Hola guapas, espero que estén todas bien y que gocen de excelente salud. Siento la demora del capítulo pero los estudios me tienen sin tiempo.
Sé que no es el mejor capítulo, pero es lo que hay, prometo que el próximo será mejor.
No me alargaré mucho aquí pues al parecer nunca leen esto y solo e pasan directo a lo de más abajo, y las entiendo yo a veces hago lo mismo.
Y gracias por los mas de 200 rr son unos soles gigantescos en mi vida narrativa.
Pero no puedo saltarme el agradecer a las personas que dejaron rr el capítulo anterior y a las chicas que se han unido al fic.
- Soff098
- Conntagious
- EdwardKaname
- Sabricullen
- It doesn't matter
- Chiiocullen
- I'm Rakel
- Awen Granger
- Super Fanfic
- Peritha12
- Pukichick
- Selesia
- Terra 2012
- Missju
- Lulii St. John
- Joslin Weasley
- Ekate94
- Nonblondes
- Liss90gs
- : te quiero mucho hermanita pequeña
- Wabe49
- Akako Cullen
- Cryys
- MariaSimmenthalBlack
- Paau
-
- Maril78
Y Gracias a las personas que me agregaron a sus favoritos o alertas:
- Schutze09
- Patch C. Cassedy
- Goordita
- Kelda Ylonen Cullen
- Pimmpoohna-sevilla
- Atenea Evans
- Liloc
- Peckaa
- Zakaritz
- Anfitrite
- NemesisAg
- Betancourt
Muchas gracias a todas. Les agradezco de todo corazón.
-----------------------------------------Él es un maniquí----------------------------------------------------
Capítulo 12: "Días antes de entrar a clases"
Punto de vista de Edward
Adictiva, exquisitamente adictiva. Esa era la sensación que tenía en el momento de besar la suave piel de Bella. Nunca pensé que fuera ser así. La primera vez que nos habíamos besado, recuerdo que había sido genial, pero esta vez, cuando mis labios quisieron descubrir cuál sería el sabor de su piel, nunca imaginé que se iba a convertir en algo de lo que no podría desligarme, como si de alguna manera fuera mi marca de heroína de la cual ya estaba completamente adicto a ella.
Y no me molestaba, claro que no, lo adoraba y estaba dispuesto a detenerme si ella me lo pedía, como había sucedido exactamente. No sé muy bien las razones que la hizo querer me terminara lo que habíamos empezado, pero la entendería, preguntaría las posibles razones de aquella actitud a mis "mentores" de las experiencias nuevas y luego lo entendería a la perfección.
Cuando comenzamos a escuchar los nombres de mis hermanos y el de nuestros amigos, demasiado seguidos y además acompañado de alguno que otro gemido, noté que Bella se encontraba incómoda y de algún modo al verla en ese estado, hizo que me sintiera igual.
- ¿Quieres ir a dar una vuelta? –Le pregunté- Dicen que la playa de noche es muy romántica –en realidad eso lo había escuchado en una película que Alice había estado viendo.
- Por supuesto –me dijo enseguida, creo que hasta aliviada de salir de aquella situación tan incómoda.
Nos pusimos un pantalón sobre el pijama y un polerón, nos calzamos las zapatillas y salimos a la oscuridad de la noche, dejando a tras a nuestros amigos, que seguramente ni cuenta se darían de que habíamos salido.
Pasé mi brazo por sobre los hombros de Bella, tratando de darle algo de calor, pues esa misma mañana había llovido y estaba algo helado. Ella de inmediato correspondió mi abrazo y rodeo mi cintura, acercándose más a mí, si es que se podía. Nos mantuvimos en silencio por largo rato, solo comunicándonos con las caricias que nuestros cuerpos se daban.
- ¿Qué era lo que te preocupaba cuando veníamos hacia acá? –me preguntó de repente. Había olvidado que le había dicho que hablaríamos luego de ese tema, pero ahora que solo quería olvidarlo, no sabía muy bien, si sería buena idea decírselo. Contarle mis temores, envolverla en ellos y hacer que se preocupara sin motivos.
- No era nada Bella, no te preocupes –dije besado su frente y rogando que pudiera olvidar el tema, pero por alguna razón, sabía que ella no lo haría.
- Vamos Edward, sabes que puedes confiar en mí –se detuvo en ese momento y me miró fijo a los ojos, sabiendo perfectamente que ante aquella mirada yo no podría negarme.
- Es solo que… he estado pensando, sobre todo esto, lo que ha estado pasando con mi vida o lo que llevo de vida. Bella hay cosas que solo estoy recordando, es como si de alguna manera ya las hubiera aprendido antes, ¿no te parece extraño que me cueste tan poco aprender ciertas cosas? Aprendí a leer en solo unas horas, no hay ningún problema en matemáticas que no pueda resolver, el nombre de las palabras, el sabor de las frutas, las sensaciones, sentimientos, todo eso ya lo sabía de alguna manera y cada vez que me coloco a pensar sobre estas cosas, me convenzo más de que algo me pasó en mi vida que hizo que quedara como maniquí –lancé un largo suspiro luego de haberle contado todo sin siquiera dar un suspiro.
- Vaya Edward, ¿por qué no me habías dicho esto antes? –me dijo Bella, con claras muestras de preocupación en su rostro.
- Solo hasta hoy somos novios Bella, antes apenas me atrevía a hablar contigo–respondí sonriendo para tratar de calmarla un poco.
- Bueno, eso es cierto –sonrió- pero ¿has recordado algo de antes de conocernos?
- No nada de eso, solo las cosas que estoy viendo ahora por primera vez, se me hacen conocidas, demasiado conocidas, por lo que creo que ya las he vista antes.
- ¿Te sentirías más cómodo si cuando lleguemos a casa hablamos de esto con Carlisle y los chicos? –me preguntó con cierta incomodidad.
- Creo que si, después de todo, me han ayudado mucho desde el principio, no sería bueno ocultarles esto que estoy sintiendo –rodeé su cintura y la abracé- no sé que haría sin ti Bella.
- Pues nada –dijo y sentí su sonrisa al decir eso.
Después de eso, seguimos caminando en silencio hasta que a la lejanía logramos ver un faro, parecía que ya no era usado, pues al ser de noche, su luz no estaba encendida.
- Un faro –le comenté en un susurró- ¿Cómo sabía que era un faro si lo veo por primera vez?
- Eso ya lo averiguaremos cuando volvamos a casa –me tranquilizó y comenzó a caminar hacia el- ven, subamos, no creo que nadie nos detenga, parece abandonado.
La seguí de inmediato. Subimos con algo de dificultad tomando en cuenta que debí ayudar a Bella en cada instante en que sus pies le jugaban una mala pasada y tropezaba. No me quejaba, me encantaba cada vez que podía estar en contacto con su cuerpo y más aún cuando se colocaba nerviosa cada vez que la tocaba. Sus mejillas se sonrojaban y solo podía susurrar un tartamudeado gracias.
Una vez que llegamos arriba, la puerta estaba cerrada o más bien dicho, atorada.
- Dame permiso Bella, este es trabajo para un hombre –dije provocando su risa.
Levanté mi pierna y de una sola patada la puerta cedió en un corto sonido.
- Vaya mi héroe –se burló Bella.
- Adelante mi damisela en apuros.
- No estaba en apuros –se quejo provocando que esta vez fuera yo quien riera.
- Era solo una broa Bella –le tome una de sus manos y la conduje dentro del faro.
Entramos en el y todo estaba a oscuras y lleno de instrumentos que no conocía y que al parecer ella tampoco, pues miraba todo con cierta curiosidad. Recorrimos el pequeño lugar en pocos segundos, sin encontrar nada que fuera de nuestro interés. Bella se acercó a un de las ventanas, la abrió casi sin dificultad y se asomó en ella.
- Ven aquí Edward –llamó moviendo un de sus manos para que yo me asomara. Me instalé a su lado y miré hacia donde ella apuntaba- No crees que es hermosa esta vista.
- Sí está bien –le comenté sin entusiasmo provocando que su vista se fijara en mi esta vez.
- ¿Solo bien? –preguntó incrédula.
- Es solo que no ocuparía la palabra hermosa –levanté mi mano y acaricié su rostro- No comparándola contigo.
Su rostro reaccionó de inmediato ante mis palabras y lo pude sentir en la mano que tenía posada en su rostro. Me miró algo raro y e hizo una ligera mueca con sus labios.
- ¿Dije algo malo?
- No, es solo que cada vez que dices cosas como esas no sé que responder –alzo la vista y me miró- me deslumbras Edward, con tus palabras y gestos, a veces pienso que no deberíamos estar juntos.
- Bella, Dios no pienses en esas cosas, por favor, claro que debemos estar juntos, ni te imaginas cuanto te quiero ¿por qué piensas eso? –Pregunté confundido- ¿Acaso no te he demostrado cuanto te quiero? Pues solo llevamos un día de novios, pero si quieres que te lo demuestre de algún modo, solo dímelo Bella.
- No es eso Edward, es solo que estoy preocupada.
- ¿preocupada de qué?
- No has conocido a otras chicas a parte de Alice, Rose y yo, hay chicas bellísimas, con las cuales estarías mucho mejor, por eso Edward quiero que me prometas que una vez que entremos al colegio, si hay alguna chica que te sea más atractiva y te guste más, debes decírmelo de inmediato.
- No voy a prometer nada, pues encuentro que es estúpido –dije enfadado- y no puedo creer que estemos hablando de esto, cuando solo llevamos un día de novios.
- Para mí no es estúpido, por favor prométemelo y estaré más tranquila –tomó mis manos y las puso junto a su corazón, temo a que me hagan daño Edward y el peor daño que podrían hacerme sería que me engañaras –iba a reprochar sus palabras pro ella volvió a hablar- solo hazlo y ya no hablaré más del tema… por favor.
- Está bien –dije rindiéndome- te lo prometo -me acerqué a ella y la besé. Cada vez me convencía más que era nuestro destino estar juntos, con cada vez nuestro lazo se hacía más corto y más irrompible.
Estuvimos mirando el paisaje unos minutos más hasta que decidimos que ya era hora de volver.
- ¿Crees que ellos ya hayan… acabado con… lo que hacían? –me preguntó Bella mientras bajábamos del faro para no tener que mirarme cuando hizo esa pregunta.
- Espero que sí, no fue muy cómodo intentar dormir con todos esos sonidos.
Pisamos el último escalón y caminamos ahora por la arena hacia donde estaba nuestro campamento.
- Aunque nosotros no estábamos precisamente durmiendo –Bella se acercó con una sonrisa y me roseo con sus brazos.
- El que actuáramos así fue exclusivamente su culpa.
- ¿Nuestra culpa, y por qué? Si se puede saber.
- Digamos que con los bikinis que andaban trayendo esta tarde, no ayudaban mucho a controlar nuestras hormonas.
- Y que querías ¿qué nos bañáramos con pijama? –se burló ella.
- A mi no me molestaría para nada, así te bañas en la playa con pijama y duermes en la carpa con bikini –Bella se detuvo al instante y temí por haber sido tan claro en mi declaración.
- ¿Qué te han hecho Emmett y Jasper actúas igual que ellos? –cuando habló noté enseguida que quería parecer enojada, pero no le funcionó pues una pequeña sonrisa escapó de sus labios y aproveché la oportunidad para acercarme a ella.
- ¿Y eso es malo? –una vez frente a ella tomé su cintura y la rodeé con mis brazos alzándola ligeramente.
- Creo que no, hasta creo que me agrada –y darle tiempo a que se arrepintiera de sus palabras, la puse sobre mi hombro y comencé a caminar hacia el agua.
- Edward Cullen si haces eso estarás muerto –pero sus palabras fueron ahogadas por el agua, literalmente.
No pude evitar reírme cuando la vi salir del agua toda mojada y congelada. Le ofrecí mi mano para ayudarla a ponerse de pie, pero fue un groso error, tomó mi mano y entró de nuevo al agua esta vez conmigo.
- Te lo merecías, por todo lo que has dicho y hecho –me dijo riendo. Seguimos jugando en el agua, aunque estaba helada, los juegos hacían que entráramos en calor.
Luego de unos minutos y ya suficientemente mojados, decidimos al fin volver a nuestra carpa y cambiarnos nuestra ropa. Cuando llegamos todo se encontraba en silencio, por lo que creímos que los demás chicos parecían estar durmiendo.
- Será mejor que encendamos una fogata para secar la ropa y ver si se seca un poco mi cabello con el calor –comentó Bella- no creo que sea buena idea dormir con el cabello mojado.
- Lo siento Bella, no debí mojarte –me disculpé.
- Tranquilo, me divertí mucho, ahora ve a buscar leña, hay un poco junto a las carpas y mientras yo cambiaré mi ropa.
Noté cuando Bella entró a la carpa y yo comencé a juntar la leña y con casi nada de dificultad encendí una pequeña hoguera en el centro de nuestro campamento. Me percaté de que el fuego no se apagara mientras yo me iba y luego volvía la carpa.
- Bien es mi turno de cambiarme ropa –dije entrando sin preguntarle antes si estaba lista y ese fue mi error. ¿O no?
En el momento en que me asomé Bella solo estaba con ropa interior. Era como si su cuerpo me hipnotizara, estaba paralizado solo mirándola. Era bellísima y me hacía preguntarme como podía dudar en quererla. Me acerqué lentamente, sin querer asustarla, pero ella no se alejaba.
Terminé con la distancia que había entre nosotros y la abracé con tanta fuerza que creí que ella se rompería.
- Eres tan hermosa Bella, ni te imaginas lo que me haces sentir en estos momentos, no sé cómo pude pasar tanto tiempo congelado sin haber sabido se tu existencia.
Punto de vista de Bella
Su abrazo era muy fuerte y en algún punto de mi cuerpo, este sentía dolor, pero no quería que me soltara, sus palabras hacías que me sintiera inmensamente feliz.
Sentí vergüenza e incomodidad cuando entró en nuestra carpa y me vio solo con ropa interior. Se separó de mi solo unos milímetros y me sonrió.
- No quisiera nunca separarme de ti y yo no debería estar aquí, pero mi ropa está mojada y tú estás casi desnuda, lo cual no le está haciendo para nada bien a mis hormonas –se alejó otro poco- así que lo mejor será que termines de cambiarte de ropa y una vez que estés lista sal y ahí yo entraré ¿de acuerdo?
- Muy de acuerdo, es solo que estaba ordenando un poco nuestras cosas por eso demoré en cambiarme, pero ahora no tardo –Edward solo asintió y salió de la carpa.
Me senté dejando caer mi cuerpo en uno de los sacos de dormir, definitivamente esa noche no podría dormir, miré la hora y ya era bien entrada en la madrugada. Las cosas con Edward estaban siendo extrañas, eran increíbles de verdad, pero temía que nuestra relación estaba yendo demasiado rápido. Tendría que hablar con las chicas cuanto antes y pedirles consejo, aunque sería después de entrar a clases del segundo semestre, Edward estaría nervioso y debía apoyarlo.
Terminé de ponerme mi ropa y salí para que Edward cambiara la de él.
Esa noche o lo que quedaba de ella fue tranquila, dormimos juntos, el abrazándome, pero cada uno dentro de su saco de dormir. La noche fue cálida estando entre sus brazos y a la mañana siguiente, cuando salimos de nuestra carpa los chicos ya estaba fuera tomando desayuno.
- ¡Vaya! –Exclamó Emmett cuando nos vio- hasta que al fin se levantan ¿saben la hora que es? Hermanito parece que has dormido muy bien.
- Hubiéramos dormido mucho mejor si no hubiera sido por unos ruidos que habían en las carpas de nuestros vecinos, queridos hermanitos y amigos –dijo Edward provocando que Emmett y Jasper se atoraran con lo que estaban comiendo- con Bella debimos ir a dar una vuelta por la playa hasta que los ruidos cesaran ¿Tienen alguna idea de quienes se trataban? –les preguntó Edward a los chicos.
- Yo… bueno… nosotros –Jasper parecía ser el más avergonzado de todos y nos intentada dar explicaciones de algo que era inexplicable.
- Por Dios Jasper no te compliques, solo hicimos el amor como cualquier pareja que se quiere lo haría Edward, el día en que tu lo hagas con Bella nosotros no te pediremos que nos des explicaciones –tanto Edward como yo nos sonrojamos al instante al escuchar las palabras de Alice, ella era conocida por no tener pelos en la lengua y dejar incómoda a las personas.
- Por favor Alice no tienes que ser tan explícita con nuestra intimidad – le rogó Jasper.
- ¿Y qué quieres que les diga? Que cuando una mujer y un hombre se quieren mucho…
- Lo mejor será que dejemos el tema hasta aquí –les dije acercándome a la mesa tomando la mano de Edward y llevándolo conmigo.
El día lo pasamos mucho mejor que el día anterior y se hizo tan corto que no nos dimos cuenta cuando ya íbamos de vuelta a casa.
Edward manejó todo el camino de vuelta, aunque siempre con Jasper a su lado en caso de que algo pasara, pero había aprendido muy rápido y manejaba a la perfección. Pasamos a dejar a Jasper a su casa en primer lugar y luego iríamos a la mía.
- Mañana pasa por mí y te acompaño a sacar licencia así podrás ir a tu primer día de clases en tu coche –le dijo nuestro amigo cuando se bajó del coche.
- Gracias Jasper, estaré aquí a primera hora de la mañana –Edward esperó a que Jasper entrara en la casa y luego aceleró en dirección a la mía.
Íbamos con Alice en el asiento trasero, por lo que no podíamos estar lo suficientemente en confianza, como para hablar de algunos temas, por lo que solo comentamos sobre como lo habíamos pasado en el pequeño campamento improvisado.
Cuando llegamos a mi casa el auto de Charlie no estaba por lo supuse que no había nadie en casa. Hubiera invitado a Edward a pasar, pero como estábamos con Alice me pareció algo incómodo y fuera de lugar, por lo que solo bajé del auto y comencé a sacar mis cosas del maletero.
- Te ayudo me dijo Edward tomando la maleta que en ese momento me estaba costando montones sacar.
- Gracias –le dije sonriendo y encaminándome a la casa para abrir la puerta y Edward no estuviera demasiado tiempo con la maleta en la mano.
- No tardaré –escuché que le decía a Alice y luego sus pasos detrás de mí.
Abrí la puerta y efectivamente la casa estaba sola, ni un murmullo se escuchaba. El silencio fue roto por el pequeño sonido que hizo la maleta al tocar el suelo. Me giré para despedirme de Edward, pero me fue imposible articular alguna palabra, pues al igual que en la tienda de la playa cuando comprábamos los víveres, me había acorralado contra la pared de la sala y sostenía mis manos a los costados de mi cuerpo. Y en ese preciso momento me di cuenta que me encantaba que me tuviera así, por supuesto no se lo diría, me avergonzaba incluso imaginarlo, pero mi cara me delató al instante.
- Me encanta cuando te sonrojas –dijo curvando solo la parte izquierda de sus labios, lo que se convirtió en mi gesto favorito.
- Y yo lo detesto, pues me haces ver vulnerable –le dije.
- ¿Vulnerable a qué?
- A tus encantos –admití sin poder resistirme.
- Eso no puedo evitarlo –dijo comenzando a acercarse y deteniéndose a solo escasos milímetros de mis labios.
- Lo sé –terminé la distancia entre nosotros y lo besé.
Nunca había sido yo la que comenzara con un beso y este me estaba encantando, pues era yo quien lo besaba a él. Me solté del agarré de mis manos, las puse alrededor de su cuello y lo acerqué más a mí si es que se podía. Y Edward parecía no tener reproche en lo que estaba haciendo.
Pero si no era uno, era el otro. Alice comenzó a tocar de manera insistente la bocina del coche de Edward provocando que nuestro beso de rompiera.
- Me gané la lotería con estos hermanos, yo en ningún momento los interrumpí mientras tenían sexo con sus parejas y yo no puedo ni besar a la mía –dijo a regañadientes alejándose aún más de mí.
- Ya tendremos nuestro tiempo –le rocé la nariz con la mía y lo guié hacia la puerta.
- Eso espero –abrimos la puerta y él salió al pórtico- ¿Quieres que pase por ti mañana para ir a sacar mi licencia de conducir?
- Mmm creo que mejor no, esos trámites son algo largos y yo me aburro con facilidad, además tengo que hacer algo de aseo (la colada creo que le dicen en algunos países) en casa, Charlie en un poco desordenado y lo he dejado muchos días solo –le dije la verdad, pues eso de hacer filas y trámites no era lo mío- mejor cuando tengas tu licencia en mano me vienes a buscar y te llevo a un lugar que conozco que sé te encantará y no habrá nadie que nos moleste ¿qué te parece?
- Excelente, te cobraré la palabra –me dio un rápido beso en los labios, pues Alice comenzaba nuevamente a tocar la bocina.
- Confía en mí, siempre cumplo lo que prometo –se despidió por última vez con un gesto de mano y corrió hacia el auto. Alice también se despidió con la mano y estuve parada en la puerta hasta que los vi desaparecer por la vuelta del camino.
Pero el paseo con Edward tuvo que extenderse hasta nuevo aviso, las clases empezaban la próxima semana y debíamos preparar todo para nuestro regreso y el primer día de escuela de Edward. Según él no estaba nervioso, pero estos pocos días lo conocía y sabía que no estaba tan tranquilo como aparentaba estar.
En esa semana fue poco lo que nos vimos y las veces que lo lográbamos no estábamos ni dos segundos a solas, no salimos a ningún lado y ni tiempo habíamos tenido para hablar de los temores a algunas cosas que me había contado en la playa que quería compartirlo con los demás, "ya habrá tiempo" me decía Edward cada vez que se lo recordaba.
Aún no le decía a mi padre que ahora tenía novio, no porque yo no quisiera, sino porque era Edward quien no quería. Según él, no se sentía sicológicamente para enfrentar al padre de su novia, era algo que nadie podía enseñar en un libro y estaba atemorizado de lo que Charlie pudiera decirle. Así que no me quedó más opción que esperar hasta que se encontrar mejor y pasaran los primeros días de clases.
Hasta que finalmente llegó el lunes y Edward tendría que enfrentarse a todas las demás personas que de ahora en adelante serían parte de su vida.
En Londres
Al parecer todo estaba preparado. Los dados se habían lanzado y el plan estaba trazado ahora todo dependía de una persona.
- Jane sabes muy bien lo que tienes que hacer, aunque solo son pistas de que se encuentra en ese lugar, tú debes hacer todo lo que esté a tu alcance para saber si es correcto o no aquella información –le decía Aro a su hija mientras caminaban por el aeropuerto.
- Lo sé muy bien papá y no es necesario que me lo repitan en cada minuto que pasa, no soy idiota como cayo para estropear todo –Jane no le dirigía la mirada a su padre, solo mirada al frente.
- Pero con su ejemplo sabes perfectamente lo que te pasará si fallas, así que no permito errores de tu parte.
- Pero si podemos aceptar los que tú cometes ¿no? – Jane se detuvo en ese instante y miró a su padre- como siempre todos los demás debemos pagar por los errores que tu cometes, pero tu ni un pequeño sacrificio eres capaz de hacer –dijo seguido de un suspiro- aunque no sé de qué me asombro, si todos sabemos cómo eres, hasta mamá lo sabía y aún así accedió a tus experimentos.
- No seas insolente chiquilla, mira que no sabes de lo que soy capaz de hacer –le advirtió Aro, al escuchar las palabras de su hija y provocando que la vena de su frente comenzara a palpitar de manera alarmante.
- No lo sé, ni me interesa, lo único que me interesa en estos momentos es que te quede claro, que no te tienes a nadie más que a mí, para recuperar a mamá, así que no te conviene perderme.
En ese momento una voz de mujer se escucho por el alto parlante.
- Los pasajeros que se dirigen a Washington por favor abordar por la puerta 377, los pasajeros con destino a Washington dirigirse a la puerta número 377.
- Y ahora si me permites iré a abordar el avión que me llevará a la solución de tus errores –le dedicó una última mirada y comenzó a caminar hacia su destino.
- Mocosa más te vale que hagas bien tu trabajo y me traigas al hijo de Masen –dijo Aro con la ira acumulada en su mirada cuando Jane ya había desaparecido tras la puerta.
------------------------------------------- Él es un maniquí-------------------------------------------------
Bien, se que no es de lo mejor, pero es lo que hay, Besos y se cuidan.
Con cariño, Philana.
