¿Venganza?...

Kanda abrió los ojos cuando la luz comenzó a atravesar el cristal de la ventana y comenzaba a internarse en su cuarto. Se sentó en la cama y miró a la esquina donde había una mesa, y exactamente a lo que había encima de esta; su reloj…. Seguía como siempre.

Suspiró y se levantó acercándose al perchero que había al lado de la puerta. Cogió su capa de exorcista y se la colocó, ya que no tenía nada más que los pantalones puestos. Suspiró y salió observando que no había nadie en los oscuros pasillos. Eso era lo mejor…Así no tendría que hablar con nadie ni decir nada.

Tras caminar sin rumbo alguno decidió que lo mejor era subir a lo alto de la torre, así nadie le molestaría y podría pensar en qué hacer para vengarse de ese maldito Noé.

Subió las escaleras lentamente con la Mugen en su mano, a la vez el Sol comenzaba a iluminar ya todo. Continuó pensando a medida que el ascenso acababa, pero se sorprendió al notar que había alguien allí, y más aún al ver que era el maldito Moyashi.

Sus miradas se cruzaron por unos segundos. ¿Se iban a pelear?....

Allen le seguía mirando mientras Yuu se sentaba en el borde de una de las ventanas. Finalmente y tras una reflexión el albino se acercó.

-Kanda…Yo…

-Cállate Moyashi-le cortó el nombrado mirándole- ¿Qué demonios quieres?

Allen no sabía que decirle….volvía a ser el samurái enojón de siempre… ¿era el momento de declararse?... No se atrevía… No tenía agallas.

-¿Qué vas a hacer ahora?-preguntó curioso- Más bien aún no sabemos que pasó en la misión…

-No te incumbe-contestó de nuevo cortantemente.

-No es eso…es qué….-el albino desvió la mirada mordiéndose levemente el labio…

-Venganza….-susurró el japonés con una mirada de odio que Allen no llegó a comprender del todo.

-¿Venganza?.... ¿Kanda?-susurró el albino, pero sintió una punzada rápida en su corazón.

-Te he dicho que me dejes…-El samurái se levantó y comenzó a acorralarle contra una de las paredes-me obligarás a hacerte cosas, jodido Moyashi.

Las mejillas de Allen se sonrojaron al sentir tan cerca a Kanda…y sobre todo de aquella manera tan… condenadamente sexy. Nunca le había visto de esa manera. Sus miradas se encontraron y la del moreno era penetrante y fija. Como si deseara saber algo u obtener algo y no pararía hasta encontrarlo.

El samurái acercó sus labios a la oreja del albino.

-¿Por qué te pareces a una chica?....Yo…odio a las mujeres… Pero tú condenadamente… me atraes….

-¿Kan-Kanda…?-susurró Allen sensualmente sin quererlo. ¿Qué estaba pasando?

No hubo tiempo de palabras. Sus labios se unieron en un beso controlado por el más alto. Un furioso y furtivo beso que apenas duró unos segundos, pero que dejaron al menor sin respiración.

Kanda le dio la espalda y Allen no lo pensó dos veces. Se tiró contra él. Acabaron ambos en el suelo. Sus miradas se encontraron de nuevo mientras el albino apretaba la ropa del japonés. El inglés cerraba los ojos avergonzado. No se daría por vencido. No ahora…

-Yo…yo…¡Yo!-intentaba proseguir el menor mientras el mayor le miraba descolocado-Siempre…..¡Te he amado!

Se hizo el silencio mientras Allen abría los ojos, que se encontraron con los de Kanda. Ni una palabra. Tan solo se miraban. ¿Qué demonios estaba pasando?

El moreno no sabía cómo reaccionar ante lo que le había confesado, la verdad que nunca se lo hubiese esperado…..pero… ¿qué demonios?...

Su mano se alzó lentamente hasta el rostro del albino. Le atrajo juntando sus labios de nuevo y dejando un beso más dulce…más deseado…Correspondido por el menor. Sus cuerpos de acercaron lentamente, como si necesitasen uno del otro.

Los pensamientos de Allen eran muy fugaces. No encontraba una explicación a lo que estaba sucediendo. Pero sacó un pensamiento en claro. Amaba a Kanda… y quería demostrárselo. Porque, seguramente, él no había dejado que nadie se acercase a él y nunca había amado, y en cambio, a él nunca se le acercaban por su brazo. Puede que pareciese tonto que se fijase en la persona que le trataba mal…pero….tras esos insultos, peleas, había algo…

No pudo pensar más, pues el mismo Kanda comenzó a acariciarle el pecho y eso le dejó sin respiración. Lentamente el mayor se deshizo de la ropa de ambos, mientras acariciaba cada centímetro de su piel. Tras un rato Allen comenzó a imitarle torpemente y se molestó un poco al ver la sonrisa burlona que se había formado en los labios de samurai.

Pero ninguno dijo nada. No necesitaban decir ni saber nada más. Tanto tiempo perdido con palabras que no habían dicho. Tantas miradas malinterpretadas… Tiempo…del cuál, no disponían ambos, y que ambos habían malgastado…Tiempo, que ahora estaban recuperando con las caricias, con las miradas, con los pequeños gemidos y jadeos que emitían.

Tras preparar al albino, Kanda no dudó en penetrarle, no es que fuese delicado, pero tampoco fue brusco. Era la primera vez de Allen, ambos lo sabían y esto hacía que el menor se sonrojase al tenerlo por completo en su interior. No pensaba gritar de dolor o quejarse…tenía que demostrarle a Yuu que era fuerte…

Las embestidas se sucedieron, cada vez estaban más exhaustos y más excitados. La estrechez del menor. El volumen del miembro del japonés… Todo, incluso la luz tenue que aparecía ante ellos. El ambiente, les invitaba a hacer cosas, que siempre habían deseado. Por deseo del destino, o por pura casualidad y mandamiento del azar, nadie pasó por los alrededores cuando ambos gimieron alcanzando el orgasmo…

La Torre parecía desierta en ese momento… Tras recuperar las respiración la espalda de Kanda quedó apoyada contra una de las paredes y la de Allen sobre el pecho de mayor. El albino acariciaba los oscuros y suaves cabellos del samurái mientras este parecía meditar… La cuestión es que se quedaron en absoluto silencio.

-¿Qué vas a hacer con el Noé?-susurró Allen temeroso de la respuesta. Para su asombro el mayor no se enfadó, ni siquiera abrió los ojos.-¿Kanda…?

-No es tan relevante como para que vaya a buscar venganza-eso sorprendió por completo al menor. Iba a hablarle pero e samurái continuó- Cuando le vea…Le mataré, porque es mi deber como exorcista….mientras tanto…solo haré que no pasó nada…es más-abrió los ojos- para mí, ese Noé es uno cualquiera.

Allen se acurrucó en el pecho de Kanda, que no le rechazó…¿Sería posible que le dejase estar a su lado?...