La diosa Quetzalcoalt. 3ª parte: El nuevo amanecer.

No podía creerme aún lo que había pasado, había vuelto a ser yo mismo, perdiendo aquella forma horrorosa que había adoptado desde que el sol se tornó oscuro, y ahora, mi cuerpo se había vuelto a transformar.

Según Zuk'Baen, al estar tanto tiempo expuesto a esa forma por ese poder, mi propia magia había absorbido el poder de las sombras, ya que según él, la magia era energía, y la energía solo se transforma, ahora mi cuerpo era oscuro y ondulante, pero no me sentía mal como antes, ahora que me había redimido de mi culpa por la muerte de mi padre me sentía bien conmigo mismo y mi familia.

Ahora mismo, estábamos todos frente a Magec Prime, quien se había auto proclamado el nuevo Dios del sol y había robado el poder del mismo para alcanzar aquella forma tan similar a la diosa, el de una gigantesca serpiente negra con una corona de fuego sobre su cabeza.

-Sois solo unos simples insectos en comparación conmigo. -dijo Magec siseando. -Ya no podéis hacer nada contra mi, ya poseo el poder del sol, en breve reduciré a cenizas este reino y de las mismas alzaré mi mandato.

-Estas loco. -le decía su hermano Dawn. -¿Serás capaz de matar a los cientos, incluso miles, de habitantes que viven aquí por tus deseos egoístas?

Magec sonrió ante la pregunta de su hermano pequeño.

-No sólo Maya, reduciré también Equestria a cenizas, en mi imperio... Nunca se pondrá el sol...

-¡Estás como una regadera! -le gritó Applejack.

-¡No permitiremos que ataques Equestria! -continuó Rainbow.

-¿Y quién me lo va a impedir? ¿Tú? -preguntó Magec entre risas. -Solo mira a Quetzalcoalt, solo le he dado un mordisco a su sol y ya está en el suelo entre la vida y la muerte... Solo imaginaros como debe de estar Celestia...

Magec comenzó a reír eufóricamente tras esas palabras, parecía hacerle feliz la idea de ver a Celestia sufriendo. Sin aguantarlo más, usé mi magia contra él, un círculo de alquimia se dibujó en mi cuerpo y parte del mismo se extendió hacia Magec, sujetándolo del cuello. El auto proclamado Dios del sol quedó un poco impresionado por haber bajado la guardia y verse atrapado en una garra sombría hecha de mi nuevo aspecto de sombra.

-"Se acabó, Magec" -le dije. -"Esto ya ha ido demasiado lejos, redímete"

Magec frunció el ceño.

-¿Qué me redima? -dijo furioso. -¡No tenéis ni idea de lo que es esperar durante siglos el poder que se te prometió, y un venga una infiel y te robe todo por lo que habías trabajado!

Su corona de fuego comenzó a expandirse en todas direcciones, parecía el sol en plena medianoche, algunos árboles comenzaron a incendiarse por el extremo calor que manaba de su melena.

-¡Este es mi destino, mi derecho de cuna! ¡YO soy el auténtico heredero del sol!

Batió sus alas fuertemente, soltándose de mí y empujándonos con el vendaval que producían sus oscuras alas. Zuk'Baen nos aguantó a Applejack, a Apple Core y a mí sobre su cabeza.

-Vaya, y yo que creía que ese Pony de metal estaba como una cabra, ¡este dios está fatal! -dijo Zuk'Baen.

-¡¿Puedes hacer algo?! -le preguntó Apple Core.

-Potrilla, yo soy lo más próximo a una deidad, pero soy pura energía. -respondió el Zax'shaal. -¡Y soy el mejor!

Del cuerpo de Zuk'Baen, comenzaron a chisporrotear pequeñas chispas que caían sobre el suelo derruido del tempo y comenzaban a correr hacia la base de la pirámide, acercándose a donde se encontraba Magec. Una vez bajo de él, de las chispas empezaron a levantarse finas columnas relampagueantes que lo rodeaban y se elevaban hasta las nubes.

-¿Eso es todo? -dijo Magec poco impresionado. -Soy el dios del cielo, la tierra y el sol, ¡¿Creéis que una tormentilla de nada podrá derrotarme?!

-¡No usa simple tormenta! -contestó Zuk'Baen.

Dicho esto, mi compañero golpeó el suelo con fuerza. Al golpear, fue como si el trueno estallase. Mi cuerno comenzó a brillar con fuerza, dibujándose un círculo de alquimia sobre Magec. Los relámpagos de Zuk'Baen comenzaron a precipitarse sobre él y, l atravesar el círculo de alquimia, estos se incrementaron en número, impactando sobre el cuerpo de Magec, que gritaba airado por el impacto recibido.

-¡Malditos! -gruñía.

De sus fauces, Magec soltó una bocanada de fuego. Ante de impactarnos, Zuk'Baen nos protegió a mí y a mi familia para evitar que nos quemásemos, mientras el dios estaba distraído, Rainbow y Dust aprovecharon para acercarse a toda velocidad hasta su espalda e impactarla con sus cascos, provocando que el cuerpo de Magec se torciera al no estar preparado. Sus llamaradas se esparcían por el cielo cayendo en forma de ascuas, sin apenas caer sobre la vegetación, pero las pocas, comenzaron a incendiar la jungla.

Al percatarse, Magec se giró con satisfacción y una gran sonrisa dibujada.

-Todo en llamas... Ya comienza el reinado de Magec Prime, el dios del sol...

-¡Magec! -gritó Ruby.

Percatado por el grito, Magec se giró hacia Ruby. Ruby se mostraba segura, tranquila y valerosa frente al auto proclamado Dios.

-La mestiza... ¿Se puede saber qué quieres? -le preguntó orgulloso Magec.

-¿Que qué quiero?¿No es obvio? Quiero que te detengas y te rindas. -le respondió Ruby.

Magec rió por lo bajo.

-¿Que me rinda? Debe de ser una broma... Ahora que tengo el poder de mi madre, ¿por qué debería hacerlo?

-Por qué en el fondo estás enfadado.

Magec se detuvo ante la respuesta Ruby.

-¿Enfadado?

-Te negaron lo que te prometieron, y por ello intenta tes revelarte contra tu madre para recuperar el derecho que, según tú, te negaron, lo que tienes es el berrinche de un bebé.

-¿Cómo? ¡¿insinúas que me comporto como un bebé?!

Ante aquella ofensa, Magec sujetó en un fuerte abrazo de su cola a Ruby, estrujándola con fuerza.

-¡Yo era quien debía ser el señor del sol, ¿entiendes?! ¡YO, y no esa desgraciada hereje de Celestia!

Con esfuerzo, Ruby intentó zafarse del fortísimo abrazo del cuerpo escamoso de Magec.

-¡Te comportas como un crío! -le respondió firmemente. - ¡Lo que tienes es una pataleta!

-No tengo por qué escucharte...

De pronto, Magec abrió sus fauces para arrancarle la cabeza a Ruby de un mordisco, pero en ese momento, algo le golpeó en la cabeza. Rainbow y Dash patearon a la vez la cabeza del dios, provocando así que soltase a Ruby por su descuido.

-¡Sal de ahí, Ruby! -le dijo Rainbow.

-¡Nosotros nos encargaremos! -terminó Dust.

-¡Gracias chicos!

Dicho eso, se acercó hacia la diosa Quetzalcoalt.

-Malditos pegasos... -gruñó Magec tras recuperarse. -Os arrancaré las alas y haré un plumero con ellas.

-Primero tendrás que pillarnos. -le respondió Rainbow chula.

Tanto Rainbow como Dust comenzaron a volar a toda velocidad mientras Magec los perseguía de cerca por el cielo.

En el suelo, Ruby se acercó corriendo hacia la diosa.

-¡Pinkie! -le dijo Ruby.

-¡Ruby!

-¿Cómo está la diosa?

-No sabría decirte. -respondió Fogsun.

-Se recuperará. -decía Nova mientras la iba curando con su cuerno.

-No... Va... -decía con esfuerzo la diosa del sol.

Nova Frost se percató rápidamente de que su madre la llamaba, así pues, se acercó a la cara de la diosa.

-¿Madre? -dijo nerviosa.

-Debemos... Detener a Magec... -decía la diosa con esfuerzo.

-Diosa, ¿cómo podemos hacerlo? -le preguntó Ruby. -Hemos intentado hablar con él, mi amigo Loud se ha enfrentado a él y no ha hecho gran cosa, solo enfurecerlo... Esta obstinado con...

Antes de poder acabar su frase, la diosa le pidió silencio.

-Ya lo sé, hija mía... Y en el estado en el que estoy no puedo hacer nada, pero es posible que quede una posibilidad...

-¡¿Cuál?! -preguntó Pinkie.

Con esfuerzo, Quetzalcoalt miró hacia lo que quedaba del pequeño sol.

-Debéis pasar mi esencia al sol, eso nos matará tanto a mi como a Celestia. -dijo la diosa.

-¡¿Qué?! -dijo Ruby sorprendida mientras la lucha continuaba.

-¡No hemos venido a matar a nadie! -dijo Pinkie. -¡Este fic lo leen niños!

-¿Fic? -preguntó Fogsun.

-Si hacemos eso, el sol estará completo, y entonces... -continuó la diosa con esfuerzo. -Tanto mi fuerza como la de Celestia se restaurarán, y entonces... Podré enfrentar a Magec.

-¿Eso es cierto? -preguntó Fogsun.

-No hay tiempo que perder... Necesito que entre todos distraigáis a Magec en lo que Nova me ayuda a hacerlo.

-Pero... -decía Pinkie.

Antes de decir nada, Ruby interpuso su ala derecha entre ella y la diosa, alzando sus ojos verdosos hacia la misma llena de confianza.

-No soy tan fuerte como mis amigos. -dijo. -Pero he vivido muchas aventuras con mis amigos, y he aprendido a enfrentar a los problemas. Neferis, los Shadow Gates y ahora Magec... Haré... No... Haremos lo que esté en nuestros cascos para ganar tiempo.

-Yo me encargaré de ir todo lo rápido que pueda. -le dijo Nova Frost.

-¡Pinkie, Fogsun, acompañadme! -les pidió Ruby.

-¡Vamos allá! -decía Pinkie mientras Fogsun les seguía de cerca.

Mientras tanto, puse a salvo a Applejack y a Apple Core a la vez que Zuk'Baen nos protegía del inmenso calor de las llamaradas de Magec.

-"Por favor, manteneros a salvo" -les dije.

-¡Ni se te ocurra pensar que te vamos a dejar luchar solo! -me respondió Applejack.

-"Applejack, no es el momento de discutir" -le dije.

-¡No pensamos dejarte solo, papá! -continuó Apple Core.

-"¡No quiero que intervengáis!"

-¡¿Por qué no?! -dijo Applejack. -¡¿No te das cuenta de que hemos llegado hasta aquí para salvarte?! ¡¿Para salvar a la princesa?!

-"¡Por favor, quiero que estéis a salvo!" -volví a decir.

-¡¿Pero por qué?!

-"¡Por qué no puedo volver a perder a mi familia!"

Applejack cayó de repente, en ese momento, mi cuerpo se relajó y agaché la cabeza.

-"Ya habéis conocido mi pasado... Fue doloroso... No quiero que eso pase de nuevo..."

Antes de poder reaccionar, Apple me acarició la cabeza con su casco.

-No nos vas a perder... Estás hablando con dos Apple, y las Apple somos las más fuertes de Equestria, ¿recuerdas? -me dijo. -¿Quién coceó en la cara a Neferis?

-"Tu"

-¿Quién veló por ti en el Torneo de los tres Equinos?

-"Tu"

-Y Apple Core y yo estuvimos a tu lado todo este tiempo hasta que volviste a ser tu. -me respondió.

-Si vas a pelear, pelearemos contigo. -continuó Apple Core.

-Ahora, levanta la cabeza, y enfrentémonos a Magec. -volvió a decirme Applejack.

Por una razón u otra, era verdad, sin Applejack no valía la pena, ella se volvió mi principal apoyo, era quien siempre estaba ahí para mí.

-En las buenas y en las malas. -me recitó.

-"En las buenas y en las malas" -le respondí.

-¡En las buenas y en las malas! -dijo Apple Core efusivamente.

-"Zuk'Baen, ya sabes que vamos a hacer"

-Vaya... Ya tardabais en poneros de acuerdo. -dijo. -Subid a mi cabeza de nuevo, tengo ganas de un cinturón de piel de serpiente.

No tardamos en subir a la cabeza de Zuk'Baen, levantándose de nuevo con nosotros. Golpeó sus nudillos entre ellos, provocando un sonido similar al del trueno.

-Loud, sabes que esto no puedo hacerlo solo, así que necesitaré toda vuestra ayuda. -me dijo. -Soy cercano a una deidad, pero no soy una, y con tu nuevo nivel de alquimia tendremos una oportunidad.

-"Lo sé, amigo" -le respondí. -"Vamos a ello"

Zuk'Baen sujetó la cola de Magec mientras volaba por para atrapar a Rainbow y Dust. Sorprendido, el dios del sol se abalanzó contra nosotros y estrujó fuertemente a Zuk'Baen con su enorme cuerpo de serpiente.

-Sois todos unos pesados. -nos dijo. -¡Me tenéis harto!

Abriendo con fuerza sus fauces, Magec de lanzó hacia nosotros pero, en ese momento, las sombras que nos rodeaban se elevaron y atraparon sus fauces cerrándolas de golpe.

-"¡Apple Core!"

-¡Voy! -decía la pequeña potrilla a mi llamado.

Con esfuerzo, Apple Core hizo brillar su cuerno. Por el pecho de Zuk'Baen se empezaron a dibujar dos círculos de alquimia, y de los mismos, empezaron a emanar gigantescas cepas, atrapando sus enormes y escamosas alas. No me lo creía, teníamos atrapado a Magec.

-¡Para ser un dios, has sido tan fácil de atrapar como un ternero en un rodeo de Appleloosa! -dijo Applejack.

Magec, rió por lo bajo.

-¿Eso creéis?

Dicho esto, Magec nos arrojó a un lado, Applejack, Apple Core y yo salimos volando tras el impacto. Con esfuerzo, me levanté, pude ver a Applejack y a Apple Core juntas haciendo esfuerzos por levantarse, corrí hacia ellos y los ayudé a levantarse, no sé si a ellas también les pasaba, pero el cuerpo me dolía horrores tras ese impacto pese a mi nueva forma.

-"¿Estáis bien?" -les pregunté.

-Yo estoy bien... -dijo Applejack con un par de rasguños.

-Me he raspado un poco las pezuñas. -dijo Apple Core. -¡Pero estoy bien!

-"Esa es mi campeona" -le dije.

-¿Seguís vivos? -decía la voz de Magec mientras se acercaba. -Para ser unos simples mortales sois muy resistentes... Pero nada que no se pueda solucionar con una simple incineración...

-"¡Ya basta!" -le dije.

-No acepto órdenes de nadie...

Las llamas de Magec se intensificaban y se arremolinaban sobre él, generando una gigantesca bola de fuego, colocándola a su espalda entre sus alas.

-Arderéis todos, y no habrá nadie que pueda detenerme.

-¡Qué te lo has creído! -dijeron tres voces.

Antes de darse cuenta, Rainbow, Dust y Ruby empezaron a girar todo lo rápido que podían alrededor de la bola de fuego, esto provocó un pequeño vacío alrededor de la misma, disminuyendo su tamaño.

-¡¿Cómo?! -dijo sorprendido.

-¿Te haces llamar el dios del sol, y no sabes que si generas una corriente de vacío puedes apagar el fuego? -le dijo Ruby.

-Sois peores que una plaga... -decía Magec comenzando a perder la paciencia. -¡¿Por qué no me dejáis en paz?!

Las sombras se arremolinaron a su alrededor, alzándose y empezando a sujetarnos a todos, primero fue a Dust y Rainbow, luego a Ruby, seguidamente fue a por Applejack y Apple Core, pero me interpuse para que no las cogiera.

A continuación, nos elevó y nos puso a la altura de sus ojos, agarrándonos con fuerza mientras clavaba su mirada en nosotros.

-¡Chicos! -decía Applejack desde el suelo.

-Ya estoy harto de vosotros. -nos decía mostrando su viperina lengua. -Siglos esperando por mi legado, por fin lo consigo y sois mi última barrera que estorba.

-¡Suéltanos! -decía Rainbow.

Magec dirigió su mirada.

-Tu serás la primera.

Esas palabras se clavaron en Dust como un cuchillo.

-¡No!

Magec comenzó a apretar poco a poco a Rainbow, quien comenzaba a quejarse del dolor y la presión.

-¡Rainbow! -decía Dust desesperado.

-Muere...

-¡Suéltala! -decía otra voz desde el suelo.

Antes de poder darse cuenta, algo golpeó el ojo de Magec. La titánica criatura se quejó y nos soltó casi de golpe, aprovechando la confusión, Dust voló con todas sus fuerzas par tomar a Rainbow entre sus cascos, llevándola despacio al suelo.

-¡Rainbow, ¿estás bien?! -le dijo.

Con un poco de esfuerzo, y mirada confiada, Rainbow dirigió la mirada a Dust.

-¿Con quién te crees que hablas? -le dijo con una leve sonrisa. -Me han coceado, golpeado y me he chocado varias veces esto no ha sido nada. -dicho eso, se frotó la tripa. -Y tranquilo, Prisma está bien.

Dust sonrió aliviado.

Magec estaba realmente airado, no sabía de dónde había venido eso.

-¡¿Quién diablos...?!

Cuando pudo ver bien, pudo ver a Pinkie y a Fogsun, al lado de un extraño cañón, muy similar al que solía usar Pinkie para sus fiestas.

-¡Bien hecho Fogsy! -le felicitaba Pinkie. -Ese cañón de fiestas improvisando ha sido genial.

-Faltaría más. -dijo.

-Ah... No sois más que unas malditas cucarachas... Y yo, ¡odio las cucarachas!

Mientras tanto, Nova hacia todo lo posible por pasar la energía de Quetzalcoalt al nuevo sol, mientras que todos mantenían ocupado a Magec.

-Ya falta poco, madre. -le decía Nova a la diosa.

Mientras tanto, en Equestria, Luna sostenía el casco de Celestia entre los suyos, mientras observaba que la crin colorida y ondulante de su su hermana se iba apagando y volviendo lacia.

-Hermana... ¡Hermana, aguanta! -decía Luna nerviosa.

Celestia jadeaba forzosamente ante la atenta y preocupada mirada de su hermana, Twilight, Fluttershy y Rarity, era como estuviese exhalando su último aliento.

De nuevo en Maya, Quetzalcoalt no corría mejor suerte, sus brillantes escamas blancas se apagaban y tornaban grises al igual que su colorido plumaje, mientras que el pequeño sol comenzaba a asimilar la alergia de la diosa, volviéndose cada vez más y más brillante.

El tiempo corría, y no precisamente a nuestro favor, estábamos agotados, heridos y algo quemados, ni siquiera Zuk'Baen aguantaba más, su cuerpo estaba destrozado, y parpadeaba de agotamiento.

-Hice... Todo lo que pude... -me dijo. Dicho esto, desapareció poco a poco por un pequeño círculo de alquimia.

Tras desaparecer él, las sombras que rodeaban mi cuerpo también desaparecían. Dejando mi verdadero cuerpo al descubierto, débil, herido y cansado.

Ruby, era la única que aún aguantaba de pie a duras penas, jadeando fuertemente y con una mirada determinada dibujada en su rostro. Alzó la mirada hacia su frente, y de golpe y porrazo, Magec se posó delante de ella, siseando.

-Todo esto lo has planeado tu, ¿verdad, maldita mestiza? -le dijo. -Ataques sorpresa, pegasos suicidas... ¿Todo esto para derrotarme? Casi parece un mal chiste.

-No... No pensamos dejar... Que te salgas con la tuya... -dijo Ruby.

-¿Qué no? -dicho esto, la atrapó en su cola, apretando con fuerza. -¿Y quién me lo va a impedir?

-La diosa...

-¿De qué hablas?

Magec dirigió su mirada a la moribunda Quetzalcoalt, pudo ver que el pequeño sol del cual había tomado su poder comenzaba a brillar cada vez un poco más. Esto le sorprendió enormemente, tanto que soltó de golpe a Ruby contra el suelo.

-No... No, no, ¡no, no!

Magec se dirigió a toda velocidad hacia el pequeño sol que cada vez comenzaba a brillar, mientras que el cuerpo de Quetzacoalt comenzaba a desfallecer p, a la misma vez que en Equestria el cuerpo de Celestia yacía sin vida y apagada sobre su cama con la tristeza que le rodeaba por su hermana y la princesa Twilight.

De vuelta en Maya, Magec se acercaba a toda prisa al pequeño sol para destruirlo, pero en ese momento, la diosa abrió de golpe y porrazo los ojos, de la misma manera que Celestia en Equestria. Una intensa luz blanquecina invadió el cielo, como si golpease todo lo que tocase, por primera vez en mucho tiempo la luz volvía a bañar todo.

Del centro de la intensa luz, una gigantesca silueta aleteaba con fuerza, tanto que una pequeña ventolera se alzaba, levantando el polvo y la grava como si fueran simple hojas.

-Magec Prime... -decía una poderosa voz. -Me has deshonrado... Pensé seriamente durante siglos el liberarte, pero tu comportamiento ha sido mezquino e impropio de un inmortal. No tienes salvación.

-Quetzalcoalt... Tú... ¿Por qué? -decía Magec. -¡¿Por qué renaces ahora de tus malditas cenizas?!

Magec se dispuso a asaltar la figura de la gran serpiente, pero en ese momento, el cuerpo de Quetzalcoalt comenzó a brillar, repeliendo a su hijo y arrojándolo al suelo. La diosa se posó suavemente sobre los restos de su pirámide y se dirigió reptando hacia Magec, por donde pasaba la vegetación surgía, y nos daba la sensación de que sanábamos con rapidez, nuestras heridas y quemaduras desaparecían rápidamente, ¿tan grande era el poder de la diosa?

-¡No me arrebatarás mi poder! -gritó Magec airado.

Magec se lanzó hacia ella dispuesto a morder su cuello, pero la diosa sujetó con su cola el de Magec y volvió a lanzarlo contra el suelo, era realmente impresionante, ¿tan temible era?

-¿Tú poder? Mírate... Esta fue la razón por la que me vi obligada a darle el poder a Celestia, ella tenía bondad en su corazón, tú lo que tienes es un miedo horrible.

Magec se hizo un ovillo contra sí mismo, se le podía oír gimotear.

-¿Qué hace? -preguntó Fogsun.

-Parece que... ¿Está llorando? -dijo Applejack.

-¡¿Me tomas el pelo?! -dijo Rainbow. -¡¿Después de las perrerías que nos ha hecho, pasar cree que lo solucionará todo con llantos?!

Magec seguía gimoteando mientras se cubría con sus enormes alas, no quería que le vieran derrotado. El resto de equs'ngel se acercaron a la diosa mientras observaban a su hermano caído, y a la vez Ruby, extrañada y curiosa, se acercaba despacio a Magec. Intentamos detenerla, pero la diosa intervino para que no lo hiciéramos.

Ruby posó su casco sobre la gigantesca piel escamosa de Magec quien, al percatarse, solo se encogió más sobre sí mismo.

-Dejadme en paz... Ya tenéis lo que queríais, ¿no? -decía. -Adelante... ¡Desterradme a ese hervidero de criaturas que es el Xibalba!

-¿A qué le tienes tanto miedo? -le preguntó Ruby.

-¡¿Miedo?! ¡Yo no tengo miedo!

Magec se lanzó con las fauces abiertas hacia Ruby, pero en ese momento, Nova Frost intervino, protegiéndola. Al verla ahí, Magec se detuvo de inmediato antes de cerrar las fauces, jadeando ante su hermana.

-Nova...

-Ya vasta Magec... -le dijo. -Por favor, deja que te ayude.

Magec retrocedió ante las palabras de su hermana.

-¿A qué le tienes tanto miedo?

Hubo un silencio sepulcral ante la pregunta de Nova, finalmente su hermano se dignó a responder.

-A no poder serle útil a madre... -respondió. -Me comporté con dureza por qué pensé que así podía demostrarle que podía ser un buen heredero como ella esperaba, y cuando me negó mi derecho tenía miedo de que ya no me necesitase más, que ya no me querría.

-¡¿Eres un idiota?! -le dijo Nova.

-¡Una madre jamás deja de querer a sus hijos! -decía Applejack mientras juntaba a Apple Core a ella.

-Si no iba a ser el heredero del sol... ¿Qué iba a ser si no? ¿Qué papel tendría?

-Tenías una gran corazón, Magec. -le dijo Nova. -Al menos no tenías miedo de congelar a quienes tocabas, como yo... Te envidiaba... Podías relacionarte con todos, mientras que yo me recluía.

-¿Por qué no me dijiste nunca eso? -le preguntó Magec.

-¿Realmente eso importa? Magec... Vuelve conmigo... Te necesito, hermano.

Magec la miró fijamente.

-No puedo... -respondió. -No después de todo lo que he hecho.

-¿Ahora se hace responsable de sus actos? -dijo Dust.

-Jovencito, da igual lo mucho que tardes si te das cuenta de tus errores. -le dijo la diosa. -Magec, te doy dos opciones, o pides perdón y vuelves conmigo y tus hermanos, o vuelves a Xibalba, tú eliges.

Hubo un silencio aterrador, hasta que Magec finalmente respondió:

-Volver a Xibalba...

-Como desees... -dijo Quetzalcoalt apenada. -Te condeno a quinientos años en Xibalba, no tendrás contacto más que con tu hermana, y deberás cuidar de las crías de umbro que renazcan después de todo lo que has liado... Y conservarás esa forma para recordar tu error hasta que te libere.

-¿Puedo despedirme antes de mi hermana?

-Por supuesto.

Magec se acercó a Nova nuevamente.

-Nova... Lo siento...

-Lo entiendo hermano...

Magec acercó su rostro a su hermana, frotándolo contra a ella.

-Te echaré de menos...

Quetzalcoalt extendió sus alas con fuerza, el nuevo sol que portaba comenzó a brillar intensamente, y de los restos de la pirámide comenzó a aparecer un portal que conducía a un reino oscuro y lúgubre.

-Aquí tienes, así podrás volver a Xibalba.

Magec reptó hacia el portal, sin mencionar palabra alguna, si a su madre ni a sus hermanos.

-Adiós... -dijo.

-Adiós... Hijo mío... -le dijo la diosa.

En cuanto Magec desapareció, el portal lo hizo con él. La diosa alzó el vuelo y comenzó a surcar Maya a lo largo y ancho, el fuego del incendio se extinguía y las plantas volvían a crecer velozmente bajo las cenizas de la antigua vegetación.

Mientras veíamos lo maravilloso y frondoso que era el reino bajo la luz del nuevo sol, Nova y los demás equs'ngel nos curaban, cerrando nuestras heridas y sanando nuestros huesos magullados. Parecía mentira que éste fuera el mismo reino que visitamos y por el que nos desplazábamos para salvar a la princesa Celestia.

Tras sobre volar por todo Maya, Quetzalcoalt volvió a su derruido palacio, posándose delicadamente en el suelo.

-No tengo palabras para deciros lo mucho que os agradezco el haber intervenido. -dijo la diosa. -Habéis venido para salvar, no sólo a Celestia, si no a todo el mundo.

-¡Bah..! No ha sido nada. -respondió Rainbow.

-"Diosa..." -dije. -"Entonces... ¿Ya todo a terminado?"

-Así es... -dijo. -Éste sol vuelve a estar vinculado a Celestia, su vida y la mía ya no corren peligro.

-¡Entonces, podemos volver a casa! -exclamó Pinkie. -¡Me muero de ganas por tomar un largo baño de sol!

-Haced lo que queráis, yo solo quiero volver a casa y descansar un poco. -dijo Applejack frotando la cara de Apple Core con su morro.

-¡Yo quiero ir a hacer algo contigo y papá!

-Eso será pronto, terroncito. -le respondió Applejack.

-Diosa, la verdad es que ahora deseamos volver a casa, han sido demasiadas emociones, y necesitamos asimilarlas. -dijo Dust.

-Por supuesto. -respondió la diosa. -Hijos míos, escoltad a nuestros héroes, iremos al portal hacia Equestria.

Al cabo de una hora, llegamos al otro extremo de Maya escoltados por la diosa y los equs'ngel. El portal seguía ahí, cerrado, tal y como cuando llegamos aquí.

-Hemos llegado. -dijo Dawn. -De verdad, muchas gracias por toda vuestra ayuda.

-No fue nada. -respondió Fogsun sin creerse todo lo que había vivido.

-¿De verdad tenéis que iros tan pronto a Equestria? -preguntó Sacred. -Nos encantaría hacer una celebración para agradeceros la ayuda.

-¡¿Podemos?! -preguntó Pinkie eufórica.

-Nos encantaría, Pinkie, pero no puedo más con mi alma. -le respondió Rainbow. -Y tengo una noticia que darle a mis amigas...

-Cuida bien de ese pequeñín. -le dijo Nova.

-¡Je! Prisma es muy fuerte. -dijo Rainbow orgullosa mientras se frotaba la tripa.

La diosa extendió sus alas y el portal comenzó a brillar fuertemente, creando el camino hacia Canterlot.

-¿De verdad te tienes que ir? -le preguntó Sacred a Ruby. -Te he echado mucho de menos.

-Tengo una vida en Equestria, mamá. -le dijo. -Tengo amigos, trabajo, todo...

-¿Volverás a visitarme alguna vez? Al menos una vez cada cinco años...

-Por supuesto.

Fogsun echó un último vistazo a su hogar, observando con melancolía.

-¿Estás bien, Fogsy? -le preguntó Pinkie.

-Pues... Echaré de menos mi hogar... -le contestó. -El circo, a Hummingbird... A todos menos a Severus.

-Equestria no está nada mal. -le dijo Pinkie. -Tenemos montañas, praderas, ciudades y pueblos... ¡Te sentirás como en casa!

Fogsun sonrió ampliamente.

-Confío en tu palabra.

-¡Vaya! Pero si tienes dientes. -dijo burlona.

Apple Core se acercó a Nova Frost y le abrazó una de sus patas. Nova se sorprendió enormemente ante la reacción de la pequeña.

-Muchas gracias por ayudar a mi padre. -le dijo.

Nova sonrió dulcemente.

-No fue nada, criaturita.

-Podéis volver a Maya siempre que deseéis. -nos dijo la diosa. -Es lo menos que podemos hacer por salvarnos... Os estamos muy agradecidos...

-"Solo hacíamos lo que debíamos" -contesté.

-Estoy seguro de ello. -respondió la diosa. -Adiós, héroes de Maya.

Tras despedirnos, comenzamos a cruzar el portal, y en menos de lo que podíamos imaginarnos, reaparecimos en los jardines de palacio, loa que a continuación vimos, nos sorprendió, Twilight, Fluttershy, Rarity y Brave Heart nos esperaban ahí, se lanzaron a nosotros y nos abrazaron.

Tras saludar y levantarnos, todas se pudieron percatar de tres cosas, lo más sorprendente fue que Ruby poseía alas, nos costó un poco explicar el por qué, sobre todo a la propia Ruby, pero todas parecían contentas, especialmente Brave Heart. Lo segundo que les sorprendió fue Fogsun, y lo último fue Apple Core con su Cutie Mark.

De inmediato, los guardias nos guiaron, liderados por Brave Heart, hacia la sala del trono, ahí nos esperaban tanto Luna como Celestia, sentadas una al lado de la otra. Costaba creer que esa Celestia fuera la misma que, hasta hace unos "días" yacía en cama, a punto de morir.

-Bienvenidos de nuevo a Equestria. -dijo Luna sonriendo.

Todos nos postramos antes las hermanas reales, incluidos Fogsun y Apple Core.

-No es necesario, mis amigos. -respondió Celestia levantando una de sus patas. -Yo debería de postrarme ante todos vosotros, por arriesgar vuestras vidas para salvar la mía. No solo lo habéis logrado, si no que habéis salvado también la vida de mi vieja amiga, la diosa del sol.

-Lo hubiéramos hecho lo hubiesen pedido o no. -dijo Rainbow.

-Era nuestro deber. -terminaba Dust.

-Lo sé, pero nunca podré expresar lo enormemente agradecida que estoy por vuestro esfuerzo. -dijo Celestia.

-Pedid lo que queráis, y se os concederá. -dijo Luna

-Quisiéramos volver a casa. -dijo Applejack. -Necesitamos descansar.

-Lo comprendo. -respondió Celestia. -Es lo mínimo que os merecéis.

Cada uno volvimos a casa, estábamos contentos con volver a casa, algunos tuvimos que dar explicaciones, como Rainbow a sus amigas sobre su embarazo, Dust sobre su cicatriz en el ojo, Ruby sobre sus alas a la princesa Celestia y Luna, además de Twilight, Pinkie y Fogsun comenzaron a hacerse cada vez más cercanos uno al otro, y yo expliqué a mis hermanas y a mamá de la muerte de papá. Contarlo me costó horrores, necesité reunir valor para poder "decirlo" a la cara de Shine, Greeny y mamá, pues nunca lo había confesado.

Tras contar la verdad, mamá y mis hermanas me abrazan con fuerza, me sentí liberado tras contarlo, mi peor secreto, el que guardaba como una fiera, ya había sido revelado, y me hizo sentirme bien con mi familia.

Ha pasado casi un año desde que volvimos de Maya, desde aquel día, casi todos llaman a este fenómeno "la era del nuevo amanecer", el nuevo sol que alumbra tanto Maya como Equestria nos otorgaba su luz y calor como el antiguo, por otro lado, practicaba junto a Zuk'Baen mi nuevo poder, podía cubrirme con las sombras cuando quería, cambiando a aquella forma casi a voluntad, siempre entre los trabajos de mis clientes como en los trabajos en la granja de manzanas.

Volvía a casa tras ver a un cliente en la otra punta de Ponyville, cuando llegué, ahí estaba Applejack esperándome. Al verla, corrí hacia ella y, para mi sorpresa, me atrapó y me abrazó, yo sonreía mientras la rodeaba con un casco.

-¿Qué tal tu día, Loud?

-"Bien, acabo de cobrar lo que faltaba del encargo" -le respondí. -"¿Qué tal está Rainbow?"

-Esta descansando, está agotada tras dar a luz. -dijo Applejack. -Tenias que haberla visto Loud, es una potrilla encantadora, es azul oscuro, y tiene las crines amarillas y azules.

-"Mañana iré a visitar a la pareja, así me presentarán formalmente a Prisma" -le dije. -"Por cierto, hablando de potrillos, ¿vas bien, con nuestro futuro manzano?" -dije frotándole su tripa.

Applejack río levemente al sentir mis caricias en su tripa.

-Va bien... No es nada comparado con cómo fue el embarazo de Apple Core.

Sonreí enormemente al escucharla, entrelazando su casco con el mío.

-"Te amo, Applejack..."

-Y yo a ti, Loud Off...

FIN DE LA SAGA DE LA LUZ DEL SOL