Tras una ilusión

El inesperado viaje

Kagome e Inuyasha volvían en el auto taciturnos, suspirando ambos de vez en cuando, envidiando sin restricciones la buena suerte de Sango y Miroku.

- Inuyasha… - Llamó Kagome pensativa.

- ¿Ummm?

- Cuando me vaya… - Dijo volteándose para mirarle fijamente. - ¿Me extrañarás?

Inuyasha le miró de reojo y pensó un rato su respuesta. Él nunca había sido muy abierto con respecto a sus sentimientos, pero "ya que coño" pensó molesto, daba igual que se lo dijera o no, nada iba a cambiar las cosas. Exhaló largamente antes de responderle.

- Sí te extrañaré, Kagome. Debo confesarte que antes de que llegaras, me sentía solo muy frecuentemente. – Musitó levemente sonrojado.

Kagome sonrió enternecida.

- Gracias Inuyasha, gracias por el cariño que me das. – Dijo ella serenamente y sin tapujos. Inuyasha en ese momento iba a protestar y decirle que no la quería, pero recordó que para su mala suerte, Kagome leía los sentimientos de la gente y no servía de nada que le mintiera. Así que se limitó a asentir.

Cuando bajaron del auto ya en el edificio, subieron al apartamento y entraron en el mismo silencio en el que habían venido.

- Kagome… - Llamó Inuyasha al ver como ella caminaba dispuesta a entrar en su habitación. Pero ante su llamado, volteó a verle. - ¿Sabes? Quiero que mañana te levantes temprano pero no para ir a trabajar, vamos a otra parte. – Dijo con una sonrisa entre cálida y melancólica.

- ¿A dónde? – Parpadeó confundida.

- Es una sorpresa. – Informó enanchando su sonrisa. – Tú has hecho mucho por mí, por tanto, quiero hacer algo por ti.

Kagome no entendió del todo sus palabras, pero de igual forma le sonrió y asintió.

- De acuerdo.

Luego, ella se retiró a su habitación y él buscó el teléfono ya que debía hacer algunas llamadas para organizar su plan.

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Kagome despertó somnolienta al sentir el agudo sonido de aquel aparato que siempre olvidaba el nombre. Gimió al estirarse como un felino y finalmente abrió los ojos. Se sentó en la cama y pasó sus manos por su cabellera, limpiando su rostro de los mechones de pelo que se habían adherido a él. Corrió las sábanas y se levantó, caminó al baño y se aseó con parsimonia.

Para cuando salió, colocó una toalla alrededor de su cuerpo y pasó inmediatamente a su habitación, se sorprendió de ver una ropa ya puesta en su cama, como si alguien se la hubiese escogido. Frunció sin entender mirando para todos lados en busca del causante de aquella acción pero no vio a nadie.

- ¿Inuyasha? – Llamó confundida sin obtener respuesta. Y así, encogiéndose de hombros, tomó la ropa y accedió a vestirse.

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Kagome finalmente se había terminado de arreglar, usando unos jeans, zapatos deportivos y una franela de algodón, bastante cómoda, junto con un suéter amarrado a la cintura. Llegó hasta la cocina y se sorprendió nuevamente, al ver allí a Inuyasha, afanado haciendo torpemente unos sándwiches y casi destrozándolos al meterlos torpemente en un recipiente evidentemente pequeño a comparación de la cantidad de comida.

- ¿Qué haces? – Preguntó preocupada al ver la determinación y azore del muchacho.

- Vamos tarde. – Masculló enfurruñado mientras se rendía y pasaba a otra actividad, que consistía en llenar una cantimplora con agua.

- ¿Para dónde? – Volvió a inquirir, acercándose a una de las alacenas y sacando otro recipiente de plástico. Se dirigió a la mesa y dividió en mitades iguales la cantidad de sándwiches, colocando cada mitad en un respectivo pote, entrando sin mayores problemas. Inuyasha observó el proceso y bufó enojado al ver que algo tan lógico y elemental como esa solución no se le hubiera ocurrido a él.

- Ya te dije que era una sorpresa. – Dijo distraídamente metiendo en la mochila un paquete de galletas, una bolsa de caramelos y un botiquín de primeros auxilios. Kagome parpadeó al ver tal cantidad de cosas, dedujo que se iban de viaje, pero si no había maleta de ropa ¿para qué necesitaban todo eso? ¿Era tan lejos ese lugar?

- ¿Necesitas ayuda? – Preguntó ella. Inuyasha la miró en modo de reproche. Evidentemente que sí.

- Pues sí. Tengo años que no tomo vacaciones y no recuerdo mucho de la planificación de viajes. – Musitó cerrando la cremallera del bolso, para luego tomarlo y caminar hasta la sala, dejándolo en el sofá junto a dos inmensas maletas. Bufó nuevamente, ya harto de tanto preámbulo para un simple viaje.

- Te recuerdo que acabas de tener unas vacaciones. – Le dijo ella casi en un murmullo pero él logró escucharle perfectamente.

- Esas no valen. – Dijo rápidamente para luego dirigirse al baño y sacar de allí algunas cosas.

- ¿Por qué tienes dos maletas? – Inquirió Kagome.

- Una tiene tu ropa y la otra tiene mi ropa. – Gritó desde el baño, sin poder ver el sonrojo que se apoderó de las mejillas del hada al saber que él seguramente había manipulado su ropa interior.

- ¿To…toda mi ropa? – Preguntó tragando saliva nerviosamente.

- Sólo algunas prendas, pero si quieres revisa porque me faltó la ropa interior y artículos de higiene, que por respetar privacidad, preferí no tocar.

Kagome suspiró aliviada por esa aclaración. Luego caminó hasta su habitación para recoger las cosas que faltaban.

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Ambos ya habían logrado preparar todo y según Inuyasha, aún estaban a buena hora. Subieron al carro, luego de guardar dificultosamente las maletas en la cajuela del vehículo. Finalmente, iniciaron su viaje.

- Dime, ¿a dónde vamos? – Preguntó Kagome por enésima vez. Inuyasha suspiró cansinamente.

- Kagome, te quiero hacer una pregunta.

- Dime. – Dijo sonriente. Inuyasha no se inmutó ante la exagerada ternura que mostraba la muchacha con el afán de que le dijera el destino del viaje.

- ¿Qué entiendes tú por sorpresa?

- Ummm… ¿algo que se le ofrece a alguien de improviso y que no tenía idea de que era?

- Precisamente. Por tanto, no me pidas que te diga a donde vamos nuevamente, o inmediatamente nos regresamos, ¿entendido?

Kagome hizo un puchero, pero Inuyasha se mantuvo reacio, así que a ella no le quedó más que aceptar.

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Ya habían transcurrido alrededor de hora y media y Kagome miraba extasiada la diversidad de cosas, elementos y personas que se veían en el paisaje. Inuyasha sonreía satisfecho de que así fuera.

Luego de unos cuantos kilómetros más, se detuvieron en un restaurante, que era uno de los más decentes que habían podido divisar. Se bajaron con la esperanza de estirar las piernas un rato para luego retomar la marcha. Entraron en el lugar, fijándose en las comidas que vendían, ya que lo de "restaurante" era puro nombre, puesto que no llegaba a tanto. Notaron la comida y lo condimentada y vieja que se veía, así que prefirieron optar por comer los sándwiches que Inuyasha había preparado y traído en su mochila, comprando sólo dos refrescos de lata y saliendo inmediatamente.

- ¿Eso era para humanos? – Preguntó Kagome sorprendida, una vez afuera.

- Supuestamente, aunque parece que hubieran sacrificado a un pobre gato callejero para hacer esa "comida"

- Y eso hace unas cuantas semanas atrás. – Le completó ella, haciendo ambos simultáneamente una mueca de desagrado.

Subieron al carro y se dispusieron a comer sus nutritivos sándwiches de queso.

- ¿Inuyasha? – Llamó Kagome notando como su interlocutor dejaba de masticar para mirarle. - ¿Por qué…por qué haces todo esto? – Cuestionó confundida.

Inuyasha suspiró y se acomodó en el asiento terminando de tragar el bocado que estaba masticando y dejando el sándwich a un lado.

- Esta es la última semana contigo y…posiblemente no te vea más nunca. Sé que es porque así se te exige pero igualmente, ese hecho no me agrada. – Musitó con la mirada dolida. – Por ello, no quiero que pasemos los que nos resta de días juntos como unos becerros que esperan sumisamente su muerte en el matadero, comunicándonos con miradas pesarosas y palabras melancólicas. Si tienes que irte tan rápido, ¿por qué no disfrutarlo hasta donde alcance?

- Ah…entiendo…gracias… muchas gracias - Susurró con los ojos empañados por las lágrimas y con una sonrisa agradecida. – Inuyasha…te quiero mucho. – Le dijo cariñosamente abrazándolo. Inuyasha se sorprendió del gesto y sonrió levemente, quiso decirle: "¿Ah sí? Pues, yo posiblemente te amo, Kagome" Amplió su sonrisa notando el rumbo de sus pensamientos y lentamente se separó de ella.

- Ya, debemos continuar. De lo contrario nos agarrará la noche en carretera. – Dijo sonriente limpiando con sus dedos el rastro de lágrimas que había en el rostro de Kagome. Ella asintió sonriente y se acomodó en su respectivo asiento. Inuyasha dio un último mordisco a su sándwich y lo dejó en su respectivo envase para luego encender el vehículo y retomar su marcha.

Luego de unas seis horas más, en las cuales, como tres sextas partes de este tiempo Kagome durmió serenamente, llegaban a una cabaña que estaban cerca de unos lagos. Ya Inuyasha sentía escozor en sus ojos debido al tiempo invertido en la atención a la carretera y mucho cansancio debido a los muy frecuentes lunáticos chóferes que se le atravesaban en el camino, los cuales, insultaba enérgicamente, despertando sin querer a su dormilona acompañante de vez en cuando. Suspiró ruidosamente una vez estacionado su carro. Kagome al escucharlo, abrió los ojos y se estiró somnolienta. Le sonrió a Inuyasha y luego se dedicó a observar el paisaje que le rodeaba, pestañeó un par de veces, intentando enfocar mejor los objetos y se dio cuenta que estaban rodeados por bosque y naturaleza. Frunció sin entender.

- ¿Por qué me has traído aquí? – Inquirió confundida. Inuyasha sonrió satisfecho y miró.

- Eres un hada, ¿qué cosa mejor que la naturaleza para alegrarte? – Preguntó con aparente lógica.

Kagome intentó sonreírle pero su actuación no fue muy buena, notándolo así al ver como Inuyasha le miraba apenado.

- Disculpa…debí haberte preguntado antes de… - Empezó a disculparse pero Kagome le interrumpió.

- ¡No es eso! – Exclamó angustiada de ver tanta decepción en aquellos orbes dorados. – Es que…como tú mismo has dicho, volveré en una semana y rodearme de naturaleza…sólo, sólo me lo recuerda constantemente… - Musitó cabizbaja. Inuyasha suavizó sus facciones y con su mano le alzó el rostro a ella para que lo observara.

Cuando ella lo divisó, vio la sonrisa consoladora por parte de él y como le miraba con ternura.

- No sabía que esto te atormentaba…sin embargo, no quiero que mires tus obligaciones con horror, puesto que sé que tú, a diferencia de mí, vivirás eternamente y si te mantienes triste todo ese tiempo, no podría morir en paz sabiendo que tú sufres. Por ello, prefiero que veas a la naturaleza como la última oportunidad de estar conmigo, ¿qué dices? – Le sonrió notando la duda en los ojos marrones de ella, ya llorosos nuevamente. Finalmente, asintió sonriente.

- De acuerdo…este será el último regalo de la naturaleza para conmigo entonces… - Musitó viendo como Inuyasha sonreía satisfecho y volvía a acercar sus labios a los de ella, fundiéndose en un suave beso.

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¡Dios, que meloso y melancólico! Pero entiéndanme, no me ha ido muy bien que se diga en estos días y creo que inevitablemente pasé esa tristeza al fic, aunque creo que cuadra con la trama actual, ¿no? xD. Bueno, muchas gracias por los reviews, lamento haber tardado pero no tenía idea de cómo continuar el fic y pues, ya me llegó la inspiración, aunque en condiciones no tan deseadas, xD. De todas maneras, espero que les haya gustado y me dejen su opinión. Sayonara.