Capítulo 11
Lucy se apresuró a cruzar la calle y mantener su culo contra la pared hasta que Natsu le puso una mano en la espalda para que siguiera.
—Vamos —Gruñó—. Llegamos tarde. La caza comenzará en cualquier momento.
—Bueno, perdóname por intentar no brillar por toda la isla —Murmuró, dejando que la condujera por el camino que llevaba al tranquilo parque—. Este conjunto que me haces llevar es ridículo.
—Ofrece facilidad de movimiento. ¿Quieres correr al lado de la manada con tacones y minifalda?
—¿Cuánto peor que la lycra ajustada y unas botas de motorista? —Se quejó—. Me siento como un cruce entre un Ángel del Infierno y una go-go. ¿Qué pasa con los pantalones vaqueros y un buen par de zapatillas de deporte?
—No me dan una vista tan buena de tu culo.
Recalcó su comentario con una mueca teatral y un ligero golpe en su trasero. No era suficiente para hacerla retroceder, pero cuando su mano se quedó cubriéndolo y apretó, le lanzó una mirada descarada.
—¿Por qué no me sorprende que ésa sea la verdadera razón?
Natsu sonrió y continuó llevándolos al interior del parque, mientras Lucy trataba de ignorar el aleteo nervioso de su estómago. Lo habría llamado mariposas, salvo que las condenadas cosas parecían crías de conejo, y no importaba lo ingeniosa y popular que fuera la técnica psicológica que usara para tratar de calmarlos, no paraban. Al final, Sólo podía apretar los dientes y aguantar. Después de unos minutos, Natsu les llevó juntos por el camino y tiró de ella para cruzar los árboles a una zona boscosa.
Casi lo único que podía ver en ese terreno oscuro era la luz brillante de sus ojos, y no emitían suficiente brillo para iluminar su camino. Tuvo que recurrir a aferrarse a Natsu y medir sus pasos con mucho cuidado para evitar tropezar con las raíces y rocas. Por su parte, Natsu la sostenía cuando lo necesitaba, pero la empujó hacia delante sin descanso todo el tiempo. Se sentía un poco como la rubia indefensa de una película de serie B, cosa que no hacía mucho por su estado de ánimo.
—¿Dónde diablos se va a hacer esa caza? —Exigió, después de diez minutos de trepar por entre raíces y troncos caídos. No sabía que había tantos árboles en Magnolia, y mucho menos que Natsu esperara pasar por encima de todos ellos—. Debemos estar prácticamente en Albany por ahora.
—¡Shh! Mira.
Mr. Monosilábico señaló hacia el siguiente tramo de árboles e instó a Lucy en esa dirección. Al principio pensó que era otra cosa de dragones, pero después de un par de parpadeos y una mirada furiosa, pensó que podría haber un grupo de anaranjadas luces en la distancia.
—¿Es eso?
Natsu asintió y le dio un empujón hacia delante.
—Ya están casi listos para empezar. Date prisa.
Decidió no mencionar que había estado corriendo la última hora, desde que Natsu había llamado a la puerta del baño donde se estaba vistiendo, y le dijo que moviera su sexy culo. Ésas eran sus palabras, no las de ella, y habían sido la única cosa que la había detenido de cerrarle la puerta en las narices. Parecía más bien cariñoso con su trasero, después de todo, y Lucy podía apreciar a un hombre con buen gusto.
A medida que avanzaron y los árboles comenzaron a ralear dando paso a un claro, Lucy pudo ver el resplandor de algún tipo de antorchas y una gran hoguera a unos diez metros delante de ellos. Era un milagro que el departamento de bomberos no estuviera pululando alrededor de los dragones como abejas en una exposición de flores. Cuando llegaron cerca de la línea de árboles, Natsu la detuvo.
—¿Recuerdas lo que hablamos? —Preguntó, los ojos verdes y brillantes en su rostro serio.
—Por supuesto —¿Cómo podía haberlo olvidado? Su "compañero" le había dado una conferencia sobre los puntos más importantes en su comportamiento de esta noche de por lo menos cuarenta y cinco minutos—. Me quedo cerca de ti y mantengo a Wendy y Kana cerca por si acaso. Permanezco tranquila hasta que la caza comience y no miro directamente a los ojos de nadie, pero no miro abajo o creerán que soy sumisa. No acercarme demasiado, y no ofenderme si alguien trata de olfatearme. Recordar que los dragones también son personas, y debo mantener mi boca cerrada a menos que sea algo de suma importancia para relatar. Ah, y cuando la caza comience debo correr como el infierno directamente hacia el norte.
Terminó su letanía con las manos cruzadas remilgadamente por delante de ella y las cejas flotando en algún lugar cerca de la línea del cabello. Natsu se la quedó mirando durante un momento, y luego hizo un gesto brusco.
—Lo suficientemente bueno —Gruñó—. Vamos.
Tiró de su muñeca con tanta fuerza que estuvo a punto de volar. Murmuró una disculpa, pero Lucy no podía estar segura de cuanta atención le estaba prestando, ya que no se molestó en ir más despacio. A medida que se acercaban a la manada, podía sentir como se construía un nuevo tipo de tensión nerviosa en su interior. Cada paso parecía hacerlo más salvaje, más fiero, menos civilizado. Su temperatura corporal se disparó hasta el punto de que el toque de su mano desnuda en su brazo se sentía como si una esterilla eléctrica hubiera sido colocada directamente en su piel. Era soportable, pero decididamente caliente. Se estremeció.
Cuando salieron de las sombras del bosque, luchó para convertir ese estremecimiento en un escalofrío. Allí donde miraba, el claro estaba lleno de hombres dragón, más dragones de los que había pensado que iba a ver. Las formas de los dragones variaban en forma y color, desde los rojo-grisáceos del tamaño de un coyote a algunos grandes, negros monstruos que juró eran del tamaño de ponis Shetland. Por suerte para sus nervios, no todo el mundo estaba en su forma de dragón.
Los normales, los miembros de la manada con apariencia humana estaban desplegados o de pie en grupos, hablando con una mezcla desconcertante de palabras, gruñidos y rugidos. Esto iba más allá de la zona desconocida y pasaba directamente al canal Sci-Fi, sobre todo cuando un pequeño grupo salió de entre los árboles al otro lado de la hoguera. Lucy tuvo que parpadear tres veces antes de que sus ojos estuvieran de acuerdo en filtrar lo que estaban viendo a su cerebro, lo que sólo a regañadientes se traducía en términos comprensibles.
Esos chicos eran hombres dragón.
Hombres dragón de verdad. No sólo dragón, quienes parecían humanos, e incluso podían actuar como ellos cuando la situación lo requería. Ni siquiera los dragones en forma de dragón, quienes parecían que daban un paso a un lado en un especial de Planeta Salvaje y se hacían a sí mismos domésticos. Estos hombres dragón eran tan escamosos como las formas de dragón, pero ahí terminaba el parecido.
Cuatro de ellos viajaban en su propia pequeña manada, cada uno caminaba con dos patas que se inclinaban en la dirección equivocada. Sus rodillas se arqueaban hacia atrás, haciendo que se vieran permanentemente encorvados y listos para brincar. Lucy no podía decir cuáles eran sus colores hasta que se acercaron lo suficiente a la hoguera para que las llamas iluminaran su piel, y luego casi lamentó que lo hicieran.
Uno de ellos tenía una capa moteada, del color gris ceniza de la madera descolorida, y blanco grisáceo en el pecho y el vientre. Fascinada, siguió los cambios de color hasta que las escamas se redujeron a una segunda piel, pero no podía ocultar el grueso y muy humano sexo del dragón. Sus ojos se dispararon de nuevo a su cara, él era definitivamente muy macho, y se quedó ahí, y llegó a estar jodidamente segura que no iba a mirar más abajo del esternón de cualquiera de sus amigos.
Dos de los otros tenían el color gris rojizo de los dragones, ya había notado que parecía el más común entre los presentes en forma dragón, y el último hombre dragón tenía un piel de color marrón claro moteado de negro y gris, como el galgo atigrado que su vecino de abajo había rescatado de una pista de carreras el año anterior. Aunque a juzgar por la mueca que torcía el hocico del dragón marrón, dudaba que tuviera mucho en común con una amistosa y apacible tórtola.
Lucy abrió la boca para hacer una pregunta, pero la cerró de nuevo cuando Natsu soltó el agarre que tenía sobre su brazo y dio un paso adelante de las sombras que los ocultaban. Sorprendida, se arrastró tras él. De ninguna manera planeaba estar sola en este claro, muchas gracias.
Todavía viéndose más como un modelo de la portada de Sorcerer Magazine que el terror de Magnolia, Natsu avanzó por la alfombra de musgo y hojas hacia la luz de la hoguera. Apresurándose para mantener su paso come-tierra, Lucy le siguió hasta que se detuvo cerca del mismo montón de rocas desordenadas donde los hombres dragón se habían detenido.
—Zancrow —Le oyó gruñir.
El dragón rubio dio un paso adelante, y Lucy consiguió su primera vista cercana de un dragón en su forma. Estaba cubierto de pies a cabeza por una capa gruesa de escamas, a pesar que parecía ser más grueso en la espalda, el cuello y la parte superior del pecho, como el collarín de un dragón de verdad. Y como había notado con el gris, se reducía en un montón de pelusa en el abdomen y estómago. Puso empeño en rodear la zona de su sexo y trasladó su mirada inmediatamente junto a las áreas que era menos probable que la asustaran.
Se puso de pie como un hombre, pero sus piernas eran las patas traseras de un dragón enorme, con pies como las patas de un perro, sólo que mucho más grandes. Sus brazos eran largos y musculosos, con manos vagamente humanas terminadas en letales y curvadas garras. Su cabeza se veía casi completamente dragón, con unas bien proporcionadas orejas triangulares y un hocico largo y puntiagudo lleno de dientes tan afilados como cuchillas de afeitar. Lucy no podía atestiguar sobre lo afilado de sus dientes, pero decidió seguir sus instintos con eso. Ciertamente parecían afilados.
Se puso de pie al lado de Natsu, a medio paso por detrás de él, y decidió que realmente no tenía necesidad de estar más cerca de cualquiera de los dragones. Su perspectiva ciertamente estaba bien donde estaba.
De hecho, podría ser mejor desde Crocus. Tuvo ganas de ir a comprobarlo.
—Estás siendo muy mal educado, primo —Dijo Natsu, su voz baja y áspera, y tan amenazante que Lucy se estremeció a pesar de que no estaba hablando con ella.
El dragón rubio movió su cabeza en su dirección y gruñó. Con los músculos apretados para evitar retroceder, Lucy parpadeó y casi se pierde la cosa más increíble que jamás había visto. En un minuto estaba mirando al dragón que Natsu llamaba primo, y al siguiente cambió, dejando a un hombre donde el dragón había estado. Tenía el pelo del mismo color rubio atigrado que el pelaje de hombre dragón y los ojos del mismo color negro. También estaba completamente desnudo.
—No es mala educación —Dijo el dragón con una sonrisa burlona—. Sólo impaciencia. Ha pasado mucho tiempo desde la última Caza.
—Las Cazas son una tradición moribunda. Nuestras hembras prefieren elegir a sus compañeros de una manera más moderna.
—Una manera más humana. Yo, por ejemplo, no llamo a eso progreso.
—Pero entonces, no es cosa tuya hacer un llamamiento.
Lucy mantuvo una oreja en la conversación, si se pudiera llamar a sus enfrentamientos verbales una conversación, pero al mismo tiempo sus ojos estaban fijos en los otros tres dragones. Mientras los miraba, ese cambio sucedió de nuevo. Las tres formas se volvieron borrosas en los bordes. Sus características y contornos se desvanecieron y se hicieron indistinguibles. Vio un movimiento y una especie de ondulación, y entonces todo volvió a enfocarse y los hombres dragón eran de repente hombres. Hombres desnudos. La transformación la había fascinado tanto, que apenas se contuvo de pedirles que lo hicieran de nuevo.
—Si no quieres llevar a nuestra manada por los caminos de nuestro pueblo, entonces no te sorprendas si alguien más lo hace, primo —Dijo Zancrow, llamando la atención de Lucy de nuevo a la cuestión ante ella.
Oyó el gruñido antes de sentir el movimiento y mucho antes de ver nada, porque en realidad no había nada que ver. Todo sucedió tan rápido, que dudaba que una cámara hubiera podido captarlo, pero de repente Natsu no sólo le gruñía a su primo, tenía la mano envuelta alrededor de su garganta mientras los dedos del otro colgaban a tres centímetros del suelo. En lugar de gritar o luchar, Zancrow se echó a reír.
—No te he retado —Señaló, con voz ronca y áspera, pero clara—. No serviría de mucho para tu reputación si el Alfa de la manada Dragon Slayer matara a otro miembro de su propia manada sin provocación, ¿verdad?
Vio como la mandíbula de Natsu se apretaba y vio un primer indicio de un colmillo apareciendo entre sus labios cuando habló.
—Oh, he sido provocado —Gruñó—. Y sé quién está detrás de todo, también. ¿Creías que no me daría cuenta que un Gamma de mi propia manada convocaría un Rugido en nombre de Dragon Slayer? ¿Creías que no me daría cuenta de una improvisada y desautorizada Caza de compañeras en el centro de mi territorio? —Natsu lanzó a su primo a un lado cómo si tocar la piel del otro hombre le hubiera contaminado—. Todavía soy el Alfa de esta manada, y sé perfectamente lo que estás tratando de hacer.
Zancrow cayó sobre sus pies agachado en cuclillas y miró con desdén a su claramente más fuerte primo.
—Puedes saberlo, pero no puedes detenerme —Se burló—, no, a menos que puedas engendrar un cachorro antes de la próxima semana, primo. Pensé que estaba haciéndote un favor. Después de todo, si puedes arreglártelas para tomar una mujer esta noche, tendrás toda una semana para esperar que entre en celo, así podrás follártela por esos cachorros que tanto necesitas.
Lucy gruñó en ese momento, incluso antes que Natsu tuviera la oportunidad. No estaba segura de dónde vino ese sonido, apenas salió de entre sus labios mientras daba un paso instintivo hacia delante.
La cabeza de Zancrow giró alrededor, sus salvajes ojos negros fijándose en ella y estrechándose amenazadoramente.
—Bueno, ¿qué tenemos aquí? —Gruñó, dando un paso, rondando hacia ella—. ¿Qué es esto, primo? ¿Alguna nueva presa para nosotros? Es bastante bonita, de esa manera completamente normal que algunas mujeres tienen, pero huele... humana.
Su boca se torció, y llegó hacia ella, pero sólo tocó aire. Natsu saltó frente a ella, obligándola a retroceder unos pasos y se enfrentó a su primo frunciendo los labios y mostrando sus colmillos.
—Permanece jodidamente lejos de ella —Le ordenó—. Ella es mía.
—¿Tuya?
Lucy vio como la expresión de Zancrow se retorcía y contorsionaba como si hubiera algo que oliera mal, y entre cerró sus ojos.
El dragón dio un paso hacia ella y Natsu le espetó,
—Aléjate —Ordenó, sus ojos brillando calientes y con ira en la oscuridad—. No te quiero cerca de ella.
Zancrow les ofreció una mirada de herida inocencia tan sincera que parecía de plástico.
—Pero no quiero hacer daño a nadie, primo. Simplemente soy curioso. No es frecuente que una humana se ofrezca para una de nuestras Cazas. Espero que no acabe demasiado malherida. Algunos de nuestros hombres pueden ser un poco... brutos, en todo su entusiasmo —Mostró los dientes, pero no podía ser llamado sonrisa—. Odiaría ver su bonita piel arrancada.
—Nadie va a tocarla.
—Ah-ah. ¿Ahora quién está siendo grosero? —Le reprendió Zancrow—. Sabes cuales son los términos de la Caza, igual que yo. Ella pertenece a quien sea lo suficientemente fuerte y lo suficientemente rápido como para capturarla.
Lucy abrió la boca para una réplica verdaderamente impropia de una dama, pero su atención se desvió cuando una oleada de emoción tan intensa que incluso la sintió ondular atravesó la multitud. Wendy y Kana aparecieron a cada lado de ella, cada una vestida con una sudadera de Cooper Union, vaqueros y zapatillas de deporte. Kana le lanzó a Natsu una dura mirada.
—La luna está casi arriba —Dijo Kana—. Cuando supere la línea de árboles, la Caza comenzará.
—Quédate cerca —murmuró Wendy, inclinándose un poco para hablar directamente en el oído de Lucy.
—Esa rata, Zancrow, tiene algo planeado. Puedo sentirlo.
—Te creo. Confía en mí. No tengo la más mínima intención de ir vagabundeando por ahí sola. Lo prometo —Miró sospechosamente a Zancrow mientras él y Natsu seguían gruñéndose el uno al otro, a pesar de que ya no entendía una palabra de lo que decían. Habían pasado del inglés al lupino, y ahora se comunicaban con gruñidos, rugidos, Rugidos y aullidos. Wendy y Kana parecían saber que estaban diciendo, pero no se molestaron en traducírselo. No podía decir si le importaba o no.
—Veo que tiene a Orga, Sting y Rogue con él —dijo Kana, dejando claro su desdén cuando apuntó con la cabeza hacia los tres dragones que habían acompañado a Zancrow.
—Rustyrose, Kain Hikaru y Azuma —aclaró Wendy, sus ojos fijándose también con desprecio en el trío.
—Son los idiotas manos derechas de Zancrow.
—Um, creo que el idiota número tres ha escuchado eso —dijo Lucy, cuando el hombre las señaló a sus amigos. Se separó del pequeño grupo y se acercó contoneándose a las mujeres.
—¿Y que se supone que eres tú? —Se mofó Azuma—. ¿La guardaespaldas de la humana?
En forma humana, medía casi un metro ochenta, con un físico ordinario y el pelo castaño. Lucy recordó que su forma había sido por lo menos seis pulgadas más alta y con unos cien kilos de imponente músculo. Pasó la mirada deliberadamente despectiva de arriba a abajo por su cuerpo, haciendo una pausa para dar un desprecio adicional a su poco impresionante y semi erecta polla. Él gruñó.
—Necesita poca protección —Replicó Wendy—. El Alfa tiene un ojo en ella en todo momento. Y odia ver a cachorros sin valor molestándola.
—No deberías contrariarme, Wendy. Es una noche de Caza —Gruñó—. Es una mala estrategia molestar a uno de nuestros hombres. Podría decidir capturarte y hacerte pagar.
—No podrías capturarme ni con un anzuelo —Se burló—. Y no podrías tenerme si lo hicieras. Soy una mujer Beta en esta manada, Azuma. Nunca me dejaría acoplar por un Gamma como tú.
A Azuma no le gustó ese comentario, y demostró su opinión saltando los diez metros que los separaban con todas sus fuerzas y tratando de arrastrar a Wendy al suelo debajo de él. Lucy saltó fuera del camino y, afortunadamente, Wendy fue lo suficientemente rápida para hacer lo mismo. Se giró visiblemente fuera de su alcance y se rió cuando Azuma agarró aire y cayó al duro suelo.
—¿Ves lo que quiero decir? —Se burló Wendy, despreciando al hombre caído—. Eres patético. Indigno de mí. Te considero incluso inferior de lo que lo hago de tu jefe, y creo que eres un despreciable pedazo de mierda que deshonra el nombre de la manada. No creo que nunca vaya a dejar que me toques, porque eso no va a ocurrir.
La mirada rabiosa que contorsionaba su rostro hizo temer a Lucy que estaba a punto de presenciar un derramamiento de sangre, pero antes que los músculos del dragón caído pudieran cambiar y saltar, una fuerte orden cortó a través de la tensión.
—Lucy. Ven aquí. Ahora.
El tono duro de Natsu igualaba su pétrea expresión, pero Lucy rápidamente se pensó mejor lo de discutir. En otras circunstancias, podría haberse opuesto al tono dominante en su voz, pero estas circunstancias estaban muy lejos de ser normales. Había entrado en su mundo en el momento en que le siguió dentro de este Paseo, y por el momento, tenía que vivir según sus reglas. La razón trabajó lo suficiente para que se diera prisa en llegar a su lado como una pequeña buena compañera. Se detuvo junto a él y observó su perfil de granito. No se molestó en mirar hacia abajo, pero sabía que era consciente de donde estaba, hasta las mismas pulgadas. Sus ojos se mantuvieron en su primo.
—Parece muy obediente —Dijo Zancrow en un tono de voz que hizo que sus dientes se apretaran y sus nudillos tuvieran ganas de hacer contacto con esa sarcástica sonrisa—. Me pregunto si va a responder tan rápido cuando le ordene abrir las piernas para mi polla.
El asco habló en nombre de Lucy, porque su sentido común obviamente se había tomado unas vacaciones.
—No creo que sea posible —Respondió, dejando que su expresión transmitiera lo repugnante que le encontraba—. Me resulta difícil ir corriendo cuando me doblo vomitando con la idea de que me toques.
El brazo de Zancrow tembló, como si deseara atacarla, pero la presencia amenazadora y el gruñido de advertencia de Natsu le mantuvieron a raya.
—Te lo dije, nunca la tocarás. Te mataré antes de que pongas un sólo dedo en ella. Es mi compañera y no correrá para nadie aparte de mí.
—¿Compañera? —Zancrow siseó la pregunta suave y cortante, y lleno de una furia helada—. Ella no es apta para ser la compañera de uno de la manada. Es humana. No es digna ni de morderla con nuestros dientes.
Una lenta sonrisa cinceló la boca de Natsu, lo que lo hizo parecer perverso y presumido, y demasiado sexy para el bien de Lucy. Incluso en medio de su arriesgada situación, ver esa pequeña sonrisita curvando sus labios hacía que le deseara. Trató de ignorar el chispazo de lujuria, pero se hizo difícil cuando sintió una oleada de calor surgiendo de él en respuesta y vio sus resplandecientes ojos verdes encenderse con ese particular calor que conocía tan bien. La energía animal intensamente primitiva que había observado recorrer la multitud que se había estado congregando, serpenteaba más rigurosa a cada momento que pasaba, y ahora, al parecer, incluso Natsu no podía contener el efecto que tenía sobre él.
Se estremeció y se forzó a apartar la mirada de su rostro para poder concentrarse en la manada, pero le arruinó esa idea deslizando una caliente y áspera mano alrededor de su cintura para posarla sobre su apenas redondeada barriga.
—Oh, creo que esto vale mucho —Dijo finalmente, contestando a Zancrow de una manera burlona que hizo que los ojos del otro se estrecharan. Frotó la palma de su mano en círculos lentos y suaves sobre el estómago de Lucy, su mirada nunca flaqueó de la de su primo—. De hecho, yo diría que no tiene precio, ahora que el próximo Alfa Dragon Slayer crece rápido y fuerte en su interior. Felicítame, Zancrow. Lucy va a hacerme papá.
Si la expresión de Zancrow mostraba una especie de abyecto y enojado shock, se figuró que la suya propia no debía ser muy diferente. ¿Quiso decir Natsu lo que pensaba que había dicho? ¿Pensaba solamente decirle a su primo que estaba embarazada? ¿Que ella estaba ahora mismo llevando a un pequeño hombre dragón? ¡Tenía que estar fuera de su mente! No podía estar embarazada. E incluso si lo estuviera, el embrión tendría que tener menos de cuarenta y ocho horas de vida, nadie podía saber algo así tan pronto, así que estaba usando una mentira para burlarse de su ya furioso primo.
—¡Mientes! —Les siseó Zancrow, sonando más como un reptil que como un dragón, pero Lucy se sentía inclinada a estar de acuerdo con la acusación. No es que tuviera la intención de contradecir a Natsu delante de él. Cualquier juego que el hombre estuviera jugando, sabía mucho más sobre ello que ella, por lo que estaría alegremente de acuerdo con lo que él dijera. Podría rasgarle un nuevo agujero en el culo después. Cuando no estuviera frente a un bosque lleno de hombres dragón extraños.
—¿De verdad? —Dijo Natsu arrastrando las palabras.
—¡Es un truco! Un truco para tener más tiempo, pero no serás capaz de mentir delante del consejo. Ellos sabrán si estás o no estás criando con ella...
—No necesito mentir, Zancrow. Y si no estuvieras tan cegado por la codicia y la ambición, te darías cuenta que estoy diciendo la verdad.
Lucy pensó que la cabeza del hombre podría explotar, su furia era así de evidente e intensa. Vio como sus ojos se cerraban cabreados, sus músculos se tensaban y sus fosas nasales llameaban, y volvió esa rabia hacia ella.
—Tú puta —Gruñó, su cuerpo enroscado como un tirante muelle cuando dio el primer paso amenazador hacia ella—. ¿Crees que puedes entrar dentro del centro de mi manada y echar por tierra todos mis planes? ¡Voy a arrancar a ese mocoso directamente de tu estómago de mierda!
Zancrow se abalanzó hacia ella, pero Natsu fue más rápido. La cogió por la cintura y la sacó del camino, bloqueando la carga de su primo con su propio cuerpo. Lucy sintió el impacto del choque a través de sus músculos y los suyos, pero lo soportó el tiempo suficiente para sacarla de la trayectoria de Zancrow. En el momento en que la puso a un lado, Wendy y Kana estaban corriendo de nuevo, y la entregó a ellas.
—Mantenedla a salvo —Gruñó y ante sus ojos comenzó a cambiar.
Lucy observó, dividida entre la admiración y el miedo mientras su amante empezaba a transformarse de un normal, de aspecto humano, hombre a algo mucho, mucho más peligroso. En cuestión de segundos, sus músculos y tendones se estiraron y reafirmaron sobre sí mismos, cada vez más grandes, más densos, más fuertes donde cubrían sus alargados huesos. Pasó de un hombre grande intimidante a una bestia aterradoramente enorme. En su forma, se levantaba por lo menos a más de dos metros, cada pulgada con fuertes y copiosos músculos. Sus muslos parecían tan potentes como un camión Mack, y sus hombros podrían haber bloqueado la luz del sol. Espesas y lustrosas escamas crecieron hasta cubrir su cuerpo, una sombra oscura y rica de rojo que se decoloraba a caramelo en su vientre e ingle, y un destello dorado justamente entre los omóplatos. Sólo sus ojos se veían familiares, incluso en su cara dragona, con su largo hocico y afilados y mellados dientes. Vio que sus ojos se fijaban en ella, tragó saliva e instintivamente dio un paso atrás.
Le sostuvo la mirada y dio un paso hacia ella.
—No tengas miedo de mí. Nunca te haría daño, compañera mía.
Compañera. La palabra había sonado rara y exótica cuando la había usado antes. Ahora parecía casi aterradora. A pesar que había sabido que era un hombre dragón desde el momento en que le conoció, realmente nunca lo había conocido antes. No hasta ahora. En este instante, cuando aparecía ante ella con el aspecto de una criatura de pesadilla y que sonaba como el hombre que amaba.
Respiró hondo varias veces y se reafirmó mentalmente, pero Lucy finalmente enderezó los hombros y dejó de alejarse.
—No tengo miedo —Mintió, esperando que nadie la mirara de cerca y viera cómo le temblaban las rodillas y la llamaran fanfarrona—. No tengo miedo de mi compañero, o de cualquier miembro de la manada. La Luna del Clan Dragon Slayer no tiene por qué tener miedo.
—¡Perra!
Natsu se dio la vuelta y se lanzó delante de su compañera justo a tiempo de frustrar el nuevo ataque de Zancrow. Esta vez Lucy llegó a ver la transformación a gran velocidad, ya que Zancrow cambió incluso mientras saltaba. En el momento en que él y Natsu se juntaron, en una maraña de escama, dientes y desgarradoras garras, ambos estaban en forma y no tenían ninguna intención de ceder. La luna los detuvo.
Antes que los dientes destrozaran y las garras trituraran, un bajo, inquietante ruido llenó el claro y se lanzó hacia el cristalino cielo nocturno. Un dragón solitario entonó el Rugido y todo lo demás en el bosque quedó en silencio. Incluso Natsu y Zancrow se congelaron, convirtiéndose en uno para ver la brillante y plateada luna creciente elevarse sobre los árboles como el amanecer sobre el océano oriental.
—Es casi la hora —Dijo Wendy en su oído, pero cuando Lucy se giró hacia ella, vio que los ojos de la dragona estaban clavados en el luminoso cielo nocturno—. Prepárate. Cuando la luna esté arriba y el aullador se quede en silencio, corre.
Las suaves palabras de la mujer hicieron que el estómago de Lucy se cerrara, y apretó los dientes contra la oleada de pánico.
—No sé si puedo hacer esto —Susurró—. No sé si puedo.
—Eres la Luna. Puedes hacer lo que debes hacer. Y debes hacer esto.
Las palabras de la dragona terminaron con la última nota temblorosa del moribundo Rugido, y la luna quedó libre de su velo de madera. Un sólo latido de silencio y luego el bosque estalló en un ardiente incendio de excitación.
Manos duras empujaron contra su espalda cuando sus dos guardianas dragón saltaron hacia delante, impulsándola frente a ellas.
—¡Corre!
Y la Caza estaba en marcha.
