Cap 12: Sufrimiento de unos, ambición de otros.


Tres semanas antes…

Había estado ciego durante demasiado tiempo.

Desde la muerte de su hermano había dejado pasar los días, los meses y los años sin preocuparse, o acaso interesarse, en las causas que le habían llevado a arrebatarse la vida. Como un estúpido necio se dejó cegar por las palabras de su padre sin ser todo lo juicioso que esas circunstancias requerían.

Demasiado tarde se dio cuenta de que todo formaba parte de un elaborado y astuto plan de coartada.

Una realidad tan próxima a él y no había sido capaz de advertir, en el extraño comportamiento de su hermano, la tormenta que habitaba a su alrededor. Y ahora, dos años después, se preguntaba con frustración por qué se había comportado como un completo idiota y no había recapacitado en la declaración que hizo su hermano de que toda la familia estaba corrompida, palabras que nunca tuvieron explicación y que ahora por fin cobraban sentido. Como piezas de un puzzle que él nunca se había preocupado en completar.

Estaba claro que Itachi había leído la carta, lo sabía todo, y por eso quería que abandonaran el país, para alejarlos de la corrupción que se cernía entorno a su familia.

-¿Qué es exactamente lo que buscas? –le preguntó repentinamente el vendedor ambulante mostrando todo su arsenal extendido a lo largo del maletero del coche-. La mayoría son semiautomáticas, de nueve o diez milímetros, aunque si realmente quieres una ligera y sin retroceso, te recomiendo esta.

Los ojos de Sasuke se posaron sobre el objeto que el vendedor le mostraba, pero sus pensamientos aún continuaron durante largo rato en otra parte.

La carta.

A Sasuke le resultaba curioso que algo tan liviano y pequeño como una carta le hubiera desmontado por completo su tranquila y pacífica vida, llegando a convertirla en una auténtica pesadilla. E inconscientemente, comenzó a recordar los sucesos más importantes que relataba su primo Shisui en dicho documento…

Las primeras líneas iban dedicadas al perdón. En ellas, Shisui le pedía disculpas a su hermano Itachi por haberse dejado manipular como una burda marioneta y haber acatado sin oposición ninguna las ordenes del clan; ser su sombra y mantener vigilado cada uno de sus movimientos. La profunda enemistad que mantenía Itachi con gran parte de su familia y el rechazo de sus obligaciones para con el clan, habían sido el origen de la desconfianza.

En la carta Shisui confesaba que no estaba orgulloso de su labor y se arrepentía de sus actos. Entre ellos siempre había existido una estrecha relación de amistad y respeto mutuo llegando a considerarlo como un preciado hermano menor, pero no había tenido el suficiente valor para oponerse a las decisiones del clan, y como una hormiga obrera sin voz ni voto, había aceptado el encargo. En la carta no hacía ninguna mención especial al nombre de quién le había encomendado dichas órdenes, pero Sasuke estaba completamente seguro de que ese había sido su propio padre.

La relación entre Itachi y su progenitor se había ido deteriorando a lo largo de los años, hasta llegar a ser nula.

Lo segundo que mencionaba Shisui era una importante conversación que por casualidad tuvo la oportunidad de escuchar a escondidas, cuando tras finalizar su jornada de seguimiento, había ido al despacho del directivo a dar el reporte de su misión. Desde el exterior, escuchó tres voces masculinas que claramente identificó como Yashiro, Teyaki y su propio padre Fugaku Uchiha, los tres dirigentes más veteranos del clan. Discutían sin tapujos sobre la escasa eficiencia del espía que habían infiltrado en la empresa rival del clan Seiju, otra compañía armamentista que controlaban la mitad de Konoha.

Semanas atrás, temiendo que la desventaja de su clan y la fuerte opresión que radicaba el clan rival llevara la empresa a la ruina, Teyaki el más radical de los tres dirigentes, sugirió deshacerse del líder de una manera sigilosa pero por ello menos violenta, siendo esto respaldado por Yashiro. No sólo conseguirían el control total de Konoha, sino que también desestabilizarían el mando de su oponente, y para cuando quisieran volver a reestructurarse, ellos ya se habrían consolidado, cobrado una mayor fuerza que tomaría por completo la ciudad. Fugaku, líder principal de los tres, no se negó a la propuesta, aunque sí añadió que infiltraría a su hijo mayor Itachi como el espía encargado de descubrir la franja horaria más vulnerable para llevarlo a cabo.

Pero Itachi se había negado en rotundo a la propuesta, mostrando así su desacuerdo a la violencia. El chantaje y la coacción hicieron que no tuviera más remedio que acceder.

Por esa razón querían que Shisui vigilara los movimientos de Itachi, para que este, en ningún momento de acuerdo con las órdenes de su padre, no pudiera oponerse ni traicionar al clan, y en el momento en que intentara alguna de las dos cosas, fuera eliminado.

Tu hijo sigue siendo un problema, lleva dos semanas tras ellos y aún no ha conseguido resultados, reprochó uno de los hombres, es evidente que oculta algo.

Mi hijo conoce cual es el precio que pagará si osa traicionar a su clan, había asegurado Fugaku, yo mismo me encargaré de matarlo.

La mala suerte quiso que la conversación terminara en aquel instante y la puerta del despacho se abriera. Tres rostros descubrieron tras la puerta a un Shisui estupefacto e incapaz de no confirmar con el rostro la sorpresa que le producía haber descubierto esa revelante información. Corrupción, conspiración y asesinatos. Si en ese instante el chico hubiera pensado con racionalidad, habría accedido a ser uno más de los cómplices con tal de salva su cuello, pero no lo hizo, sus piernas decidieron correr. Esa fue su salida y su condena.

Lo último que escuchó antes de abandonar la última planta de edificio escaleras abajo fue un contundente, matarlo.

-Vamos tío, no tengo todo el día –le insistió el vendedor ante su nula atención-. No serás un poli, ¿no?

Ese mismo día Shisui escribió la carta. Bien sabía que volver a ver a Itachi o intentar hablar con él lo llevaría a caer en una trampa que de seguro ya tenían planificada. Hizo las maletas, y antes de intentar salir del país, consiguió depositar el documento en la caja fuerte de un banco, dejando precisas instrucciones de que la llave fuera entregada a Itachi.

Dos días después, lo encontraron muerto.

Insólita y a la vez surrealista le resultaba toda aquella información.

Si lo dicho en esa carta era verdad, no sólo culpaba a toda su familia de corrupción y conspiración contra un clan rival que actualmente había sido disuelto y con su jefe en paradero desconocido, sino que tenía sobrados motivos para pensar que la muerte de su primo Shisui no había sido un suicidio y tal vez ni siquiera culpa de su hermano como su padre en un principio le hizo pensar…

Pero cuanto más pensaba en ello, más dudas le asaltaban.

Quizás la carta no era real, quizás ni siquiera había sido escrita por Shisui, quizás podía haberla escrito algún otro interesado en conspirar contra el apellido Uchiha.

Por lo que no dudó en someter la carta a diversas técnicas de autenticidad y estudios comparativos en una importante empresa dedicada al peritaje caligráfico, y sus dudas se vieron reducidas. Era de Shisui, tenía pruebas físicas que lo confirmaban con completa seguridad. Aunque tampoco podía descartar la idea de que el propio afectado no hubiera pretendido dañar el orgullo de la familia escribiendo tales acusaciones.

No. Su caligrafía era de trazos desiguales y algunos difíciles de leer, le habían confirmado en el perito, lo que denotaba un claro nerviosismo y prisa en terminarla. Por norma general no suele ser el estado mental que adoptas cuando vas a escribir algo que tienes previamente deliberado y calculado usar como alegato ante un juez.

Todo lo que contaba era real.

Sasuke cerró fuertemente los parpados y confusas y difuminadas visiones de la última conversación que mantuvo con su hermano confundieron durante breves instantes su mente. Intentaba protegerlo, su hermano había querido que lo acompañara, que abandonaran el país inmediatamente con la intención de alejarlo de toda la corrupción que se cernía en torno a su familia. Algo que él mismo rechazaba profundamente.

No era un asesino. Tarde había descubierto que su hermano era inocente. No mató a Shisui, y definitivamente, ninguno de los dos se suicidó.

Sí. Todo comenzaba a cobrar sentido.

Con indiferencia, dio un vistazo rápido a todas las armas de fuego que el traficante le ofrecía, antes de ordenar con seguridad.

-Dame la más potente que tengas.


2

Los nervios le carcomían por dentro.

Naruto había estado meditando durante varios días la conversación que mantuvo con Shikamaru, y siempre llegaba a la misma conclusión. Podía seguir fingiendo que su vida era perfecta tal y como estaba, que aceptaba las condiciones de ser un amante, que se conformaba con lo poco que Sasuke podía ofrecerle, pero no era así. Él quería más. Quería lo mismo que tenía cualquier pareja, una relación abierta y sincera junto a la persona que desde hacía varias semanas ocupaba cada uno de sus pensamientos, cada uno de sus minutos, el que había devuelto plenitud a su corazón llenándolo de deseos, de alegría, de fuertes y eufóricos latidos. Con Sasuke sentía como la sangre fluía caliente por sus venas, dándole fortaleza para enfrentar cualquier reto, cualquier obstáculo que se interpusiera entre ellos. No quería seguir recibiendo las migajas, lo quería todo o nada.

Y no había otra forma de saberlo si no era hablando con él.

Tenía una ligera idea de cual sería su primera reacción, seguramente una obcecada y de rotunda negación. Pero tenía la confianza de que por lo menos accediera a escucharlo, y tras hacerle entender cuales eran sus sentimientos, pudiera ver las cosas de una manera más optimista. Si Sasuke realmente estaba interesado en él, si realmente esos sentimientos que ocultaba celosamente en su interior eran tan fuertes y necesitados como los suyos propios, si le faltaba el aire ante la simple idea de terminar con la relación, Sasuke aceptaría comenzar una nueva vida a su lado. No importaba el trabajo, la familia, el dinero, ni el estatus social, mientras se tuvieran el uno al otro. ¿Acaso era un pensamiento egoísta querer pasar el resto de su vida junto a la persona que amas?

Naruto lo habría hecho por él sin dudarlo ni un sólo instante.

Además, también quería comentarle los frustrados intentos de Sakura contratando a nuevos detectives privados, las importantes acusaciones que recaían últimamente sobre su padre, y según le había informado aquella misma mañana Jiraiya, la desaparición de Kiba; el detective que hasta hacía poco tiempo investigaba el caso Uchiha. ¿Podría tener su padre relación alguna?

Definitivamente tenía que hablar con él.

Con el firme pensamiento de solucionar cuanto antes todos esos puntos cuestionables, se agazapó a última hora de la tarde entre unos coches aparcados en la acera frente a la casa. Había intentado seguirlo varias horas atrás, cuando el vehículo circulaba por los suburbios de Konoha, pero el tráfico y la temeraria conducción del bastardo le hicieron perder la pista cinco minutos después. Por lo que decidió esperarlo en el único sitio donde estaba seguro que tarde o temprano lo encontraría. La vivienda que compartía con Sakura.

Dos horas más tarde, con el estómago encogido por el hambre, el cansancio hormigueando por sus piernas y un tic nervioso parpadeando frenéticamente en el ojo izquierdo producto de un considerable enfado, vio estacionar frente a la puerta el BMV negro, y a Sasuke salir con gesto cansado.

Naruto inspiró hondamente, concentrándose en reunir la suficiente entereza para enfrentarlo antes de salir de su escondite y dejarse ver con total claridad a una distancia prudencial. Sus ojos no tardaron en encontrarse, así como ver aparecer el desconcierto en el rostro del moreno. Con un ligero movimiento de cabeza Naruto le instó sin palabras a que lo siguiera a pie hacia un lugar más discreto. Estaba tan seguro de que su mensaje había sido recibido correctamente que no logró salir de su asombro cuando avistó como este le giraba el rostro con desprecio y subía los pocos escalones que le llevaron a refugiarse dentro de su casa.

Lo había ignorado, el bastardo había tenido el descaro de marcharse ignorando deliberadamente su presencia.

El desaire no hizo más que acrecentar su furia. Apretó fuertemente los puños, rígidos a cada lado de su cuerpo y con arrebato lo siguió hasta quedar a escasos centímetros de la puerta que había sido cerrada en sus narices. En la entrada, con el puño en alto y claras intenciones de golpear la madera, se detuvo en seco. Durante la espera, no había visto entrar a Sakura en la vivienda, pero eso no significaba que la joven no se encontrara ya en el interior.

Irritado por su frustradas intenciones, sacó el teléfono móvil de su pantalón, y rabioso, marcó ágilmente el número completo del teléfono móvil de ese desgraciado Uchiha. Antes de que su ofuscada mente le hiciera apretar deliberadamente la tecla de descolgar, la lucidez volvió a su cabeza. Con el fin de no levantar más sospechas innecesarias por parte de la joven prometida, Shikamaru le había informado que la línea telefónica de Sasuke continuaría pinchada hasta que las dudas de Sakura desaparecieran. Por lo que llamarlo al móvil para soltarle toda clase de improperios dichos y por inventar, quedaba como opción descartada.

-¡Kuso!

Ese bastardo desgraciado…

Era evidente que lo estaba rehuyendo. ¿Pero por qué razón? La última vez que se habían visto fue la semana anterior en el cine, y la verdad, es que Sasuke no había salido precisamente descontento de los baños.

Levemente cojeando sí, pero no molesto por ello.

Lo que le había llevado a elegir otra línea de ataque un poco más agresiva. Si no quería verlo por las buenas, lo haría por las malas.

Dos días después volvió a intentar darle caza.

Desde la acera de enfrente, apoyado cansadamente sobre la carrocería de su coche, Naruto consultó por tercera vez la hora en su reloj de pulsera. La nueve en punto de la mañana. Estaba al caer. De repente avistó por el rabillo del ojo un movimiento sospechoso, y como bien había supuesto haciendo gala de su perfecto sentido de la puntualidad para ir al trabajo, el BMV negro ingresó en el aparcamiento subterráneo de industrias Uchiha.

Había llegado la hora.


3

Estacionó el vehículo en su plaza, y soltando un pesado suspiro, colocó ambas manos sobre el volante, dejando caer la cabeza que quedó oculta entre los brazos. Demasiada información que asimilar, demasiadas teorías sin respuestas, demasiadas cosas en las que pensar en tan pocos días.

-Sólo tengo que hablar con él –se dijo a sí mismo. De la guantera del coche extrajo la misma pistola semiautomática que había comprado días atrás en aquel barrio bajo de Konoha. Arma que escondió a su espalda, cruzada en el pantalón y oculta por la chaqueta-. Y si lo dicho en esa carta es cierto acabaré con lo que él mismo comenzó.

Tenía sobrados motivos para no sentir por su padre más que odio y desprecio, para no querer ver nunca más su rostro, para sepultarlo un metro bajo tierra.

Decidido, apagó el motor del coche, con los dedos alcanzó el seguro y lo accionó. Iba a salir del vehículo cuando una brusca sacudida abrió la puerta del copiloto, dejando entrar a un individuo que se sentó a su lado. Miró hacia su derecha y el corazón le dio un vuelco al contemplar de cerca esos conocidos, intensos y vivos ojos azules.

Naruto.

-¿Qué demonios haces aquí? –inquirió ceñudo. Con movimientos nerviosos inspeccionó su entorno, asegurándose de que se encontraban completamente solos en el aparcamiento, y ningún rostro conocido en la empresa los hubiera descubierto juntos. Era demasiado peligroso, de ninguna manera dentro de la zona frecuentada por su padre.

-Bastardo, no he tenido otro remedio. Llevo intentando hablar contigo varios días, pero no paras de evitarme –profirió ceñudo cruzando los brazos con obstinación-. ¿Por qué lo haces?

Sasuke apartó la mirada y respiró hondamente, tratando de disimular de manera efectiva el desaforado golpeteo de su corazón contra el pecho.

¿Acaso no era evidente? Si lo que narraba la carta era verdad, si las fuertes acusaciones que recaían sobre su padre eran ciertas, cualquier persona a su alrededor estaba expuesta al peligro. El más mínimo error y Naruto sería el siguiente en su larga lista de víctimas.

Tenía que deshacerse del rubio cuanto antes, no iba a permitir que nadie ajeno a la familia se involucrara en algo que sólo le incumbía a él.

Internamente se obligó a anular sus sentimientos y recomponer la mascara fría en la que escondía de los demás.

-¿Hay que tener alguna razón para no querer ver a otra persona? –inquirió rudo-. Lárgate, no tengo tiempo que perder con un dobe como tú.

-Vale –cabeceó conforme Naruto. El bastardo comenzaba a emplear ese tono irónico que utilizaba como defensa cada vez que se enfundaba tras su coraza. Había tensión en cada uno de sus músculos, y su rostro estaba pálido y tirante. Hasta podía detectar un pequeño comienzo de ojera bajo el parpado. Seguramente no debía haber dormido mucho en los últimos días-. Ya me ha quedado del todo claro que aquí ocurre algo. Ahora vas a contármelo –amenazó templado y firme.

-Baja del coche y no vuelvas a acercarte a mí –reclamó fríamente como respuesta, controlando de reojo la nula actividad del recinto.

-Primero vamos a hablar.

-He dicho que bajes del coche ahora mismo –replicó con mayor vigor apretando con dureza el volante del coche.

-¡Maldita sea, Sasuke! –del bolsillo interior de la chaqueta extrajo varias de las fotos que Shikamaru le había entregado-. Tu prometida ha contratado a otro detective para que te siga y nos ha pillado metiéndonos mano de lleno, ¿quieres hablar ahora o bajo y se las doy yo mismo?

La expresión de Sasuke se tornó brusca, y mientras contemplaba en la distancia las claras instantáneas de ellos dos intercambiando fluidos y roces poco decorosos, un gruñido irritado se le escapó sin pretenderlo de entre los dientes fuertemente apretados. Cerró los ojos y con cansancio se frotó los parpados.

Sinceramente, lo que menos le preocupaba en aquel momento era que Sakura descubriera las incontables infidelidades que había cometido, es más, comenzaba a creer que de ser descubiertas lograría deshacerse de otro de sus muchos problemas. Pero esas fotos concretas revelaban el rostro de Naruto, y a pesar de tener la seguridad de que la joven no las utilizaría de forma vengativa, no podía arriesgarse a que el rumor llegara hasta el despacho de la última planta, donde su padre, pondría un nuevo rostro a su crimen.

Abrió los ojos y de reojo le dedicó una mirada dura, casi agresiva al detective.

-Que sea rápido –ordenó secamente.

Naruto lo contempló extrañado. Podía comprender hasta cierto punto su enfado, estaba acostumbrado a que la gente a su alrededor lo obedeciera y no a obedecer, pero ninguna de esas razones tenían el suficiente peso como para justificar el haber provocado aquella mirada gélida en los ojos de Sasuke. Incómodo por la tensa atmósfera que se respiraba, se inclinó hacia delante frotándose las palmas de las manos contra los muslos, pensando con rapidez cuales serían las palabras apropiadas con las que comenzar.

-Es una suerte que conociera al detective. Shikamaru y yo estudiamos juntos en la misma escuela. Es un buen amigo –aseguró escondiendo de nuevo las instantáneas en el bolsillo-. Por eso decidió hablar conmigo antes que entregárselas directamente a ella.

Naruto esperó impaciente algún comentario por parte del moreno, y al no recibir ni siquiera una mirada, añadió a regañadientes.

-Esto no puede seguir así, Sasuke –suspiró, examinando con atención el rostro impávido y carente de atención de su compañero-. Esta vez he podido frenarlo a tiempo, pero si Sakura continúa sospechando y contratando más gente al final se enterará de la peor manera posible.

-Ese es mi problema –replicó adusto.

-No, Sasuke. El problema es de los dos –refutó-. Tanto tuyo como mío. Estoy involucrado en esto desde el momento en que comencé a compartir el riesgo contigo, desde el momento en que me convertí en tu amante.

-Entonces sólo tienes que dejar de serlo –bufó apático.

-¿Cómo dices?

Era la oportunidad perfecta para desencadenar una forzosa ruptura, y mantenerlo alejado de él, a salvo.

-Si has venido a decirme que no tienes suficiente con ser tan sólo un amante, que necesitas más y cualquier otro estúpido argumento sentimental, ahórratelo.

Naruto sólo atinó a alzar abruptamente sus finas cejas.

-Yo también estoy cansado de este juego –prosiguió Sasuke y esta vez mucho más contundente-. Y estoy de acuerdo en acabar con esto. Por eso he comenzado a guardar las cosas que no necesito en una caja.

Naruto arrugó bruscamente el ceño, se enderezó y su rostro se tornó desconfiado.

-¿Qué quieres decir con eso? –bufó tan molesto como receloso.

-Que tu sitio está dentro de esa caja.

Esas mismas palabras rudas, tanto en significado como en la forma en las que estaban siendo pronunciadas, se volvieron a repetir lentamente en la mente de Naruto de manera sucesiva, y una angustiosa sensación opresiva se enroscó alrededor de su pecho.

-Entiendo –musitó sintiendo su propia voz débil e insegura.

No es que no hubiera pensado ya con anterioridad en una respuesta negativa, que fuera él quien sentenciara definitivamente aquella patética relación, pero en el fondo, estúpidamente había tenido la esperanza de que Sasuke coincidiera con él en que permanecer juntos valía la pena. Sólo fue consciente del vacío que producía aquella negativa hasta que lo escuchó de su propia boca.

Y la sangre de sus venas dejó de ser caliente.

-¿Qué esperabas? –prosiguió Sasuke entornando los parpados, dibujando sobre sus labios una mordaz sonrisa-. ¿Qué renunciaría a todo lo que me ha costado levantar por alguien como tú? ¿Que te elegiría a ti antes que a una vida de éxito asegurada? No seas estúpido, tú sólo eras un juguete, y como todo juguete acabé cansándome de ti. Ahora desaparece de una maldita vez de mi vida igual que yo lo hice de la tuya.

Naruto contuvo el aire en los pulmones durante unos segundos, sintiendo como por momentos un desagradable malestar crecía atropelladamente dentro de él. Calor, notaba como la marea candente ascendía hacia su rostro, nublándole el juicio y una violenta rabia inundaba todo su ser, trayendo consigo unas irresistibles ganas de golpear aquel rostro recio y nacarado.

-Un juguete –repitió el rubio aplacando a tiempo en una pose tensa y altiva la rabia que pugnaba por surgir de su interior. Apretó con fuerza los puños hasta que sus nudillos se volvieron blanquecinos-. ¿Esa es tu mejor excusa, Sasuke? ¿Ya te has cansado de mí?

-¿Por qué iba a buscar una excusa? –gruñó entre dientes-. Tú eres el idiota que no entiende…

-Porque las cosas se están poniendo serias entre nosotros y eso te asusta –acusó mostrando un semblante decisivo y serio, adelantando el cuerpo hasta quedar frente a él a muy poca distancia.

Sasuke arrugó enérgicamente el entrecejo en un gesto irritado. No le gustaba el giro inesperado que estaba tomando la conversación. No era por donde él quería que discurriera y terminara.

-Te conozco, mucho más que todas esas personas que te rodean, no pretendas hacerme creer que lo nuestro ha sido tan sólo un juego –inquirió Naruto-. Sé que no eres feliz en el lugar donde te encuentras ahora, es algo que tú mismo me has confesado. Como también sé que has pasado muchos años escondido tras el muro infranqueable que has levantado en tu corazón, intentando protegerte del amor, de aquello que crees que te hace débil, y sin darte cuenta has bajado la guardia, y has permitido que alguien como yo entrara en tu vida, y resulta que por primera vez te has encontrado a gusto con alguien que te entiende y acepta tal como eres. Y eso te aterra.

La situación se le estaba yendo de las manos. Lo que tenía que hacer era alejar a Naruto, crearle el dolor suficiente como para que el resentimiento y el orgullo le impidiera acercarse de nuevo a su entorno.

-No tienes ni idea de…

-Porque dejar que yo entre en tu vida significa romper con la mísera existencia que conoces –prosiguió ignorando sus palabras-. Piensas que para ser digno de tu familia debes aceptar el destino que ellos te tienen reservado, cumplir sus expectativas y así convertirte en el hijo modélico que esperan de ti, pero no te das cuenta de que eso sólo te convierte en un cobarde incapaz de enfrentarse a una familia egoísta e interesada únicamente en su propio beneficio, demostrando con ese acuerdo matrimonial que nunca te han respetado lo suficiente como para dejarte tomar tus propias decisiones.

-Cállate –gruñó cerrando fuertemente la mandíbula.

-Te conformas con ser la marioneta de un ambicioso padre que no dudaría en deshacerse de ti si osas contradecir su voluntad. Eso no es amor, eso es desprecio. Te trata igual que a sus negocios, como si fueras una inversión financiera de la que espera obtener beneficios.

-¡Cállate!

-¡Callándome no será menos verdad lo que digo!

Sasuke cerró los puños con fuerza, y rabioso se lanzó contra el rubio, el que detuvo sin problemas su envestida. Sentía como le ardía el pecho y le palpitaban las sienes con fuerza, como si toda aquella palabrería hubiera colapsado su mente y su cuerpo.

-No digas ni una mísera palabra más –ordenó tajante.

¡Maldición, ya sabía todo eso! No hacía falta que le recordara cada una de las miserias que se cernían entorno a su vida, no en aquel momento. No cuando había acumulado tanta rabia, tanto rencor durante todos estos años, siendo consciente de que para su padre él tan solo era un indeseable trozo de carne, una moneda de cambio.

-Tú que sabrás por lo que estoy pasando. No tienes padres ni hermanos, no puedes entender mi dolor –musitó inclinándose desafiante sobre él-. ¿Acaso sabes cómo me siento? ¿Acaso crees saber por lo que estoy pasando? –con ímpetu llenó los pulmones de aire-. ¡Tú no sabes nada!

Sin parpadear Naruto le sostuvo la mirada desafiante, y sorprendido descubrió bajo aquellas oscuras pupilas que algo impreciso se agitaba resquebrajando su máscara impertérrita. El dolor y la impotencia del que se siente vulnerable, tan frágil que apenas reconocía en él al hombre arrogante y seguro de si mismo que tanto alardeaba ser.

-¡Tú no eres nadie! –bramó con el rostro desencajado en una mueca doliente-. No tienes ningún derecho a hablar así de mi padre. El único con ese derecho soy yo, ¿entiendes? ¡Yo!

-Sasuke…

-He creído como un estúpido cada una de sus palabras, cada una de sus mentiras, una tras otra. He vivido odiando injustamente durante los últimos dos años a una persona inocente, a la única persona que intentó salvarme. No digas que me conoces… ¡No te atrevas a decir que sabes lo que siento!

-Estás llorando.

Naruto trató de posar una mano sobre su hombro, pero Sasuke lo impidió con un seco revés.

-¡No me toques! –le cortó tajante con impasible temple. Con movimientos enérgicos se frotó el rostro eliminado todo rastro de humedad sin ser consciente de cuando había comenzado a llorar-. Aléjate de mí.

Naruto lo contempló sobrecogido, incapaz de mover un músculo ni articular palabra, con la sensación de haber cometido un fatídico error al haber obligado a Sasuke a tener aquella conversación sin haber reparado antes en el gran peso que soportaba en sus espaldas. Arrepentido y sin poder apartar los ojos de aquel rostro que por segunda vez veía arrasado por la impotencia y el sufrimiento, posó suavemente una mano sobre su hombro y dócilmente le hizo girar hasta que el cuerpo tembloroso quedó arropado en su regazo.

-Aléjate de mí –murmuró débilmente Sasuke escondiendo el rostro en la curvatura del cuello, aferrándose con desesperación a su cintura.

-Está bien –susurró acariciándole la espalda consoladoramente-. Está bien.

Minutos después, cuando la calma fue relajando los tensos músculos y la respiración se volvió acompasada, Sasuke se apartó lentamente sin poder sostener por mucho tiempo la mirada contra esos cálidos y hermosos ojos azules.

-Ha ocurrido algo, ¿verdad? –preguntó con calma Naruto, aunque sin poder evitar que su voz sonara preocupada.

El moreno torció el rostro de forma lánguida, sin afirmar ni negar nada.

-Cuéntamelo, Sasuke –insistió inclinándose comedido hacia él-. Sabes que puedes confiar en mí.

Sí, Naruto era de las pocas personas en las que podía seguir confiando. Pero esa no era la cuestión. Hacerlo conocedor de todos esos datos, de toda esa información, lo convertía automáticamente en un cómplice, lo haría partícipe de aquel peligro. No estaba dispuesto a perder de nuevo a una persona importante en su vida, no a Naruto. Pero por otro lado estaba seguro de que tarde y temprano el detective acabaría enterándose por otras fuentes, y quizás corriendo un mayor peligro.

Con cansancio echó la cabeza hacia atrás y suspiró derrotado.

-Encontré la carta.


4

Su hogar, esa cálida estancia que desde hacía varios años compartía junto a su pareja sentimental, ya no le resultaba tan agradable y acogedora como en antaño. El silencio del que anteriormente supo disfrutar, ahora se le antojaba triste y claustrofóbico, como un pozo sin fondo. La soledad, que tanta paz interior le había proporcionado, ahora le perturbaba, le incomodaba, le recorría con estremecimiento la columna, erizándole el vello, enroscándose en su estómago, agitándole el pecho. No, a Sakura ya no le resultaba agradable volver a casa después del trabajo, sobre todo sabiendo que en su interior no habría nadie para recibirla.

Sasuke volvía de nuevo a sus escapadas, a llegar tarde a casa, a no contestar las llamadas, a no dar explicaciones.

La joven suspiró abatida y de reojo observó su desanimado reflejo en el escaparate.

Se le acababan las ideas, y comenzaba a estar cansada de luchar por un amor cada vez más marchito, más muerto, a primera vista condenado al fracaso. Si tan sólo pudiera ser de nuevo su centro de atención, el foco de sus regaños, de su mal carácter, escuchar el tono fuerte de su voz, dejarse arrastrar por su lujuria, o simplemente tenerlo junto ella, a su lado, dormido en cama, deleitarse de nuevo a escondidas con la belleza de su tranquilo sueño…

Si tan sólo supiera cómo conectar de nuevo con su pareja…

Una fresca brisa se alzó, alborotándole los rosados cabellos. Con ambas manos se los peinó, recogiendo los mechones delanteros tras las orejas.

Quizás era hora del volver a hacerle una visita a Kakashi. No es que le hiciera mucha gracia volver a ver a aquel hombre de aspecto holgazán, desinteresado y flojo, por no hablar de lo costosa que era su consulta, pero sus consejos eran eficientes, y eso era lo único que importaba.

Un poco más animada giró sobre sus pasos calle abajo, en dirección al consultorio. Sabía que sin cita previa iba a ser difícil ser atendida, pero no le pareció mala idea esperar un poco, de todas formas no tenía nada mejor que hacer.

Todo ocurrió tan rápido que no pudo frenar ni esquivar a tiempo a la persona con la que chocó de frente al girar la esquina. La sorpresa más que el tropiezo, le hizo perder el equilibrio y precipitarse torpemente hacia atrás. Oyó un repentino "cuidado" y su cuerpo, como un mecanismo de defensa, se tensó preparado para la caída, algo que nunca llegó a ocurrir. A tiempo lograron unos fuertes brazos rodearla con presteza por la cintura dejando la parte superior de su cuerpo suspendido en el aire.

Presintió el calor de una boca a penas a escasos centímetros de la suya y lentamente abrió los ojos, centrando la mirada sobre la persona que la había salvado de un seguro golpe sobre sus posaderas. Un joven y masculino rostro sorprendentemente familiar, el que inmediatamente provocó que su corazón latiera desaforado y sus mejillas se tiñeran de un vistoso tono rojizo. Abrió la boca, pero ninguna palabra surgió de ella.

Sasuke.

-¿Estás bien? –le preguntó el joven en un tono imperturbable.

Sakura parpadeó confusa centrando mejor su vista. No, ese no era Sasuke, aunque era evidente el gran parecido físico que existía entre ellos; el mismo color de pelo, la misma palidez en el rostro, nariz recta, labios finos, incluso la misma forma rasgada y color de ojos, tan negros como la noche, pero algo en él lo hacía inquietantemente diferente.

-Sí –musitó débilmente incorporándose y dejando entre ellos el espacio suficiente que exigía la buena educación-. Gracias.

El joven tan sólo le dedicó una artificial sonrisa carente de emoción. Parecía que su silenciosa respuesta era todo lo que pretendía añadir al respecto hasta que segundos después pronunció.

-Me llamo Sai –le tendió una mano amistosamente.

-Sa… Sakura –dubitativa, le estrechó la mano educadamente.

-Sakura –murmuró ingenuamente sin variar ni un ápice el gesto artificial en su rostro-. Es un nombre de mujer.

Las finas dejas de la joven se alzaron abruptamente, sin terminar de comprender muy bien qué trataba de decir con aquel comentario. Inclinó el rostro dando un rápido vistazo a su propia silueta. ¿Acaso no era obvio?

-Sí, lo es –aseguró vacilante. Aquel chico le resultaba cada vez más perturbador y desconcertante, no sabía cómo definirlo, simplemente no le agradaba. Lo mejor en esos casos era marcharse de forma condescendiente, y con suerte no volvería a cruzarse con él en la vida-. De nuevo gracias por lo de antes.

Mostrando una forzada sonrisa, se dio la vuelta retomando su camino. A penas unos pasos antes de que la voz impávida de Sai la detuviera de nuevo.

-Estoy confuso.

Sakura frunció el ceño y lentamente se giró hacia él.

-¿Cómo dices? –preguntó insegura.

El muchacho torció ligeramente el rostro hacia un lado sin variar ni un ápice su expresión indefinida.

-Tu cuerpo es muy ligero y hueles a perfume de mujer, pero los rasgos de tu cara son bastante andróginos –explicó dubitativo. Poco a poco Sai se fue acercando hasta quedar a escasos centímetros de la joven, examinando con descarada pasividad cada facción de su rostro-. Tampoco eres linda como una chica, ni dulce, pero vistes ropa femenina –alargó una mano, y con toda la naturalidad del mundo, palpó curioso el busto de la mujer-. Y además estás plana, no tienes pecho –añadió aún más confuso-. ¿Eres travesti?

Sakura abrió tanto los ojos que sus orbes amenazaron con salir disparadas. Incrédula, tardó varios segundos en reaccionar mientras el joven pasaba descaradamente una mano por sus pechos, comprobando el tamaño.

-¡Pero qué demonios haces! –gritó escandalizada. Súbitamente alargó los brazos empujándolo con tanta brusquedad que Sai se vio impulsado hacia atrás, perdiendo el equilibrio y seguidamente cayendo de culo contra el suelo. No contenta con eso alzó una mano y le abofeteó sonoramente la cara-. ¡Pervertido!

Sai vio como la joven entre blasfemias, daba rápidamente media vuelta y con paso acelerado se perdía calle abajo. Aún permaneció en el suelo varios minutos más, con el corazón bombeando fuertemente en su pecho y la mejilla ardiendo allí donde había sido golpeado.

-¿Eso es que sí o que no? –titubeó frunciendo las cejas dubitativamente-. Sigo confuso.


5

Una vez mostrada la carta en el interior del departamento del rubio, Sasuke se limitó a fingir de pie, asomado a la ventana del salón, que su atención estaba puesta en la transitada calle. Toda la historia podía haber sido resumida en pocas palabras, obviando los detalles más vergonzosos y escabrosos en los que se veía envuelta su familia, pero algo en su interior le impidió hacerlo, prefirió entregarle el documento y dejar que Naruto lo leyera por sí mismo, permitiendo que sacara sus propias conclusiones personales.

Mientras el detective la leía, Sasuke no dejó de estudiar de reojo sus reacciones; incrédulas en un principio, mudadas a un gesto grave y tenso instantes después. Distinguiendo a cada segundo menos brillo y más opacidad en sus ojos azules, más tensión y rigidez en sus miembros. La misma crispación que días atrás le había asaltado a él tras conocer el relato.

Fue un tiempo casi eterno, o al menos esa fue su impresión, el que transcurrió hasta que finalmente terminó de leerla. Después, ninguno de los dos habló.

Naruto depositó el documento sobre la mesa, y lentamente se aproximó por detrás a su compañero, pero no dijo nada, se mantuvo en silencio durante largo rato observando algún punto indefinido en su espalda. Podía oír la respiración acelerada del moreno, así como percibir el claro temblor que recorría su cuerpo, esperando que la primera frase delatora fuera pronunciada.

-Tenemos que llevar esta carta a la policía –apostilló finalmente Naruto.

-No.

-¿Por qué no? –refutó ceñudo-. Esta carta es la prueba física que puede demostrar la inocencia de tu hermano y lo que es peor, su asesinato. Si la llevamos ante la policía abrirán un expediente criminal a los responsables y serán enviados a la cárcel –explicó-. Sólo necesitamos la declaración de un perito grafólogo que demuestre que la carta y letra es autentica.

Sasuke chaqueó la lengua con irritación. Ya lo sabía. ¿Acaso creía que era idiota? Fue lo primero que se molestó en conseguir; una prueba fehaciente de que aquello era autentico. Pero las cosas no sucederían de la forma sencilla en que Naruto lo explicaba. Por muchas denuncias delictivas que hiciera ese relato inscrito por una persona sepultada bajo tierra, nada aseguraba con completa convicción que lo citado en esas líneas fuera cierto. No bastaba sólo con acusar y señalar criminales, además debías demostrar esa acusación con hechos que lo ratificaran, cosa de la que carecían. Si entregaban la carta, los acusados negarían los sucesos, era palabra contra palabra, inmediatamente el caso quedaría archivado y los acusados libres por presunción de inocencia mientras no se demostrara legalmente su culpabilidad.

La única solución viable era hablar directamente con su padre, hacerle confesar y entonces…

-Yo tengo mis propios métodos –su frente se contrajo como si los pensamientos que cruzaban por su mente fueran extremadamente densos y pesaran sobre su entrecejo.

-¿Te refieres a esto? –Naruto intentó tocarle la parte baja de la espalda donde se avistaba un bulto sospechoso, a penas lo rozó con los dedos antes de que Sasuke se girara raudo y le apresara la muñeca impidiendo que sacara la pistola-. ¿Es eso lo que quieres, Sasuke? ¿Convertirte en lo mismo que tu padre?

-Cállate, tú que sabrás –espetó arisco-. ¿Acaso sabes con quién te estás enfrentando? ¿De verdad nunca has oído hablar del apellido Uchiha? –entrecerró los ojos dedicándole una mirada nublada y densa-. Entonces no sabes absolutamente nada de mi padre. Tiene contactos infiltrados en la policía, a los que soborna a cambio de silencio o eliminación de pruebas. Si entregamos la carta los únicos perjudicados seríamos nosotros, idiota.

-Entonces hablaremos con policías de otro distrito –resolvió airoso-. Puede que tu padre sea capaz de mantener controlado un círculo de contactos en esta ciudad, pero dudo que pueda sobornar los de todo el país. Una vez que entreguemos la prueba ellos arrestarán a los responsables.

Sasuke sacudió con fuerza la cabeza, rechazando ese procedimiento, pero no contestó.

-Además, tengo un amigo en Suna que podría ayudarnos –añadió el rubio convincente-. Es el jefe de policía en la villa de la arena.

Sasuke le dedicó una mirada inquisidora antes de preguntar.

-¿Quién?

El detective tragó saliva con dificultad, se mojó los labios con la lengua, y trató de que su voz no delatara su nerviosismo.

-Gaara.

Sasuke arrugó ligeramente las finas cejas. Recordaba ese nombre, era el mismo que utilizó semanas atrás para chantajear al rubio. Y si no le fallaba la memoria, ese era su ex novio. Por un momento el rostro pálido de Sasuke se tornó rígido y sombrío, sin dejar de taladrar con sus inquisidores ojos los del muchacho. No habló ni exigió explicaciones, tampoco era necesario, el detective podía leer en los ojos del moreno como aquel nombre no le era desconocido, igual que Sasuke podía ver en los azules la inquietud que le producía ver de nuevo a Gaara.

Continuará…