Un capítulo cotidiano, espero les guste.
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Capítulo 12: Una Salida, Préstamo Problemático Y Visita.
La primera semana de colegio de Naruto y Hinata estaba por terminar. Se encontraban en la última clase del día, Informática con Asuma-sensei. Faltando diez minutos para el final, el profesor habló:
-Chicos, apaguen las máquinas y recojan sus cosas; es todo por hoy, pueden marcharse – la indicación fue obedecida al instante, los jóvenes comenzaron a cerrar programas y apagar las computadoras. Naruto terminó y se acercó a Hinata, que metía sus útiles en la mochila.
-¿Lista? – preguntó con cordialidad. La joven se giró y le sonrió.
-Sí.
-Entonces, vamos – señaló la puerta con un gesto y salieron, ante la mirada de muchos.
Aun no se acostumbraban a ver al sombrío Naruto en compañía de una chica tan gentil y dulce como Hinata. Caminaron por los pasillos del instituto, el rubio iba con las manos en los bolsillos y la ojiperla caminaba a su lado con tranquilidad. Estaban por poner un pie fuera del colegio cuando escucharon a alguien llamándoles:
-¡Naruto! ¡Hinata! ¡Esperen! – miraron hacia atrás y vieron a Sakura corriendo en dirección a ellos, mucho más detrás venían Sasuke, Kiba, Tenten y Rock Lee.
-¿Qué pasa? – Naruto aún no se animaba a ser igual de efusivo como antes, pero al menos su tono de voz ya no era tan hostil.
-Ah, pfff…sí que caminan rápido – Sakura se detuvo delante de ellos intentando recuperar el aliento.
-¿Qué ocurre, Sakura-san? – interrogó Hinata.
-Em, ah, sí, este, quería saber si desean venir con nosotros a tomar un helado – dijo titubeante y viendo a Hinata, encontrarse con la mirada fría de Naruto todavía le daba un poco de miedo.
-¿Hm? Pues… – la joven vio de reojo a Naruto.
-¿Quiénes van? – que el rubio preguntase algo le dio esperanzas.
-Sakura, Kiba, Tenten, Lee y yo – respondió Sasuke que recién llegaba con los otros mencionados.
-Mmm – Naruto los observó.
-¡Anda, Naruto, ven con nosotros! – animó Tenten. De lo que llevaba conociéndola, a Hinata le parecía que era una chica muy alegre, optimista y ruda; la castaña le agradaba mucho.
-¡Si, Naruto-kun! ¡No aceptaremos un no por respuesta! – dijo un eufórico Lee, chico atlético y alegre.
-…
-Al menos, si tu no quieres venir, deja que Hinata se nos una – se cruzó de brazos el Inuzuka, regalándole una sonrisa quizá seductora al ángel. Naruto lo fulminó con la mirada, no le agradaba para nada que se metiera con su guardiana.
-¿Qué dices, Naruto? ¿Nos acompañan? – Sakura les miró suplicante.
-No lo sé, Nagato quedó de pasar hoy por nosotros – explicó el ojiazul.
-¿Entonces no? – la mirada de Sakura se ensombreció.
-¡Claro que van! – la voz les hizo sobresaltarse y mirar a sus espaldas. Era Nagato, acompañado de Konan.
-¿Hermano? – el menor lo vio dudoso.
-¡Nagato-san! – exclamaron Hinata y Sakura.
-Hola, chicos. Perdonen por interrumpir su conversación, pero no pude evitarlo, jeje – se excusó el pelirrojo.
-No hay problema, Nagato-san – sonrió Tenten.
-Oh, menos mal, no quería parecer un maleducado.
-Hmp.
-Bueno, escuché que se quieren llevar a mi hermanito y a Hinata a tomar un helado, ¿me equivoco?
-No, pero Naruto-kun dice que… – comenzó Lee.
-Naruto es un renegado social, – comentó el ojimorado ganándose una mirada asesina por parte del rubio y sacarle una sonrisa a Hinata – seguro les estaba poniendo de pretexto el que yo iba a pasar por él para no ir, pero creo que es bueno que mi hermanito salga de vez en cuando con sus amigos.
-¿Le estas dando permiso para acompañarnos? – habló Kiba.
-Claro.
-Pero, Nagato yo…
-Nada, nada, hermano – Nagato caminó hasta ponerle una mano sobre su hombro – esta semana te has portado bastante bien, pero te la pasas de la casa a la escuela, de la escuela a la casa; creo que te hace falta salir un poco más. Solo hablas conmigo, con Hinata y con Konan, te hace falta más contacto humano.
-Nagato – lo miró como dándole a entender que cerrara la boca, el chico lo pasó por alto.
-Nagato tiene razón, Naruto, debes de salir con tus amigos más seguido – Konan le dedicó una sonrisa.
-Pe…- la peliazul aprisionó los labios del moreno para que no siguiera replicando.
-Pero nada – lo miró a los ojos– vas a salir a tomar ese helado y punto – Naruto la observó. Todos suspiraron, seguía siendo duro convencerle de hacer algo que no quería – mira, si no es por ti, al menos sal con ellos por Hinata, ¡la tienes encerrada en casa todo el día! – El comentario avergonzó a los dos jóvenes involucrados – está bien que ella te ayude a estudiar y que se la pasen de lo mejor jugando videojuegos o viendo películas, pero ella también necesita salir, Naruto – Konan soltó su agarre y se cruzó de brazos, mirándolo con aire retador, Nagato sonreía, ese tipo de escenas las extrañaba.
Naruto vio a Konan y a su hermano, luego a Hinata y después al resto de los presentes. Finalmente suspiró.
-Está bien, iremos a tomar un helado – se daba por vencido.
-¿En serio? – Sakura y Hinata le miraban.
-Sí, pero… – la malicia se hizo presente en sus ojos, que observaron a Nagato.
-¿Pero? – Nagato tragó grueso, esa mirada maliciosa no le agradaba en nada.
-Quiero el auto – el rubio extendió su mano derecha, esperando que su hermano mayor le diese las llaves de su coche.
-¡¿Qué?!
-Que quiero que me prestes tu automóvil – sonrió maliciosamente Naruto.
-¿Por qué? ¡Ni que la heladería estuviese tan lejos! ¿O sí? – el mayor de los hermanos se quedó viendo a Sasuke.
-No, está a dos cuadras de aquí.
-¿Ves? No necesitas que te preste mi coche – Nagato sostuvo con fuerza las llaves de auto que cargaba en su mano izquierda.
-No lo quiero para ir a la heladería, eso es innecesario – rodó los ojos Naruto.
-¿Entonces?
-Tengo pensado ir a otro sitio después – dijo encogiéndose de hombros. Hinata observó a su "encargo" y vio el lugar al cual pensaba ir.
-Naruto – esta vez Nagato lo miraba con reproche, temiendo que su hermano quisiera ir a lugares poco apropiados.
-No voy a ir a alguno de los sitios en los que estás pensando – Naruto parecía fastidiado, sus amigos lo miraban con alivio. Todos ellos sabían que Naruto antes iba a bares y sitios poco decentes.
-¿A dónde irás?
-Eso es-, ¡no te voy a decir! – exclamó el rubio.
-¡Pues yo no te presto mi coche! – varias personas iban pasando por la salida del instituto y se quedaban viendo la escena ya poco usual desde que Namikaze Naruto se volviese alguien de sangre fría y Nagato decidiera continuar sus estudios con profesores particulares y no en aquel instituto.
-¡Nagato! – insistió el ojiazul avanzando un paso hacia su hermano.
-¡He dicho que no! – el pelirrojo retrocedió dos, tres pasos.
-Prometo regresar temprano – dijo para sorpresa de muchos y dando una zancada en dirección al mayor de los Namikaze.
-¡No! – Nagato retrocedió otro tanto.
Se miraban a los ojos mostrando desafío y que ninguno cedería de buena manera. La mayoría los veía con perplejidad, verlos pelear por tonterías, antes de accidente, era normal; pero, después de la tragedia, ellos no peleaban en público, solo en casa y cuando Naruto no se dignaba a ignorar a todo el mundo.
-¡Nagato, hermano idiota, ya préstame el maldito coche de una buen vez! – estalló el chico ya desesperado y llamando más la atención.
-¿Co-como me llamaste? – al pelirrojo le salió una venita en la frente. Y también una ligera sonrisa se formó en su rostro.
-¡Hermano idiota! – ahora ambos quedaron con sus cuerpos pegados y se miraban a los ojos fieramente, a pesar de que Nagato le sacaba un buen trozo a Naruto en estatura.
-¡Con insultarme menos conseguirás que te preste mi coche!
-¡En ese caso, yo lo tomaré! – Naruto estiró su mano y atrapó la mano en la que su hermano mantenía sus llaves.
-¡Oye! – comenzaron a forcejear.
Sasuke y Konan sonrieron, esos si eran los "amorosos" hermanos Namikaze que habían conocido. Los demás los miraban con una gota de sudor resbalándoles por la nuca y una pequeña sonrisa. Ese si era el Naruto que habían conocido: problemático, gritón, impulsivo.
-¡Dame las llaves! – Naruto estaba encima de Nagato, peleando por las llaves.
-¡No! – Nagato mantenía alejado el objeto y sostenía con una de sus manos la cara de Naruto para mantenerlo a raya.
-¡Aniki! – Nagato dejó de luchar al escuchar lo dicho por su hermanito y abrió los ojos con sorpresa.
-¿Tú…? – Naruto aprovechó y jaló las llaves.
-¡Victoria para mí! – gritó el ojiazul y le dedicó una sonrisa burlona a su hermano mayor.
-Eso, tú-tú me llamaste. Las llaves-y – el pelirrojo no salía de su shock.
-Nagato. Nagato – Konan lo llamaba – ¡Nagato Namikaze, despierta de una buena vez! – lo golpeó en la cabeza.
-¡Auch! ¡Konan! – se quejó el chico.
-Perdona, pero no me hacías caso – dijo a modo de excusa.
-No tenías por qué pegarme – se quejó, luego miró a su hermano – Naruto, devuélveme mis llaves.
-No – el chico volvió a poner su expresión seria y guardó el objeto en la bolsa de su pantalón.
-Ah – Nagato cerró los ojos, suspirando con pesadez – ¿al menos podrías decirme a dónde vas?
-No.
-Naruto.
-Nagato-san – habló Hinata – el lugar a donde quiere ir Naruto-kun no es ninguno de los que usted está pensando.
-¿Me lo aseguras?
-Si.
-¿Irás con él a ese lugar?
-Yo… – miró al rubio de reojo y este asintió – por supuesto.
-En ese caso, creo que puedo prestarle mi coche por esta ocasión – se dio por vencido el hermano, suspirando; tendría que volver a pie a su casa, ¡era media hora de trayecto! Que a Naruto no le importase ir a pie no significaba que a él también – El coche está a la vuelta.
-Gracias – murmuró Naruto, con una media sonrisa en el rostro. El agradecimiento solo fue escuchado por Nagato y Hinata, quienes sonrieron con sinceridad.
-Bueno, te llevas mi coche, antes dime a qué hora piensas regresar.
-Antes de las ocho, si mucho. Debo hacer la tarea y estudiar para ponerme al día – explicó encogiéndose de hombros el rubio.
-Me parece perfecto – sonrió su hermano, luego vio a Konan – vámonos – ella asintió y le dio la mano – bueno, te lo encargo, Hinata.
-Si.
-Nos vemos, chicos – se despidió y se fue caminando. Naruto lo observó alejarse hasta que Tenten lo sacó de sus pensamientos.
-Ok, también nosotros vámonos yendo a la heladería – pasó cada uno de sus brazos por uno de Naruto y Hinata, jalándolos.
-No es necesario que nos arrastres – se quejaba el rubio, con cierto enfado por la atención que había llamado en su anterior pelea. Decidió volver a su aspecto frio y sereno, aun no era tiempo de ser el mismo otra vez. Hinata leyó lo que pensaba, pero lo comprendió.
-Te arrastraré porque si no a lo mejor te quieres escapar, ¡y eso no lo voy a permitir! ¡Ya es hora de que pases tiempo con tus amigos! – la castaña hablaba con reproche y decisión.
-No escaparé, solo deja de jalarme – pidió el chico.
-No me da la gana – sonrió maliciosa la chica.
Naruto rodó los ojos pero guardó silencio. Los demás miraron a los tres que iban delante con una sonrisa. Sakura se adelantó y tomó a Naruto por el otro brazo libre; él se la quedó mirando y ella solo le sonrió. El rubio suspiró pero se dejó.
El contacto con la chica de cabellera rosada le recordó los viejos tiempos en los que él estaba enamorado de ella, había sido doloroso no haber sido correspondido, más se resignó por la felicidad de sus mejores amigos. Recordó las veces que su corazón le dolía al verles juntos, después se fue acostumbrando. Ahora, el dolor ya casi no existía. Ya no existía.
-Naruto-kun – una mano gentil le tocó el hombro, el chico miró a la persona.
-¿Mh?
-Ya hemos llegado – el ojiazul reaccionó y vio que ya estaban dentro del establecimiento y que Tenten y Sakura ya no le abrazaban y estaban ordenando.
-¿De qué van a querer sus helados? – preguntó el dependiente a los dos.
-Eh – Naruto tardó un momento en reaccionar, cuando lo hizo habló con voz fría y calmada – dos dobles de chocolate y vainilla – pidió por él y Hinata.
-Bien, serían… – Naruto no prestó atención a la cifra, solo extrajo dinero de su cartera. Alguien le detuvo: Sasuke.
-Deja, hoy pago yo – le sonrió.
-Hmp – Namikaze guardó su dinero y siguió a todos a una mesa que daba a una ventana, de un lado se sentaron Kiba, Rock Lee, Tenten y Hinata; del otro Sakura, Sasuke y Naruto.
Comenzaron a degustar sus golosinas mientras charlaban de la escuela y cosas triviales; a veces le hacían preguntas a Naruto, quien las contestaba con monosílabos o simples gestos; también incluían a Hinata en la charla, ella se desenvolvía con naturalidad, lo cual llevaba a Naruto a preguntarse si realmente era un ángel. Ella le sonreía de vez en cuando.
Algo cambiaba en su interior: le molestaba que Kiba coqueteara con su guardiana, se sentía bien cuando ella sonreía con esa calidez. La observó con cuidado, delineándola con la mirada, su rostro, su cabello, sus ojos, sus mejillas levemente teñidas de rosa, sus labios, bajó un poco la mirada, denotando como el uniforme le quedaba de maravilla, aunque su chaqueta era algo holgada se podía apreciar su busto, sus piernas bien formadas se veían un poco. Alzó de nuevo sus azulinos ojos y se topó con su rostro sonrojado, se maldijo por dentro, tenía que recordar que ella podía leerle el pensamiento. Dejó de mirarla y se concentró en su helado. Aunque sus miradas hacia la chica habían sido disimuladas, para Sasuke, su mejor amigo, no pasaron inadvertidas.
-Naruto – lo llamó, su amigo le miró de reojo – ¿podrías decirme que mirabas con tanta atención hace un momento? – el joven se sorprendió y desvió la mirada, intentando ocultar su pequeño sonrojo.
-Nada.
-¿Nada? ¿Seguro? – Sasuke puso sus codos sobre la mesa y recargó su barbilla en sus manos entrelazadas, mirando con intriga y diversión a su compañero. Jugar un poco con él no empeoraría las cosas, además, se la debía por no comentarle nada acerca de su amistad con Hyuuga.
-¿Qué insinúas, Sasuke? – al chico le molestaba esa mirada y que el azabache lo conociera tan bien.
-¿Yo? – se señaló con uno de sus dedos y puso cara de inocente – nada, nada. Es solo que parecía que algo te llamaba mucho la atención y solo me dio curiosidad – Naruto lo fulminó con la mirada y se percató de que todos lo observaban a él.
-Como sea – metió la mano en su pantalón y extrajo su celular, luego de ver la hora tomó su mochila que estaba en el suelo y se puso en pie – Hinata – la vio y ella asintió, la ventaja de que ella le leyera la mente era que no tenía que expresarse demasiado para ser comprendido; la chica también tomó sus cosas y se paró.
-¿Qué? ¿Se van tan pronto? – Tenten lucía desilusionada.
-Quédense un poco más, Naruto-kun – pidió Lee con una sonrisa.
-Lo siento, será en otra ocasión, por ahora nos tenemos que retirar.
-Si tú te tienes que ir, al menos déjanos a Hinata – dijo Kiba, molesto.
-Lo-lo siento, Kiba-kun, pero yo debo ir con Naruto-kun, se lo prometí a Nagato-san – se excusó la chica con una sonrisa.
-Bueno, si no hay remedio – suspiró Sakura.
-Pero Naruto, promete que saldrás con nosotros en otra ocasión – Tenten lo miraba suplicante.
-De acuerdo.
-¡Genial!
-Bueno, nos vemos – metió las manos en sus bolsillos y caminó hacia la salida.
-Fue un placer, hasta luego – Hinata hizo una leve reverencia antes de correr detrás del chico.
-Al menos logramos que saliera un rato con nosotros – suspiró Sakura decaída.
-Tsk, no entiendo porque Hinata tiene que estar siempre pegada a él – Kiba cruzó sus brazos.
-Porque es su amiga – Tenten sorbió un poco de su malteada.
-Y porque ella lo mantiene bajo control – dijo Sasuke con una sonrisa de medio lado.
-Aun así – Kiba seguía molesto.
-Bueno, ¿qué les parece si vamos a dar una vuelta al parque de por aquí? – propuso Lee.
-Buena idea, vamos – Tenten no esperó respuesta de todos y se levantó, los demás le siguieron.
Cuando salían pasó el coche de Nagato: un convertible negro muy elegante, llevaba el techo al descubierto; dentro iban Naruto y Hinata riendo. Sasuke fue el único que se dio cuenta y se alegró internamente. Nagato tenía razón después de todo, que importaba de donde venía esa chica o su pasado mientras Naruto estuviese feliz. Caminó de la mano de Sakura siguiendo a sus amigos.
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-¿Por qué no quería que su hermano supiera a donde venía, Naruto-kun?
-No sé, solo no quería que se enterara, eso es todo – ambos jóvenes caminaban por los lúgubres pasillos del cementerio de la ciudad, Naruto cargaba un costoso ramo de rosas blancas – ¿le dirás? – cuestionó luego de un rato en silencio.
-Si usted no quiere, no lo haré – sonrió.
-Gracias – continuaron con su trayecto hasta el sitio donde se encontraban las tumbas de los esposos Namikaze. Al llegar se detuvieron y Naruto puso el ramo de rosas sobre las lapidas. Solo se escuchaba el viento pasando por los árboles.
-Naruto-kun – Hinata le veía un poco preocupada por su silencio; en eso llegaron los pensamientos del joven a su mente.
-Madre, padre, yo no sé si ustedes hayan tenido algo que ver con el hecho de que ahora Hinata sea mi ángel guardián pero…pero si fuese así, quisiera agradecerles. Con ella me siento mejor, no es como cuando los tenia, pero algo es algo, ¿no? – Sonrió – Hinata…
-¿Si, Naruto-kun? – la chica lo miró, sintiéndose un poco apenada por escuchar sin su consentimiento.
-Hinata, quiero que seas mi testigo – Naruto tomó su mano sin verla.
-¿Testigo? – estaba confundida.
-Sí, porque hoy prometo que haré mi mejor esfuerzo por volver a ser el de antes. Sé…sé que tendré mis recaídas, y que seguiré actuando en algunas ocasiones como un cabeza hueca…pero quiero intentar. Quiero intentar volver a ser yo – la miró sonriendo con sinceridad y ella le devolvió la sonrisa.
-Estoy segura de que lo conseguirá.
-Eso espero – suspiró con pesadez.
Permanecieron otro rato en silencio, en esta ocasión Hinata decidió ya no mirar en la mente de Naruto, solo se dedicó a sostener su mano.
-Creo que es hora de irnos, mira, ya se ha hecho bastante tarde – el sol estaba poniéndose.
-Está bien – dieron la media vuelta y comenzaron a andar rumbo a la salida. Hinata le dio un último vistazo a los sepulcros – Señores Namikaze, no se preocupen, yo cuidaré de él.
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-Mi bebé – cierta pelirroja tenía puesta una de sus manos sobre su pecho, mirando a su hijo alejarse – ¿crees que va a estar bien? – le preguntó al señor de cabellos dorados que estaba a su lado.
-Es tu hijo, claro que estará bien – le sonrió, sujetando con fuerza su mano. Se miraron a los ojos con amor.
-Tienes razón, por sus venas corre mi sangre guerrera – se animó la mujer, el hombre soltó una risilla – ¿qué es lo gracioso?
-Es divertido saber que ni en el paraíso cambias, Kushina.
-¿Eso es malo? – hizo un puchero, desviando la mirada un poco avergonzada.
-No – el hombre tomó a la pelirroja por el mentón e hizo que sus ojos se encontraran – eso jamás será malo porque… – le dio un suave beso en los labios –…eso es lo que más amo de ti.
-Ah, em… – Kushina bajó la mira, sonrojada - ¡qué cosas dices, Minato, ttebane! – le golpeó el hombro de forma juguetona. Él sonrió.
-Solo digo la verdad – se iban a besar de nuevo cuando una tos fingida los detuvo.
-Hum. Perdonen si interrumpo.
-Joh~, se estaba poniendo bueno – se quejó Kushina en voz baja y mirando al suelo.
-No pasa nada, Hiashi, ¿qué ocurre?
-ELLA te espera en sus aposentos – los ojos de Kushina mostraron preocupación, Minato solo asintió.
-Bien, voy a verla ya mismo – Hiashi asintió con la cabeza y se marchó; el rubio miró a su esposa.
-Me quedaré un poco más a ver a mis hijos – dijo al entender esa mirada.
-Bueno, vuelvo en un rato – Minato salió y caminó por los blancos pasillos del paraíso hasta llegar a su objetivo; tocó la puerta.
-Adelante.
-Con su permiso – Minato se adentró en la habitación – ¿me mandó llamar, mi señora? – una leve risa se hizo presente.
-Minato, no tienes por qué llamarme con tanta formalidad.
-Pensé que debía, después de todo usted es mi superior.
-Minato, eso se aplica a los demás, tu caso es diferente. Hablando de tu caso – el tono dejó de ser juguetón para tornarse serio – ¿ya has tomado una decisión?
-Pues, sí. Supongo que sí.
-Bien, quiero oírla.
-Creo que no es necesario que te la diga, ¿no crees, pequeña? – nueva risa traviesa, pero ELLA puso atención a los pensamientos del hombre.
-Bueno, acepto tus términos.
-¿En serio? ¿Los demás no se enfadarán al saberlo?
-Por favor, no es el primer caso que se da en el que un ángel se enamora y casa con una humana, no te preocupes en absoluto por pequeñeces como las que te abruman; además Kushina es tu esposa desde el momento en que le entregaste tu alma y tu corazón; ella tiene derecho a ser tratada como lo que es: la esposa de uno de los miembros del Honorable Consejo Angelical – su voz era tranquila.
-En ese caso, acepto el nuevo cargo que se me ha otorgado.
-Bueno, Minato, desde hoy tú serás llamado "Kami-sama".
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Akime Maxwell: que bueno que te agrade que Shikamaru sea un ángel. Creo que es obvio quien es su protegida.
daniela hervar: Kiba es el apropiado para ser el tercero en discordia, supongo xD jajaja, Shikamaru puede darte muchas sorpresas.
J. A. Uzumaki : jaja, tu mensaje me llegó perfectamente. Me siento feliz de incitarte a leer de nuevo, aunque, aquí entre nos, yo hace siglos que no leo fanfics jaja. Espero no defraudarte.
Call me Tris: es un alago el que crearas una cuenta para comentar, estoy feliz. Creo que la mayoría, si no es que todos, hemos pasado por esos momentos donde no sabes nada y te sientes fatal. Voy a tener muy presente tu "amistosa amenaza" jaja, por favor, sigue leyendo.
Hi Im Crazy: jajaja, me pides un imposible, no creo lograr hacer infinito este fanfic, aunque si prometo será algo largo. Espero que mi historia siga ayudándote a despejar la mente un rato.
~o~o~o
Hola a todos, creí que hoy no podría actualizar, pero lo logré.
Este fanfic seguirá yendo poco a poco durante otro rato, luego comenzarán una serie de eventos que...mmm, mejor lo dejamos en misterio; quizá puedan intuir un poco dada la última oración del texto. También pueden comenzar a notar que a veces me quedo sin ideas para los nombres de los capítulos.
Gracias a todos los que comentan, siguen y agregan a favoritos, hacen que me sienta muy, muy feliz, los adoro.
Mañana es mi último examen, así que espero poder hacer otra actualización el domingo, luego de haber descansado un poco.
Por favor, continúen conmigo durante otro rato más.
Nos leemos pronto.
