¡Feliz viernes! (si no es viernes donde estás, entonces feliz sábado)

Woo! Más y más nos vamos adentrando a la historia! Me emociona ver todo lo que hemos recorrido!

Espero que el cap les guste.

Mil gracias a mi beta Faby Kaban.

¡Galletas para quienes comenten! uwu

Y sin más preámbulo, vamos a la historia...


Nuestra verdad es terrible y fría

Tres meses habían pasado sin aviso, dentro de poco el año lectivo se terminaría. Los mocosos de sus estudiantes tendrían vacaciones de verano y él descansaría de ellos por un par de meses, Levi no podía esperar a que comenzaran.

Suspendió las tutorías del chico con ojos esmeraldas, Eren había mejorado grandemente; prácticamente ya había aprobado su materia. El castaño saltó de alegría cuando recibió las noticias. Levi estaba casi seguro que de ahora en adelante ellos dos raramente se encontrarían fuera de las horas de clases.

Ese no fue el caso.

Levi, sorprendentemente, estaba aliviado.

Ahora el adolescente se pasaba en su apartamento, por lo menos, tres días a la semana, se quedaba toda la tarde y en la noche regresaba a su hogar; no tenía idea qué excusas le decía a su familia, no era como si iba a preguntar. Tener a un adolescente con él todo el tiempo había empezado por sentirse tedioso y molesto, pero conforme pasaron los días, semanas, meses, la cotidianidad de todo el asunto se sentía familiar… se sentía correcto.

Los fogosos y desesperados toques se habían transformado en caricias, en besos castos y en solamente el placer de sentir la presencia del otro. Levi podría quedarse leyendo un libro por horas y Eren se dormiría en sus piernas, como si fuera un cachorro. Luego se despedirían, incapaces de poder compartir las noches.

Levi había caído, más profundo de lo que había pensado.

Estaba en la cama, miró a través de una ventana; si tuviera que adivinar, probablemente eran las cuatro de la tarde. Estaban los dos, completamente desnudos, Levi se seguía negando a ser el primero del joven; pero eso no significaba que no podían hacer otras actividades. Él había demandado que se ducharan, pero Eren había rogado que se quedaran ahí, en los brazos del otro disfrutando de su post orgasmo. Sentía su abdomen pegajoso mientras hacía una mueca, sin embargo, se había resignado de mala gana. El castaño tenía las piernas entrelazadas con las suyas.

El adolescente sonreía, mientras que Levi pensaba cuánto tiempo se tardaría en bañarse. Qué par más curioso hacían ellos dos, el chico que encarnaba la definición de esperanza y el viejo que nunca supo cómo sonreír… y decían que la poesía estaba muerta.

—¿Qué piensas? —preguntó Eren mientras dibujaba una línea imaginaria desde el ombligo de Levi hasta su cuello.

—En lo incómodo de esta posición; tengo semen seco en mi estómago, Eren —contestó con sinceridad.

—Eres pésimo siendo romántico, ¿te lo he dicho?

'Sí' pensó Levi 'Me lo repetías cada vez que podías'

El chico hizo un gesto de desagrado, pero luego volvió a sonreír.

—Yo estoy pensando que deberíamos tener una cita, quiero decir, hemos estado juntos tanto tiempo y nunca salimos de esta habitación —se quejó, Levi luchó por no rodar sus ojos.

—Nunca salimos de este maldito apartamento por una sola razón, mocoso: nadie puede vernos juntos. No podemos tener citas normales, no somos una pareja normal.

Eren bajó su mirada, frunciendo sus cejas mientras las comisuras de sus labios se tensaban, claramente decepcionado; Levi no tenía idea como explicarle al chico que simplemente ellos no podían tener lo que para otros era ordinario. Su estudiante usaba su corazón en su piel, demostraba lo que sentía fácilmente; a diferencia de él.

Los pensadores que habían dicho, "los ojos son la ventana del alma", seguramente lo dijeron con Eren Jaeger en mente.

El adolescente dejó que la decepción se deslizara, pues de un rato a otro sonrió, mostrando sus dientes.

—¿Qué? —cuestionó el pelinegro, su estudiante tenía cara de idiota otra vez.

—Dijiste que somos "pareja" —ni siquiera Levi había notado que la palabra se escapó de sus labios—; no somos una pareja normal, pero una pareja después de todo —tocó con su índice la punta de la nariz del mayor.

Movió a Eren a un lado de la cama, empujándolo fuera de su pecho, el otro hizo sonido de protestas; Levi lo ignoró, decidido a darse una ducha. Se levantó de la cama y dejó el cobertor, dirigiéndose al baño.

—¡Admítelo, Levi! —gritó con alegría, como si entonara una canción— ¡Somos novios!

El pelinegro lo encaró, mirándolo con serios ojos y sus labios en una delgada línea.

—Eres un idiota —se limitó a decir, giró y se encaminó nuevamente a la ducha.

—¡Oh, vamos! —Eren se quejaba con una sonrisa, queriendo hacer enojar al otro— No seas así, Levi, te amo-

El pelinegro paró en seco, miró nuevamente al joven de ojos esmeraldas; éste no le devolvió la mirada, cayendo en cuenta de lo que acababa de decir, enfocándose en otro lado mientras que sus mejillas empezaban a tintarse de rosa. Rogó a cualquier dios existente para que Eren no hubiera dicho esas palabras.

—¿Qué…?

—Si… —empezó, inseguro de como continuar— te amo, y-y-y-

—Eren, no tienes idea qué es el amor.

—¡Espera! —exclamó el castaño, ser decidido era su maldición— Sabía que dirías eso, pero te equivocas; esto que siento… sé exactamente lo que es… porque… cada vez que te veo- tengo miedo, tengo miedo que mi corazón pare de latir por los nervios que me provocas, pero ni siquiera puedo pensar en dejar de verte. Cuando nos encontramos sin haberlo planeado es horrible, porque debo prepararme… debes avisarme a qué hora te voy a ver.

—Eren…

—¡Debo verte siempre a la misma hora! Porque… cuando faltan tres horas me cuesta respirar —estaba vomitando palabras, Levi quería que parara—, dos horas antes me siento nervioso, y cuando ya llega el momento soy realmente feliz. Pero si te veo a cualquier hora, entonces nunca sé cuándo prepararme…

Levi lo miró, ninguna palabra salió de su boca, Eren volvió a hablar.

—Eso es amor para mí —dijo el castaño, decidido; luego con voz tímida, agregó—, y sería genial que tú sintieras lo mismo.

El pelinegro resopló, peinó sus cabellos con los dedos, quitando las hebras oscuras de su rostro. Miró a su estudiante, toda confianza que el chico había tenido, desaparecía con los segundos, con cada acción que Levi hacía. El profesor caminó y recogió su ropa olvidada; no tenía idea qué decir.

Se sentó sobre la cama.

—No tienes que responder ahora —aseguró Eren, intentando sonreír pero fallando.

Levi no respondió, en vez dijo:

—Podríamos tener una cita —regresó al tema anterior, sin mirar al joven a los ojos—; lejos de aquí, claro. En un lugar donde nadie nos conozca.

—Se escucha como un buen plan —opinó Eren débilmente, tenía la vista fija en la cama y las rodillas pegadas al pecho.

Levi sabía que el chico estaba siendo lastimado, pero no era lo suficiente para que él regresara esas dos palabras.

Estaban malditas, después de todo; de eso estaba seguro.

—Se hace tarde —Eren rompió el cargado silencio pasados unos minutos, su voz era plana y carecía del fuego que siempre tenía—, creo que es hora que me vaya.

Era terriblemente fácil de leer.

—Eren… —comenzó.

—Son las once de la mañana, pasé la noche del viernes aquí, Mikasa se preguntará dónde me he metido —excusó sin verlo al rostro—. Nos vemos el lunes ¿sí?

Se quedó sentado mientras se limitó a mirar a Eren recoger su ropa, el chico se vistió rápidamente; amarrando las agujetas de sus zapatos, una después de la otra. Levi no lo detuvo, no dijo otra palabra, sacó un cigarrillo de su mesa de estar y lo encendió. El chico terminó y recogió su mochila que había sido olvidada el día anterior.

—¿Irás al último juego de la temporada? —preguntó con el mismo tono vacío.

Eren no había parado de hablar del encuentro entre su equipo de fútbol "Los Cazadores" contra el equipo de la academia vecina "Los Titanes"; el juego de palabras le provocaban náuseas, sin embargo, le había prometido al mocoso que iría.

—Ya me comprometí ¿no? —aseguró, arqueando una ceja.

El chico dejó salir una pequeña sonrisa y se dirigió a la puerta.

—Espera —dijo Levi.

Alcanzó a su estudiante, lo sujetó de la barbilla y lo besó, sabía que no podía compensar las palabras que no había podido decir; pero debía tratar. Eren respondió, atrapando su labio inferior con los suyos delicadamente. Besó la comisura de los labios del castaño y se separó.

—Adiós, profesor —se despidió con una sonrisa amarga.

'Mierda' pensó Levi, recorrió su apartamento, las cuatro paredes se sentían vacías ahora. Maldijo nuevamente ante su estupidez; respiró de su cigarro, era demasiado tarde, una vez que se dejaba caer, ya no había manera de detenerse.


Caminaba hacia su hogar, el agrio olor de las calles pavimentadas hacían que arrugara su nariz. Había cruzado la línea al decir eso, lo sabía; temía qué era lo que haría Levi ahora que Eren había delatado lo que sentía. Maldecía su boca, por no saber cuándo callarse, por no ser capaz de esconder sus sentimientos.

Tenían un tiempo de estar jugando a esto, ellos dos.

El sol era imperdonable, estaba en su punto más alto, si miraba al horizonte podía distinguir los vapores que salían de las alcantarillas para unirse al aire. Quiso saber la hora, se maldijo por nunca haber conseguido un reloj como su padre le había aconsejado.

Sacó su celular, pero la luz solar era demasiada y solo veía su reflejo en la pantalla. Encontró un pequeño café al lado de la calle, movió la bolsa de su pantalón, tenía algo de cambio, decidió que un té le haría bien.

El pequeño café estaba considerablemente vacío, con un par de personas en la caja registradora. Se dirigió al final de la cola mientras veía la pantalla de su móvil sin la molesta luz de la diurna estrella.

Se congeló ante lo que vio.

Veinte llamadas perdidas de Armin Arlert.

'¿Qué diablos?'

La fecha de cada llamada iba desde el día anterior a las nueve de la noche hasta ese día hace una hora.

Había olvidado su teléfono en su pantalón.

Y su pantalón en el piso del apartamento de Levi.

Llamó a su amigo, éste contestó ante el primer toque.

—¡¿Eren?! —contestó gritando.

—Soy yo, ¿Armin, estás bien?

—Lo lamento, Eren, lo siento en verdad, ¡lo siento tanto! intenté- de verás que lo intenté, p-pero no pude; mierda, lo arruiné, de verdad lo arruiné… —la voz del otro estaba llena de angustia, el pulso del castaño empezaba a correr.

Armin empezó a derramar disculpa tras disculpa, solo servía para poner a Eren más nervioso. Salió de la pequeña cafetería y apresuró su paso, mientras intentaba calmar al desorden de nervios que era el otro.

—Armin, respira profundo, ¿puedes hacerlo? —escuchó la aspiración y exhalación del otro— Ahora dime ¿Qué paso?

—Tu padre me llamó anoche —el castaño sintió escalofríos recorrer su cuerpo con cada palabra—, estaba decidido a hablar contigo, yo le dije que estabas en el baño y que no podías hablar- diablos, Eren lo siento…

—…¿y luego? —Eren temía seguir escuchando.

—No dejaba de preguntar y preguntar y preguntar… tú sabes que no soy el mejor mintiendo. Luego Mikasa insistía que quería hablar contigo también ¡Fue una emboscada! Quise protegerte- lo juro… pero no pude…

—¡Mierda, Armin! —Eren comenzó a correr hacia su hogar, debía llegar cuanto antes— ¡¿Les dijiste adonde estaba?!

—No, no les dije —aseguró el otro, el castaño no disminuyó su velocidad—. Pero descubrieron que no pasaste la noche aquí. Lo siento —se disculpó por lo que parecía la billonésima vez, luego, en voz baja agregó—… ¿estás enojado?

Mierda, que lo estaba, quería gritar, pero sabía que si lo hacía se cansaría más rápido y tardaría más en llegar a su destino.

—Está bien, Armin —aseguró, odió la manera que su voz parecía flaquear. Ahora no había más por hacer—, puedo tomarlo desde aquí.

Cuando llegó a su casa estaba jadeando del cansancio, era un considerable tramo, del apartamento de Levi a su hogar. Maldijo cuando notó el auto de Grisha en el garaje; en verdad estaba en problemas.

Abrió la puerta lo más lento que pudo.

En menos de un segundo, una sombra lo tenía contra la pared.

—¡Eren! —Mikasa estaba frenética, comenzó a registrarlo, seguramente verificando que su hermano estuviera en una pieza— ¿Dónde estuviste anoche?

—¡Mikasa para! —gritó, ella no lo dejó ir hasta asegurarse que él estuviera bien.

—Eren, ¿qué hiciste anoche?

No podía decírselo, no a ella. Mikasa no lo aprobaría, seguramente le diría a Grisha y todo se arruinaría. Sabía que su hermanastra solo quería lo mejor para él, y estaba consciente que Levi no lo era; eso comenzó a pensar en la mañana, después de todo, si una persona de verdad lo amaba, se lo haría saber.

—Visité a alguien… —fue todo lo que dijo.

—¿Puedo preguntar a quién? —se escuchó la grave voz de su padre venir de la cocina, Eren giró para encararlo.

Grisha estaba furioso, Mikasa lo miraba con ojos suplicantes.

Él estaba atrapado.

Tragó el nudo de su garganta, ¿cómo saldría de esto? ¿Fingir demencia? No, demasiado simple, ¿Ingeniarse una actividad extracurricular? Demasiado complejo. 'Maldita sea' ¿Por qué no se le ocurría ninguna excusa?

Decidió decir la mitad de la verdad.

—Me quedé en la casa de un amigo —confesó.

Mikasa se acercó a él y lo abrazó.

—Eren, me alegra que estés bien.

Su hermana hacía que su culpa creciera.

—¿Por qué no me dijiste? —preguntó la pelinegra, sus ojos lo atravesaban con la intensidad y sus labios estaban tensos, Mikasa no estaba de bromas.

—Eren, no puedes irte así —regañó su padre—. Hiciste que nos preocupáramos por ti, tienes apenas diecisiete años ¿Qué pasaría si algo te hubiera ocurrido?

—Estoy bien, ¿de acuerdo?

—¿Quién es ese amigo? —preguntó su padre.

El castaño maldecía para sus adentros.

—No es de la academia.

—¡¿Y pasaste la noche con él?! —la voz de Grisha empeoraba con los segundos— ¿Eren, en qué piensas? ¿Qué tanto lo conoces? Soy tu padre, ¿no pensaste que debías decírmelo primero?

Las preguntas caían de la boca de Grisha como agua en una cascada. Eren se encogía más y más, pero su enojo crecía ¿cómo se atrevía a actuar como un padre ahora? La sangre empezaba a rugir en sus orejas, apretó los puños, sabía que explotaría en cualquier momento.

Tomó de todas sus fuerzas no hacerlo.

Sin embargo, debía decir algo.

Se decidió por confesar el menor de sus males.

—Soy gay.


Estiró los músculos de sus brazos y espalda, acababa de calentar mientras se preparaba para el encuentro. Había pasado una semana desde que Grisha supo acerca de su sexualidad, su padre había insistido que era su culpa que Eren "se había vuelto homosexual" por no ser una figura constante en la vida del joven. El castaño lo intentaba convencer de que así fue como él nació y no había nada más por hacer. Afortunadamente su padre dejó de cuestionarlo acerca de su escapada de fin de semana, convencido de que su hijo tenía un novio.

El tema era incómodo entre ellos, Grisha no lo había insultado o cualquier cosa parecida, pero no lo aceptaba del todo. A partir de ese día, su padre no le quitaba la vista de encima, era una lástima. Las visitas al apartamento de Levi disminuyeron considerablemente, una parte de él estaba aliviado, la última vez que estuvieron juntos no terminó muy bien. Eren había derramado sus sentimientos a su profesor cuando el otro solo se limitó a mirarlo.

Una pesada mano lo trajo a la realidad, fue recibido por la afectuosa sonrisa de Reiner; con su prístino uniforme de fútbol americano, luciendo con orgullo el logo de la academia Rose. Las grandes hombreras aumentando su ya amplia espalda, se había manchado ambas mejillas con líneas cortas de negro, aumentando el dramatismo del inminente partido. Eren no pudo evitar reírse.

—¿Estás bien? —preguntó su amigo.

—Claro —aseguró, dibujando círculos sin pensarlo en el casillero frente a él.

Estaban en los cambiadores, los demás jugadores se preparaban para el final de la temporada de los partidos de fútbol.

Se sentía inquieto, la situación con su padre era frágil; Eren sentía que caminaba sobre una fina capa de hielo cada vez que hablaba con Grisha, temía que una palabra delatara su secreto. Por otro lado, Levi actuaba extraño desde que había dicho aquellas palabras; Mikasa tampoco lo dejaba solo, insistía en saber quién era su "pareja". Y ahora, los días de clase estaban contados.

—¿Reiner? —preguntó, no sabía si decir lo que estaba en su mente, pero como siempre, se decidió por hacerlo— ¿Cómo reaccionó tu padre cuando supo quién eras realmente?

Su enorme amigo respiró profundamente, seguramente pensando qué le diría.

—Desde que era un niño, él siempre me contaba de sus hazañas en el equipo, fue el mariscal de campo ¿sabes? Me obligó a entrenar duro hasta que yo también quedé en la misma posición —Eren notó que el rubio apretaba una toalla en su puño, los músculos de su brazo se tensaban ante la fuerza—. No era lo suficiente para él. Mi padre siempre fue un mujeriego, y quería que yo "siguiera su legado."

El castaño dejó salir un suave: 'Oh'

—No te aburriré, para hacerte la historia corta, él me descubrió a mí y a Bertholdt en mi cuarto —dejó salir una carcajada, mostrándose fuerte—. Sacó a mi espantapájaros de mi casa con gritos, estaba a punto de golpearlo, pero yo no aceptaría nada de eso. Me metí en medio y lo golpeé, le dije que nadie tocaba a mi novio.

—¿Y qué dijo?

Reiner resopló.

—No se lo tomó muy bien —su sonrisa delataba que no se había arrepentido—, comenta en lo asqueroso que soy cada vez que tiene oportunidad, y debo vivir con él.

—Lo siento.

—No te preocupes, este es mi último año después de todo —guiñó un ojo.

—Te extrañaré, Reiner —confesó con sinceridad—, a ti y a Bertl.

El enorme rubio sonrió, un gesto agridulce para toda esa situación. La temporada de fútbol terminaba y en tres días, su año lectivo también. Eren sería un estudiante de último año, mientras que Reiner y Bertholdt se graduarían.

Reiner lo rodeó con sus brazos fuertemente, Eren lo regresó. El rubio no había hecho más que ayudarlo y sabía que nunca sería capaz de devolverle el favor.

—¿Ahora quién se supone que hará escenas de afecto inapropiadas en público? —preguntó con una sonrisa, hizo que Reiner dejara salir una carcajada.

—Pronto será tu turno —aseguró, guiñando un ojo con picardía.

Eren lo dudaba, pero no dijo nada.

Sabía que Bertholdt se mudaría, su aplicación en una universidad de otra ciudad, había sido aceptada; Reiner, por el otro lado, había conseguido una beca deportiva en la misma facultad. Por lo visto, el destino de ellos era seguir juntos de por vida, como si desde la cuna ellos pertenecían al otro; Eren los envidiaba, que bien se sentiría encontrar a una persona que necesitara de él como un humano necesita el oxígeno. Sonaba imposible.

—Te extrañaremos también —comentó suavemente el desgarbado pelinegro mientras jugaba con su casco.

Los dos chicos habían formado una gran parte de su vida.

Abrazó a Bertholdt, odiaba las despedidas, pero no había como evitarlas. Les prometió a ambos chicos que se encontrarían en el café 'Utgard' cuando el partido terminara —El grupo de amigos fue aceptado dos meses después del incidente, el gerente había perdonado todo de mala gana, pero ellos no eran quienes para pedir un trato diferente— Todos se verían ahí para celebrar el resultado del juego, para bien o mal.

Marco dejó salir lágrimas al despedirse del par, diciéndoles que habían sido uno de los mejores amigos que él pudo encontrar; luego sujetó a Eren y lo unió al abrazo sin dejarle respirar. El cuarteto se quedó un rato así, hasta que el entrenador avisó que el juego estaba por comenzar.

No era su primer juego pero sí el definitivo, quería ganar y estaba seguro que daría todo de él para lograrlo. Sus palmas estaban heladas y oía sus respiraciones dentro del casco mientras caminaba hacia el estadio. La noche estaba demasiado oscura, no había ninguna estrella en el firmamento y las cegadoras luces que iluminaban la arena, era abrumadoras.

Cuando salió de los cambiadores fue recibido por unos calurosos aplausos, no entendía qué era lo que decían aparte de los gritos de '¡Cazadores, Cazadores!' que apoyaban al equipo. Levantó una mano, al igual que los demás jugadores para saludar a los de la audiencia. Mordía el protector de sus dientes, descargando su nerviosismo.

Divisó a Mikasa y a Armin en el graderío, su hermanastra tenía una pancarta de considerable tamaño que decía: 'Lucha, Eren' con enormes letras de colores fluorescentes; estaba seguro que hasta un ciego podría verlas. Se llevó la palma a su rostro, su hermana podía hacerlo pasar vergüenzas. Armin por el otro lado solo movía su boca, Eren dedujo que estaba gritando su nombre, a su lado estaba Jean, Connie, Sasha, luego Annie, seguida por Ymir y Christa. La pareja de rubios, Armin y Annie, había terminado, las razones por la que Leonhart y Arlert no habían continuado con su relación, todavía no estaban claras.

Grisha estaba al lado de su hermana, aparentemente esta vez sí estaba cumpliendo su promesa de ser un buen padre, aunque lo comenzaba a sacar de quicio ¡no lo dejaba solo ni un minuto!

Por otra parte él había mantenido su otra promesa, asombrosamente, acerca del viaje. En tres días saldrían de vacaciones de verano y viajarían a Austria; su papá, Armin, Mikasa y él, visitarían a un amigo de la familia Jaeger, Hannes era su nombre. Supuso que el hombre intentaba, de la manera que podía, acercarse a su hijo, Eren estaba comenzando a tomarlo en serio.

Como si fuera una broma del destino, ocurrió lo mismo que el día de las pruebas para entrar al equipo; su mirada, de alguna manera, se encontró con los familiares ojos oscuros. Se atragantó con su respiración al verlo.

'Levi.'

Su maestro le sonrió, esa pequeña sonrisa que siempre conseguía debilitarlo de las rodillas. Los alaridos de los presentes se convirtieron en un suave murmullo, un zumbido a sus oídos. Levi lo miraba sin titubear, de pies a cabeza.

El chico desvió su mirada, y volvió a escanear la multitud, Mikasa lo veía fijamente.

Había notado que Eren se había quedado mirando a alguien.

Y ahora buscaba quién era, girándose y buscando en la multitud de espectadores.

Tragó forzosamente, intentando ignorar a su hermana. Siguió la formación de sus compañeros, situándose en posición. El silbido del réferi dio inicio al juego.

Estaba exhausto, se removió el casco, el frío aire de la noche hizo a su cabeza dar vueltas; se sentía mareado y sus músculos se quejaban ante cualquier movimiento. Sin embargo, la sonrisa de su rostro era imborrable; a cada paso que daba, de camino a los cambiadores, era recibido por grupos de personas, algunas las conocía y a otras nunca las había visto. Todos lo felicitaban por el partido, a él y a sus compañeros.

Le ganaron a "Los Titanes" por cuatro puntos.

Debía admitir, todo se lo debían a Reiner, el chico era el mejor.

Toda Rose estaba de fiesta, y los jugadores eran los héroes del momento. Grupos lo rodeaban y lo felicitaban, hasta Kirschtein le dedicó un par de cumplidos, aunque luego se dirigió a donde estaba Marco.

Mikasa lo levantó del suelo y le dio una vuelta completa en el aire, él se quejó, después de todo estaba lleno de sudor de pies a cabeza.

Su hermanastra insistía en que no le importaba.

Grisha lo abrazó y palmeó su cabeza suavemente.

Se sentía como la perfecta despedida de clases.

Sus ojos discrepaban, exploraban todo el estadio, incesantes, querían encontrarse con alguien.

Cuando lo encontró, no pudo evitar caminar hacia él, atraído como metal al imán, como una polilla a la luz.

—Hola, extraño —saludó al otro. Levi se mantuvo alejado de Eren, el ambiente entre ellos aún se sentía cargado, así que intentó bromear—, no te preocupes, no diré más "te amos."

Rio nerviosamente.

Levi no se unió.

—Eres un idiota —fue todo lo que dijo.

—Vi que estabas mirando el juego —opinó el chico cambiando de tema, colocando su mano en la cadera, inclinándose al lado.

Estaba seguro que nadie los estaba oyendo, el estridente sonido de las voces gritando los acallaba a ellos dos, sin embargo, podían ser vistos. En especial por su hermana y su padre.

—Jugaste bien —opinó el pelinegro.

—Nadie me miraba —admitió—, Reiner fue la estrella, no importa, él se lo merece.

—Yo te vi a ti —dijo Levi como una cuestión de naturalidad—, nunca te perdí de vista.

Eren sintió sus mejillas calentarse, como quería besar al hombre ahí, que todos los presentes se dieran cuenta. ¡Qué importaba! Quería que el mundo supiera que él amaba a su maestro, aun si el otro no lo hacía.

Se abstuvo, decidió por decir:

—Me voy a Austria toda la vacación de verano.

Levi no cambió su rostro, imperturbable como siempre. Eren se preguntó si por lo menos le importaba al pelinegro lo suficiente para echarle de menos.

El pelinegro abrió la boca para decir algo, Eren se acercó inconscientemente, quería oír lo que el otro diría; una luz de esperanza encendiéndose en su pecho, tal vez Levi diría las palabras que había estado esperando.

—Profesor Levi —interrumpió Mikasa.

El serio hombre cerró la boca, Eren quería gritar ante la inoportunidad de su hermana.

—Ackerman —devolvió el saludo.

—Eren —se dirigió a su hermanastro—, todos se están marchando a Utgard, debemos irnos.

—D-de acuerdo —concordó. Luego miró a Levi, intentando decir lo que quería sin hablar. Se rindió —. Adiós, profesor.

Levi asintió.

Esa fue su despedida, sin besos, ni abrazos, ni palabras reconfortantes; solo unas frías palabras que no significaron nada. Mikasa lo halaba del brazo, apresurando su paso, Eren miró atrás, Levi se había marchado.

Sintió su corazón hundirse.

Estas iban a hacer unas vacaciones bastante largas.


Un sonido lo sacó de sus pensamientos, era su teléfono celular; odiaba esos pequeños artilugios, cada vez eran más complicados de utilizar. Aun así, le era bastante útil, se aborrecía por depender de los modernismos del "ahora."

Se cruzó de piernas y sujetó el pequeño aparato en sus manos. Estaba en un restaurante, Mike y Hanji —en realidad solo Hanji— habían insistido que debían salir; después de todo, las clases habían terminado y tenían más tiempo libre. Levi terminó accediendo con la condición que ella debía invitarlo, la mujer de gafas aceptó y ahí estaban.

—¿Contestarás? —preguntó Mike mientras olfateaba una copa de vino tinto que sostenía.

—No es nada —aseguró Levi mirando la pequeña pantalla.

Un nuevo mensaje.

Lo abrió.

Hola, extraño.

El número era desconocido pero sabía muy bien de quién se trataba. Decidió contestarlo.

¿Cómo diablos conseguiste mi número, pequeño acosador?

—Oh, ¿pero qué tenemos aquí? —canturreó Hanji mientras se sentaba en la mesa, había regresado de su visita al "pequeño cuarto de las niñas" como ella lo llamaba— Sonríes mientras vez tu teléfono, ¿será que estás viendo a alguien?

Mike se rio en voz baja.

—No es nada —aseguró Levi, nuevamente.

El aparato vibró contra su pierna, abrió el mensaje:

Es increíble lo que puedo hacer cuando tú estás limpiando, ¡no te das cuenta de tu alrededor para nada! Me apoderé de tu celular cuando no estabas viendo.

Levi luchó por no sonreír.

—No te estás viendo nuevamente con Erwin ¿verdad? —preguntó alarmada la mujer.

El pelinegro quiso golpearla.

—No seas idiota —se limitó a insultarla—, nunca volvería a cometer ese error.

Erwin había sido su relación pasada, Levi casi se arrepentía de eso. Ellos eran magníficos compañeros de trabajo y grandes amigos, pero como pareja… habían sido catastróficos.

Su humor se había ido en declive.

—Me voy —anunció a su par de amigos mientras se incorporaba y sacaba suficiente dinero para pagar la cena, lo dejó sobre la mesa.

—¡No seas así, Levi! —reclamó Hanji— Mike y yo solo bromeábamos. Prometo no volver a mencionar a nuestro director.

No era esa la razón principal por la que quería regresar a su apartamento, debía seguir contestando los mensajes y era más seguro hacerlo desde su hogar.

—Olvídenlo, Erwin no tiene nada que ver; nos vemos mañana.

—¡Levi!

—Déjalo, Hanji —detuvo el alto rubio, el pelinegro agradeció por Mike Zakarius—. Cuídate Levi.

El par se despidió de él y Levi salió del restaurante. Aprovechó de contestar:

Mocoso de mierda, no toques mis cosas sin mi permiso.

La respuesta tardó menos esta vez, sin embargo, debía conducir así que contestó cuando regresó a su apartamento.

¡Oh no! No tengo por qué hacerte caso, las clases terminaron, ¡no eres mi profesor en vacaciones!

Levi sonrió, a los segundos recibió un nuevo mensaje.

Hablando de vacaciones, ¡Austria es muy bonito! Nunca antes había venido. Mikasa y Armin se la quieren pasar en museos, es molesto y aburrido…

—Niñato tonto —dijo Levi en voz baja, y continuó leyendo.

¡Acabas de pensar que soy un niño! ¿Verdad? ¡Ha! Pero no tiene sentido, si son vacaciones ¿Por qué debo pasármela aprendiendo en museos? ¡No lo entiendo! Sólo quiero quedarme en la habitación del hotel durmiendo.

Levi resopló. Un nuevo mensaje llegó en menos de un minuto.

Vaya que eres lento respondiendo, ¿es algo común con los adultos? ¿Te es difícil escribir mensajes? No estoy bromeando, estoy preocupado Levi. Si quieres, puedo darte tutorías sobre cómo escribir en celulares.

No pudo evitar reír ante las palabras del chico.

Mocoso idiota, me estoy empezando a arrepentir de soportarte todo este tiempo. Hazme un favor y sal de tu cuarto, ve el mundo y cuida esa bocota tuya. Ya sabes, el agujero gigante de tu bonita cara que solo sirve para meterte en problemas.

La respuesta tardó más de cinco minutos.

¿Crees que mi cara es bonita?

El pelinegro bufó.

Sal de tu cuarto, Eren.

Ni loco, Levi. Esta cama es comodísima y creo que es mágica ¿sabes? Desde que vine no he tenido ninguna pesadilla ¡Estoy recuperándome! ¿Es coincidencia o qué?

—"Coincidencia" —repitió Levi, la palabra no se sentía bien.

El chico siempre se quejaba que le era imposible dormir, y ahora ¿habían desaparecido las pesadillas en un santiamén?

Espera Eren, ¿desde que llegaste a Austria no has tenido ninguno de esos sueños?

El castaño se abstenía de describirle las imágenes que siempre veía, Levi siempre lo dejaba pasar como si nada. Había algo extraño en todo esto, empezó a recordar desde que el chico había dormido en su apartamento, la manera que había gritado cuando miró su rostro. El sonido del teléfono celular se escuchó, invadiendo su apartamento.

No, ¿no es genial? ¡Adiós sueños sangrientos y horribles!

Levi contestó de inmediato, nada de esto se escuchaba bien.

¿Qué es exactamente lo que sueñas?

Esta vez el mensaje tardó más de diez minutos, el pelinegro empezó a sentirse intranquilo, caminaba por su sala de estar sin parar.

¿No te he dicho? A veces sueño que vuelo, aunque no tengo alas. Tu apareces también, Levi, usas muchos cinturones de cuero (creo que es una fantasía mía, por eso no te dije)…

'Mierda' pensó Levi mientras seguía leyendo, presentía adónde iba todo esto y no le gustaba, empezó a sentirse mareado. 'No, no, por favor, no'

Casi siempre hay sangre, vísceras y extremidades cortadas, ya sabes: brazos, piernas y cabezas.

'Todo menos eso' rogaba Levi.

Y a veces, veo dientes enormes y bocas gigantes. ¿Crees que signifiquen algo?

—Si… —respondió en voz alta, su cuerpo se congeló en el lugar, sus dedos estaban entumecidos y quería vomitar.

Solo había una pregunta más por hacer.

¿Hace cuánto que tienes estos sueños?

Los minutos que esperó la respuesta se sintieron tan largos como horas. Tenía su teléfono en su mano, mirando la pantalla, expectante. Sus dedos temblaban ¿o era solo su imaginación?

No sé, creo que empezaron cuando hicimos el trato de las tutorías… aunque no estoy muy seguro. Fue ahí o cuando me castigaste con detención.

Dejó caer el aparato, hizo un sonido sordo cuando impactó en el suelo. Se cubrió la boca con su mano, estaba fría, todo se sentía helado. Su cabeza le daba vueltas mientras los recuerdos lo golpeaban.

"Estoy acostumbrado"

Eren le dijo que las pesadillas habían empeorado, Levi lo había ignorado.

"Usted estaba ahí… pero… no era realmente usted… era mucho más cruel…"

"Sangre… tanta sangre… Es un lugar horrible del que no puedo escapar, no importa cuánto intente"

Las señales habían estado ahí, pero fue un idiota al ignorarlas; sus piernas comenzaron a temblar y se dejó caer al piso.

Eren estaba recordando todo… y Levi era la razón.