Autor Original: YenGirl
ID: 1441036
Los 20 primeros capítulos están ya traducidos pero por algunos motivos tuvo que dejar de traducirlo y, después de hablar con ella y con la autora original, ambas me han dado permiso para continuar con los 10 capitulos que quedan y así dejar acabada la historia.
Por ello, esos 20 capitulos llevarán esta pequeña explicación con los siguientes datos:
Traductora: VaneCaos
ID: 1641450
Y sí, he subido los 20 capítulos a la vez y os preguntaréis, ¿por qué? Simplemente por el hecho de que ya están subidos y no voy a subir los 20 de uno en uno cada semana cuando ya están todos colgados. Es un poco tonto. Los 10 últimos si irán semanales pero estos mejor ponerlos todos a la vez~
Dicho eso, nada más que añadir~
¡Que lo disfrutéis~!
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12. Ven a descubrirte ante mí
Ya había transcurrido otra semana desde la primera discusión de Kaname y Zero, y el último había decidido dejar que intentar refrenarse de pensar en el purasangre. Zero suspiró echado en su cama en la Residencia Sol. No podía negar que, si sorteaban las barreras de la desconfianza y de los prejuicios que siempre se habían instalado entre ellos, había algo más. No era puramente atracción o deseo, aunque aquellas emociones también estaban presentes; había una camaradería, una comprensión profunda y confortable que iba más allá de las palabras, incluso aunque no supieran demasiado el uno del otro. Zero no estaba seguro de qué era, pero lo apreciaba profundamente, le animaba saber que a Kaname le pasaba igual y que sentía lo mismo hacia él.
Pero otros factores continuaban atormentando al prefecto, insidiosos. Uno de ellos era el hecho innegable de que los dos eran hombres. Resopló mientras se daba la vuelta para tumbarse sobre la espalda y contemplar el techo. Durante los últimos dos años, conforme crecía y era cada vez más consciente de la presencia de Yuuki, no como una molesta hermanita sino como una chica atractiva, había soñado con compartir su primer beso con ella. Sólo que ahora ya no podía ser porque su primer beso había sido con Kaname. Y el segundo. Y el tercero.
Y todos los siguientes, ya que nos poníamos.
Cierto, Zero nunca había confesado a Yuuki sus sentimientos y sabía que ella seguía viéndole sólo como a un hermano pero, entonces,… ¿era gay? Se revolvió en la cama con un movimiento brusco cuando el corazón se le encogió de incomodidad. Nunca jamás lo había considerado y ni siquiera había pensado en ello, pero… ¡no, por supuesto que no lo era! Quería a Yuuki y apreciaba una cara bonita o a una chica atractiva cuando la tenía delante, aunque las que solía ver más a menudo eran las tontas chiquillas enamoradas de la Clase Diurna que se derretían adulando a los vampiros de la Clase Nocturna a todas horas. Aunque su comportamiento sugiriera otra cosa, Zero sabía que tanto Ruka Souen como Rima Tooya eran muy atractivas, aunque nunca se fuera a sentir nada por ellas. Además, nunca había dedicado ni una mirada a aquellos snobs masculinos de la Clase Nocturna, aunque todos fueran innegablemente guapos: Ichijo, Aido, Kain, Shiki… Vale, eran un puñado de tipos guapos, pero su apariencia nunca le había excitado de la forma que lo hacía…
Zero frunció el ceño. No, aquello tampoco era cierto. Después de todo, hacía unos cuantos años que conocía a Kaname y nunca se había sentido atraído por su apariencia y a la inversa tampoco había sucedido, estaba seguro. La cosa iba más de quién era Kaname en su interior, porque sólo había conocido esa faceta recientemente, de manera deliberada o por casualidad. El ceño se hizo más marcado aunque su corazón se aligeró un tanto.
Sí, tenía que ser eso: le atraía Kaname cuando el purasangre se desprendía de la máscara de autoconfianza y compostura que solía lucir y le dejaba ver la persona que era en realidad, ya fuera el travieso que hacía campana alegremente para ver una película y cenar con él, el purasangre juguetón que casi le había lamido los dedos en un fast-food, o la honesta persona que no había caído en el comportamiento "adecuado" a la hora de compartir la comida, o incluso el individuo solitario y dolido que anhelaba su consuelo, sus besos y sus caricias.
Zero inhaló, vacilante, sintiéndose aliviado y casi mareado de golpe. ¿Eso significaba que no era gay, entonces? Vale, ahora encontraba atractivo a Kaname, sabía que se estaría mintiendo a sí mismo si pretendía lo contrario. El joven líder purasangre era extremadamente atractivo, incluso perfecto. El pelo perfecto, los ojos perfectos, la complexión perfecta, la piel perfecta, la sonrisa perfecta. Kaname estaba increíble, olía incluso mejor (si es que eso era posible), se movía con perfecta gracia, derrochaba elocuencia y encanto natural que escondía una mente afilada, pero lo importante era que Zero no era gay.
¿A lo mejor Kaname sí?
El prefecto negó con la cabeza un momento después. No, Kaname no podía ser gay porque sabía que el purasangre también quería a Yuuki. ¿Además, cómo podía Zero competir en atractivo físico con la perfección de los vampiros de la Clase Nocturna? ¿Y cómo podía resultar atractivo para alguien, especialmente para alguien como Kaname, su comportamiento brusco y malhumorado, su habitual mirada gélida y sus respuestas monosilábicas?
Así que, si ni él ni Kaname eran gays, ¿entonces, qué era aquella extraña atracción entre los dos, que los hacía gravitar el uno hacia el otro, que les hacía querer protegerse, anhelar la compañía del otro y querer estar juntos todo el rato, como el mismo purasangre había dicho?
¿Qué era exactamente?
¿Y qué era lo que le había sucedido a Kaname en el pasado? El orgulloso y controlado purasangre se había desmoronado dos veces ya, y las dos delante de Zero. El prefecto frunció el ceño con preocupación. Tenía que ser algo lo bastante traumático como para provocarle pesadillas, incluso al cabo de los años, y algo que le hiciera temer que Zero lo considerara, según sus propias palabras, "patético".
No, no lo era, pensó fieramente. No a sus ojos… pero su corazón seguía anhelando consolar a Kaname. Se debatía entre querer saber qué le había sucedido; una furia centelleante hacia quien fuera que hubiera causado una cicatriz tan profunda en el corazón del purasangre; incomodidad al saber que él era el único en quien Kaname había confiado inadvertidamente, y un contradictorio orgullo ante aquel mismo hecho.
Todo aquello… asustaba a Zero. Saber algo que incluso los más cercanos seguidores de Kaname no conocían; tener el poder de preservar el respeto que los demás le profesaban o destruirlo; ser capaz de que Kaname sonriera o robarle la sonrisa. Lo último era evidente después de la breve discusión que habían tenido la semana anterior detrás de la galería de arte.
Suspiró. Su vida se había vuelto del revés y lo sabía. Kaname Kuran era un príncipe purasangre y, por ende, el enemigo natural de un cazador de vampiros. Él, Zero Kiryu, era tanto un cazador como un vampiro que había sido transformado a la fuerza y dolorosamente por otro purasangre. ¿Entonces, por qué conectaba tanto con éste? ¿Con este vampiro? ¿Se debía sólo a la mera novedad de darse cuenta de que la persona que siempre había creído arrogante y confiado hasta lo imposible era, de hecho, alguien con un alma sorprendentemente vulnerable que le había permitido contemplar? ¿Era sólo eso? ¿O algo más profundo, mucho más especial? A pesar de sus miedos, Zero prefería que fuera lo último, quería… quería que aquello fuera especial. Incluso aunque fuera altamente improbable, quería que Kaname pensara que él era diferente.
Y ahora que había reconocido la… atracción entre ellos, ¿ahora qué? ¿Cómo podían continuar con aquello? ¿A dónde les conduciría? Y, por amor de Dios, ¿qué pasaba con Yuuki? ¿Con Cross y el resto del mundo? Zero se giró de costado, ignorando a la silenciosa Hello Kitty sentada en su mesita de noche, para perder la vista en la ventana. Tantas preguntas y tan pocas respuestas. De lo único de lo que estaba seguro era de que quería volver a ver a Kaname, hablar con él y disfrutar de su compañía con la misma intensidad que un adolescente con su primer mal de amores.
Poco después, un pensamiento perturbador cruzó su mente y rebulló con inquietud. ¿Qué pasaría si los estudiantes de la Clase Nocturna se daban cuenta de aquella atracción entre los dos? ¿Reaccionarían con la justa ira por que él, un mero Nivel D, descendiente de un linaje de reputados cazadores y el antiguo enemigo de Kaname, nada menos, presumiera de haber atraído la atención de su querido líder purasangre? O, mucho peor, ¿se limitarían a reírse de lo patético que era, otra alma desventurada atrapada en la fascinante luz que era Kaname Kuran?
Un pequeño escalofrío recorrió el cuerpo de Zero. No, no quería que ninguno de aquellos nobles chupasangres se enterara de aquello. No podía imaginarse enfrentándose a sus miradas y a sus pullas si llegara a ocurrir.
-o-
Volvía a ser hora del cambio de clases.
A pesar de sus recientes miedos de que los otros nobles pudieran darse cuenta y, probablemente, mofarse de su imposible encaprichamiento de Kaname, Zero no pudo ignorar su presencia cuando los estudiantes de la Clase Nocturna pasaron por su lado y el de Yuuki para dirigirse a clase. El prefecto aún estaba felizmente perdido en la cada vez más conmovedora mirada de Kaname cuando, de repente, notó los ojos de alguien más fijos en él. Con un sobresalto, desvió la vista hacia el rostro situado al lado de Kaname, un poco detrás de él, enfocándolo.
Takuma Ichijo.
Zero notó que el estómago se le desplomaba hasta las suelas de los zapatos al darse cuenta de que los ojos verdes del noble lo contemplaban con una mirada cómplice y especulativa que lo dejó helado y ardiendo a la vez. ¡Maldición, maldición, maldición! Para empezar, sabía que aquello era una estupidez, quedarse mirando como dos bobos enamorados. ¡¿Cómo puñetas había podido creer que nadie más se daría cuenta?! ¡Y, ahora, mira lo que había ocurrido, que los habían pillado, y uno de los nobles de la Clase Nocturna! ¡El vicencargado, nada menos!
Completamente paralizado y sonrojado hasta las orejas, Zero no se atrevió a seguir mirando a Kaname ni tampoco pensó que su expresión anonadada era muy fácil de descifrar. Se dio la vuelta con brusquedad, notando el estómago extrañamente liviano y mareado, y se alejó a zancadas irrumpiendo a través de un grupo de sobresaltadas chicas de la Clase Diurna, dejando atrás a una Yuuki sorprendida, a un aturdido Kaname y un avergonzado Takuma. La chicas de la Clase Diurna, cada vez más delirantes, empezaron a dar agudos grititos de alegría y a acercarse a los nobles en ausencia de Zero. En el caos resultante, con Yuuki haciendo que los oídos de todos los vampiros pitaran con su silbato, nadie excepto Takuma vio a Kaname siguiendo la retirada de Zero con una expresión de sorpresa y preocupación.
Así que de verdad había algo entre ellos, reflexionó Takuma mientras una Yuuki muy estresada conseguía al final restaurar el orden y la Clase Nocturna podía continuar sin problemas hacia las aulas. El noble rubio se había dado cuenta de la creciente amistad de Kaname con el taciturno prefecto desde hacía algún tiempo. Había comenzado el año pasado, cuando se había encontrado a Zero profundamente dormido con la cabeza encima del brazo de Kaname en aquel concierto de piano, y la reluctancia de éste a despertarlo. Kaname tampoco le había dado ninguna importancia a la arrugada -y algo babeada- manga de su americana, lo cual era sorprendente teniendo en cuenta lo fastidioso que podía llegar a ser. Luego había venido aquella ocasión, cuando Takuma había pillado a Zero mirando de reojo con expresión dolida a un remoto Kaname que escuchaba con aire ausente sus explicaciones sobre su misión de comprobar los informes sobre la presencia de un grupo de cazadores renegados en la ciudad.
Aquella tarde, Takuma había estado muy preocupado. Kaname no había vuelto aquella noche y el rubio noble no había podido evitar presentir que algo iba mal. Había estado a un tris de romper las normas de la escuela y volver con Shiki a la ciudad para buscarlo, pero en aquel momento el director había llegado con un oportuno mensaje de Kaname. Cross había parecido distraído entonces, diciendo que tendría que hacer unas cuantas llamas de teléfono imprevistas antes de volver a la Residencia Luna. Aunque sabía que Kaname estaba bien y que volvería a la escuela más tarde, Takuma no se había podido sacudir del todo la preocupación agazapada en su mente. Sabía que no tendría que haber dejado al purasangre solo aquella noche, pero tampoco había podido rechazar la petición de Kaname de que volviera a la academia.
El rubio noble había permanecido en su cuarto después de agradecer sinceramente a Cross que le hubiera transmitido aquel mensaje, y había esperado las siguientes horas sentado al lado de la ventana, con Shiki haciendo ver que descansaba cuando en realidad lo estaba contemplando ansiosamente desde la cama. Takuma había suspirado de puro alivio cuando su vigilia había tocado a su fin al ver a Kaname regresando a la Residencia Luna. Pero el purasangre no volvía solo... Zero estaba con él, y el agudo oído de Takuma no había podido evitar oír algunas de las palabras que Kaname había pronunciado suavemente, pretendiendo que sólo las oyera el prefecto... algo sobre sus "manos cálidas". Claro que el viceencargado nunca se atrevería a preguntar a Kaname sobre aquel comentario, sólo si se encontraba bien.
Durante la Caza del Tesoro, Takuma estaba casi seguro de que Kaname había cambiado los últimos cuatro trozos de papel con los nombres de los participantes, asegurándose de que formaba equipo con Zero. Por si eso no fuera prueba suficiente de que había algo raro entre ellos, ¿qué había pasado en Nochebuena cuando Takuma había pegado muérdago en el techo encima del piano? De no haber sido por la riña de críos entre Kain y Aido, ninguno de los nobles, ni Cross o Yuuki habrían podido comprobar la peculiar manera en que Kaname y Zero se habían mirado, como si -por difícil de tragar que fuera- hubieran deseado aquel beso. No había sido hasta algo más tarde, cuando todo el mundo se había ido del salón de la Residencia Luna y Takuma estaba recogiendo en una mesita todos los vasos usados, cuando se había dado cuenta de que el regalo de Zero ya no estaba en el saco rojo al lado de su silla, y que tampoco estaba el otro ramillete de muérdago que había enganchado en el umbral de la puerta. Desde luego, cualquiera habría podido cogerlo al marcharse -hasta el director Cross, pensándolo bien-, pero Takuma se preguntaba en qué momento la ramita verde había sido retirada de su lugar... y por quién.
Y ahora, durante la última semana y media, Takuma se había dado cuenta de que Kaname había estado intercambiado miradas sutiles y -a juzgar por la reacción de Zero- cargadas de significado con el prefecto. El noble frunció el ceño, mirando de reojo al silencioso purasangre que caminaba a su lado. Si los dos seguían mirándose así, por discretos que fueran, cabía la posibilidad de que alguien más se diera cuenta, si es que aún no lo habían hecho.
A Takuma ni siquiera se le pasaba por la cabeza especular sobre aquello con nadie, ni con Shiki, pero decidió vigilar de cerca a su amigo purasangre y al prefecto, aunque sólo fuera por si tenía que advertir a Kaname de que su comportamiento era demasiado obvio y de que se arriesgaba a ser descubierto. Estaba decidido a proteger el honor y la felicidad de su amigo a toda costa. Incluso aunque, al parecer, estaban en manos de la persona que menos habría imaginado, Zero Kiryu.
-o-
De vuelta en su habitación, Zero caminó arriba y abajo, agitadamente, metiéndose la bronca por haber sido tan despreocupado. Sólo había pretendido echar una ojeada rápida a Kaname pero, como había ocurrido durante las dos últimas semanas, la suave mirada en aquellos ojos había capturado completamente su atención. Zero frunció el ceño con ganas ante la silenciosa expresión cómplice de su Hello Kitty. Incluso aunque, en el fondo, sabía que era sólo cuestión de tiempo que los demás se dieran cuenta, el hecho de que Takuma Ichijo le acabara de pillar mirando a Kaname con ojos de cordero lo mortificaba.
Él... no estaba preparado para que nadie más lo supiera. Todo era demasiado nuevo, incierto y todo estaba demasiado tierno. Zero estaba bastante seguro de que quería seguir con lo que tenía con Kaname (lo que fuera), al menos durante un poco más, pero no de que el resto de la gente lo supiera y hablara a sus espaldas. Al menos, todavía no. No hasta que hubiera aclarado sus dudas y se sintiera lo bastante cómodo como para aceptar o ignorar las opiniones de los demás, fueran favorables o no.
Sabía que Kaname parecía disfrutar mucho de su compañía y siempre parecía cercano, incluso normal, cuando estaban juntos pero, ¿y si aquello sólo era una novedad para el purasangre? Mucho peor, ¿y si aquello sólo era un juego para Kaname?
Zero dejó de caminar un instante, con la respiración agitada y los pensamientos convertidos en un torbellino. Un miedo oscuro mezclado con inseguridad lo azotó, dejándolo helado y nervioso. ¿Y si... y si Kaname no era nada más que un maldito buen actor y Zero había caído a cuatro patas con unas cuantas sonrisas dulces y algunas lágrimas fingidas? Después de todo, había conocido a Kaname en casa de Cross hacía algunos años y se habían odiado a primera vista. Bueno, al menos él.
Kaname era un purasangre, del mismo nivel que la mujer que lo había mordido y transformado en aquella aciaga noche de hacía cuatro años... ¡eran lo mismo! Pero las tripas de Zero se revolvieron ante aquel mero pensamiento. Era imposible que fueran iguales... y Kaname no era cruel, como aquella mujer. Después de todo, había visto el miedo en los ojos de Zero y le había prometido que no le iba a morder, incluso aunque el prefecto sabía que lo deseaba. Seguramente, eso significaba que le importaba algo a este purasangre.
Zero apretó sus manos temblorosas en puños e inhaló profundamente para calmarse. Pues claro que le importaba a Kaname, incluso aunque no lo hubiera dicho -no es que Zero hubiera sido honesto, tampoco. Pero tenían planes para ir a la ciudad este fin de semana, aprovechando que estaba más lejos que la situada al lado de la Academia Cross. Quizás podían ver otra peli juntos... e intentar enterarse de algo esta vez. Quizás también podrían conocerse un poco más.
Así que aquello estaba bien, era correcto. Zero inhaló de nuevo. Incluso si el viceencargado los había pillado mirándose -o, más bien, le había pillado a él mirando a Kaname-, seguía estando bien, tenía que estarlo... Zero conocía la profunda lealtad que los nobles profesaban a Kaname, especialmente Takuma, el más cercano a él. Si alguno de los nobles tenía que enterarse de aquello, prefería que fuera el amistoso y comprensivo rubio de ojos verdes que cualquier otro como, por ejemplo, Aido, que probablemente lo habría convertido en una estatua de hielo al instante.
Esto estaba bien... seguía siendo correcto. Suspiró y se pasó los dedos por el pelo plateado, preguntándose si estaba tan desesperado como parecía. Era la hora de la cena para la Clase Diurna pero se había quedado sin hambre. Quizás un paseo le sentaría bien, siempre podía encontrar algo para cenar más tarde.
Salió de la habitación todavía con el uniforme puesto, con la intención de pasear hasta el lago para aclararse las ideas.
-o-
Media hora después de que la Clase Nocturna hubiera empezado las clases, Kaname se excusó con calma, diciendo que tenía una reunión con el director que no podía aplazar. No era cierto, pero hacía un cuarto de hora que le daba vueltas a por qué Zero había desaparecido de aquella manera. Entonces se había acordado de cómo los suaves ojos violetas del prefecto se habían desviado un poco al pasar al lado suyo, como si se hubiera dado cuenta de repente de la persona que estaba al otro lado de Kaname. Tenía que haber sido Takuma, porque el noble rubio era quien solía caminar con él.
Kaname era consciente de que aquello era culpa suya, por quedarse mirando a Zero hasta que el prefecto no podía evitar sonrojarse de forma tan atractiva. En un primer momento, el purasangre se había sentido incómdo al darse cuenta de que su amigo había presentido que había algo entre Zero y él. Después de todo, Takuma había visto a Zero durmiendo en su brazo aquella vez y le había visto regresar con él desde el hotel cuando le habían herido. Pero a la parte solitaria de Kaname... no le importaba. ¿Y qué? ¿Y qué si Takuma lo sabía? Nunca se lo diría a nadie, estaba seguro. Además, si alguien tenía que enterarse, prefería que fuera Takuma o, como mucho, Seiren, ya que los dos habían probado que nunca le traicionarían y que se guardarían su opinión.
Suspiró en silencio. Sabía que iba a ser casi imposible ocultárselo a los demás. Después de todo, Zero y él no se habían estado ignorándose precisamente, y la forma en la que se habían mirado bajo el muérdago la pasada Navidad había sido una pista en toda regla. Sólo era cuestión de tiempo que alguien se diera cuenta, aunque Zero no hubiera caído en la cuenta y hubiera estado demasiado cegado por todo como para pensarlo claramente.
Kaname sabía perfectamente que, si continuaban mirándose así, como quería hacerlo, los demás acabarían por darse cuenta. Takuma ya lo había hecho, ¿quién decía que el resto no? ¿Podrían Zero y él manejar aquello? ¿Y qué tenía que hacer con sus sentimientos hacia Yuuki, habiéndola querido desde el mismo momento en que la había conocido? Y Zero… a pesar de lo increíblemente bien que se había portado con él, ¿seguiría tratándolo igual si averiguara la verdad sobre su oscuro pasado? ¿O lo apartaría a un lado e intentaría ganarse la atención de Yuuki?
Mientras caminaba hacia la Residencia Sol, sabiendo que todos los estudiantes estarían cenando, inhaló profundamente y exhaló poco a poco. Era consciente de que la enemistad que Zero solía profesarle había disminuido considerablemente desde la misma noche del concierto de piano, hasta el punto de ser casi inexistente. Kaname también sabía que la rabia que había habido entre ellos provenía sobre todo de Zero, él nunca lo había odiado, nunca… pero tampoco había pensado que pudiera llegar a sentirse atraído por él. Las mejillas de Kaname se sonrojaron un tanto al pensarlo. Aunque entre los vampiros era común tener amantes del mismo género o de ambos, Kaname siempre había creído que sólo tendría a Yuuki, y para siempre. Ahora, después de aquellos meses en compañía de Zero, ya no estaba seguro. Sólo sabía que cada vez anhelaba más de Zero… su tímida vacilación, sus caricias sorprendentemente amables, sus besos dulces, su encantadora forma de responder a su roce y aquella protectora preocupación que hacía que Kaname se sintiera valorado como no se sabía sentido nunca en su vida.
Sólo que, después de lo que acababa de ocurrir, estaba seguro de que Zero volvería al modo negación, como había pasado la semana anterior. De hecho, el prefecto probablemente estaría asustado y Kaname suspiró con frustración. No sabía sido fácil conseguir que Zero admitiera que sus besos le afectaban y el purasangre no quería que nada arruinara aquel frágil progreso. Por tanto, iba a ir buscarlo y a hablar con él en privado.
El prefecto podía ser una persona espinosa a la hora de abordarlo, como una castaña, pensó Kaname con una sonrisa afectuosa. Duro y con pinchos por fuera, rechazando cualquier intento de abrirse. Pero, cuando al final lo hacía, recibías la recompensa de su dulce interior carnoso. Kaname sabía que cualquier riesgo y cualquier esfuerzo valía la pena por Zero; sólo esperaba que el prefecto pensara lo mismo de él.
El purasangre se detuvo de golpe. La fresca brisa nocturna había cambiado de dirección, trayéndole el olor de Zero. El prefecto estaba cerca, seguro. Allí… vislumbró una alta figura todavía con el uniforme de la Clase Diurna. Zero se dirigía hacia el lago, con las manos enterradas en los bolsillos de los pantalones y la cabeza plateada gacha, ensimismado.
Kaname esbozó una genuina sonrisa que iluminó sus ojos, haciendo que brillaran con suavidad. Parecía que aquella vez no tendría que ir a la Residencia Sol.
-Perfecto.- murmuró.
-o-
Zero sintió la presencia de Kaname mientras contemplaba el lago y se giró en redondo para ver al purasangre a tres metros de él, con la leve brisa agitando los largos cabellos ondulados.
-¡Kaname!
-Zero.- saludó con calma, asintiendo. Escrutó el rostro del otro, sorprendido al no hallar rechazo en su expresión.
El prefecto asintió también pero no dijo nada, sólo enterró aún más las manos en los bolsillos y bajó la vista. Kaname se acercó otro paso.
-Zero, ¿por qué saliste corriendo antes?- al ver que el otro seguía en silencio, siguió preguntando.- ¿Fue por Takuma?- el muchacho volvió a asentir, sin mirarle. Kaname frunció el ceño cuando el silencio continuó, pero insistió.- Bien, ¿y qué es lo que vio, exactamente?
El vampiro de pelo plateado levantó la vista y frunció el entrecejo… Kaname había dado en el clavo.
-¡Me vio mirándote embobado con ojos de cordero, eso es lo que vio!-gruñó, haciendo que Kaname parpadeara.
¿Ojos de cordero? Aquella era una expresión que no había escuchado hasta ahora, pero no le costó adivinar lo que significaba. No pudo evitar sonreír un poco al ver el ligero sonrojo en las pálidas mejillas del otro.
-Zero, si nos ponemos así, yo también te estaba mirando… em… con ojos de cordero.
El prefecto resopló y desvió la vista al lado.
-Él no te vio a ti, sólo a mí.- respondió, lacónico.
Ah.
-¿Te da vergüenza de que Takuma te viera mirándome así?- preguntó Kaname con suavidad.
Pasaron unos segundos de silencio.
-Sí.- murmuró Zero al final, para volver a bajar la vista al suelo.
Kaname tragó saliva, sintiendo que el corazón se le encogía; parecía que Zero estuviera… avergonzado… ¿de él? Sabía que no debería haberle dejado intuir la persona marcada que era por dentro, no debería haberlo hecho… porque sabía que pasaría esto.
-Zero, ¿estás… avergonzado de… de nosotros?- preguntó, en tono tan firme como pudo.
El prefecto levantó la cabeza de golpe, con una mirada aturdida en los ojos lilas.
-¡No, Kaname!- protestó al punto.- ¡Claro que no!
Pero el purasangre empezaba a encontrar aquellas palabras difíciles de creer.
-¿A lo mejor no vas en serio con esto?- preguntó, sombrío. ¿Con lo nuestro?
Zero abrió la boca y la volvió a cerrar. ¿Es que Kaname estaba volviendo a dudar de aquello, como la semana pasada? ¿O estaba ofreciéndole una salida airosa de aquel potencial lío? El prefecto no sabía qué pensar, pero su silencio fue como una puñalada en el corazón de Kaname. Así que era cierto, Zero no se lo tomaba en serio, como hacía él. Bien, ¿y qué esperaba?
-Ya veo.- dijo débilmente.- Entonces tendré que esperar hasta que… lo hagas, ¿no?- los ojos empezaban a escocerle, pero se controló, a pesar de que no pudo reprimir la amargura en su voz.
Zero lo contempló fijamente y exhaló, presa de la frustración. Sacó las manos de los bolsillos y las apretó en puños a los lados del cuerpo.
-¿No te importa que alguien nos haya visto? ¿No te importa que Ichijo lo sepa?- preguntó. ¿Lo nuestro? El purasangre negó con la cabeza pero no dijo nada y Zero volvió a exhalar. ¡A veces era tan cabezota!- ¡Sí que importa!- insistió, pero Kaname volvió a negar.
-No, Zero.- repuso con calma.- No veo por qué eso tiene que importar.
El prefecto soltó una seca risa de incredulidad que sonó casi como un sollozo.
-¡Te estás engañando a ti mismo! ¡Mira lo que somos, Kaname, tú eres un purasangre, yo soy un Nivel D! Sólo eso ya convierte lo nuestro en imposible.- vio que el vampiro moreno meneaba la cabeza y se apresuró a seguir hablando.- ¿Y qué pasa con Yuuki? ¡Sé que la quieres, siempre la has querido! ¡Y… y aunque yo también, es a ti a quien quiere, siempre ha sido a ti!
Un dolor insoportable atravesó el corazón de Zero, casi doblándolo. En un primer momento pensó que era la misma vieja punzada de saber que Yuuki siempre escogería a Kaname antes que a él, pero luego se dio cuenta de que era el mismo antiguo dolor pero mezclado con celos y comprensión. Celos porque quería que Kaname le quisiera a él y no a Yuuki. Y comprensión porque ahora ya sabía por qué Yuuki estaba enamorada de Kaname. Porque él también lo estaba. Supo que era un idiota y un imbécil cuando las tontas lágrimas empezaron a inundar sus ojos.
-Zero, ¿esos son todos los motivos en los que puedes pensar?- la voz de Kaname era más suave, más apagada.
Al parpadear para contener las lágrimas, el prefecto vio el dolor en aquellos ojos marrones y sorbió por la nariz a pesar de que no pretendía hacerlo.
-No.- respondió con tozudería, negándose a decir nada más.
-¿Crees que yo no he pensado en ello, en todo lo que has dicho?- preguntó Kaname, meneando levemente la cabeza, incrédulo.
Lo había hecho, y también sobre muchas más cosas. Por ejemplo, cómo se veían Zero y él a sí mismos y cómo los verían los demás… el rechazo que tendrían que afrontar tanto como una pareja en el mundo vampírico como en el de los cazadores. Incluso los humanos los verían extraños. Además, Kaname era un purasangre, uno de los pocos que quedaban en el mundo, su vida era algo en lo que todo el mundo quería participar y controlar. Tenía unas responsabilidades que Zero no tenía, poderes que el prefecto ni siquiera soñaba con poseer. Sus perspectivas, sus estilos de vida, sus opiniones, eran distintos en todo. Incluso sus expectativas de cuánto tiempo vivirían eran diferentes.
Todo era tan imposible para ellos que daba miedo sólo pensarlo, tanto que aquellos pensamientos habían perseguido a Kaname en sueños durante días. Zero guardó silencio mientras leía el miedo del purasangre escrito en sus ojos doloridos. Contraviniendo su propio juicio, su rabia se enfrió, pero meneó la cabeza.
-¿Entonces por qué estamos haciendo esto, Kaname?- rogó.
Los labios del purasangre se curvaron en una sonrisa seca. Ojalá lo supiera…
-¿No quieres que sigamos con esto, Zero?- preguntó en lugar de responder.
El prefecto volvió a soltar una risotada incrédula.
-Ojalá pudiera decir que no… pero sí que quiero.- masculló, pasándose la mano por el pelo.
Kaname suspiró, aliviado, con una trémula sonrisa en los labios.
-Me alegro.- contestó en voz baja.
El vampiro de pelo plateado frunció el ceño de golpe, preguntándose si Kaname estaba intentando cambiar de tema.
-¿Por qué te alegras?- preguntó con rudeza- ¡No es que yo te importe de verdad!
Supo que no tendría que haberlo dicho en el momento en que las palabras salieron de su boca; incluso antes de que golpearan a Kaname y le arrancaran una exclamación, supo que no eran ciertas.
-¡Sí que me importas!- protestó, sin pensar en lo débil y dependiente que sonaba aquello.
Los ojos de ambos se abrieron de par ante la involuntaria confesión. Kaname estaba asombrado ante lo que acababa de decir en voz alta. Había pensado en Zero a menudo, echando a faltar su compañía, pero nunca, ni en sus momentos de mayor intimidad, cuando estaba tumbado despierto en la cama, había pensado en sus propios sentimientos hacia Zero.
Pero era cierto, y Kaname sentía de verdad lo que acababa de decir. Le importaba Zero, y mucho. Falto de palabras, contempló al prefecto, que había vuelto a sonrojarse, mirando alrededor como si no supiera dónde posar los ojos. Zero tragó saliva y los cerró con fuerza un momento antes de mirar directamente a Kaname. Sí, se habían besado. Se habían abrazado. Habían intercambiado palabras y gestos de ternura, incluso se habían cogido de las manos algunas veces pero, ¿una declaración directa de cariño?
Kaname dio un paso al frente, haciendo que Zero se quedara de piedra.
-Dime que no sientes lo mismo.- dijo, pero el prefecto guardó silencio.- Dímelo, Zero. Dime si puedes que no sientes cariño por mí.- insistió.
Pretendía que sus palabras sonaran confiadas y autoritarias, pero acabaron pareciéndose vergonzosamente a un ruego. Zero volvió a tragar saliva, sintiendo el impulso irrefrenable de consolar de nuevo a Kaname. No podía negar lo que el purasangre había dicho, sería una descarada mentira. Mirándolo a los ojos, meneó la cabeza.
-No puedo, Kaname. No puedo negarlo.- admitió honestamente.
El purasangre cerró los ojos por espacio de un latido de puro alivio, pero acabó temblando de nuevo.
-Oh, Dios, Zero.- tomó aliento y cubrió la distancia entre ambos, echando los brazos alrededor del prefecto y abrazándolo con fuerza.- Quiero importarte.- susurró.- Lo quiero tanto…
Los ojos de Zero volvieron a arder con lágrimas pero los cerró al enlazar la espalda del purasangre sin vacilación alguna. ¿Cómo podía negar nada cuando se sentía tan bien abrazando a Kaname así? ¿Cómo era posible que todo aquello no tuviera ningún sentido y pareciera tan correcto al mismo tiempo?
Sus cabezas se inclinaron la una hacia la otra al unísono y sus bocas se buscaron, necesitando el consuelo del contacto. Kaname besó a Zero profundamente, con la mente todavía en un torbellino de dolor y de confusión. Le daba miedo la forma en que sus besos le hacían sentir tan vulnerable, como si Zero pudiera notar todos sus secretos y sus miedos sólo rozándole los labios.
Desesperado por acallar aquel miedo, Kaname se apretó más contra el cuerpo cálido del otro, inclinando el rostro para que sus labios encajaran mejor, dejando que sus corazones latieran uno contra el otro. De la garganta de Zero pareció brotar un suave sonido, pero fue engullido por el beso apasionado. Podía percibir la desesperación de Kaname por la forma en que se apretaba contra su cuerpo, como si quiera fundirse con él. A pesar de que una vocecita empezó a susurrar en el cerebro de Zero diciéndole que aquello noera una buena idea, dejó que el purasangre devorara su boca, ansioso por compartir con él todo lo que podía dar. El beso se volvió más profundo, más apasionado y más fiero.
Kaname se perdió por completo en la dulzura de los besos de Zero y en la sensación de aquel cuerpo firme temblando contra el suyo. Aquella vez, no tuvo bastante cuidado. Aquella vez, lo besó como había anhelado hacerlo, sin reprimirse ni siquiera cuando una oleada de crudo deseo lo recorrió e hizo que sus colmillos se alargaran.
Lo que ocurrió luego era inevitable… Kaname tironeó del labio inferior de Zero y un afilado colmillo traspasó la suave carne del lado interior. Al momento, una sola gota de sangre brotó del diminuto corte, floreciendo entre sus bocas y haciendo que los dos vampiros se quedaran helados.
A Kaname, el sabor de la sangre de Zero le pareció delicioso, intoxicante. Para el emocionalmente agitado purasangre, nada en el mundo podía tener aquel sabor tan hermoso. Necesitaba más... o enloquecería. Enlazó a Zero con más fuerza y el corazón martilleando tanto por deseo como por ansia de sangre mientras chupaba el labio ensangrentado del prefecto. Tan dulce, tan increíblemente dulce... El mundo y los sentidos de Kaname estallaron en carmesí.
Zero reconoció el sabor de su propia sangre y forcejeó para separarse, presa de un pánico que disipó el deseo por completo. Oh, Dios, aquello era un error... dejar que Kaname le besara así era un gran, gran error. Pero la punta del colmillo de Kaname seguía enterrada en su labio inferior y, cuando Zero echó la cabeza hacia atrás, desgarró más la tierna carne, arrancándose un grito bajo. La sorpresa que destilaba aquel grito y la sensación del prefecto intentando separarse de él hicieron que Kaname reaccionara instintivamente, como lo haría un depredador al notar que su presa intentaba liberarse. No... no iba dejar que eso ocurriera. Los brazos de Kaname atrajeron a Zero aún con más fuerza mientras se apretaba contra sus labios ensangrentados. Volvió a morder su labio con un gruñido animal resonando en la garganta.
Aquella vez, fue deliberado.
El cuerpo de Zero dio un respingo de dolor, pero Kaname engulló su exclamación, revelando su lado más oscuro al retirar los colmillos y chupar avariciosamente la sangre que manaba de las heridas gemelas antes de retirarse un poco y lamerse los labios. Zero intentó controlar una oleada de pánico ciego, respirando trabajosamente. Apoyó las palmas de las manos en el pecho de Kaname y empujó, rompiendo la presa del purasangre. Se tambaleó hacia atrás un par de pasos antes de recuperar el equilibrio y, al fin libre, se encontró cara a cara con un Kaname que nunca había visto. Ojos completamente rojos, piel tensa sobre el rostro y la garganta, labios y colmillos brillando a la luz de la luna, teñidos de sangre... de susangre.
Durante un segundo que pareció prolongarse durante una eternidad, los dos no hicieron nada más que mirarse, con el pecho subiendo y bajando y el sonido de sus corazones y pulmones retumbando en sus oídos. La mente de Zero le gritaba que disparara a Kaname, que le disparara antes de que volviera a atacarle. Otra parte le decía que saliera pitando ahora y decidió escuchar a la última. Giró sobre sus talones con la adrenalina haciendo que se moviera más rápido que lo nunca había creído posible. Un paso... otro... hasta echar a correr, de vuelta a la Residencia Sol y a una cierta seguridad. De vuelta a un lugar en el que podría esconderse, lamerse las heridas y llorar por un hermoso sueño que había salido mal...
Antes de que pudiera correr más de un par de pasos, lo atraparon. Unos brazos delgados con la imposible fuerza de un purasangre lo rodearon por la espalda, uno alrededor de su corazón galopante y el otro alrededor de su estómago. Kaname atrajo a Zero contra su pecho con fuerza y los dos trastabillaron hacia un lado, casi cayendo al suelo cuando el ímpetu llevó al purasangre a estrellarse contra el cazador. La gracia y la destreza de Kaname acudieron en su ayuda y recuperó el equilibrio un segundo después, atrayendo a Zero con más fuerza contra él para equilibrarlo. Antes de que el prefecto pudiera hacer nada más que inhalar en sorpresa, notó el rostro de Kaname contra el lado derecho de su cuello y su aliento cálido rozó la desprotegida piel pálida. Zero se quedó helado y su mente se hizo añicos. ¡No... Kaname, no! ¡Por favor, no!
Unos labios calientes y húmedos se pegaron a su cuello. Aquella fue la única advertencia que Zero recibió y gritó con todas sus fuerzas cuando unos largos colmillos afilados se hundieron profundamente en su carne.
El mundo de Kaname estaba teñido de rojo. Ni siquiera oyó el primer grito de Zero mientras bebía a grandes sorbos, encontrando la sangre del prefecto más satisfactoria que nada de lo que hubiera probado hasta entonces. Zero forcejeaba enloquecido, arañando sus brazos y pateando sus piernas, mientras los sollozos brotaban de sus labios... pero los sentidos del purasangre no registraron ninguna de aquellas sensaciones. Después de unos cuantos sorbos, el prefecto volvió a gritar y el eco de su pánico penetró en la niebla roja que nublaba la mente de Kaname. Aflojó los brazos, en shock, y aquella vez, Zero consiguió liberarse. Volvió a darse la vuelta con las piernas separadas, y la Bloody Rose apareció en su mano, con la larga cadena ondulante brillando a la luz de la luna.
Por segunda vez en pocos minutos, los dos se miraron, respirando aún más agitadamente que antes. Los ojos de Kaname ya no mostraban un velo carmesí, sino una total conmoción ante las dos heridas abiertas en la garganta de Zero y los hermosos regueros rojos en su piel, goteando en el cuello de la camisa blanca. Pero lo peor de todo era la expresión de sus ojos. Llenos de traición, ira y dolor mientras contemplaban la boca manchada de sangre y los colmillos de Kaname, y su propia esencia resbalando por la barbilla del purasangre hasta la chaqueta del uniforme blanco.
Kaname tembló con violencia, con el corazón tan encogido que pensó que iba a sufrir un paro cardíaco. ¿Por amor de Dios, qué había hecho? Por favor... por favor que esto sólo sea una de mis pesadillas, por favor...
-Zero.- murmuró, abatido por el horror y la culpa de lo que había hecho.
Un sollozo estrangulado brotó de la garganta herida de Zero, a pesar de que seguía apuntando al corazón de Kaname con la Bloody Rose. El prefecto se llevó la otra mano al cuello.
-Tú... me has mordido.- susurró, con la incredulidad y el dolor impregnando cada una de aquellas cuatro condenadas palabras.
Kaname tragó saliva, todavía paladeando la deliciosa sangre de Zero, aunque lo único que conseguía aquel sabor ahora era hacerlo sentir aún peor.
-Zero.- murmuró mientras la garganta se le cerraba.- Y-yo lo siento mucho...
El purasangre dio un vacilante paso al frente, conmocionado, ignorando el arma antivampírica que le apuntaba, y Zero negó con la cabeza al punto con expresión aterrorizada mientras retrocedía un paso. La pistola tembló levemente en su mano.
-No te acerques más.- advirtió, tenso.- ¡No te atrevas a tocarme!
Kaname quiso llorar de pura agonía al oír aquello y casi cayó de rodillas, pero el instinto lo mantuvo en pie.
-Zero, por favor... ¡lo siento!- la voz le tembló y tragó saliva con fuerza.- Por favor, perdóname...- dio otro paso hacia él.
El prefecto volvió a mover la cabeza, con los ojos llenos de lágrimas estúpidas. Se las secó con el dorso manchado de la mano, tiznándose la cara con su propia sangre.
-¡Me lo prometiste, Kaname!¡Prometiste que no me morderías!- la pistola volvió a temblar y empezó a sollozar con fuerza mientras se abrazaba el cuerpo.- ¡Lo prometiste, maldita sea!
Era como aquella noche, otra vez... Las únicas diferencias eran que ahora Zero era un vampiro y más mayor; tenía que haberlo sabido, pero había depositado su confianza en quien tenía delante.
Kaname estuvo a punto de echarse a llorar al oír aquellas palabras.
-Lo sé.- murmuró, miserable.- Lo sé y lo siento. Por favor, créeme, Zero. Sólo... sólo quería...
-¿Esto es lo has estado buscando de mí todo el tiempo?- la vista de Zero se puso borrosa y se secó los ojos con la manga de la chaqueta.- ¿Esto, Kaname? ¿Sólo mi sangre?
El vampiro moreno negó rápidamente.
-No, Zero, no.- gimió.- Nunca pretendí... por favor...
Kaname dio un tercer paso adelante y Zero negó en advertencia, con los labios temblorosos apretados en una fina línea para acallar los sollozos que le destrozaban la garganta. Volvió a levantar el arma, lo único que tenía para impedir que Kaname siguiera acercándose. Quitó el seguro con un dedo que temblaba y el audible "clic" hizo que el purasangre se detuviera, incrédulo.
-¡Aléjate de mí, vampiro!- siseó Zero mientras sus propios colmillos se alargaban en respuesta, con la garganta estrangulada y la voz ronca de dolor.-¿Sabes lo más irónico de todo? ¡Que me creí tus mentiras! ¡Todas! ¡Pues ya basta, Kuran... te odio y no quiero volver a verte jamás!
Por un momento eterno, Zero no pudo creer la expresión destrozada en los ojos de Kaname... era como si algo hubiera muerto en su interior. El corazón de Zero respondió con una punzada de dolor, pero, simplemente, no podía digerir ni creer en nada de aquello. Kaname no era mejor que la purasangre que lo había mordido y transformado hacía cuatro años... y era mejor que tuviera bien claro lo que era realmente Kaname. Pero, mientras se tambaleaba hacia la Residencia Sol, sin molestarse en enfundar la pistola o comprobar si se encontraba con alguien por el camino, no entendió por qué el corazón le dolía tanto como el cuello.
Kaname permaneció donde estaba, completamente aturdido. Transcurrieron cinco minutos antes de que se diera cuenta de dónde estaba y de que tenía que volver... antes de que Takuma o algún otro viniera a investigar el olor de la sangre de Zero. Se obligó a trastabillar de vuelta a la Residencia Luna, notando el corazón como un pesado lastre de dolor en su pecho y la mente entumecida.
Tenía razón al creer que nunca conseguiría que nadie me amara...
Tenía razón al creer que nunca merecería a alguien tan honesto y atento como Zero Kiryu...
Cuando finalmente llegó a su habitación, se desplomó en el sofá, doblándose sobre sí mismo y dejando que las lágrimas calientes de arrepentimiento y desesperación cayeran entre las pestañas cerradas. A pesar de sus mejores intenciones, había conseguido que Zero lo odiara, más de lo que lo había hecho en el pasado. No había maldita manera de que el orgulloso y tozudo prefecto pudiera perdonarlo, y menos acceder a volver a verlo.
No había... esperanza. Y no había nada que él pudiera hacer, excepto encogerse y llorar como si se le fuera a partir el alma, deseando con todas sus fuerzas poder borrar todo lo sucedido en los últimos minutos.
Por favor… por favor, Zero, perdóname. Nunca pretendí morderte así. Nunca…
