Bueno, bueno... Tardé más de lo normal con este capítulo por qué es condenadamente más largo y necesitaba tiempo para terminarlo.

Tengo que decir es éste sea posiblemente uno de los capítulos más violentos de la historia, aunque todavía nos falta llegar a un momento muy clave, podemos decir que ya estamos sobre el climax de la trama, así que en realidad espero lo disfruten.


-12-

MTR.


Xiao miró atentamente los monitores. Los últimos informes perfilaban en la pantalla tras sus ojos. Repasó atentamente la información hasta que se la aprendió de memoria. Sonrió una vez más desde que sus hombres le entregado el dispositivo de memoria con ella.

—No hay duda, se trata de Jiang Zen. Ese patético anciano, después de tantos años. – bufó mientras apretaba sus puños. —Y lo que es perfecto, se quedará en una cabaña privada, es demasiado fácil. – soltó una carcajada pequeña.

—El exministro de Defensa. Había estado algo anónimo los últimos tres años.

—Se escondía de nosotros, Suen. – puntualizó Xiao. —No obstante, debe sentirse lo suficientemente suertudo como para estar en Pekín felizmente.

—¿Si es su ubicación real? ¿La información está confirmada? – interrogó el médico. Xiao le miró de soslayo y asintió. —¿Cómo está tan seguro?

—Mandé al Sabueso a hacer reconocimiento y además lo he captado en grabaciones. – ante ello Suen sintió mucha intriga. Xiao no utilizaba al hombre perro de forma casual. Al ser su mejor zoántropo lo guardaba para ocasiones importantes. Esta debía ser demasiado grande como para dejarlo escapar. Incluso se había tomado la molestia de establecer un contacto visual y captarlo en imagen. Jiang Zen debía estar seriamente en problemas, porque estaba empeñado en dárselos.

—Debemos planear y actuar lo más pronto posible. – el general se levantó y caminó en círculos en la habitación de la computadora central. Esa oficina tenía el ordenador principal en donde guardaban la información más importante sobre el proyecto, controlaban los dispositivos encarnados de los sujetos de prueba y lo que tenía que ver con los aparatos de sonido centrales como altavoces y cámaras de seguridad.

Alrededor del edificio existían otros centros con computadoras a la mano, pero éstos se empleaban para controlar cosas como la energía eléctrica, las rejas de entrada, el tráfico aéreo y comunicaciones de redes externas.

—¿Quién usará para esta misión? – la pregunta casi ofendió a Xiao cuando éste le dedicó una mirada de decepción.

—A nuestra pareja incondicional, por supuesto.

Había pensado en ellos, pero como mencionó al Sabueso anteriormente llegó a creer que él sería el elegido, no obstante no le sorprendía tanto que los escogiera a ellos. Prácticamente estuvo cuatro años entrenando a la chica y nueve al muchacho para este día. Cayó en cuenta que preguntárselo sí que había sido algo de mal gusto, ¿Pero qué podría hacer? El daño estaba hecho.

—De acuerdo. – Suen caminó a la entrada de la oficina. —¿Cuándo quiere que todo parta?

—Llama a los soldados. – carraspeó el comandante. —Tenemos que hacer una estrategia. En cuanto a 122 y 314, ya sabes qué hacer.

—Cómo ordene, señor. – Suen caminó en silencio haciendo eco. Un escalofrío le recorrió la mente. Era una sensación similar a la que acompaña a una catástrofe antes de que ésta suceda. —Espero que sepa lo que hace… - musitó para sí mismo, su camino ya estaba premeditado, se dirigía a las celdas.

La desaparición de Adrien había afectado de forma considerable a toda la clase, incluida la escuela. Después de que se anunciara su abrupta abducción todos lucían paranoicos. El profesor Damocles implementó un sistema de vigilancia mayor, así como políticas de seguridad más rigurosas. Los policías habían ido a la escuela para interrogar a los alumnos. Muchos negaron haber tenido problemas con él, en realidad todos coincidían en que Adrien era un joven muy educado y amable que bajo ninguna circunstancia podría estar implicado en algún acto delictivo.

Nino aludió muchas veces en que no creía que Adrien se esfumara así por qué si, pues si hubiese escapado de su controlada agenda seguro ya les hubiese avisado o le hubiera dicho algo. Chlóe lloró amargamente mientras los agentes gastaban tiempo calmándola en lugar de hacerle preguntas. Alya estaba angustiada y negaba saber más de lo que ya se corría entre murmullos. Cuando llegó el turno de Marinette, la chica lloró silenciosa asintiendo y negando mientras intentaba asimilar la terrible noticia.

Los meses pasaron y el tema comenzaba a olvidarse. Pero era evidente que para Nino, Chloé, Alya y Marinette ello jamás pasaría de moda. Cada día que pasaba era una cuenta regresiva en donde esperaban tener toda clase de noticia, tanto mala como buena.

Las vacaciones estaban cerca y el fin de curso igual. Los estudiantes arrastraban los pasos directo a la escuela. Marinette, quien se había levantado temprano, cosa que no acostumbraba, se apresuró a llegar al colegio a paso lento. Su humor había decaído mucho en el último año escolar, estaba sin duda en duelo. No había noticias respecto a Adrien, tan sólo rumores sobre que él había muerto o que estaba en otro país haciendo quien sabe qué. Nada más alejado de la verdad. En una ocasión, se armó de valor e intentó ir a la casa Agreste para preguntar a Gabriel directamente sobre el chico, pero sólo consiguió que le despacharan sin mucha educación.

Notaba la desesperación y ansiedad en el hombre, por lo que justificó su falta de modales a ello y lo dejó estar. Eso sólo consiguió herir más a Marinette y tuvo que tragarse su dolor a medida que pasaban los días.

—¡Déjame sola, Sabrina! – el grito de Chloé sacudió el pasillo, los ojos de la pelinegra se condujeron a la entrada de los baños, en donde al parecer ella y Sabrina estaban teniendo una discusión.

—Por favor, Chloé, tienes que dejarlo ir… estás actuando como…

—¡¿Cómo qué?! – la rubia se quitó de encima las manos de su mejor amiga. —¡No quiero hablar con nadie! ¿Papi me dijo que hablaras conmigo, verdad? ¡No quiero que tengas compasión de mí!

—Pe-Pero yo sólo…

—¡No quiero verte, Sabrina! ¡No quiero ver a nadie! – se apresuró a entrar al baño y azotó la puerta, como toda una reina del drama. La pelirroja se limpió algunas lágrimas y dio media vuelta.

—¡Bien, como quieras! – exclamó dolida mientras se dirigía al otro lado de la escuela.

Esa escena había dejado helada a Marinette. Tanto como puede serlo el presenciar una pelea. Chloé era mala, pero generalmente su relación con Sabrina era tolerable y llena de complicidad. Verlas disputar desentonaba tanto como ver a un matrimonio declararse el divorcio en plena calle.

Sus pies caminaron automáticamente hacia el baño. En ese momento no pensó con la cabeza, sino con el corazón. Entró cuidosamente y la escuchó llorar en el último de los cubículos. Se acercó dubitativa, pero cuando estuvo al frente no dudó en tocar con los nudillos.

—¿Chloé? – su voz tembló ligeramente.

—¡Lárgate, Sabrina! – ella gritó al otro lado. Marinette carraspeó y la chica captó la diferencia. —¿Quién es? – su voz sonaba congestionada.

—Soy Marinette.

—¡¿A qué has venido, Dupaing-Cheng?! ¡¿Tú también vas a decirme que estoy loca?! ¡Sólo quieres fastidiarme! – se hizo un silencio entre ambas, en las que sólo los sollozos de Bourgeois era audible.

—No quiero burlarme de ti, ¿Por qué crees que haría eso? – porque somos enemigas, se contestó ella en su mente, pero espero a que Chloé respondiera.

—Vete de aquí, no quiero hablar con nadie. – su voz sonó más calmada.

—¿Estás bien?

—¡No quieras actuar como una santa ahora, panadera! – rezongó groseramente. —Apuesto a que gozas viéndome así… - acusó y ello molestó a la muchacha.

—¡Por supuesto que no! Tan sólo quiero… quiero saber cómo te encuentras. – por un momento pensó en decir "ayudarte" pero reconoció que no tenía el derecho de decirlo, pues a su parecer, ella y Chloé eran similares.

—Pues… estoy bien, ¿Puedes largarte ahora? – el tono de agresividad había bajado en su voz, eso alivió las ansias de Marinette.

—¿Te has peleado con Sabrina?

—¡No es de tu incumbencia!

—¿Por qué reñiste con ella?

—¡¿Y a ti que más te da?! – de nuevo estaba a la defensiva.

—Lo siento, tienes razón… - Marinette suspiró sonoramente y retrocedió a la puerta, después recargó la espalda en ésta. —Creo que deberías arreglar las cosas con ella, Sabrina sólo se preocupa por ti.

—¿Por qué dices eso? ¡¿Qué pasa contigo?! – chilló Chloé. —¿Desde cuando eres tan considerada conmigo? No somos amigas, ¿Lo recuerdas? No nos llevamos bien y personalmente estoy cansada de tu papel de niña buena. – sonó su nariz, a juzgar por el ruido, ya estaba dejando de llorar.

—Perdona, sólo estaba preocupada por ti… - admitió un poco malhumorada. —Me asustó que tú y Sabrina se dejasen de hablar. Esa discusión fue… escandalosa.

—Lo que pasa entre Sabrina y yo no tiene por qué importarte. – al parecer la rubia ya se había relajado, pues su voz sonaba menos agitada. —Nadie lo comprende, no puedo esperar a que Sabrina lo haga… ni mi padre. – en un giro inesperado de los acontecimientos Chloé flaqueó y dejó salir dichas palabras.

—¿Qué no comprenden?

—Mi pena. – musitó pero Marinette pudo escucharla.

—¿Pena? – su corazón palpitó al intuir a lo que se refería.

—¿A ti te gustaba Adrien, verdad? – sí, la conversación iba a donde ella creía. —Dime, ¿Acaso eres como Sabrina y los demás? ¿Tú también lo has olvidado?

—Nunca. – ella contestó tan rápido que Chloé dio un respingo. —No podría, ni aunque pasaran cien años. –ahora la voz de Marinette se escuchaba flemosa. —Todavía espero… espero que por arte de magia él entre por la puerta del salón, que me salude con esa sonrisa tan luminosa, que se siente junto a Nino, choquen los puños y… y todo sea como antes. – sollozó, estaba llorando, era inevitable. —Jamás lo podré olvidar… me hubiese, me hubiese gustado decirle lo que sentía por él… Pero, siempre… siempre he sido una cobarde y cuando tuve la oportunidad… - llevó sus manos contra sus manos, su espalda se deslizo lentamente hasta quedar sentada contra la puerta del baño. —Él sólo… se desvaneció. – concluyó mientras limpiaba sus ojos.

—Era mi mejor amigo. – se escuchó la voz ahogada de Chloé. —Aunque no nos juntáramos tanto… Siempre quise a Adrien, él era el único que me apreciaba cuando niños y seguía siendo bueno conmigo a pesar de todo. – su voz sonó conciliadora para Marinette. —Yo también deseo que un día cruce por el umbral de la puerta. – su confesión causó empatía en ambas. —Lo extraño muchísimo.

—Yo también. – Marinette se limpió el rostro. —Tienes razón, tal vez ellos no puedan entenderlo…

—¿A qué te refieres?

—Nuestro luto. Adrien era una persona importante para nosotras y siempre lo será. Creo que no todas comprenderán eso, pero estoy segura que tú y yo sí lo entendemos.

—¿Sabes, Marinette? No eres tan desesperante a veces. – como respuesta la morena soltó una ligera carcajada.

—Tú tampoco Chloé. – ahora fue turno de la rubia de reír. Escuchó el seguro de la puerta ceder y Marinette se levantó para encontrarse con ella. Tal y como imaginaba ambas tenían los ojos hinchados.

La rubia pasó a su lado y fue directo al lavamanos. Se enjuagó la cara y secó con una toalla de papel. Marinette hizo lo mismo. Se miraron de soslayo y ambas suspiraron.

—No esperes que te agradezca por esto. – ladeó el rostro testaruda y se movió para no verla.

—No te preocupes, no lo hacía. – aunque ella iba a hacer lo mismo, detectó una pizca de humor entre las palabras de Chloé cuando ella le dio la espalda.

La de vestimenta amarilla caminó unos pasos y frenó.

—Hablaré con Sabrina, si eso te hace sentir mejor.

—Está bien.

—No le digas a nadie sobre esto, ¿Está claro? – ahí estaba la vieja Chloé, tan orgullosa como siempre. Mas en esta ocasión había algo diferente, no estaba segura de qué, pero lo sentía. Una barrera había caído entre ellas.

—No lo diré.

—Bueno. – dio otro paso y volvió a detenerse. —Arréglate la cara, estás toda hinchada.

—Tú también. – Marinette alzó una ceja.

—¿Yo? Por supuesto que no, yo siempre soy fabulosa. – sonrió, una sonrisa inesperada pero agradable. Chloé Bourgeois desapareció al otro lado de la puerta del baño con una complicidad que creyó imposible.

Marinette no lo sabía aún, pero acababa de ganarse a una amiga.

—Umm… - Marinette abrió los ojos precipitándose en la cama. Estaba todo en completa calma a su alrededor, sin contar claro con el sonido de los monitores. Movió la cabeza un poco para estirar sus vertebras y desperezarse. No le asustaba el hecho de despertar atada a una cama, con múltiples aparatos médicos, así habían sido desde hace dos días. Algo estaba mal en ella, era lo que decía Suen, pues se le habían detectado arritmias que aceleraban su corazón, manteniéndola agitada. Parecían paroxísticas, pues en el trascurso del día tuvo dos, llegando la última a un síncope.

Los médicos barajaron las posibilidades de que podrían ser resultados adversos de la Invoginina, ya que algunas veces se reportaban esos hallazgos. Las taquiarritmias habían sido motivos de defunción en algunos sujetos de prueba en el pasado. Aunque la discusión por su afectación iba desde escepticismo hasta intriga, pues Marinette, a comparación de otros, no había recibido dosis tan extensas.

—¿Estás bien? – ella reconoció esa voz inmediatamente. Sus ojos azules se toparon con Adrien, quien estaba a su lado.

—Hola. – se limitó a decir. Él le dedicó una sonrisa y deseó alargar sus manos para tocarle le rostro, pero no podía. Al igual que ella estaba atado a una cama de hospital. Les habían colocado juntos por alguna razón.

Desde aquel entrenamiento a campo traviesa las cosas cambiaron drásticamente para ellos. Ya no se trataba de una simple complicidad obligada debido a que los designaron a trabajar en equipo, sino iba más allá.

Las pruebas continuaron, pero el cambio entre su convivencia fue significativo. Los dos eran capaces de reconocerse aún en sus estados metapsíquicos. Pasó en una ocasión, hacía dos meses, que durante una pelea de entrenamiento contra la chica tigre, Marinette resultó lastimada y Adrien se empecinó contra Fei Wan no para derrotarle, sino para alejarla de la chica en el suelo hasta que se levantara. Lo esperado era que 314 continuara la misión, como había sucedido otras veces, pero en lugar de hacer eso se habían empeñado en defender a 122 hasta que recuperara la conciencia.

Ese tipo de acciones revelaba más de lo aceptable, pero se volvían inevitable y Xiao, en lugar de amonestarlos, decidió aprovecharlo. Estaba seguro que la chica le escuchaba mientras fuese una autómata, entonces si el muchacho se había convertido en su fiel caballero, el manejarlo a él sería más sencillo. Dentro del punto táctico era perfecto, mas Xiao no sabía que Marinette y Adrien estaban familiarizándose.

Los tiempos muertos que tenían a solas lo utilizaban para rehabilitar sus recuerdos. Compartían memorias, vivencias y palabras. Comenzaron a hablarse en francés siempre que estuviesen juntos, para que así no pudieran entenderles si llegaban a escucharles. A veces se veían en el hospital, otras en el coliseo y la sala blanca. Muchos podrían decir que el tiempo compartido era minúsculo como para establecer un vínculo profundo, pero les estaban subestimando.

Ellos ya se conocían, lo único que estaban haciendo era fortalecer el lazo que ya tenían. Ello fue sumamente notable con el paso de los días. Marinette se comportaba diferente con Adrien, a pesar de ser un autómata parecía tener mucha paciencia, ser más precavida y ejecutaba sus acciones junto a Adrien, ya fuera para respaldarlo o que él la protegiera a ella. Eran el dúo perfecto y esto emocionaba a Xiao.

Dos semanas antes de enterarse de que el ex Ministro de Defensa estaría a su alcance, los mandó a una misión en conjunto. El plan era también asesinato de un funcionario. Un político que había actuado en su contra antaño. La ejecución fue limpia y certera. Marinette y Adrien se movían al unísono. Aún victimas de su control 122 y 314 obedecieron hasta acabar con el hombre. Después se desvanecieron en la oscuridad sin dejar rastro.

Esa misión convenció a Xiao de que los dos eran perfectos según sus lineamientos, por ello no tardó en considerarlos para atacar a Jiang Zen.

—¿Qué estás haciendo aquí? – preguntó ella, no era común coincidir en el hospital.

—Fingí un ataque. – una crisis más bien. A veces pasaba y eso alteraba mucho al sujeto de prueba. Las crisis de pánico o ataques de ansiedad eran comunes después de las conversiones y dependiendo de la intensidad los médicos decidían ingresarlos a hospitalización para tomar muestras y monitorizarlos un rato. Ahora que Marinette estaba teniendo problemas, posiblemente temieron que a Adrien le pasara igual.

—¿Por qué? – preguntó angustiada. Seguramente debieron picarlo múltiples veces para extraerle sangre.

—Estaba preocupado por ti. – admitió y ella sintió que su corazón saltaba, esperaba que no fuera ninguna taquicardia.

—Adrien… no debiste… - no sabía que decirle, en realidad.

—Desde ayer has estado enferma, no podía tolerar el hecho de que te llevaran a la sala hospitalaria sin saber qué pasaría contigo. – estaban entrenando cuando el episodio pasó, Adrien la vio perder la conciencia y se lanzó protectoramente para proteger el cuerpo inerte de la mujer. Los soldados tuvieron que sedarlo por su agresividad y cuando despertó en su celda decidió actuar para que la llegaran con ella.

—No sé a qué se deba. – sospechaba que era por todo lo que les habían hecho pasar, pero conocía específicamente el qué.

—¿Cómo te sientes? ¿Te duele algo? – hablaban mediante susurros, no querían arriesgarse a que Xiao o Suen Yao les escucharan.

—Me siento… un poco cansada. – admitió. —¿Tú cómo estás? – había que ver que cuando Marinette hablaba con Adrien siempre entonaba dulzura en su voz y ello le fascinaba al muchacho, quien correspondía de la misma manera.

—Mejor ahora que estoy contigo, mi lady. – había desarrollado ese apodo cariñoso en las últimas semanas. Era una forma verbal de declararse cariño y pese a que Marinette se apenaba cuando la llamaba así, era justo cuando después de sus misiones y los dos estaban confundidos que ella se convertía en su palabra de seguridad. Las palabras "Mi lady" siempre la hacían recordar que no estaba sola, que estaba acompañada de su buen amigo Adrien, a pesar de que en ese instante no fuera capaz de recordar su nombre, por eso habían sugerido usar apodos, algo así como nombres claves, pero sólo entre ellos.

—Que galante, Chaton. – ella respondió con una sonrisa.

Ambos tenían motes y por alguna razón, fue una manera de volver más rápido a la realidad después de tantos trastornos mentales. Eran sus palabras de seguridad, pues poco después recordaban quienes eran y restauraban sus memorias.

—¿De verdad estás bien? – Adrien siempre se asustaba cuando los separaban. Desde que se recordaban era una tortura verla irse de su lado. Marinette era guiada a su habitación en solitario y antes de ser arrastrada solía mirarle a los ojos en un intento para tranquilizarlo. Sabía que Xiao no la mataría, no ahora que le había costado tanto mantenerla y entrenarla, pero para Adrien el hecho de no permanecer con ella alejaba todas las garantías sobre su bienestar.

—Sí, ya estoy mejor. – suspiró. —Por favor, no vuelvas a hacer eso…

—¿El qué?

—Exponerte así. No finjas otra crisis de nuevo sólo para seguirme, podrían hacerte daño de verdad. – conociendo la bizarra manera que tenían los médicos de manejar a los pacientes no lo ponía en duda.

—No me importa lo que hagan conmigo.

—A mí sí. – reclamó ella ofuscada. —Quita esa mirada, lo digo en serio. – Adrien la miraba esbozando una sonrisa, maravillado de que su amiga fuese tan considerada y amable, además claro de verla admitir de forma implícita que se preocupaba mucho por él.

—Se supone que soy yo quien debe protegerte. Tan sólo hacía eso. – no estaba mintiendo. Xiao le había asignado la tarea de cuidar de Marinette mientras eran zoántropo y autónoma. La chica era valiosa para el psiquiatra por que ésta le obedecía sin chistar, así que qué mejor que un guardaespaldas, aunque dijera que eran un equipo; cosa que resultó ser verdad.

—No quiero que lo hagas si eso significa que tu vida esté en riesgo. – reclamó ella, aunque lo cierto es que se sentía muy alagada por parte de Adrien, tanto así que tenía un ligero sonrojo en sus mejillas. Él la miró sin decir nada y mostró una sonrisa diminuta, Marinette atinó a hacer lo mismo. Entonces cayó en cuanta de algo.

—¿Qué pasa? – había visto el cambio súbito en su rostro.

—Tuve un recuerdo.

—¿Sobre qué? –esto era algo que pasaba a veces, aunque recientemente era más común. Ambos los tenían.

—Sobre… una chica. –hizo un mohín antes de continuar, como si eso le permitiera entrar más a fondo en su mente. —Era rubia de ojos azules. Su piel era un poco bronceada, pero clara. Estaba llorando y se había peleado con su mejor amiga. – Marinette dio un respingo.

—¡¿Qué, qué sucede?! – Adrien se alertó cuando ella hizo eso, ¿Podría ser su enfermedad?

—Ya la recuerdo. – amplió una sonrisa y miró a Adrien. —Chloé. – ante la mención del nombre el rubio arrugó la frente, le sonaba estrictamente familiar. —Era nuestra compañera de clases, ¿Te suena?

—Creo… creo que sí. – el cerró los ojos, un gesto que le permitía concentrarse más. —Siento como si conociera ese nombre desde hace mucho tiempo.

—Lo haces. Ella me lo dijo. Ustedes dos eran amigos desde la infancia. – Adrien abrió los ojos para mirar a su amiga. —Su nombre completo es Chloé Bourgeois, solía ser una chica muy superficial, pero con el tiempo se convirtió en una buena amiga.

—¡Ah, ya lo tengo! – elevó un poco la voz, pero no lo suficiente como para que alguien alrededor les prestara atención. —La conocí cuando era un niño. Sus padres y los míos solían frecuentarse, cuando entré al instituto ella estaba ahí. Pero… -frunció el ceño. —No recuerdo que fuera tu amiga.

—Pasaron algunas cosas. Conseguimos llevarnos bien. – la emoción en sus voces hacía que su plática fuera riesgosa, se supone que debían ser tan silenciosos como ratones, pero en lugar de ello hablaban como dos colegialas en pleno centro comercial.

—¿Recuerdas algo más?

—No, por el momento es sólo eso. Pero creo que ya es un gran avance, ¿No?

—Seguro. – así lo era. Desde que se redescubrieron habían tomado la responsabilidad en recuperar sus recuerdos. Tantos tratamientos psicológicos y maltratos les habían hecho olvidar todo, hasta a ellos mismos. Ahora que ya estaban al tanto de sus identidades, día con día se esforzaban en ver más allá en sus cabezas, intentando saber sobre la vida que habían dejado atrás. Con Marinette era un poco más sencillo, pues ella no tenía tanto tiempo como Adrien. Aunque con un poco de práctica ambos acumulaban y reunían todas las piezas de su rompecabezas personal.

Las puertas del hospital se abrieron y esa fue la señal para quedar mudos. Suen caminó hasta ellos y se detuvo mientras leía algunos datos en una tableta de madera.

—Están despiertos. – dijo de forma casual. —Déjame ver eso, 122. – se acercó al monitos y presionó algunos botones, el aparato imprimió algo. El médico leyó unos momentos en ECG y después se volteó hacia Marinette. —No creo que sea la Invigonina. – el comentario fue más para sí mismo, pero la chica lo escuchó igual. —De cualquier forma ya no importa. – suspiró y se volteó a 314. —Qué coincidencia que estén los dos aquí. – miró a los alrededores, los enfermeros se habían ido a otro sitio, dándoles privacidad. —Tienen suerte. – contempló como Adrien entornaba los ojos. —Creo que el proyecto MTR está a punto de culminar. – cuidadosamente apagó el monitor y llamó a los enfermeros.

Los dos sujetos de prueba se vieron a los ojos con intriga. Suen tenía una expresión pesimista en su rostro, más de lo usual. Los jóvenes se dedicaron miradas en silencio cuando se los llevaron de ahí.

Cuando terminaron de colocarle el traje Adrien respiró. La vestimenta era de una tela resistente y flexible, la cual le permitía transpirar pero resistía a los elementos en su mayoría. Era una ropa interesante, lo malo era que para usarla siempre debía resistir el aditamento. Le colocaron un antifaz, que en realidad eran un par de gafas para visión nocturna, así mismo todo el cableado ahora protegido contra la humedad, fue instalado en su cabeza, orejas y espalda. Siempre le colocaban micrófonos y cámaras pequeñas para que Xiao pudiera monitorizarlo en todo momento.

Se apresuraron a colocarle el chaleco antibalas. Éste era más largo que los convencionales, protegiendo su pelvis en caso de un ataque a traición. Le recubría el tórax, abdomen y pelvis, algo bastante útil sólo que era pesado. Entorno a la cadera le colocaron un cinturón que contenía diferentes capsulas en contenedores de metal ligero. Aquí tenía medicamentos para el dolor, un pequeño frasco de Invoginina para potencia extra, habiendo señalar que eran los últimos en existencia desde que Sou Jin había muerto. También les habían dado jeringas ya preparadas con narcóticos. Una herramienta poco usada, pero que podría ser de utilidad en determinados escenarios.

—No te muevas, 314. – ordenó un enfermero. Pasó por sus dedos unas tijeras. Tenía el cabello muy largo y era molesto para todo el sistema de cámaras. Se lo recortó en ese momento y limpió el pelo sobrante de sus hombros. —Perfecto. Es una suerte que casi no tengas bello facial. – le dio una palmada en la espalda, pero Adrien no le sonrió ni nada, se mantuvo tenso, resistiendo las ganas de golpearle.

Cuando le colocaron los zapatos cayó en cuenta que la suela la habían reforzado con metal y tenía más tracción. La punta también estaba envainada en un duro material. Una patada con ellos sería devastadora. —Casi terminamos. – anunció el enfermero, sin embargo el muchacho ya conocía de memoria el procedimiento. —Y finalmente… Extiende tus manos, 314. – dijo el hombre de camiseta clínica. Adrien lo hizo, aunque inseguro. Su mirada cambió de fastidio a sorpresa cuando le colocaron unos guantes gruesos con garras en la punta de los dedos. Era cortas, pero resistentes, con ellas ahora parecía un auténtico gato.

—Déjame verlo. – Xiao se acercó a él. —Umm, me agrada el porte, muy varonil. – lo tocó en el pecho y sintió su respiración. —No lo olvides, 314, esta es tu misión primordial, para esto fuiste creado junto a 122. Si fallan, no habrá vuelta atrás. – después dio media vuelta y salió de la habitación. Al lado estaban terminando de vestir a Marinette. —¿Le cortaste el cabello? – preguntó molesto a Suen, quien estaba terminando de alistar a la mujer.

—No señor, está amarrado y recogido. – sabía que Xiao gustaba del cabello largo de la chica, a veces, cuando ella estaba sometida en su estado de inmersión lo acariciaba con ternura susurrando el nombre de su hija; pero inmediatamente después regresaba en sí y se apartaba de ella.

—Perfecto.- tomó a Marinette de la barbilla. —Escúchame, 122. Fuiste concebida para este momento, ¿Lo comprendes? Todo tu entrenamiento y preparación culminará esta noche. Tu objetivo es matar a Jiang Zen, si fallas… tu vida remplazara a la de él. – la soltó. —Estaré contigo en todo momento. Yo seré tus ojos y tu conciencia, ¿Está claro? – ella, como acostumbraba asintió. —Vayan y hagan que me sienta orgulloso. – sonrió al final y se alejó de ellos. —Llévenlos al helicóptero, el aterrizaje será a cinco kilómetros de la zona elegida, el recorrido será a pie, pero monitorizaremos con el dron a los sujetos de prueba. El tiempo estimado de llegada a donde se encuentra nuestro objetivo es de 21 min a trote ligero con impedimentos por el terreno, los necesito armados y listos para la incursión.

—¡Sí, señor! – respondieron sus soldados.

—¿Ya están abordo?

—Afirmativo, General. – respondió el piloto.

—Entonces que comience la caza.

Era difícil distinguir cuando tenían el control entre cuando Xiao era quien dominaba la situación. Marinette sacudió un poco la cabeza mientras apretaba un poco el paso en compañía de Adrien. Le miro de reojo, él estaba callado, respirando agitadamente mientras sorteaba un tronco. El muchacho pareció captar la mira de la chica, pues le dedicó furtivamente una ojeada.

Marinette estuvo tentaba a hablar, pero reconoció el peso de las cámaras en su máscara, por lo que se lo guardó. Correr para ellos era algo sumamente habitual y sencillo. Una carrera a campo traviesa equivalía a un día más en sus vidas, por lo que no se preocupaban mucho en el desgaste de su cuerpo. Alertada por Xiao y su forma tan quisquillosa de hacer las cosas suspiró para ajustar su paso al lado de Adrien.

—No te distraigas, 122. – el general le llamó la atención, los observaba muy de cerca y entendía que los errores no estaban permitidos. Ella fijó su vista al frente y continuó avanzando.

—Alto. – la orden fue para los dos, ellos pararon en seco. —Están sobre el perímetro. – escucharon las aspas del dron que parecía elevarse sobre sus cabezas. —Avancen despacio, nosotros vigilaremos desde el aire. – este era una aparato nuevo, tenía la capacidad de ampliar la red de mando y captar imágenes en tiempo real. Sin duda Xiao hacía buen uso del dinero que ganaba prestando los servicios de los zoántropos.

Se agazaparon, una mansión resguardada se asomó en el horizonte, en lo alto de una montaña. Definitivamente el sitio era tan exclusivo y privado que sólo sobrevolando podría encontrarse. Jiang Zen había comprado la propiedad hacía unos meses y se instaló en ella junto a su hijo, nuera y nieto para tomar unas vacaciones.

El sitio era tan lujoso que tenían su propia servidumbre y guardias de seguridad. Si necesitaban suministros un helicóptero volaba hasta la capital y regresaba cuando se surtiera, de la misma forma si alguno de los integrantes de la familia quería salir o pasear, el vehículo estaba a disposición.

—Iniciamos conversión. – la música sonó para cada uno. El cambio fue evidente, pero lo hicieron en silencio. Adrien se batió en las hojas y suelo mientras, ante la orden de Xiao se convertía en gato de manera intrínseca. Marinette quedó tan quieta como una estatua, cuando terminó su frase confirmó a Xiao que podían dar el siguiente paso.

—Et parere. – estaba lista para cumplir.

—Hay cámaras de seguridad en todos los flancos, pero tras el análisis previo nos enteramos de que en el flanco oeste hay un punto ciego. Diríjanse allí. – se desplazaron sigilosos, como felinos, para ser más exactos. Habían trabajado en sus habilidades de espionaje los últimos meses, una vez que comenzaron a hacer migas, Xiao consideró buena idea la interacción silente para variar, un gran acierto.

Las cámaras se movían periódicamente para inspeccionar el terreno. Por lo que debían moverse despacio y certeramente. Además de que eran nocturnas, así que el camuflaje sería una prioridad.

Tal y como se esperaba, habían cuatro guardias de seguridad, uno por cada cara de la mansión, además también estaban los de la entrada para coches. La respiración de Adrien se escuchaba resonante, una señal de la ira contenida, por lo que el militar le pidió que intentara relajarse, cuestión que no era probable.

Cuando llegaron al flanco oeste analizaron las esquinas para ubicar la cámara. Había una barda justo detrás del dispositivo con un espacio de un metro de ancho, suficiente para situarse debajo y no causar sospechas. La otra cuestión era el guardia de seguridad, pero ya tenían ello controlado.

Escalaron con fluidez y se desplazaron adentro, junto sobre el punto ciego. Como sus trajes eran negros se confundían en la oscuridad.

—¿Quién anda ahí? – llamó el hombre mientras apuntaba a la oscuridad con un arma de asalto. Se acercó lentamente a la esquina, esa zona de la mansión no estaba tan iluminada, era el punto perfecto para una emboscada.

—Ataca, 122, quítale el aliento. – ordenó Xiao en el auricular. Marinette se llevó una mano a la cintura y tomó la banda que usaba como látigo. El lanzamiento fue perfecto, la cuerda se enredó en su garganta para sorpresa del hombre. Cuando éste intentó liberarse ella tiró hacia adelante, derribándolo.

—Mátalo, 314. – llegó el turno de Adrien. Se lanzó contra el guardia sin darle tiempo de gritar. Sus manos se apoderaron de su garganta con mucha fuerza. Lo estrangulo en silencio.

—¡Chanfu! – la radio en su cintura sonó. —¿Está todo bien, Chanfu? Escuchamos que llamabas a alguien en tu línea.

—Maldición. – Xiao no había previsto esa situación, la radio había captado que algo no andaba bien, dentro de poco tendría a los tres guardias faltantes alarmando a todo el mundo. No había tiempo que perder, debían entrar en la casa, ya.

Según la información sólo podía acceder a la casa por medio de una tarjeta de identificación electrónica, para suerte de ellos, el hombre la tenía alrededor del cuello.

—122 quítale la tarjeta, comiencen correr ahora. – Marinette lo hizo y Adrien en un arrebato se pegó a la pared y arrancó de tajo la cámara. Eso les daría tiempo, Xiao lo felicitó. No es que lo hiciera a favor de la misión, es sólo que con el paso de los años odiaba las videocámaras, lo hacían sentir la rata de laboratorio que siempre había sido, así que las destrozaba cada que podía.

El encargado de seguridad no tardaría en darse cuenta de que faltaba una cámara de vigilancia y posiblemente vería a la pareja correr por los pasillos. El elemento sorpresa ya no era una opción, habían conseguido entrar, pero el resto del procedimiento tendría que ser contra reloj.

Marinette lo hizo, tomó el pase de plástico y corrieron hasta una de las puertas.

—¡Hey, alto! – un hombre corrió hasta ellos, era un guardia que se encargaba de vigilar parte del área sur y había acudido donde su compañero para ver qué sucedía.

—314, caza. – ordenó Xiao, Adrien gruñó y se inclinó en cuatro patas. Se deslizó entre los jardines, pues el terreno desde donde habían entrado a la puerta contigua tenía hermosos jardines con roca talla y pasto.

—¡Dije alto! –gritó el hombre y disparó al frente de Marinette, ella se detuvo en seco y le miró. Unos cuanto metros los separaban. —Seas quien seas, levanta tus manos en donde pueda verlas. – era extraño que sólo él acudiera, pero la razón de la poca seguridad eran las horas de la madrugada. Estaban cerca de las 4 y muchos de los vigilantes se dormían, turnándose las horas más aburridas de uno en uno. Una mala idea.

Marinette alzó las manos lentamente y dio un paso hasta el hombre.

—¡No te muevas! – amenazó con un ligero temblor en su voz. —¿A dónde se fue el otro? – no podía verlo. Tenía dos pequeñas linternas alrededor de las sienes, sujetas por un suspensorio de tela. Llevó una mano a su cintura, para tomar la radio y solicitar refuerzos, pero algo lo detuvo. Una fuerza salvaje lo tomó por un costado en una tacleada, del impulso apretó el gatillo y dio contra la pared, sólo pudo gritar un poco, la zarpa de Adrien se enterró en su boca y le haló la mandíbula hacia arriba, sellándosela. Lo siguiente fue buscar un punto débil para morder. Le destrozó la garganta en una sola estocada.

—¡Mu Zahg! – alguien gritó, se escuchaban pasos cada vez más cerca.

—Entren a la casa, ya. – ordenó Xiao por los auriculares y ellos se apresuraron a correr. Una puerta asegurada les bloqueó la entrada, pero Marinette pasó la tarjeta y marcó el acceso.

—¡Bloqueen las salidas y alerten a los señores, alguien se ha infiltrado! – el escándalo se desató. Podían escuchar los gritos de los guardias de seguridad.

Habían entrado por la lavandería. Se apresuraron a correr en dirección de la azotea, las escaleras no tenían seguridad, era un flanco débil. Cuando salieron del cuarto de lavado se encontraron en un largo pasillo. Adrien alzó la nariz olfateando.

—Busquen en las habitaciones, yo les diré cuando sea nuestro sujeto. – ordenó Xiao y los dos sujetos avanzaron. Salieron del pasillo y se encontraron frente a una sala de estar. La forma de la mansión era de estilo occidental, por lo que ya estaban familiarizados con la forma.

Sus ojos dieron directo con dos grandes escaleras que se dividían en ala este y oeste.

—¡Quietos! – dos hombres estaba frente a ellos, armados y apuntando con armas cortas. 314 gruñó sonoramente, los veía gracias a sus gafas, estaba tan molesto como un leopardo acorralado.

—Caza, 314. – la orden fue recibida y ejecutada. Se lanzó al suelo cual cuadrúpedo y se deslizó entre los muebles. Las luces estaban apagadas.

—¡Enciendan las luces! –pidió uno de los hombres por la radio portátil.

—122, aniquílalo.- pidió Xiao y la chica asintió. De la misma forma que Adrien ella rodó por el suelo, mimetizándose con el conjunto de muebles.

—¡Abre fuego! – pidió uno de los hombres y cuando dieron los primeros disparos impactaron directamente con los sillones. La luz llegó de improviso, pero sólo los muebles tenían agujeros, de los atacantes no había rastro.

Adrien gruñó y votó un sofá para después lanzarlo. En su estado de zoantropía era más fuerte que su yo convencional, gracias a la adrenalina. El asiento se deslizó con violencia atropellando a uno de los guardias. El otro apuntó a Adrien pero antes de fijar el blanco el látigo de Marinette le enredó por un tobillo, derribándolo también. Era el momento, todo pasó más rápido de lo que a los vigilantes les hubiese gustado. Marientte se abalanzó contra el hombre en el suelo y le rodeo el cuello con sus brazos. Apretó tan fuerte que lo dejó inconsciente.

Quien había caído ante el ataque sorpresa de Adrien y no respiraba. El muchacho había usado sus manos para dislocarle el cuello.

Esa era la diferencia de las prácticas a la vida real. Un zoántropo controlado no atacaba de forma letal, pero uno sin restricciones dejaba ver lo mortífera que podía ser la combinación de un hombre con instintos animales.

No perdieron más tiempo, podían sentir a los otros acercándose, corrieron escaleras arriba y se separaron. Adrien por la izquierda, Marinette por la derecha.

Adrien corrió con una postura defensiva. Sus sentidos estaban más despiertos que las cámaras que usaban para guiarlo. Se detuvo abruptamente en una puerta, olfateó un poco y trató de escuchar… ¡Eureka! Había alguien adentro. Dio tremendo empellón con su pie y la puerta cedió. A diferencia de otras ésta tenía bloqueos convencionales, no como las de acceso.

En cuanto dio un paso al frente dos disparos le atinaron justo en el pecho. El impulso, la sorpresa y el dolor lo hicieron caer. Se recostó contra el suelo, inerte.

—¡Dios! – gritó una mujer del otro lado. Salieron del baño de la habitación una mujer y un niño. El pequeño al escuchar los disparos y gritos había cruzado a la habitación de sus padres buscando protección. El marido atinó a esconderlos en el baño y tomar su arma personal, esperando asesinar a lo que sea que atravesara por ese umbral.

—¿Están bien? – rápidamente el hombre bajó su arma, el cuerpo frente a él estaba tieso, seguramente las balas lo habían matado al instante. Se acercó a su familia y los abrazos, dejando el arma sobre la cama.

—¡Señor Kie! – dos guardias entraron armados, es escucharon disparos al otro lado de la mansión. —¿Están todos bien? – apuntaron al cuerpo de Adrien.

—Creo que lo maté. – confesó el Kie, el hijo de Zen. —Le disparé dos veces al entrar.

—Menos mal. – los hombres bajaron la guardia. —No estamos seguros de qué está pasando, pero debemos evacuar, estos malditos ya mataron a tres personas.

—¡Oh, cielo santo! – la mujer se cubrió la boca y abrazó más fuerte al niño.

—Está bien pero, ¿Y mi padre?

—Sus guardaespaldas está intentando controlar la situación. – el tiroteo al otro lado no podía explicar más. Los hombros se acercaron al trío. —Vengan, nosotros los protegeremos…

—¡Está vivo! – apenas escucharon la exclamación del niño cuando Adrien se levantó y les emboscó. Los tomó de las muñecas y de un fuerte tirón los jaló para sacarlos de equilibrio. Kie intentó recuperar su arma sobre la cama, pero su mano no pudo alcanzarla.

Cual si fuera un gato salvaje real, Adrien mordió su muñeca y le tomó del cuello con sus zarpas. La mordida fue tan dura que lesionó la articulación. Los gritos de la mujer y el niño llenaron la habitación.

—¡Señor Kie!- los hombres se recuperaron pero no pudieron disparar.

—¡Úsalo de rehén! – ordenó Xiao y Adrien se giró para colocar a Kie frente a él.

—¡Retrocedan! – pidieron al resto de la familia y ellos corrieron al baño. Los dientes del zoántropo destilaban sangre y sus garras, herían la piel del cuello y el otro brazo del prisionero. —¡Suéltalo, no tienes oportunidad! – rezongaron los guardias.

—Sí la tienes, úsalo como escudo. Él no es el Jiang Zen, pero no te atacarán si lo usas. – dijo Xiao al otro lado. El gruñido vino en afirmación. Levantó el cuerpo del hijo de Zen con suma facilidad. Los músculos bien tonificados y entrenados de Adrien le permitieron tal hazaña. Prácticamente estaba levantando su peso. Tal y como Xiao le dijo lo usó como escudo, atacó de frente con él como su barrera, los hombres no tuvieron más opción que dar marcha atrás. Fueron tacleados y 314 consiguió salir al pasillo.

—Corre donde 122, protégela, pero antes, noquea a esos idiotas. – bufó y ronroneó, la orden había sido captada. Como si fuera un muñeco de trapo, les regresó a Kie, los hombres los atraparon, pero no se dieron cuenta que era sólo una distracción. Adrien empuñó sus manos y saltó sobre los guardaespaldas. A uno le dio un golpe tan potente en la mandíbula que lo dejó inconsciente y se escuchó un crujido. Se apresuró a atacar al otro, pero este se defendió cubriendo los golpes con los brazos.

No se molestó en esperar un contrataque, entendía que estaban armados, así que se agachó y atacó en una llave grecorromana tomándole de la cintura y arrojándolo al suelo, se apoderó de los brazos de su oponente y los inmovilizó, sus piernas se enredaron en torno a la cintura del hombre, está en sí no era una maniobra convencional, pues lo tenía de frente, pero aprovechó que había descuidado su cuello y le mordió certeramente. La mujer gritó al otro lado del cuarto, pero cuando Adrien se levantó el hombre bajo él estaba inmóvil. No le había arrancado la garganta, sino que lo asfixió usando sus dientes como una prensa, tal y como los grandes felinos hacen para matar a una animal igual o más grande.

Se levantó todavía presto por la adrenalina.

—Llévatelo contigo. – Xiao se refería a Kie y el muchacho lo comprendió. Tomó el cuerpo del rehén y lo levantó para arrastrarlo consigo, le sería de utilidad.

Madre e hijo lo vieron desaparecer entre las esquinas de la mansión, siendo Kie ahora un rehén que más que luchar, se había paralizado a causa del miedo de ver a 314CN en acción.

—Todo va bien. – Xiao sonrió ante las imágenes del monitor. Con una impresionante llave Marinette acababa de noquear al último de los dos guardias que la habían acorralado en una habitación mientras perseguía a Jiang Zen. Tal y como habían mencionado, su guardaespaldas se las arregló para sacarlo de ahí gracias a que había pedido refuerzos desde que los disturbios habían comenzado a fuera.

Pero a pesar de estar sola, el entrenamiento de Marinette habló por sí solo, manejando la situación con magistral pulso. Noqueó a dos de los guardias y comenzó a perseguir al último que al parecer había llevado a su jefe a una habitación segura. No pudo impedir que entrara y la bloqueara electrónicamente, así que tuvo que refugiarse para evitar los disparos, respondiendo ella también a la distancia. En medio de la lucha ella le había dado en un brazo a su oponente, mas el hombre no renunció y se empeñó en mantenerla distanciada.

—Tranquila, respira, respira. – Xiao llamó por la radio. Sus hombres le habían indicado una taquicardia inusul en el monitor de manejo de sus signos vitales. La chica estaba cubriéndose con la esquina de una pared, pero se abstenía de disparar todas sus balas.

—Señor, esto no me gusta. –Suen se colocó a su lado, estaba sudando. —La taquicardia está sobre los 150 latidos por minuto, es extenuante para ella y el electrocardiograma está mostrando una extraña onda, como si algo sobre-estimulara el marcapasos natural.

—314 ya viene en camino. – se fijó en el video correspondiente, él todavía corría por los pasillos. —Maldita sea. – dos guardias se acercaban a él por las escaleras centrales, justo cuando estaba cruzándolas. —314 usa a tu prisionero. – activó el micrófono para llegar a él. Las imágenes mostraron a Adrien deteniéndose y alzando al hombre, los empleados gruñeron, pero sin bajar sus armas.

—¡Suéltalo! – pidieron gritos, Adrien pasó sus garras contra el cuello del hombre y gritó tan pavorosamente que lo hizo estremecer.

—¡No disparen, por favor, no disparen! –hubo gritos al otro lado de la zona. La esposa de Kie corría hasta ellos, envuelta en lágrimas y temerosa, su hijo la seguía detrás. —¡Por favor, libera a mi esposo, él no te ha hecho nada! – el intentó era rogar por la vida de su marido, cosa que no funcionaría. Adrien no desvió la vista en ningún momento, pero los agentes sí.

—¡Señora retírese a un lugar seguro!

—¡No, mi esposo está de por medio! – dio dos pasos hacia atrás para saltar sobre su hijo y protegerlo si había un tiroteo, pero no flaqueó en su petición.

Y mientras ese dilema continuaba, Marinette se aferró inconscientemente el pecho con una de sus manos. Había demasiada tensión en el aire, su deber era llegar donde aquel hombre, desarmarlo y noquearlo para así acceder a la oficina de seguridad. No obstante y pese a que su mente estaba concentrada el malestar físico le causaba problemas para mantener su templanza.

—122. – escuchó la voz de Xiao al otro lado. —Recuerda la carrera de obstáculos. – ella obviamente no respondió verbalmente. —Usa los muros, acción evasiva. Dispara cuando saltes. – la hizo levantarse. A pesar de estar teniendo problemas para mantener su tensión arterial, obedeció. Era todo o nada, no podía esperar a 314, por que la situación con él también era muy peliaguda.

Retrocedió un poco, saltó contra la pared contraria y tomó el suficiente impulso como para aferrarse a la superficie.

—¿Qué rayos…? – el vigilante quedó maravillado con la flexibilidad de la chica. Se apresuró a apuntar y disparó, su tiro dio contra la pared a destiempo, Marinette ya estaba corriendo en zigzag. —¡No te me acerques! – disparó. La bala pasó peligrosamente por su sien, la hizo sangrar pues le hirió la piel. La sangre brotó ante ello e instantáneamente Marinette cayó.

Adrien escuchó el disparo sus sentidos se alertaron.

—¡Corre, 314! ¡Ahora! – pidió Xiao, ello le asustó. Abrió la boca y empujó el cuerpo de Kie escaleras abajo. El grito de la mujer acompañado de la sorpresa de los hombres se opacó por un disparo que uno de los guardias dio, pero que no hirió a Adrien, dado que éste ya había saltado lejos de la trayectoria de la bala.

Dejó todo atrás, les lanzó como carnada a Kie para apresurarse donde Marinette. No era porque Xiao se lo hubiese ordenado, sino más bien porque él tenía un mal presentimiento.

Llegó muy rápido, alcanzó a ver a Marinette en el suelo y al hombre a su lado inspeccionando el cuerpo con el pie, inseguro sobre si su tiro había sido mortal o no. Le rugió, su ira se liberó igual que cuando le inyectaban la Invigonina. El ronco rugido de Adrien alarmó al guardaespaldas, estiró la mano para dispararle en plena estampida, pero para su mala suerte sólo escuchó un click. El reservorio estaba vacío.

Buscó presuroso en su cinturón un repuesto, pero Adrien ya estaba ahí. Le embistió con tanta fuerza que le fracturó algunas costillas y el hombre exhaló todo el aire de sus pulmones. Ambos chocaron contra la puerta y se deslizaron por ella, pero cuando llegaron al piso fue Agreste quien reaccionó primero, llevó sus puños hasta su cara y le propinó tremebunda paliza que lo dejó sin conocimiento.

—¡Basta! – ordenó Xiao y se detuvo con mucha dificultad, estaba furioso, quería seguir con la tunda. —Inspecciona a 122. – su ritmo cardiaco se había reducido de golpe. Sin lugar a dudas se había desmayado en plena acción.

Adrien sumió su cuerpo contra el de ella y gimió al ver la sangre. La tocó con su mano y zarandeó su espalda. La furia le impedía hacerlo con delicadeza.

—Cálmate, no está muerta. – dijo Xiao y a pesar de su estado mental, entendió sus palabras.

—Su ritmo cardiaco vuelve a la normalidad. – anunció Suen.

—Está despertando. – lo supo al ver que la cámara se movía. Ella se alzó un poco, estaba confundida, aletargada y mareada.

—¿Chaton? – fue lo primero que se le ocurrió, pero Adrien no le respondió, simplemente esperó a que se pusiera de pie. —¿Adrien? – decidió llamarlo por su nombre real, estaba tan fuera de sí que sintió miedo al no saber en dónde se encontraba.

—Está recuperando el sentido, señor. – Suen lucía nervioso. Xiao estaba estático.

—Se conocen… - susurró más para él que para los demás. Pero tras parpadear y sacudir la cabeza recurrió a uno de los técnicos. —Inicien protocolo de conversión Coccinella. – la pista gatillo sonó en la cabeza de Marinette y sus balbuceos se fueron acallando. Al cabo de tres minutos, Marinette estaba tan firme como una estatua. —¿Lista para obedecer, 122? – el amo le llamó y ella respondió.

—Et parere.

—Así me gusta. – suspiró. —Toma la pistola eléctrica que está en el bolsillo del hombre, al usarla sobre la manija electrónica la desactivarás por unos segundos, entren. Tengan cuidado, puede estar armado. – Marinette se agachó, tomó la Taser y dio en el blanco. En ningún momento se dirigió a su compañero, ambos estaban en control.

—¡Están en la habitación segura! – gritó alguien a la distancia.

—Entren ya. – apresuró Xiao. Cuando la luz roja cambió a ser verde en la tableta electrónica los dos empujaron la puerta. —¡A las paredes, aún no entren! – fue una orden para los dos. Los disparos dieron hacia afuera del pasillo. Estaba confirmado, Jiang Zen estaba armado.

—¡No se atreven a venir, desgraciados! Fui militar, sé manejar un arma. Les volaré la cabeza en cuanto tenga oportunidad. – no estaba bromeando, pero a su edad su tino ya dejaba mucho que desear.

—Accedan. – pidió Xiao, los dos se aventuraron, saltaron en diagonal. Zen apuntó a Marinette, pero para entonces Adrien ya había saltado sobre él. Fue más lento que el zoántropo, quien tomó el arma con una de sus manos y le dio un puñetazo al mismo tiempo. Se la arrebató inmediatamente y la arrojó fuera. Marinette por su parte cerró la puerta. Tal y como dijo Xiao el cerrojo se bloqueó nuevamente y esta vez se reinició. Si querían echarla abajo tendría que ser a base de golpes.

Claramente el General conocía esa tecnología. Ahora estaban encerrados con Jiang Zen sin que nadie les impidiera matarle.

Del golpe el viejo cayó sobre una silla y se la llevó de paso para dar contra el suelo. Aún derribado intentó buscar una navaja que guardaba en su bolsillo del pijama, la cual había tomado en medio de todo el alboroto.

—¡Ataca, 314! –la orden resonó en su cabeza. Salvajemente Adrien se sumió contra Zen y mordió tan duro su brazo que lo hizo soltar el arma blanca y no conforme con eso arrastró su cuerpo aún aferrado a sus dientes para sacarlo detrás del escritorio en donde había caído.

El grito del anciano fue implorante y mísero.

—Puedes soltarlo ahora. – pidió Xiao. 314 lo hizo con lentitud y se acercó a Marinette. El terror que vio en los ojos del viejo Ministro de Defensa le fue catártico.—Repite lo que diré, 122. – la chica asintió.

—¡¿Quiénes son ustedes?! ¡¿Qué quieren de mí?! E-Escuchen, si esto es… si esto es por dinero yo puedo pagar lo que sea para que…

—Guárdate tu asqueroso dinero para quien lo quiera, Zen. – la voz de la chica se escuchó fría, ronca y severa. La seriedad con la que se expresó hizo callar al viejo. —¿No sabes lo que está pasando, verdad? – una cosa era que Marinette hablase por Xiao, pero los pocos que podían verlo dirían que lucía tan aterrador como un demonio. Tenía el rostro desfigurado en una mueca de placer, pero su expresión se atrapaba casi dolorosamente, como si estuviera a punto de reír a carcajadas.

—Por favor, no qué quien eres… no sé por qué has atacado a mi familia, ten piedad de mí, soy sólo un pobre viejo. – sus ojos estaban tan vidriosos que en cualquier momento rompería en llanto.

—Silencio. – él lo hizo. —Ver tu cara repleta de horror es lo más satisfactorio que he tenido la oportunidad de ver. – la chica no hacía muecas, pero su voz lograba convencer a Zen de la maldad que inspiraba. —Ha pasado mucho tiempo, Zen. Más de lo que me gustaría. Pero al fin… después de una larga espera, te tengo justo donde quiero.

—¿Qu-Quíen eres?

—Es natural que no me reconozcas, después de todo no me estás viendo a mí, sino a mi fiel 122.

—¿122? – su voz se transformó aún más con el más puro terror. —No, no puedes ser…

—¿Quién lo habría dicho, no? Un zoántropo y un autómata. Los soldados perfectos.

—¿Xiao? –hubo un temblor en su pronunciación.

—Al menos recuerdas el nombre… de uno a los tantos que le arruinaste la vida. – esta vez no hubo nada que detuviera el llanto de Jiang Zen.

—D-Dios… No puedes… Tú, tú moriste… Esa vez, cuando el ejército…

—Henos aquí, Zen. – se carcajeó un poco. —122 desenfunda. – la chica lo hizo automáticamente y le apuntó sin miramientos. —El día de hoy. –Marinette continuó repitiéndolo. —Será tu último día. Pagarás por el daño que nos hiciste, pagarás por el deshonor que nos trajiste… pagarás por la muerte de mi hija.

—¡Por favor, espera! – a como puso se colocó de rodillas y llevó su cabeza al suelo. —¡Déjame explicarte las cosas! ¡No era mi intención, yo no quise…!

—Mientes. – lo interrumpió. —Yo lo sé todo. Destruiste muchas vidas con tal de salvarte a ti. Condenaste a muerte a varios hombres y mujeres que sólo cumplían tus caprichos. El egoísta aquí eres tú, Zen, no yo. – la mujer comenzó a agitarse, Xiao no lo notó, pero Adrien sí, quien le dedicó una mirada profunda.

—¡Estaba atado de manos! ¡Todo fue por órdenes del Primer Ministro! ¡Lo juro! – se alzó para ver a las cámaras. —El proyecto estaba yendo por buen camino… Yo… Nosotros, ellos… Nadie entendía lo que pretendíamos hacer…

—Yo sí lo entendí, por eso creé el proyecto MTR. – de pronto se escucharon voces y golpes contra la puerta.

—¡Señor Zen, estamos aquí! – gritaron los guardias, pero el umbral estaba atrancado.

—¡Piedad, por favor! – suplicó en un alarido.

—¿Piedad? – Marinette rio en conjunto. —A los monstruos no se les debe mostrar clemencia… - pudo ver todo rastro de esperanza desaparecer en los ojos de Zen. —¿Tú lo dijiste no es así? Qué mejor manera de matar a un monstruo… que con otro monstruo. – ya todo había terminado. —122LB, dispara. – no habría marcha atrás. La noche escuchó el ensordecedor disparo.

El mundo acababa de detenerse.

MTR: Monster Training Revenge.

Continuará…

Tengo que admitir que me tomó unas horas escribir la parte del asalto a la mansión, pero creo que el resultado final quedó bien, ¿Qué me dicen? En sí, así se supone que es como un zoántropo entrenado por el proyecto MTR debía ser. Adrien es uno de los mejores sujetos de prueba, pues combina la inteligencia de un ser humano con las habilidades de un gato. Hubo un pequeño momento Adrinette, pero no fue tan grande como la acción en este episodio.

El capítulo que viene será la culminación de todo este embrollo. Así que se podría decir que nos encontramos con el principio del fin. ¿Querían un poco de acción? Próximamente veremos más.

Saludos a todos, estoy ansiosa por leer sus comentarios.

¿Merece un comentario?

Yume no Kaze.