draco la siguió en silencio. Una vez en la biblioteca la mujer se sentó en uno de los sofás del inmenso lugar, lleno de libros y mapas de lugares inimaginables.
-¿A qué estás jugando Draco?- Preguntó la mujer.
-No estoy jugando madre.- Contestó Draco simplemente. –No me estoy divirtiendo ni siquiera.
-En serio crees que torturar a esa chica es la única forma de conseguir que ella acceda… No es una pregunta hijo, es una triste afirmación.- Narcissa mantenía un solo tono de voz.
-Me estoy condenando a que Yanara me odie… me va a odiar en cuanto sepa que me casaré.- Draco decidió sincerarse. –Tenía planes de…- No supo si quería continuar con la frase.
-Hijo… - La ternura comenzó a ganar lugar en el corazón de la elegante mujer. -¿Pensabas casarte con ella? ¿De verdad?- Puso una mano en su pecho.
-Sí madre… Eso quiero, no hablo en tiempo pasado… hablo en presente.- La seriedad de Draco le hizo ver a Narcissa que su hijo estaba genuinamente interesado en aquella chica cubana.
-¿Ya pensaste en lo que hablamos anteriormente?-
-Ya, quiero, debo decirle la verdad… Pero no sé cómo.- Explicó Draco. –Quiero ir a Cuba antes de comenzar a planear la boda.
-Todo mundo va a saber de la boda.- Señaló Narcissa fríamente.
-Lo sé, imagínate, un ex mortífago y un héroe de guerra…- Concluyó Draco frustrado, de verdad era impresionante el alcance que iba a tener su boda, pero le era más impresionante aún, que eso, definiera lo que él quería con Yanara.
Del otro lado de la mansión, un matrimonio conversaba con su hija.
-…Así fue.- Hermione acababa de explicarles a sus padres los por menores de su futura boda. –Tengo que hacerlo, si no lo hago los matará a ustedes, y eso no puedo permitirlo.- Dijo la castaña con resignación, pero también con amor.- Así me tenga que casar con el mismísimo Lord Voldemort lo voy a hacer, si eso me asegura que ustedes dos van a estar bien.-
-Hija, después de todo no creo que ese joven sea tan malo… Yo le temo más al padre.- Observó Jane.
-Los dos son de la misma clase mamá.- Murmuró Hermione con un nudo en la garganta que se comenzaba a formar. –Nunca esperes que un mortífago cambie.
-¿Hay algo que quieras compartir Granger?- Draco llegaba a la habitación con un expresión dura.
-¿Yo?- Preguntó Hermione sacada de sus cabales. –No hay nada que me interese compartir contigo.
Quizá pasó desaparcibido por los dos jóvenes, pero los señores Granger pasaban la mirada de uno a otro, como intentando descubrir algo que solamente ellos dos sospechaban.
