Disclaimer: Todo pertenece a Capcom, salvo la trama, que le pertenece a snarryvader81, y el esfuerzo de traducirlo, que me pertenece a mí xD.

Nota de la traductora: Siento la tardanza. Entre los exámenes y el nuevo semestre, apenas he tenido tiempo para hacer nada, ni siquiera seguir con la historia que estoy escribiendo. Además, también he esperado un tiempo prudencial, porque hay ciertas cosas que he aprendido en clase para mejorar la historia.

Capítulo 12. Me creeré todas tus mentiras

Escrito por snarryvader81

Traducido por Amidala Granger

La muerte olía de manera extraña, como a acre, y provocaba repulsión y dolor de cabeza. El subyacente olor a putrefacción y el tañido metálico de la sangre se mezclaban para formar algo insoportable. El hedor estaba alrededor de él, en cada rincón, ascendiendo desde los cadáveres que estaban esparcidos por todo el suelo.

Nunca en su vida había visto tantos muertos. Estaban por todas partes, enredados entre ellos, con la putrefacta piel medio derritiéndote con el calor africano. Sangre, vísceras y pus salían de cada uno de ellos, empapando el suelo donde estaban.

Este era el resultado de las pruebas preliminares de las armas biológicas. Hombres muertos, mujeres muertas, niños muertos, animales muertos, muerte, muerte, muerte... Había un auténtico mar de cuerpos, y él estaba en medio, con los pies metidos entre varios miembros destrozados e inmóviles.

En su estado puro, el nuevo virus de Wesker tenía una tasa de mortalidad del 99%. Causaba una mutación interna masiva que la mayoría de los humanos no podían soportar. Es más, los pocos que lograban sobrevivir se volvían locos y acababan matándose entre ellos. El pequeño pueblo en África central que Tricell había asignado para que fuera el primer campo de experimentos se había destruido él sólo en menos de un día, y ahora la única superviviente que Chris podía ver era una adolescente no infectada meciéndose a sí misma a la sombra de una cabaña. Murmuraba por lo bajo en su lengua nativa, mirando con ojos vidriosos el cadáver de un joven.

La radio le sonó de repente. El sonido era demasiado alto para tal quietud, así que respondió rápido. La imagen de Wesker apareció en la pantalla, haciendo que se calmaran algunas de las náuseas de Chris.

Resultados —solicitó escuetamente.

Ha sido mortal para casi todos. Los únicos sujetos que parecen poder aceptarlo son hombres sanos de entre veinte y cuarenta años, pero les ha causado impulsos extremadamente violentos. Se han masacrado entre ellos. – Wesker guardó silencio por un momento. Su rostro no expresó ninguna emoción mientras asimilaba la información.

¿Queda alguien con vida? —preguntó finalmente mientras se ajustaba las gafas de sol. La mirada de Chris se dirigió hacia la chica.

Sólo uno… no sé cómo lo ha conseguido, pero no se ha contagiado…

Es difícil que suceda, pero se dan casos. Mátala y dirígete hacia el punto de extracción. Birkin se reunirá allí contigo. —La pantalla se volvió negra. Chris la miró durante un rato largo y entonces se volvió hacia la chica.

«Mátala».

Era tan joven… tendría como mucho dieciséis.

«Mátala».

Era joven, bonita y tan tan herida, angustiada y arruinada por todo lo que había visto... Se parecía tanto a…

«Mátalamátalamátalamátala».

Cualquier cosa por ti, Wesker —suspiró. Le disparó en la cabeza.

RE-RE

Sería tan fácil matarla. Sería tan patéticamente simple, casi como un fiasco. Todo lo que tendría que hacer sería coger su rifle, mirar por la mirilla, apuntar en el centro de su cabecita y apretar el gatillo. El arma daría una sacudida y la bala atravesaría su cráneo, provocándole la muerte. Su cerebro salpicaría a los otros dos agentes de la BSAA que iban en la lancha con ella.

Durante varios segundos no sabrían lo que habría ocurrido, sentados con los ojos abiertos mientras lentamente se percataban de que lo que había en su cara era sangre. Para entonces él ya se habría ido a ocupar su legítimo puesto al lado de Wesker mientras creaban el glorioso Nuevo Mundo.

Sin embargo, por alguna extraña razón, al ver cómo el láser se posaba sobre la parte de atrás de su cabeza, indicando el camino que seguiría la bala, Chris no fue capaz de apretar el gatillo.

RE-RE

Sherry observaba a través de sus binoculares mientras Irving se retorcía con agonía en su lecho de muerte, ahogándose en su propia sangre mientras intentaba que el oxígeno llegara a sus acribillados pulmones. Sin embargo, no tuvo reparos en cedérselos a Burnside cuando éste se los pidió.

No le gustaba pensar en monstruos que alguna vez fueron humanos. Prefería las armas biorgánicas, como los Hunters o las Quimeras, seres que nunca habían tenido pensamientos, emociones o sueños, seres que nunca fueron una persona con un nombre, que nunca fueron padres.

En un solo día, su padre pasó de ser el progenitor que apenas conocía a algo que todavía la atormentaba en pesadillas, un ser deforme que había ido perdiendo con el tiempo su identidad hasta ser una simple masa de carne creada a partir de las células de William Birkin.

Ella ayudó a matar a esa cosa. ¿Eso quería decir que había matado a su padre?

Claire le hubiera dicho que no. Ésta la hubiera abrazado, la hubiera hecho sentir a salvo y feliz, porque era lo que solía hacer.

¿Pero cómo la vería Claire ahora? ¿Como una enemiga? ¿Como… un monstruo, como su padre? ¿La odiaría? ¿La miraría con desagrado?

Sherry se dijo a sí misma que lo hará, sólo porque haría las cosas más fáciles.

RE-RE

—¡Chris Redfield! gritó Claire, enfatizando ambas palabras. Una parte de ella se sentía como si necesitara hacer algo amenazador para llegar al punto en cuestión más rápido, algo como golpear con la pistola a Irving en la cara o pegarle una patada en el costado, pero teniendo en cuenta que el hombre estaba al borde de la muerte, su parte racional pensó que eso sería inútil.

—Redfield repitió Irving. Tosió sangre.

Sacó la PDA del bolsillo y abrió el fichero con la imagen.

—Este hombre. Mi hermano. ¡¿Dónde está? ¿Dónde está ese cuartel? ¿Qué es el Uróboros? ¿Qué tiene que ver con lo que está pasando aquí?

Irving forzó su mirada inyectada en sangre para poder mirarla mejor y, de repente, estalló en una carcajada.

La h…hermana… de Redfield… una ag…agente… de la BSAA… siguió riendo tontamente a pesar de la sangre que le salía por la boca.

—¿Qué es tan gracioso? preguntó casi a gritos. Irving no iba a irse a ninguna parte, pero sintió que se le estaba escapando, huía de su agarre directo a la muerte, y se llevaba a Chris con él. Irving sacudió la cabeza con pesadez.

—Tan perspicaz como tu hermano, ¿eh? El equilibrio del mundo está cambiando y tú estás totalmente ajena a ello.

—¡Irving! —exclamó. Clavó sus uñas en la piel de sus guantes. Tras ella, Sheva puso la mano en su hombro haciendo un sonido tranquilizador con la boca.

—Muy bien… —dijo mientras escupía otro borbotón de sangre —. Muy bien… todas las respuestas a tus increíblemente inteligentes preguntas… están allí arriba, en las cuevas… pero aunque las encuentres, seguirás jodida…

Murió riendo.

RE-RE

Chris Redfield aborrecía a Excella Gionne con todas las fibras de su ser. Nunca en su vida había odiado a alguien con tanta intensidad, o con tanta profundidad.

Odiaba todo de ella: la manera en la que vestía (igual que una puta), la manera en la que andaba (con ademanes presumidos y una manera de pavonearse que resultaba desagradable), la manera en la que hablaba (siempre con un deje arrogante en su voz)… En general, podría decirse que odiaba su personalidad.

Suponía que podría haber obviado todas esas cosas, siempre y cuando ella se hubiera mantenido alejada de las cosas que no le pertenecían. Pero no. Ella quería a Wesker, y no dejaba de buscarle. Lo hacía de manera sutil, pero Chris se había percatado de su sonrisa, de cómo le miraba. Siempre intentaba tocar su brazo o su hombro, bañándole a elogios cada vez que estaban juntos.

Aunque, honestamente, nunca había intentado algo así.

—Necesitarás una compañera, ¿no? —ronroneó mientras deslizaba las manos por su torso. Chris quería separarlos.

Nadie… nadie… tocaba a Wesker, excepto él.

—Alguien… adecuado… para estar a tu lado en el nuevo mundo —continuó. En su rostro se asomaba una sonrisa insulsa. —Chris necesitaba partirle la boca. —Considero que he demostrado ser… digna de ello.

Y entonces, entonces, Wesker la agarró de la cintura. Wesker la tocó. Wesker la había tocado cuando se suponía que sólo podía tocarle a él. Chris sintió como si le hubieran tirado un cubo de agua fría encima. El corazón se le detuvo en el pecho y se el aire se congeló en sus pulmones mientras sus perspectivas para un futuro perfecto se desvanecían al ver cómo esa larga relación se venía abajo, llevándose su vida con ella y…

Sin embargo, Wesker apartó a Excella de un brusco empujón y en un momento Chris pudo respirar de nuevo mientras el irracional ataque de pánico que le había sobrevenido le abandonaba.

Sabía que Wesker nunca le sería infiel, es solo que Excella parecía tener serias dificultades para entenderlo. Pero quizás… lo único que necesitaba era una breve lección informativa.

Así pues, los latidos de su corazón volvieron a la normalidad poco antes de que Excella pasara por su lado al salir de la habitación cual pavo real. Chris la siguió con una taimada sonrisa dibujada en su boca.