Disclaimer: Ninguno de estos personajes que se presentan a continuación me pertenecen. Todos son propiedad de la hermosa J.K. Rowling, creadora del maravilloso mundo de Harry Potter.

Los días para Hermione pasaron a una velocidad vertiginosa, a decir verdad, en un momento determinado llegó a pensar si por alguna jugarreta del destino no era presa de una poción de amortentia, porque, a diferencia de sus dos relaciones previas, esta la disfrutaba cómodamente.

Krum, su primer novio y el chico que le dio su primer beso, había sido para ella un juego de adolescentes, a decir verdad, aunque lo estimaba mucho y aun se carteaba con él, nunca, ninguno de los dos, se planteó aquello como algo serio. A ella le gustaba lo que el jugador le contaba sobre su escuela y sobre sus viajes por el mundo y a él le encantaba la forma en que ella lo trataba como a un adolescente normal. En definitiva, fueron dos amigos que, por soledad o comprensión compartieron algunos besos.

Ron, era otra historia, él era parte de su corazón, al inicio, le gustaron sus caprichos y sus celos, aunque odiaba un poco la manera que tenía de tratarla, o la veía como una niña de cristal indefensa a la que debía cuidar y proteger, olvidando que en realidad ella era mejor bruja que él, o la veía como una mujer casi santa a la que en un año entero de relación apenas había tocado más allá de la mano y el rostro. La única vez en que unos besos se habían vuelto apasionados y habían dejado que sus cuerpos tomaran el control él la paró en seco y le dijo "No puedo hacer esto" es como hacerlo con…mi hermana. Extrañamente Hermione se sintió aliviada ya que, aunque su cuerpo había reaccionado su mente le decía que la situación no era de su agrado. Aquella tarde los dos la habían pasado abrazados, rememorando su amistad y cuando en la noche decidieron salir a comer sabían que nunca podrían ser más que mejores amigos o como últimamente todos los llamaban, hermanos.

Cuando entró a la facultad muchos hombres quisieron cortejarla pero cada vez que los miraba comprendía que buscaban a la heroína de guerra y no a ella, la rata de biblioteca que podía memorizar un libro a la segunda lectura. Por ello y cada vez que Draco Malfoy aparecía en el profeta bajo algún titular económico o social, ella sonreía pero una punzada de duda la asaltaba.

Ella era, bueno, ella y él era… mujeriego, exitoso, empresario, parte de los 28 ancestrales…bueno él. En definitiva a Hermione se le hacía muy difícil comprender cómo aquel ser de hielo que según las columnas de chismes despachaba una o dos mujeres, que más bien parecían modelos, de su cama cada noche, podía confesarle en un susurro que su sabor preferido de helado era la fresa, que amaba sobre todas las cosas la torta de nuez y que tenía una peculiar inclinación hacía los malvaviscos azules. Sin mencionar además que las últimas dos semana, aunque sin palabras y más con gestos, miradas y un poquito de legeremancia, habían compartido muchas de las cosas que no le habían dicho a nadie sobre la guerra. Soledad, angustia, furia, tristeza, desesperación y miedo. Aquellos sentimientos habían sido para ambos, iguales, aunque Hermione tuvo con quien llorar, a quien abrazar y quien la despertara de sus pesadillas. Él no.

Aquella mañana, ella despertó cuando escuchó un suave ulular en su ventana, eran las nueve y al girar hacia el sonido descubrió que el ave llevaba una rosa y un pergamino. Saltó de su cama, retiró la flor, acarició la cabeza del animal cogió el pergamino y le ofreció un poco de agua a la lechuza. Al leerlo su rostro se iluminó,

"Granger, te espero en mi oficina a medio día, trae helado"

La misiva era a toda luz una orden pero eso ya n le molestaba había descubierto que Draco tenía una particular entonación cuando en lugar de ordenar preguntaba, aquello no se reflejaba en sus palabras pero ella pudo escuchar claramente su voz y además comprendió que debajo de aquellas palabras se escondía el "Te extraño" que ella también sentía.

Sus encuentros, aunque fáciles al inicio, se habían complicado cuando él volvió al trabajo y ella se quedó sin excusas para sus amigos; cuando ellos decidían reunirse o salir a comer o ir a pasar la noche en la madriguera, ella no podía decirles que no porque, en aquel momento, no tenía ninguna válida, ni estudio, ni trabajo, ni novio… las preguntas, que exigían aclarar cualquier excusa llevarían inevitablemente a una mentira por lo que sin poder negarse había tenido que pasar sábado y domingo en la madriguera.

Feliz, Hermione se levantó, buscó en su closet y descubrió que nada de lo que encontraba le parecía "adecuado" ¿Para …para qué? Se sonrojó, últimamente sus besos con Malfoy la dejaban…insatisfecha…no, bueno, sí pero no por los besos sino porque aquellos roces y caricias y sobre todo la forma en que él tenía de hablarle en susurros cerca de su oído la traían tan…cachon… empezó la otra voz en su cabeza pero Hermione la calló con una mirada severa y se dirigió al callejón Diagon, quería un vestido.

Cuando encontró lo que buscaba, un vestido que se ajustaba a su cintura pero tenía mangas y era corto decidió que aunque jamás se había visto así ea lo indicado, con eso mataría a Malfoy de un infarto y su cara era lo que le impulsaba, como siempre, tuvo que discutir con la empleada de la tienda que se negaba a cobrarle y después de quince minutos pagó apenas el 25% del costo real del vestido cuando la dependiente hizo aparecer con su varita un letrero que decía "Descuentos del 75% en toda la mercadería para heroínas de guerra" y la miró como quién ganaba una verdadera batalla.

Al salir, en realidad llamó la atención más de lo que esperaba y no pudo evitar que varias fotos, que al día siguiente se publicaban en el profeta como "el último grito de la moda" la tuvieran de protagonista. Harta de aquella persecución alzó su varita y como era de esperarse los reporteros desaparecieron al instante. Después de comprar el helado se dirigió a la puerta del caldero chorreante. La oficina de Draco estaba en el Londres muggle aunque como muchos otros edificios de ese tipo tenía un área para ellos y un área mágica.

Al llegar al lugar se quedó impresionada, el edificio era muy alto y con una fachada absolutamente moderna, cuando subió el primer escalón, la puerta de entrada se dividió en dos, a la derecha decía "Malfoy C&C" y a la izquierda la puerta muggle seguía intacta. Hermione ingresó por la derecha y algo la tomó por sorpresa, medio equipo de seguridad la rodeó de inmediato. Ella no lo entendió pero luego se dio cuenta de que en realidad para aquellos guardias todo debía ser muy extraño, al fin y al cabo ella era Hermione Granger y ese, el edificio de Draco Malfoy, mirando a su alrededor ubicó a quién consideró el jefe del equipo y desafiante le dijo

-Vengo a ver a Draco Malfoy. Su voz fue directa, fuerte y determinada, a decir verdad incluso la sintió con un dejo de superioridad.

-Señorita Granger ¿Tiene cita? Respondió el hombre desconfiado.

-¿La necesito? A menos claro que haya algo en este edificio de lo que el ministerio no deba enterarse. Lo último lo dijo en un siseo que de inmediato reconoció como propio de Malfoy, ¡Genial ahora se me está pegando su forma de hablar¡ Pensó. Sin embargo aquello surtió el efecto que necesitaba e impulsada por una seguridad inusual dio un paso más y abrió la puerta que daba al interior.

Ahí se encontró con varios sofás en lo que parecía una sala de espera, una recepcionista, algunas oficinas y tres pasillos.

-Buenos días. Dijo ¿La oficina de Draco Malfoy?

-Por este pasillo la última puerta a la derecha

-Gracias

Hermione caminó y cuando llegó a su destino encontró otra sala de espera un escritorio que asumió era el de la secretaria y que estaba vacío y una oficina de puertas de vidrio que parecían cubiertas de niebla; aquel detalle le pareció extraño y de inmediato se acercó a examinar el hechizo pero cuando estuvo a punto de tocar, varios gemidos y algunos sonidos netamente sexuales salieron del interior. Hermione sintió que la tierra bajo sus pies temblaba, esa era la oficina de SU novio y adentró una mujer gemía como si nada le importara. Soltó la funda que tenía en la mano y dio media vuelta, al inicio su varita había empezado a vibrar y a medio camino decidió que de todas formas un par de maldiciones podrían enseñarle que con ella no se juega. Por lo que dando un paso en la dirección contraria y absolutamente decidida enarboló su varita pero se congeló en el acto

-¿Ese vestido es para mí?

La voz de Draco en su oreja y sus brazos rodeándola, él había salido de la oficina de al lado que claramente era una sala de juntas.

-¿paráti? Hermione habló tan rápido que Draco no la comprendió así como tampoco comprendió el cachetazo que le golpeó la mejilla izquierda.

Vio a su novia caminar y, congelado en mitad del pasillo, gritó

-Granger. Con todo el odio que pudo.

Aquello logró su cometido y ella giró en seco dispuesto a matarlo pero sus reflejos de mortífago lo ayudaron y con un hechizo protector le dijo

-¿Qué demonios te pasa? Su actitud de poder había hecho que quienes lo acompañaban en la reunión y habían presenciado el cachetazo cerraran la puerta temiendo que ahí mismo hubiera un duelo a muerte.

-¿Qué crees que me pasa Malfoy? Acabo de verte con una de tus conquistas, ¿divertida la chica?

Draco seguía mirándola, definitivamente la chica estaba loca pero su furia contenida, el gesto en los labios y aquel leve temblor en la mano le indicaron que hablaba en serio.

-Granger ¿Dónde me viste?

-¿Qué? ¿Lo haces tan a menudo que ya no lo recuerdas? ¡En tu oficina estúpido Hurón! Le espetó

-Hermione, dijo siseando como si pudiera hipnotizarla, me acabas de ver salir de la sala de juntas.

Entonces los dos se miraron y con la varita aún en alto caminaron hacia el despacho del mago. Los gemidos y las risas seguían ahí así como la neblina que cubría el vidrio.

-¡PANSY! Gritó Draco que parecía querer asesinar a alguien.

Al instante un grito un par de maldiciones y un alboroto ocurrieron en su oficina y de ella salieron Pansy y la tan conocida gerente mestiza de Draco.

Él la miró con furia y le dijo

-Tienes dos días libres Camila, no te quiero ver.

Ella iba a protestar pero consideró sensato contenerse se giró le dio un beso a Pansy y se encaminó a su oficina.

-Hola Hermione, discúlpame.

La bruja no comprendió pero en cuanto la escuchó entendió la disculpa

-No me mires así Draco, recuerda cuantas noches tuve que ir a tu mansión para que pudieras llevarte alguna de tus conquistas a mi departamento. Y dicho esto caminó a su lado llegó a la esquina de la oficina y se desapareció.

Hermione jamás había estado en una situación así y por ello no tenía idea de cómo actuar así que simplemente esperó, Draco giró la miro de frente, se inclinó y la cargó como un bulto sobre su hombre izquierdo, en donde le dio unpar de sacudidas bruscas y como si no pesara nada caminó hacia su oficina y antes de dejarla en el sillón le dio una nalgada. Hermione gritó y se agitó pero sabía que era la devolución de aquella cachetada.

-Lo siento…yo…Draco…

Pero él se había dirigido a su escritorio e indignado leía varios pergaminos

-Draco…

Él seguía ignorándola

-Malfoy…

Nada

-¿Amor? Tentó la chica

Él levantó la vista y algo que casi parecía una sonrisa cruzó su rostro pero volvió a bajar la mirada hacia sus pergaminos. -¿Sigues sin confiar en mí? Siseó

-Bueno, amor, recalcó la chica, tú eres, eras, bueno sé que te has llevado a la cama ha media comunidad mágica y conmigo aún no has intentado nada.

Malfoy la miró incrédulo se levantó del escritorio se acercó a ella y la besó con tanta pasión que Hermione se sintió desnuda. Le devolvió el beso y permitió que sus labios recorrieran su cuello y sus manos sus caderas, entonces sintió que Malfoy la cargaba sosteniéndola de la cintura y por instinto cruzó sus piernas alrededor de él, quien la llevó hasta el escritorio y dejándola reposar en él empezó a bajar su boca hacia el escote de la chica, ella se lo permitió pero la rapidez de las manos de su novio, que ya habían llegado a la parte interna de sus muslos, la sobresaltó e inconscientemente se cubrió un poco. Él lo notó, la miró, iba a reclamarle pero vio en ella una mirada asustada e incómoda; se detuvo sostuvo su barbilla con la mano y lo comprendió. No era que ella no quería dejarlo continuar, era simplemente que no sabía cómo.

-Creí que Krum…

-Tenía quince años. Dijo Hermione indignada y ruborizada

-…o la comadreja.

-No funcionó.

Un beso tierno salió de sus labios y una risa nerviosa de la boca de la bruja.

-Draco, lo siento.

-Creí que ahora era amor.

-Amor, dijo Hermione saltando sobre él, quien la amarcó como a una niña, -¿Te gustó mi vestido?

Draco sintió que todo lo que había calmado hace apenas un minuto volvía a despertar y tensarse bajo sus pantalones pero sabiendo que no era el momento respiró hondo y contestó

-¿Cual vestido? Esto más parece una blusa, ¿se te olvidaron los pantalones Granger? Dijo y aprovechando la posición coloco sus dos manos en el trasero de la chica que, debido a la posición estaba cubierto únicamente por su ropa interior.

- ¿Y mi helado, bruja celosa?

-¡Ay! ¡El helado! Lo dejé caer afuera…