Un capi más... y la llegada de alguien....
Disclaimer: Los personajes, o al menos casi todos, pertenecen a la creadora de la saga crepusculo. Yo solo me adjudico la trama de esta historia sin ánimo de nada más que saber lo que opinais de ella y que paseis un rato agradable, si podeiss.
CAPITULO 12: ¡¿TU?!
Los temores, las sospechas, la frialdad, la reserva, el odio, la traición, se esconden frecuentemente bajo ese velo uniforme y pérfido de la cortesía.
_ Jean Jacques Rousseau-
¿Cuántas veces había oído que la vida daba muchas vueltas? Era una expresión mundialmente conocida… daba igual el país, el idioma, la religión o lo que fuese… era simplemente una realidad.
Después de que Carlisle abandonase mi habitación no pude apenas ni moverme. Sus palabras rondaban mi mente, y últimamente pasaba muy a menudo.
Ni por asomo había olvidado lo que le había oído decir en el hospital, pero ahora era lo que menos me preocupaba.
No entendía cómo podía pretender traer a otro humano a la casa, aquello era una locura. Después de tanto esfuerzo por mantener su secreto a salvo, ahora pretendían ponerse al descubierto a saber por quién. Nada tenía lógica.
Al observar el exterior por el gran ventanal, casi tuve que reírme. Era el día perfecto para traer a un humano a la casa.
Una suave llovizna respaldada por nubes grisáceas, ocultaban el sol. Ni un solo rayo desvelaría el brillo diamantino de aquellos cuerpos. Una tapadera temporal, que tan solo les haría parecer personas imposiblemente bellos, pero… ¿durante cuánto tiempo?
Un escalofrío me recorrió toda la espalda, las imágenes inundaban mi mente sin orden alguno. Las capuchas negras gobernaban la visión, paredes de piedra centenaria, pieles de aspecto apergaminado y ojos increíblemente carmesíes. Labios contraídos en muecas aterradoras, mostrando dientes perfectos y peligrosos mientras otras bocas evocaban palabras que no llegaba a escuchar, pero eran fáciles de interpretar.
La piel de mis brazos se erizó, consciente del peligro que aquella decisión tomada sin conocimiento alguno.
Mi garganta vibró en un intento de grito. Quería dejar salir toda mi frustración ante el tema en cuestión, hacerles saber que no estaba de acuerdo con aquello. Pero antes de ser capaz de emitir sonido alguno, la voz cantarina de Alice anunció la llegada de Carlisle.
Mi puerta se abrió de par en par para mostrarme el rostro, también contrariado, de Emmett.
- Vamos pequeña, baja conmigo- su voz era monocorde, sin signo alguno de emoción, aunque sus gestos le delataban.
Al menos no era la única que pensaba que aquello era una locura.
Me puse en pie, ignorando su mirada a mi apariencia. Si a alguien, o al nuevo en todo caso, no le gustaba… no era mi problema. Un nuevo miembro en la familia no iba a devolverme las ganas de vivir, y mucho menos iba a conseguir que tuviese un mínimo de gusto por la moda. Antes de salir de mi habitación escoltada por el grandullón, ya podía visualizar la cara horrorizada de Alice.
Para ella iba a ser una ofensa mi cola de caballo prácticamente deshecha, mis pantalones grises de chándal con un par de agujeros y la sudadera negra desvaída. Aun me pregunto cómo había sido capaz de mantener esas prendas en mi ropero sin que ella las quemase. Todo un logro por mi parte, ¿o que ella había tirado la toalla?
Lentamente fui bajando escalón a escalón, tomándome todo el tiempo del mundo. Me concentraba en bajar cada peldaño sin sufrir un accidente, al tiempo que trataba de acompasar mi respiración.
El primero en entrar en mi campo de visión fue Jasper. Su rostro se contrajo un segundo, aunque rápidamente trató de esconder la expresión cambiándola por una de ¿ánimos?
Internamente me compadecí de su don, algo tan sutil y útil en muchas ocasiones, cerca de mí era una condena.
Sus ojos se ennegrecieron, con la mandíbula tensa me miró con intensidad. Pude notar el leve roce de la calma artificial, pero por alguna razón no llegaba a mi corazón. Era como un escudo que me cubría por completo, y notaba la invasión de su poder sin que llegase a penetrar en la coraza. Apretó los puños mientras seguía intentándolo.
Terminé de bajar las escaleras y me situé justo frente a él. Con cautela elevé mi mano hacia su cara. Con la yema de mis dedos rocé su mandíbula, y vi como su cuerpo entraba en más tensión.
- Déjalo Jazz… ya forma parte de mí, y no lo quiero perder tampoco- susurré.
- Es demasiado dolor Bella, demasiado…
- Lo sé.
Esquivé el pétreo cuerpo del vampiro, fielmente seguida del grandullón, hasta llegar a la sala. Sentadas en el sofá de piel, Esme y Rosalie me observaban con cariño y tristeza, mientras Alice estaba en el suelo con el portátil junto a ella y el ceño fruncido.
- Bonito conjunto- farfullo sin siquiera mirarme.
No pude evitar sonreír.
El único que faltaba era Carlisle, y suponía que estaría con el nuevo miembro de los Cullen. Con cada segundo que pasaba, y aun sin saber quién sería, más en banda me cerraba a considerarlo parte de mi familia o siquiera de mi vida. Tampoco es que llegase a considerar a aquel clan de inmortales familia, pero tiempo atrás había soñado con que lo llegasen a ser. Ahora se iba a unir alguien más. Volveríamos a ser ocho, y eso me desquiciaba.
¡Edward!
Tuve la imperiosa necesidad de correr de nuevo escaleras arriba y abrazarme a su urna, fundirme con aquel jarrón de porcelana fría, desintegrarme y juntar mis cenizas a las suyas.
Un gruñido me hizo girarme. Jasper se apoyaba en la baranda de las escaleras con el rostro claramente distorsionado por el dolor. De pronto comenzó a sollozar mientras su mano volaba hacia su pecho. Apretaba firmemente su ropa a la altura de aquel corazón que no latía.
El miedo a que se repitiese la escena de días antes me hizo observar al resto de los presentes. Todos parecían sufrir, pero no por el poder de Jazz, sino por la situación. Un ronco rugido iba oyéndose como en la lejanía, uno que poco a poco iba tomando forma en el pecho del vampiro, quien obviamente luchaba por encerrar en si mismo todo mi dolor.
Unas manos frías y suaves tomaron mi rostro y lo elevaron. Los ojos de Rose estaban brillantes, de un dorado líquido y empañados de dolor. El mensaje era claro, con la delicadeza que nunca la había caracterizado me estaba suplicando que parase.
Realmente yo no hacía nada, no era mi intención hacerle partícipe de todo mi sufrimiento… yo tampoco controlaba mis emociones y mucho menos mis recuerdos.
Tampoco es que pusiese mucho empeño en intentarlo… regodearme en mi dolor era mi vida.
Respiré hondo, sintiendo las punzadas en mi pecho pero tratando de calmar los ánimos. Un suspiro de puro alivio se derramó de los labios de Jasper, aunque su rostro aun se crispaba.
- Gracias- masculló.
No podía culparle por estar resentido conmigo, aunque en el fondo sabía que no lo estaba.
Cada uno lidiaba con la situación lo mejor que podía, y sin duda él lidiaba con todas a la vez.
Era realmente complicado apartar aquel dolor, pues ya formaba parte de mi.
Aunque en ocasiones por mi mente vagase la idea de que no les vendría mal saber cómo me sentía, en el fondo verlos sufrir por mi culpa, era derramar sal en mis heridas.
No podía negar que los amaba a todos, aunque mi alma estuviese sumida en oscuridad.
Por unos momentos observé a los cinco seres que me acompañaban en la sala. Todos era especiales y parte de mi vida. Una familia atípica que yo había destrozado, y que aun así me amaban incondicionalmente.
Esme, con su rostro maternal, con aquella mirada dulce y cálida, había perdido a su hijo predilecto… y aun así cuidaba de mí como si fuese también su propia hija.
Velaba por mi bienestar, preocupada por mi futuro, dándome tanto amor como yo le permitía.
Emmett, con su aspecto intimídate y sus ojos divertidos, maquinando siempre en aquella infantil cabeza, la mejor y mas alocada broma. Protector… sin lugar a dudas lo era. Resultaba inquietante la seriedad que en la última temporada había adquirido su rostro.
Si me detenía a pensarlo, echaba mucho en falta su estruendosa risa.
Como el resto, me había adoptado en el seno familiar. No necesitaba oírlo mucho para estar segura de que me consideraba su hermana pequeña.
Alice, aquella duendecilla hiperactiva… sin duda mi mejor amiga. Observar sus ojos era apuñalarse sin piedad. Aunque no lo dijese, sabía que pasaba veinticuatro horas al día controlando mi futuro.
Debía ser una carga insoportable, más teniendo en cuenta mi actitud frente a la vida.
No les había llegado a explicar las visiones que había tenido de mis días antes, y era de suponer que por su cabeza rondase el temor a que me suicidase sin que ella pudiese evitarlo.
Pensé en que tendría que explicarle, al menos a ella, mis motivaciones. Dudaba que me entendiese.
Rosalie era la que más me desconcertaba. Meses atrás habíamos tenido un leve acercamiento, pero aún así siempre se mostró fría y distante conmigo… hasta aquel día.
Aquella máscara dura e impenetrable había caído, mostrando así su faceta más humana. Sus suaves palabras y gestos me abrumaban, haciéndome sentir si cabe, aún mas desdichada.
No merecía su compasión, y casi habría preferido ser el centro de su ira.
Finalmente su predicción se había cumplido… "esto había salido mal"
Me giré para ver a Jasper que aún permanecía tenso.
¿Cómo habíamos llegado aquí? ¿Dónde estaba el vampiro que me rehuía para no estar tentado a matarme?
Al igual que con Rosalie, nuestra relación había cambiado completamente.
Teníamos factores en común: la pérdida y el inmenso dolor.
Aquel ser pálido, de facciones marcadas y apariencia leonina, compartía conmigo mi angustia. Era partícipe de todas mis emociones y se veía impotente al no poder controlarlas.
Lidiando con la tentación de mi sangre, yo lo empujaba a sufrir mi depresión.
La calidez del amor de todos me envolvió de golpe. Un mar de comprensión, entendimiento y apoyo incondicional. Supongo que mis barreras cayeron en ese momento.
Junto a mi se encontraba Emmett y no dudé en abrazar con todas mis fuerzas su cintura. Respiré hondo contra su pecho, sintiendo todo su marmóreo cuerpo contra el mío. Aspiré su aroma y me sentí protegida.
¡Diablos! Ellos eran mi familia, él era mi hermano y los amaba.
- Nosotros a ti también pequeña- susurró contra mi pelo- te queremos con locura.
Me di cuenta que mis pensamientos habían volado de mi boca, y no sentí la necesidad de retractarme.
Rápidamente sentí a Esme sumarse al abrazo, el reto supongo que se mantuvo al margen tratando de no tentar a la suerte.
Durante unos minutos permanecimos unidos y en silencio. Mi corazón vibró levemente, como hacía tiempo que no sucedía. La sensación no era ni remotamente parecida al aleteo frenético que él provocaba… pero sin duda era un comienzo.
Las llaves en la puerta me devolvieron a la realidad. Alcé mi rostro para observar como ésta se abría.
El cuerpo de Carlisle permaneció estático bajo el marco, sin llegar a sacar las llaves de la cerradura. Su expresión pasó de la confusión a la comprensión para acabar en una amplia sonrisa. Sus ojos brillaron como dos cetrinos.
Mis labios también se curvaron y por primera vez en lo que me parecía una eternidad, tampoco era un gesto forzado.
Pero ¿Quién dijo que la felicidad era para mí?
Todo rastro de cariño, amor y añoranza hacia aquella familia, desapareció tan pronto como Carlisle decidió entrar en la casa.
Una descarga eléctrica sacudió mi cuerpo, la puerta aun abierta mostró la silueta de quien acompañaba a Carlisle.
Tan pronto como aquellos ojos grises se encontraron con los míos, todo cobró sentido.
Una leve sonrisa enmarcó su rostro, aunque desapareció casi instantáneamente. Con la vista fija en mi, endureció las facciones.
- Bella- saludó visiblemente molesto con una simple inclinación de cabeza.
Mis rodillas temblaron al oír mi nombre de sus labios.
"… pero sé que esto es lo que ambos necesitan. Mario es justo lo que Bella necesita, no me preguntéis aún porque lo sé, pero él es la piedra angular de su vida, al igual que ella la de él"
Las piezas iban juntándose poco a poco, y de ello se estaba encargando Carlisle.
Aquello no podía ser cierto en realidad. Ellos no trataban de juntarnos a Mario y a mí.
Todo el amor de instantes antes, se convirtieron en fría ira.
- ¿Estas de broma?- grité colérica- ¿Él es el nuevo miembro de la familia? ¡Carlisle! ¿Te volviste loco?
- Bella, por favor, cálmate- me suplicó Emmett.
- ¡¿Qué me calme?! ¿Os pensáis que no sé lo que tratáis de hacer?- estaba perdiendo el control de mi misma una vez más- Olvidarlo, ¿me oís? No me podéis forzar- reí amargamente ante lo último.
Nadie se había movido un solo milímetro ante mi explosión. Me deshice de los brazos de Emmett y me acerqué lentamente a Mario.
Con descaro le observé de arriba abajo. Sus vaqueros negros desgastados, su suéter beige con una camisa blanca debajo. No iba a admitir que el chico tenía cierto magnetismo, sobre todo cuando sus grisáceos ojos te perforaban con evidente odio.
- Yo también me alegro de verte- dijo cargado de sarcasmo.
- No le llegas ni a la suela de los zapatos- siseé- no te acerques a mí.
Dicho esto me giré y subí presurosa las escaleras rumbo a mi dormitorio. Al entrar trabé la puerta con una silla. Eran medidas estúpidas, pero supuse que el acto en si les haría entender que no hablaría con ninguno de ellos.
¡Traición!
Era lo único que pasaba por mi mente. Aquellos a los que minutos antes había vuelto a abrir mi corazón, me habían traicionado de la peor forma.
Un sustituto, ¡¡¡Un sustituto!!! Había buscado un sustituto al que tendría que haberse convertido en mi esposo para toda la eternidad.
Mi mente bullía de rabia e incredulidad. No podía creer que aquellos que le habían considerado un hijo o hermano, se prestasen a tales juegos.
¿Qué vendría ahora? ¿Ofrecerle a Mario la inmortalidad para hacer el papel más realista?
Lágrimas de impotencia rodaron durante horas por mi rostro, hasta que finalmente el cansancio pudo conmigo.
Las pesadillas no se hicieron esperar, una tras otra, recordándome mí torturado destino.
Parada en medio del bosque, rodeada únicamente por la vegetación, me encontraba a escasos metros de mi paraíso. Entre los árboles se divisaban pequeños rallos de sol, que sin duda darían vida al lugar, con su calidez haría que toda flor se abriese para recibir el calor de su luz.
Temblaba de pies a cabeza, mi cuerpo se sacudía como una indefensa hoja ante un vendaval… pero no hacía frío ni aire.
Eran unos pocos pasos, un pie delante del otro y en breve entraría a mi dimensión privada, a mis sueños rotos y a los recuerdos más dulces y amargos. Eso era precisamente lo que me mantenía clavada en el sitio, sin atreverme a continuar andando.
Recordaba claramente la última vez que había pisado nuestro prado, tan falto de vida como mi alma, vacío de esperanza y brillo.
Temía encontrarme aquella desoladora imagen una vez más. Temía ver que nuestro santuario estaba muerto en vida como yo ante su ausencia.
Respiré profundamente, tratando de llenar mis pulmones de aquel oxígeno tan puro como si este pudiese darme el valor suficiente para continuar mi camino.
Mis manos seguían temblando, mis ojos se nublaron por las lágrimas aun no derramadas y mi respiración se volvió aún más entrecortada. Los nervios me consumían.
Los intentos de envalentonarme estaban resultando fallidos.
Cerré con fuerza los ojos y di un paso al frente. No era algo muy inteligente por mi parte, puesto que mi torpeza era mundialmente conocida.
Seguí avanzando a ciegas, guiándome únicamente por mis recuerdos del terreno hasta que tropecé con una raíz.
Abrí los ojos al trastabillar y la imagen ante mí me dejó impactada.
El vede resplandecía por doquier, resaltando más si cabe los suaves colores de las flores. Se veía tal y como la primera vez, solo que más brillante.
El sol estaba en su cénit, calentando la suave brisa, las ramas ondeaba en un lento vaivén, suave y melodioso como un vals.
Recorrí todo el lugar con la mirada, al tiempo que continuaba caminando. Fascinada y absorta en la belleza no me había dado cuenta de que no estaba sola.
Mi corazón dio un vuelco, para detenerse y latir después frenético.
Sus ojos cerrados, con el rostro recibiendo todo el brillo del sol y una sonrisa tranquila… estaba más hermoso que nunca.
Dudé unos segundos sobre si el resplandor que cubría el pasto era por el sol o por los destellos de su marmórea piel.
Una camisa negra sin terminar de abotonar, dejaba al descubierto parte de su níveo torso.
Alcé la mano temblorosa como si le pudiese tocar. Mis dedos ya notaban la gelidez de su piel sin tener contacto con ella.
- Edward- farfullé
Su sonrisa se ensanchó, torcida como a mí me gustaba. Lentamente giró su rostro en mi dirección y abrió los parpados. Aquellos orbes dorados que yo tanto amaba me miraban desbordantes de cariño.
Un intenso rubor cubrió mis mejillas, y por una vez no me molestó. Podría vivir la eternidad sonrojada con tal de que él no dejase jamás de mirarme.
Me di cuenta de que estaba malgastando preciados segundos allí parada, cuando podría estar rodeada de sus férreos brazos.
Tomé un fuerte impulso para correr hacia él, quien ya me esperaba para abrazarme.
La felicidad anticipada corría por mis venas, cegando todo lo demás a mí alrededor. Solo su sonrisa ocupaba mi visión.
Cuando ésta desapareció, aminoré el paso. El dolor surcó su rostro, endureciéndolo en una mueca devastadora.
- ¿Edward?
Alguien me tomó por el brazo haciéndome retroceder. Cinco sombras se situaron ante mi obstruyéndome el camino.
- Él ya no forma parte de nosotros- la voz de Carlisle resonó a mis espaldas dura e implacable.
Me giré para enfrentar los ojos grises de Mario, quien me miraba con aires triunfales.
- Ahora yo estoy aquí Bella- me susurró mientras apresaba mi cintura arrastrándome contra él.
El miedo contraía mis músculos. Volví la vista hacia Edward, quien me miraba a la distancia con los ojos vidriosos llenos de lágrimas que jamás podría derramar.
- No- susurré
No me estaban haciendo aquello, no le estaban haciendo aquello a él.
Le vi bajar la vista y girarse lentamente.
Comencé a revolverme contra el cuerpo de Mario, tratando de zafarme de su agarre… pero era imposible.
- Edward- grité- suéltame imbécil, déjame… tengo que llegar a él.
- Él ya no forma parte de esta familia Bella- dijo con frialdad Carlisle.
- No, no, no – seguí agitándome al tiempo que veía como mi amor se alejaba y desaparecía entre los árboles- ¡No!
- ¡¡¡NO!!!
Bueno, pues hasta aqui... supongo que tardaré un poco aun en tener el siguiente capi... aun tengo que pensar muy bien que trama seguir ahora. Espero que os haya gustado, y me gustaria pedir, que esas lectoras que me siguen y que agregan la historia a sus alertas o a favoritos... gracias en serio, pero me encantaria saber que pensais realmente de ella o un simple "te leo"
No cuesta tanto, y os aseguro que he estado muy tentada a dejar de escribir a causa de los lectores fantasmas. Esto lo hago como entretenimiento o al menos antes era así, ahora esta historia se está convirtiendo más en una obligación por no dejaros colgadas... asi que supongo que si yo puedo hacer el esfuerzo de ponerme a escribir vostras podeis tomaros dos minutos en comentar. Este es un tema que lo han tratado hasta la saciedad numerosas escritoras... espero no tener que llegar al punto de hatarme. Yo fic que leo lo comento,aunque el comentario sea corto...
saludos a todos.
