Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.
PRIMERA PARTE:
MUERTE.
ESE MOMENTO EN EL QUE TU VIDA ESTÁ TAN VACÍA QUE SE SIENTE COMO LA MUERTE MISMA.
Capítulo 11
Edward's POV
Estoy sentado sobre la cama de Emmett mirando fijamente a una cámara.
Emmett tiene este canal es Youtube de mediano éxito donde habla de toda clase de cosas desde "Aprende a hacer una buena paella" hasta "¿Cómo exprimirte un grano sin dolor?" o algo así. El caso es que mucha gente rara allá afuera se conecta todos los viernes para ver sus vídeos. Yo lo hago... de vez en cuando.
Según él, muchas personas le han estado pidiendo que haga un vídeo con su mejor amigo, ese del que tanto habla y que han visto solo de reojo. Si bien es cierto que accidentalmente he aparecido en un par de ellos, otra cosa muy distinta es hablarle directamente a una cámara sobre mí y que luego miles de personas me vean la cara de idiota. No quiero hacerlo, pero Emmett me amenazó diciendo que si no lo hacía, subiría en su canal el vídeo de cuando estuvimos en Hawaii y un niño, al que Emmett le pagó, me bajó la pantaloneta de baño en la playa.
Después de cinco minutos, él entra a la habitación con un pequeño bolso rosado en las manos, toma el control remoto de la cámara y se sienta junto a mí.
—¿Estás listo? —pregunta.
—Supongo que sí, ¿qué traes en ese bolso?
—Ya verás —responde con una sonrisa cargada de maldad y enciende la cámara.
Esto no me gusta.
—Hola, personas de internet, soy Emmett y me acompaña un invitado muy especial. —Me mira, incitándome a hablar.
—Eh, hola, soy Edward.
—¡Es Edward! Mi querido mejor amigo. —Me pega una palmada en la cabeza—. Y hoy, como podrán ver en el título del vídeo, haremos un tag que ha estado rondando en estos días por Youtube, el "My boyfriend does my makeup" tag (1). Se preguntarán por qué traje a Edward. Pues yo no tengo novia en este momento y decidí hacer unas modificaciones, así que yo maquillaré a Edward en su lugar, creo q...
—¿Que vas a hacerme qué? —interrumpo, casi gritando.
—Lo que has oído.
—No, no, no, no... No. —Me levanto agitando mis brazos y cabeza en símbolo de negación.
—Claro que sí, si no lo haces, subiré el vídeo de Hawaii, el de cuando trataste de empezar a practicar skateboarding, el del cumpleaños de Ariana y el de la fiesta de Halloween de este año. —Tiene una sonrisa de suficiencia en su boca, porque sabe que acaba de ganar, lo tenía planeado.
—Demonios... está bien. Creo que me conseguiré otro amigo —refunfuño.
Se ríe y continúa.
—Será divertido. Empecemos.
Paso la siguiente media hora de mi vida siendo maquillado por Emmett. Me chuza un ojo con el delineador, me aplica prácticamente todo el frasco de base —la cual es dos tonos más oscuros que mi piel ya que es de su madre— y me pinta los labios con un labial color rosa prostituta que compró en la papelería especialmente para mí.
Cuando termina, se lava las manos y regresa para seguir hablando.
—Bueno, ahora mírate. —Me pasa un espejo, apenas puede contener la risa.
Cuando veo mi reflejo, lo único en lo que puedo pensar es en la escopeta maquilladora de Homero Simpson (2). Mientras mi cuello tiene el color de la leche cortada, mi rostro tiene una horrible tonalidad café-rosada. Las pestañas postizas tienen grumos de pestañina azul, mi mejillas son color manzana como las de las muñecas, el rosa prostituta de mis labios brilla como la luz del sol y el delineador está por lo menos a medio centímetro de donde se supone que debería estar.
Escucho al risa incontrolable de Emmett, y luego empieza a hablar entrecortado.
—Bueno —risa—, espero que les haya gustado el vídeo, yo lo disfruté demasiado. Nos vemos —risa— en una semana. ¡Adióóós! —Apaga la cámara.
—Maldito imbécil, un niño de dos años me hubiera maquillado mejor. —Sigo mirando mi reflejo.
—Es gracioso porque es cierto. —Sale de la habitación entre risas y regresa un minuto después con un frasco blanco y una bolsa de algodones en la mano.
—¿Qué es eso? —pregunto al instante.
—Relájate, amigo. Es solo crema desmaquilladora, a menos que quieras irte a tu casa así. Sí, mejor vete así. —Sus ojos brillan con ilusión malvada.
—Ja, no. —Tomo el frasco y la bolsa, y me dirijo al baño.
...
Estamos sentados en la arena bebiendo Coca Cola fría, o en todo caso yo bebo una, mientras Emmett está tomando algo que probablemente sea ron. Nos invitaron a una de esas reuniones nocturnas de tenemos-las-hormonas-alborotadas-y-queremos-ligar-en-la-playa-mientras-bebemos-hasta-la-inconsciencia, aunque ellos prefieren llamarla "fiesta de fogata".
Admito que desde que vivo en Miami he ido varias veces a fiestas como estas, que he tenido sesiones de besuqueo con desconocidas tras las palmeras y me he embriagado; pero sinceramente, no tengo ánimos para cosas como esas en este momento. Pero como siempre, si no vengo yo, ¿quién sacará a Emmett de aquí cuando esté bailando desnudo junto al fuego?
Por la mañana estaba asustado y distraído, por lo que no podía pensar en otra cosa que no fuera Emmett y el maquillaje. Por la tarde estuve haciendo trabajos, pero ahora, aquí aburrido en la playa, no hay manera de no pensar en Anika y en lo que está pasando... o lo que no está pasando.
—Edward... ¡Edward! ¿Me estás poniendo atención? —dice Emmett, interrumpiendo mis pensamientos.
—¿Qué? —pregunto con un poco de fuerza, girándome para ver su rostro.
—Te estaba diciendo que esa rubia linda de allá te está mirando, ¿en qué rayos piensas?
—En nada. —Pone una mirada incrédula que me fastidia—. Dios, sabes en qué estoy pensando. —Me paso la mano por el cabello y suspiro.
—Déjalo ir, amigo. Las relaciones se rompen todo el tiempo, y no es como si hubieran durado una eternidad juntos. Sabes que terminó y tienes que continuar. —Palmea mi hombro.
—Ese es el problema, Emmett, que en realidad no lo sé. —Aparto su mano de mí.
—¿Cómo así?
—Anika y yo no terminamos... Anika y yo... no sé. —Suelto un bufido—. Estábamos bien y de repente ya no apareció. La llamé, pensé que algo malo le había pasado, hasta fui a su casa un par de veces y nada. Luego, de repente, me envía un mensaje diciendo que está bien y que hablaremos luego. Y ya. Es... es tan frustrante. —Arrojo la lata de Coca Cola con rabia—. No sé si seguimos siendo algo siquiera. No sé si tal vez hice algo mal, si es cosa de ella, o si solo estoy sobre reaccionando. Solo quiero saber, que me diga algo, lo que sea...
—¿Y por qué demonios no me lo habías dicho? Te traje a una fiesta para que encontraras a una chica linda que te distrajera por un rato, pensando que tenía que hacerte superar a Anika. —Se levanta y coloca las manos en sus caderas como si fuera mi madre a punto de regañarme—. ¿Y qué rayos haces aquí lamentándote, escoria humana? Anda ya y buscas a Anika.
—Pero pues ella n...
—Nada.
—P...
—¡Nada, dije! Anda, párate. —Me toma de la camiseta y tira, ahorcándome un poco en el proceso.
—Okay, papá. —Aunque lo digo con voz irónica, en el fondo me siento animado. Emmett tiene razón, debo buscarla.
Troto hacia el borde de la playa, y cuando llego me giro y veo a Emmett hablando con la "rubia linda" que me estaba mirando. Bastardo.
...
Voy escuchando My Songs Know What You Did In The Dark de Fall Out Boy mientras doy vuelta en una esquina y entro a la calle de Anika. Conduzco lentamente mirando hacia los lados porque siempre me cuesta un poco reconocer su casa. Cuando por fin logro dar con el lugar, veo que las luces están encendidas y siento la esperanza crecer en mi interior.
Me detengo y me bajo del auto junto con el ramo de camelias rosas —sus flores favoritas— que compré para ella. Procuro hacer el menor ruido posible para poder sorprenderla, así tal vez deje de estar tan fría y me diga qué sucede.
Me paro frente a la puerta de madera, y luego de tomar una respiración profunda, golpeo.
Escucho ruidos en el interior, risas y alguien que grita alegremente. Las manos me sudan así que las froto contra mi pantalón. Después de lo que parece una eternidad, Anika abre la puerta. Al inicio está distraída respondiéndole a alguien, así que está mirando hacia atrás y parece muy feliz, luego se gira y su rostro se pone serio al instante.
Un silencio incómodo queda suspendido entre nosotros, así que decido hablar.
—Hola, Anika. —Sonrío, aunque no es el recibimiento que esperaba, me alegra ver que parece estar bien.
—¿Qué haces aquí? —Mira nerviosa hacia atrás y luego entrecierra la puerta.
—Lo siento, ¿estás ocupada?
—Un poco. —Acaricia el cuello de su blusa.
—Entiendo, puedo venir en otro momento. Es solo que estaba preocupado por ti. —Extiendo mi brazo—. Mira, te traje flores.
—Gracias, Edward, pero este no es e...
La puerta se abre y un hombre alto, fornido, de ojos negros y corte militar sale y abraza a Anika por la cintura.
—¿Qué sucede, amor? ¿Quién es él? —Está sonriendo amistosamente, pero su mirada dice lo contrario.
¿Amor? Un segundo después lo entiendo todo. Mi corazón se rompe en un millón de pedazos, pero aun así trato de lucir tranquilo.
—Nada, cariño. Solo que mi... amigo Edward vino a visitarme. Pero ya se iba. —Me mira intensamente, rogando silenciosamente que le siga la corriente.
—Sí, ya me iba. —Finjo sonreír, aunque probablemente fue más cercano a una mueca.
—¿Y las flores por qué son? —pregunta con un poco de fuerza.
—Es que... él tenía un problema, yo lo ayude y pues... me las trajo como agradecimiento. —Coloca sus manos en el pecho de él y le sonríe apenas lo suficiente para lucir convincente.
Mi estómago se revuelve y quiero vomitar, y quiero gritar, y quiero irme ya antes de sentirme más humillado.
—¿Y qué problema era? —Ahora habla con un poco más de suavidad y coloca sus manos sobre las de ella.
—Algo personal... Pues es que tenía dificultades con... su... novio. Sí, eso. Y yo le ayudé y ahora todo está bien.
Es una gran mentirosa, lo admito.
—Oh. —Su gesto deja de ser hostil y parece estar aliviado—. Pues qué bien. ¿Quieres quedarte a cenar? Estamos en una reunión con familiares y amigos para celebrar nuestro segundo aniversario de bodas, y pues también porque regresé. Ya sabes, estoy en el ejercito, supongo que Ani te habrá hablado de mí.
—Sí, todo el tiempo —respondo, haciendo un esfuerzo enorme por no comenzar a llorar aquí mismo.
No es solo su novio, es su esposo. Cuando creí que era imposible ser engañado por una novia más de una vez, llega Anika para traicionarme de la peor forma.
—Entonces, ¿te quedarás?
—No, gracias, tengo que irme. Hasta luego.
—Amor, me dejas hablar un segundo con Edward, es que necesito decirle algo importante —dice Anika.
—Claro, princesa. Hasta luego, Edward. —Hace un ademán con la mano y entra a la casa.
Miro al suelo, porque no tengo las fuerzas para mirarla a ella.
—Edward, lo siento, me duele mucho que esto haya terminado así —dice unos segundos después.
—¿A ti te duele? —Levanto la mirada, y siento un sabor amargo en la boca—. Anika, todo este tiempo fui tu amante mientras tu esposo estaba lejos luchando por el país o algo así. No eres precisamente la que debería estar sufriendo.
—Pero es así. Yo... yo en verdad lamento haberte hecho pasar por algo así. Simplemente conocí a esta chica en la playa que me invitó a sentarme con ella y sus amigos, y después llegaron estos dos chicos y el de ojos claros me cautivó. Tú, con tu malditamente genial personalidad... Solo tuve que estar contigo.
—¿Ahora es mi culpa? —replico indignado.
—No, no me estás entendiendo. Yo en verdad te quiero, Edward, con toda mi alma. Quiero que sepas que no fue un juego, que yo jamás había hecho esto. Y aunque me arrepiento del dolor que te estoy haciendo pasar, y de traicionar a mi marido, no me arrepiento de lo que vivimos. Lo que vivimos fue corto, pero fue real y...
—Sí, entiendo —interrumpo—. Guarda tu basura empalagosa para alguien que quiera oírla. Yo simplemente no puedo.
Me doy la vuelta y me concentro en el sonido de mis pies contra el pavimento para no romper en llanto a mitad de camino. Llego hasta mi auto y entro rápidamente, conduzco y me detengo a una cuadra para poder tomar respiraciones profundas y calmarme. Es extraño como en momentos como estos, en los que se supone debería llorar, siempre me resisto a hacerlo, porque siento que es la primera forma de no desarmarme.
...
Después de media botella de tequila todo se siente mejor. Esta es la segunda forma.
...
Un rayo de luz se filtra a través de mis párpados y no puedo evitar abrir los ojos. Ojalá lo hubiera hecho.
Al instante siento como si mi cerebro se hubiera cocinado. Gimo y me giro para taparme el rostro. Vuelvo a abrir los ojos, pero con más lentitud, y veo una conocida mesa de noche azul cielo. Estoy en casa de Emmett.
Me levanto, mis huesos cantan al compás de una muy, muy dolorosa melodía. Aunque quiero ir a buscar a Emmett y averiguar por qué rayos estoy aquí, las ganas de orinar me ganan. Camino hasta el baño y entro. Hago lo que tengo que hacer y, cuando me lavo las manos, veo un moretón en mi mejilla. Lo examino cuidadosamente y siseo cuando lo toco.
Salgo y sigo la voz desafinada de Emmett cantando Mirrors (3), la cual me guía hasta la cocina, obviamente. Me siento en la silla frente a la barra y me quedo ahí en silencio hasta que él se gira y me ve.
—Buenos días, bello durmiente. Te hice un café bien cargado. —Coloca mi pocillo de Star Wars que dejé en este apartamento frente a mí.
Lo tomo y le doy un sorbo. El líquido oscuro pasa por mi esófago y calienta todo a su paso, de repente me siento un poco mejor.
—¿Qué pasó, Emmett? ¿Por qué estoy aquí? Y... ¿por qué tengo una mejilla morada?
—Ya sabes, me llamaron desde tu celular a las 3:30 am diciendo que estabas desmayado de borracho en un bar en Miami Beach. Y el morado es porque, según me contaron, tuviste una pequeña disputa con un hombre, pero fue rápido y él se fue de inmediato —responde con total normalidad.
—Ah, ya. —Doy otro sorbo.
—¿Tan mal salieron las cosas con Anika?
Anika. Los recuerdos me golpean y vuelvo a sentir ese nudo opresor en la garganta. Miro el pocillo como si fuera de lo más interesante, tomo respiraciones profundas y lentas.
—Algo así —susurro, es lo único que logro decir.
Pero él me conoce desde hace miles de años, no hay nada que pueda ocultarle. Así que no me extraña cuando su cara está a unos centímetros de la mía y sus ojos lucen preocupados.
—¿Qué pasó, Edward?
Niego con la cabeza.
—No quiero hablar de eso.
—¿Edward?
Levanto la mirada y noto que estoy llorando, no exactamente de la forma escandalosa que esperarías, solo un par de lágrimas resbalando por mis mejillas.
—No sé qué pasó, pero ya verás, iremos hoy mismo a bombardear la casa de esa mujer con ensalada de col como hacíamos en la escuela, ¿te parece bien? —dice con toda la seriedad que es posible emplear en esa oración.
—Me parece estupendo —respondo, limpiándome las lágrimas con la palma de la mano.
(1) El tag de "Mi novio me maquilla". Existe, busquen en Youtube si quieren.
(2) (Youtube)/watch?v=X9F4CYnW5Dc
(3) Canción de Justin Timberlake. (Youtube)/watch?v=uuZE_IRwLNI
Hola, mis amores.
Les traje la actualización lo más pronto que pude, creo que mejoré en tiempo comparada a la anterior xd
Ya saben, tenganme paciencia, la universidad me consume.
Con este capítulo doy fin a la primera parte de la historia: muerte. Ya nos veremos con la segunda: amor, en la próxima actualización.
Gracias por todo y hasta luego.
Camila.
