Dorados curiosos son peligrosos, pero Camus sabe guardar un secreto y por su honra no va a decir palabra. ¿Milo? Camina algo embobado a estas alturas.


N/A: Si bien esto es una reedición, no tienen idea lo contenta que me pone que aún haya gente como ustedes que le estén dando una leída. Solo espero no decepcionarles de nuevo. n.n

¡MUCHAS GRACIAS A MIS LECTORAS DE PRUEBA! A Kala por ayudarme con datos que sólo una madre puede saber, y A Yukime-chan por su apoyo.

Lo típico. Sumen 3 años a las edades de los personajes propios de la serie.

Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa.


ADVERTENCIA.

Principio 101 para ver y entender Manga: Un anti – clímax es un buen clímax.

Se requiere criterio al leer. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.


Capítulo 10:

Reunión en Tauro.

Los terrarios estaban bien seguros y por esa noche ningún escorpión escaparía de su ambiente cuidadosamente diseñado por el caballero de Escorpión. Milo se aseguraba de esto todas las noches, ya que todos los alacranes que tenía pertenecían a especies ponzoñosas… además, al vivir con alguien que le tiene terror irracional a estas criaturas, prefería asegurarse dos y tres veces, para así evitar accidentes que seguro lamentaría. Cerró con llave la sala de estar del templo y salió… miró la hora… eran las 18:30 pm. ¡Perfecto! Alcanzaba a ducharse antes de ir a Tauro. Aioros le había avisado sobre la reunión, aunque eso no era necesario: nunca se las perdía y tenía un perfecto récord de 3 años de puntualidad perfecta.

Estaba pensando en eso cuando de pronto divisó a Camus. Por su cosmo se notaba algo inquieto. Milo se puso los brazos detrás de la cabeza y decidió esperarlo para preguntarle qué era lo que le pasaba. Cuando Camus pasó por el lado, ensombreció el rostro y frunció el ceño, picando con esto la curiosidad de su amigo.

"¡Franchute! ¿Por qué traes esa cara?"

Tuve que regañar a Hyoga y a Seiya." Camus se aclaró la garganta, como quién se reprime de decir algo. "La reunión ya va a comenzar. Mejor te apuras."

"¿De qué hablas? ¡Son las 18:30! Alde nos citó a las 19:00. Alcanzo a ducharme."

Camus ni siquiera se detuvo a escuchar la respuesta, sino que siguió caminando hacia Tauro, incluso apurando el paso. Milo enarcó una ceja. ¿A este que mosco le había picado? ¿Acaso le había ofendido sin darse cuenta? Se encogió de hombros. Ya luego le preguntaría qué era lo que le había pasado. Caminó hacia las escaleras que llevaban al piso residencial con tranquilidad. Sabía que Alisa había llegado hacía un rato, pues le había ido a saludar, aunque sólo le había dado un rápido besito.

Al abrir la puerta de la casa, Milo supo de inmediato que Alisa debía estar algo inquieta o que debía haber pasado un mal día. La casa olía a detergente. Se rió para sus adentros con cariño: cada vez que algo fuera de lo común le pasaba a su esposa, esta hacía aseo general y concienzudo en toda la casa. Vio la luz de la cocina encendida y caminó resuelto hacia ella. Al entrar vio a Alisa sentada en la mesa dándole la espalda.

"¿Lis? Ya estoy aquí: ¿Necesitas algo?" Preguntó casualmente. Alisa se volteó y le sonrió.

"¡HOLA MILITO! ¿Cómo estás?"

"Bien… ¿Qué tal te fue en las ambulancias hoy? Creí que llegarías más temprano."

"Fui con Alsacia al centro comercial." Le respondió reprimiendo un bostezo. "¿Quieres comer algo? Acabo de hacerme un té, el agua debe estar caliente."

"No gracias. Tengo el tiempo justo para ducharme antes de irme a Tauro. Quizás al regreso."

"Muy bien."

Milo se fue a la ducha, dejando a Alisa sola en la cocina. Esta suspiró profundo, y de soslayo, miró hacia el sobre que había sobre la mesa, debajo de su taza de té. La chica comenzó a morderse las uñas, tomó el sobre y salió de la cocina. Quince minutos después, Milo estaba listo para irse. Armadura puesta y todo. Se encontró a Alisa en la sala, quién al verlo se le acercó y le arregló algunos detalles en los que sólo una mujer podría fijarse. Lo abrazó por la cintura.

"Alisa… No tengo planeado morirme. ¿Por qué esa despedida?"

"Porque una nunca sabe lo que puede pasar en esas escaleras."

"Jamás me he caído en esas escaleras." Afirmó con algo de hastío.

"De todas maneras más vale prevenir que curar." Afirmó Alisa encogiéndose de hombros, y los ojos muy abiertos.

"Estás nerviosa… ¿Pasó algo?"

"No." Alisa negó con la cabeza. "No pasa nada. No te tardes, por favor."

"No me tardaré. Estas cosas son de un par de minutos, a menos que haya una emergencia." Le dijo antes de besarla en los labios. "Además no me voy al otro lado del mundo."

"Pero te vas al otro extremo." Replicó Alisa con tristeza. "No te tardes."

Milo le sonrió como toda respuesta. Estaba intrigado… quizás algo había en el agua: primero Camus se portaba extraño, y ahora Alisa. El santo de escorpión salió de la casa, en el momento en que Aioros y Afro iban subiendo a buscarlo.

"Vaya, te íbamos a buscar." Le dijo Aioros. "Estamos con el tiempo justo."

"Nunca llego tarde. Sé que tenemos reunión." Chistó Milo, mientras él y sus compañeros bajaban las escaleras. "¡Hey, Afro! Primera vez que te veo a tiempo. ¿Qué te pasó?"

"Aioros me fue a buscar. Casi olvido que teníamos que ir."

"Un día se te va a perder la cabeza, Afro, si no te avispas un poco."

"Es bueno que para variar vayas a estas reuniones: siempre te las estás perdiendo." Comentó Milo. "En fin… mejor aceleremos el paso."

Alisa se había quedado mirando la puerta estática. Empuñó las manos, y dirigió su mirada hacia el sobre que yacía bastante doblado sobre la mesita de centro. Suspiró profundo y lo tomó.

"Ahora o nunca." Dijo antes de salir corriendo de la casa.

Bajó las escaleras a toda prisa, y de la misma guisa se alejó del templo de Escorpión. Llegó hasta las escaleras que llevaban a Libra y para su alivio, encontró que el trío de dorados no había bajado mucho.

"¡Milo! ¡Espera un poco!"

Los tres santos dorados se detuvieron y se giraron al ver a Alisa bajando hasta ellos. Milo subió algunos escalones. Su esposa le abrazó con fuerza.

"¿Qué te pasa que estás así?" Milo ya estaba oficialmente intrigado desde hacía rato. Alisa le sonrió.

"Ten esto." Le dijo mientras le entregaba el sobre.

"¿Qué es?"

"PROMÉTEME, Escorpión, que lo leerás antes de llegar a Tauro."

"¿Por? Si quieres lo leo aquí." Le ofreció Milo perplejo.

"¡NO!" Exclamó Alisa muy roja y con fuerza. Su marido parpadeó dos veces. "No lo leas aquí… pero léelo antes de llegar a Tauro, no aquí. ¿Me lo prometes?

"Claro… Bien… Como digas."

Alisa le sonrió con todo el corazón. Milo le echó una ojeada al sobre y reinició su marcha hacia el templo de Tauro, uniéndose a sus compañeros que le esperaban con paciencia. Alisa se quedó allí y observó cómo se alejaban cada vez más y más. Suspiró profundo cuando los vio desaparecer en Libra… miró hacia el atardecer, se sentó en el mismo escalón, y se abrazó las piernas.


Escaleras entre Virgo y Leo.

Al pasar por Virgo, descubrieron que Shaka ya se les había adelantado, por lo que el trío, que venía haciendo algunos comentarios sobre los nuevos aprendices, apenas se detuvieron en esa casa, y siguieron bajando los escalones. Aún tenían 5 minutos para llegar, pero eso podría considerarse tiempo de sobra para ellos. Afro suspiró.

"Me hubiera gustado pasar más tiempo con Helena. Todos cuentan cosas muy divertidas de la niña esa." Se lamentó Afro. "¡Oye Milo! ¿Has sabido algo de ella?"

"Sí… Está bien y ya dio más de 3 pasos sin caer al suelo. Al parecer Sofía y Cristián lo consideraron un gran evento, porque llamaron a toda la familia."

"Lo que me recuerda." Dijo Aioros de pronto. "¿Qué Tal Milo? ¿Te gustó Cuidar Bebés?"

"¡NO! Quizás por Lena pueda hacer una excepción, pero la verdad no me vuelvo a meter en ese problema sólo y por voluntad propia. Primero prefiero enfrentarme a los Berserkers del mismísimo Ares." Sentenció sin tapujos el santo de escorpión. En eso buscó en su armadura… ¡Cierto! ¡El sobre!

"¡Eso Sí Que Es un Cambio!" Dijo Afro. "Aioria me dijo que estabas muy entusiasmado hace una semana con esto de cuidarla."

"Mu dijo lo mismo. Y Saga, Y Camus, Y Shaka, aunque no lo creas."

"Lo estaba. ¡Bah! Disfruté cuidando a esa enana de todo corazón, pero no es algo que repetiría, al menos no de momento."

"¿Por qué ese cambio?" Preguntó Aioros en forma casual. Milo levantó la mirada del papel que estaba dentro del sobre y que acababa de desdoblar.

"Son llorones, dan mucho trabajo, no agradecen nada, no sabes lo que está mal con ellos, gritan por todo, hay que cambiarlos, cualquier cosa los asusta, y por su culpa hay que andar en punta…" Milo detuvo sus comentarios al leer el papel. De un momento a otro las manos se le enfriaron. "… caminar en punta… de pies." Se las ingenió para decir. La sorpresa le brotaba por los ojos.

Milo se detuvo sobre sus pasos, de pronto y sin previo aviso. Releyó el papel de nuevo, aunque sin demostrar ninguna otra expresión que no fuera una absoluta sorpresa en su rostro. Afrodita y Aioros lo observaron intrigados, y enarcaron ambas cejas cuando Milo tomó aire dos veces y en forma profunda, antes de girarse sobre sus talones y emprender la subida.

"¿Milo? ¿Pasa algo?"

"Nada Aioros…" Dijo como si le hablase a un fantasma, doblando el papel y metiéndolo en el sobre de nuevo con mucho cuidado. "Por favor, avisa que voy a llegar más tarde. Surgió algo."

Sin dar más explicaciones, Milo siguió subiendo dejando a Aioros y a Afro con la curiosidad viva. No obstante, lo único que hicieron estos aparte de intercambiar miradas, fue encogerse de hombros y seguir bajando hasta Tauro, para asistir a la reunión.


Casa de Escorpión.

Cuando Alisa le vio aparecer en Libra, abrió los ojos y aguantó la respiración. Milo subió hasta ella, en apariencia tranquilo, y se sentó junto a ella, como quien deja caer un saco de piedras al suelo. Ambos dirigieron la mirada a la dirección contraria. Alisa se pasó la mano por la nuca, y Milo volvió a suspirar.

"¿Sabías que soy el idiota más imbécil del Santuario?" Le preguntó luego de tomar una bocanada de aire.

"Sí… lo sabía." Le respondió. "Aunque tienes tus momentos de lucidez de tanto en tanto." Bromeó un poco.

"No tienes que apoyarme en eso." Sugirió sintiéndose como un aprendiz.

Momento de silencio. Ambos descubrieron que las escaleras entre los templos tenían bonitas decoraciones, en las que no se habían fijado antes. La luz comenzaba a desvanecerse, y las figuras comenzaron a hacer oscuros contrastes contra la noche. Milo volvió a sacar el papel, lo desdobló y lo releyó de nuevo. Miró a Alisa de reojo: esta tenía los ojos brillantes y algo hinchados. La chica se mordía los labios.

"¿Es… Est… Estás enojado?" Balbuceó con timidez.

Milo levantó la cabeza de golpe, y la miró como si esta le hubiera preguntado por algo que estaba fuera de lugar. Frunció el ceño, aunque esa expresión desapareció al cabo de unos segundos. Volvió a tomar aire, y se sobó las sienes.

"¡¿ENOJADO?! ¿Enojado yo?" Milo se refregó la cara con las manos. Alisa se mordió las uñas. La miró con una gran sonrisa. "¡¿Enojado?! ¡NO ESTOY ENOJADO! ¿Hablas en serio? ¿Cómo podría estar enojado? Estoy… Estoy… tengo frío." Milo se detuvo. Se pasó una mano por el pelo. No tenía ni la más remota idea de cómo se sentía. Quizás era euforia. "¿Estás segura? ¿Segura, segura? ¿Así como quién dice segura, segura, SEGURA?"

"… Sí. Este yo… Fui a ver a Cristián esta tarde… porque me llegó ese papel hoy…" Alisa se pasó la mano por la cabeza. "Verás… el sábado en el hospital me hicieron algunas preguntas que no supe responder… y bueno… me hicieron los exámenes… llegaron hoy… Y bueno, me dije 'Alisa, tu cuñado es ginecólogo, ve, pregúntale y haz que sirva de algo' y eso hice… aproveché que…"

Milo le cerró la boca con un beso, para luego aferrarla entre sus brazos. No quería soltarla por nada del mundo. Quería estar así para siempre con ella… mientras le escuchaba hablar había finalmente comprendido como era que se sentía. Feliz. Alisa le devolvió el abrazo y dejó de hablar. Se quedaron así largo rato, abrazados y en silencio, disfrutando la presencia del otro y de la noticia… Hasta que Milo tomó en brazos a Alisa y se la llevó al interior de la casa.


Casa de Tauro.

Si bien allá arriba en Escorpión era todo bonito y de colores preciosos, las cosas en Tauro eran bastante diferentes a como uno se las imaginaría. Luego que Hyoga y Seiya picaran la curiosidad del santo de Capricornio, este decidió que no sería el único dorado que se quedaría así con la curiosidad a flor de piel, por lo que primero fue a averiguar más detalles con los demás, a ver si podía averiguar algo. Con esto pretendía no sólo evitarse un castigo por provocar un nuevo malentendido, sino que también picar la curiosidad de los demás dorados y que así le ayudaran a investigar, cosa que logró con bastante éxito.

Pero Camus no es un hueso fácil de roer. El santo de Acuario se sometió, a medida que bajaba por las casas del zodiaco, a toda clase de interrogaciones e incentivos para que soltara el secreto, pero como nadie lo consiguió, una vez que llegó a Tauro tuvo que soportar el acoso de todos los dorados a medida que estos llegaban y se enteraban de la noticia.

¿Cuál era la noticia? ¡Fácil! Camus tenía un chisme fresco que Alsacia apenas le había dicho y no quería soltarlo por su honor de caballero dorado de Athena.

Claro que eso no tenía por qué gustarle a los demás. A estas alturas del partido, todos estaban demasiado impacientes por saber este chisme, habían olvidado que se habían reunido en Tauro por cuestiones de trabajo y tenían arrinconado a Camus contra la pared… excepto por Docko, que miraba divertido cómo el montón de críos (según él) hacía las veces de detectives.

"Muy bien franchute: o nos dices por las buenas o Papá Saga te obliga y no te va a gustar." Advirtió Saga, aprovechando que Camus estaba siendo sujetado por Aldebarán y apenas podía moverse.

Porque es cierto… Camus había tenido que dar algunos golpes para defenderse, pero todo había sido inútil. Muy caballero dorado era, pero quienes querían sacarle información también eran dorados, y eran más de 6.

¡Hay que ver lo que hace la curiosidad masculina!

"No me gusta que me dejen en curiosidad en mi propia casa." Gruñó Aldebarán. "¡Habla Cubo De Hielo!"

"¡Condenados Sean Todos!" Camus gruñó mientras forcejeaba por su libertad. Se sentía como transportado a la época del Terror de la Revolución Francesa. "No les diré nada: ¡le prometí a Alsacia que no diría nada! ¡Déjenme Ir!" La temperatura bajó varios grados.

"¡Alsacia no se va a enterar! ¡Te lo prometo!" Exclamó Máscara de la Muerte, mientras le apuntaba una linterna tamaño Aldebarán a la cara, cegándolo un poco. "¡Dilo Por Las buenas o Te Va A Doler!"

"Camus. El buen Buda dice que no hay que ocultarle secretos a los amigos." Chistó Shaka.

"¡También dice algo contra Las Mentiras, Shaka! ¡Acabas de Inventar Eso!" Protestó Camus con energía.

"Ya déjenlo en paz." Pidió Mu de pronto con su habitual calma, hablando por primera vez esa noche. Camus lo miró esperanzado… ¿Acaso se había apiadado de él? Mu se tronó los nudillos. "Hay que usar otras medidas, esto no está funcionando: Puedo hacerlo hablar de otro modo." Nope. Camus no tenía esa suerte.

"Niños… por favor…" Protestó Docko, entornando los ojos. "Ya dejen a Camus en paz y trabajemos."

"Disculpen la demora." Dijo Milo abriendo la puerta, aunque nadie lo tomó en cuenta.

Ignorando lo que le estaba pasando a su mejor amigo, Milo se sentó en el sofá muy tranquilo y se dedicó a observar el mismo papel de antes… y otro nuevo, que no había podido dejar de ver en todo el rato. El único que advirtió esto fue Docko, pero le restó importancia, ya que estimaba que el que más problemas tenía era Camus. Los dorados siguieron con su interrogatorio sin obtener nada a cambio. Mientras más presión ejercían sobre el santo de Acuario, este más castigo le agregaba a Hyoga: estaba seguro que él estaba detrás de esto.

Milo siguió embelesado observando el papelito a medida que sus compañeros seguían acosando a Camus por respuesta. Era como si nadie se hubiera dado cuenta que había llegado, aunque eso no le importaba. Pero esto no duró mucho rato.

"¡Milo! ¿Se puede saber lo que te demoró? ¡Necesitamos tu ayuda!" Le dijo un impaciente Aioria.

"¡El Cubito de Hielo tiene un secreto y no nos quiere decir nada!" Exclamó Shura. "¡Seiya y Hyoga Me Dijeron! ¡Necesitamos tu ayuda para que confiese!"

Camus gruñó por lo bajo. ¡Debió haberlo sabido! Ahora sí que su alumno no se salvaba del castigo. Tampoco Seiya, porque se aseguraría de hablarle pestes a Marin sobre él. ¡Si Él Sufría, No sufriría sólo! Pero Milo no reaccionó… es más, ignoró totalmente a Aioria y a Shura. Esto atrajo la atención sobre sí.

"¡Milo! Te estamos hablando… ¿Qué no quieres saber lo que Camus no nos quiere contar?"

"…"

Nada, Milo seguía embobado con el papel. Docko, Saga y Kanon, los más cercanos a él, se acercaron a ver qué era lo que tenía a Milo tan abstraído. A notar esto, Milo escondió lo que estaba mirando.

"¿Qué quieren ustedes tres? ¿No puedo tener un poco de privacidad?" Gruñó aprehensivo. Antes de darse cuenta, estaba forcejeando con los gemelos. "¿Qué les Pasa?"

"¡Déjanos ver, sólo queremos ver!"

"¡Pídanlo Por Favor Y En Forma Decente!" Un descuido de Milo bastó para que Saga le quitase el papel. "¡Devuélveme eso!"

"¡NO hasta que vea de qué se trata!" Dijo Saga con una traviesa sonrisa. Miró el papel, pero la cara de pregunta que puso llamó la atención de todos. Por fin habían dejado a Camus tranquilo. "¿Qué se supone que estoy mirando?" Preguntó Saga confundido. Milo le quitó el papel, pero Kanon se lo quitó a él.

"¡Dije Que Eso Es Mío!"

"¡No te pongas así, Milo! te van a salir arrugas… tan solo quiero ver de qué… ¡¿Pero Qué Brujería…?!" Kanon se quedó mudo. Al parecer él sí sabía lo que estaba mirando, ya que le devolvió el papel a Milo. "Disculpa…"

"…"

Milo guardó el papelito en su armadura, como para protegerlo de un eventual daño. Se sentía aprehensivo respecto al mismo. Tomó el sobre y lo guardó como medida de seguridad. Cuando alzó la cabeza, descubrió que era el centro de atención. Los dorados lo miraban como si él fuera un trozo de carne y ellos un montón de gatos hambrientos.

"¿Qué?"

"¿NO nos vas a decir?"

"¿Decirle qué? ¡No Les Importa!"

"¡No nos dejes en suspenso!"

Milo se puso como tomate y se cruzó de brazos. No era muy amigo de contarles a los demás, aunque sabía que tarde o temprano tenía que hacerlo. Kanon retrocedió hasta el fondo, donde Camus esperaba. El santo de acuario había dejado de ser el motivo de la curiosidad de los dorados.

"Camus… ¿Es lo que pienso que es?" Preguntó en voz baja.

"Si eso es lo que pienso, entonces lo que piensas que es, es."

"Ay madre…" Kanon exclamó tragando aire. "Aaaaaw."

Milo sacó el sobre, de donde sacó el papel que había estado mirando como si se tratase de un tesoro. No aguantó mucho el acoso de sus compañeros… el santo de escorpión observó el papel una vez más: igual moría de ganas por compartir la noticia. La enorme sonrisa que tenía en el rostro era un claro indicio. No obstante frunció el ceño: tenía que poner reglas bien claras.

"¡Si Algo Le Pasa A Este Trozo de Papel, Les Juro Que Tendrán Que Recogerlos Con Cuchara!" Gruñó muy serio.

"No seas exagerado Milo. Además estás en mi casa y aquí nadie le va a pegar a nadie sin mi… permiso." Aldebarán se quedó viendo el papel que ahora Milo le enseñaba. "¿Qué estoy mirando?"

"Por Athena." Balbucearon Aioros, Aioria y Afrodita. Ellos sí habían reconocido la imagen.

"¿Acaso eso es…?" Preguntó Mu.

"¡Qué Alguien describa! ¿Qué Miran?" Pidió Shaka, quien tenía los ojos cerrados.

"Yo no más veo manchas grises, negras y blancas." Protestó Saga algo ofuscado. "¿Qué es?"

"Una ecografía." Dijo Docko suspirando. "¿Es de…?"

Milo sonrió de oreja a oreja y luego guardó la ecografía en el sobre y este entre su armadura.

"Sí… se la sacaron hoy a Alisa… tiene unas 9 semanas de gestación…" Milo tomó aire e infló el pecho. "Voy a ser papá a finales de Noviembre. ¡Esta Vez Va En Serio!"

Hay pocas cosas que dejan a un santo dorado sin palabras, sorprendidos y sin saber cómo reaccionar. Esta noticia fue una de ellas. El piso residencial de Tauro se sumió en el más profundo de los silencios… Hasta que un feliz Docko le dio un golpe de felicidad en la espalda a Milo a modo de felicitación, para luego atraparle la cabeza en una complicada llave y proceder a refregarle los nudillos en la frente. El santo de Libra estaba al borde de las lágrimas.

"¡TE FELICITO MUCHACHO! ¡LE HAS ALEGRADO LA VIDA A UN VIEJO! ¡QUE ALEGRÍA SABER ESTO!"

Entonces la Casa de Tauro estalló en felicitaciones.

Un minuto de silencio por la espalda y los huesos de Milo, que sufrieron ante los abrazos y las felicitaciones de sus eufóricos compañeros de armas.

Estancia del Patriarca.

Saori no cabía en sí de la emoción. No hacía mucho que Milo y Alisa le habían comunicado la buena noticia. La joven diosa parecía como si estuviera con hiperkinesia causada por exceso de azúcar, ya que corría de un lado a otro con infantil entusiasmo.

"¡ESTO ES GENIAL SHION! ¡QUE GENIAL NOTICIA! ¡YA QUIERO QUE SEA NOVIEMBRE!" Exclamó en medio de risas. "¡HAY QUE ORGANIZARLO TODO! ¡HARÉ UN BABYSHOWER! ¡TENGO QUE TEJERLE ALGO! ¡Soy la diosa de los tejidos después de todo! ¡ESTO ES TAN EMOCIONANTE…! ¿Shion?"

Saori se detuvo ante el Patriarca, quien apenas se había movido de su lugar. Este tenía los ojos llenos de lágrimas y parecía reprimir varios gimoteos… o más bien el aspecto de que estaba sufriendo un paro al corazón. Athena le dio un jaloncito a la manga del Maestro.

"¿Shion? ¿Estás bien?"

El Maestro se golpeó el pecho de nuevo y cerró los ojos, haciendo que las lágrimas que estos contenían cayeran por sus mejillas. Saori parpadeó un par de veces.

"¡Seré Abuelo De Nuevo!" Gimoteó Shion lleno de felicidad.

Una gota de sudor resbaló por la cabeza de la diosa.

Continuará.

Por

Misao-CG.


No hay adelanto del próximo capítulo… Ya que es el último n_n.


PS: ¿Quién lo diría? No sólo escribí los capítulo el mismo día, sino que no pude contenerme para escribir este… el mismo día. Espero que las rachas de inspiración de mi Musa hayan estado acertadas. Es cosa de ver qué tal les pareció a ustedes.