En la vida hay situaciones muy difíciles que tratar y confrontar a un pequeño que está o más bien estuvo enamorado de ti, es de las cosas más difíciles que un adulto como Ace tenía que tratar. Sin querer terminó hiriendo a su estudiante y probablemente le rompió su corazón, no sabía cómo podría encararlo ahora. Una parte de él no quería ir, no quería ver a Kowalski, no estaba seguro si el pequeño lo odiaba ahora o no, pero lo más probable era que sí. No quería verlo porque no quería ver esos jóvenes ojos llenos de desprecio y rencor hacia él. Ace aun quería a Kowalski a pesar de todo, le dolería demasiado si ese niño lo detestara ahora.
Le tomó casi todo el día en armarse de valor para ir a los dormitorios de los cadetes. Para su suerte, la mayoría de los niños estaban entrenando con sus capitanes, si los niños lo vieran por aquí, llamaría mucho a atención y eso era lo que menos quería en ese momentos.
Se puso a pensar en la conversación que tuvo que Kanna, sabía que tenía que arreglar las cosas ahora mismo, pero el sinceramente se sentía algo confundido por aquel beso que Kowalski le dio. No sabía que pensar sobre eso, no le molesto que Kowalski lo besara, no se sintió incomodo o malo por aquel beso, de hecho, por una fracción de segundo, entre su impresión por ser besado tan sorpresivamente y cuando despertó, logró sentir un extraño sentimiento de comodidad y gusto al ser besado por ese pequeño pico. No podía creerlo aun cuando se lo confesó a Kanna pero ese beso le había gustado.
No culpaba a Kanna por su reacción, cualquier otro le hubiera golpeado el doble de duro y más de una vez. Ella lo había alentado a terminar con todo esto ya, dejar las cosas claras pero Ace ya no estaba seguro de esto. Quería que todo este lio se resolviera de una buena vez pero después de ese beso, no estaba seguro de que pensar sobre su joven estudiante.
De todos los estudiantes que se habían enamorado de él, Kowalski era el primero en demostrar tan sincera y fuertemente sus sentimientos hacia él. Los otros lloraban y refunfuñaban como si se les negaran a darles un juguete, pero Kowalski auténticamente se esmeró en mostrar la verdad de sus palabras, eso significó el beso y por lo que sintió Ace, entendió que su pequeño cadete en verdad estaba enamorado de él.
El viaje hasta los dormitorios de los cadetes jamás le pareció tan largo y peor aún fue ir al cuarto del chico, se preguntó si él estaba o si en verdad lo recibiría. No sabía que esperar.
Como soldado, le enseñaron en caminar directo a la línea de fuego sin miedo, sin titubear, sin dudar, pero por primera vez en muchos años el sentía el incómodo y molesto sentimiento del miedo. No iba a confrontar a un enemigo, no iba a pelear contra alguien. Nada de lo que había aprendido en la armada le serviría para confrontar esto.
Cuando llegó a estar al frente de la puerta del cuarto del pequeño pingüino, su cuerpo se quedó completamente inmóvil, sus muslos se tensionaron y su boca se secó. Apenas tocó la puerta con su aleta y la apartó como si se hubiera quemado con ella.
Respiró tan hondo como pudo, llenando sus pulmones hasta el límite, solo para después soltar todo ese aire en un suspiro silencioso. Volvió a tocar la puerta, esta vez la golpeo un par de veces.
Hubo un par de minutos en los que no hubo respuesta. Preocupado por el silencio, Ace volvió a tocar, un poco más fuerte esta vez. No hubo diferencia, todo estaba el silencio. Ace se quedó allí parado esperando impacientemente alguna respuesta.
-¿Kowalski? – Preguntó en voz suave.
-Váyase por favor – La voz de Kowalski sonaba tranquila pero lastimera.
Ace dio una mueca al escuchar a su estudiante.
-Kowalski por favor, solo quiero hablar contigo.
-No quiero hablar con usted –Se quejó el pequeño.
-Lo sé pero esto es importante… Escucha, intentare ser breve pero me gustaría poder hablar contigo en persona – Nuevamente se escuchó silencio, uno que duro diez minutos exactos. El pingüino de ojos cafés pensó que esto se estaba volviendo algo inútil, quería disculparse con el pero no tendría caso si no hablaban de frente – Kowalski ábreme la puerta por favor.
Más silencio.
Estaba hartándose, a pesar de lo incomodo que se sentía, quería que todo esto se aclarara y terminara de una vez, no solo por él, Kowalski no merecía sufrir de esta manera. Si no aclaran las cosas de una vez su cadete seguiría en este estado lastimero y herido. No sabía cómo podrían seguir entrenando juntos en ese estado y mucho menos como podría seguir siendo su capitán.
-Kowalski, sé que estás enojado conmigo, pero sigo siendo tu superior. Abre la puerta – Ordenó con firmeza.
No quería ser tan rudo y menos ordenarle algo al niño, pero si Kowalski aún le era obediente por su rango, entonces esto podría ser la única manera de que él le hiciera caso.
Siguió el silencio, otros diez minutos pasaron. Ace pensaba el volver a hablar con Kowalski para seguir disuadiéndolo de abrirle pero cuando abrió el pico, la puerta se abrió levemente.
Ace se sorprendió un poco al ver la puerta abierta, pero no se dio a si mismo tiempo para sorprenderse. Entró al cuarto para encontrar al niño sentado a los pies de su cama, dándole la espalda. El cuarto estaba levemente sucio, en una esquina estaba un invento suyo a medio construir, había tuercas sueltas por todo su alrededor y unos cables se le salían por la base. La habitación estaba bastante oscura, la única luz que estaba era la que entraba por la ventana, el sol estaba ya ocultándose pero el cielo no estaba completamente oscuro aun.
Ace cerró la puerta detrás de el con suavidad y dio unos pasos hacia donde estaba el más joven, notó como él se tensaba un poco de sus hombros por su cercanía, pero no se detuvo hasta que estuvo a un costado de la cama, cerca de los pies.
Él se esforzaba por respirar tranquilamente pero el ambiente en ese cuarto era demasiado pesado.
-Escucha, lamento mucho el haberte dejado solo… Es solo que, bien…. No sabía cómo reaccionar después de lo que hiciste…
-¿Por qué? – Pregunto de la nada Kowalski.
-¿Qué?
-¿Por qué?... – Se volteo a medias para ver de perfil a su capitán - ¿Por qué es malo que lo quiera?
Ace frunció el ceño y en su pico se vio una gran mueca.
-No es malo que me quieras… Es solo que…
-¡Ya se! ¡Ya se! – Grito de pronto con exaltación – Es la edad, usted es grande, yo pequeño. Y solo por eso, es malo que lo quiera – Golpeo la cama con ambas aletas con todas sus fuerzas. No lo entendía, incluso llegaba a ser ridículo para él, ¿Solo porque alguien tiene más o menos edad no puede querer a alguien?
Ace solo se quedó mirando al niño.
-Kowalski… Sé que no lo entiendes pero…
-Tiene razón no lo entiendo – Volvió a interrumpir – No entiendo porque esto es malo pero sé que usted si lo piensa… - Bajó la cabeza con pesar. Con cuidado se bajó de su cama y se dio la vuelta – ¿Usted podría decirme por qué esto es malo?
El oji café cerró los ojos un segundo. El realmente no comprendía lo evidente, un adulto y un niño juntos era algo imposible e inmoral para los ojos de casi todo el mundo.
Pasó su aleta por detrás de su cuello y se froto un poco.
-Veras Kowalski…. Para algunas personas la edad no importa en cuestiones del amor pero no todo el mundo piensa de esa forma – Se sentó en la cama, sin apartar su vista de su estudiante – Por ejemplo los generales, como el General Dominic, si él se enterara de que en la milicia hay un tipo de relación como esa, se enfurecería y en el peor de los casos, expulsaría a la pareja del ejército.
-Pero ¿En verdad sería tan malo que nosotros nos gustáramos? – Preguntó algo desesperado Kowalski.
-Para ese viejo, ese sería un crimen terrible – Notó pronto una profunda tristeza en su pequeño soldado – Por eso…. ¿Ahora entiendes?
-Solo entiendo que para él es malo – Respondió secamente. Se dio vuelta para ver mucho mejor al mayor – Usted piensa igual que él, ¿no es verdad? Piensa que lo que siento es malo….
Ace negó pronto con la cabeza.
-No, no pienso que sea malo lo que sientes hacia mí, querer a alguien nunca ha sido malo, pero…
-No entiendo…. – Los ojos de Kowalski se humedecieron lentamente, unas pequeñas lágrimas aparecieron en sus ojos – Por favor… Lo siento.
-¿Qué? – Exclamó.
-Siento haberlo besado…. Sé que dice que no tiene nada de malo que lo quiera, pero tampoco lo aprueba… Por eso lo siento – Se encogió de hombros lo más que pudo y se puso a llorar con más fuerza - En serio lo siento, por eso… Por favor… Quiero que siga siendo mi maestro, quiero seguir entrenando con usted…. Por favor… Por favor – Del dolor de ser rechazado, el miedo de ser abandonado apareció. Tuvo miedo de que por ese beso, Ace se enojara con él y quisiera dejar de ser su capitán.
Le dolía mucho que no lo amara pero le dolería aun peor que se quisiera apartar de él.
Ace se bajó de la cama, se arrodilló delante de su joven cabo y limpio las lágrimas de su rostro con su aleta derecha. Vio los ojos de Kowalski abrirse cuando termino de secar sus lágrimas, sus ojos azules estaban aun completamente húmedos, llenos de miedo, dolor, desesperanza.
Odiaba ver todo eso en los ojos de su pequeño pingüino.
Lo peor era que él estaba sintiendo todo eso por su culpa. Por el termo que iba a abandonarlo nuevamente.
-Kowalski, no estoy enojado por lo que pasó – Tomó la barbilla del pequeño y la levantó un poco – Escucha, jamás podría estar enojado contigo hasta el punto de querer apartarme de ti – Le sonrió suavemente para tranquilizarlo y demostrarle que no mentía.
-Pero como podría ser mi maestro aun… Sé que se sentirá incomodo cerca de mi ahora que sabe que me gusta.
-Claro que no, la mayoría lo sentiría, pero no yo. Kowalski, eres alguien muy importante para mí, jamás me sentiría mal cerca de ti – Le garantizó sonriéndole dulcemente.
El más pequeño intentó también sonreír, pero su sonrisa murió, se sentía mejor al saber que Ace no se quería alejar de él y que no se sentía incómodo cerca de él, pero aún se sentía muy mal. Su corazón seguía doliéndole por el rechazo.
El mayor frunció el ceño, notaba aun la existencia del dolor en los ojos azules de Kowalski. Entendía que esto no era suficiente para sanar su corazón.
-Kowalski… yo… Quisiera hacer algo por ti – Lo miro directamente a los ojos – En serio lamento que por mi culpa estés pasando por todo esto.
Kowalski seco sus propias lágrimas al llevar sus aletas a sus ojos, escuchó con atención la propuesta de su maestro, estaba seguro que él no le estaría mintiendo solo para hacerle sentir mejor, el habla en serio.
-Yo… Quisiera una cosa… sé que será mucha molestia pero… en serio le estaría muy agradecido si aceptara – Dijo con mucha duda.
-Claro, solo dime que quieres – Le sonreía con sinceridad, fuera lo que fuera, estaba dispuesto a hacerlo.
-Bien… es que…. – El pequeño miró el piso y jugó un poco con sus pies, estaba muy nervioso. Si le pedía aquello, quizás el auténticamente se enfadaría y rechazaría la propuesta, pero estaba muy deseoso de pedirle eso…. aunque fuera una última vez… Él quería...
- Un beso… - Dijo tímidamente – Quisiera… por favor, un… beso, por favor – Su mirada era suplicante y esperanzada. Deseaba de todo corazón que Ace no se asustara por haberle pedido eso y aún más que aceptara en hacerlo.
Ace se notó definitivamente sorprendido por esa petición, miró algo incrédulo a Kowalski pero borró esa mirada rápidamente. Sabía bien que eso no era una broma, él deseaba eso en serio, más que cualquier cosa en el mundo.
El mismo dijo que haría cualquier cosa por Kowalski y no mentía, lo haría.
Pero vaciló en aceptar, después de su primer beso, demasiadas cosas pasaron por la mente de Ace. En serio le gustó como se sintió, pero no eso no estaba bien…. Al menos eso pensaba.
-Está bien – Respondió. Pensó que un segundo beso aclararía mejor su mente, quizás lo que sintió solo fue un accidente o confundió sus sentimientos, era mejor verificarlo antes de que su propia mente se complique más.
Kowalski sintió un fuerte golpe en su pecho cuando escucho esas palabras, su corazón se emocionó mucho, su tristeza fue reemplazada vagamente por alegría.
-Gracias – Dijo antes de levantar un poco su cabeza, puso su pico en posición para esperar el beso.
El pingüino de las dagas puso sus aletas sobre los hombros del más joven, sentía unas mariposas en su estómago. El primer beso fue completamente sorpresivo y fue por Kowalski pero este es a propósito y será por parte suya, era natural sentir un poco de nervios pero Ace no iba a retroceder.
Lentamente acerco su pico hacia el de Kowalski, él tenía los ojos cerrados pero Ace los tenía medios abiertos, vio sin parpadear él joven rostro de su joven cabo, notó un tenue color rosa en sus mejillas al saber que iba a ser besado. Sin darse cuenta, pensó que él se veía muy lindo así. Unió sus picos de la manera más suave y tierna que pudo.
Cerró los ojos en cuanto entraron en contacto, se concentró en el sentimiento que le causaba aquel beso.
En el instante que lo besó, sintió que las mariposas de su estómago desaparecían, sintió una comodidad muy agradable al besar a Kowalski. Pudo sentir como su estudiante respondía levemente en el beso, era todo un inexperto en besar a alguien. Solo presionó un poco su pico contra suyo, fue un acto muy simple pero a Ace le gusto como se sintió.
Por su parte, Kowalski disfrutaba a sus anchas de ese beso, no logró disfrutar mucho de su primer beso por lo molesto que estaba, pero ahora podía disfrutarlo tanto como quería. Su corazón hacía una carrera en su pecho, sus ojos dejaron de estar húmedos, su deseo de llorar desapareció. Por ese momento, aunque pasajero y rápido, era sumamente feliz.
A su pesar, pensó que era mejor apartarse ahora, su capitán estaba haciendo mucho por él, pero no debía abusar de su buen corazón al dejarle recibir un beso de su parte.
Dio un paso hacia atrás para alejarse, pero entonces, abrió los ojos como platos al sentir las fuertes aletas de Ace sujetándolo de los hombros para impedirle irse. El joven científico se quedó mirando la cara de su superior, sus ojos estaban cerrados y no podía ver bien la expresión de su rostro por la cercanía que tenían pero por ese beso, supo que lo estaba disfrutando.
Kowalski pensó que iba a morir de felicidad.
Lo estaba disfrutando, ¡EN VERDAD LA PERSONA QUE QUERIA ESTABA DISFRUTANDO DEL BESO!
Si no fuera porque estaba inmovilizado por el agarre de Ace, lo abrazaría con todas sus fuerzas.
Ese beso duro un minuto completo. Al separarse, Kowalski vio expectante al mayor. Mientras que el otro posó su vista en el suelo, con el rostro sumamente rojo.
-Usted….
-No lo pude evitar…. –Ahora le toco a el interrumpir. Sonrió y rió por lo bajo por la ironía de la situación – Estoy seguro que Kanna va a matarme por todo esto, pero será por mi culpa sin duda.
Levantó un segundo sus ojos para ver a su compañero, él ahora estaba un poco confundido por lo que dijo, pero eso solo provoco más risas de parte de Ace.
-Para serte honesto Kowalski… Cuando me besaste sentí algo. Creí que lo había mal interpretado o me estaba confundiendo, pero después de este beso comprendo que es lo que pasa – Levantó la cabeza hasta el techo y suspiró – Sin duda estoy loco – Dijo sin dejar de sonreír.
-¿De qué habla? – Levantó una de sus cejas el oji azul, hizo un esfuerzo para comprender el comportamiento del más viejo pero aun para una mente científica como la suya, este comportamiento era muy irracional.
El oji café volvió la vista hacia su estudiante. Se sentía extraño, tranquilo e inexplicablemente feliz, a pesar de que sabía que lo que estaba apunto era una locura.
-Kowalski, de hecho… Disfrute mucho el beso, incluso el primero que me diste me gusto – Dijo suavemente para que lo entendiera.
-¡¿En serio?! – Exclamó impresionado el oji azul.
-Así es, aun creo que esto es algo peligroso, pero no puedo negar lo evidente. Disfrute mucho de lo que hicimos y en verdad soy feliz cuando entrenamos juntos o incluso cuando te ayudo con uno de tus locos proyectos – Levantó su aleta para acariciar la mejilla de su compañero – Disfruto mucho estar contigo, más que con cualquiera que conozco – Le sonreía ampliamente, miró los ojos de Kowalski y se dejó hipnotizar por ellos. En verdad eran hermosos – Kowalski, creo que también me gustas mucho.
El más joven se quedó parado allí, mirando atónitamente a su maestro, como si lo que había escuchado fuera lo más importante del mundo.
-En serio…. Habla en serio… ¡¿Es en serio?! – Se acercó a Ace con esa última exclamación, se acercó tanto a su rostro que sintió su respiración rosándole.
-Jamás te mentiría – Contesto simplemente Ace sin alterarse por la cercanía del menor, solo siguió sonriendo, sorprendido de sí mismo por lo que había descubierto y por lo feliz que se sentía por haberlo hecho.
Kowalski volvió a llorar, pero esta vez fue por felicidad, una tan fuerte que su corazón que quería explotar.
De un salto devolvió el abrazo a ahora su pareja con todas sus fuerzas, enredando sus brazos alrededor de su cuello.
Ninguno de los dos dijo nada, Ace solo respondió al abrazo de Kowalski y sintió sus cálidas lagrimas mojar su hombro. El también podría sentir una gran felicidad invadiéndole. No podía creerlo pero el también compartía los sentimientos de Kowalski, también terminó enamorándose de el en algún punto.
Kanna iba a asesinarlo sin duda pero ya sabía bien cuáles eran las consecuencias de esto, ambos las tendrían que confrontar. Sería duro pero Ace ya no tenía miedo de enfrentarlo.
