¡FELIZ 2015! Y feliz navidad también.

En serio: espero que lo estéis pasando genial en estas fiestas. Tiempo que no nos veíamos (aunque por supuesto sea culpa mía~). Bueno, al tema: varios han sido los motivos esta vez por la larga, larguísima actualización esta, a saber: el pánico a la hoja en blanco, uno que pese a tener bastante claro el capítulo duró como mes y medio; y la muerte de mi teclado, hecho que me obligó a seguir escribiendo el fic a mano en una libreta (por suerte esto último ya está parcialmente arreglado).

Pues bien: simplemente decir que a partir de ahora, si surge algún contratiempo de este tipo, lo cual es muy probable dado que el nuevo semestre se acerca, lo pondré en mi perfil e intentaré ir actualizándolo, más que nada para dar señales de vida…


•Capítulo 12
•El loco del cuaderno rosa

¿Diga?

¡Axel!

¿Marl…?

¡Sí, sí, sí, soy yo! ¡Oye, que sepas que te he descubierto: SÉ QUE ESTÁS POR ROXAS!

¡¿Pero qué dices, bastardo?! ¡¿Cómo se te ocurre siquiera insinu–?!

¡No! ¡Ah-ah! ¡No intentes negarme nada, porque tengo pruebas más que concluyentes, y…! No importa, ¡tenemos que hablar! ¡Ahora!

¡Está bien, está bien! …Voy…

Casa de Sora. Y no tardes. Como tardes…

¡Que voy, joder!

Bien. Recuerda: casa de Sora.

Genial. Hasta ahora.


Ese día la librería, además de vacía, estaba en absoluto silencio.

Realmente uno, teniendo en cuenta quienes eran sus dependientes, podía dar por hecho que esto era algo absolutamente habitual en el día a día de la pequeña tienda, dados sus antecedentes. Sin embargo cabe recordar también que, si bien Roxas siempre se había dado al silencio y a la falta de interés en lo que concierne a todo lo referente al pelirrojo, no se podía decir lo mismo de éste otro.

Axel nunca estaba en silencio, ya fuese para molestar al rubio o para… Bueno. Solo para molestar, en realidad. Era absurdo afirmar lo contrario cuando al fin y al cabo uno de los hechos por los que había tomado la decisión de aceptar el trabajo era el estar cerca de él la cantidad suficiente de tiempo al día como para convertirse en una verdadera molestia. Eso era también algo que todos sabían.

Y era precisamente por ese motivo por lo que resultaba tan extraño el que la librería estuviese tan silenciosa. Desde la misma hora de apertura, hoy tan solo con una jornada parcial de tarde, ninguno de los dos presentes se había dignado siquiera a mirarse. No hubo puyas de entrada, ni insultos ni pequeños intentos por llamar la atención, ni siquiera para matar el tiempo.

Ninguno tenía ánimos de hablar.

El motivo, el mismo. La motivación, distinta.

De pronto el tintineo de la puerta indicó la llegada de un nuevo cliente. Axel, dedicándose a colocar nuevo material en las estanterías, dejó el trabajo de atender al recién llegado a Roxas.

—Buenas tardes —saludó el rubio, incorporándose. Hasta ese mismo momento había estado pasando el rato jugueteando con la máquina registradora por puro aburrimiento.

—Buenas tardes —devolvió la joven, acercándose directamente a él—. Tenía hecha una reserva…

Axel miró a la pareja de reojo. Pero más concretamente, a Roxas. Distraído, ahora se veía libre de poder observarlo correctamente y poder así intentar incluso escrutar su rostro y gestos a la espera de lograr averiguar exactamente qué le podía estar pasando por la cabeza. En cualquier otra ocasión ni siquiera habría tenido importancia el simple hecho de que pillase mirándolo, pues esto no era más que una de las muchas molestias que tenía el pelirrojo con él. Sin embargo esta vez era diferente. Es vez tenía un significado muy, muy distinto.

Una vez terminó de atender a la chica, Roxas, con un suspiro de cansancio, apoyó su barbilla sobre la mano y se reclinó de nuevo en el mostrador. Pese a intentar evitarlo por todas las maneras hasta el momento, no pudo evitar lanzar una rápida mirada al lugar donde se encontraba Axel. Al ver que éste tenía sus ojos clavados en él, los apartó rápidamente.

El pelirrojo frunció el ceño, sin embargo no los apartó. Sabía perfectamente —pues Roxas acababa de demostrarlo sin lugar a dudas— lo que el chico estaba pensando. Y era precisamente lo que él había estado suponiendo a lo largo de todo el día. En definitiva, no le gustaba nada.

Y fue precisamente por este motivo que, contrario a lo que había estado haciendo hasta ahora, continuó mirándolo sin ningún pudor. Con los ojos entrecerrados. Fijamente. Atravesándolo. De una manera que el rubio no podría pasar por alto de ninguna forma. Aunque para sorpresa de Axel, lo hizo. Evidentemente, a propósito.

Si bien continuaron así durante varios minutos, Roxas haciendo cualquier cosa por no mirarlo y Axel sin quitarle los ojos de encima a la espera de una reacción que no llegaba, finalmente fue él quien tomó la decisión de hablar por primera vez.

—Bueno, ¿qué? ¿Vas a decir algo o piensas quedarte callado tooodo el tiempo?

Roxas se volvió hacia él tan solo un segundo, antes de seguir de nuevo con lo suyo, sin molestarse aun en dirigirle la palabra. Esta vez la mirada del pelirrojo cambió a una exasperada.

—No te creerás realmente todo lo que dijeron ahí, ¿verdad? —insistió, sin intención alguna de dejar de hablar ahora que había empezado. El rubio hizo una mueca. Y sin volverse a él, respondió —aunque a Axel no le pareció una respuesta— en voz baja.

—Yo ya no sé qué pensar…

—¡Ja! —ladró el pelirrojo—. Pensar. ¡Tú! Perdona, enano, pero te recuerdo que es Marluxia quien está pensando por ti. Ni siquiera te has parado a decidir si puede ser verdad.

—Ya, como si tú hicieses mucho por evitarlo… —murmuró el otro, sin ánimos algunos por seguir con la conversación. Le dio la espalda y empezó a cambiar de lugar algunos libros, más que nada por hacer algo que pudiese distraerlo y alejarlo del mayor.

Ante esto Axel alzó una ceja.

—¿Hacer? ¿Yo? —Se volvió completamente hacia él, dejando de lado su tarea para centrarse únicamente en lo que tenía que decir—. Disculpa, pero si ahora te ha dado por la paranoia no es culpa mía —bufó—. ¡Ni siquiera te has parado a pensar lo absurdo que es!

—Lo he pensado lo suficiente, gracias —replicó, aun sin volverse a mirarlo—. Simplemente cállate y haz el favor de dejarme en paz.

—¡No hasta que no me hagas caso! ¡Créeme! —exclamó Axel, alzando la voz de manera innecesaria al tiempo que daba un par de pasos en dirección hacia el rubio, absolutamente harto de toda esa situación—. ¡NO ESTOY ENAMORADO DE TI!


Cuando Axel llegó ese día, Marluxia sonreía.

Fue él quien se encargó de abrirle la puerta a él y a Demyx. Fue él quien los tomó de los brazos y arrastró al interior del apartamento sin oportunidad de replicar ni, en cualquier caso, escapar. Y por supuesto, fue él quien terminaría haciendo de esa tarde un maldito infierno.

Sin embargo, dejando de lado todo esto, Axel, decidido a saber qué mierda había sido aquella llamada absurda recibida durante su terapia, tomó la decisión de ir al grano desde un buen principio.

—¡Marluxia! —lo abordó, nada más abrir la puerta. En realidad es muy probable que le hubiese llamado "Marluxia" a cualquiera que le hubiese abierto la puerta en ese momento. Solo quería gritar—. ¡¿Se puede saber qué narices significa esa llamada?!

Como respuesta, por supuesto, al contrario que acobardarse o achantarse, terminó decantándose por ignorar esa evidente mala leche que se traía el pelirrojo e ir directamente a lo que él tenía en mente: poner en marcha el plan.

—¡Oh, Axel! ¡Al fin llegas! —respondió alegre, en lo que tiraba de ellos y los arrastraba al interior—. Qué bueno verte. Y a ti también, Demyx. No querías perderte la fiesta, ¿verdad?

Axel empezó a reclamarle. Por su parte, el rubio no respondió. A cambio miró con algo de preocupación a su entorno. Dadas todas las situaciones relacionadas con Marluxia hasta ese momento, así como sus evidentes desastrosos resultados, podía saber de antemano que nada bueno podría salir de ahí ese día, lo cual le parecía casi inconcebible, dado el monumental esfuerzo que había hecho Zexion al tratar e incluso casi crear un pequeño cambio sobre el temperamento de su amigo en lo que se refería a Roxas. ¿Iba acaso Marluxia a tirarlo por la borda?

—No te hagas el tonto, Marluxia. ¿Qué es todo esto? —replicó, con un tono ligeramente infantil, cruzándose de brazos. Desde detrás de Marluxia, Sora los saludó alegremente. Sin embargo, dado el estado de ánimo de ambos éste fue ignorado.

—Está bien, está bien —habló el mayor, sonriente—. Os he hecho venir- Bueno, Axel, te he hecho venir a ti porque- ¡No, espera! Primero quiero que todo el mundo se siente, ¿vale? El caso es que- ¡Vamos, pasad! Demyx y Sora al sofá. Axel, tú ponte por ahí. —El aludido lo miró evidentemente enfadado, pero no replicó—. Pues hoy he hecho un extraordinario descubrimiento —continuó— que por descontado os afecta a todos los presentes, yo incluido… Oh, espera. —Miró a su alrededor—. Sora, ¿dónde está Roxas?

El castaño volvió su vista hacia atrás en busca del susodicho, sin dar con él.

—¡Voy a buscarlo! —exclamó, levantándose de un salto del sofá y corriendo en dirección al pasillo.

—Bien hecho —aplaudió Marluxia–. ¡Y ve rápido! —añadió, en lo que se volvía de nuevo hacia los dos recién llegados, con una, cabe añadir, siniestra y espeluznante sonrisa alegre—. Hay algo realmente importante que quiero decir.

Axel lo miró con los ojos entrecerrados.

—Marluxia…

—¡Ah, ah, ah! ¡Calla! ¡No hasta que estemos todos! —lo cortó, con voz cantarina. El pelirrojo rechinó los dientes.

—¡No hace ni puta gracia! —exclamó, levantándose. Demyx se alzó rápidamente para colocar una mano sobre su hombro en un intento por tranquilizarlo, lanzándole a Marluxia una mirada reprobadora. Pese a ello, su sonrisa se mantuvo perfectamente intacta.

—Tranquilízate, Ax —advirtió Marluxia, con cuidado, sin cambiar un ápice su anterior expresión—. Esto es por tu bien- ¡No!: por el bien de todos.

—Mira, Marly. No tengo la menor idea de lo que pretendes, pero sea lo que sea, déjalo —repuso Demyx, seriamente. Tiró de Axel para volver a sentarlo y continuó hablando, ignorando las quejas de éste—. He estado hablando, ¿sabes? Antes. Con Zexion. Le he hablado de lo que pretendes hacer, y que sepas que le parece una pésima idea.

—¿Tratando de hacer? —intervino Axel, mirándolo de hito en hito. Hizo ademán de levantarse, sin embargo tras pensárselo un momento decidió permanecer sentado.

—Sí. Bueno. Zex siempre ha sido un aburrido —replicó Marluxia rodando los ojos, pasando por alto la pregunta del pelirrojo. Demyx bufó ante esto.

—Será aburrido, ¡pero sabe muy bien lo que hace! ¡Es inteligente! Si él dice que no es buena idea, es que no-

—Vale, ¡ya! —exclamó Axel, levantándose de nuevo de un salto y mirándolos a los dos indignado. Maurluxia alzó una ceja, irónico—. Mirad, no tengo ni idea de qué mierda estáis hablando, pero como sea algo relacionado conmigo, y creo que lo es, ya estáis dejándolo. ¿Lo captáis? —Se volvió por completo hacia Marluxia, sin embargo esta vez no le habló a él—. Y vosotros dos: ¿se puede saber qué estáis mirando? El espectáculo hay que pagarlo.

Tanto Demyx como Marluxia se volvieron a la vez. Junto a la puerta de entrada al pasillo estaba Sora, con una sonrisilla nerviosa, y a su lado, un Roxas cruzado de brazos y apoyado contra la pared rezumando aburrimiento y –Axel creyó ver–quizá también una pizca de interés perfectamente disimulado.

—Roxas ha oído el escándalo, y se le han quitado las ganas de venir —explicó el castaño, ignorando la acusación de Axel y tirando de su primo por la manga de la camisa hacia el centro—. Pero lo he convencido —concluyó con una sonrisa. Marluxia asintió orgulloso, y seguidamente empujó a ambos, Roxas y Axel, por los hombros para obligarles a tomar asiento, cada uno en un sofá diferente. Sora tomó lugar junto a Demyx, dejando a su primo completamente solo a merced de Marluxia.

—Ahora sí, ahora que ya estamos todos… —Miró todas las caras a su alrededor—. O al menos los suficientes… —rectificó, pasando por alto el gruñido de Axel—. Quiero que estéis bien atentos a lo que os voy a decir, porque es algo-

El timbre sonó.

—¡¿Quién narices es ahora?! —exclamó, lanzando una mirada iracunda en dirección a la puerta. Como anfitrión que era, fue Sora quien tomó la iniciativa de levantarse –pues era evidente que Roxas, en ese estado, iba a pasar olímpicamente de todo– e ir a abrir. Con un suspiro, Marluxia decidió continuar—. Como iba diciendo…

—¡Riku!

Roxas se alarmó. Instantáneamente dirigió una rápida mirada a Axel. Al advertir esto, todavía cruzado de brazos, le devolvió la mirada, alzó una ceja con aburrimiento y soltó:

—No creerás realmente que es el perro, ¿verdad?

Por supuesto que Roxas no creyó tal cosa. En realidad incluso él sabía que era absurdo pensar algo así. Pero el perro lo tenía trastornado. Qué se le iba a hacer…

—Vaya, no sabía yo que habíais decidido montar una fiesta sin nosotros. Malos amigos. —La voz de Kairi llegó desde la entrada, atrayendo la atención de todos los presentes. Asomados por la puerta, Kairi les miraba con una sonrisa ligera. Tras ella, un Riku ceñudo y absolutamente confuso ante tal cantidad de gente inesperada.

—No es una fiesta, Kairi. Es una reunión improvisada de Marluxia —inquirió Sora, haciéndose a un lado y dejándolos pasar—. ¡Y tú, Riku! —lo detuvo—. ¿Por qué siempre tiene que traerte alguien a verme? ¡Tú sí que eres un mal amigo!

—No empieces otra vez con eso, Sora —replicó rápidamente el mayor—. Sabes perfectamente que no…

Parados frente a la entrada, ambos continuaron hablando en lo que Kairi se autoinvitaba a sentarse junto a un abandonado Roxas mientras soltaba un alegre "¿qué se celebra?" y Marluxia tomaba la decisión de continuar con su revelación. En un momento dado Sora decidió cerrar la puerta tras él, sin embargo ésta no llegó a chocar contra el marco, pues una mano la detuvo antes de ello. Se volvió a mirar, extrañado. Una persona asomó por la puerta.

—¿Zex? —Demyx se levantó al verlo, incrédulo—. ¿Qué haces tú aquí? Pensaba que esto no te apetecía nada.

—Y así es —respondió él, entrando, saludando a Sora y Riku, aún ambos de pie, con un leve gesto de cabeza—. Sin embargo lo he estado pensando. Si voy a ayudar a Axel no quiero que se eche por tierra todo lo hablado esta mañana, y siendo una llamada de Marluxia… —Le lanzó una fría mirada al susodicho, el cual la recibió desafiantemente alegre. Esto hizo irritar aún más al pelirrojo.

—Bien, pues. Somos más. Eso no hace más que mejorarlo. —Se encogió de hombros—. Sentaos todos, por favor.

Y así, bastante más apretados que antes, Zexion tomó asiento al lado de Roxas, y Riku y Sora junto a Axel, quedando el primero de los dos obligado a decidirse entre el suelo y el reposabrazos. Se quedó con lo segundo.

—En fin… —repuso Marluxia, de pie en el centro, atrayendo todas las miradas—. Dado que somos unos pocos más, ahora me veo obligado a dar una explicación aún más detallada de lo que ha terminado trayéndonos aquí hoy y ahora. Es sobre Axel —señaló rápidamente, y todos los ojos se dirigieron a él—, y sobre Roxas, por supuesto. Pero más sobre Axel. —Suspiró dramáticamente—. Durante muchos años todos nosotros hemos tenido el placer de presenciar el desarrollo de una bonita aunque algo extraña relación. —Desde su asiento, Roxas estuvo a punto de replicar, sin embargo Marluxia le lanzó una rápida y amenazadora mirada que lo hizo callar. Continuó—. Sin embargo, si bien es algo que se ha logrado mantener bien escondido a la vista de todos, existe un tipo de gente más perceptiva –yo– que ha sabido ver debajo de todas esas broncas y peleas de niños ese algo especial que ha estado presente desde el primer momento.

—Bueno, ya. Aquí se acaba la tontería. —Axel se levantó, poniéndose a la altura del otro, inclinándose a él amenazador, cara a cara—. Marluxia, no tengo ni la más remota idea de lo que pretendes con esto, y si estoy ahora aquí no es más que por la absurda llamada tuya que-

—¡AXEL ESTÁ ENAMORADO DE ROXAS!

Y de pronto, el silencio cayó en la sala.


Roxas miró desesperado su reloj. Todavía quedaba poco más de una hora para terminar, y pese a ello ya había llegado al límite por esa tarde. Él no quería; no tenía absolutamente ningún interés por permanecer más tiempo cerca del pelirrojo cuando éste no hacía más que insistir en hablar de algo que él sencillamente quería ignorar. El pelirrojo gruñó detrás de él. Ahí volvía de nuevo.

—¿No vas a decir nada? —No estaba preparado para esto. Marluxia no solo había soltado esa bomba –en un primer momento absurda y bastante imaginativa– en mitad de una reunión donde estaban presente gran parte de sus amigos, si no que para colmo, ¡había logrado hacerla creíble! Y no solo para el grupo, si no para él mismo también. Eso era lo peor. Por su puesto, desde ese momento algunas piezas en su cabeza lograron encajar para tomar finalmente el sentido del que antes carecían. ¿Por qué motivo iba Marluxia a organizar todas aquellas farsas –pues no podían tener otro nombre más que ese– para intentar acercar al pelirrojo a él?

Cuando quiso darse cuenta, Axel se encontraba a apenas medio metro de distancia frente a él.

—¿Realmente te crees todas esas estupideces que dijo Marluxia? —murmuró, inclinándose amenazadoramente.

—¡No todas! —replicó, apartándose de él. Si bien habló, se abstuvo a mirarlo de todas maneras. Clavó su vista en un punto al azar a su derecha—. Pero sinceramente, dudo mucho que se haya inventado todas ellas.

—¡NO ESTOY ENAMORADO DE TI! —repitió a voz de grito, logrando atraer su mirada de nuevo a él. Axel se acercó más, lo que hizo que Roxas sintintiese un escalofrío recorriéndole toda la columna—. ¿Cómo tengo que decirlo para que te entre en esa diminuta cabecita tuya?

Axel tiene tendencia a mirar a Roxas. ¿En qué debe pensar?

—¡Deja de mirarme! —exclamó ceñudo al recordar esto, retrocediendo un par de pasos de él. Como respuesta inmediata Axel no tuvo otra que soltar una carcajada incrédula.

—¡Joder! ¡¿Ahora no puedo ni mirarte?! —Se acercó de nuevo, indignado—. ¿Qué pasa? ¿Es que ya se te han cruzado los cables? ¿O es que acaso temes terminar enamorándote de mí?

Axel disfruta discutiendo con Roxas.

Roxas reprimió el impulso inmediato de soltarle el puño contra la cara.

—Ya está bien. Para ya.

Necesidad de llamar su atención

—¡No! No voy a dejarlo. —De pronto, probablemente por el calor del momento, Axel lo tomó por los hombros en un intento de mantenerlo quieto ante él y evitar que volviese a retroceder—. No hasta que entres de una maldita vez en razón.

Necesidad de contacto físico.

—¡S-suéltame!

—¡Pues deja de intentar huir por una maldita vez y escucha! —Soltó un bufido, haciendo evidente con ello que se estaba empezando a cansarse de esa situación—. ¡¿De verdad sigues creyendo semejante tontería?!

—¡¿Pero es que no lo ves?! ¡¿Cómo quieres que deje de creer lo que Marluxia dijo si no haces más que confirmármelo una y otra vez?! —Finalmente Roxas se zafó de las manos del mayor lo más bruscamente que pudo—. No me toques. No me mires. Y ni se te ocurra volver a hablarme.


Marluxia los observó atentamente, a la espera de alguna reacción ante tal revelación. Tal y como pudo comprobar con un simple primer vistazo, dejando a un lado el shock general, algunos pasaron a mostrarse mostraron atónitos ante la absurda noticia, otros escépticos, e incluso alguno pasó a lucir una sonrisilla irónica en señal de incredulidad. Sin embargo era la expresión de Axel la única entre todos los presentes que mostraba un evidente enfado y exasperación que destacaba de entre las demás. Con sus ojos clavados sobre Marluxia. Los puños apretados. Rabia reprimida. No era así, tal y como habría cabido esperar, la de Roxas, la cual no llegaba más que a una leve molestia.

—Es absurdo —soltó de pronto alguien. Marluxia se volvió a mirarlo. Riku.

Todos se volvieron hacia él, excepto el pelirrojo, el cual se mantuvo con la vista clavada en su examigo. Al verse el centro de atención, Riku rodó los ojos y chasqueó la lengua—. Conozco a Axel de toda la vida, y eso es sencillamente imposible.

Si bien alguno que otro asintió conforme, Kairi lo ignoró y devolvió de nuevo su atención al pelirrojo.

—¿Es cierto, Axel? —Éste se sobresaltó ante la pregunta.

—¡Por supuesto que no!

Instantáneamente todo el grupo empezó a hablar al unísono entre ellos ante un orgulloso Marluxia. Axel no tuvo otra que ver, incapaz de detenerlo, cómo todos y cada uno de ellos se dedicaban a discutir sus supuestos sentimientos escondidos por el rubio mientras el mismo aludido se mantenía en un silencio absoluto. Ni siquiera pareció con ánimos de tratar de intervenir, lo que le pareció incluso más extraño.

—Vamos, todos tranquilos. No creeréis de verdad que he decidido soltaros semejante bomba sin tener pruebas, ¿no?

—Marluxia, ¿no será esto otra de tus paranoias de esas? Quiero decir… Igual que cuando creíste que estos dos se habían acostado… —inquirió Kairi, ladeando la cabeza, con el ceño ligeramente fruncido en señal de curiosidad.

El aludido prácticamente la atravesó con la mirada ante tal comentario.

—Nadie te ha preguntado, bonita. Y si dejáis explicarme… —Esperó un par de segundos más a que todos volvieron a prestarle la atención deseada, sin embargo esto no sucedió. Por supuesto, lo que había soltado era demasiado fuerte, y sobra decir que en el grupo de gente había opiniones enfrentadas que debían ser aclaradas lo antes posible, incluso, a ser necesario, dejándolo a él fuera de todo. Zexion, todavía con su tono tranquilo, hablaba con Demyx en voz baja sobre sobre algo que, si bien Marluxia no pudo oír, supuso tendría relación con el cómo afectaría todo ello a Axel. Kairi, por su parte, parecía no decidirse entre intervenir en la conversación entre Sora y Riku e intentar hacer hablar a Roxas para sonsacarle alguna mísera palabra. Axel, pese a ser el centro de todo, se mantuvo en completo silencio.

Si bien le habría encantado verlos continuar haciendo suposiciones, Marluxia decidió intervenir con un carraspeo.

—La realidad —empezó, atrayendo de nuevo la atención hacia él— es que llevo bastante tiempo investigando a fondo este toma —comenzó de nuevo—. ¿El motivo? Evidente: las señales eran demasiado claras como para simplemente dejarlas pasar. Tanto odio infundado tenía que esconder algo. No podía estar ahí porque sí…

—Difiero —intervino Axel, bruscamente.

—Por supuesto que sí. En fin: el punto pues es que con el paso del tiempo comencé a fijarme más en los movimientos de ambos. Podréis pensar que soy un paranoico, pero si fuese así, ¿por qué la mayoría de vosotros estáis dudando?

—Yo no dudo —insistió.

—Y yo te creo, Axel. Bien, ahora os quiero proponer algo. —Sonrió—. Pero antes, todos los que creáis que existe una remota posibilidad de que lo que he dicho sea cierto, que levanten la mano.

Ni Kairi ni Sora dudaron un segundo en alzarla. Marluxia, levantándola también únicamente para dar mayor fuerza a su petición, miró a Demyx fijamente, a la espera. Tras mirar a Zexion, se mordió los labios y colocó la mano sobre su regazo.

Por otro lado, en contra ante esa absurda idea, Zexion, Riku y Axel se mantuvieron completamente quietos, al igual que Roxas, que presenciaba la escena con un aparente y absoluto desinterés

—Bueno, ni Axel ni Roxas cuentan. Y dado que Demyx no es capaz ni decidir por sí mismo, nosotros ganamos —sentenció.

—¡Oye!

—Sabes que eso no es justo —replicó Riku. Zexion colocó una mano sobre su hombro para llamarle la atención, negando con la cabeza cuando éste le miró, haciéndole ver así que era absurdo insistir con él.

—¡Todos arriba! Hay que mover los sofás. ¡Venga, venga, venga!

Ante esto hubo gruñidos, quejas y replicas, sin embargo fueron olímpicamente ignoradas por Marluxia, pues al final, pese a la evidente falta de interés por la mayoría de los presentes, éste logró movilizarlos a todos y, tras un rápido consentimiento por parte de un entusiasmado Sora a colocar los muebles como él quisiera –cabe señalar que por algún extraño motivo Roxas no se opuso–, lograron despejar el centro del salón, dejando los sofás a ambos lados, enfrentados.

Y fue entonces cuando Marluxia desenfundó el cuaderno. Minutos antes –aunque según para quien hubiesen parecido incluso horas– Roxas se había asegurado de dejarlo en el sitio donde lo encontró antes de encontrarse con el resto, lo que ahora le parecía algo ridículo, pues era evidente que el mayor tenía clara intención de desvelarles a todos su contenido. Lo cual, evidentemente, no era algo buen. En absoluto.

—¿Qué es eso?

—Es una bonita casualidad el que hoy haya decidido traerlo conmigo, ¿no creéis? —dijo alegremente, ignorando la pregunta hecha por Demyx mientras se volvía hacia Kairi, dando la espalda al grupo situado en el sofá contrario. Axel pensó en acuchillarlo—. Bien, Kairi. Tú serás nuestra primera testigo. Por ahora únicamente tenemos palabras supuestamente infundadas, sin embargo estoy seguro de que todo empezará a tomar sentido en cuanto todos empecemos a darle vueltas a ello.

—Ya… ¿Y exactamente qué…? Es decir, no sé. ¿Qué quieres que diga? —El aludido asintió, conforme ante el interés demostrado por parte de la pelirroja. Abriendo finalmente el cuaderno, empezó a pasar rápidamente las páginas, parando de vez en cuando a leer alguna de ellas y murmurando para sí. Se detuvo en una. Sonrió y se volvió de nuevo hacia ella.

Axel disfruta discutiendo con Roxas. —Roxas apretó los labios ante esto—. Bien, Kairi, ¿qué puedes decirme de eso?

—¡¿Pero de qué hablas, tú, maldito–?!

—Tranquilo, Axel.

La chica alzó una ceja, interrogante.

—¿Qué quieres que te diga? Hombre, pues dejando a un lado eso de que se llevan mal y tal, si suponemos que lo que dices es cierto, la verdad es que todo tomaría bastante sentido, ¿no? —Se encogió de hombros—. Cuando a un niño pequeño le gusta alguien suele molestarle como para… ¿llamar su atención?

—Estás haciendo suposiciones infundadas. ¡Hasta hace unos minutos ni siquiera te lo habías planteado! —exclamó Axel, levantándose, ignorando los tirones de Demyx y peticiones de Zexion por volver a sentarse.

—¡Eso no es cierto! —replicó ella—. Es cierto que realmente nunca he pensado detenidamente en ello, sin embargo mentiría si dijese que lo que ha dicho Marluxia me ha tomado absolutamente desprevenida…

—Bien, bien. Kairi, tu respuesta ha sido perfecta, pues precisamente has ido a tocar uno de los puntos principales que quería tratar. ¡Necesidad de llamar su atención! —Se volvió hacia el castaño—. ¿Sora?

—¡Un momento! Marly, se supone que aquí podemos opinar todos. ¿Qué pasa con nosotros?

—A la mierda, Demyx. ¡Marluxia lo único que quiere es liarla y punto! —intervino Axel, ahora sentado. Se encontraba cruzado de brazos únicamente como prevención por no saltar y cerrar la boca a su supuesto amigo a base de golpes—. Se aburre, por eso ve necesario meterse en la vida de la gente para joderla.

—Axel tiene parte de razón —apoyó Zexion junto a él, hablando en alto por primera vez desde su llegada. Marluxia se volvió a mirarlos con una ceja alzada—. Ni Axel ni Roxas tienen la obligación de pasar por esto, y más aún cuando lo que dices siquiera se sostiene. —Por supuesto Marluxia quiso replicar ante esto último, sin embargo Zexion aún no había acabado—. Estoy seguro de que en el fondo tus intenciones no son malas del todo —añadió rápidamente—, pero definitivamente no son las acertadas. No cuando lo único que pareces buscar es avergonzarlos y obligarnos a hacer ver algo que no hay.

El otro bufó con exasperación.

—Ese es el punto, lumbrera. que hay. —Zexion rodó los ojos. No había manera.

—He oído suficiente. —Se levantó y se alejó un par de pasos del centro, volviéndose a mirar tanto a Axel como a Roxas—. Como ya he dicho, no tenéis porqué soportar esto, y espero que sepáis que tenéis todo el derecho a iros, pues es evidente que no se puede razonar con Marluxia. Axel —El aludido lo miró interrogante—. Ya seguiremos hablando otro día sobre todo esto. Sencillamente no dejes que lo que se diga aquí te afecte para nada.

—No te preocupes. No tengo ninguna intención de dejarle —respondió éste.

—Yo me quedo —dijo Demyx, asomado por encima del sofá—. Solo por si acaso.

Tras un rápido asentimiento, y sin ningún tipo de despedida, Zexion salió del apartamento en completo silencio. Si bien los presentes restantes se mantuvieron sin hablar, apenas unos segundos más tarde Marluxia volvió a intervenir como si nada fuera de lugar acabase de pasar.

—Bien pues. ¿Por dónde íbamos? ¿Sora?

—Yo… Emm… —Pese al evidente entusiasmo inicial del castaño, tras la pequeña bronca de Zexion éste había bajado en picado. Si antes se veía con absolutos ánimos de ayudar al del pelo rosa, esto había cambiado completamente—. No tengo nada que decir —concluyó, con un hilo de voz. Miró a Kairi, y está asintió.

—Zexion tiene razón, Marluxia. Esto no está bien. —Se encogió de hombros—. A Axel le gusta Roxas. Bueno, ¿y qué? —El aludido quiso replicar, pero no llegó a tiempo—. Esto de entrometerse tanto en su vida…

—Necesidad de llamar su atención —la cortó de pronto Marluxia. Todos lo miraron fijamente, curiosos, pero la mayor parte de ellos, agotados del numerito—. Necesidad de contacto físico, también. Por no olvidar esa tendencia que tiene nuestro amigo a mirar a Roxas. ¿Acaso me he inventado todo esto? —Chasqueó la lengua, volviéndose por primera vez hacia el rubio. Se puso en cuclillas, quedando apenas unos centímetros por debajo de su altura. No podía convencer al resto, pero estaba seguro de que algo podría hacer si atacaba directamente al punto clave de la historia—. Dime, Roxas. ¿Cuántas veces has pillado a Axel mirándote fijamente? —Si bien abrió la boca para responder, no llegó a salir ningún sonido, pues realmente no tenía ninguna respuesta clara ante esto—. Yo te lo diré —añadió él—. Muchas. Montones de veces. ¡Por el amor de Dios! ¡Si realmente "no quisierais ni veros" ni siquiera os dirigiríais la palabra! ¡Pero no! —Sonrió ante el ceño fruncido del rubio. No estaba enfadado, como Axel. Era uno pensativo—. No os dais cuenta de lo evidente, pero eso no lo hace desaparecer.

—Marluxia, basta ya —intervino Riku, con el agotamiento reflejado en su voz.

—Sí, Marly. Ya oíste antes a Zexion. Esto no…

—¿Cuántas veces te has peleado con tu primo y has terminado con él sobre ti o viceversa? ¿De verdad crees que las escenitas que montáis vosotros son normales? Pues te diré algo: a eso se le llama tensión sexual. Vosotros la tenéis. Y eso solo es el principio.

Ante esta última declaración todos miraron a Marluxia conmocionados. Sora con la boca abierta.

Por su parte, Roxas abrió ampliamente los ojos. Tenía que ser mentira. Una absurda mentira. O en cualquier caso, una afirmación hecha por una mente aburrida que veía cosas donde sencillamente no las había. Y aun así, pese a todo, no pudo evitar sonrojarse.

—¿Ya estás contento? —preguntó Axel, terminando con el pesado silencio de una vez por todas—. Enhorabuena, Marly. Lo has logrado. Acabas de echar por la borda veinte años de amistad. —Y sin decir una palabra más, se levantó, y tras lanzarle una mirada cargada de rencor, dio media vuelta y salió dando un portazo.

El silencio esta vez no se mantuvo por mucho tiempo, pues los murmullos empezaron de nuevo, llegados de parte de Kairi y Sora. Esta vez fue Demyx quien se levantó.

—No te preocupes, Marly —dijo, con una sonrisa torpe, dirigiéndose rápidamente a la puerta—. La has cagado, sí. Pero ya verás como todo se arregla. ¡¿Axel?! —Abrió la puerta—. ¡No cierres aún, que voy! —Volvió el rostro una última vez hacia el resto—. Ya si eso nos vemos otro día. Kairi, Riku: adiós. Sora, Roxas, hasta mañana. Espero.

Y cerró.

Tanto Sora, Riku como Kairi se volvieron a mirar al aludido, a la espera de algún tipo de reacción que les hiciera ver por primera vez la parte de humanidad del mayor. Arrepentimiento. Culpa. Vergüenza. Podía haber muchas cosas, pero no hubo ninguna de ellas.

Qué tontería pensar siquiera que Marluxia pudiese ser humano.

—¿Sora?… —Riku se volvió hacia el castaño, con cara de absoluta confusión—. ¿Dónde está el perro?


Para Axel todo estaba resultando sencilla y absolutamente… ridículo.

Y odiaba a Marluxia. Por lo que había hecho. Lo odiaba de veras.

Zexion tuvo razón desde el principio: lo único que conseguirían de escuchar las palabras de ese psicópata –probablemente esas no fueron sus palabras textuales– no serían más que problemas y continuos dolores de cabeza. Y he ahí la prueba. Roxas era un convencido. Y es que Marluxia se había dirigido únicamente a él. Lo había hecho así porque únicamente era a él a quien le interesaba convencer. Y lo hizo. Lo hizo gracias a esa absoluta confianza en sus palabras. Cierto o no… ¡realmente se creía lo que decía!

«Yo también sé convencer».

Roxas había decidido salir un par de minutos fuera de la tienda. A tomar el aire. A alejarse de él. A pensar. A desestresarse. Cualquiera de ellas valía porque ellas todas eran ciertas.

Cuando volvió a entrar, tan siquiera se molestó a mirar al pelirrojo. Algo perfectamente previsible, por supuesto. Y algo que Axel había dado por descontado que ocurriría en cuanto entrase por esa puerta. Roxas tenía intención de ignorarlo durante lo que quedaba de turno. Evitaría cualquier tipo de contacto o intento de contacto. Rechazaría sus palabras con tal de no establecer una conversación con él. No le miraría, y definitivamente, haría todo lo posible por mantenerse a una distancia prudente de él con tal de no repetir la anterior escena.

En realidad, la solución, si bien siempre había sido la misma, era muy, muy sencilla.

Axel se volvió hacia él. Tomó aire y respiró hondo. Y finalmente, lo dijo.

—Siento haberte gritado.

Roxas lo miró atónito. Por tan solo unas milésimas en lo único en lo que pudo pensar Axel fue en que ese giro tan brusco de cuello hacia él podría haber terminado por dislocarle algo. Sin embargo esto no pareció importarle al rubio, pues en lo único que parecía centrado en ese momento era en lo dicho

—¿Acabas…? —Y en balbucear.

—Sí —respondió, cruzándose de brazos.

—Pero si tú nunca has…

—Lo sé.

—¿Entonces?

Axel se encogió de hombros, aun sin saber exactamente qué decir.

—Yo qué sé… Eh… —Se sonrojó. Ante la intensa mirada de Roxas no tuvo otra que apartar sus propios ojos y clavarlos en cualquier otro punto de la tienda, rascándose la cabeza en el proceso—. Mira, no debería haberme puesto así, ¿vale? Está claro que me he pasado.

Roxas continuó mirándolo. Sin pestañear. Todavía estupefacto.

—Solo quiero que olvides todo lo que dijo Marluxia ayer —concluyó el pelirrojo, clavando una vez la mirada en él—. Créeme. No me gustas. Y te puedo asegurar que no existe ningún tipo de —rodó los ojos, divertido— tensión sexual.

Roxas volvió a sonrojarse al oír esto, lo cual a Axel le pareció hasta cierto punto adorable. «Mira que es inocente».

Sin embargo también pudo ver la duda en sus ojos. Había vuelto a tener ese ceño ligeramente fruncido, señal de encontrarse en un estado de absoluta concentración.

—¿Seguro que no? —preguntó al fin.

—Te lo aseguro. Sinceramente, ¿acaso le ves algún sentido? —cuestionó, alzando ambas cejas en un intento por parecer aún más convencido de lo que ya estaba. Roxas lo miró fijamente, inseguro. Tras unos segundos de completo silencio finalmente, llegada a una conclusión, el rubio empezó a echar lentamente el aire que hasta ese momento había estado reteniendo. Se dispuso a dar una respuesta clara, pero fue en ese mismo momento cuando llegó otro cliente.

Una vez, más siendo él quien se encontraba en el mostrador, volvió a encargarse de atenderlo. Y durante todo el tiempo que duró la nueva visita Axel no le quitó la vista de encima.

Cuando el cliente desapareció por la puerta, Roxas lo miró, evidentemente más relajado que minutos antes. Ante esto Axel sonrió suavemente, conforme.

—Me gusta. Al fin empiezas a entrar en razón, enano. Aunque mira que te ha costado…

El rubio suspiró.

—Y tú haz el maldito favor de no llamarme enano —expresó, con una leve sonrisa, volviendo a juguetear con la caja registradora que momentos antes había estado abierta. Axel se encogió de hombros con indiferencia.

Todo estaba arreglado.

Al menos por ahora.


Twilight Town, 2009–
Una Navidad especial

Finalmente la navidad había llegado a Twilight Town. En realidad había llegado también al resto del mundo, claro. Sin embargo a los habitantes les gustaba pensar que solo llegaba allí. Cosas de pueblos.

En cualquier caso, como cada año ocurría, las calles nevadas se llenaron, a encargo de un muy orgulloso ayuntamiento, de montones de adornos brillantes y festivos, tales como luces de todos los colores imaginables colgadas por doquier, enormes abetos llenos de figuras navideñas y muñecos obesos de sonrientes Santa Claus esparcidos por todas partes, lo cual, en conjunto, no hacían más que evidenciar la época del año en la que se encontraban para el avispado que aún no se hubiese dado cuenta.

Sin embargo a Roxas la navidad realmente no le era un acontecimiento que lo emocionara. No tanto al menos como a su primo Sora. En realidad, si uno se pusiese a comparar entre ambos, Roxas no se emocionaría nunca, lo que no es el caso. Sin embargo ese día al menos tenía verdaderos motivos para estar contento.

Él, junto con Hayner, Sora y compañía, habían decidido pasar una noche juntos en casa de una vacía casa de Riku para celebrar así el amigo invisible. Con quince años, su madre finalmente había terminado tomando la dura decisión —tomada con a la ayuda de constantes quejas y súplicas, así como intentos de soborno por parte de su hijo menor, desde el mismo uno de diciembre— de dejar al niño hacer lo que le viniese en gana con tal de que le dejase de incordiar ya con la maldita fiesta de una santa vez.

Lo de Sora fue más fácil: oh, ¿qué va Roxas, dices? Entonces me parece bien. El susodicho no pudo más que indignarse ante tal facilidad de convicción de su tía, pero lo dejó pasar, pues un sí era un sí. Y eso era algo que no tenían todos los días.

El segundo hecho por el que Roxas se sentía excesivamente alegre ese día era algo bastante más simple: Axel estaba enfermo. Ergo no iba a asistir. Todo era perfecto.

Así pues, ese veinticinco de diciembre –un día de fiesta como cualquier otro– fue cuando quedaron ambos con Hayner a pasar el rato en casa del amigo de Sora, cargando cada uno con sus respectivos regalos, aprovechando la caminata de ida para dar un paseo por la ciudad y poder así disfrutar de las vistas y del ambiente festivo que reinaba esa noche.

La casa de Riku también tenía el exterior adornado, tal y como ocurría con la mayoría del resto de casas del vecindario. Eso era extraño, pues se suponía que sus padres estaban de viaje. Realmente le costaba imaginarse al chico tomándose la molestia de comprar y colgar las luces solo porque sí.

Eso sí: a Sora le encantó.

Así pues, cuando llegaron a casa del susodicho Riku pudieron comprobar al instante que no fueron los primeros en hacerlo, pues ya desde la misma entrada exterior con puerta cerrada podían oír el escandaloso e irritante sonido de un sitar acompañado por unos berridos a los que muy probablemente su dueño llamaría "voz".

—¡Mirad! —señaló Sora, encantado—. Demyx ya ha llegado.

Sin embargo, y desgraciadamente para Roxas, él no era el único que había llegado ya. Pero eso sería algo que comprobaría más tarde.

Kairi fue quien les abrió. Con una enorme sonrisa y un gorro de Santa Claus en la cabeza, les hizo pasar rápidamente, quitándoles los regalos de las manos, reprochándoles el que llegasen tan tarde. Al igual que el exterior, el interior de la casa estaba igualmente adornado. Incluso alguien se había molestado en adornar un abeto de plástico que terminó plantado en un rincón de la sala de estar rodeado de los regalos de los ya presentes allí. Para concluir, en el centro, una gran mesa repleta de comida saludable, tal como pizza, patatas de bolsa y más pizza. El llegar tarde conllevó el contar únicamente con la mitad de todo, lo que incluso aun así seguía siendo bastante.

Demyx se encontraba ahí mismo, de pie sobre el sofá, tocando y cantando como si no hubiese mañana, ignorando por completo la música del reproductor que algún ingenuo había decidido poner para amenizar. Cualquiera podría haber dicho que muy probablemente el chico estaba borracho. Ellos sabían que no era necesaria ni una sola gota de alcohol para hacerlo actuar de esa manera. Para rematar, junto a él, sentado en silencio, un Zexion de brazos cruzados rebosando tranquilidad. El conjunto creaba un contraste bastante extraño que nadie se molestó en comentar.

Aparte de esto en la sala había al menos tres personas más, entre las que se encontraban Olette, Pince y Naminé, a los que rápidamente Hayner se unió para saludar. Sora no tuvo más remedio que fruncir el ceño ante esto.

—¿Dónde está Riku? —le cuestionó a Kairi, mirando a su alrededor en busca del supuesto anfitrión.

—Oh, pues… —La chica se encogió de hombros con una sonrisa lo que podría decirse nerviosa en lo que miraba de reojo a Roxas—. Ha surgido un problemilla. Se está ocupando de ello arriba.

—¿Un problema? —Roxas alzó una ceja, incrédulo—. ¿Qué clase de problema?

—Nada de lo que tengáis que preocuparos. —Ambos estuvieron por replicar, pero la chica decidió cambiar de tema rápidamente—. ¡Pero vosotros ya estáis aquí! Eso es lo que importa. Así que venga: ¡a comeeer!

Y de esa forma, la fiesta de navidad empezó y continuó con su curso por varios minutos más con absoluta normalidad. La comida se acabó rápidamente, entre charlas amenas y pequeños juegos para pasar el rato. Demyx continuó cantando, intentando cada vez que empezaba a sonar una canción que conociese a acompañarla con su sitar y esos continuos berridos, parando a descansar únicamente cada equis tiempo para comer o beber y recobrar así energía.

Por su parte Sora, si bien logró mantenerse hasta cierto punto animado y bastante hablador, también permaneció de alguna manera perturbado ante la falta de Riku. En un momento dado incluso se le pasó por la cabeza la idea de subir él mismo a comprobar exactamente qué estaba mal. Pero no logró llegar más allá del tercer escalón, pues casi al instante una Kairi algo nerviosa se le plantó en medio, barrándole el paso, instándole a dar media vuelta y volver a la fiesta. Sora obedeció por esa vez, pero a regañadientes.

Sin embargo no fue necesario esperar demasiado, pues tan solo unos minutos más tarde el chico se dignó a aparecer.

—Sinceramente, si sabías que estabas enfermo, ¿por qué demonios vienes? —De pronto, la voz de Riku, llegada desde la planta superior, se oyó claramente mientras éste bajaba por las escaleras, atrayendo las miradas de los más cercanos a ellas, Roxas y Sora incluidos.

—Estoy perfectamente bien —replicó el pelirrojo, balanceándose peligrosamente sobre uno de los escalones superiores. Riku corrió a sujetarlo, pasando uno de sus brazos por encima de sus hombros para evitar que callera.

Roxas salió de su asombro rápidamente.

—¿Qué hace él aquí? —Se volvió hacia su primo—. ¡Sora!, se suponía que–

—Ey, ey, ey. Riku dijo que Axel estaba enfermo. Yo no sé nada más —replicó, cortándolo rápidamente antes de que el rubio llegase siquiera a echarle la culpa de nada.

—Sí, bueno. Que está enfermo es evidente —replicó, mirando al susodicho con los ojos ligeramente entrecerrados, mientras, éste y Riku bajaban con cuidado. No se molestó en bajar la voz, por lo que el pelirrojo no tuvo problema alguno en oírle.

—No estoy enfermo —replicó, en voz innecesariamente alta, sobándose la nariz—. Solo tengo bajas las defensas. —Riku puso los ojos en blanco.

—Por supuesto. Y por eso has decidido vomitarlas todas sobre mi alfombra.

—¡Córtate un poquito, Riku! Hay cosas que no necesitamos saber —replicó Demyx, sonriente. Aún de pie sobre el sofá, había dejado de tocar por un instante únicamente para poder disfrutar de la vista de su mejor amigo en estado convaleciente.

—¡Que estoy bien! ¿Lo captáis? —Aun sin haber llegado ni a la mitad de las escaleras, Axel se zafó de Riku y continuó su camino por su propio pie, consiguiendo al final mantener su dignidad medio intacta al llegar al pie de las escaleras—. ¿Lo veis? Perfectamente…

Por su parte el humor Roxas, anteriormente bastante animado, había pasado a decaer tras la llegada del pelirrojo. No importaba lo entretenida que hubiese estado yendo la fiesta hasta ahora, pues era evidente que esto, con él presente, no podría durar demasiado. Lo sabía, y dado que una fiesta de navidad no era un buen lugar para montar una escena, tomó la decisión.

—Yo me voy ya —concluyó, buscando su abrigo con la mirada, dirigiéndose a su primo y a cualquiera que se encontrase cerca de él en ese momento. Como Kairi.

—De eso nada. Aun no puedes irte, ¿verdad Riku?

—Al menos quédate para los regalos, ¿no? —lo instó Hayner, completamente en contra de que su amigo tuviese que perderse parte de la fiesta solo por culpa de la llegada de un invitado no deseado—. Ya si eso después decides si vale la pena irse o no —concluyó, cruzándose de brazos. Roxas bufó, sin embargo asintió conforme.

—Pues venga. Todos a sentarse. Axel tú procura alejarte un poco, no vayas a contagiar a nadie —dijo Sora de pasada, en lo que corría a sentarse al lugar más cercano al árbol.

—En ese caso me sentaré cerca del enano —replicó, mordaz.

—¡Ni se te ocurra!

—Mira cómo sabe de quién hablo.

—¡Tú–

—¡Ey, vosotros! No empecéis otra vez, que es navidad —intervino rápidamente Naminé, con una mirada de reproche dirigida a ambos. El resto de invitados asintieron ante esto, por lo que ambos no tuvieron otra salida que sentarse y quedarse callados. En silencio, Roxas vio horrorizado cómo Axel lo hacía junto a él.

Una vez todos se colocaron alrededor de ese árbol improvisado, ya fuese en el suelo o en el sofá, empezaron uno por uno a tomar su respectivo regalo. Empezando por el de Sora, uno de tamaño medio, plano y rectangular. Lo que había en su interior no fue ninguna sorpresa.

—Es… un libro —Lo miró con detenimiento. No hubo decepción en su voz, si no curiosidad. Pareciera realmente que nunca antes había visto uno. Miró a los presentes—. ¿Zexion?

El aludido asintió.

—¿De quién sino? —soltó Axel, alegre, reteniendo un estornudo. Al verlo Roxas intentó alejarse de él, lo que le fue bastante difícil, teniendo cuenta que Naminé estaba al otro lado de él.

—Y es para que lo leas, Sora. Prohibido usarlo de pisapapeles, ¿eh? —añadió Hayner, lo que terminó desembocando en risas por parte de todos. Zexion rodó los ojos, murmurando un ligero "más le vale…".

—¡P-por supuesto que voy a leerlo! —exclamó el castaño, sujetando fuertemente el libro. Su cara enrojeció.

—Vamos, vamos —aplaudió Kairi—. ¡Siguiente! ¿Quién va ahora?

La ronda de regalos continuó marchando, haciendo una pequeña pausa a cada una para intentar adivinar de parte de quien era, así como para añadir comentarios al respecto y burlas en el caso que lo requiriese. Hubo pues despertadores, skates, bufandas tejidas a mano, e incluso un dibujo perfectamente enmarcado para Kairi el cual no le fue muy difícil de adivinar a quien pertenecía. Demyx, más que un regalo, recibió una indirecta en forma de auriculares cuyo dueño fue más difícil de advertir, pues en realidad podría haber sido cualquiera. Sin embargo, el CD de música heavy que Zexion recibió fue algo más claro, siendo de todos ellos Axel el único interesado en ese tipo de música, acompañándolo, para evidenciarlo aun más, con un comentario en forma de tarjeta: "La música clásica apesta, ¿lo captas?".

Al final, dado el buen ambiente que terminó formándose, Roxas tomó la decisión de quedarse, para el regocijo de la mayoría. Y así continuaron el tiempo charlando, todos sentados ahora sí esparcidos entre sofás y sillones. En un momento dado alguien incluso propuso la idea de jugar a algún juego de mesa, con lo que Sora, experto de grado mayor en el conocimiento de esa casa, corrió al armario de juegos a elegir él mismo uno adecuado para todos. Finalmente, tras varios minutos de duda, optó por el Monopoly. Eran demasiados para poder jugar todos, por supuesto, dado que el juego en cuestión no contaba con más de seis fichas frente a los ocho que eran ellos. Tras someterlo a votación, dos votos al sí frente a seis al no, ganó el sí, pues era lo que Sora quería.

—Pues que cuatro de nosotros vayan en parejas —inquirió, con la voz unas octavas innecesariamente más altas—. Venga, va. Yo voy con Riku. —El aludido ni se inmutó, lo que todos tomaron como un sí.

Al final, con Demyx y Zexion como segunda pareja, tras repartir todos los billetes empezaron de una vez por todas con el juego.

A lo largo de los primeros minutos, los únicos que lograron demostrar algo de control fueron, además de Pince y Naminé, Zexion y Riku, pues no solo debían de pensar atentamente cómo proceder a cada momento, si no también controlar esas impulsivas e incluso absurdas compras que intentaron realizar en varias ocasiones sus respectivos compañeros de equipo. Por otro lado, si bien la mayoría de ellos pelearon por conseguir las mejores propiedades, la más evidente pelea fue la que hubo entre Axel y Roxas, todavía sentados uno al lado del otro, la cual incluía por supuesto burlas ante la llegada de malas cartas y maldiciones cuando alguno de ellos lograba tener buena suerte. Pese a ello nadie se tomó esto como algo demasiado grave, pues al fin y al cabo no era más que un juego, y siempre venía bien algo de competencia.

Sin embargo, la tranquilidad no podía durar demasiado.

—¡¿Has bebido de mi vaso?!

Y sin más, el juego quedó completamente olvidado.

—No, perdona: ¡TÚ has bebido de mi vaso! ¡El tuyo es ese de ahí!

—¡Ese es de Naminé, imbécil! —Roxas soltó un suspiro tembloroso—. Mierda, sí que lo has hecho. Oh, esto es asqueroso… —añadió en voz cada vez más baja, llevándose la mano a los labios.

—Mira quién fue a hablar —replicó él, irónico, arqueando una ceja—. Además, no es mi culpa. No haber dejado el vaso al lado del mío. —Se encogió de hombros—. Mala suerte.

Roxas le lanzó una mirada indignada acompañada por murmullos de desaprobación dirigidos al pelirrojo.

—Roxas se va a enfermar.

—Sí, Ax. Recuerda que estás enfermo. Deberías tener un poco más de cuidado con esto, ¿no te parece?

—Eres un irresponsable —concluyó Zexion.

—Oh, vamos. Dejad de preocuparos por eso. ¿Es que nadie se da cuenta? —preguntó Kairi de pronto, atrayendo toda la atención a su persona. Roxas, mirándola, todavía seguía con cara de asco—. ¡Axel y Roxas se han dado un beso indirectooo! —exclamó finalmente, con voz cantarina.

—Uy, es verdad.

—Claro, mira tú por dónde.

—¡Sí, sí! Mira su cara, mira.

—Esto es lo que me faltaba… —suspiró Axel, llevándose la mano a la frente con cansancio.

—…Creo que voy a vomitar… —añadió Roxas, consciente de la realidad desvelada por Kairi.

Ante esto, olvidando por completo los reproches dirigidos al pelirrojo por su descuido, todos se animaron de golpe.

—¡Dinos, Roxas! ¿Qué se siente al haber recibido tu primer beso indirecto?

—¡Qué te apuestas a que Axel lo ha hecho a propósito!

—¡Cierra el pico, Demyx!

—¡Uy, mira! ¡Si se ha puesto rojo!

Las bromas continuaron durante toda la velada.

La gripe que pilló Roxas, durante toda la navidad.


Ciertamente el extra no tenía intención de ponerlo: ha pasado un montón desde la última actualización, y no sabía cuánto me llevaría hacerlo. Sin embargo lo que sí quería era subir algo por navidad. ¡Y ahí está! De hecho aún tengo un two-shot AkuRoku a medio empezar que me habría gustado colgar. Lo que muy probablemente no consiga hacer.

Entonces: técnicamente la navidad sigue contando como hasta el día 6, con los Reyes Magos y tal, así que si antes de ese día he logrado quitarme de encima todos mis deberes y estudiado lo suficiente para un par de exámenes, veré si llego a tiempo para publicarlo. Sino, básicamente le tocará acumular polvo hasta el año que viene.

¡Y eso es todo! ¡Ahora a disfrutar de las fiestas! ¡Feliz navidaaaaad~~!