Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia sí es mía.
Este fic va dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a las del grupo evil regals, al grupo de las reinas, a mi petita, a mi morena, a Irina, a amandis la tetis y por supuesto a mi manager adorada.
Va especialmente dedicado a mi amada esthefybautista, porque la amo con locura y ella lo sabe.
A mi Miss Swan tata favorita porque siempre me recuerda seur, a Vero porque es mi tatita y a Natalia porque es la mejor.
Gracias a los que me leen y comentan, ayuda mucho saber vuestras opiniones. Sin más os dejo disfrutar del capítulo no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, MaryMontoya17, EvilSwanQueen21, Erpmeis, el lado ciego del amor y por supuesto a mi amada esthefybautista
CAPÍTULO 12 MÁS ALLÁ
El sol estaba cerca del mediodía, el sudor caía por su frente con grandes goterones que la cegaban mientras el agotamiento se hacía dueño de cada uno de sus miembros mas no le importó. En su mente una sola idea, una obsesión, llegar junto a Emma y rescatarla, partir al sud-oeste fiándose de August, esperando que realmente ese lugar le ofreciese una salida al enorme problema en el que se había metido.
Con medio Toletum buscando arrancar su cabeza, no había un solo rincón que le ofreciese seguridad, tarde o temprano la encontrarían y acabarían con ella, al igual que terminarían con la vida de su princesa y eso era un hecho que no podía permitir.
Su caballo parecía volar sobre la tierra, levantando piedras y humo a su paso, la herida de su costado se había abierto y sangraba copiosamente, el dolor era lacerante y la entumecía mas estaba cerca de su objetivo y, mientras tuviera un aliento de vida, lucharía por liberar a Emma de esa cárcel ficticia, de esa prisión desconocida, de ser el centro de atención del mundo entero sin saberlo.
Al llegar al palacio, la calma adornaba el lugar, los guardias habían partido en su busca al correrse la noticia de que había eludido la muerte, nadie en su sano juicio pensaba que Regina regresaría al hogar de los Swan. Llegó a la torre de su princesa y, como en la víspera, se dispuso a trepar por la enredadera ya que entrar por la puerta no era una opción. Pudo vislumbrar restos de sus rosas, desperdigados bajo la ventana de la torre, intuyendo que la reina descubrió el secreto temido de su primogénita y quiso deshacerse de esa prueba refutable de un amor prohibido.
No contaba con su cuchillo en esa ocasión, mas la adrenalina y la desesperación corría por sus venas, empujándola a trepar con sus propias manos esa enorme distancia que la separaba de su amor, un paso en falso y todo habría terminado para ellas, un paso que no pensaba cometer, estaba cerca de lograr su objetivo y jamás se daría por vencida.
Dejó atrás el dolor, el cansancio, dejó un rastro de sangre al reptar por esos muros de piedra, como una huella inequívoca de una mujer valiente dispuesta a entregar su vida por aquella que amaba. Trepó con una oración en sus labios, con lágrimas de esfuerzo que se le escapaban, trepó con el corazón desbocado y el nombre de Emma susurrado en cada jadeo, en cada tembleque, en cada momento en el que parecía desfallecer.
Finalmente llegó a la ventana, agotaba pero viva. Su tez blanquecina marcada por los golpes recibidos desde su cautiverio, sus cabellos enredados y sus ropajes raidos mas con el corazón desbocado y el paquete que August le había confiado firmemente sujeto en su cintura. Cayó al suelo con un golpe sordo, dentro de los aposentos de su amada y un grito resonó en la estancia, el grito de Emma al reconocerla.
La princesa esperaba sobre su lecho noticias de Diana, cuando esta le dijera que se había entregado el mensaje pensaba arrojarse al vacío para reunirse con su amada, sin importarle nada más, devastada y con el corazón destrozado en mil pedazos.
Ajena a todo cuanto acontecía en el palacio, sumida en su propia pena dando por muerta a Regina, de pronto la vio aparecer por su ventana, herida y magullada pero viva, y un grito de alivio y horror nació en su garganta mientras de un salto, salía de su lecho y se precipitó sobre ella, sujetándola al ver que le fallaban las fuerzas, deleitándose con tenerla una vez más entre sus brazos ya que la creía muerta en esos instantes.
-Mi señora, escapasteis mas ¿Qué hacéis aquí? Si os descubren os matarán
-"Princesa, dejadme unos instantes reponer fuerzas, después vos y yo partiremos, nos marchamos de aquí, no estáis a salvo"
-¿A dónde iremos Regina? Vos misma dijisteis que seremos proscritas, no hay lugar para nosotras
-"Nos marchamos de Toletum, este lugar no es seguro para vos, me tendieron una trampa, buscan mi muerte y también la vuestra, debéis confiar en mi ciegamente pues vuestro mundo está a punto de desmoronarse"
-Confío en vos, os confiaría mi vida Regina
Tras unos instantes en los que la morena recuperó el aliento, Emma abrió los ojos desmesuradamente al ves la herida en su costado, esta no dejaba de sangrar y se estaba llevando lentamente la energía vital de su amada, sin paraban la hemorragia Regina moriría. Quiso hacérselo saber mas esta no escuchó, se levantó con las pocas fuerzas que tenía escrutando ese lugar en busca de una salida.
-Si lo que buscáis es salir mi señora solo está la puerta y ahora mismo está custodiada…
-"Entonces haré que la abran"
Iba a golpear la puerta maciza con todas sus fuerzas cuando esta se abrió, obligando a la morena a llevar su mano a su cintura donde escondía el paquete que podía salvarles la vida. El alivio se dibujó en su rostro al ver a Diana penetrar en la estancia, cuando la joven Swan la vio, suspiró aliviada y se dirigió a ella sin prestar atención a la princesa.
-Estás aquí, Regina te buscan por todas partes
-"Lo sé, no me encontraran, me marcho y me llevo a Emma conmigo"
-Fui a darle a August tu mensaje y vi como apresaban a los Mills, tienen a Luci… Quise ayudar pero yo sola contra toda la guardia habría sido una masacre por lo que decidí volver y poner a Emma a salvo
-"Me la llevo de aquí, volveré a por ti y a por Luci, te lo prometo"
-Solo cuídala, Luci y yo saldremos de esta, Emma te necesita más que nosotras
Se miraron con un mudo reconocimiento y Regina tomó a su princesa de la mano, la joven Swan no dejaba de darle vueltas a las extrañas palabras que su amiga y su amada habían compartido. No entendía por qué tenían que ponerla a salvo a ella, princesa de los Swan, no corría peligro en su palacio mas eso no era lo que opinaba todo el mundo.
Regina no hablaba, andaba con prisa sin quejarse de sus graves heridas, apremiada por salir de ese lugar. De pronto frenó en seco pues ante ellas apareció un pelotón de la guardia, reconociéndola y gritando en el acto
-Está aquí, que no escape, que no se lleve a la princesa
Correr por donde habían venido no era una opción, era un laberinto sin salida. Emma empezó a temblar temiendo por la vida de su amada mas esta, con sonrisa cínica en el rostro, sacó el paquete que llevaba custodiado y de él un artefacto que Emma no había visto en la vida. Los guardias frenaron en seco, en su rostro la alarma al no estar preparados para una semiautomática, arma que en Toletum se suponía que no existía. Regina disparó, derribando al guardia que tenía más cerca, provocando que su princesa dibujase una mueca de horror. El silenciador del arma produjo que el disparo no se escuchase, que el hombre simplemente fuese abatido mientras el resto de la guardia huía en desbandada, no estaban preparados para pelear contra armas de fuego modernas.
Regina apremió a su amada a continuar y siguieron corriendo por esos pasadizos laberínticos agitadas.
-Mi señora ¿Cómo abatisteis al guardia? ¿Qué es ese artefacto que portáis?
-"Princesa, es el futuro... Muy largo de explicar y ahora estoy cansada, salgamos de aquí"
La rubia no dijo nada, solo guió los pasos de su amada en pos de la salida, cuando Mary Margaret Swan se interpuso, saliendo de la nada, justo delante de su ansiada libertad. Regina empuñó su arma, sus ojos lanzaban fuego y ladró sus palabras con desprecio.
-"Por Dios es tu hija…"
-Lo sé, por eso mismo toda la guardia os está buscando en otro lugar Regina. Dispuse un caballo, llévatela y sálvala, salvaos por todos nosotros…
Apartándose las dejó pasar, con cada acontecimiento Emma estaba más trastornada, las palabras de su madre incitándola a marcharse con su enemiga, su ayuda al proporcionarles la montura sobre la que cabalgaban con prisa, nada tenía sentido.
Regina sujetaba su costado con muecas de dolor, no podía desfallecer, no podía caer justo en esos instantes cuando estaba tan cerca de alcanzar su objetivo.
De pronto la princesa se tensó, tras ellos toda la guardia con los estandartes de la familia Mills los estaban persiguiendo. Los gritos de traición resonaban en el prado mientras los jinetes perseguían a las fugitivas sin freno.
Le hizo saber a Regina que su familia las estaba cazando y esta, con un vistazo atrás, certificó que Trish iba en cabeza de esa comitiva que pedía a gritos su muerte, seguida de cerca por Cora, su madre.
No entendía nada mas tampoco lo pretendía, si el Gobernador lo había ordenado ellos debían obedecer, estaba escrito y así acontecía.
Apremió su montura, poniendo distancia entre ellas y sus perseguidores, a pesar de que estos no la dieron tregua alguna. Sus pulmones le ardían, le ardía la lacerante herida de su costado, cada uno de sus miembros… lo único que la sujetaba sobre ese caballo eran los brazos de su princesa alrededor de su cintura, confiando ciegamente en ella, aterrada… escuchaba los latidos de su corazón acelerado, su agitada respiración, sin mirarla podía ver el pánico en sus rasgos, las lágrimas silenciosas por sus mejillas…
De pronto el caballo se encabritó, tirándolas al suelo y marchándose en otra dirección, habían ido todo al sud-oeste que podían, ante sus ojos se extendía el esplendor, la espesura de un bosque frondoso mas sin montura no podían continuar, no con tantos jinetes persiguiéndolas.
Sintiendo que había fallado, que había traicionado la confianza de su amada al no poder salvarla, le fallaron las piernas mientras Emma intentaba alzarla, no tenía fuerzas, estaba demasiado agotada.
Sintió el dulce abrazo de su amada, supuso que ambas iban a morir pero lo harían juntas, amándose, no iba a dejarla sola en ningún instante.
Los jinetes Mills las alcanzaron con rapidez, deteniéndose a una distancia prudencial. Trish dejó paso a su matriarca, Cora, que se acercó a paso lento hacia su falsa hija a la que había aprendido a dorar con el tiempo. Vio sus rasgos destrozados por los golpes, su aspecto desolador y se le encogió el estómago. Descendió del caballo y se acercó a ella, sus ojos chocolate se la quedaron mirando sin pronunciar palabra mientras Emma, fiel a su amada hasta el último instante intentó negociar con aquellos que eran su familia.
-Mi señora, su único delito fue amarme, no merece castigo, no le hagáis daño
Cora no respondió, seguí mirando a su hija, acariciando su mejilla con cariño infinito, hasta terminar susurrándole con suavidad.
-Llegaste muy lejos mi niña, no te rindas, no estando tan cerca
-"Pero vos buscáis mi muerte… madre no entiendo"
-Tu muerte fue lo que se nos pidió, mas no obedecimos, te escoltamos a tu destino sana y salva, ahora levantaos Regina y sed libre
En ese momento en el que su madre la ayudaba junto a Emma a ponerse en pie, del bosque que había a sus espaldas se abrió una puerta, una de las entradas camufladas al reino provocando en Regina una sonrisa. Apoyada en su amada tras un leve adiós hacia aquella que fue su madre, se dirigió a la puerta y la atravesó. Esta se cerró automáticamente en cuanto ambas hubieron pasado y ante ella se presentó una mujer de ojos color miel y cabellos castaños, la reconoció en seguida pues era la misa que años atrás había metido ese chip de reconocimiento en su brazo.
-El brazo Regina, dame tu brazo
Obedeció sin chistar pues sabía lo que se proponía, la mujer arrancó el chip que años atrás había implantado con un cuchillo, rompiéndolo en el acto ante la mirada de Emma que se había quedado paralizada.
-Ahora tú princesa, dame tu brazo
Al ver que esta no reaccionaba, Regina tomó su brazo y lo elevó, mientras la mujer extraía el chip de seguimiento que también llevaba Emma bajo su piel. Los ojos de la princesa se abrieron desorbitados, sin ser capaz de entender qué estaba sucediendo, enmudecida y trastornada. La mujer que las había liberado la miró con compasión.
-Tardarás en entenderlo Emma, has estado ahí toda tu vida, Regina te pondrá al día pero si no nos damos prisa ella morirá, necesita un médico y nosotras desaparecer de aquí antes de que un superior nos encuentre y nos mate
Al ver que Regina seguía a esa mujer, recordó como su amada le dijo que debía confiar en ella ciegamente por lo que, sirviéndole de apoyo debido a su debilidad, la condujo por esos pasillos desérticos hasta que salieron a la parte de atrás de un callejón, apenas pudo vislumbrar ese nuevo mundo a que había viajado ya que nada más salir la mujer que las había sacado las metió en la parte de atrás de una caja metálica, asegurándoles que irían a un sitio seguro donde Regina podría reposar y curarse de sus heridas.
Cerró las puertas de esa caja metálica que empezó a moverse con un rugido atronador y ella se quedó abrazando a su amada completamente aterrada, por fin estaba más allá de Toletum y no era como había imaginado, era demasiado aterrador.
