Personajes de Mizuki e Igarashi.

Editor: Tuty

Narración: Yule

Todos salieron corriendo para saber ¿Qué le había pasado a la mujer rubia? Al llegar al río los hombres evitaron que las damas se acercaran a ver el desastroso estado en que quedó la afectada.

-Soy tu jefa, ¡te ordeno que te quites!-Le dijo Rosemary a George.

-Señorita Rosemary, por favor contrólese, es… impresionante lo que ha sucedido. Su estado de salud sigue delicado no quiero que se enferme.

-A estas alturas no actúes como si te importara ¡Retírate!- Rosemary le dio un manotón para hacerlo a un lado.

-Rosemary estoy de acuerdo con tu fiel servidor, pronto llegará ayuda. Piensa en tu hermano, él te necesitará ahora más que nunca después de que se entere

-¡Terry deja que te explique! ¡Por lo que más quiera te imploro perdón!

-¿Perdón? ¡Eres una perra sucia, a mí nadie me engaña!

-¿Qué me vas a hacer?- preguntó temerosa ante su desconcierto.

-¡Tenías que mirar lo que hacía!- Terry la jaloneaba con una fuerza brutal provocando en automático un fuerte dolor de cabeza a la sometida, al punto de parecer que el cuero cabelludo se quedaría en su mano en una sola jaloneada como prueba de su superioridad.

Terry la metió al río sumergiéndola cada vez por más tiempo hasta debilitarla.

Al sacarla ya casi sin aliento tomó su cuchillo, -¡Debías ver, solo te pedí que vieras!

La victima trató de emitir una palabra suplicante pero le costaba expresarse, en su ser imploraba que no lo hiciera, que por favor se condoliera de ella, suplicó una segunda oportunidad por lo más que quisiera. Si estuviera en sus manos regresar el tiempo lo haría para reparar el daño que le hizo a su amado.

-Esto es para que aprendas a obedecer, ¡perra!

A él no le tembló el pulso decido se acercó para ejecutar su acto sin una pizca de arrepentimiento, ella por el contrario se ahogaba en la agonía de su destino inevitablemente fatal, sudaba, temblaba, la respiración cada vez se le aceleraba más generándole fuertes palpitaciones a su corazón. Terry ya con el cuchillo flameado se aproximó para…

Rosemary al verla se tapó los ojos, lo que vio le pareció espelúznate, atroz.

George tuvo que llevarla en brazos hasta el auto, pidiéndole con serenidad y ternura que se tranquilizara.

-¿Cómo pasó esto? ¿Quién fue capaz de semejante atrocidad? Justo ahora que mi hermano estaba feliz, se le suma una desgracia más.

En el hospital el médico explicaba el estado de salud de la infortunada.

-Su condición es estable, salió bien de la cirugía pero no pudimos hacer nada… hicimos todo lo posible, todo lo que estuvo a nuestro alcance. Lo siento.- El médico cabizbajo se retiró dejando a Rosemary con un profundo dolor.

George se mantenía a su lado para bridarle cobijo y comprensión.

Terry desde la distancia observaba triunfalmente la escena, sabía que con eso tendría todo bajo control. El duque se dirigió a él para conversar.

-Tenemos una conversación pendiente.

-¡Yo no tengo nada que hablar con usted, es más ni lo conozco!

- Claro que sí, jovencito de tal palo tal astilla. Estás enamorado de Candy White Ardlay, perdidamente enamorado, la quieres a tu lado ¿Verdad? No me contestes se te lee en los ojos, solo con escuchar su nombre te brilla la mirada, te cambia el semblante pero así somos todos los Granchester, perseguimos nuestro objetivo hasta obtenerlo.- Dijo con una sonrisa de medio lado.

Sorprendiendo a Terry con su último comentario.- ¿Qué trata de decirme?

-Aquí no hablaré contigo, hablaremos en otro lugar- El duque miró a ambos lados para cerciorarse de no ser observado por la mirada verde de la rubia que deseaba desposar.- Nos vemos en el bar que está en el pueblo hoy a las 10 de la noche.

Albert llegó preocupado.

-Rosemary vine en seguida, Candy no… ¡Oh Dios! esto es catastrófico, ¡Ella no puede enterarse de esto!

-Debe enterarse Bert, ya está fuera de peligro pero perdió su ojo izquierdo.

Albert se llevaba las manos a la cabeza- Mi mujer podría recaer, ella es su mejor amiga. No quiero que se deprima nuevamente.

Rosemary negaba con la cabeza quería darle otra solución para afrontar la desgracia, pero no la halló.

En el bar, un cantinero se les acercó para servirle más Whisky.

-Solo estoy aquí porque necesito sacar a mi mujer de esa casa de una vez, de ser necesario desaparezco a ese hemipléjico.

-Y luego ¿Qué? No respondas, yo respondo por ti, la policía te buscará por mar y tierra te capturaran y enviaran a la silla de ejecución por asesinato en primer grado con premeditación y alevosía, ¿Eso quieres realmente? Otra cosa ¿Tu mujer? Por lo que veo la señora Ardlay ha faltado a su esposo más de una vez.

Terry con el rostro enrojecido por la rabia, se exaltó al escucharle decir que Candy era la mujer de Albert, esa afirmación le resultaba intolerante a sus oídos.

- Cálmate, sea como sea ante la ley de Dios y la del hombre es su mujer, se casó con él, no podemos hacer nada… por el momento, escucha hijo…

-¡No me llames hijo! mi padre me abandonó como a un perro.

-No es cierto, te alejaron de él.

-¿Cómo sabe? ¿Por qué habla con tanta seguridad? ¿Y por qué me quiere ayudar? ¡Nadie da nada así como así!

-Iré al grano sé qué piensas que tu padre es el padre de Rosemary, el viejo William, pero él no fue tu padre, él te alejó de tu verdadero progenitor para castigarlo. Terry, te busqué por mucho tiempo hasta que me sumergí en el alcohol desistiendo de tu búsqueda.

Terry se levantó bruscamente lanzando las bebidas por doquier.

-¡Me crees estúpido! ¿O qué? ¡Quieres apoderarte de la fortuna de los Ardlay! no me interesa si quieres su dinero o no, seguiré tu juego solo para llevarme a mi mujer, quiero matarlo y cuanto antes mejor.

-A mí también me conviene su muerte, lo haremos de manera inteligente que parezca un accidente, por favor baja la voz y toma asiento.-Expresó con serenidad.

En la habitación marital Albert una vez más hacía el amor con su esposa.

-Candy te amo con todas las fuerzas de mí ser, te amo con el corazón, con el alma, te amo, no puedo dejar de besarte, de acariciarte de hacerte mía, de entrar en ti.

-Yo tampoco puedo dejar de amarte, de sentir tu aliento, tus besos, tu fragancia masculina, todo en ti es exquisito, Albert, sigue, continúa amándome hoy más que nunca, como siempre lo haces.

-Fielmente te amo y te amaré por siempre, mi amada Candy, quiero tallarme en mi piel tu aroma a mujer frágil y dulce que necesita ser protegida.

-Oh Albert no puedo más, me siento desfallecer al tenerte en mí ser, en mi cuerpo.

-Siénteme, siénteme hoy más que nunca princesa.

Desde la distancia Terry pudo visualizar como Candy se entregaba pasionalmente a Albert haciéndolo sentir miserable, poca cosa, deseó tenerla así como la tenía él, pero aún en su cerebro recordaba las palabras de aquel hombre que en su ser consideró que lo engañaba, sin embargo reflexionó y supo que actuar desmedidamente sería truncar sus planes de tenerla junto a él para siempre.

"Disfrútala Ardlay, pronto te reunirás con tus antepasados, de eso me encargaré yo mismo, así sea lo último que haga. Y tú Candy, mujer traicionera, beberás del piso cuando te haga pagar tu maltrato e infidelidad hacia mí.

Continuará.

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