Katsura se encontraba discutiendo airadamente contra Shinsaku respecto a como proceder con Kaoru cuando el shoji de la habitación fue movido con tal violencia que se escuchó el crujido de la madera al chocar con el marco de la entrada. Había sido Miyabe, un hombre corpulento caracterizado por ser lo contrario a Katsura: era el más radical de la facción Choushou.
-¿Por qué no has mandado a matar a esa espía de una maldita vez?- reclamó el hombre a Katsura, avanzando con pasos toscos, que reflejaban lo iracundo que estaba en esos momentos- Estás siendo demasiado blando con esa mujer-
-Eso es de lo que estaba hablando con Takasugi- respondió de manera tranquila Katsura, haciendo creer a Miyabe que se burlaba de él. Indignado, desenfundó el arma.
-Hablar, es lo único que sabes hacer, pero al momento de pelear - con un movimiento, ya había colocado la punta del arma cerca al rostro de Katsura- te escondes, como ahora-
Hubo silencio en ese momento. La mirada que Katsura dirigía al hombre corpulento no cambiaba, seguía igual de tranquila. Eso era algo que Miyabe siempre se preguntaría hasta el día de su muerte: ¿Cómo Katsura siempre mantenía esa mirada? Sintiendo que aún se burlaba de él, bajó el arma hasta su cuello lentamente esperando que la expresión del líder cambiara. Sin embargo, Shinsaku, con la vaina de su propia arma, apartó la espada del cuello de Katsura, ofreciéndole una mirada desafiante a Miyabe.
-Si quieres pelear, vamos afuera- amenazó con un tono de voz serio, algo extraño en él- Recuerda que, aunque no te guste, Katsura sigue siendo tu líder. Amenázalo de nuevo y date por hombre muerto- De mala gana, Miyabe volvió a enfundar su arma- Ahora, sal. Si ella muere o no, no te concierne- regresó la mirada hacia Katsura- Aunque sería preferible tomar tu consejo Miyabe-
Katsura solo suspiró.
-Que no quede como una palabra muerta en tu boca, Shinsaku-
Miyabe dejó la habitación, no sin antes dirigir otro mirada de ira a Katsura. Shinsaku volvió a sentarse, aun con expresión seria.
-Creo que Miyabe tiene razón ¿Por qué aún no mandas a matar a Kaoru? Lisuka ya nos dijo que era una espía ¿Qué esperas?¿Qué se arrepienta y nos revele donde están sus cómplices?- hizo una pausa, disgustado por lo que iba a decir- ¿O acaso... sientes compasión por esa chica?- esta vez las palabras salieron como un escupitajo de su boca- ¿Es eso?-
-El problema es Lisuka-
-Y otra vez con eso- Shinsaku dejó que su cuerpo cayera hacia atrás, colocando sus manos tras su sien. Estaba harto de escuchar lo mismo de Katsura. Desde el inicio de la discusión no dejaba de hablar de Lisuka, de que él tenía un interés en Kaoru y que no se podía fiar del todo en su acusación. Y él respondía lo mismo: "Aunque así fuera, los hechos corroboran que Kaoru es una espía y que nos ha vendido."
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Solo después de ver a Lisuka salir de la habitación, permitió que las lágrimas cayeran por sus mejillas. Le dolía, le dolía todo: la espada, las muñecas, el rostro, las piernas… desde que despertó Lisuka no había dejado de golpearla para obligarla a confesar que era una espía. Lo había hecho, le había confesado todo lo que en algún momento le dijo a Kenshin, solo que omitiendo el detalle de su prometido. Le dijo que fue obligada, que la engañaron y que estaba dispuesta a pagar por lo que hizo.
"Te creo, claro que te creo. Tu cara de miedo cada vez que vuelvo a tocar este látigo me dice que no tendrías motivos para alargar tu sufrimiento. Pero a Katsura le dije que tú no solo viniste aquí como espía, sino que incluso ya habías revelado información."
"¡Eso es mentira!"
"Pues sí, una pequeña mentira para agravar tu situación. Y necesito que confieses que hiciste eso cuando traiga a Katsura a este cuarto. Si lo niegas, te matarán, si lo aceptas, tal vez no te maten ¿Quién sabe? Tal vez si haces otra cosa por mí aparte de confesar… puedas salir de aquí..."
Kaoru le escupió en cuanto él intentó besarla.
"Es sencillo, Kaoru, pero te gusta complicar todo. Veamos si unos golpes más te ayudan a pensar mejor en que es lo que te conviene"
Tras eso, solo se había desquitado con ella. El látigo no dejó de caer sobre su espalda expuesta, ni los golpes en su rostro. Y eso no era lo único que había sufrido: sus muñecas le ardían del esfuerzo inútil por librarse de las ataduras que la mantenían sujeta a dos palos que la obligaban a quedarse de pie, las piernas le temblaban horriblemente a causa de las patadas y latigazos que también recibieron, los hombros le dolían por la posición a la que su cuerpo estaba forzado a mantener. A parte de dolor físico, otra cosa la aquejaba: estaba casi desnuda. Lisuka, a base de golpes y latigazos, se deshizo de la mayor parte de la falda de su kimono, le había quitado las sandalias y las medias, rompió el obi y desgarró la parte de la espada de su prenda y las mangas de su kimono. Ahora solo tenía cubiertas sus caderas, parte de sus piernas y la zona del pecho hasta el ombligo.
Al intentar enderezarse, resbaló, y sus hombros se resintieron al tener que soportar todo el peso de su cuerpo sobre ellos. Se mordió el labio para no gritar por el dolor, nadie podía escucharla gritar, ni podía verla llorar, mucho menos Lisuka. Esta vez si logró enderezarse, pero el dolor de sus heridas hacía que cada vez fuera más difícil mantener esa posición. Ahora era más vulnerable que nunca, si Lisuka quisiera, podría abusar de ella y nadie lo detendría, y a nadie la importaría. Excepto a Kenshin y la señora Okami ¿Pero que podían hacer ellos para ayudarla en esos momentos? Era una espía, y a los ojos de Katsura, ella ya había enviado información.
Escuchó el sonido del shoji ser corrido, y no se atrevió a levantar la mirada. Podía ser Lisuka. Con toscas pisadas, alguien se acercó a ella.
-Katsura aún no ordena que te maten- le dijo una voz desconocida. Alzó la cabeza y fue recibida por una fuerte cachetada que añadió un nuevo rastro de sangre a sus labios- Pero pronto lo hará, espía-
Otra vez las lágrimas se apañaron en sus ojos. Se mordió el labio, evitando sollozar frente a ese hombre. Él alzó la mano para volver a golpearla, cuando otra lo detuvo.
-Miyabe, déjala. Él que la está golpeando soy yo- intervino Lisuka, sacando al hombre del lugar. Kaoru, en cuanto oyó su voz, tembló. Con sus manos, sujetó las cuerdas que la sostenían, pues sus piernas le fallaron, manteniendo su cuerpo suspendido. Lisuka sostuvo una corta conversación con el tal Miyabe antes de despedirlo y regresar con ella.
-Vaya, si que te ves mal, Kaoru. Te cuesta mantenerte de pie tras esa bofetada- la tomó por los cabellos para obligarla a mirarlo- Tampoco puedes responderme como antes, es una pena. Parece que me excedí un poco contigo, lo siento- la miró fijamente un momento y luego se rió de ella. Soltó sus cabellos y sonrió al escuchar un pequeño sollozo.
-¿Va a venir Katsura?- si Lisuka salió, debió ser para traer a Katsura con él, o eso quería creer. Solo quería que la sacaran de ese lugar.
- No va a venir, está ocupado-
Por un momento, Lisuka se detuvo a contemplar las heridas de Kaoru.
-¿y… Kenshin?-
Ante la mención del hitokiri, Lisuka se tensó ¿Por qué ella preguntaba por el asesino en esos momentos? No debía pensar en él, no podía, estaba con él, con Lisuka. Disimulando su molestia, se puso delante de Kaoru.
-¿Qué tiene?¿Quieres saber si ya lo mataron?- se burló.
-¿Regresó?-
-No-
Se quedó allí parado unos segundos. Lo único que veía era una Kaoru muy diferente a la que había conocido: esta estaba abatida y sin fuerzas (o eso creía), la otra Kaoru le gritaba. La tocó para ver si no se había desmayado o algo, pero ella se movió, rechazando su tacto. De seguro eso si se lo permitiría a Battousai. Volvió a intentarlo, tomando con delicadeza su cuello esta vez. Entonces empezó a deslizar su mano por la clavícula hasta que Kaoru lo detuvo, mordiendo su mano. Soltó una alarido, y retiró la mano mientras la miraba con odio.
-Sabes, pensaba darte una oportunidad para que te disculpes y hagamos las cosas más rápido- fue en busca del látigo, y para infundir miedo en Kaoru, lo hizo resonar a sus espaldas- Veamos si después de unos golpes más te tranquilizas-
Levantó el látigo.
Uno, dos, tres, cuatro…
Cada golpe era más fuerte que el anterior, y mermaba en las pocas fuerzas que Kaoru guardaba para no gritar. Tras unos golpes más, Lisuka escuchó el grito de desesperación que profirió Kaoru. Entonces se detuvo. Analizó a Kaoru, volviendo a poner su mano sobre su cuerpo: esta vez ella no lo rechazaba, ya no tenía fuerzas.
Sin fuerzas, no podía defenderse.
Lanzó el látigo y en su lugar, tomó un cuchillo. De un solo tajo, cortó una de las cuerdas que mantenía sujeta a Kaoru. Ella, de la sorpresa, no reaccionó, chocando contra el otro palo al que su otra muñeca seguía sujeta - Battousai aquí, Battousai allá. No hay manera de sacarlo de tu cabeza- le dio una bofetada y cortó la cuerda que faltaba. Para evitar que Kaoru caiga, la tomó por los hombros - Así que te daré un recuerdo para que también pienses en mí- aprovechando la condición de Kaoru, la amordazó y volvió a atar sus manos, dejándolas sobre su pecho. Terminado eso, abrazó a Kaoru un momento, queriendo mantener esa sensación: que era suya, que la tenía bajo su merced, y por sobre todo… que no era Battousai quien estaba en su lugar. Dejándose llevar, la besó. En ese momento, Kaoru trató de zafarse del beso, moviendo la cabeza, pues el cuerpo no le respondía. A Lisuka eso no le importó, ya nada importaba, solo quería de una vez quitarse esa espina de no poder tener a Kaoru para sí. Sin delicadeza, empujó a Kaoru, viendo como ella se desplomaba y se retorcía de dolor ante el contacto de sus heridas con el suelo. Giró su cabeza y vio el lugar donde antes ella estuvo: un charco de sangre le recordaba lo que había hecho, pero no lo llenaba de remordimiento. Ya tenía a Kaoru, eso era lo que importaba. Se agachó y aspiró el aroma que ella siempre desprendía combinado con el de la sangre. Con suma tranquilidad, colocó su rostro contra el cuello de Kaoru, sintiendo la suavidad de su piel, de lo cálida que era, de lo mucho que había ansiado eso. Movió su cabeza y miró a Kaoru, que por primera vez lo miraba con algo más que repudio: le suplicaba que la deje. Su cabeza se movía frenéticamente en señal de negación, sus manos también, pero no se atrevían a golpearlo como antes porque no tenían la fuerza para eso. Sonrió, pero esta vez no con burla.
Estaba feliz.
Tomaría algo de Kaoru que Battousai jamás recuperaría.
Con su mano, agarró lo que quedaba del torso del kimono de Kaoru y, con el mismo cuchillo con el que la liberó, empezó a cortar, y a cortar, hasta tener el camino libre hacia sus senos.
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El hitokiri volvió a caerse. Sakode, nuevamente, lo ayudó a pararse, para ver como el pelirrojo se perdía en las calles. Luego volvería a alcanzarlo, al verlo tirado en el suelo. Antes le hubiera dado risa, pero ahora estaban en una carrera contra el tiempo. No sabía porqué ni que provocaba que él corriera con tanto apuro. Si estaba en lo cierto, algo le había pasado a Kaoru, o a la posada. Solo esas dos cosas podrían alterarlo así. Escuchó el sonido de un choque contra el suelo. Meneó su cabeza, algo cansado de esa situación. Alcanzó al pelirrojo y lo levantó.
-Debes descansar, así tus heridas no dejarán de sangrar -
Kenshin lo ignoró. Al darse cuenta que estaba cerca a la posada, aceleró el paso.
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-Vamos a reunir a todos en la sala- ordenó Katsura a Shinsaku- Decidiremos su futuro a base de un juicio-
-¿Juicio?¿Estás bromeando?- Shinsaku volvió a sentarse y golpeó el suelo- ¡Es una espía?¿Quién demonios va a hablar a favor de ella?! -
-Yo lo haré-
Shinsaku lo miró, incrédulo. Luego empezó a reírse, queriendo creer que lo que Katsura le decía era un mal chiste.
-Bromeas, estás bromeando…- murmuró, tratando de restar importancia a lo que Katsura dijo.
-No, no es una broma-
El resonar de la espada de Shinsaku, rebotando sobre el suelo, demostró el impacto de esas simples palabras. Katsura no andaría con juegos en esta situación y, conociéndolo, no retrocedería ante cualquier cosa que diga. Tratando de tranquilizarse, siguió con la conversación.
-¿Tú y quién más?¿Himura?
-Nunca dije que él fuera a participar-
-Entonces solo mandas a la chica a una condena segura. No veo caso en hacerle un juicio a una espía…-
-¿Qué otras pruebas tienes para decir que es una espía?-
-Lisuka lo dijo-
-¿Y qué más?- al ver que Shinsaku no respondía, sonrió -Sé que Lisuka no nos mentiría diciendo que Kaoru es una espía. Si lo es, ya debió haber confesado. Y tras eso solo quedaría un detalle: las cartas ¿Cómo es qué él las interceptó y no me las mostró de inmediato? Y eso no es todo ¿Dónde están esas cartas?-
Por primera vez, Shinsaku no podía responderle a Katsura.
-Convocaremos ese juicio y Lisuka estará allí para responder. Si tiene pruebas y las cartas existen, mataremos a Kaoru. Sino, solo le pediremos que nos de la información que logró sonsacarle a la chica durante el interrogatorio. Dependiendo de eso, ella vivirá o morirá-
Shinsaku le sonrió, pero esta vez no de manera burlona: estaba derrotado. Katsura si tenía un buen punto. Sin nada más que decir, tomó su arma y salió del cuarto. Katsura oyó como llamaba a gritos a todos para reunirlos en la sala. En ese momento, Ikumatsu ingresó a la habitación.
-¿Todo bien, Kogoro?-
Él la miró, como si fuera un ángel que lo acompañaría en este camino que estaba por recorrer: salvar la vida de Kaoru.
-Eso creo- admitió con un suspiro -Convencí a Shinsaku-
-Ahora tienes que convencerlos a todos-
La geisha tomó las manos masculinas y empezó a masajearlas, notando lo estresado que estaba su esposo por medio de ellas.
-Si no fuera por ti, Shinsaku seguiría discutiendo conmigo-
Ella se encogió de hombros, recordando la charla de la noche anterior y todo lo que le dijo a su esposo en ese momento.
-Una mente tranquila piensa mejor que una atormentada-
Terminado su masaje, dejó las manos de su esposo sobre su regazo, sonriéndole. El hombre le devolvió la sonrisa, pues era consciente de que los consejos de Ikumatsu esa noche salvarían una vida. A veces se sorprendía de la inteligencia que ella poseía y de su capacidad de analizar diversas situaciones. Por eso, a parte de Shinsaku, ella era a quien recurría cuando necesitaba consejo. Shinsaku entró a la habitación para avisarle que todos estaban reunidos. Katsura se despidió de su esposa, esperando que todo saliera bien.
-El único que falta es Lisuka- informó Shinsaku - Miyabe me dijo que pidió no ser interrumpido-
-No podemos iniciar el juicio sin él, no serviría-
-¿Lo traigo?-
-Tienes que-
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Quería golpearlo, quería darle una patada y sacárselo de encima. Rogaba por que alguien llegara y se lo llevara, lo que sea, que sucediera lo que sea con tal de que Lisuka se fuera. Temía que lograra abusar de ella. Sus manos recorrían su torso desnudo, y presionaban donde fuera con tal de tener algo de disfrute. Sus caricias no eran tiernas ni delicadas. Eran toscas, duras, eran insoportables.
En ese preciso momento su mente la llevó a tiempos pasados, a una situación similar. Recordó una suave cama occidental, el olor de las sábanas recién lavadas y el perfume del hombre que estaba encima de ella. Ese hombre no la tomaba por la fuerza, como Lisuka. Ella amaba ese hombre, a pesar de todo lo que le había hecho. Todo era diferente.
En el pasado, ella se entregó por amor. Ahora, era obligada a hacerlo.
En el pasado, las caricias eran suaves y tiernas, aunque falsas y carentes de verdadero afecto. Ahora, sentía caricias egoístas que más deseaban obtener el propio placer que en compartirlo y que dolían.
En el pasado, su cuerpo anhelaba más contacto. Ahora, sufría ante cada toque.
Lisuka presionó violentamente uno de sus senos, y ella se arqueó a causa del dolor. A él no le importó, más bien hizo lo mismo con el otro seno ¿Cuánto tiempo seguiría torturándola?
-Eres preciosa, Kaoru- gimió. Ella trató de defenderse, pero su cuerpo seguía igual que antes: inútil. Solo podía sollozar o reaccionar ante el dolor. Lisuka la miró a los ojos, soltó un suspiro y arremetió contra sus labios. Su mente la llevó nuevamente al pasado.
En el pasado, ella correspondía el beso fervorosamente, con el anhelo de que eso fuera en realidad amor. Ahora, ni siquiera podía desviar el rostro o presionar sus labios para evitar que la lengua del animal que la forzaba encontrara placer en su boca. Sabiendo que no podía hacer nada contra Lisuka, cerró los ojos y trató de soportar todo eso. Tal vez él se aburriría y la dejaría, o alguien vendría y la ayudaría.
Al sentir un bulto contra su muslo perdió cualquier esperanza.
-Creo que ya me harté de esperar- Lisuka sujetó sus piernas y las acomodó para culminar con el acto de una vez -Terminemos con esto-
Kaoru empezó a negar frenéticamente, hallando por primera vez fuerzas para mover sus manos atadas y golpear a Lisuka en el rostro. El golpe no fue lo suficientemente fuerte para aturdirlo, por lo que él no le prestó la menor importancia. Sabía lo que iba a pasar, y ella estaba ahí, tendida en el suelo, llorando, sin poder luchar por culpa de las heridas que dolían tanto al punto de no sentir su cuerpo ni poder moverlo. Lisuka recargó su peso en ella, mientras le susurraba lo hermosa que se veía.
Su mente volvió a rememorar el encuentro con el otro hombre. El recuerdo era más latente que nunca.
Ella, en ese punto, le había rogado que se detuviera, ya habían ido demasiado lejos. No era correcto, no estaban casados. Lo empujaba, preguntándose donde quedó el chico que susurraba promesas de amor de hace unos momentos. Lo llamó, intentó darle besos para tranquilizarlo, pero él seguía enfocado en una sola cosa: penetrarla. Al ver que él no le hacía caso, lo abofeteó y recriminó su falta de honor al ir contra la promesa que le hizo a su padre. Eso solo lo enfureció. Se lanzó sobre ella y la inmovilizó poniendo todo su peso con tal de hacer que le falte el aire. Sujetó con una mano ambas muñecas de Kaoru por sobre su cabeza. A pesar de sus ruegos y golpes, Kotaro solo sonrió de medio lado, y abrió sus piernas violentamente.
"Si tomo tu virginidad, estarás deshonrada. Así te obligaré a quedarte a mi lado"
Y en ese momento, le fue arrebatado lo más preciado para una mujer.
Ahora, con Lisuka, ya no sentía el dolor que sintió esa vez. La sensación de su cuerpo siendo partido en dos, el dolor expandiéndose como electricidad por todos lados habían desaparecido. Sin embargo, la vergüenza seguía ahí. Sin poder hacer nada, dejó que su cabeza cayera hacia un lado, derrotada. Lisuka no se detenía, seguía embistiendo. Nuevamente, había sido violada.
-¿Qué?- repentinamente, Lisuka se detuvo - Se supone que eres virgen, esto debió dolerte- embistió nuevamente- A menos…- Los ojos de Lisuka ahora despedían fuego. Para él, era obvio quien había estado con ella antes - Te entregaste a Battousai ¿No?- la abofeteó - Con el asesino si puedes retozar alegremente, pero conmigo no- la abofeteó repetidas veces - Eres una cualquiera, una puta que sedujo a Battousai…-
Las bofetadas se detuvieron ante un grito. Lisuka no tuvo tiempo ni de acomodar su ropa pues un hombre se lanzó contra él. Kaoru trató de cubrirse lo más que pudo su pecho con sus brazos. En la entrada, pudo ver a Shinsaku, a las señoras Okami y Omake y a Sakode. Estaba tan cerca de desmayarse que no escuchó como las ancianas la llamaron por su nombre, el grito de Shinsaku llamando a Katsura, ni las maldiciones que lanzaba Battousai contra Lisuka mientras lo golpeaba totalmente encolerizado.
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-Kaoru Kamiya ha sido señalada como una espía por parte de Lisuka- habló uno de los hombres que estaban en la sala discutiendo sobre la espía -Se supone que Lisuka es el que se encarga de averiguar el pasado de las personas, no veo razones para dudar de sus sospechas-
-Yo tampoco, Katsura ya debió haberla mandado a matar-
-Hablando de él ¿Dónde se ha metido?- intervino otro - Hace rato salió, creo que algo pasó con la espía y Lisuka-
-No me importaría que la haya matado durante el interrogatorio-
Las puertas de la habitación se abrieron, entrando el líder Choushou, Shinsaku, Sakode y Lisuka.
-Lamento haberme ido, pero sin Lisuka esta reunión no tendría razón de ser- dijo Katsura, dirigiéndose a todos los presentes.
-Ni siquiera con él la tiene- rugió Miyabe -Ya sabemos que es una espía ¿Qué esperas para matarla? Estás haciendo un circo innecesario…- miró un momento a Lisuka, al igual que todos los demás- ¿Qué le sucedió?-
Shinsaku empujó a Lisuka al frente, dejando ver el resultado de la golpiza de Battousai.
-Esto es lo que pasa cuando te sobrepasas con un rehén- dijo Shinsaku, tomando asiento junto a Katsura.
Todos intercambiaron miradas interrogantes y murmullos, y luego señalaron a Sakode que estaba buscando un lugar donde sentarse.
-¿Y qué se supone que hace él aquí?-
-Viene en representación de Battousai-
Eso aumentó los murmullos.
-Señores- la voz de Katsura detuvo los murmullos - Dicen que esto es innecesario y es un circo, pero no lo es. Estamos condenando a la espía no solo por serlo, sino por proporcionar información sobre las misiones de Battousai a nuestros enemigos- señaló a Lisuka - Este hombre fue el que, personalmente, me informó de ello-
-Es su trabajo- señaló uno de los presentes, denotando aburrimiento.
- Eso lo sabemos, pero gracias por recordarlo - se burló Shinsaku.
-Quiero que ante nosotros presente las cartas de las que me habló-
Todos los ojos estuvieron clavados en Lisuka. Él, sentado frente a Katsura, se encogió de hombros.
-Creo que solo por ser espía debemos matarla-
Varios comenzaron a reiterar su apoyo a la idea, sobre todo Miyabe.
-Las cartas- insistió Katsura.
Lisuka hizo un ademán de coger algo, luego fingió sorpresa y sonrió.
-No están aquí- respondió, desvergonzado.
-¿Y dónde están?- preguntó Katsura - ¿O debo suponer que no existen?-
-¡Qué insinúas, Katsura!- se oyó un reclamo. Más se unieron luego de ese -¿Nos reúnes a todos aquí solo para exponer que Lisuka no tiene esas cartas? ¡Esto es un desperdicio!-
Las quejas resonaron en la habitación, y Lisuka sonreía, sabiendo que saldría bien librado de eso. Aunque no tuviera las cartas, condenarían a Kaoru de todas formas por espía. Estaba acabada.
-¡Silencio!- gritó Shinsaku - Queremos que Lisuka nos diga lo que la espía le dijo durante el interrogatorio-
-Están desperdiciando su tiempo en esto- rezongó alguien.
"Ya lo veremos" pensó Shinsaku.
-Empieza a hablar, Lisuka- ordenó Katsura. El nombrado rió y comenzó a hablar.
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En una pequeña habitación, Kaoru estaba siendo atendida por las ancianas, que veían con horror todo lo que Lisuka había hecho en su cuerpo. Ese hombre nunca fue tan sádico ni enfermo como ahora. La señora Okami limpiaba la sangre de las heridas con un pequeño trapo y la señora Omake vendaba las que ya estaban tratadas. La anciana miró un momento a Battousai, que estaba junto a Kaoru y no dejaba de mirarla. Se veía tan diferente al lado de ella que costaba imaginarlo totalmente fuera de si, como hace unos momentos mientras golpeaba a Lisuka. Battousai perdió el control y no dejó de golpearlo hasta que Sakode y Shinsaku lo sujetaron, diciéndole que Lisuka pronto estaría inconsciente si no paraba.
"¡Él se merece eso!- había gritado -¡Se merece eso y más!¡No tenía derecho a lastimarla de esa manera!- rugió, empujándolos para volver a golpear a Lisuka"
Ahora, estaba más tranquilo, pero las ganas de golpear a Lisuka no menguaban, no solo por Battousai, sino para todos los que vieron ese hombre estaba haciendo. Siguió vendando los brazos de la chica, mirándola con pesar. Ya sabía que era una espía, Haruka se lo había dicho. Obviamente exigió que sea castigada como merecía, pero no así, con esa brutalidad; se suponía que era un interrogatorio…
-Omake, yo me encargo de Kaoru, tú ayuda a Himura- le ordenó la señora Okami. Omake tomó sus vendas y se acercó a Battousai.
-Quítate el gi y el haori, necesito vendarte-
Él obedeció sin decir una palabra. La anciana comenzó a hacer lo mismo que Okami: limpiaba los restos de sangre, secaba y limpiaba. Después tendría que limpiar el camino de sangre que Battousai dejó el ingresar a la posada. Cuando eso pasó, las dos ancianas estaban hablando sobre Kaoru, Omake lloraba y Okami se lamentaba sobre ello, hasta que el sonido de golpes en la puerta trasera hicieron que ambas salieran de sus habitaciones. Al abrir la puerta, Battousai entró y preguntó por Kaoru. Omake le dijo que era una espía, pero Battousai ignoró eso y volvió a preguntar por Kaoru. Okami le dijo que estaba siendo interrogada por Lisuka, lo que ocasionó que Himura saliera corriendo hacia la zona prohibida de la posada, donde dormían y tenían sus reuniones los más altos cargos del Choushou. Eso solo lo sabían las ancianas. Sakode ingresó en ese momento, gritando que primero debía curar sus heridas. Las ancianas se miraron contrariadas y vieron el piso: un camino de sangre. En su afán por detenerlo, las ancianas y Sakode lo siguieron, entrando junto a él a ese lugar. Por coincidencia, encontraron a Shinsaku que estaba por entrar a una habitación, cuando Battousai se le adelantó y observó lo que Lisuka hacía. Todos se quedaron perplejos ante eso, todos menos Battousai que se lanzó contra el hombre y comenzó a golpearlo. Shinsaku y Sakode intentaron detenerlo; las ancianas se acercaron a Kaoru y la llamaron, le pidieron que se mantuviera despierta e intentaron cubrirla con el manto que Okami usaba sobre sus hombros. Al final , Kaoru se desmayó. Battousai dejó de golpear a Lisuka, no sin antes darle un buen puñetazo en la boca del estómago, acercándose a Kaoru. Con cuidado, la cargó y junto a las ancianas se la llevaron a un cuarto cercano para atenderla. Ahora las ancianas cumplían con su trabajo.
-Hijo- lo llamó al ver que estaba se tomaba la cabeza por un mareo - No te arriesgues otra vez a perder sangre de esta manera- ajustó un vendaje alrededor del estómago del hitokiri para luego pasar a su espald. Ahí vio un gran corte - Al parecer ya habías sido herido antes en tu espalda…-
-Kaoru me vendó esa herida- habló Kenshin, sorprendiéndola -Me dijo que no saliera de nuevo. Debí hacerle caso, hubiera evitado que esto pasara-
-No, no lo harías. Por más cariño o promesas que tengas con ella, es una espía. Ni siquiera yo debería estar ayudándola, pero no soy una mala persona para abandonarla luego de que Lisuka la atacara-
Kenshin la miró enfadado, provocando que Omake bajara la mirada, intimidada. Esa anciana no sabía nada de Kaoru, no sabía como había llegado ahí ni de que huía. No tenía derecho a condenarla de esa manera.
-Omake, ve con Kaoru, yo atenderé a Himura- dijo Okami, queriendo tranquilizar a Himura, pues tanto él como ella sabían sobre la verdad de Kaoru. Aunque uno sabía más que el otro. En ese momento, entró Sakode.
-Señoras, necesito a Himura-
Okami ayudó al hitokiri a pararse. Él miró a Kaoru una última vez antes de irse con Sakode. Su amigo tuvo que ser su apoyo para poder caminar hasta la sala donde todos lo esperaban.
-¿Qué pasó?- preguntó Kenshin. Sakode suspiró.
-Lisuka habló, y dijo algunas cosas sobre Kaoru que, bueno, no te sé si te gustarán-
-¿Cómo?-
Sakode corrió el shoji, y Lisuka se paró, apuntando a Battousai.
-¡Si él la defiende, es porque es su mujer!-
Kenshin casi se resbala al escuchar eso. Lisuka era un maldito por decir eso, siendo él quien había abusado de Kaoru.
-Dijo algo como eso- le susurró Sakode, mirando a Lisuka- No creas que no quiero golpearlo-
Katsura mandó a callar a Lisuka de una vez, que no dejaba de gritar que Kaoru se entregó a Himura.
-Himura, lamento llamarte en la condición en que estás, pero te hemos traído para que puedas desestimar o corroborar lo que Lisuka dice- miró a Lisuka para que se calle, a modo de advertencia- Primero, responde ¿Kaoru es tu mujer?-
-No-
-¡Es una mentira!-
-¡CÁLLATE LISUKA!- gritó Katsura, perdiendo la paciencia - Continuando con lo que decía, supongo que las señoras Okami y Omake ya te habrán dicho que Kaoru es considerada una espía-
-Sí, me lo dijeron-
-¿En algún momento tú sospechaste que ella lo era?-
-No-
-Lisuka nos dijo que ella envió unas cartas donde explicaba cuáles eran tus misiones, con tal de que sufras emboscadas-
Kenshin miró furioso a Lisuka, haciendo que temblara.
-Eso es mentira. Ella jamás lo hizo- dijo, regresando la mirada a Katsura.
-Señor…- intervino Lisuka. Katsura estaba por callarlo, pero Lisuka se agachó, poniendo ambas manos delante de su cabeza, que tenía la frente pegada al suelo.
-Más te vale que sea algo importante-
-Quiero admitir que las cartas fueron una farsa-
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Sumita seguía muy de cerca al niño. Este había intentando perderlo en más de una oportunidad, pero era un ninja, no podía. Se ganó más de un golpe por eso.
-¿Cuánto falta para llegar, niño?-
-No mucho-
Siguieron avanzando por ese bosque. Al parecer el niño frecuentaba ese lugar, porque andaba sin detenerse ni siquiera a tratar de recordar el camino. Incluso sabía donde conseguir comida en caso tuviera hambre, pero no se molestaba en darle algo a él. Era lo de menos.
-Ya llegamos-
-¿A la posada?-
El niño se rió del ninja.
-No, llegamos a Kyoto-
Las casas empezaron ser visibles a lo lejos. El niño avanzó más rápido, obligando a Sumita a tomarlo por el hombro para que no huyera. Al entrar al pueblo, Sumita intentó llevarse al niño a un lugar donde fueron menos visibles, pues sería extraño ver a un hombre vestido totalmente de negro por las calles con un niño. En cuanto le quitó la mano del hombro, el niño salió corriendo, de nuevo para huir. Ese hombre de la posada solo le pagó para recibir y dar un mensaje, no para que lo mantengan cautivo un montón de hombres de negro. No iba a ser un cautivo, su padre estaría preocupado si no aparecía. Aprovechando que conocía la ciudad utilizó callejones estrechos por los que el ninja no podía entrar, y mucho menos seguirlo por los tejados, pues haría demasiado ruido y los vecinos saldrían a ver que sucedía, confundiendo al hombre con un ladrón. Nunca debieron mandar a alguien con esa musculatura, el hombre araña sería más útil en esos momentos que ese tal Sumita. Siguió avanzando por los callejones, decidiendo esconderse en el patio de una casa, dentro de una caja hasta el amanecer. Ese hombre se rendiría al amanecer y se iría. Tal vez volvería con otro o alguien más vendría a buscarlo, pero no sabían donde vivía y conocía esa ciudad mejor que todos esos ninjas juntos. No podían atraparlo. Ahora se buscaría otro trabajo para ayudar a su padre. Se acurrucó contra la caja y trató de dormir, su último pensamiento antes de dormir fue como estaría la chica de la carta.
