Sí, colgamos mucho, lo sentimos, aquí tenéis nuevo capítulo, esperamos que lo disfrutéis ;) Gracias por los comentarios y por seguir leyéndonos. Saludos!
Capítulo 12
-A mí me gustaría investigar otras cosas Mills…-
Regina podía sentir las manos de la otra mujer recorriendo con delicadeza sus muslos de arriba a abajo.
-¿Otras cosas como qué?- sonrió acercándose a sus labios y los besó suavemente.
Las manos de Emma seguían subiendo lentamente, cada vez acercándose más a la ropa interior de Regina por la abertura de su corto pantalón.
–Tengo muchas ideas… yo soy una chica muy divertida e inteligente-
-Me gusta eso… quizás necesite algo de ayuda para investigar correctamente- a pesar de la situación, la morena no podía olvidar que nunca había estado con una mujer. O sí, pero el único encuentro que tuvo con Emma, fue ella la rubia la que lo hizo todo.
-No te preocupes… a mí me encanta investigar y puedo darte muchas clases prácticas- rio un poco y pasó la lengua por el lóbulo de la oreja de Regina.
La morena sintió un escalofrío por todo su cuerpo, apenas habían comenzado y ya estaba calentándose. Puso la mano en cuello de Emma y acercó su rostro besándola con muchas ganas.
La rubia le quitó la camiseta a Regina y la tiró a un lado.
–Me encantas- dijo en un suspiro en sus labios. Metió sus manos por debajo de su sujetador y presionó fuerte uno de los pezones de la morena.
Regina gimió, para ella era de otro mundo la forma en que la estremecía el mínimo contacto con la rubia. Sus pezones estaban sensibles por la excitación del momento y se acercó de nuevo a ella mordiendo su labio inferior y tirando un poco de él. Estaba siendo espontánea, lo cual no era propio de ella, y le gustaba.
Se miraron a los ojos, sus miradas cada vez eran más turbias debido a la excitación. Aún estaban sentadas en el sofá.
Emma corrió a un costado el sujetador rozando uno de los pezones de Regina. Lo dejó así y pasó su lengua tan lento que para Regina fue casi doloroso. Quería que Emma le diera más y así iba a ser. De un momento a otro, sin que la morena se lo esperase, Emma lo succionó clavando un poco sus dientes.
Regina arqueó su cuerpo gimiendo entre jadeos mientras notaba cómo la humedad iba creciendo entre sus piernas. Acarició la espalda de Emma, clavándole las uñas levemente y antes de que se diera cuenta, la otra mujer le había quitado el pantalón. En su cabeza la sensibilidad en ciertos lugares como los pezones era simplemente un mito… pero su actual pareja sexual la estaba haciendo alucinar.
Dos dedos de Emma se metieron por debajo del tanga de Regina. La miró fijamente a los ojos y rozó su clítoris levemente, estaba hinchado, deseoso de atención.
-¿Te gusta esto?- susurró con voz de perra.
Los ojos de la morena estaban entrecerrados por el placer y asintió.
–Me encanta- se abrió más de piernas ofreciéndose a ella.
Emma la empujó un poco haciendo que se recostara sobre el sofá, verla tan dispuesta hacía que se calentara mucho. Bajó su tanga y contempló su sexo con mirada lasciva, volvió a tocarla con dos de sus dedos, encerrando su clítoris en ellos y los movió un poco.
–Me encanta que estés tan mojada-
Todo eso estaba matando a Regina, no dejaba de emitir pequeños gemidos que se escapaban de su boca, además, Emma no paraba de verla con esa mirada… que había visto varias veces cuando aún no pasaba nada entre ellas y no entendía a qué se debía. Pero ahora sí lo sabía, ¡vaya que lo sabía! y eso hacía que aumentara su excitación de manera exponencial.
–Es el efecto que tienes en mí…- dijo entre jadeos.
Los dedos de la rubia empezaban a moverse más rápido sobre su clítoris, notaba que iba a explotar en cualquier momento, estaba demasiado empapada como para parar. Sus dedos se deslizaron por el sexo de la morena, recorriendo cada rincón, pero no se hizo esperar más. Los metió hasta el fondo dentro de ella y se acomodó sobre su cuerpo para entrar con más facilidad.
Regina gimió con fuerza, no podía controlar sus caderas, que dominadas por el deseo, se movían frenéticamente en busca de más placer. Llevó sus manos al culo de Emma y la apretó contra su cuerpo.
–Dios Emma…-
Estaba tan mojada que los dedos de la rubia se resbalaban con facilidad, así que agregó uno más moviéndose rápido y duro dentro y fuera de ella.
La morena se retorcía bajo su peso, temblaba de placer y gemía cada vez más fuerte. Sentía cómo estaba a punto de correrse, Emma la llenaba por completo, cada vez más rápido y más placentero. Agarró con fuerza el sofá y echó la cabeza hacia atrás gritando mientras tenía un orgasmo intenso.
La rubia sacó los dedos de su interior con cuidado y se acercó a besarla mientras sentía cómo su corazón latía desbocado.
Regina correspondió al beso apasionadamente y se separó un poco mirándola mientras su respiración seguía agitada por el reciente orgasmo.
–Vas a volverme loca del todo- sin decir nada más metió sus manos por debajo de la camiseta de la rubia y comenzó a acariciarla.
–Vamos a la cama…- le dijo en un susurro.
-Vale…- Emma mordió su labio inferior sintiendo que necesitaba que se lo hiciera ya. Caminó hasta la habitación y se tumbó en la cama vestida.
Regina, completamente desnuda, se acercó a ella sentándose sobre sus piernas y se puso cerca de su rostro.
–Vamos a ver qué esconde por aquí, Swan- sonrió y subió la camiseta de Emma quitándosela. Agachó su cabeza y besó su cuello dándole pequeños mordiscos. Regina se sentía algo nerviosa. Seguía muy caliente pero le gustaba ser buena en todo lo que hacía y el sexo no iba a ser una excepción. Quería ser excelente para la rubia, que seguramente, ya había probado suerte con muchas otras mujeres.
-No escondo mucho…- su respiración estaba agitándose.
La morena podía notar cómo la piel de Emma se erizaba con cada uno de sus besos. Sus manos trazaron una línea imaginaria desde el vientre de la rubia hasta sus pechos, haciendo que por poco se le cortara la respiración. Le quitó sujetador liberando unos hermosos pechos firmes. No eran grandes, más bien pequeños y se complementaban a la perfección con su trabajado pecho. Los pezones, duros, la invitaban a probarlos, no lo dudó, se acercó a ellos lamiéndolos, disfrutando de su suavidad y se entretuvo con ellos hasta que estaban más duros. Era la primera vez que hacía algo así, pero lo estaba disfrutando.
La rubia estaba sorprendida por las habilidades de la otra mujer, los gemidos empezaban a salir de su boca.
–Qué bien vas Mills…-
Regina sonrió y bajó sus manos hasta los vaqueros de la forense, los desabrochó y los bajó completamente junto con la ropa interior colocándose entre sus bien formadas piernas.
-¿Y usted está mojada Swan?- se apresuró a comprobarlo por sí misma llevando su mano a su humedad
-Sí… mucho- la miró fijamente mordiéndose el labio –Si sigues así vas a resolver este caso muuuy rápido Mills-
La morena sonrió y empezó a mover su cuerpo sobre la otra mujer, haciendo que sus dedos rozasen con su sexo cada vez que se movía. Se acomodó mejor y se acercó a sus labios besándola, no se cansaba de hacerlo.
–No quiero que sea rápido…- sonrió pícaramente y usó dos dedos acariciando su clítoris, los bajó mojándolos en sus jugos y volvió a masajear la zona de máximo placer.
-Eso es imposible… me tienes demasiado caliente…- gimió –No voy a poder contenerme mucho-
Regina pasó su lengua sensualmente por el cuello de Emma, soltando una risita y mordió el lóbulo de su oreja tirando de él mientras sus dedos empezaron a moverse más rápido. Los gemidos aumentaban y sentía cómo su mano se iba empapando, pero no quería que se corriera sin haber estado dentro de ella, así que no esperó más y entró de golpe con tres dedos.
Emma gritó al sentirla dentro.
–Menos mal que quería aprender…- habló costosamente.
Con su mano libre, la morena hizo que Emma se abriera aún más de piernas y empezó a meter y sacar los dedos. Los sacó completamente y los volvió a meter hasta el fondo, nunca antes había hecho aquello, pero lo estaba haciendo como le gustaba a ella cuando se tocaba a sí misma. Notó la cara de placer de la rubia y sabía que no iba mal encaminada.
La forense sabía que iba a correrse en cualquier momento, parecía que la morena sabía muy bien lo que hacía, la estaba sorprendiendo mucho. Rodeó el cuerpo de Regina con sus piernas y movió sus caderas fuertemente notando cómo no podía contener más su orgasmo. Comenzó a correrse como hacía mucho tiempo que no hacía mientras sentía espasmos por todo su cuerpo. Miró a la otra mujer con la boca abierta, respirando fuerte.
La morena no había apartado la mirada del rostro de Emma, ver su cara mientras se corría había sido una experiencia única. Darle placer a alguien de esa manera parecía algo de otro mundo, se sentía una tonta por el sexo tan monótono que había tenido durante toda su vida. Sacó sus dedos de su interior y se dejó caer con cuidado sobre ella.
-Presiento que a alguien le gusta tener el control dentro y fuera del trabajo- la rubia rio mientras acariciaba la espalda de su compañera.
Regina sonrió.
–Me gusta tener el control en todos los ámbitos de mi vida-
-Pero en esto se le va a complicar mucho señorita… hace años que siempre llevo el control en la cama-
La morena levantó una ceja.
–Bueno, eso ya lo veremos- le dio un pequeño mordisco en la mejilla y se quedó relajada a su lado.
Ya tranquilas y disfrutando del calor de la otra, Emma se atrevió a hablar.
–Quiero que me cuentes más sobre ti… más de tu pasado-
Regina rodó sus ojos y suspiró.
–¿No te vale con lo que ya sabes?-
-No quiero presionarte, te dije que te daría tiempo. Pero sé que hay más y alguna vez quiero saberlo…- clavó sus ojos en ella.
Notar la sinceridad y el cariño en los ojos de Emma, le dio tranquilidad a Regina, sintió que podía confiar en ella más que en nadie.
–No sé si soy capaz de abrir esa caja otra vez…-
-Quiero saber todo de ti… en serio, no me importa, pero ya te dije, vamos poco a poco hasta que te veas capaz ¿vale?- acarició su rostro con cariño y sonrió.
Regina le devolvió la sonrisa y tomó un poco de aire.
–Puedo hablarte un poco de Henry si quieres, mi hijo- se le formó un nudo en la garganta al nombrarlo.
Emma sonrío, a pesar de que no fuera la historia más feliz que le contarían, sentía muchos deseos de conocer todo lo que a Regina se refería.
-De lo que tú quieras... era precioso, muy parecido a ti...-sonrió-
-Sí y era muy precoz para su edad, casi decía frases completas y le encantaba cantar la canción de sus dibujos favoritos- a Regina le brillaban los ojos cuando hablaba de su hijo –También era muy travieso y cuando aprendió a caminar tenía que ir detrás de él todo el rato para que no destrozara la casa-
Lo primero que pasó por la cabeza de Emma era que el niño había muerto por una enfermedad, o en el peor de los casos, por un accidente. Pero se estaba equivocando.
-Ya lo creo… ¡con una mamá como tú!- se incorporó un poco mirando a Regina, aunque ella miraba hacia el frente con los ojos vidriosos- ¿Qué más Regina?- No quería hacerle la pregunta directa así que intentaba tratar el tema con la mayor delicadez posible.
La morena tomó aire y giró su cabeza para cruzar mirada con Emma.
-Cuando había tormenta se metía conmigo en la cama y me abrazaba muy fuerte hasta que se quedaba dormido en mis brazos- su vista se nubló y cerró sus ojos con fuerza haciendo que las lágrimas cayeran por sus mejillas sin poder evitarlo –Hace años que no hablo de él. Murió con sólo dos años-
-Oh Regina…- Era más duro de lo que creía escucharlo. Secó con delicadeza las lágrimas de la morena y luego besó su pecho cariñosamente. Se sentía destrozada por haberle hecho revivir recuerdos tan dolorosos, pero quizás la conversación le ayudara a descargarse –¿Qué pasó con él?-
-Lo mataron por mi culpa-
Emma la miró fijo a los ojos. [Sería imposible que fuera tu culpa, lo sé]
-Estoy muy segura de que las cosas no fueron así…-
Regina asintió llena de dolor.
-Si es así, y eso nunca podré perdonármelo, me acompaña cada día de mi vida-
-No digas eso- la rubia abrazó fuerte a Regina y acto seguido la acomodó en su pecho mientras acariciaba su cuello con la punta de los dedos – Quizás podría creer eso si no me hubieras hablado de él en la forma en que lo hiciste… confío en que fue algo que no pudiste evitar- le beso la frente aun sintiéndose muy mal por el estado de Regina. No era normal verla así, tan frágil.
Regina lloró durante un largo rato en los brazos de Emma. De alguna manera se sentía protegida así, y cuando menos lo esperó, la calma llegó.
-No puedo hablar más de esto por hoy…- levantó un poco la vista -¿Lo comprendes?-
-Claro que lo comprendo preciosa- acarició su cabello –Si algún día quieres seguir contándome sabes que puedes hacerlo-
Regina asintió.
-¿Dormimos un rato? ¿O tienes que irte?-
-Puedo quedarme… pero no quiero verte mal. Prefiero que me pelees como en el trabajo-
La morena no pudo evitar sonreír ante el comentario de Emma.
-Está bien, nunca había hablado de esto con nadie, así que supongo que es un avance-
-¡Por supuesto que lo es! Ahora podrás contarle todo a tu NOVIA- la rubia le puso bastante énfasis a la palabra.
Regina levantó una ceja haciéndose la ingenua. Aunque confirmar eso hacía que su corazón se ablandara.
-¿Cómo es eso de mi novia? ¿Desde cuándo tengo novia?-
-Acabo de decidirlo- la miró entrecerrando sus ojos -¿Algún problema con eso? ¿Objeciones?-
-Sí… ¿qué ha pasado con Milah?-
-Ella dice que ya no la trato como antes, que estoy muy distante… así que simplemente me dejó-
Regina sonrió un poco.
-Y ¿después de una ruptura quieres meterte tan pronto con otra?-
-Pero no es cualquiera con la que me voy a meter...- Emma sonreía divertida, haciéndose la tonta -Mi novia actual es algo terca, mal humorada a veces, muy dulce otras. Y tiene unos ojos oscuros que ufff, a veces hasta cuesta mirarla directo– seguía con su discurso mientras ambas reían- Y su cuerpo... tendrías que verlo... de solo pensarlo se lo quiero hacer-
Aunque Regina reía con todo lo que salía de la boca de Emma, le daba un poco de vergüenza, la rubia siempre tenía el poder de hacerla sentir como una adolescente.
-Eres tonta, ¿lo sabes?- se acercó para besarla muy dulce –Gracias-
-No estaba mintiendo de todas formas… ella es todo eso y más-
-Vas a necesitar mucha paciencia con ella, ¿lo sabes?-
-Ya lo sé... lo tengo muy claro y estoy dispuesta a tenerle toda la paciencia que necesite. Lo que sí, si se enoja espero que no trate de romperme la mandíbula de nuevo-
Ambas rieron y al rato Regina se durmió en los brazos de Emma. Siempre que lloraba se sentía agotada luego, más aún luego del tema de conversación que habían tenido. Su hijo había sido lo más importante de su vida, y hasta ese momento, su recuerdo lo seguía siendo. Creía que la felicidad no sería posible para ella luego de lo que había pasado con Henry. Probablemente sólo debería limitarse a amar a alguien, pero ese hueco en su corazón estaría por siempre.
Unas pocas horas pasaron y la primera en abrir sus ojos fue Regina. Observó a la rubia a su lado, lo que se le pasaba por la cabeza era que no sabía cómo acabaría todo eso, pero que por el momento pensaba dejarse llevar.
Luego de que Emma despertara decidieron que podían salir a cenar por ahí. La nevera de Regina estaba prácticamente vacía así que era la mejor opción. El lugar quedaba cerca por lo que pensaron en ir caminando.
Apenas estuvieron en la calle, la rubia le tomó la mano a su compañera. Ella era lesbiana desde hacía muchos años, por lo que le parecía de lo más normal andar de la mano por ahí con sus parejas, pero desafortunadamente Regina no pensaba de la misma forma.
-Prefiero no hacer estas cosas en público por el momento, ¿vale?- soltó la mano de Emma suavemente, y acomodó su ropa en señal de nerviosismo.
A Emma no le agradó del todo esa actitud. Era pronto y la morena era una mujer un tanto… difícil, pero aun así, esperaba que alguna vez tuviera la necesidad de hacerlo.
-Está bien… no hay problema-
Siguieron caminando, aunque en silencio hasta que llegaron al restaurante. Era más bien de comida rápida, nada lujoso, así que ordenaron enseguida y la que decidió romper el hielo luego de la incómoda situación fue Regina.
-Entonces… ¿naciste aquí en Nueva York?-
-No, soy de un pueblo pequeño, Storybrooke se llama, queda en Maine- hizo una pausa –De todas formas vivo aquí desde los 6 años… ¿y tú?-
-¿De Storybrooke? ¡Nunca he estado! Y sí, soy de aquí. Mis padres vinieron cuando mi hermano era pequeño y luego me tuvieron a mí-
-Algún día te llevaré para que lo conozcas…-
Regina sonrió, aunque había otro tema que se le pasaba por la cabeza.
-Y dime Emma… ¿Siempre te gustado las mujeres? ¿Has estado con hombres?-
-Sí, he estado con hombres- la rubia sonrió –Pero creo que las mujeres están en mi ADN… ¿cuántos años de lesbiana me das?-
-Se me da muy mal eso… nunca sé cuando alguien es gay o lesbiana… ¡o lo que sea! Pero no lo sé, quizás ¿10 años?-
Emma negó con su cabeza.
-Un poco menos, me he tomado mi tiempo para saber qué me gustaba realmente-
-Ya veo, y ¿cómo es tu historia? ¿Cómo cambiaste de opinión?- Regina no era la que normalmente hacía las preguntas, pero realmente quería conocer más de la rubia.
-¿En serio quieres saberlo? Creerás que soy muy fácil…-
-En realidad lo eres, pero cuéntame- la morena sonrió divertida y se acomodó para escuchar la historia de Emma.
