Capitulo 12: Inútil evasión
Quiero emborrachar mi corazón
para apagar un loco amor
que más que amor es un sufrir...
Y aquí vengo para eso,
a borrar antiguos besos
en los besos de otras bocas...
Si su amor fue "flor de un día"
¿porqué causa es siempre mía
esta cruel preocupación?
Quiero por los dos mi copa alzar
para olvidar mi obstinación
y más la vuelvo a recordar.
Candy sintió como su cuerpo entero se estremecía ante la cercanía y el calor que emanaba el cuerpo de Albert tan cercano al suyo. Su ahora esposo usaba un perfume varonil y embriagante, mezcla de maderas y especias orientales, ella sintió como ese olor se le iba a la cabeza intoxicándole mientras que los largos dedos del rubio con suavidad y delicadeza desabrochaban su blusa. Solo la abrió lo suficiente para meter discretamente la punta de sus dedos y tocar la suave piel de su pecho, a la altura de su corazón. El veía claramente como la chica respiraba entrecortadamente, nerviosa, insegura… él sabia que no sera su primera vez, pero tal parecía que así era.
Pero al fin era suya, por todas las de la ley y sin el riesgo de que nadie pudiera intervenir para quitarle lo que por derecho le pertenecía: El control de la familia Andley y sus negocios, y el amor de la mujer de sus sueños. Su corazón rebosaba de alegría y necesitaba desahogar sus sentimientos en el cuerpo de esa mujercita que estaba sentada en sus piernas como niña regañada. Le tomó las manos y se las puso alrededor de su cuello, la rodeó con sus brazos por el torso y comenzó a darle pequeños besos en toda la cara, los cuales poco a poco empezaron a acercarse mas y mas a su cuello. Candy sentía cosquillas, quería dejarse llevar por el deseo, pero la verdad se sentía incomoda. La sangre de Albert entró en calor, y sus besos se hicieron más y más ardientes y profundos, su boca se prendió de la boca de Candy, su lengua penetró ávida a reclamar su dominio en el calor y el interior de ella.
Candy correspondió dejándose tomar e invadir, era SU marido, ella era SU esposa y tenia que cumplirle, corresponderle que él la amara a pesar de haberse equivocado. Eso era lo que se esperaba de ella. Pero el coraje, el pasmo, la angustia… todos esos sentimientos que la habían dejado en un estado de aturdimiento bajo el cual aceptó casarse con Albert (y de cierta manera, vengarse de Terry por haberla herido como lo hizo) estaban diluyéndose ante la avasalladora realidad de lo que estaba a punto de ocurrir. Iba a hacer el amor con Albert, y de pronto eso no le pareció tan sencillo, por mucho que ella quisiera, sus entrañas parecían estarle jugando una broma pues sentía unas ganas tremendas de soltarse de su abrazo y bajarse corriendo del tren, con la imagen de Terrence acosándola en su mente.
-Espera… Albert… perdóname!
Albert volteó a verla con unos ojos entornados que le decían que ya no podía seguirse aguantando las ganas de hacerla suya. Su respiración era pesada y caliente y le miraba la boca ansioso por seguírsela comiendo a besos.
-Que te pasa… pequeña, te sientes mal?
-Es que, no se como decírtelo…
-Dímelo, con toda confianza…
Candy lo miró con ojos suplicantes, le iba a hacer daño con toda seguridad, pero quería evitar a toda costa hacer algo para lo que no se sentía preparada, tenía que apelar a su buen corazón.
-Quiero pedirte que esperemos un poco.
-Un… poco? Albert sintió que le habían echado un balde de agua helada, una sensación decepcionante lo invadió y mientras trataba de serenarse, soltó suavemente a Candy mientras ella se ponía de pie y se quedaban tomados de la mano. El no la miró a la cara, solo sonrió débilmente y apretó con ternura los dedos de ella.
-Si…
-Tu entiendes, verdad?
-Si, no te preocupes, dije que te iba a esperar lo que fuera necesario, y aunque estemos casados voy a cumplirte mi promesa.
Candy sentía que iba a llorar una vez más, pero intentó poner su mejor expresión de que "aquí no pasa nada, como nos queremos". Albert se puso en pie y le dio un beso leve en la mejilla viéndola de reojo y salió del cuarto, antes de cerrar la puerta se dirigió a ella.
-Voy a tomar otro camarote y a solicitar que lleven ahí mis cosas, para que no te sientas incomoda.
-No va a ser necesario, Albert!
-Yo si lo voy a necesitar…
Albert cerró la puerta y Candy se hecho a la cama, a pesar del gran amor que ella sentía por él, su corazón le decía que había cometido un grave error, otro mas que añadir a su larga lista de estupideces. Se hizo ovillo en la cama e hizo una recapitulación de los acontecimientos que ocurrieron una vez que aceptó la proposición de Albert en el hospital.
El se puso tan feliz, que la abrazo fuertemente en su cama, le dijo que ese era el día mas hermoso de su vida y que ella jamás se arrepentiría por haber confiado en él, que sabia como estaba su corazón en esos momentos y por lo mismo seria prudente en su trato. Ante la nueva perspectiva, le dijo que tenia que salir a hacer algunas llamadas a sus contactos para que al día siguiente pudieran casarse previa su partida a Chicago. Una vez que Albert se fue, Candy pensó y pensó durante una hora aproximadamente. No podía entender en que momento su vida perdió el rumbo por completo: sin trabajo, sin sueños, sin el amor de su vida… sin nada! Bueno, con la nueva de que había aceptado casarse con Albert, pero incluso en esos momentos, quería echarse atrás y decirle que mejor siempre no, pero tampoco quería lastimarlo mas, si se negaba a cumplir con su promesa seria continuar por el camino eterno de la equivocación.
Por que creyó ciegamente en las palabras de Doña Erika? Nada mas vio a Terry y se lanzó de bruces sobre él como una descocada, sin medir consecuencias ni prevenirse de cerciorarse en lo que se estaba metiendo. Fue muy cierto que la revelación de la traición de Susana para ella fue determinante al momento de entablar una relación con un Terry casado. Por que por mucho que le doliera aceptarlo, la realidad era innegable, Susana seria una gusana infiel, pero era su esposa ante Dios y ante la Ley. La oscuridad ya se había hecho absoluta en la ventana, y decidida a aclarar estas dudas se levantó con determinación de la cama. Se vistió y salió furtivamente por la ventana, aun no era tan tarde y había algunos taxis y carruajes caminando por enfrente del hospital, se subió al primero que pasó por ahí dándole la dirección de Doña Erika. No pasó mucho tiempo cuando sintió que el coche se detuvo y al asomarse se llenó de sorpresa y confusión, la casa parecía estar completamente abandonada, al bajarse le pidió al cochero que no se fuera. No había luz en el porche, el letrero de la entrada no estaba y al asomarse por una ventana, no había un solo mueble en el interior de la casa por lo que pudo apreciar con la tenue luz de la farola que entraba e iluminaba débilmente desde la calle. Era como si nunca hubiera vivido nadie ahí.
Incrédula y confundida, regresó al coche y le pidió al conductor que la llevara de vuelta al hospital, en ese momento, quizá mas que como nunca antes en su vida, necesitaba con urgencia un consejo e iluminación, pero ante la nueva perspectiva, la mujer que la había animado a tomar un camino que al parecer la había llevado al abismo, no estaba mas disponible para ella. Que le quedaba entonces? Su ahora mejor amiga, la única persona en quien podía confiar le había aconsejado que se olvidara de Terry y aceptara sin reservas el amor de Albert. No, ya no podía seguir obedeciendo a su corazón, tenia que pensar fríamente, con la cabeza y hacer lo correcto, y eso era corresponderle al hombre que le había demostrado de mil maneras que la amaba a pesar de todo. Se casaría con él a la mañana siguiente.
Una vez que llegaron a Chicago, se dirigieron de inmediato a la mansión Andley, Candy deseaba con desesperación bañarse para quitarse de encima la pesadez del viaje. Después de la ultima ocasión que estuvo con Albert en su camarote, él no volvió a intentar nada igual con ella, se veían en la mañana en el comedor del tren para tomar alimentos frugales, entablar platicas por demás superficiales y posteriormente regresar cada quien a sus aposentos. Ella dormía, leía, pensaba e intentaba de mil maneras no llorar y principalmente no recordar por ningún motivo a Terry y todo lo que había vivido a su lado. Mientras viajaban en el auto que los condujo de la estación de ferrocarril hasta la mansión Andley, Candy cayó en cuenta que los problemas apenas iban a comenzar, Albert iba a su lado en el asiento trasero, George venia en otro coche atrás de ellos.
-Albert, no lo había pensado siquiera! Ya sabe la Tía abuela de nuestra boda?
Albert la miró mientras le sonreía, le tomó la mano actuando con tanta tranquilidad que tal parecía no había nada de que preocuparse.
-No Pequeña, pero no te preocupes, tu descansa, hoy por la noche ofreceremos una cena y ahí le daremos a la familia la noticia. Todo esta arreglado.
-Que eficacia Albert!
-Ya deberías conocerme Candy, aunque lo digas en ese tonito de broma, que a mi no me afecta.
El besó su mano, Candy pensó que se veía demasiado tranquilo ante la tormenta que con toda seguridad estaba por desatarse.
Al llegar fueron recibidos por los sirvientes que de inmediato los atendieron de todo a todo, a ella la condujeron a la habitación principal, la cual había sido expresamente decorada para su uso, Dorothy seria su mucama personal, y después de darse un abrazo, la joven preparo un baño con hierbas para que Candy se relajara y posteriormente se recostara a dormir.
-Ya sabes Dorothy?
-Que cosa Señora?
-Ah, entonces ya lo sabes… Por favor, no me digas señora, por lo menos no cuando estemos solas, me haces sentir una vieja!
-Esta bien, Candy, por supuesto que todo el servicio estamos enterados. Solo nosotros, pero aun no la familia. Muchas felicidades! Te deseo lo mejor. Dorothy la ayudó a ponerse una hermosa bata de organza y la ayudo a acostarse en la cama.
-Candy, se me ha dado la orden de despertarte al medio día para que comas en tu cuarto y después iniciar tu arreglo para la cena de esta noche, tienes que verte hermosa ya que va a estar presente tu familia. Que duermas bien! Dorothy salió de su habitación y la dejo sola. Candy se dio cuanta de cómo la última palabra de ahora en adelante tendría un significado completamente diferente al que hasta hacia poco había tenido.
-Mi familia…
El día transcurrió sin mayor sobresalto, la tía abuela se encontraba en Lakewood, pero había recibido la notificación que Albert llegaría ese día y que deseaba celebrar una cena esa noche donde todos los Andley del medio este estuvieran presentes. Al punto de las 7:30 de la noche, autos de lujo comenzaron a congregarse en el parqueadero de la mansión, y personas que tenían tiempo sin verse se saludaron con muchísimos gusto. Eran aproximadamente entre 20 o 25 los Andley reunidos ahí (incluyendo a los Leegan, sin Neil por supuesto), quienes con mucho esfuerzo y tratando de guardar su imagen de educación y prestigio, cuchicheaban entre ellos discretamente sobre cual podría ser el motivo de dicha reunión. El champagne, el caviar y demás refrigerios hicieron el transcurrir de los minutos más llevadero y al punto de las 8:30 el mayordomo hizo sonar la campana llamando la atención de todos ellos. Archie y Annie estaban sentados en uno de los sillones de la sala principal y de inmediato voltearon hacia el pie de la escalera donde el maestre requería la atención de todos. Posteriormente George Johnson tomó la palabra.
-Bienvenidos sean todos ustedes, en nombre del Sr. William Andley les doy las gracias por su asistencia, me ha solicitado que les informe que la cena esta lista y el los acompañara en el comedor una vez que estén instalados.
Todos pasaron al comedor y fueron acomodados de acuerdo con sus rangos y edades, en cada asiento aparecía el nombre correspondiente, y para vergüenza de los Leegan, ellos habían quedado hasta el final de la hermosamente decorada mesa. Elisa trinaba de coraje pero tanto ella como sus padres optaron por no ofenderse ni marcharse por que querían hablar con Albert sobre Neil y la afrenta ejercida en su contra enviándolo a México. En su momento no pudieron hacer nada por evitarlo pero le exigirían de inmediato, apoyados por la abuela Elroy, que le levantara el castigo tan atroz que le habían impuesto. En esas estaban todos cuando se dio el aviso que el Sr. Andley estaba por ingresar al comedor. La sorpresa fue masiva, cuando vieron al patriarca Andley entrar con una divina Candy White del brazo suyo, vestida de brocado verde con un juego esmeraldas en cuello, orejas y cabello. Se hizo un silencio absoluto y todos se pusieron de pie, como era la costumbre, pero en contra de lo que era habitual en dichas reuniones, el asiento a la mano derecha de Albert no estaba ocupado por la tía Abuela, ella estaba sentada al lado izquierdo, y estaba de lo mas ofendida de ver que Candy se sentaría en el lugar de honor al lado del patriarca.
-Muchas gracias a todos ustedes por acompañarnos esta noche tan especial, es mi deseo brindarles esta cena para departir con mi familia después de mi largo viaje. También debo recordarles que este viernes será la boda de nuestros queridos Archibald y Annie Ritter, por lo que les sugiero tomemos la ocasión como una cena en honor de ellos también. Buen provecho.
Candy miraba hacia su plato, en ningún momento levantó la vista, solo saludó brevemente a los chicos quienes de inmediato notaron que estaba rara, ella evitaba principalmente ver hacia el frente donde la Tía Abuela le lanzaba miradas asesinas, Elisa también sentía ganas de vomitar tan solo de verla tan hermosa y sentada en un lugar de tan alto rango, y llena de rabia se preguntó que qué demonios había pasado con la tal madrina, por que al parecer no había cumplido con su promesa de destruir a Candy, ya vería la manera de aclarar aquello. Una vez que todos terminaron de cenar, y mientras estaban en la plática de sobremesa comiendo el postre, Albert llamó la atención de todos haciendo sonar con un cuchillo la copa de cristal que estaba si. Una vez que se cercioró que tenia la atención de los comensales y con George a unos pasos detrás de su silla, Albert se puso de pie mientras se aclaraba la garganta para tomar la palabra.
-Muy bien, he decidido tomar la palabra por que también tengo algo muy importante que comunicarles. Es obvio que mucho de ustedes, por no decir todos, se habrán sorprendido de ver a la señorita White, quien desde hace años es hija adoptiva de la familia Andley, sentada a la mesa entre nosotros. Bien, no voy a andar con rodeos. Les informo que desde el lunes ella es mi Señora esposa.
La reacción de los comensales no se hizo esperar, Archie y Annie se quedaron sentados de una pieza mientras que veían con la boca abierta a Candy quien estaba pálida como una hoja de papel, Annie a pesar de querer tanto a Candy no sintió alegría con la noticia, al contrario, estaba angustiada e incomoda, principalmente por la manera tan abrupta en que se había dado todo. Archie por su lado, no podía creer lo que había escuchado y más preocupado se sentía de ver y escuchar a los demás miembros de la familia molestos, ofendidos y exaltados. La tía abuela de inmediato se puso en pie y comenzó a vociferar, perdiendo el control y la postura de dama que siempre la había caracterizado.
-Se puede saber que tontería acabas de decir William? Me parece una broma del peor gusto! Tu no puedes casarte con esta muchachita, no pasando sobre mi autoridad! Traerás deshonra y vergüenza sobre nuestra familia!
-No tía! Siento mucho que lo tomes de esta manera pero no hay marcha atrás, Yo sabia que de tu parte iba a haber oposición a mi decisión, pero he tomado las medidas necesarias para que nada ni nadie intervenga o modifique lo que es un hecho consumado.
-Claro que puedo intervenir! A pesar de que tu tengas el titulo de cabeza de la familia Andley, yo soy la que toma las decisiones, y por lo tanto vas a olvidarte de esta locura ahora mismo si no quieres atenerte a las consecuencias, y tu muchachita desvergonzada, vas a olvidarte de tus planes de trepadora y te vas a largar para siempre de nuestras vidas!
Todos los presentes observaban incrédulos el espectáculo que estaban presenciando, Elroy Andley estaba completamente fuera de si y de pie frente a Candy quien permanecía sentada con la cabeza agachada, daba la impresión que se le aventaría encima para desgreñarla de tan enojada que se veía. Elisa sonrió pensando que tal vez el momento tan largamente esperado por ella (ver a su odiada rival humillada y despreciada), estaba ocurriendo frente a sus ojos, solo era cuestión de segundos para que sacaran a Candy de la mansión a patadas.
-No quería llegar a este punto Tía, pero no me dejas otra opción, y esto no te lo puedo decir frente a la familia…
-Dime lo que me tengas que decir, no te tengo miedo! Emilia Elroy Andley levantó la barbilla en señal de desafío, y Albert meneando la cabeza resignado llamó con una mano a George, el cual se acercó con un paquete de documentos los cuales le tendió al gigante.
-Lee, y tú dirás si continuamos la discusión en privado.
Emilia le arrebató los papeles y su rostro perdió el color una vez que comenzó a leer la primera hoja del documento. No había leído mucho ante el silencio y la expectación de los presentes, Archie miraba a Candy, luego a Albert, y luego a la Tía Abuela y su mirada rebotaba de uno a otro tratando de entender que era lo que se traían entre manos mientras Annie le apretaba la mano dándose cuenta del desconcierto de su prometido, miraba fijamente a Candy, pero ella simplemente no levantaba la cara de la mesa. Elroy después de terminar de leer, levantó el rostro y lanzó un suspiro y se dejó caer en su silla.
-Tia, estas bien? Sarah Leegan se levantó de su silla y se acercó mientras era seguida por Elisa.
-Que barbaridad! William, debería darte vergüenza hacerle esto a nuestra Tía, y tu, estúpida arribista, ahorita mismo te voy a poner de patitas en la calle!
Albert se interpuso en el camino de Elisa que era obvio se dirigía hacia a Candy para agredirla y la tomó por el brazo. Elisa se puso tiesa como un palo llena de temor.
-Escucha Elisa, parece que no entiendes lo que acabo de decirles, Candy es la Señora Andley le pese a quien le pese, y si sabes lo que te conviene, más te vale cambiar de idea y actitud.
-Tia! Vas a permitir que yo sea tratada así?
Emilia Elroy ni siquiera volteo, su expresión corporal hablaba de una derrota y resignación completa.
-No puedo hacer nada, Elisa, mas vale que te marches si no estas de acuerdo. Ya no puedo hacer nada. William, no es necesario hablar más del asunto, les pido mil disculpas a ti y a tu esposa. Esta escena jamás volverá a repetirse por mi parte. A todos, debo pedirles su permiso para retirarme, no me siento bien, se quedan en su casa. Disculpenme.
La vieja mujer abandonó el comedor sin voltear a ver a nadie ante la incredulidad y pasmo de todos los invitados. Annie, percibiendo el momento tan embarazoso y actuando instintivamente, se levantó de su asiento y se acercó sonriendo a Candy, la rubia volteo temerosa de lo que la trigueña fuera a decirle, pero ella con unos ojos llenos de amor y ternura la abrazó emocionada.
-Muchas felicidades, querida Candy! Estoy tan contenta por ti!
-Annie…!
Candy se levantó de la silla para que el abrazo fuera mas completo, y los presentes lanzaron un suspiro de alivio ante el evidente fin del momento critico que habían presenciado, todos, haciendo a un lado a Sarah y a Elisa que estaban como un par de estatuas de sal, se levantaron de sus respectivos lugares en la mesa para proceder con la ceremonia de reconocimiento del nuevo lugar que a partir de ahí Candy tendría en la familia, todos la abrazaron a ella y a Albert también y los felicitaron a ambos deseándoles lo mejor. Incluso el Sr. Leegan fue a dar sus buenos deseos a la feliz pareja, cosa que ni Sarah ni Elisa hicieron, sencillamente no les era posible ir en contra de su repulsión por Candy, ni siquiera la conveniencia y el interés las ayudaron un poco a ser hipócritas, Sarah solo se limito a ofrecerle una disculpa a Albert y a salir del comedor seguida por una Elisa que en ningún momento quiso voltear a verlos por que apenas podía soportar las ganas de llorar.
-William, se que no es el momento apropiado, pero necesito pedirte me brindes un momento contigo para hablar sobre mi hijo. Daniel Leegan intento ser todo lo prudente y discreto, Albert sentía hasta cierto punto simpatía por el, se daba cuenta que el mayor pecado de este hombre era tener un alma débil e insegura que siempre se vio rebasada por el temperamento insufrible de su mujer, y que lamentablemente sus hijos heredaron de ella.
-Esta bien, Daniel, dame un momento y te alcanzo en la biblioteca.
Candy al fin sintió que la loza que la había estado oprimiendo a lo largo de la cena se había levantado de su espalda, y mayor fue su alegría al ver a su amado primo Archie acercarse a ella con una expresión de alegría e incertidumbre.
-Archie!
-Gatita! Felicidades linda, de corazón… te deseo solo lo mejor. La abrazó y le susurró al oído: -Cuidaremos de ti, no te preocupes, Annie y yo estaremos al pendiente.
-Gracias, los quiero mucho…
-Y nosotros a ti, nunca lo olvides.
No tardó demasiado en terminar la reunión, poco a poco los invitados se fueron marchando y convinieron volver a reunirse en los días siguientes para aclarar las nuevas disposiciones de jerarquía en el clan Andley. Candy se retiró a su cuarto después de despedirse de sus amigos, quienes le sugirieron que dejaran la plática para el día siguiente, ya que estaban a 2 días para la boda y aun había muchos pendientes por resolver. Albert se quedó hablando con Daniel Leegan, ya que este quería solicitarle que trajera de vuelta a su hijo, a lo que Albert, amable pero firmemente le dijo que consideraba que a Neil le hacia falta un castigo severo para que aprendiera la lección, ya que lo que intento hacerle a Candy fue sumamente grave. Daniel Leegan, a pesar de lo mucho que amaba a su hijo, sabia eso a la perfección, por lo que al ver la negativa y los argumentos de Albert optó por aceptarlo y esperar a que este decidiera levantarle el castigo a Neil.
Una vez que terminó la platica y después de despedirse del resto de los invitados, Albert se quedó en la biblioteca leyendo unos informes mientras bebía una copa de coñac. No era muy afecto a la bebida pero el haberse mantenido sereno a lo largo de una velada tan conflictiva como esa lo había dejado exhausto mental y espiritualmente, y mas aun, el recordar que a pesar de sus sentimientos, y a pesar del nuevo orden de las cosas, él no podía hacer lo que en esos momentos su ser completo le pedía a gritos, ir a tomar a su esposa y hacerle el amor. Intentó evadirse en la lectura de los reportes financieros pero la urgencia de esa necesidad lo estaba rebasando. En el silencio de la noche, ya que la mansión reposaba en la oscuridad, Albert subió por las escaleras hacia los dormitorios y se paró frente a la recamara de Candy, puso su mano sobre el picaporte y se quedó así unos minutos, indeciso de entrar en ella,
" Y si esta cerrada con llave? Y si ella no me quiere cerca?"
simplemente prefirió quedarse con la duda que enfrentar una decepción mas. Fue rápidamente a la biblioteca donde había dejado su saco, tomó las llaves de su coche y salió como un bólido en el. No iba a llorar, perfectamente sabia en lo que se había metido e iba a tomar las cosas como el adulto que era. Tomó el camino principal hacia las afueras de la ciudad y rápidamente llegó a la residencia de Rachel Dowson, quien de inmediato lo recibió haciendo gala de sus habilidades de anfitriona y mando llamar a Helen para él. A la rubia le brillaron los ojos de alegría, pues ya tenía demasiado tiempo sin saber de su cliente favorito. El fue al grano, no le interesó tomarse una copa con ella ni iniciar una conversación en absoluto, se fueron directamente a la recamara donde Albert desahogó toda su frustración y ansiedad acumulada por no haber podido tomar lo que por derecho le correspondía. Helen estaba enloquecida ante los arrebatos y caricias del gigante, ella en si era una mujer muy apasionada, dueña de un físico que hasta una diosa griega envidiaría, podía darse el lujo de escoger a su clientela, quienes generalmente la trataban como una reina a la hora de estar con ella, pero después de los meses sin haberlo visto, se confirmó a si misma que como este rubio no había otro hombre que ella hubiera conocido, su corazón insensible de prostituta se encontró latiendo de emoción ante esos besos y ese cuerpo tan hermoso y poderoso que la tomaba, la envolvía y elevaba a alturas desconocidas.
En su mente sintió miedo, en su corazón la inseguridad y el deseo le causaron una sensación de una punzada de flecha, hacia muchos años ella había entregado su amor a un hombre que la engaño de manera vil y la orilló a seguir ese camino promiscuo y prohibido. Y mientras tenía sobre ella a este otro, tan entregado, tan cálido y tan bello, que la besaba amorosamente en la boca mientras sus sexos ardían unidos dándole un placer tan arrobador y la abrasaba como si realmente sintiera amor por ella, las lágrimas se derramaron en sus ojos maquillados con rímel y sombras. Albert la vio llorar, y besó esas lagrimas, pues sentía que compartía con ella esa desdicha de saberse no amado, y entre suspiros y palabras tiernas, alcanzaron un clímax intenso y vibrante, pero no fue el nombre de Helen el que en ese momento ultimo el pronunció, llamó a Candy, a su Candy inalcanzable y tierna, que no podía corresponderle como el había soñado, finalmente lo entendió mientras trataba de respirar y no aplastar a Helen bajo su peso. Ella simplemente lo abrazo, agradecida con el por haberle dado tal momento glorioso.
"Aunque no sea en mi en quien estas pensando en estos momentos, Albert, si ella es el motivo para que me ames como lo haces, bendito sea su nombre!" Contra lo que generalmente acostumbraba, él se quedó hasta que casi salió el sol, y ella lo vio dormir con una expresión muy tenue de tristeza en su rostro. "yo te voy a hacer feliz cada vez que lo necesites, no importa que no sea para siempre, amor mío."
Nueva York
Nostalgias
de escuchar su risa loca
y sentir junto a mi boca
como un fuego su respiración.
Angustia
de sentirme abandonado
y pensar que otro a su lado
pronto... pronto le hablará de amor...
Hermano!
Yo no quiero rebajarme,
ni pedirle, ni llorarle,
ni decirle que no puedo más vivir...
Desde mi triste soledad veré caer
las rosas muertas de mi juventud.
Gime, bandoneón, tu tango gris,
quizá a ti te hiera igual
algún amor sentimental...
Llora mi alma de fantoche
sola y triste en esta noche,
noche negra y sin estrellas...
Si las copas traen consuelo
aquí estoy con mi desvelo
para ahogarlos de una vez...
Quiero emborrachar mi corazón
para después poder brindar
"por los fracasos del amor"...
Terrence vagaba por el circuito rojo de la ciudad, ubicado en el área de los muelles. Después del enfrentamiento con Susana y su amante se había encerrado en el departamento que rentó al salirse definitivamente de su casa. A pesar de que le exigió que se largara de ahí después de descubrirlo todo, no quería estar presente cuando ella fuera por sus cosas ni quería verle la cara a la Sra. Marlowe, estaba lleno de rabia ciega contra el mundo y contra las mujeres principalmente, quienes desde el momento que nació lo habían lastimado y traicionado de todas las formas imaginables. Rodeado de botellas y colillas de cigarros, deliraba llamado a su madre, rogándole que no lo abandonara, a ratos veía a Susana, e imaginaba que él y no ella, había perdido la pierna a consecuencia del fatal accidente, y su peor pesadilla era ver entre los vapores del alcohol a Candy, su blanca y hermosa figura sobre él, desnuda mientras le acariciaba su torso lechoso y la apretaba contra su cadera, mientras que ella montada en suregazo se movía sensual y lasciva. Los gritos de Ana Marlowe lo sacaban de esa ensoñación para recordarle que tenía la obligación y el deber de perdonarle su infidelidad a su hija por haberle salvado la vida… No podía encontrar un segundo de paz, ni siquiera al calor de las copas, así que se puso su gabardina y salió a buscar compañía, alguien que le sacara de la cabeza el recuerdo de esa mujer, la peor de todas, que lo había hecho giras con sus besos y sus mentiras, y a quien a pesar de amar locamente, no podía atreverse a buscarla para perdonarla y pedirle perdón a su vez, por que ya le había hecho demasiado daño.
Encontró una barra a la que nunca antes había entrado, ya que no era afecto a visitar burdeles, pero esa noche estaba decidido a hacerlo. Una vez dentro, su presencia llamó la atención tanto de la clientela como de las servidoras que trabajaban ahí, tomó la mesa que encontró mas alejada y pidió algo para beber, una camarera ya algo entrada en edad se le acercó para tomarle la orden.
-Que le sirvo, joven?
-Lo más fuerte que tengas disponible.
-Mmmm! Andas dolido, no es así? Bueno, permíteme ofrecerte algo que creo te ayudara.
Terry no puso atención, simplemente se limitó a ver a su alrededor para buscar la compañía que deseaba. En la barra vio una joven muy morena, de figura llenita y cabello negro y rizado. "Esa es perfecta! Alguien que para nada me recuerde a Candy…"
La mesera regresó con un vaso de un liquido transparente, Terry, quien acostumbraba beber Whisky de inmediato lo notó y lo olió, no le resultó conocido.
-Que es esto? Vodka?
-No, es una bebida que nos han traído del sur, y créeme, ayuda a olvidarse de todo.
-Como se llama…?
-Tequila…
-Mmm, probaremos el tequila, entonces. Como te llamas?
-Peg, pero tu papucho, puedes llamarme Peggy o como te dé la gana.
-Bien, "Peggy como me da la gana", quien es esa morena que esta sola?
-Ah! Esa es Marintia, la cubana.
Terry la vio de reojo y le puso un billete de dólar en la charola. La mujer de inmediato captó el mensaje y le sonrió guiñándole el ojo.
-Ahorita te la mando.
Segundos después, la voluptuosa mujer se le acercó contoneándose a un ritmo sensual y desconocido, su exotismo hacia evidente de que se trataba de una extranjera, y a Terry le pareció de lo mas adecuado, por él sería mejor incluso si no hablaba ni una palabra en ingles. Ella se dejó caer en sus piernas y solo le dijo al oído con un pésimo acento "five dolars". Terry de un solo trago se acabó el vaso de tequila, que le arrasó la garganta como una llamarada y le encendió la sangre. No requería de mayor preámbulo, se levantó obligándola a ella a ponerse de pie y le hizo una seña con la cabeza ordenándole a ir a donde tenían que ir. La mulata sonrió y mostró una blanca y hermosa dentadura que la hizo verse peculiarmente bella, como una extraña orquídea traída de una selva sudamericana.
Se fueron de ahí, ella llevándolo de la mano por una puerta que daba hacia la parte de atrás del bar y entraron a una cuartería, el lugar apestaba a pecado y suciedad, pero Terrence estaba tan enfermo de dolor que no reparó en las pésimas condiciones del cuartucho al que la cubana lo había metido. Ella, ni tarda ni perezosa se desvistió y quedó desnuda ante el muchacho, quien la observó y no sintió nada. Ella comenzó a desabrochar los botones de su camisa y lo llenó de besos en el cuello y en el pecho, mientras que con sus hábiles manos, acariciaba por dentro del pantalón el miembro, que poco a poco comenzó a endurecerse. El la obligo a ponerse de rodillas mientras ella abría el cierre del pantalón y comenzaba a hacerle la felación, Terry cerró los ojos mal disfrutando la sensación de los labios carnosos de la chica sobre su piel, y le tomó la cabeza sintiendo la suavidad de su cabello rizado. Ella hacia sonidos como si realmente lo estuviera disfrutando, mientras que él, víctima de su mente alcoholizada, sintió que ese pelo rizado era el de otra persona, incluso le pareció oler su perfume a rosas, lo cual lo obligó a abrir los ojos y mirar hacia abajo. No podía ser! El cabello de esa chica que lo estaba volviendo loco de placer era rubio! Y como un poseído, la tomó por los brazos y la subió para verla a la cara, en ese preciso momento unos truenos se escucharon afuera y unos relámpagos iluminaron la oscuridad del cuartucho. Bajo ese flashazo de luz plateada, pudo ver que era Candy la mujer que estaba con él. Enloquecido, soltó un gemido de dolor y la abrazó para besarla en plena boca mientras que la mujer se quedaba petrificada ante la inesperada reacción del joven.
-Perdóname mi hermosa! No sabes como lamento lo que te hice, te amo mas que nada en el mundo!
La cubana se asustó con la reacción de Terry, ya le había tocado lidiar con clientes borrachos que deliraban y a la hora de la hora le causaban problemas de todo tipo, por lo que intentó hacerlo reaccionar sonriendo y sacudiendoló. En otro relámpago, Terry se dio cuenta de que había sido una ilusión, no era Candy a la que había besado con tanta desesperación. Y al darse cuanta de ello, la soltó bruscamente y se talló con desesperación la cara tratando de espantar los demonios que comenzaban a dominarlo y enloquecerlo. Tomó su gabardina y salió corriendo del cuartucho intentando alejarse de lo que lo seguía sin piedad, sin darse cuenta que estaba en su interior martirizándolo.
La cubana, enfurecida, salió mientras se cubría con una sabana gritando en español que el fulano se había ido sin pagarle, y su padrote, que estaba en el bar escuchó el escándalo, y de inmediato fue tras Terry para exigirle que pagara, pero el ya estaba completamente fuera de si. Tan pronto sintió que lo tomaban por el hombro bruscamente se volvió una fiera y volteó estampándole el puño en la mejilla al proxeneta, que perdió el equilibrio y se fue de espaldas. No bien alcanzo la salida cuando el tipo, enfurecido se le lanzó y lo agarró por la espalda a lo que Terry le contestó con un cabezazo que lo obligó a soltarlo, y así, bajo un chubasco que se soltó en ese momento, los dos hombres se trenzaron en una lucha a puñetazos. Cuando el padrote se dio cuenta de que el cliente no caía ante sus puños, quiso sacar un puñal de su bota, pero Terry astuto como un zorro le dio un puntapié que lo hizo soltarlo. Para este momento el encargado del bar ya había llegado con unos policías que de inmediato los pusieron bajo control con sus cachiporras. Nuevamente, Terry fue llevado inconsciente y esposado bajo arresto mientras que el pobre padrote quedó desmayado en la acera y la pobre Marintia lloraba desconsolada tratando de reanimarlo y diciendo cuanta ofensa en español en contra del guapo trigueño se le ocurrió.
Terry se pasó la noche delirando y llamando a Candy entre sueños, estaba afiebrado pero los celadores solamente iban y le gritaban que se callara, en ningún momento se acercaron a revisarlo por que entonces se hubieran percatado que estaba ardiendo en calentura. Una vez que salió el sol y dieron la primer ronda de inspección, el jefe de la comisaria al llamarlo y no recibir respuesta suya, entró a la celda y se percató de que estaba muy enfermo.
-Muchacho, tienes mucha fiebre, dinos a quien podemos llamar para que vengan a recogerte…
Terry abrió los ojos tembloroso, a pesar de lo mal que se sentía, la borrachera se le había pasado y estaba consciente de su estado de salud. Con un hilo de voz se hizo escuchar por el teniente.
-Karen… Karen Klaise.
-Danos su dirección para ir a buscarla, necesitas que te revise urgentemente un doctor. Te vamos a dar agua y algo de comida para que no se agrave tu condición.
-Gra…gracias.
Unos horas después, Karen llegaba corriendo a la comisaria y pidió ser llevada de inmediato con Terry, la condujeron a la celda provisional. El lugar era pestilente y oscuro, ya que ahí era la primera ubicación a la cual los delincuentes recién detenidos eran llevados en lo que se determinaba que se haría con ellos dependiendo del delito y su situación penal. En el caso de Terry, solo aplicaba una leve fianza para dejarlo en libertad, la cual Karen de inmediato pagó. Pero nada la preparó para el triste espectáculo que presencio al estar frente a Terrence. Estaba recostado en una cama de fierro y resortes, envuelto con unas cobijas grasientas y apestosas que los celadores le dieron una vez que lo vieron enfermo para cubrirlo del frio. Chorros de sudor corrían por las sienes del trigueño producto de la fiebre, ella tuvo que ahogar un sollozo con su mano, realmente le causó muchísima compasión ver a ese hombre, quien generalmente era soberbio y orgulloso, convertido en un guiñapo humano. Tomó fuerzas de su flaqueza y se decidió a sacarlo de ahí, pero también a motivarlo a recuperarse de cualquiera que haya sido la situación que sin duda alguna lo había puesto en esas condiciones. Lo movió para hacerlo reaccionar mientras se agachaba para acercar lo mas que le fuera posible su cara a la de él. Terry abrió los ojos y la reconoció, intentó corresponder a la sonrisa de ella sin mucho éxito. Karen de inmediato notó los moretones en su cara.
-Espero que el otro haya quedado peor que tú.
-Puedes… apostarlo…
-Pues si puedes alardear al respecto, no me cabe la menor duda de que no estas tan mal como quieres hacernos creer a todos, ya deja de actuar, he pagado tu fianza, ya van a dejarte salir.
Ella lo ayudó a incorporarse, de inmediato sintió como el cuerpo de Terry irradiaba el calor de la infección.
-Uffff! Te urge un baño! Se puede saber en donde rayos andabas? Este favor te va a costar el doble de lo que pagué por tu fianza, que conste, Terrence!
-Ya me tocará algún día verte en una situación similar, Karen Klaise…
-Vas a ver malagradecido! Fingiré que no escuché lo anterior, anda, un taxi nos espera. Hay que llevarte al doctor.
Karen acomodó el brazo de Terry sobre su hombro y espalda y con mucho cuidado lo ayudó a salir caminando de la comisaria. Los policías que los vieron salir pensaron que esa muchacha seguramente amaba demasiado a ese tipo para rebajarse a entrar a un lugar tan poco recomendable para una señorita como ella. Terry se quedó dormido en el auto mientras se dirigían a la casa donde había vivido con Susana. Ella se había enterado por sus contactos que ella ya había abandonado la casa, y se imaginó que el departamento donde él se había estado quedando no estaría en buenas condiciones de limpieza. Una vez que llegaron, Peyton, que se había quedado al cuidado de la residencia, salió a ayudarla a bajarlo del taxi y lo metieron directamente a la bañera para enjuagarlo y bajarle la fiebre. Una vez que quedo limpio, entre los dos lo vistieron y lo acostaron en la cama. Karen lo veía demasiado débil como para llevarlo al hospital, mientras lo veía dormir y respirar pesadamente, analizó las diferentes opciones. Ella estaba enterada del rompimiento que tuvo con Candy en la fallida visita a Nueva Orleans de hacia unos días, así que la opción de llamar a Candy por teléfono, además de poco practica (Nueva Orleans estaba a miles de kilómetros de ellos, le tomaría días llegar y aun estaba la situación incomoda de lo que había pasado entre ellos) era inviable. Llamar a a Susana… ni pensarlo! Era lo ultimo que Terry querría, el simple hecho de ver a la alimaña rastrera esa podría terminar de matarlo del coraje… Llamaría a Robert Hathaway, dada la relación de amistad tan estrecha que entre él y Terry existía, no le cabía la menor duda de que le haría un gran beneficio verlo. Karen le llamó y el hombre se puso muy preocupado por el muchacho. Le dijo a Karen que no se moviera de ahí y que él se encargaría de llevar un medico a la casa para que lo atendieran ahí. Una vez que Robert colgó con ella, de inmediato llamó a Eleanor Baker, él estaba enterado de la relación entre ellos y le informó de lo que pasaba con su hijo. Ella no estaba enterada de nada, así que en esa breve llamada Robert la puso al tanto de las circunstancias que se habían dado entre él y Susana y de su reinicio de relaciones con Candy White. Eleanor entró en shock al imaginarse a su hijo pasando por tantos problemas, y le dijo que iría de inmediato a ver como estaba.
Pocos minutos después, llegaron juntos, Eleanor, Robert y el medico de cabecera del productor a la casa de Terrence y fueron recibidos por Karen. Eleanor prácticamente la ignoró pues se fue corriendo directamente al cuarto de Terry llorosa y angustiada, Karen se sorprendió muchísimo por dos cosas, primero, de ver a la actriz ahí, y segundo, por su llanto, al parecer sentía mucho aprecio por Terry, así que se fue detrás de ella seguida por los dos hombres. Al llegar al cuarto lo que vio la sorprendió aun mas, Eleanor estaba de rodillas ante la cama de Terrence, abrazándolo y llorando desconsoladamente.
-Hijo! Hijo de mi alma! Por Dios, que te ha sucedido?
Karen abrió los ojos como platos mientras volteaba a ver a Robert con la boca abierta, como queriendo preguntarle al respecto, a lo que este simplemente le contesto "si" con la cabeza. Ahora entendía muchas cosas y le quedaban claras otras tantas.
Chicago
Candy había estado sintiéndose mareada, los últimos días habían sido de un terrible y desquiciante alboroto, y aun no se acostumbraba a la idea de que su vida había cambiado por completo. Era la esposa de William Albert Andley, uno de los hombres más poderosos de Norteamérica, pero no lo era en la práctica. Desde que llegaron a Chicago y después de la cena de presentación, no lo había visto para nada, ya que además de dormir en cuartos separados, él al parecer salía demasiado temprano por las mañanas y llegaba demasiado tarde por la noche, y ese día en particular, que era la boda de Archie y Annie no lo había visto para nada. No estaba segura de que iba a pasar en las siguientes horas o como iban a representar su papel de esposos durante dicho evento, pero quiso creer que Albert, como siempre, sabría que hacer y tendría preparado un plan para salir adelante con el compromiso.
Dorothy estaba dando los últimos toques al elaborado peinado de Candy para tan magna ocasión, a pesar de las protestas de la rubia que hubiera preferido algo mas sencillo, Dorothy fue muy insistente en que debido a su nuevo papel como señora de sociedad era su obligación lucir lo mas distinguida que fuera posible, ya que eso inclusive era en beneficio de su marido, quien debía siempre mantener una imagen ante el mundo. "Nunca lo había pensado de esa manera, cual seria mi papel siendo esposa de el, siempre creí que seria algo mas sencillo, veo que me equivoqué."
-Además, Candy, la Señora Elroy te estará observando y tu en todo momento debes demostrarles a todos los que opinan lo contrario que tu estas a la altura de tu marido, si lo amas, tienes que hacer un esfuerzo. Por que lo amas, no es así?
-Si, claro que lo amo, Dorothy. Gracias, me has dejado bellísima. Candy lo dijo en tono de broma y ambas se rieron mientras se daban un abrazo. En ese preciso instante, Candy comenzó a sentir unas nauseas horrorosas, que la hicieron doblarse y salir corriendo al baño para no ensuciar ni el vestido ni la alfombra, Dorothy de inmediato se preocupó, por que la oyó largo tiempo vomitar desde el otro lado de la puerta.
-Candy, te sientes bien?
-Ya… ya paso Dorothy, me siento demasiado mareada…
-Habrá sido algo que comiste, pero… no lo creo, es lo que siempre acostumbras… tal vez un aire o algún bicho que hayas pescado…
Candy salió del baño tallándose la mejilla izquierda con su mano, todo le daba vueltas y Dorothy de inmediato la ayudó a recostarse en la cama al verla tan pálida.
-Tal vez seria mejor que descanses un rato, al fin que aun hay tiempo, es temprano. El Señor Williams me ha dicho que te esperaría en la sala dentro de 40 minutos, así que tu tranquila y reposa.
Candy se quedó recostada viendo hacia el techo, y comenzó a recordar cosas que había intentado evitar a toda costa, sin saber por que, a su mente vino el recuerdo de Susana, su imagen teniendo sexo con el doctor… era algo tan difícil de olvidar y que la llenaba de tanta rabia… y mas aún, enterarse después de que estaba embarazada, y el muy sinvergüenza de Terry, ocultándoselo deliberadamente y peor aun, negando haber tenido intimidad con ella. Que pretendía él con esas mentiras? Aunque pensándolo bien, tal vez el hijo ni siquiera era suyo… Si! Eso podía ser! Y si era así, él no tenia ninguna obligación de seguir con ella, pero por lo que se pudo dar cuenta, Terry con toda seguridad no sabia nada acerca de su infidelidad y por lo mismo estaba seguro de que ese niño era suyo…
lo cual podía ser también cierto, era sumamente difícil decir en esos tiempos la paternidad de un niño, la única que con certeza podía saberlo siempre seria la madre, o en su defecto, una vez que el niño naciera ver a quien en realidad se parecía… Eso tendría que averiguarlo Terry por si mismo, ya que ella ya era harina de otro costal, ahora, su realidad era que estaba casada con otro hombre y tarde o temprano, seria su mujer en la practica, y tarde o temprano también con toda seguridad se embarazaría de Albert… hablando de embarazo… Candy abrió los ojos aterrada, hasta ese momento recordó que habían pasado demasiados días y su periodo no le había llegado! Se sentó de golpe en la cama y Dorothy la miró asustada, Candy volteo y su expresión era de una aflicción desbordada.
-Dorothy, que día es hoy!
-Te sientes mal Candy?
-Dime que día es hoy!
-21 de Marzo, hoy se casa tu primo Archibald! Que te ocurre?
"Dios mío, hace 2 semanas debía haberme llegado mi periodo, no puede ser cierto, nunca me detuve a pensar respecto a ello, en que diablos estaba pensando? El vómito, el mareo, que alguien me despierte por que esto no me puede estar pasando. Tonta, Tonta de mi! Que esperaba? Que no soy una enfermera, que no tengo conocimientos básicos de biología y fisiología humana? Como nunca se me ocurrió pensar que mis encuentros con Terry podían tener consecuencias? Candy, estas en un serio, grave y horroroso problema!"
Contra todos sus deseos e intenciones de dejar atrás el pasado y encontrar la manera de olvidarse de Terry, Candy se encontró a si misma en la misma trampa en la que al parecer, su odiada rival había caído. Si lo que sospechaba era cierto, una sombra de ignominia y desgracia sin duda se abatiría sobre ella y el inocente, fruto de su malogrado amor por Terry, que llevaba en sus entrañas. El corazón, cruel y honesto le susurro que no estaba equivocada, y mientras miraba a Dorothy aguantando las ganas de batirse en llanto, elevó una insegura plegaria a Dios para que la ayudara a enfrentar lo que se avecinaba.
Nostalgias
de escuchar su risa loca
y sentir junto a mi boca
como un fuego su respiración.
Angustia
de sentirme abandonado
y pensar que otro a su lado
pronto... pronto le hablará de amor...
Hermano!
Yo no quiero rebajarme,
ni pedirle, ni llorarle,
ni decirle que no puedo más vivir...
Desde mi triste soledad veré caer
las rosas muertas de mi juventud.
Continuará…
Nostalgias, Carlos Gardel
