Enserio no me odiéis porque de verdad estoy hasta arriba de cosas y no doy a más... sin más preámbulos os dejo con el capítulo, espero que os guste!

Recuerdo que tanto la historia como los personajes de OUAT no me pertenecen.


Capítulo 11

El almuerzo transcurrió rápidamente. Cora estaba demasiado ocupada saludando a los donantes bien posicionados para acompañarnos, gracias a Dios.

Robin, el esposo de Zelena, se reunió con nosotras un poco más tarde. Era cirujano y por lo visto había tenido una emergencia. Ellos realmente estaban hechos uno para el otro, eran muy atractivos y se compenetraban muy bien.

Nada memorable pasó durante el transcurso de la comida, me divertí. Observé las bromas amistosas entre las hermanas, uniéndome a sus risas cuando una broma en particular afectaba a alguna.

A menudo tenía miedo de que si estaba rodeada de personas nuevas querrían saber todo sobre mí y mi familia. Cuando algo iba en una dirección demasiado privada, me daba cuenta de que Regina cambiaba de tema. ¿Era porque sabía la tristeza de mi pasado? ¿O estaba manteniendo mi trabajo ligero y sin preocupaciones? De cualquier modo, el almuerzo fue más íntimo que cualquier cosa que hubiera experimentado en mucho tiempo.

Después del postre, Ariel encontró un grupo de chicas con quienes entretenerse y Zelena convenció a Robin para que ayudara entre bastidores.

Aunque me gustó conocer su familia, no dejaron de entretenerme durante toda la comida así que estaba contenta de tener un minuto a solas con mi cita. Acaricié su mejilla y cuando nuestros ojos se encontraron, vi el deseo dilatando sus pupilas. Agarró mi muslo y se inclinó hacia mí, pero el beso nunca llegó.

- Oh, no necesitan hacer demostraciones públicas de afecto en mi presencia. - Una voz sedosa ronroneó detrás de nosotras. - Soy la única que lo sabe.

Regina se puso rígida, mis ojos siguieron a los suyos, enfocando a la rubia de piernas largas que se sentó a mi lado. Era intimidante, no debido a su actitud, sino porque era muy hermosa.

- Soy Elsa. - Sonrió, mostrando sus dientes perfectos - Pensé que probablemente deberíamos conocernos. Aunque, parece que mi ex prometida no está muy entusiasmada.

Eché un vistazo a Regina que parecía incómoda.

- No, tienes razón. Deberíais conoceros… - dijo. Seguía teniendo su mano en mi muslo, así que sentía que había un propósito detrás de cada uno de sus toques, pero no estaba segura si me estaba reclamando, calmando o tranquilizándose ella misma. - Ahora ya se conocen.

- No vas a deshacerte de mí tan fácilmente, nena… - le sonrió a Regina, luego me dedicó otra sonrisa a mí. - Lo creas o no, en realidad somos muy amigas.

La creía. Y de pronto me pregunté, si las dos habían teniendo sexo en algún momento de su "amistad". Un agudo y punzante dolor comenzó en mi pecho.

- ¿Qué quieres, Elsy? - Regina suspiró. Y ahí estaba de nuevo, ese tono familiar que fluía a través de Regina, la punzada se profundizó.

- Quería agradecerle a Emma personalmente por toda esta farsa. - Realmente lo sabía. Lo que en realidad me ponía en desventaja ya que yo no sabía casi nada de ella. Elsa se inclinó hacia mí como si me estuviera contando un secreto, pero lo suficientemente alto para Regina pudiera escucharla. - Esta idea de casarse ha sido peor que un grano en el culo. - Una sonrisa burlona apareció en sus labios.

- Puedo imaginarlo. - Los dolores punzantes en mi pecho me hacían querer apuñalar a Regina.- Ella no es el tipo de mujer que se compromete. – Mi morena retiró su mano de mi pierna y de inmediato me arrepentí de mis palabras, a pesar de que no habían sido malvadas, o ¿lo habían sido?

Elsa se rió entre dientes. - Guau. Ya la conoces muy bien. - Se echó a reír de nuevo. Ugh, quería vomitar con tanta risita.

- ¿A qué Regina es realmente buena fingiendo? – miró hacia Regina y si las miradas matasen ahora mismo estaríamos en el funeral de la rubita…

- Lo es. - Pensé en nuestro tiempo juntas, las caricias, los besos en público. Algunos habían sido confusos y claramente había culpado a mis tendencias de crear más cuando no había más, pero tal vez no había sido mi imaginación hiperactiva. - Bastante buena.

- Me gustaría continuar esta maravillosa conversación, pero acabo de ver a alguien con quien necesito hablar de negocios. - Regina se levantó y me tendió su mano. - ¿Emma?

- Ve tú, Gina. Me quedaré con Elsa. - Tuve la extraña sensación de que no quería dejarme sola con su casi-pero-no-prometida-real. La última vez que me sentí de esa manera, había recibido información interesante de su hermana.

- Estaremos bien…- La tranquilizó Elsa. - Y si quieres hacerlo más creíble podemos terminar la conversación con alguna pelea…

- Sin peleas. En mi guion, sois casi amigas. - La mandíbula de Regina se tensó.

- Entonces, nos sentaremos y hablaremos, ya que se supone que somos amigas. -Elsa me guiñó un ojo. -¿Cierto, Emma?

- Sí. - También le guiñé el ojo. No pude evitarlo. Era de alguna manera adorable.

- Está bien, volveré enseguida.- Comentó Regina, la observé mientras se daba la vuelta, su trasero enseguida me atrajo, ella me atraía tanto… de repente, recordé que estaba con Elsa y volví mi mirada hacia ella, para encontrármela observando a Regina de la misma manera.

- Te gusta. - Dije sin poder evitarlo. No estaba segura de si quería saber.

- Probablemente soy tu única oportunidad de obtener información de primera mano sobre Regina ¿y es eso lo que quieres saber?

Me reí.

- Tienes razón, me gustaría algo de información. - La lista de preguntas con las que podía atacar a Elsa era tan larga que no sabía por dónde empezar. Ya que no estaba segura de cuánto tiempo teníamos, tenía que hacerlo bien. - Está bien, Zelena parece pensar que tengo estar celosa de ti. ¿Debería? Quiero decir, ¿debería fingir que lo estoy?

Elsa frunció sus perfectos labios carnosos. - Bueno, ¿no es esa una manera inteligente de hacerme la misma pregunta? No. Regina y yo solo somos amigas. Solamente amistad, a menos que seas del tipo de chica superficial que se pone celosa por todas las amigas de su novia…

Era un poco superficial, definitivamente del tipo de chica celosa que llevaba la agonía a la obsesión. Pero estaba representando un papel, así que ¿por qué no hacer mi personaje vacío de mis propias imperfecciones? - Nada de celos, entonces. ¿Qué hay de su familia? ¿Es cercana a ellos o es así de fría como con todo el mundo? No he podido averiguarlo aún.

- Los ama, profundamente. Tan profundo como Regina puede amar a alguien, quiero decir. Pero se necesita mucha percepción para darse cuenta de eso. - Se recostó en su silla y me observó. - Creo que si estuvieras enamorada de ella lo sabrías...

Asentí. Reuní por fin el valor para hacer la pregunta que me había estado atormentando desde la primera vez que había oído hablar de su situación. - ¿Por qué su madre no cree que pueda estar enamorada? Obviando el hecho de que Cora es una zorra sin corazón. - Eso provocó una sonrisa en Elsa. - ¿Alguna vez ha salido con alguien?

- Más o menos. Quiero decir… ha salido con muchas mujeres. Pero a ninguna la ha llevado a conocer a su madre… - El dolor punzante regresó. Noté un destello de agonía en los brillantes ojos de Elsa. Me di cuenta de que para ella, tener esta conversación era muy duro. – En realidad salir no es la palabra adecuada. Jugaba con ellas… se acostaba con ella... Se metió en todo tipo de problemas. Más de una vez.

- ¿Qué quieres decir con que jugaba con ellas? - Me quedé inmóvil

- No debería decírtelo. No querrá que lo sepas, para no comprometer esta farsa... pero realmente deberías. De lo contrario Cora podría pillarte con la guardia baja.

- ¿Cómo que jugaba con ellas?- Mi voz era un susurro.

- Es difícil de explicar. Empezaba diciéndoles que no quería nada serio, que lo que buscaba era una amistad, con el tiempo cambiaba su táctica, les decía que quería que fuesen amigas con beneficios…. Pero luego las manipulaba, ellas hacían lo que Regina les pedía… sabes que ella consigue lo que se propone… - me confesó Elsa.

Dios, lo sabía. Sólo pude asentir.

- Las manipulaba de tal manera de que se enamoraban de ella… Lo cual no es realmente difícil, es decir, es Regina. Les daba falsas esperanzas, conseguía que se engancharan. Era un juego para ella, ya sabes una de estas cosas horribles que las chicas ricas hacen solo porque pueden hacerlo. – continúo la rubia.

El mundo parecía haberse derrumbado sobre mí. ¿Era eso lo que Regina hacía conmigo? Tenía que saberlo. - ¿Sigue haciendo eso?

- No lo sé. Hizo mucha terapia, así que me gustaría decir que ahora está "mejor", pero ¿quién sabe? Debido a esto, su madre tiene la idea de que si se casa con alguien como yo, podría mantenerla a raya. Y mis padres quieren que me case con el apellido Mills y su cuenta de banco, son tan codiciosos. Pero nunca podría estar con alguien como ella, aunque la quiera muchísimo.

La terapia ayudaba, lo hacía, no podía negarlo, pero tenía dudas de si llegaba a arreglarnos. Sabía mejor que nadie que Regina no debía estar manteniendo una relación sexual como la nuestra si de verdad estuviera mejor.

Al igual que yo no debería mantener una relación carente de emoción si estuviera "mejor" ya que la falta de afecto por parte de una persona que deseaba era uno de mis desencadenantes.

Tenía que salir de ahí.

Elsa continuó, sin darse cuenta de mi tormento.

- Pero este plan de Regina es brillante. Tan pronto como Cora se relaje lo suficiente como para tragarse esta farsa estará eufórica. Solo quiere que Regina sea normal. Que esté feliz y enamorada. Yo también quiero eso para ella. Es una lástima que no sea real.

- Sí, una verdadera lástima.

- ¿Estás bien? Te ves realmente pálida. - Frunció el ceño, con la preocupación grabada en su rostro.

¡No, no estaba bien! Acababa de saber que la mujer con la que no debería estar follando, está tratando probablemente de joder mi cabeza igual que lo hace con mi cuerpo.

- Creo que la comida me ha sentado mal. - No era una mentira. De verdad creía que iba a vomitar. - Discúlpame, tengo que… - No podía pensar en una excusa para irme. Sólo sabía que tenía que irme...

Me deslice rápidamente a través de la multitud hacia las puertas. El desfile comenzaba en quince minutos y yo iba contra el tráfico. Me agaché y me dirigí hacia una puerta, cuando vi a Cora en el bar, esperaba a que no me hubiera visto, no porque me preocupara por la estúpida farsa de Regina sino porque no quería hablar con ella.

Sin embargo, estaba tan pendiente en evitar a Cora que no me di cuenta que estaba caminando hacía Regina.

- ¿A dónde vas?- Alcanzó suavemente mi brazo para detenerme, un hormigueo familiar se disparó hacia mi vientre. Acompañando los hormigueos, mi estómago se revolvió del asco. Aparté el brazo de Regina.

- No me toques. – aparte bruscamente su mano.

Ella levantó una ceja confundida. - Basta. - Se puso delante de mí evitando mi ruta de escape. - ¿Qué está pasando?

Recorrí con la vista el vestíbulo buscando una manera de escabullirme.- Qué está pasando contigo debería ser la pregunta correcta. – Ni si quiera podía mirarla a los ojos.

- Emma.- Dio un paso hacia mí, su voz era baja y severa y automáticamente yo di un paso hacia atrás.- No sé de qué estás hablando, pero estás haciendo una escena. Necesitas calmarte y guardarte lo que sea para más tarde.

- No va a haber un más tarde…renuncio. - Logré escabullirme por la puerta principal

- ¡Emma! - Me siguió.

La rabia surgía a través de mí, las lágrimas se formaban en mis ojos. Estaba vulnerable y avanzaba torpemente, ella casi me había alcanzado. Me volví hacia ella, las lágrimas calientes corriendo por mis mejillas.

- Dime, Regina, ¿me escogiste porque pensabas que mis problemas de obsesión harían tu juego más divertido? Pero, ¿dónde está el desafío en eso?- su mandíbula se tensó.

- Joder Elsa… - Dio un paso hacia mí con la intención de tocarme, pero de nuevo como hice antes di un paso hacia atrás. Su mirada era insistente. - Hablemos de esto en la limusina.

- No quiero…

- Emma. - Me interrumpió - No es justo que escuches a una extraña contar mi historia y no me des la oportunidad de explicártelo. – Estaba intentando mantener la compostura…. - Te estoy diciendo que hablaremos de esto en la limusina, mi madre nos está mirando así que me voy a inclinar y voy a besar tu frente. Luego me acercaré a ella y le diré que no te encuentras bien.

Miré distraídamente y vi a Cora con una sonrisa en su rostro. Ya le había dicho a Regina que renunciaba. Conseguiría uno de estos trabajos que mi hermano tanto deseaba para mí, porque estaba claro que no iba a trabajar en un lugar donde estuviera Regina Mills. Pero sabía que la única manera de salir de ahí era asentir.

Así que lo hice. Asentí y ella me besó suavemente en la frente.

- Te veré en la limusina.

En cuestión de segundos idee mi plan, llegaría a la limusina y le diría a Graham que me sacara de ahí, antes de que volviera Regina. Aparté las lágrimas de mi rostro bruscamente mientras me acercaba al aparcamiento.

- Llévame a casa, Graham. - Mi chofer cerró la puerta y lo escuché sentarse en el asiento del conductor. No había dicho nada, por un momento, temí que sólo hiciera caso a las órdenes de Regina. Me tranquilicé cuando el coche arrancó, pero inmediatamente se detuvo frente al salón de baile, donde Regina estaba esperando, las puertas se bloquearon automáticamente después de que ella se subiera. Sin razón alguna me sentí traicionada por mi chofer…

Cuando el coche se detuvo en uno de los semáforos, me coloqué en la esquina opuesta, lo más lejos que podía de esa mujer.

Regina presionó un botón y habló. - Graham, conduce alrededor hasta que te diga lo contrario. O encuentra un lugar para aparcar.

Normalmente me habría sonrojado, temerosa de lo que Graham pensaría que estábamos haciendo en el asiento trasero. Pero estaba demasiado enfadada y dolida para importarme.

Pasamos unos minutos, sin hablar. No podía imaginar que Regina Mills estuviera sin palabras, así que asumí que su silencio estaba destinado a calmarme. O mejor dicho para ponerme nerviosa. Alguna especie de táctica manipuladora.

No me calmé. Todo lo contrario, el silencio me dio tiempo para analizar cada uno de los momentos de los últimos días, reconociendo su mano dominante en todos los momentos vividos. Dándome más motivos para odiar su control sobre mí. Y a mí misma por caer en sus redes.

- ¿Qué fue lo que te dijo Elsa, exactamente? - Finalmente habló, en voz baja

- Oh, sólo que juegas con las emociones de mujeres vulnerables. - No podía permanecer en silencio. - ¿Es verdad?

- Emma – se deslizó por el asiento acercándose a mí, poniendo su mano en mi rodilla.

- ¡No me toques! - Aparté su mano. - ¿Es verdad?

- ¿Vas a calmarte para que pueda explicártelo?

Su tono de voz suave y condescendiente, incentivo mi ira. Necesitaba que lo admitiera. Tenía que oírlo. - ¿Es verdad?

- ¡Sí, es verdad!- Respiró hondo, recuperando el control. - En el pasado…

Me quedé inmóvil, con los ojos clavados en los suyos. No había esperado su confesión. No esperaba que me dijera nada, nunca lo hacía y temía que si me movía dejaría de hablar. Así que me quedé quieta.

Se tomó su tiempo, sin mirarme. - Hice…cosas… de las que no estoy orgullosa. Manipulé personas. Las herí y a menudo fue deliberado. – me miró, perforándome con sus intensos ojos y su voz. - Pero ahora no. No hago eso ahora. No contigo.

- ¿De verdad? Porque parece obvio que hiciste exactamente lo mismo conmigo. La manera en que me escogiste en el simposio, me localizaste y me diste vacaciones en un spa y Jesús, ¡Compraste el club!

Negó con la cabeza. - No es así. Expliqué lo del regalo y estaba interesada en el club de todas formas. Cuando supe que trabajabas allí, ayudó a que me decidiera.

La interrumpí. - Y me "contrataste" y sedujiste. Y cuando te dije que no quería tener sexo contigo, de alguna manera lograste que hiciera exactamente eso. Eres una manipuladora. - Envolví mis brazos a mí alrededor, con la esperanza de detener las lágrimas.

- No, Emma. No quería eso contigo. - La angustia en su tono hizo que mis lágrimas se deslizaran por mi rostro. Se inclinó hacia delante y sentí que quería tocarme. - No quiero ser así contigo.

- ¿Entonces qué querías conmigo, Regina? - Me limpié las lágrimas.

- ¿Honestamente? No estoy segura. - Se recostó contra su asiento.

De repente, parecía mucho más joven. No se veía confiada, sino como un miembro más de una de mis sesiones de terapia, expuesta y accesible.

Dejó escapar una risa breve, como si reconocería su propia vulnerabilidad y eso la divertía o la confundía. - Me siento atraída por ti… No porque quiera herirte o hacerte sentir de cierta manera, sino porque eres hermosa, sexy e inteligente y, sí, un poco loca, pero no estás rota. Y eso me da esperanza. Para mí.

Dejé escapar un suspiro tembloroso. Dios ayúdame, quería acercarme a ella. Quería ayudarla, sabiendo que sus palabras sobre mí decían más sobre ella misma de lo que alguna vez había dicho.

Sin embargo, no me moví, no estaba dispuesta a romper el momento.

- Y tal vez haya sido una manipuladora. Puedo intentar cambiar las cosas sobre mí, pero mi personalidad nunca va a desaparecer. - Su voz bajó aún más. - Tú de todas las personas deberías ser capaz de entender eso.

La entendía. Más de lo que creía. Lo que se siente ser de cierta manera y que te odies a ti misma por eso. Lo difícil que era cambiar y aprender a aceptar las partes de mí que eran tu esencia y no iban a cambiar. Sabía cómo se sentía ser esa persona.

- Lo siento. - Salió como un susurro ahogado, así que repetí. - Lo siento. Tu no me juzgaste y yo lo hice.