Siento la demora, los comentarios luego, ahora a leer:

ooOOoo ooOOoo

Capítulo 12: Pruebas

A la vuelta de Seattle Malfoy fue lo bastante considerado como para concederle un par de días libres, cosa que Hermione le agradeció profundamente. Si había algo que necesitaba por el bien de su salud mental era perderle de vista durante un buen puñado de horas.

Dado que el temporal de nieve había remitido dando paso a un tiempo primaveral aprovechó para sacar a pasear a Crookshanks por Central Park, aunque a decir verdad el muy perezoso se pasó la mayor parte del tiempo acurrucado en el regazo de Warren, quien se dedicó a malcriarle prodigándole mimos sin reparo alguno mientras parloteaba entusiasmado describiendo al ultimo chico que le había robado el corazón, y que con toda probabilidad, acabaría rompiéndoselo una vez más sin ninguna consideración. Hermione no dejaba de admirar su capacidad para entregarse cada vez como si nunca hubiera sufrido un desengaño pero tratar de prevenirle era un esfuerzo inútil, cada vez que lo intentaba invariablemente Warren respondía lo mismo: "quien no arriesga, no gana", recitaba cargado de ilusión.

Alargó el paseo todo lo que pudo pensando en lo mucho que le había echado de menos estos últimos meses. Desde la jubilación de Pete tenía la impresión de que solo vivía para la embajada y para colmo la presencia de Malfoy la mantenía en un estado de constante tensión. Miró a Warren extasiada sin escuchar ni una palabra de lo que decía, pensando que su compañía era como un patronus anti-estrés.

De vuelta a casa decidieron terminar la tarde con una película. Estaba en la cocina, calentando agua para preparar un té mientras Warren saludaba a Silvia en la floristería, cuando un enorme búho real con aspecto de hallarse al borde de la extenuación se presentó en su ventana con un pequeño paquete atado en su pata izquierda. Su presencia le resultó extraña desde el primer momento. Parecía una de esas aves que solo se empleaban para grandes distancias pero ella no solía mantener correspondencia regular con ningún mago o bruja al otro lado del atlántico y todavía faltaban meses para su cumpleaños.

Se apresuró a abrir la ventana antes de que el animal llamara la atención de los vecinos. El ave entró aleteando despacio hasta posarse en el respaldo de una silla y tenderle la pata con gesto desfallecido mientras Hermione acariciaba su oscuro plumaje. Desató el paquete y lo dejó sobre la silla, el búho parecía tan exhausto que juzgó más conveniente esperar a abrirlo hasta después de atender al animal.

Le preparó un par de cuencos con agua y comida y terminó de servir el té mientras regañaba a Crookshanks por las miradas poco amistosas que dirigía a la parte alta de la alacena, donde el búho intentaba dormitar. Después de un par de intentos consiguió desalojar a Crookshanks y colocó todo lo necesario en una bandeja para no tener que volver a la cocina. Por nada del mundo quería que Warren o Silvia descubrieran al búho y verse forzada a inventar alguna explicación poco convincente que nadie en su sano juicio creería.

Estaba colocando la bandeja en la sala cuando llamaron al timbre.

–Silvia quería pasar por casa – explicó Warren mientras entraba sacudiéndose el pelo, ­- dice que en diez minutos está aquí. ¿Sabes que está empezando a llover? Hemos tenido suerte de volver pronto a casa, imagina que este chaparrón nos sorprende en Central Park.

Crookshanks se le acercó y se frotó contra sus piernas.

–Hola, peludo amigo, ¿con qué estas jugando, bola de sebo? – preguntó cariñosamente agachándose a recoger un pequeño cilindro negro que el gato hacía rodar por el suelo y que Hermione reconoció como el paquete que había traído el búho.

–No es nada – dijo tendiendo la mano para recuperarlo. – Algo que llegó con el correo de hoy. Seguramente publicidad de un nuevo restaurante, o algo así.

–Esto es piel - dijo Warren pasando las yemas de los dedos por el estuche mientras fruncía el ceño en un gesto de concentración, - y de la buena, aunque no sé a que animal pertenece. Nadie se gastaría tanto dinero para enviar un folleto publicitario.

Hermione recuperó el estuche sintiéndose observada. Adoraba a Warren pero eso no implicaba que no supiera ver sus defectos: era un cotilla de primera. La piel de dragón había llamado su atención y no se rendiría hasta conocer cual era el contenido del extraño cilindro. Si rehusaba abrirlo causaría la impresión de estar ocultando algo y alguien que cargaba con tantos secretos como ella lo último que se podía permitir era despertar la más leve sospecha.

Mientras caminaba hasta la sala decidió que un pergamino podía ser considerado inofensivo pero si el cilindro contenía algo más no lo abriría, no quería correr el riesgo de mostrar a sus ojos de muggle ningún objeto mágico cuyo uso no pudiera explicar.

Agitó el estuche discretamente. Nada, ningún ruido, y tampoco notó ningún movimiento. Eso era algo bueno, de modo que decidió retirar la tapa y no sin cierto nerviosismo extrajo un pequeño rollo de pergamino. El papel, de un color blanco roto mucho más claro que el habitual tono amarillento de cualquier pergamino normal, estaba enrollado y atado con un pequeño ramillete de flores secas.

Emitió una exclamación ahogada y se dejó caer en el sillón olvidando completamente que Warren la observaba.

No tuvo necesidad de desatarlo para saber de que se trataba, ese pergamino solo podía ser una invitación para una boda y en ese momento la enigmática predicción de Charlie sobre un encuentro con la familia Weasley cobró sentido para ella. Solo de pensar en lo que significaba se le formó un nudo en la garganta. De modo que finalmente Ron había encontrado a alguien.

–¿Malas noticias? – preguntó Warren.

Y Hermione se obligó a hacerse la pregunta a sí misma. ¿Lo eran? Los engranajes de su cerebro estaban como entumecidos y parecían funcionar a cámara lenta. Dejó que su cuerpo respondiera por ella y esperó a sentir alguna reacción, una dolorosa punzada en el pecho, o el arrebato apasionado de un ataque de celos. Pero no sucedió nada, ese tren había partido hacía demasiado tiempo. Entonces ¿por qué la noticia le producía algo semejante a la ansiedad?

–Hermione, - la llamó Warren captando su atención, la curiosidad había desaparecido de su rostro y ahora la miraba como si estuviera preocupado. – ¿Estás bien? te has quedado pálida.

–No pasa nada, - le tranquilizó, y decidió ser lo más sincera posible. – Creo que es una invitación de boda.

–Cielos, Hermione, solo una persona tan ermitaña y antisocial como tú reaccionaría de esa forma tan poco convencional.

–Creo que sé de quien es – afirmó mostrando el pergamino en su mano todavía sin abrir.

–Déjame adivinar… - dijo sentándose a su lado, - ¿un antiguo novio?

–Mi primer amor – confirmó con una voz monótona y carente de emoción.

–Entonces eso debió terminar hace mucho ¿Tan malo es que se case?

–No – contestó con la misma voz monocorde. – No es malo. – Se interrumpió un momento, dubitativa. ­– Simplemente me ha pillado desprevenida. Aunque tampoco es que sea tan sorprendente.

–Si lo que te asusta es acudir sola puedo ir contigo – se ofreció de la forma más voluntariosa. – Soy atractivo, podría hacerme pasar por hetero y lograr que algunas de tus amigas se mueran de la envidia, con un poco de suerte incluso puede que el novio cambie de idea.

A pesar de la conmoción de la noticia una sonrisa afloró en el rostro de Hermione. Seguro que Warren había sacado esa idea de alguna de esas películas románticas que tragaba de forma compulsiva. La situación la hizo reír, era un buen actor y un muggle que no había visto una varita en su vida e incluso así sería más fácil hacerle pasar durante un día entero por un mago de sangre pura que por un heterosexual.

–Te lo agradezco pero no va a ser necesario. Es difícil - admitió, - pero no de esa forma.

–Bueno, aun no lo has abierto – alegó Warren señalando el pergamino, - tal vez la invitación no sea suya.

Interiormente Hermione estaba convencida de que no podía ser de nadie más, las palabras de Charlie un par de días antes prácticamente se lo habían confirmado, pero como obedeciendo a una orden no expresada verbalmente sus dedos soltaron el ramillete para poder desenrollar el pergamino.

Le echó un vistazo poco interesado, como si el pergamino no pudiera decirle nada que no supiera ya, hasta que una palabra bailó juguetonamente ante sus ojos haciendo que su cerebro se colapsara otra vez.

Ginevra

–¡Merlín! – exclamó soltando el pergamino, que sin la presión de sus dedos separando los extremos cayó enrollado sobre sus rodillas.

Ginny. La invitación no era de Ron. Era de Ginny.

La boda de Ron le hubiera sorprendido menos y, por sorprendente que pareciera, habría removido recuerdos menos dolorosos. Desenrolló de nuevo el pergamino buscando el nombre del novio para comprobar si era alguien conocido. No le resultaba familiar por lo que pensó que probablemente no hubieran coincidido en Hogwarts.

En ese momento sonó el timbre y Warren la dejó sola para ir a abrir a Silvia. Durante unos instantes se quedó sola, preguntándose si no era una falta de tacto por parte de Ginny enviarle una invitación. Sentía ganas de llorar pero sabia que no era la boda de Ginny lo que la hacia sentirse asi, lo que la alteraba y deprimía era la confirmación de que todo el mundo superaba la tragedia y continuaba con su vida excepto ella. Ella, que nunca podría dejarlo atrás, que estaba condenada a convivir con esa pesada carga para el resto de su vida.

–¿Y esa cara de funeral? – preguntó Silvia al entrar en la sala.

–Un momento nostálgico – explico Warren. ­– Acaba de recibir una invitación para la boda de un antiguo amor.

–En realidad no. – Corrigió Hermione antes de la que desbocada imaginación de Warren se montara una telenovela con ella como protagonista. – La boda no es de él, sino de su hermana.

–Puedes pedirle al Adonis rubio que te acompañe – sugirió Silvia. – Seguro que tu ex se muere al verle.

En eso llevaba razón, si se presentaba con Malfoy en la boda era más que probable que Ron sufriera un infarto.

–Antes preferiría ir acompañada por un hipog… pótamo. De todas formas no voy a ir. ­– Añadió en un tono tan sombrío que sus amigos prefirieron dar el tema por zanjado.

Esa noche no consiguió pegar ojo. Aunque estaba decidida a rechazar la invitación con cualquier pretexto no podía pensar en otra cosa.

Cuando se quedó sola buscó el pergamino y lo leyó por primera vez con calma. Solo faltaban tres días para la boda ¿Cómo se le ocurría a Ginny avisarla con tan poca antelación? Estaba furiosa con ella. Furiosa porque había utilizado a Charlie para allanar el terreno, furiosa porque la había invitado, furiosa por encontrar una nota escrita a mano en el fondo del estuche de cuero en la que con unos horribles garabatos apenas legibles (estaba segura de que lo primero que les enseñaban en la escuela de sanación era a deformar la caligrafía) le suplicaba que asistiera.

¿Por qué esa insistencia? ¿Por qué no podían dejarla en paz? Había aceptado el puesto en Nueva York para huir de su pasado y, después de tanto tiempo, parecía que ese pasado no hacía más que perseguirla. No se sentía con fuerzas para volver y enfrentarse con todo lo que había dejado atrás.

Se obligó a pensar que la boda de Ginny era una buena noticia y deseó de todo corazón que fuera una boda sincera, no como la que ella planeara con David un par de años atrás. Por suerte se había dado cuenta de que aquello no estaba bien antes de que fuera demasiado tarde, David se merecía a alguien que le amase de verdad y ella se sentía incapaz de querer de ese modo.

¿De verdad habría conseguido Ginny superar lo de Harry? Si había un buen futuro para Ginny eso la ayudaría a sentirse mejor.

Al amanecer decidió que no podía quedarse con la duda. Iría a la boda y lo comprobaría por sí misma. Si la boda de Ginny solo era una farsa el resultado de su viaje sería demoledor y la hundiría para siempre; pero si había conseguido pasar página, si la veía dirigirse al altar, enamorada y feliz, quizás hubiera esperanza.

Eso sería para ella la boda de Ginny, la expiación de su culpa o su condena definitiva.

Al día siguiente, temprano, entró en el despacho de Draco para hablar con él. Su estado anímico no era más indicado para uno de sus habituales tira y afloja pero por desgracia él seguía siendo el jefe.

–Necesito ausentarme unos días ­- expuso sin rodeos nada más entrar.

Draco, que estaba ocupadísimo jugando con su diana, bajó la mano sin llegar a disparar el dardo y no necesitó decir una sola palabra para lograr que Hermione se sintiera interrogada.

–Quiero ir a Inglaterra – dijo de mala gana, dispuesta a darle las mínimas explicaciones posibles.

Él no movió ni un músculo, solo la miró fijamente, esperando que fuera más explícita.

–Ginny Weasley se casa dentro de dos días – explicó ella dándose por vencida, odiaba tener que compartir con él ningún detalle de su vida privada pero sabía que no le permitiría ausentarse sin una buena razón.

–Ni hablar, te necesito aquí – contestó en un tono que no admitía replica apuntando de nuevo a la diana.

–¡Pero si estos días casi no hay trabajo! – protestó Hermione mientras él lanzaba el dardo sin prestarle la más mínima atención.

–Ya lo sé. No es la embajada quien te necesita, soy yo. – Admitió él con total naturalidad mientras lanzaba el último dardo al centro de la diana.

Hermione rodó los ojos hasta ponerlos en blanco.

–Estoy segura de que podrás sobrevivir sin mí – respondió sin ocultar el sarcasmo en su voz.

–Podría, - aceptó Draco, ­- pero sería mucho más aburrido, ¿a quién voy a molestar los días que tú no estés aquí? Prefiero que no vayas.

Hermione clavó la vista en la diana, obligándose a controlar el creciente deseo de arrancar uno de los darlos y clavarlo con saña en el muslo de Malfoy, hasta comprobar de primera mano que era lo que tenia de especial su impoluta sangre pura que la hiciera tan diferente de la del resto de los mortales.

–No puedes impedírmelo, descuéntamelos de las vacaciones si quieres, pero iré de todos modos.

–Te recuerdo que los días de vacaciones tienes que solicitarlos con antelación y por escrito a tu superior, que por cierto, soy yo – explicó mientras se dirigía hacia el escritorio y se sentaba en su silla con expresión de satisfacción - y como no lo has hecho, no podrás ir.

–¿Desde cuando te has convertido en un burócrata?- preguntó cada vez más molesta poniendo los brazos en jarras.

–Desde que beneficia mis intereses.

–No le encuentro la gracia – advirtió. – Es importante para mí.

Malfoy la miró fijamente, sin aspecto de estar bromeando.

–¿Cómo de importante, exactamente?

–Mucho.

La expresión de Draco no dejó traslucir emoción alguna pero sintió una punzada de celos. Muy importante. Desde luego esa era la valoración que ella otorgaría a cualquier encuentro con la comadreja.

–No.

Hermione cruzó el despacho y apoyando ambas manos sobre la mesa se encaró con él.

–¿Por qué me haces esto, Malfoy?

–Creo que ya sabes porque.

Ella le miró perpleja, sin entender lo que decía.

–Está bien - aceptó Draco, - se acabaron los juegos. No quiero que vayas porque me gustas.

–¡Claro, eso era! – exclamó cargada de ironía. ­– Creí que habías dicho que se acabaran los juegos.

–No estoy bromeando, es cierto. Me gustas.

–Pues tienes una extraña manera de demostrarlo – bufó muy molesta cruzándose de brazos.

–Eso es que porque estoy absolutamente seguro de que yo también te gusto, no te molestes en negarlo ­– la atajó, - de todas formas no te creeré. Te mueres por mis huesos y cuanto más tratas de engañarte más divertido me resulta.

–Por favor… - farfulló intentando no parecer nerviosa, - no puedes pensar eso en serio.

–Te acabo de decir que no te molestes en negarlo. Tengo pruebas: la forma en que hiperventilabas en el ascensor cuando creíste que iba a besarte, o el hecho de me espiaras mientras dormía.

Hermione sabía apreciar cual era el momento adecuado para una retirada.

–No te espiaba – dijo con toda la dignidad que era capaz de reunir – y de todas formas no comprendo que puede tener eso que ver con los dos días libres que te pido.

–Creo que está bien claro, me he propuesto seducirte y un encuentro con la comadreja podría retrasar mis planes.

No podía salir de su asombro. Hablaba cargado de confianza, dando por supuesto que ella caería rendida a sus supuestos encantos. Le miró furiosa, su primer impulso fue protestar, rebelarse contra esa actitud prepotente y machista, pero necesitaba que firmara esa autorización y conocía a Malfoy lo suficiente como para saber que un enfrentamiento abierto no serviría de nada, si quería lograr su objetivo sería más inteligente actuar de otro modo.

Utilizaría el orgullo de Draco en su propio beneficio. Aunque por dentro temblaba de indignación rodeó el escritorio y se situó muy cerca de él, mirándole completamente serena.

–De modo que te sientes amenazado por Ron Weasley – afirmó apoyándose tranquilamente contra el escritorio de Malfoy.

–¿Amenazado? Eso es ridículo, Granger. Weasley no es competencia para mí – contestó él recostándose en la silla sin perder la calma.- Es solo que emocionalmente no eres muy estable y no sé que efecto puede tener sobre ti. No he dicho que fuera a dar al traste con mis planes, solo que los retrasaría.

Hermione no podía creer lo que estaba escuchando, ¿le había dicho a la cara que era poco estable emocionalmente?, ¿cómo se atrevía? Abandonó su pose despreocupada y se apartó del escritorio con los puños apretados, dispuesta a presentar batalla. Abrió la boca decidida contestar que ella era una persona perfectamente estable hasta que él apareció en su vida pero rectificó a tiempo. Preferiría lidiar con una manada de escregutos de cola explosiva antes que admitir que él ejercía la más mínima influencia sobre ella.

La estaba provocando abiertamente para que perdiera el control pero no iba a caer en su trampa, tragándose la rabia siguió con su estrategia, atacando el punto débil de su arrogante y soberbio interlocutor.

–¿Tan seguro estás de tu éxito?

–Por supuesto.

–Entonces déjame ir.

Draco pareció pensárselo durante un momento.

–Tal vez lo haga… - meditó mientras la miraba alzando una ceja - pero antes tengo que valorar como está la situación.

A Hermione no le dio tiempo de buscar posibles interpretaciones a las palabras de Malfoy, repentinamente Draco la tomó de la muñeca y tiró de ella, con fuerza aunque sin brusquedad y sin saber como había llegado hasta allí cuando se quiso dar cuenta se estaba sentada sobre sus rodillas.

–Dame un beso y podrás ir – propuso Draco mientras le rodeaba la cintura con sus brazos.

–Eres mi jefe, - advirtió Hermione retrocediendo espantada – esto puede considerarse acoso y si me obligas a besarte lo será.

Draco se inclinó hacia ella y Hermione, horrorizada, puso las manos sobre su pecho con la intención de empujarle suavemente para evitar que él se le acercara más pero las retiró con tanta velocidad como si su cuerpo transmitiera corriente eléctrica. La firmeza de sus pectorales hizo que prefiriera no tocarle bajo ninguna circunstancia.

–Está bien, no me beses si no quieres – respondió Draco en un murmullo bajando la cabeza y arrastrando las sílabas lentamente de una manera que Hermione, muy a su pesar, encontró irresistible.

"No puede ser tan fácil" la avisó una vocecilla en su cabeza "no se dará por vencido tan pronto".

Draco levantó la mirada, aunque sus ojos color mercurio la miraban tratando de inspirar compasión, en sus labios había una sonrisa maquiavélica que hizo que Hermione se pusiera en guardia.

–Pero entonces te besaré yo – susurró muy despacio haciendo que ella se estremeciera involuntariamente.

Presa de un terror que la paralizaba contempló como Draco se aproximaba más y más a ella. Sentía la ligera presión que sus brazos, cruzados con abandono tras ella, ejercían sobre su cintura. Sin embargo no la sujetaba con fuerza. Se preguntó si él la retendría por la fuerza si intentara huir. La vocecilla de su cabeza gritaba que se incorporara a toda prisa y escapara lo más lejos posible pero sin embargo no movió ni un solo músculo. Tampoco separó su cara de la de él al contrario, sus ojos se posaron en los labios de Draco, a escasos centímetros de los suyos. La idea de que eran terriblemente sensuales atravesó como un rayo por su cerebro y se encontró deseando sentir su tacto y probar su sabor. Como si no tuviera control alguno sobre su cuerpo se pasó lentamente la lengua por sus labios, humedeciéndolos. El corazón bombeaba a mil por hora, sus labios se entreabrieron, anticipándose, esperando ansiosos el contacto con los de él.

Draco lo tomó como una silenciosa invitación y la besó con suavidad, al principio solo un leve roce, después aumentó la presión. Dejándose llevar Hermione cerró los ojos y entreabrió los labios un poco más permitiendo que la lengua de él se abriera paso entre su boca sin encontrar la más leve resistencia.

La vocecilla interior que le decía que no debía hacerlo desapareció, perdida quien sabe dónde, silenciada por los latidos desbocados de su corazón. Con celeridad sus manos buscaron la nuca de Draco y hundió los dedos en su sedoso pelo, enredándose entre cada suave mechón. Hermione respondió al beso, jugueteando con la húmeda y cálida lengua de Draco, explorándose mutuamente hasta que se quedaron sin aire.

Cuando se separaron Draco comenzó a besarle el cuello, subiendo lentamente desde la base hasta el mentón y siguiendo por toda la mandíbula. A Hermione se le erizaron los pelos de la nuca.

–Esto… también… es acoso – ronroneó sin dejar de acariciarle el pelo, en un gesto que contradecía sus palabras.

–No te he oído quejarte, Granger – respondió él entre beso y beso.

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A las que pensaron que Hermione se equivocaba y no era Ron quien se casaba, felicidades, han acertado.

Nuestro Draquito ha dado permiso para que Hermione regrese a casa, aunque solo por unos días. Caro que va a estar rodeada de Weasleys y eso puede llegar a ser muy tentador, así que antes, como buena serpiente, quiso darle un excelente motivo para volver. Sé que muchas pensabáis que después de once capítulos ya era hora de un beso, yo también lo pensaba, XD.

Elho: Supongo que no tendrás motivo de queja. Pedías un Ron solterito y así lo mantengo, querías beso y beso has tenido, espero que te haya gustado ;)

Y ahora contestaciones a rr:

Clarice: Para empezar te diré que Angy Malfoy te agradece por el pequeño adelanto que gracias a tí dejé para todas. Así que no soy la única marcada por Nirvana, es bueno saberlo, creía que la mayoría de mis lectoras serían demasiado jóvenes para conocerles. Gracias a Merlín tienen magia y pueden conseguirse otra cama, si tuvieran que compartirla estoy segura que Hermione no pegaría ojo en toda la noche. Hummm, pensándolo bien no sé si eso sería bueno o malo, je, je, depende de como empleara su tiempo. Hermione ya sabe que se siente atraída por Draco, ahora solo falta que lo acepte, XD que trabajo me da esta mujer... Un beso.

Abril: Como has visto Draco ya se ha dejado de ambiguedades. Sobre la historia fallida de Ron y Hermione no puedo decir mucho más que lo que está explicado en el capítulo cinco, sé que es ambiguo pero cuando leas el próximo capítulo lo entenderás todo. En realidad no es un capítulo sobre Ron y Hermione pero comprenderás porqué lo suyo no podía funcionar y porqué Hermione tenía esa necesidad de irse tan lejos. Un besazo y gracias por el rr.

Catuhh: Gracias por tu segundo rr, así pude comprenderte mejor. Como ves Ron sigue solterito, te voy a dejar un spoiler: si encontró a una persona, pero no es Luna, y además no tiene ninguna relevancia para la historia. Simplemente quería que todos siguieran adelante, Ron incluido. Le quiero demasiado para dejarle solo y traumatizado como hice con Hermione. Eso no quiere decir que a ella no la quiera también. Te dejo o creo que acabaré por meterme en un jardín. Besitos.

Lily Malfoy Potter: ¿Draco el más bello ángel? puede ser, pero en fin... no sé, yo entiendo que le pongan de malo y diría que parte de su encanto reside precisamente en ser un chico malo. No creo que te gustara ser Hermione, tal vez en mi otro dramione sí, pero en este tengo previsto que la pobre las pase canutas. En principio esta no es una historia de celos pero igual me las apaño para meter algo así más adelante. Me alucina que te hayas leído la historia de una tirón. Bienvenida y espero seguir viéndote por aquí.

Iris Cullen: Me alegro que te guste, y que te haga reír me pone casi al borde de la euforia porque me considero horrible escribiendo situaciones cómicas. Adoro leer comedia pero a la hora de escribir solo me sale drama, sin embargo en este capítulo no sé que me pasó porque empecé a teclear y el resultado fue bastante diferente al resto de la historia. Para contrarrestar el próximo es lacrimógeno total, lo dicho, que soy la reina del drama :S así que de momento de divertirse nada. Un beso.

Selenne: Empezaré dándote las gracias por tu rr en Mía para siempre, esa historia es muy especial para mí. Aprovecho para contestarte aquí porque al no estar registrada no pude hacerlo allí. Me alegra que te haya gustado y que no te pareciera pastelosa. Esa era mi última intención. De hecho estuve a punto de tirarla a la papelera porque aunque Draco no cae en el pastel me parecía que la evolución de sus sentimientos tal vez fuera demasiado rápida y poco creíble para desarrollarse en una sola noche. Al final una amiga me animó al publicarla y me alegro mucho de haberla escuchado. Acerca de lo que dices sobre Reencuentro muchas gracias por lo de la veracidad y la profuncidad de los personajes. Lo de la lógica y el contexto me lo suelo tomar muy en serio, casi de forma obsesiva, en este caso es bastante fácil porque básicamente solo me manejo con un par de personajes (los demás son secundarios que aparecen de forma muy superficial) pero en mi otro long fic Harry Potter y el templo de la muerte, me guío tanto por la lógica para explicar los sucesos que a veces parece estar escrito para niños pequeños. Cuando se tiene un canon tan rico en detalles como el creado por JK es muy fácil dar coherencia a los personajes, solo tienes que dejarte guiar por él y no desviarte del camino, lo verdaderamente difícil es lograrlo con personajes originales. Ahora que he terminado Harry Potter y el templo de la muerte, donde todos los personajes eran canon,mi próximo reto es ese: crear una historia que mezcle personajes canon con oc que sean coherentes y bien construídos. Me da un poco de terror pero por otro lado estoy deseando comenzarlo, a ver que tal sale el experimento.