Disclamer: Los personajes y los escenarios del instituto Sweet Amoris son extraídos del videojuego Amour Sucré propiedad de Beemov, y su creadora Chinomiko. Esto lo hago sin fines de lucro.

Capítulo 11:

Payasos diabólicos engordadores.

–Dudo que haya algo en este mundo que pueda hacerme cambiar de opinión respecto a esa delincuente– aseguró la directora muy convencida.

–Observe esto– le pidió el señor Farrés amablemente, entregándole los papeles.

La mujer leyó la información poniendo cara de asombro –¡No puede ser, tiene que haber un error!

–Es posible, pero no estaremos seguros hasta comprobarlo, si fuera verdad, tener una alumna con esas calificaciones subiría el promedio de la escuela y sabe lo que eso significa.

–¡Más fondos!– exclamó ella emocionada.

–Exacto, opino que si tanto quiere estar aquí deberíamos aceptarla nuevamente, pocos estudiantes generan un sentimiento de pertenencia tan profundo con la institución.

–¿Sentimiento de pertenencia? ¡Está destruyendo mi instituto! ¡Los fondos extra no serán suficientes para cubrir los daños que ocasionará!

–Ella nunca asistió a clases, es casi comprensible que se aburra todo el día aquí sin tener nada que hacer, si vuelve a aceptarla entonces nos aseguraremos de que entre al salón, le pondremos tareas extra, no dejaremos que tenga ni un minuto libre para hacer alguna maldad– explicaba el paciente hombre.

–¡Golpeó a una de las estudiantes! ¡Si vuelvo a admitirla la asociación de padres me hervirá en aceite!– alegó ella.

El señor Farrés lo pensó un momento –Eso no sucederá si son los alumnos mismos quienes lo piden.

–¡¿Cómo van a pedirlo?!

–Podemos organizar una votación, que sean los alumnos quienes escojan.

–Mmm...– murmuró pensativa –Está bien, pero sólo la aceptaré si confirmamos sus calificaciones.

–La próxima semana serán los exámenes, podemos aprovechar la ocasión para testear sus conocimientos, también podremos darle esa semana de plazo a los alumnos para pensar qué votarán, y realizar la votación el día de los exámenes, es decir el viernes previo al comienzo de las vacaciones.

–Me parece bien, pero todo lo que esa chica haga será su responsabilidad, si llega a romper una sola cosa más en mi instituto de ahora en adelante, ¡el costo de las reparaciones saldrá de su sueldo! ¿Entendido?

–¿Qué? ¿Eh? No... yo no...– pero ya era demasiado tarde, la directora había desaparecido llevándose con ella a Rodolfa y Nathaniel.


Ya en la oficina de la directora...

–Señorita, ¿realmente desea volver a ser parte del plantel de alumnos de este prestigioso instituto?– le preguntó la mujer.

Rodolfa se encogió de hombros, mientras que Nathaniel abría los ojos desmesuradamente.

–C...con el respeto que se merece señora directora, pero... ¿Qué está insinuando?– preguntó él claramente alterado pero intentando controlarse.

–Estoy insinuando que existe la posibilidad de que la señorita sea admitida nuevamente aquí, ¿tiene algo que objetar respecto a mi decisión delegado general?– le preguntó viéndolo con firmeza.

–N..no, claro que no directora... Solamente no creo que sea una buena influencia aquí.

Rodolfa los miraba aburrida y medio dormida –Si sólo el pitufo pusiera su carita sexy...

–Eso lo decidirán sus compañeros– aseguró la mujer dejando Nathaniel confundido –¡Señorita Rodolfa deje de bostezar y póngase derecha!– la regañó –Escuche con atención, si quiere volver tendrá que cumplir con 3 requisitos.

–¿Requisitos?– preguntó ella mirándola.

–El primero de ellos será obtener la nota máxima en los exámenes que se realzarán la próxima semana, ¡y el suyo será mucho más difícil que el de sus compañeros!

–¿La nota máxima? Está bien– asintió Rodolfa, Nathaniel la miró sorprendido por la confianza que parecía tenerse, o lo poco que le importaba.

–El segundo requisito será que en una votación la mayoría de los alumnos escojan que regrese al instituto.

–¿Una votación?– preguntó Nathaniel –¿Es necesario? Todos escogerán que no vuelva, no necesitamos votar para eso.

–Eso no lo sabremos hasta entonces– respondió la directora –. ¿Entendido señorita?– la miró

–¿Tengo que hacer algo?– preguntó ella.

–¡Tiene que comportarse! ¡No volver a romper nada o atacar a nadie dentro de la institución!

–¿A nadie?– preguntó ella con cara de desilusión.

–Y la tercer condición es que, ¡de ahora en más pagará el doble de matrícula para costear los daños ocasionados!

Claro, debí imaginar que los motivos de la directora para aceptarla nuevamente son económicos– pensó Nathaniel –. Debió haber averiguado que sus padres son millonarios o algo por el estilo.

Rodolfa asintió sacando la cuenta de cuantos días le llevaría ahorrar para pagar esa matrícula –¡Qué desgracia! ¡Me gastaré todo el dinero que aparece mágicamente en mis bolsillos! No podré comprar más cuchillas, flechas, misiles... tendré que conformarme con piedras filosas...

–Si está todo arreglado entonces solo falta dejarlo por escrito. Joven Nathaniel, anote todo esto en un contrato que la señorita Rodolfa deberá firmar, si no asiste a clases o cumple con las tareas o falla en alguno de los requisitos entonces será expulsada para siempre y entregada a las autoridades– sentenció.

Al rato Nathaniel salió de la oficina algo más relajado, sabía que a esa chica loca le sería imposible sacar esa calificación y aún si sucedía el milagro, no había ni la más remota posibilidad de que los alumnos decidieran que continuara en el instituto.

Rodolfa caminaba a su lado con una copia del contrato en su mano, no podría lastimar a nadie allí adentro, pero eso no significaba que no pudiera hacerlo a la salida, o mientras los alumnos intentaban desesperadamente entrar huyendo de un montón de lobos salvajes y hambrientos.

–No puedo entender por qué tanto interés en arruinar nuestras vidas– murmuró Nathaniel mientras atravesaban el pasillo.

–¿Eh?– preguntó ella viéndolo.

–Todo era muy pacífico aquí antes de que llegaras, era un lugar agradable para asistir y estudiar, pero ahora todos tienen miedo, nadie se preocupa por sus estudios, ¡todo es un completo caos por tu culpa!

–Desde que llegué solo veo chicas corriendo de un lado al otro para hablar con los chicos, dudo que alguien se preocupara por sus estudios antes– respondió sinceramente.

–¡Yo lo hacía! ¡Tú no sabes nada! ¡Eres una chica que está completamente desquiciada, no entiendo porqué tenemos que soportarte! ¡Ya vete de una vez y déjanos en paz!

–No me iré...

–¡¿Por qué?!

–Es mi escuela, voy a seguir viniendo aunque no tenga clases.

–¡No! ¡Ya no es tu escuela! ¡Entiende que estás expulsada! ¡Tus padres deberían haberte matriculado en otro lugar hace tiempo!

–Ellos no recibieron la notificación.

–¡¿No se la diste?! ¡Eres peor de lo que pensé! ¡Aléjate de mi!– exclamó con su cara azul metiéndose a la sala de delegados antes que ella tuviera tiempo de abrazarlo.

–El pitufito tiene mal carácter...– murmuró, buscando su salón ya que el contrato decía que hasta los exámenes permanecería de manera provisional en el instituto y exigía que asistiera a todas las clases.

Al parecer la lógica que se aplicaba a encontrar a cualquier persona en el instituto también era aplicable a las clases, Rodolfa entró y salió decenas de veces de cada puerta que encontró hasta que finalmente al entrar nuevamente al salón A, el profesor Farrés estaba allí dictando clases.

–Bienvenida Rodolfa– le sonrió amablemente –, toma asiento en uno de los pupitres vacíos.

Ella se sentó en uno que estaba en el centro del salón, viendo divertida como sus compañeros de clase se alejaban de ella y algunos hasta saltaban por la ventana.

–Profesor– levantó la mano Amber, y como si fueran marionetas controladas por hilos Charlotte y Li también lo hicieron –¿Porqué esa loca peligrosa está aquí? ¿No debería habérsela llevado la policía ya?

–La directora decidió darle una segunda oportunidad, y ya habló con la policía para disculparse por la falsa alarma.

–¿Falsa? ¡Esta... chica merece la pena de muerte como mínimo!– aseguró Amber siendo respaldada por sus amigas.

–Estoy de acuerdo– asintió Karla que estaba sentada al frente.

–Si eso piensan pronto tendrán la oportunidad de expresarse ya que en una semana, para ser precisos el día de los exámenes se llevará a cabo una votación, serán ustedes quienes finalmente escojan si la quieren aquí o no.

–¡¿Quién votaría a favor de esa cosa?!– exclamó Amber mirándola con desprecio.

–Hola Amber, hace mucho que no te veía– la saludó Rodolfa sonriéndole.

–Podría haber sorpresas– comentó Farrés –. Ahora continuemos con la clase –dijo dándose la vuelta para escribir algo en la pizarra.

–Vas a lamentar haber regresado...- amenazó Amber en voz baja para que el profesor no la escuchara.

–Lo lamentarás...– aseguraron a coro Charlotte y Li.

Karla le lanzó una bolita de papel con el texto: "Tu vida será un infierno."

Rodolfa lo leyó y se rió –¡Qué genial es este lugar!– comentó para si misma divertida.


En la tarde, después de clases, Castiel apareció en las ruinas de la casa.

–¿Qué haces allá arriba?– le preguntó a Rodolfa que estaba subida a una escalera altísima.

–Refuerzo las vigas con cemento– respondió echando el cemento en las vigas y un poco sobre Castiel que casi no alcanza a esquivarlo.

–¡Ten más cuidado!– le gritó –¡Casi me cae encima!

–¡Fallé!– exclamó frunciendo el ceño y bajando por más cemento.

–¿Cómo que...? ¡No vuelvas a hacer eso!– le ordenó.

–¡Eres aburrido no me dejas hacer nada!

–Deja de quejarte y dime qué pasó, creí que tendría que ir por ti a la comisaría, pero luego escuché que algunos alumnos hablaban acerca de una votación.

–La directora me dejó quedarme... pero debo estar en clases todo el día, no puedo hacer nada de lo que quiero dentro del instituto– murmuró con tristeza mezclando el cemento –, y además tres condiciones.

–¿Qué condiciones?– preguntó él quitándose la chaqueta.

–Que saque la nota máxima en los exámenes, que pague el doble de la matrícula y... van a hacer una votación para que los demás decidan si me quedo– explicó tranquilamente yendo nuevamente a la escalera con el pesado balde de concreto.

–Si no puedes hacer maldades, ¿qué sentido tiene para ti quedarte?– le preguntó él quitándole el balde y subiendo a llenar la viga.

–Si puedo, solo no tiene que enterarse la directora...

–¿Sabes que nadie votará para que te quedes verdad?

–Si

–Entonces ve pensando qué harás con tu tiempo libre, o acabarás presa y no creo que quieras eso– recomendó bajando por otro balde.

–Es mejor que estar sola y sin hacer nada...

–Estás completamente loca...


Ya entrada la noche terminaron de llenar los cimientos. Rodolfa tomó el libro de construcción que había pedido prestado en la biblioteca, en lugar de robarlo porque ahora debía portarse bien, y se acercó a la vela para leer qué debían hacer ahora.

–Lo siguiente es levantar las paredes– le dijo a Castiel.

–Bien, pero ni sueñes que lo hagamos hoy– le dijo él poniéndose la chaqueta –. Es hora de descansar.

–Bueno, ve a descansar, yo sigo– asintió ella.

–¡No! Tú también vas a descansar, pero antes vamos a comer algo.

–¿Ir... a comer?– lo miró sin entender.

–Si, no esperes nada muy caro, iremos a un restaurante de comida rápida, se me antojan hamburguesas y gaseosa– ella seguía viéndolo sin entender –Deja de mirarme con esos ojos de sapo drogado y vamos!– la tomó del brazo, apagó la vela y se la llevó casi de arrastro.

Al llegar la dejó sentada en una mesa, mientras ella miraba todo con intriga.

–Quédate aquí, no te metas en problemas o no vuelo a traerte, iré a comprar la comida– le dijo yendo a formarse en el lugar de los pedidos.

Se pasó los 10 minutos que tardaron en darle su orden vigilándola, deseando no acabar arrepentido de haberla llevado allí, sin embargo se veía bastante tranquila, al menos no había intentado matar a nadie, ni se había levantado para nada, solo se quedó allí primero inspeccionando la mesa y los asientos, luego el lugar y por último viendo a la gente pasar.

–Huele bien, ¿no?– le preguntó dejando la bandeja con unas diez hamburguesas sobre la mesa y un par de gaseosas de cola.

–Si... mucho– asintió ella mirando la montaña de hamburguesas envueltas.

–Adelante, come, necesitas un poco de carne en esos huesos– recomendó, sentándose frente a ella y tomando una de las hamburguesas.

Rodolfa lo analizó mientras la desenvolvía y comenzaba a comerla, luego tomó una de ellas e hizo lo mismo.

–Te comportas muy raro... más que de costumbre, si sigues mirando todo así voy a pensar que nunca comiste en un lugar como este– se rió un momento pero luego la miró –. Nunca viniste a un lugar como este, ¿verdad?

Rodolfa negó con media hamburguesa en la boca.

–¿Entonces ibas a restaurantes de verdad? ¿En los que te sirven en plato en lugar de en bandejas?– ella volvió a negar –¿Nunca ibas a comer afuera?

–No– dijo finalmente cuando terminó de tragar –A veces pasaba por estos lugares pero nunca me atreví a entrar...

–¡¿Tú?! ¡¿No te atreviste a algo?! No te lo creo.

–Siempre había payasos en la entrada...

–¿Pa...yasos...? ¡¿Le temes a los payasos?! ¡JAJAJAAJAJA!

Ella asintió sacándole la tapa a la gaseosa y bebiéndola como si fuera un vaso normal –Tiene mucho hielo– murmuró.

–¡Jajajaa! ¡Cuando Lysandro sepa esto va a andar diciendo que eres un demonio débil a los payasos! ¡Jajaja!– seguía riendo Castiel, mirando alrededor buscando "algo".

En cuanto lo divisó rió más fuerte, casi macabramente, fue hasta la figura de cartón y la llevó hasta la mesa –¡Mira quien vino a saludarte!

La pobre chica se puso pálida como un papel –¡Ahhh un payasooo!

La gente del lugar se quedó viendo divertida la escena donde ese chico de cabello rojo asustaba con una figura de cartón, con la imagen de un famoso payaso, a la chica quien se alejaba lo máximo posible del aterrador payaso, gritando como si hubiera visto al mismísimo diablo, arrojándole los cubitos de hielo de su bebida, luego su bebida y que finalmente acabó rompiendo el cartón a bandejazos.

Rodolfa continuaba defendiéndose de la figuta decapitada en el piso apuñalándola con mondadientes, cuando el personal de seguridad acudió a poner orden, echándolos a ambos del establecimiento. Ambos regresaron a la casa, Rodolfa aún alterada, girando rápidamente, blandiendo un peligroso mondadientes, ante cualquier sombra que pudiera parecerse de lejos a un payaso, y Castiel a punto de ahoharse por un ataque de risa como pocos en su vida.

–¡Payasos... le temes... a los payasos...!– se secaba las lágrimas el chico –¿Entonces llorabas mucho cuando te llevaban al circo de niña?

–Nunca fui al circo– negó.

–¿Ah no? ¡Así que el terror del sweet amoris nunca quiso ir al circo para no ver payasos!

–No sabía que hubiera payasos en el circo...

–¿No sabías? ¿De dónde creías que salían?

–De las cloacas...

–¡Jajajaja! ¡De las cloacas salió tu cerebro!– se rió nuevamente –¿Entonces porqué no ibas al circo?– le preguntó cuando al fin pudo calmarse.

–No lo sé... nunca fui– se encogió de hombros.

–¿A qué lugares salías con tus padres?

–Al psiquiatra.

–Por un momento olvidé que eres tú...– murmuró –Hablo de a qué lugares salían a divertirse.

–Al psiquiatra...

–¡Esa no es una salida por diversión! ¡Me refiero a otros lugares!

–No sé, sólo íbamos ahí...

–¿Tus padres no te llevaban al zoológico? ¿Al parque de diversiones?– preguntó viéndola negar –¿Un parque? ¿Una plaza pública? ¿Una vuelta a la manzana?

–No, nada– negó nuevamente.

–Seguro sabían que te portarías mal y no querían tener problemas...– dedujo.

–Si eso debe ser– asintió ella mientras llegaban a la casa.

–Me voy a dormir a la casa de Lysandro, no te quedes despierta, mira que hay un payaso en el barrio que visita a las chicas que no duermen por la noche– le dijo divertido por la cara de susto que puso ella –. Buenas noches, mañana es sábado así que vendré en la mañana para comenzar a levantar las paredes, no hagas nada hasta que llegue.

Ella asintió y corrió a acostarse, él se marchó a descansar también riéndose solo por el camino.

–Le teme a los payasos... jajaja...


El fin de semana los tres, incluido Lysandro, trabajaron en la casa, para la noche del domingo tenían varías paredes levantadas y el lugar cada vez parecía más una casa.

–Hicimos un buen trabajo– comentó Castiel sentado entre los escombros tomando una soda, a su lado Paco atrapaba una mosca, con la mitad de una cáscara de huevo en su cabeza como si fuera un casco de construcción.

–Así es, no hay nada como ver el fruto del esfuerzo– asintió Lysandro sentado a su lado comiendo unas galletas dulces.

Rodolfa seguía emocionada poniendo ladrillos.

–¿Qué nunca se cansa esa tonta?– preguntó Castiel mirándola.

–Tiene la energía de un demonio.

–¡Estúpida! ¡Deja eso y ven a descansar!– le ordenó Castiel.

–Cuando termine la última pared– dijo ella siguiendo.

–¡Deja eso ahora mismo o llamo al payaso!

–¡Nooo!– tiró las cosas a un lado y corrió a sentarse.

–¡Bien hecho! ¡Encontraste el punto débil del demonio!– lo felicitó Lysandro.

–¡Jajaja si, soy el mejor!– asintió Castiel –Anda come– le dijo a ella lanzándole un paquete de frituras.

–¡Mi libreta!– exclamó Lysando al verla entre los escombros –Esto explica porqué no volví a encontrarla desde aquel día– comentó yendo por ella.

–¿Sobrevivió? ¡Vaya! ¡Esa libreta es más lista que Rodolfa!– comentó Castiel viendo el cuaderno que apenas tenía una esquina quemada.

–Yo también sobreviví– le recordó ella comiendo.

–Por poco...

–¡Esta es la canción que compuse ese día! El hechizo no salió bien porque olvidé que tenía que cantarla luego de encender las velas– comentó Lysandro revisando su cuaderno.

–¿Habías compuesto otra canción? Enséñanosla, si no incendias las ruinas con eso, claro.

–Bien– asintió Lysandro aclarándose la garganta y comenzó a cantar –Te veo estás ahí... Te siento, estás en mi...Te rezo una oración, te sacudes... Te echo agua bendita, ¡te exorcizo!

–Ya me esperaba algo como esto...– murmuró Castiel mirándolo.

–No no no no voy a dejar que el demonio me tiente– cantó caminando hasta ella –, he visto a otros caer– señaló a Castiel –. No no no, no voy a dejar que el demonio me posea, ¡no podrá contra mi poder!– se dio un golpe en el pecho.

Rodolfa se movía a los lados al son de la canción.

–Te exorcizaré con mi manto divino...– cantó lanzándole una sábana sobre la cabeza –Al infierno de vuelta te enviaré con el poder de mi crucifijo– sacó su cruz de plata –Nunca de él podrás volver, te lo garantizo... porque ese es... ¡Tu cruel destino!

Castiel no sabía donde meterse cuando la gente que pasaba por la acera comenzó a detenerse para presenciar el espectáculo, mientras Lysandro cantaba el estribillo como enajenado. Rodolfa ya estaba de pie aún con la sábana cubriéndola bailando como un fantasma feliz.

–Demonio que has osado caminar entre los vivos... ¡Pronto sabrás con quien te has metido!– la señalaba como si fuera un personaje de algún anime de peleas retando a su adversario –Cuando te atrape te daré tu merecido... ¡Con mi poder que los dioses me han ofrecido!– al decir esto levantó el puño y un relámpago cayó cerca de ahí impresionando a todos.

Las personas que se habían reunido lo aplaudieron y le pidieron autógrafos, Castiel miraba a su amigo recibiendo un ramo de flores como si fuera una gran diva, sin saber si reírse o llorar por lo bizarro de la situación, mientras Rodolfa corría en círculos alrededor de él con la sábana aún cubriéndola, esperando marearlo, o crear un tornado que lo matara, con ella nunca se sabía. Fuera lo que fuera, falló cuando él le puso el pie haciéndola caer de cara con sábana y todo.


Ese lunes transcurrió con calma, los alumnos estaban preocupados por los exámenes por lo que no les importaba tanto lo que Rodolfa hiciera, y ella continuaba intentando portarse bien, aunque cada vez le costaba más.

–Maldita abstinencia...– caminaba por el pasillo temblando y mirando a los lados, casilleros, mochilas descuidadas, pobres alumnos incautos charlando sin otra preocupación en el mundo que conseguir los apuntes de los pocos que si asistían a clases en lugar de corretear de aquí para allá buscando una cita –Cuando regrese a la casa le arrojaré cemento fresco a la gente que pase por la calle a ver si con eso compenso un poco tanta buena conducta innecesaria– pensaba nerviosa.

En algún momento el paisaje frente a sus ojos desapareció y se encontró de nuevo de cara al suelo. Levantó la cabeza masajeándose su maltratada nariz, que últimamente se golpeaba muy seguido con el suelo, encontrándose a Amber y sus amigas.

–¡Jajaja! ¡El bichito rastrero encontró el suelo!– se rió pisando la espalda de Rodolfa cuando intentó levantarse –¡Quédate ahí, ese es tu lugar estúpida!

–Bueno...– dijo ella quedándose allí, robándole las hojitas que llevaban las hormigas y escondiéndoselas.

–¡Ya deja en paz a la pobre chica!– ordenó Kim quien presenció la escena –Está intentando hacerlo bien, ya tiene suficiente con las presiones de la directora como para soportar a una nena de papi como tú, Amber.

–¿Quién te crees tú para meterte en mi vida, eh Kim? ¿Tu agitada vida no te permite distinguir donde acaban tus asuntos?

–¡Vaya! ¡La hueca de la escuela puede hilar dos frase seguidas! ¿Leíste eso en la etiqueta de tu esmalte de uñas?

–¡Mph! ¡Eres una idiota, pero pagarás caro por esto! ¡Ya verás!– la amenazó Amber y se fue con sus amigas no sin antes dedicarle un gesto obsceno.

–¡Jajaja! ¡Allá va una dama!– ironizó Kim, luego miró a Rodolfa quien se veía entretenida haciendo pelear hormigas por las hojitas que les robó, así que la dejó en paz y se marchó.


Ese mismo día, a la hora de la salida, Kim se dirigió a su casillero a guardar sus libros, estaba muy apurada ya que tenía un compromiso muy importante, pero al abrirlo un papel cayó. Lo tomó con intriga encontrándose con una copia del periódico de la escuela, no le habría prestado atención si su nombre escrito en negritas y ocupando casi media página no hubiera llamado su atención. El titular declaraba: "El secreto mejor guardado de nuestra Kim."

Su rostro se desencajó y comenzó a leerlo de inmediato.

"Todos en este instituto nos hemos preguntado alguna vez acerca de la vida de nuestra compañera Kim, ella jamás tiene tiempo para nosotros, ya que siempre dice estar ocupada o tener otros planes. Nuestra informante de lujo, la polémica pero carismática Rodolfa, ha desvelado el misterio, durante una entrevista realizada esta misma mañana.

Prepárense porque esto es una bomba, Rodolfa declaró:

La chica está saliendo con un maestro, los vi muchas veces en horario de clase mientras me ocultaba de la directora entre los arbustos.

También aseguró haberlos visto besándose y diciéndose nombres tiernos como ´dulcesito´ y ´corazón´..."

–¿Dulcesito?– preguntó Kim a la nada misma, casi sin aliento entre furiosa, consternada y sorprendida.

"Ahora tiene mucho sentido que nos llame ´pequeñas´, ya que una chica grande como ella solo puede salir con hombres de verdad y no con chicos de secundaria.

Pero aún nos queda un misterio por revelar, y este es; ¿Quién es el misterioso profesor, el afortunado que se ha ganado el corazón de nuestra querida amiga?

Rodolfa una vez más llegó al rescate, no nos dio su nombre, pero adelantó que se trata de un profesor rubio, con buena musculatura, que imparte educación física a los chicos. No dio más detalles, pero no los necesitamos, ¿verdad?

Le deseamos felicidad a la hermosa pareja, ¡y que viva el amor!"

–¡¿C... con Boris?!– gritó Kim deshaciendo la hoja con furia –¡Me va a oír! ¡Yo la asesino!– aseguró saliendo de la escuela en busca de Rodolfa.

La encontró barriendo el patio delantero, sin demasiado éxito porque con los alumnos saliendo en estampida, las hojas secas volvían a dispersarse por doquier, pero no tenía otra opción ya que era una de las tareas extra que la directora le obligaba a hacer para solventar los daños causados.

–¡Maldita traidora y embustera!– le gritó a mitad del patio haciendo que todos los alumnos se detuvieran a verla.

Rodolfa continuó barriendo sin enterarse que era con ella la cosa, hasta que Kim le quitó la escoba lanzándola lejos.

–¡No te hagas la tonta! ¡A ti te estoy hablando!– la enfrentó, Rodolfa se señaló a si misma con signos de pregunta flotando sobre su cabeza –¡Vas a pagar caro por lo que hiciste! ¡Estoy tan furiosa que podría golpearte en este momento!– los compañeros comenzaron a vitorear y repetir a coro la palabra "pelea".

–¡Pelea! ¡Pe le a!– se contagió Rodolfa provocando aún más a Kim, ganándose que ésta la empujara haciéndola caer sobre su trasero.

–¡Tienes suerte de que esté tan apurada! ¡Pero esto no se va a quedar así! ¡Si quieres pelea entonces eso tendrás! ¡Pelearemos cuando quieras! ¡Te enseñaré a no andar diciendo esas mentiras tan... horribles! ¡Y menos de quien te defendió!

–Bueno– asintió Rodolfa sonriéndole.

–¡Ya tendrás noticias mías arpía traidora!– le aseguró y se marchó de allí dando grandes zancadas con los puños cerrados por la ira.

–¡Chau!– se despidió Rodolfa aún sentada a mitad del patio. El resto de los alumnos regresaron de a poco a sus casas emocionados por la pelea que se llevaría a cabo en la escuela en los siguientes días.

Continuará.

¡Hola a todos! Este fic ya llegó al capítulo 11, me pregunto si llegaré a los 20 capítulos... tengo planificado hasta el 18, pero toda mi planificación se ha ido corriendo así que tal vez llegue. Respecto al capítulo sólo puedo decir que estoy emocionada por la pelea, aún no la he escrito ni pensado en como será, pero la emoción está ahí.

Debo admitir que amé esta canción de Lysandro mucho más que la anterior, se las dejo aquí completa por si a alguien le interesa.

Te exorcizaré.

"Te veo estás ahí...

Te siento, estás en mi...

Te rezo una oración te sacudes...

Te echo agua bendita, ¡te exorcizo!

No no no no voy a dejar que el demonio me tiente...

he visto a otros caer.

No no no, no voy a dejar que el demonio me posea...

¡no podrá contra mi poder!

Te exorcizaré con mi manto divino,

Al infierno de vuelta te enviaré con el poder de mi crucifijo...

Nunca de él podrás volver te lo garantizo,

porque ese es... ¡tu cruel destino!

No no no no voy a dejar que el demonio me tiente...

he visto a otros caer.

No no no, no voy a dejar que el demonio me posea...

¡no podrá contra mi poder!

Demonio que has osado caminar entre los vivos...

Pronto sabrás con quien te has metido.

Cuando te atrape te daré tu merecido...

¡Con mi poder que los dioses me han ofrecido!

No no no no voy a dejar que el demonio me tiente...

he visto a otros caer.

No no no, no voy a dejar que el demonio me posea...

¡no podrá contra mi poder!"

Ahora si a responder los reviews que me dejaron, muchísimas gracias a todos los que leen y escriben, realmente es gratificante conocer sus impresiones acerca de la historia.

D-Uzumaki: ¡Hola! Sobre si Rodolfa reaccionará algún día es algo que aún no tengo muy claro aún... tal vez más adelante... aunque creo que ya ha tenido un cambio enorme. Los antepasados de Lys, su abuelo, era un cazador de vampiro, supongo que heredó las cosas de él, otras las consiguió en una tienda de esotería, y otras las inventa, todo es válido en su incansable lucha contra el demonio. Sobre si habrá algún capítulo angustioso, pues, depende de con cuanta facilidad llores, pero si el del incendio no fue suficiente supongo que no lo habrá, aunque si habrá situaciones muy fuertes que tengo planeadas, pero ya veremos como irán dándose sobre la marcha. Sobre los motivos por los cuales Rodo es así, aún no puedo hablar mucho de eso, pero en uno pocos capítulos se sabrán unas cosas que responderán tu pregunta. Besos, gracias por escribir.

AkaneSaotomee: Es un GRAN avance, esa charla fue muy significativa para ambos, aunque Castiel con su temperamento no lo demuestre y Rodolfa con su cabecita en las nubes eternamente, ni se haya dado cuenta. Veamos si acertaste en cuanto a la información que tenía Farrés, gracias por tomarte tiempo de comentar. Besitos.

Akasuna no akira: Que bueno que te gustó, espero que siga haciéndolo, yo también me imagino a Castiel con los cardos en ese cabello que tanto cuida. Besos, gracias por leer.

Rox siniestra: Tal vez Castiel si te diera una copia si prometes distribuírla por todos lados, lo que sea por poner en vergüenza al soso delegado. Aquí tienes la continuación, espero quehaya sido de tu agrado, besos y gracias por pasarte.