"Loco por ella"

James POV

Los días pasaban lentamente en una paz artificial que había creado para ella, sabía que tarde o temprano las paredes se caerían y tendría que soltarla a enfrentar todo lo que pasaba a su alrededor, el problema era que cada que me miraba con aquellos brillantes ojos azules se metía más en mis entrañas y la idea de dejarla ir se volvía más difícil de aceptar.

Bella había pasado cada día de su vida tras la muerte de René en una vorágine de miedo y frustración, hasta la muerte de Charlie.

Él había encerrado a Bella en una burbuja de protección desde el momento en que los peritos sobre el "accidente" de René llegaron a sus manos, saber que su amada esposa había sido asesinada lo hizo perder la cabeza, solo entonces se dio cuenta que no podía vivir como un hombre normal cuando tenía tanto poder y dinero en sus manos.

Desde entonces había una escolta de guardaespaldas cuidando a la pequeña Isabella de tan solo siete años, mientras su padre trabajaba día y noche por descubrir quién era el responsable de la muerte de René, investigador tras investigador pasaban por su casa y oficina a lo largo del día, entregando reportes diarios infructuosos, por cada hombre que renunciaba, él contrataba dos más.

En aquel momento era solo un adolescente de diecisiete años, pero mi padre, un gran amigo del señor Swan, solía invitarme a las múltiples reuniones que tenía con el padre de Isabella, quería motivarme para estudiar algo relacionado con economía o finanzas, sin saberlo me hizo un fiel observador de cada detalle en la vida de los Swan, la locura de Charlie resultaba abrumadora y despertaba la curiosidad de cualquiera, su desesperación lo llevaba a creer en falsas pistas de hombres que solo buscaban ganancias de un viudo en negación.

Durante esos años, vi un par de veces a esa dulce niña de largo cabello castaño y ojos azules, esas pocas ocasiones me pareció una niña encantadora y lista para su edad, sabía perfectamente porque había personas cuidándola de cerca, entendía el dolor de su padre y podía ocultar el propio sin esforzarse.

Isabella fue una niña atrapada en un mundo de sobreprotección, hasta que entro a la adolescencia y se negó a seguir las reglas de Charlie, encontraba formas más audaces de perder a los de seguridad y no ser encontrada por horas, cuando tenía quince años ya era una chica preciosa, fue entonces que mi tormento inició, sabía que no debería desearla, me sentía un maldito enfermo porque en mi cabeza la veía aun como una niña, pero su cuerpo no era el de una niña, tenía veinticinco años y suspiraba por una adolescente.

Salí con mujeres en la universidad, algunas eran tan parecidas a ella que me asustaba y cuando entré a trabajar con su padre me tenía que esforzar para no mirarla de más cuando aparecía en la oficina, no quería que Charlie me atrapara mirando a su hija con deseo. Pero mientras ella se volvía más rebelde, me costaba más trabajo dejar de pensar en ella.

Nos habíamos vuelto cercanos, a veces creía que era solo por su necesidad de tener un amigo en medio de la locura que estaba viviendo y era el más cercano a su edad entre todas esas personas, me gustaba enseñarle lo que había aprendido en la Universidad, ella siempre se vio atraída a las vagas lecciones de psicología que intentaba explicarle, solo las había tomado porque debía hacerlo, pero ella siempre se mostro interesada, incluso llegó a colarse en una de las clases y después todo el mundo preguntaba donde se había metido la pequeña castaña que venía conmigo.

Bella absorbía todo lo que le decía, cada palabra la tenía grabada para siempre y en cuestión de meses sabía como llevar las cuentas en una empresa, Charlie no tardo en notarlo y una mañana la llevo a la empresa con la esperanza de que la motivara a estudiar lo mismo que yo, ella era una esponja y todo sabría como llevarlo, pero sabía que no quería esto, me había explicado que no estaba segura de querer ir a la Universidad siquiera, no quería que todos la miraran cuando llegara con todos los de seguridad, era la misma razón por la que había terminado la educación básica en casa.

Sin embargo, acepto la petición de Charlie para poder salir un par de veces a la semana de la casa y lograba molestarlo con sus atuendos en el trabajo, no era revelador en exceso o demasiado corto, pero había algo en ella que lograba adecuar cualquier prenda a algo sensual y tentador, incluso un modesto traje de oficina.

Los días se convirtieron en meses y me di cuenta que aun cuando la deseaba, mi interés por ella más allá, no podía concentrarme en otra cosa que no fuera su sonrisa en las reuniones, me gustaba verla charlar con los empleados de limpieza, siempre volvía diciendo que tenían las vidas más interesantes que podía imaginarse, no podía pensar en la chica que Charlie describía, la que desaparecía en medio de la noche y perdía el control con el alcohol, pensé que él estaba exagerando como cualquier otro padre preocupado.

Hasta el día de la llamada.

Era viernes por la noche, las calles estaban heladas por el invierno y finalmente había decidido salir con una mujer de mi edad para sacarme de la cabeza a la hija de Charlie. Estábamos en un restaurante bastante bueno, ella era divertida y pasamos un agradable momento charlando antes de que llegara la comida, era pelirroja, antes de Isabella, siempre me habían gustado las pelirrojas, nos habíamos conocido en una fiesta años atrás, luego perdimos en contacto, pero los amigos en común que teníamos nos hicieron reencontrarnos.

Cuando estábamos por pedir el postre recibí una llamada, un numero privado, me disculpé para contestar y fui a un área alejada. Era Isabella, estaba llorando y su voz sonaba extraña, rogando que fuera a buscarla, repetía que estaba asustada y que no quería llamar a Charlie.

Le expliqué todo a mi cita y ella, aunque algo decepcionada, lo comprendió. Salí de ahí rumbo a la dirección que Bella me había enviado, deje el auto aun a calle y baje a buscarla, era una especie de bar, aunque no parecía la clase de lugar donde las chicas de la edad de Isabella irían, no había luces anunciando el lugar, solo un letrero mal colocado y un tipo cuidando la entrada.

Intente entrar directamente, pues no la veía afuera, pero el tipo se interpuso, tuve que darle un par de dólares para que me dejara pasar y finalmente entre a ese asqueroso sitio, comencé a empujar personas buscándola entre todos los presentes, simplemente no podía verla, entonces en una esquina del lugar vi una puerta siendo cerrada con ella dentro.

Entre empujones e insultos me abrí paso hasta ahí, intente abrir la puerta, pero la habían cerrado por dentro, toque con insistencia, esperando me escucharan entre todo el ruido, suponía que seguridad la había encontrado y ahora querían llamar a su padre, un hombre salió enojado y me miro de arriba abajo. Menciono algo sobre no tener tiempo para atender a nadie, pues tenía a una chica adentro y luego solo recordaba haberlo golpeado, estaba seguro de que había mencionado algo sobre acostarse con ella, pero todo resultaba borroso, la puerta se abrió dejando ver aquellos grandes ojos azules llenos de lágrimas mirándome como si fuera el único ahí. Fue el momento exacto en que me di cuenta de que estaba perdidamente enamorado de Isabella Swan, por la sensación en mi pecho al verla en ese estado y la maldita emoción de ser quien la había rescatado.

Entré a la habitación y tomé su mano levantándola de un horrible sofá, la llevé conmigo hasta fuera del lugar y una vez estuvimos lo bastante lejos del lugar, se detuvo y se aferró a mí en un abrazo lleno de sus miedos. No sé cuanto tiempo estuvimos ahí, solo sabía que ella acababa de darse cuenta de que en realidad había personas malas ahí afuera y que aprovecharían cualquier cosa para lastimarla. Me explicó que ese hombre la había amenazo con llamar a Charlie porque ella era menor de edad, le dijo que ella lo llamaría y entonces me había llamado a mí, mientras esperaban, el hombre le propuso tener sexo a cambio de solo dejarla ir, por el aspecto de ese tipo, entendía el miedo de Bella.

Su padre la había tenido en clases de seguridad personal desde que era pequeña, sabía defenderse, pero ese hombre pesaba fácilmente el triple que ella y era bastante alto, sin mencionar que ella apestaba a alcohol, en ese momento debió estar aterrada para comenzar a llorar.

En el camino a casa se quedo dormida con mi chaqueta cubriéndola del frío, la llevé a casa con su padre que estaba perdiendo la cabeza por no encontrarla, me agradeció haberla recogido y cuidarla, también me explicó que había dejado su teléfono y había robado uno de los chicos de seguridad, todos esos números estaban destinados para no poder ser rastreados, por las paranoias de Charlie, así que había enviado personas a todos lados para encontrarla.

Decidí no contarle todo lo sucedido, solo lo que tenía que saber, porque estaba seguro de que ella no quería que su padre supiera la aberrante proposición de ese asqueroso hombre.

Dos días después, volvió a la oficina y continuó con su vida, según su padre, se había calmado bastante y ya no intentaba perder a los de seguridad, él estaba feliz de poder protegerla, mientras yo solo podía imaginarme el miedo que debía tener de andar sola por ahí.

Seis meses después, después de su cumpleaños número diecisiete, Charlie fue herido por varios impactos de bala al salir de una reunión en un restaurante, esa noche fue declarado muerto en el hospital y ella se rompió en mis brazos, presa del llanto.

Mi familia se había ocupado de cuidarla durante los siguientes días, ya que Bella no tenía más familiares, las únicas que sobrevivían eran sus abuelas, una tenía alzhéimer y no podía ni recordar su nombre, la otra viviendo en una casa de retiro desde cinco años atrás, sin la fuerza para hacerse cargo de una adolescente, una noche antes del funeral, ella se coló en mi habitación, solo quería que la abrazara y durante una hora la sentí llorar contra mi pecho, no había palabras para darle consuelo en ese momento, no podía reconfortarse en la idea de que era un accidente, como lo había hecho con su madre y no tenía a quien correr por un abrazo que le brindara seguridad.

El abogado se contacto con mi padre dos semanas después, el testamento sería leído y tenían que estar presentes los beneficiados, sorprendido, me dijo que yo tenía que estar ahí también, solo entramos Isabella y yo, había una cuenta para cubrir los gastos de su madre y su suegra mientras vivieran, otra para los estudios de Bella y las clausulas de que al cumplir la mayoría de edad la empresa y todo lo que tenía, sería de ella. Hasta ese momento no entendía que estaba haciendo yo ahí, por un momento pensé que era un simple consuelo para ella, por petición de Charlie, pero fue entonces que el abogado leyó la última clausula. No era solo una explicación legal como las anteriores, Charlie había dejado una larga carta que quería el abogado nos leyera juntos.

La mayoría era una despedida a su hija, repitiendo lo mucho que la amaba y que no se dejara vencer por quien intentaba destruirlos, ella soltó un par de lágrimas y cerca del final fui mencionado.

"Mi querido James, has sido como un hijo para mí, mostrarte el camino dentro de la empresa ha resultado gratificante, le diste esperanzas a un viejo de que alguien quisiera seguir sus pasos y hiciste reír a mi niña de nuevo. Sé que la quieres, no como un amigo, ni como un hermano mayor como insistías hacerlo, he visto como la miras, así mira tu padre a tu madre y así miraba a mi René.

Quiero creer que esta carta es solo una prevención y que llegaré a conocer a mis nietos, que llevaré a mi pequeña al altar y la entregaré a un altar junto a un hombre que la ame tanto como yo ame a su madre, pero si eso no es así, al menos quiero estar seguro de que eso último se cumpla, por eso quiero pedirte que, en caso de mi ausencia, te cases con mi hija.

Ella estará furiosa ahora mismo, pero justo mientras escribo ella tiene dieciséis años y si tuviera que elegirle un tutor legal, serías tú, pero eso solo duraría un par de años y ambos sabemos que Bella encontrara la forma de salir corriendo en cuanto cumpla dieciocho, pues no estará legalmente obligada a permanecer a tu lado.

Sin embargo, estando casados tendrá que aguantar unos años más, al menos hasta que pueda enfrentarse a todo lo que nos rodea por si misma, es una chica fuerte y sabe cuidarse, pero aun es joven y no le deseo vivir la pesadilla que he vivido los últimos años, por el resto de su vida, quiero creer que, si hay alguien en el mundo dispuesto a protegerla, ese eres tú.

Despósala y váyanse de este maldito lugar, si llegaron a mí quiere decir que pueden llegar a ella, cambien su nombre, usen otra identidad, ocúltense en una isla desierta, has lo que sea necesario para cuidarla.

Bella, no me odies mi pequeña, solo intento asegurarme de que estarás bien aun cuando yo no esté, dale una oportunidad al chico a tu lado, es un plazo de cinco años, después puedes pedir el divorcio si no encuentras la felicidad a su lado, por ahora, solo quédate con él y dame la paz de saber que no estás sola…"

La boda había sido un secreto, solo ella y yo lo sabíamos, ni siquiera mis padres sabían que Isabella era mi esposa legalmente, nos habíamos casado en un juzgado dos semanas después, sin invitados, sin un vestido blanco y sin anillos elaborados, no hubo una fiesta al terminar y nadie nos felicitó, pero desde ese día lo que un día fuimos se arruino, ella comenzó a odiarme por aceptar, como si yo le hubiera pedido a Charlie esa boda, todo se fue al diablo con esa maldita firma que nos unía.

Nos mudamos al este de Francia ese verano, intentamos vivir juntos un mes, ella me pidió que me fuera, no quería que viviera en la misma casa, había contratado todo un nuevo equipo de seguridad, hombres y mujeres que trabajaban en la misma organización que un primo segundo, confiaba en ellos para protegerla.

Mientras ella vivía en una casa bajo en nombre de Marie Dwyer, yo vivía en un apartamento con el nombre de mi abuelo, no tardaron mucho en dar con nosotros, seguridad detecto que nos seguían continuamente y que había alguien vigilando la casa de Bella, tuvimos que mudarnos, estuvimos en España tan solo unas semanas mientras buscaba un lugar donde tardarían más tiempo.

Según mi primo, Jasper, estaban cerca de dar con la persona tras los asesinatos, creían que era alguien de adentro, un empleado de Charlie o un socio, en ese momento todos eran sospechosos, juntos encontramos Forks, un pueblo pequeño en Washington, no era muy popular con visitantes y había una casa en renta a las orillas del pueblo, escondida entre la vegetación.

En el proceso, ella conoció a Lucas en Francia, no podía negar, que aun cuando no teníamos un matrimonio real y no éramos una pareja, me había dolido verla con alguien más, no era solo un beso, ella se había acostado con ese hombre, como si supiera que iba a lastimarme, fue una gran pelea, fue la primera vez que me encontré con la Isabella que Charlie describía.

Después fue Mateo, un tipo cinco años mayor que conoció en un bar, su maldito juego me estaba volviendo loco, no quise pelear, solo me fui de su casa y corté contacto con ella, si quería saber donde o con quien estaba, llamaba a los de seguridad, no tenía fuerzas para verla sin sentirme herido.

Al llegar a Forks, solo esperaba al siguiente, no tardo demasiado en encontrar aun chico en la preparatoria. Seguridad me informo que había otro chico en la casa con ella y aun con lo que quería evitarme el mal rato de verla con otro, tenía que ir por ella.

Me aclare la garganta unos segundos después de entrar, ella estaba prácticamente sobre el chico y los celos me quemaban por dentro, si fuera un adolescente probablemente le partiría la cara a ese chico por tocar a mi esposa. Ella me miró enojada y sabía que estaba jugando conmigo, porque ambos sabíamos que debíamos ir a una cena con algunas personas de la empresa de su padre. En lo que respectaba para mis padres y los socios, estaba dándole a Bella un recorrido por las empresas de su padre, para que pudiera tomar el puesto cuando fuera mayor de edad.

―James, ¿necesitas algo? ―preguntó con una ceja alzada y el rostro serio, mientras el chiquillo estaba a punto de tener un ataque de pánico.

―Charlie me pidió que viniera a buscarte para la cena de esta noche. ―Charlie era la clave para nosotros, la familia de Bella era bien conocida por todo el mundo, pero la muerte de Charlie había sido un murmullo a voces, nadie de la familia salió a confirmarlo y el funeral fue exageradamente privado, así que algunos tenían sospechas de que era mentira. Cada que había un extraño en la casa, usábamos la idea de que su padre estaría en casa en cualquier momento, porque no quería que ellos supieran que ella estaba quedándose sola y Bella no quería que nadie supiera sobre nuestro matrimonio. ―Veo que te adaptaste rápidamente, a Charlie no le gustaría saber que estabas a punto de follarte a un adolescente en la sala de su casa. ―murmuré algo fuera de mí, estaba enojado y celoso, ella sonrió burlona y se puso de pie.

―Como se nota que no conoces a mi padre, él estaría feliz de saber que me acuesto con un chico de mi edad y no con el idiota que solo quiere cumplir la fantasía de estar con una chica menor. ―exclamó probándome, ella solo quería ver que tan lejos podía llevarme, a veces quería dejar de sentir cualquier cosa por ella, para poder dejarla, porque dolía demasiado no poder tenerla a mi lado. ― ¿Cuánto tuviste que rogarle para que te enviara a buscarme?

―Por esa boca es que deberías estar con un hombre mayor, necesitas algo de disciplina y un niño no hará más que asentir a lo que le pidas con tal de que le dejes acostarse contigo. ―murmuré sin levantar la voz, ella estaba jugando con fuego y oficialmente ese niño se había ganado mi odio por solo atreverse a mirarla.

―No te preocupes, a Edward le gusta llevar el control. Seguro sabrá enseñarme un par de reglas. ―respondió con su maldita sonrisa ladina, solté un bufido y quise decirle a ese maldito adolescente que esa chica era mi esposa y que, si lo volvía a ver en mi maldita casa, seguridad se encargaría de él, lo único que me detenía era no querer ponerme a pelear al nivel de una adolescente. ―Puedes esperar afuera y cuando esté lista te veré en el auto. ―murmuró como si fuera una clase de empleado de su padre, fruncí el ceño y la vi irse con ese maldito niño a su habitación.

Los días habían pasado desde ese primer encuentro y ahora estábamos al otro lado del mundo intentando arreglar todo el desastre en que nos habíamos metido, le había advertido mil veces sobre los riesgos de traer a otra persona a la ecuación, ella nunca escuchaba. Estaba cansado y comenzaba a entender la locura y el pesar de Charlie durante los últimos años de su vida.

Al menos ahora tenía un nombre, Aro Vulturi, lo conocía, habíamos estado en las mismas reuniones desde que entre a trabajar para Charlie, siempre intentaba imponer sus ideas sobre las del resto y después de perder todo se volvió aun peor tenerlo en las juntas, los accionistas estaban cansados de escucharlo pelear por un poder que no tenía y los pocos que lo apoyaban comenzaban a cansarse de no tener resultados.

Había dejado a Bella en la cama una hora atrás, quería creer que estaría bien, pero en ese punto ya no me quedaban esperanzas de que ella quisiera quedarse a mi lado, tenía todo planeado, en cuanto ese hombre estuviera en la cárcel y ella estuviera segura, pediría el divorcio, no quería una vida al lado de una mujer que no me amaba.

Quería meterme en la maldita cama con mi esposa, pero no tenía ese derecho, quería poder besarla si me apetecía, pero ella jamás me dejaría, ansiaba tocarla, poseerla y que fuera realmente mía, sin embargo, Isabella no me amaba y ahora que había encontrado el amor en otro lado, nunca lo haría, me culparía por no poder estar con ese niño, me odiaría aún más.

Y estaba tan harto de luchar por ella, el dolor y desesperación me habían llevado a sentir alivio al estar tirado en ese charco de sangre, como si acabaran de liberarme de un gran peso, no por cuidarla, sino por todo lo demás.

Al menos pude convencerla de usar el anillo nuestros últimos meses juntos, mi dolor había llegado a un punto en que verlo en su dedo era como poner una bandita sobre un corazón desgarrado.

Unas semanas después de llegar a Italia, los hombres habían tomado control para poder meter a uno de los nuestros entre los hombres de Aro, Bella había estado encerrada en la casa desde el primer día y yo finalmente me había liberado del yeso.

La doctora que me atendió en el hospital me recomendó una fisioterapeuta que acababa de iniciar a trabajar con ellos, Bella había ido conmigo en esa ocasión, así que la doctora nos invito a conocerla, incluso podríamos agendar la primera cita.

Llegamos a su oficina y me encontré con preciosa chica de ojos verdes y cabello rojizo, si estaba trabajando debía tener al menos veinticinco años, tenía una sonrisa amable, aunque no me paso desapercibido que intentaba coquetear conmigo, tenía años sin coquetear con alguien, pero no era tonto.

―Ella es Victoria Sutherland, tiene poco trabajando con nosotros, pero es una de las mejores a su corta edad. No encontrara una mejor fisioterapeuta en el país. ―exclamó la Doctora Jones, sonreí y miré a Victoria.

―Un gusto, James Witherdale. ―ella sonrió y tomo mi mano mirándome fijamente a los ojos.

―El gusto es mío, Señor Witherdale. Será un placer trabajar juntos. ―sonreí de vuelta y ella miró de reojo a Isabella. ―Hola, ¿eres amiga de James? ―Bella estaba inusualmente callada y por lo bien que la conocía, sabía que Victoria no era de su agrado.

―Sí, nuestros padres solían trabajar juntos. ―murmuré, porque conociendo a mi chica como la conocía, soltaría un insulto en cualquier momento, no quería llamar la atención en ese lugar. ―Isabella y yo hemos sido amigos desde hace años.

―Pues un gusto concerté a ti también, Isabella. ―me miró de nuevo y sonrió. ― ¿Has pensado en si quieres tus terapias aquí o si preferirías que fueran en tu casa?

― ¿En casa? ―preguntó Isabella levantando la voz.

―Generalmente solo son en casa si el paciente no puede moverse por su lesión, pero puedo hacer consultas en casa también por el trabajo de mis pacientes. Ya sea la falta de tiempo o cualquier otro problema. Lo más importante es que se recuperen.

―Lo ve, Victoria está comprometida con su trabajo.

―Supongo que podemos comenzar aquí en el hospital, dejare las sesiones en casa solo en caso de necesitarlo. ―murmuré con una sonrisa amable.

―Me parece bien. Puedes venir mañana mismo, de preferencia con ropa cómoda y que no te moleste si se manchan con algo de aceite.

―De acuerdo.

Después de despedirnos agendando la cita para la tarde siguiente, partimos rumbo al apartamento.

―Ella no te dará las terapias.

― ¿Qué?

―No vas a ir a verla cada maldita semana y definitivamente no la vas a meter a mi casa. Así que busca otro doctor.

―No. ―sabía perfectamente que, si dejaba a Isabella regir mi vida, lo haría sin pensar, debía ser firme con ella en ocasiones, en especial cuando estaba siendo infantil. ―Es mi casa también y es mi jodida lesión, yo decidiré que hacer y con quien. Al menos si voy a meter una mujer a la casa, será una cuestión médica, no para acostarme con ella.

―Ella quiere acostarse contigo. No eres un idiota, lo sabes perfectamente.

― ¿Cuándo te ha preocupado con quien me acuesto? La única diferencia, Isabella, es que no necesito restregártelo en la cara.


Espero les guste

¿Respondí alguna de sus dudas?

¿La revolví más?

¿Aun odian a James?

Gracias por leer :3